lunes, 15 de octubre de 2018

> Cata de Bodega Otto Bestué en El Sitio de Eugenia




En los archivos documentales de Bodega Otto Bestué se conservan escritos relativos al cultivo de la vid en esa zona del Somontano desde el año 1640. Las tierras que en la actualidad proporcionan las uvas para la elaboración de sus vinos son las mismas que trabajaron los antepasados de la familia propietaria, descendientes de aquel matrimonio -indudablemente por amor- entre los herederos de las dos familias propietarias de más hectáreas de viña en la localidad de Enate, los Otto y los Bestué. En la bodega primitiva se vinificó durante siglos hasta el momento de su venta, materializándose el traslado definitivo a las nuevas y modernas instalaciones actuales a finales de los años noventa. 

Viñedos. Fuente: Facebook de la bodega

A día de hoy cuentan con 45 hectáreas de viñedo en propiedad, todas ellas en la margen derecha del río Cinca, repartidas en un total de cinco fincas conocidas como La Mezquita, La Sierra, El Plano, Finca Rableros y Finca Santa Sabina, algunas de las cuales dan nombre a sus vinos. Como es habitual en la DO. Somontano, cultivan variedades foráneas (Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Chardonnay, Gewürztraminer) y autóctonas (Tempranillo y Garnacha). Elaboran una media de 150000 botellas anuales, prácticamente la mitad de lo que estaría autorizado por el Consejo Regulador teniendo en cuenta la superficie de viñedo, lo cual permite que nos hagamos idea del modo en que prima la calidad sobre la cantidad a la hora de tomar decisiones técnicas dentro de la bodega. Se realizan vinificaciones independientes por variedades y por parcelas, los muestreos en campo y las pruebas de maduración decretan el momento óptimo para realizar la vendimia, manual o mecanizada según las parcelas. Llama la atención el porcentaje de su producción que se destina a ser exportado -prácticamente el 90% desde el inicio de su andadura empresarial- aunque encontramos una posible explicación en el apoyo inicial a cargo de un importador holandés con el que contó el proyecto desde prácticamente el principio del mismo.


Vinos protagonistas de la cata

El catálogo de vinos de la bodega es amplio pero no inabarcable. Dos blancos sin crianza, el Bestué Blanco elaborado con Chardonnay y el Bestué Marina, monovarietal de Gewürztraminer, un éxito absoluto de ventas -particularmente el segundo- pues quedó completamente agotado a los pocos meses de salir al mercado. El Bestué Rosado (Tempranillo-Cabernet 50/50) y el Bestué Joven tinto sin crianza (Syrah-Garnacha 60/40) cierran el catálogo actual de los vinos sin paso por barrica. Los dos tintos con crianza en roble tiene nombre de parcela: el Finca Rableros y el Finca Santa Sabina se elaboran con Cabernet Sauvignon y Tempranillo, en diferente proporción según las variedades plantadas en cada una de las fincas. Hay además dos nuevos vinos proyectados para el año próximo y que actualmente se encuentran en fase de elaboración: un monovarietal de Garnacha y un blanco de Chardonnay fermentado en barrica. Estaremos atentos...


Detalle de la etiqueta. Fuente: web de la bodega

Las etiquetas de los vinos de Bodega Otto Bestué resultan inconfundibles. Pertenecientes a la colección de imágenes antiguas de Ricardo Compairé, pionero fotógrafo oscense del siglo pasado, son en realidad un permanente homenaje a los antepasados que cultivaron esas mismas tierras, constituyendo por sí mismas un catálogo etnográfico de los usos, costumbres y actividades agrícolas de hace muchos años. En sentido estricto, las labores del campo y de la bodega siguen siendo las mismas de entonces, aunque es evidente que los avances científicos y la tecnología han introducido cambios significativos en la manera de trabajar. Resulta interesante echar de vez en cuando la vista atrás -y no hay mejor manera de hacerlo que observar una de estas etiquetas- para no olvidar nuestros orígenes y recordar que si hemos llegado hasta aquí es en parte gracias a todos aquellos que nos precedieron.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata de los vinos degustados en esta ocasión, así como la armonización propuesta para cada uno de ellos por El Sitio de Eugenia.


Bestué Blanco 2017

BESTUÉ BLANCO 2017
100% Chardonnay. Sin crianza. Elaborado exclusivamente en inoxidable, sin contacto con roble aunque con un esmerado trabajo sobre lías. 20000 botellas anuales. Botella bordelesa, transparente hasta hace poco tiempo y recientemente sustituida por otra de color caramelo, mucho más acorde a la calidad del vino. Cierre de rosca para exportación y corcho natural para el mercado nacional. Amarillo tenue con ribete acerado. Muy aromático, más frutal que floral (manzana, piña y albaricoque). Acidez media-alta. Cremoso y untuoso. Muy persistente. Sutil amargor final. Impecable monovarietal de Chardonnay del Somontano. Excelente el maridaje con trucha ahumada y huevas.


Finca Rableros 2015

FINCA RABLEROS 2015
Tempranillo y Cabernet Sauvignon (85-15). 7 meses de crianza en barrica de roble francés para la Cabernet Sauvignon y de roble americano para la Tempranillo. Rojo cereza de capa alta con ribete rubí. Ataque algo alcohólico. Ciruelas y especias blancas. Toffe, caramelos de café con leche y cacao en polvo. Acidez media-alta. Astringencia media. Postgusto medio. Tiene de todo y en su justa medida. Sin defectos. Excelente relación calidad-precio. Arriesgado aunque sobradamente exitoso el maridaje con puerros a la brasa confitados en aceite y pimientos del piquillo.


Finca Santa Sabina 2015

FINCA SANTA SABINA 2015
Cabernet Sauvignon y Tempranillo (70-30). 13 meses de crianza en barrica de roble francés para la Cabernet Sauvignon y de roble americano para la Tempranillo. Rojo picota de capa alta con menisco granate. Inicialmente poco expresivo en nariz. Fruta negra, y especias dulces (vainilla). Fondo balsámico y mentolado. Gana enteros en boca. Cremoso, sabroso y muy elegante. Astringencia media. Todavía con recorrido en botella. Postgusto tal vez un poco corto, algo más de persistencia cabría exigirle a un vino de este estilo. Muy acertado el maridaje con queso y embutidos.

Como ya hemos dejado escrito en alguna otra ocasión, las catas en El Sitio de Eugenia son más bien reuniones de amigos en torno a una copa de vino. El reducido tamaño de los grupos, el ambiente relajado y cercano, la cordialidad de Eugenia y su exquisito criterio en las armonizaciones de los vinos, consigue lo que parece sencillo pero no lo es tanto, que los asistentes nos sintamos como en casa.

Hasta la próxima...


Foto de grupo

martes, 9 de octubre de 2018

> 1ª Experiencia Verema en Zaragoza




Resulta curioso que hayamos tenido que esperar tantos años para poder disfrutar en tierras aragonesas de un evento tan interesante como Experiencia Verema. La envidia nos corroía cuando leíamos cada año las nuevas sedes que se iban incorporando y observábamos con incredulidad -conste que sin ninguna animadversión por nuestra parte- que ciudades como Bilbao, Alicante o Marbella eran las elegidas para incluirse en este consolidado road-show enológico, quedando Zaragoza año tras año relegada al papel de eterno aspirante, una provincia que cuenta con tres Denominaciones de Origen (Cariñena, Calatayud y Campo de Borja) a las que podríamos añadir la oscense DO. Somontano, nada menos que cuatro  DOs en una misma y humilde comunidad autónoma.


Men in black. Men in wine...

Por fin en este año 2018 se ha hecho justicia y el primer día del mes de Octubre se celebró en los amplios y luminosos salones del Hotel Reina Petronila la 1ª Experiencia Verema en la capital del Ebro. El proceso de inscripción lo realizamos on line sin ningún tipo de dificultad, tanto para obtener la entrada para el showroom como para conseguir plaza en las catas profesionales. La información acerca de las bodegas expositoras, los horarios y las normas de funcionamiento de la feria pudimos igualmente extraerlo de la web de Verema, mecanismo ágil y eficaz, casi imposible de mejorar. El control de acceso, la entrega de acreditaciones y copas, el servicio durante las catas, la infraestructura en los salones (mesas, servilletas, agua, escupideras), resultó absolutamente impecable. Nuestra más sincera enhorabuena a la organización. Se programaron tres catas profesionales (Rueda, Campo de Borja y Calatayud). Por motivos de horario, sólo pudimos asistir a las dos últimas, protagonizadas por vinos que en su mayor parte ya conocíamos. Nos hubiera gustado poder asistir a la primera, buscando quizás ese detalle diferenciador entre los verdejos vallisoletanos -aunque lo encontraríamos más tarde en uno de los stands- pero nos fue imposible. Hubiéramos preferido la realización de catas de vinos menos conocidos (Jerez, Arribes de Duero, Ribeira Sacra, Montsant, Extremadura) aunque las protagonizadas por las DO. Campo de Borja y Calatayud resultaron francamente didácticas y placenteras.


Pupitre de cata DO. Campo de Borja: "Alma de Terroir"

En la actualidad, la DO. Campo de Borja está inmersa en un interesante proyecto de zonificación de su territorio que ha sido bautizado como "Alma de Terroir". Con la colaboración de la Universidad de Zaragoza y la Politécnica de Madrid, desde el año 2012 se persigue la calificación de las tres subzonas históricas (alta, media y baja) mediante la búsqueda de esas diferencias edafológicas y orográficas que tengan traslación a las características organolépticas del vino. Las pruebas realizadas en campo han obtenido su correspondiente refrendo en laboratorio y ese es el modo en que se ha conseguido una clasificación en cinco diferentes unidades de terroir (UT) numeradas del 1 al 5, repartidas en distintas zonas geográficas desde la ribera del Ebro hasta las faldas del Moncayo. Así lo explicó José Ignacio Gracia, secretario del consejo regulador, en una amena presentación que precedió a la cata de ocho vinos monovarietales de Garnacha con muy diferentes formas de expresión. Los vinos correspondientes a añadas más cercanas -2015 y 2016- mostraron predominio de fruta roja acompañada de las correspondientes notas de crianza según el criterio de cada elaborador (tamaño de barrica, grado de tostado, número de usos, etc). No obstante, observamos cierta tendencia a elaborar vinos menos opulentos, ligeramente adelgazados si los comparamos con añadas previas, muy divertidos en fase olfativa, tal vez en un intento comercial de ensanchar la cuota de mercado, siguiendo la tendencia actual de menor extracción y menos presencia de las notas de crianza. El futuro ya está aquí...


Pupitre de cata DO. Calatayud: "Viñedo Extremo"

Para quien no la conozca, diremos que la comarca de Calatayud es una salvaje sucesión de barrancos, secos durante la mayor parte del año, que se desgajan desde montes que en ocasiones superan holgadamente los 1000 metros de altitud. Esta orografía violenta influye, como es lógico en los suelos y por lo tanto, también en el viñedo mayoritariamente integrado por Garnacha. En las partes más bajas, donde los nutrientes han sido arrastrados por el agua durante su filtración, las vides crecen y fructifican con generosidad. Sin embargo, en las crestas erosionadas y descarnadas durante decenios de baja pluviometría estival y severas heladas invernales, en esos suelos sin sustrato donde aflora la roca madre y la pizarra, sobreviven las viñas más viejas hundiendo las raíces en pos de su alimento. Son los "viñedos extremos" de los que habla la publicidad del Consejo Regulador de la DO. Calatayud, viñedos de escasa producción, avanzada edad y gran calidad. La reciente decisión de ampliar los límites de la DO para acoger municipios cercanos a la comarca de Daroca permitirá sumar no pocas hectáreas de viña vieja. Así como en otras ocasiones hemos comparado el Matarraña con la Toscana, sin duda la comarca de Calatayud podría considerarse el Priorat aragonés. 

La cata contó con la valiosa dirección del turolense Raúl Igual, mejor sumiller de España 2010 y propietario del Restaurante Yain, quien desgranó todos y cada uno de los detalles de un total de ocho vinos de la DO. Calatayud, siete de ellos monovarietales de Garnacha (un octavo vino incorporaba Tempranillo y salió ligeramente penalizado por ello). Las añadas 2015 y 2016 se nos antojaron muy correctas, con escasas diferencias entre todos ellos, quizás con una excesiva homogeneidad entre bodegas, siguiendo todas ellas el patrón de crianza cariñosa y poco invasiva, muy de moda en la actualidad, tan respetuosa con la fruta como insuficiente para pulir astringencia y taninos, lo cual perjudica a las garnachas bilbilitanas -en general de hollejo más grueso- si se las compara con las de Campo de Borja. En cualquier caso, resultó una cata técnica a la vez que entretenida.


Espumosos Edoné (Viñedos Balmoral)

En cuanto al showroom, a decir verdad, esperábamos algo más... Para el público venido de fuera de Zaragoza con certeza resultó interesante la presencia de cinco bodegas aragonesas, sobradamente conocidas por nosotros y cuyos stands por tanto no fueron de nuestro interés. Algo parecido nos sucedió con las bodegas pertenecientes a DOc. Rioja y DO. Ribera del Duero, elaboradoras todas ellas de vinos de gran calidad e impecable factura, aunque alejados de lo que andaban persiguiendo nuestros inquietos espíritus. Buscábamos cosas curiosas e incluso extrañas y con sinceridad nos costó encontrarlas. Por costumbre solemos comenzar catando algún vino con burbujas, de modo que nos acercamos al stand de Viñedos Balmoral elaboradores de vinos tranquilos y espumosos bajo la dirección técnica del enólogo francés Hervé Jestin en tierras manchegas. La línea Maravides engloba tres tintos y un blanco, sin embargo nuestra atención la captó su marca Edoné que incluye dos espumosos blancos y uno rosado. Crianza mínima de 24 meses en botella que se prolonga hasta 40 meses en el Edoné Gran Cuvée (Chardonnay y Pinot Noir) el más "afrancesado" de los tres, cremoso y elegante sin excesiva acidez, graso y untuoso favorecido sin duda por la crianza en roble francés de parte del vino base antes de ser embotellado para realizar la segunda fermentación. No probamos el Edoné Cuvée de María (Chardonnay) pero sí el Gran Cuvée Rosé (Tempranillo y Syrah), alegre, vivaz, divertido y muy refrescante, aunque algo menos gastronómico. 


Montesquius, cien años elaborando cava

Continuamos nuestro recorrido en busca de burbujas, y en ese chispeante devenir resulta imperativo hacer escala en alguna bodega de Sant Sadurní d´Anoia. La impresionante imagen de sus botellas nos hizo detenernos en el stand de Montesquius, bodega que precisamente este año cumple un siglo de vida, elaboradora de vinos tranquilos, aunque destaca por encima de todo, con la elaboración de sus cavas. Vitivinicultura ancestral -tal y como describe en su imagen corporativa- que no puede estar equivocada, por algo lleva un siglo aplicándose con éxito. Emplean prácticamente todas las variedades autorizadas por la DO. Cava, y la gama Montesquius 1918 conmemorativa del aniversario de la bodega, aúna calidad y trabajo bien hecho: selección en viñedo, cuidada elaboración de los vinos base y largas crianzas en botella. Se denominan como "Brut Nature Natural" porque no se realiza adición de azúcar en el licor de expedición, son cavas de siempre hechos con la tecnología de ahora. Particularmente nos enamoró el Rosé Doré Gran Reserva (Pinot Noir y Chardonnay), con mucha más personalidad que su hermano el Blanc de Blancs Gran Reserva (Xarel-lo y Macabeo), ambos cremosos y untuosos, con la burbuja fina e integrada hasta casi pasar desapercibida. Dos obras maestras embotelladas.


Monovarietales de Dehesa del Carrizal

Cambiamos de tercio visitando el stand de Dehesa del Carrizal, bodega de Castilla-La Mancha ubicada entre las cuencas del Tajo y del Guadiana que, precedida por su fama y su calificación como vinos de pago, hace tiempo que estábamos persiguiendo. Viñedos de edad media sobre suelos silíceos, plantación en espaldera, crianza en roble francés y variedades internacionales (aunque tampoco falta esa Tempranillo autóctona tan nuestra) son sin duda garantía de éxito comercial. Catamos sus tres tintos monovarietales, de imponente presentación en botella borgoñona casi negra de gran calidad y etiqueta sobria. Potente y muy gastronómico el Cabernet Sauvignon, un vino enorme de principio a fin, difícil de evaluar en cata sin el respaldo de algo de comida. Resultó más accesible el Syrah, menos voluminoso que el anterior, sabroso y especiado, a priori nuestro favorito. Sin embargo fue el Petit Verdot el ganador en esta rápida cata comparada, particularmente por su refrescante nariz, una explosión de hierbas aromáticas (tomillo, lavanda, espliego) y regaliz que dio paso a una boca llena de sabor frutal y sensaciones minerales. Sin duda uno de los mejores Petit Verdot que hayamos probado jamás.


Cissus, la sorpresa...

Se aproximaba la hora de cierre de la Experiencia Verema y continuábamos sin encontrar ese vino sorprendente y distinto que nos robara el corazón. Deambulando entre los stands, sin rumbo fijo, llegó a nuestros oídos una valiosa información gracias a un amigo. "Si buscas algo verdaderamente peculiar, prueba este vino", nos dijo murmurando, casi avergonzado. Obedientes, nos acercamos al stand de Bodega Tres Pilares (La Seca-Valladolid) y pedimos una copa de Cissus. En realidad no sabemos muy bien qué hacía ese vino allí, porque nuestras investigaciones posteriores nos han llevado a averiguar que está elaborado por Bodega Dominio del Blanco, un pequeño y joven proyecto dedicado íntegramente a la Verdejo. Y de un monovarietal de Verdejo se trataba, una rareza  limitada a 350 botellas bajo crianza oxidativa, nada menos que 30 meses de permanencia en barrica de roble francés sin battonage ni rellenados. Ese largo, casi eterno, periodo de crianza se traduce en un tercio de mermas en volumen. Por si fuera poco, se completa el redondeo con 8 meses más en botella. Corcho natural y cierre de lacre para que ni una molécula aromática se escape. El resultado es pura magia, un vino sorprendente que recuerda a Jerez, a Montilla-Moriles y a los blancos del Jura. Visualmente de un amarillo intenso, en nariz es un espectáculo de cáscara de frutas blancas desecadas, infusión de manzanilla con anís, recuerdos yodados, aromas fermentativos y frutos secos. Cuerpo medio y alcohol presente. Difícil de clasificar y todavía más difícil de armonizar con comida. Raro, único y diferente. Al consumidor medio probablemente le resultará incómodo. En cambio, a los "enochalados" como nosotros, nos pareció fascinante...

Porque este es el fin último de las ferias como Experiencia Verema, dar a conocer productos diferenciadores, vinos originales y poco habituales, y para ello es fundamental el concurso de bodegas y productores. De sobras es sabido lo que cuesta en tiempo y en dinero para un pequeño elaborador participar en eventos a cientos de kilómetros de sus viñedos y de sus tanques de fermentación, más todavía si el calendario de vendimia apremia como fue en este caso, pero los consumidores y aficionados sabemos valorarlo. 

Sirvan estas líneas como reconocimiento al esfuerzo de las bodegas expositoras, a las Denominaciones de Origen participantes y a la organización de Verema.




jueves, 27 de septiembre de 2018

> Cosas veredes, amigo lector...




En la España de las dehesas y los latifundios, en esas grandes extensiones donde el cereal es el cultivo mayoritario, las variedades de uva que se cultivan poco o nada tienen que ver con los viñedos más septentrionales. 

La Pardina, también denominada Albillo en Castilla y León, cepaje similar a la Airén extensamente cultivada en Castilla-La Mancha, es una variedad blanca muy aromática, productiva y de maduración temprana. Debido a su elevado contenido en glicerol con ella se elaboran vinos ligeramente alcohólicos, si se llevan las fermentaciones al extremo, o semidulces si el consumo de los azúcares por parte de las levaduras es detenido, tal y como sucede en este caso. La Cayetana, también conocida como Jaén, es asimismo otra casta blanca de elevada productividad muy extendida en Badajoz y Huelva. Aporta aromas neutros y su contenido en azúcares puede considerarse como elevado.

En Valencia del Ventoso (Badajoz) la Sociedad Cooperativa San Isidro elabora el vino que protagoniza la presente entrada y que curiosamente sale al mercado sin añada. Comercializado como IGP Extremadura (hasta hace poco VT. Extremadura) llegó a nuestras manos a modo de obsequio por parte de una buena amiga con raíces en tierras extremeñas. Aproximadamente mitad Pardina y mitad Cayetana, el Rivera Ardila Semidulce es en origen un blanco joven sin crianza, sin embargo la botella que descorchamos presentaba un color amarillo dorado muy intenso que nos hizo sospechar una moderada evolución. Se mostró visualmente limpio y brillante. En nariz reveló un punto reductivo con recuerdo a fósforos, persistente a pesar de una prolongada oxigenación en la copa. Al tiempo desplegó aromas a dulce de membrillo, miel de acacia, cera de abejas, mantequilla, yema tostada e incluso orejones. Entrada dulce en boca, conservando por fortuna una acidez media a la que se le debe atribuir todo el mérito de su supervivencia. Final levemente amargo de duración media. Algo desequilibrado, con un contenido alcohólico analíticamente bajo pero demasiado presente desde el punto de vista organoléptico.



Lejos de ser el resultado perseguido por el elaborador -se sobreentiende que es un vino destinado al consumo inmediato- no deja de sorprendernos gratamente cuál ha sido su evolución en botella. Observando su fase visual nos temimos estar ante un vino plano y carente de matices. Por fortuna no fue así. Ciertamente había perdido todos sus recuerdos frutales originales, ganando protagonismo esos aromas de evolución en botella que tanto nos gustan y que nos han hecho disfrutar en otras ocasiones. Merced a la conservación de esa interesante acidez, el paso por boca no resultó en absoluto pesado y aún se le podría catalogar como sugerente.

La cata de este vino nos ha resultado francamente útil para demostrarnos a nosotros mismos que todo vino, por muchas sospechas e incluso indicios de evolución que tengamos, merece siempre ser catado y analizado objetivamente. Es posible que nos llevemos agradables sorpresas, como ha sido en esta ocasión.

Cosas veredes, amigo lector, que farán fablar las piedras...



NOTA: La frase de cierre que también da título al presente artículo, se ha atribuido tradicionalmente al personaje de Don Quijote, aunque al parecer Cervantes nunca la llegó a escribir en su obra. Sí aparece una frase similar en el Romancero del Cid, la cual adaptada y modificada con el paso de los años ha llegado así hasta nuestros días. Tanto nos da, porque lo verdaderamente interesante es el significado de la misma, lo demás son disquisiciones literarias que tal vez deban ser tratadas en otro lugar.

lunes, 17 de septiembre de 2018

> Visita (inesperada) a Finca Constancia




Allí estábamos, en mitad de la meseta castellano-manchega, rodeados de parcelas de viñedo pero con nuestro coche delante de una barrera de acceso cerrada. 

Después de haber intentado comunicarnos sin éxito con la bodega durante los dos días anteriores, haciendo gala de una gran irresponsabilidad por nuestra parte, decidimos presentarnos allí a media mañana del primer domingo del mes de Septiembre. Cierto es que transitar en solitario por los caminos que llevan hasta las instalaciones de Finca Constancia es una sensación francamente placentera. El suave movimiento de las hojas de las vides, el sonido de las cigarras e incluso algún que otro asustadizo conejo recreaban un cuadro incomparable, una preciosa estampa que sin embargo se vio truncada ante la barrera de entrada. Lo teníamos merecido por impertinentes. Castigo divino, murmuró entre dientes alguno de nosotros.

Camino de acceso. Al fondo, las instalaciones de la bodega

Viñedo en espaldera

Profundamente apenados, resignados tan sólo a tomar algunas imágenes, más para aparentar que por otro motivo -la presencia en las redes sociales es inevitable-  nos entretuvimos fotografiando de lejos la bodega y algún viñedo de variedades inesperadas (Zinfandel, Malbec, Montepulciano) cuyo existencia en España desconocíamos, dejando pasar el tiempo porque poco más teníamos que hacer. En un momento dado, vimos a lo lejos una nube de polvo en el camino. Un vehículo se acercaba decididamente hacia donde nos encontrábamos, conducido sin duda por un trabajador de la bodega. Tras el más educado de nuestros saludos, le expusimos cortesmente nuestra situación y no sabemos cómo, pero se produjo el alineamiento astral que nos permitió acceder a las instalaciones. Increíble pero cierto. Una vez franqueada la entrada y aparcado el coche, salió a nuestro encuentro pipeta en mano Beatriz Paniagua -enóloga de Finca Constancia- con quien tuvimos ocasión de charlar muy brevemente, reclamada sin dilación por las primeras fermentaciones de la temporada. Nos quedamos en la agradable compañía de su marido, Carlos Capilla, enólogo y director técnico de la DO. Arribes de Duero, designado por ella con carácter urgente como nuestro acompañante y guía durante la visita. Vaya por adelantado nuestro más sincero agradecimiento a ambos.



Vista del viñedo desde la terraza de la bodega

Entre las cuencas de los ríos Tajo y Alberche, con la Sierra de Gredos al norte y los Montes de Toledo al sur, en el término municipal de Otero, se extienden las más de 200 hectáreas de viñedo propiedad de Finca Constancia, superficie más bien modesta si tenemos en cuenta que estamos en Castilla-La Mancha donde los grandes productores es habitual que superen el millar de hectáreas de viña cultivada. La bodega se diseñó siguiendo el estilo de los châteaux bordeleses, con las instalaciones para la elaboración en el centro de la finca y el viñedo a su alrededor, de tal manera que durante el periodo de vendimia, aún desde el punto más alejado, ningún remolque necesita más de diez minutos de traslado antes de descargar la uva. Son un total de 82 parcelas diferentes que se vendimian y vinifican por separado, de modo que la uva recogida en cada parcela tiene como destino un solo tanque de fermentación. Se elaboran por tanto "vinos de parcela" que expresan los distintos tipos de suelos antes que otros factores más constantes como la altitud o la orientación, en un terreno como éste prácticamente llano.

Variedades de uva por parcelas

El viñedo de Finca Constancia es como el edificio central de la ONU, con representación de muchos países. Tempranillo, Syrah y Cabernet Sauvignon son las variedades que ocupan más hectáreas, seguidas de Verdejo, Cabernet Franc y Moscatel. La superficie destinada al cultivo de Petit Verdot y Graciano no es de gran tamaño, pero a cambio la calidad de la uva, y por tanto de los vinos, es siempre excepcional. Las plantaciones de Chardonnay y Sauvignon Blanc destinadas a la elaboración de una segunda marca de vinos blancos, así como una pequeña viña de Garnacha plantada en vaso recientemente adquirida, completan la diversidad del variado viñedo de Finca Constancia.


Zona social

Wine Bar

El diseño de la bodega fue obra del arquitecto madrileño Gonzalo Tello, diseñador de cabecera de González-Byass, autor también de la bodega recientemente inaugurada en Rueda (Valladolid) y especialista en establecer modernas simbiosis entre los materiales de construcción y la naturaleza. En Finca Constancia se planteó la edificación de tres secciones, cada una con predominio de un material -madera, acero inoxidable y cristal- y destinadas a una actividad enológica diferente. De esta manera en la nave de elaboración predomina el acero inoxidable, en la de crianza domina la madera y en la de embotellado el cristal es el protagonista. La construcción se hizo con el mínimo impacto paisajístico, habilitando espacios subterráneos para no tener que construir hacia arriba y desde luego minimizando los bombeos durante los trasiegos de uva, mosto y vino. La zona social es amplia, luminosa y de un delicioso diseño. Salas de reuniones, salas de catas, tienda y un cómodo wine-bar proporcionan al visitante un remanso de tranquilidad donde poder degustar una copa de vino e incluso son utilizados para la celebración de eventos, bodas y presentaciones publicitarias.


Finca Constancia Selección

La adquisición de la bodega por parte del grupo jerezano González-Byass, durante ese periodo expansivo que le llevó a la compra o construcción de bodegas en varias denominaciones de origen españolas, marcó un antes y un después en el devenir de Finca Constancia. Hasta ese momento, el único vino que se elaboraba en las instalaciones de Otero era el Finca Constancia Selección, un coupage con predominio de la Tempranillo apoyada por otras variedades tintas (Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Graciano, Syrah y Cabernet Franc). La producción de este vino sigue siendo a día de hoy la mayor de la bodega, podríamos decir coloquialmente que es el que paga las nóminas y los créditos. En su favor añadiremos que es un valor refugio, un vino de impecable ejecución año tras año, con una presencia exterior muy elegante y una inmejorable relación calidad-precio. Tratándose de un ensamblaje tan numeroso evidentemente carece de matices varietales, pero es la clara demostración de lo que puede ser un vino español más que correcto, bien equilibrado y con el justo aporte de madera. 


Monovarietales de parcela

En la actualidad el equipo técnico de Finca Constancia explora cada año los resultados obtenidos tras las vinificaciones de determinadas parcelas escogidas, las niñas mimadas de la bodega. Así han visto la luz recientemente tres monovarietales, dos tintos y un blanco, que han sido bautizados con el número de parcela de la que procede la uva. Parcela 23 Tempranillo se elabora con las mejores uvas de esta variedad, cultivadas en suelos calizos, vendimiadas a mano en cajas, fermentación alcohólica en inoxidable, maloláctica en barrica y con 6 meses de crianza posterior en roble francés y americano. Parcela 12 Graciano es un vino original  e inédito, elaborado con esta variedad riojana cultivada sobre terreno granítico -herencia de la cercana Sierra de Gredos- vendimia manual y crianza durante 8 meses en barrica de roble francés. Parcela 52 Verdejo se elabora parte en inoxidable y parte en tina de roble, consiguiéndose tras el coupage final un vino con la fruta y la fresca acidez propias de la variedad adornado con esas sensaciones grasas y untuosas en boca provenientes de la madera.


Barricas giratorias para el Altos de la Finca


El vino de más alta gama de Finca Constancia es el Altos de la Finca, ensamblaje de Petit Verdot y Syrah (60-40) vendimiadas manualmente en cajas, elaborado mediante fermentaciones integrales en barricas giratorias de roble, prensado suave, maloláctica también en roble y crianza de 18 meses de nuevo en roble francés. Sus notas de cata pueden consultarse en este enlace. Es sin duda un vino que no deja indiferente: potente y especiado, pero aterciopelado y sugerente. Destinado a quien busca cosas novedosas y la Petit Verdot no es precisamente una variedad de uva muy habitual en el viñedo patrio. Quizás sea este uno de los vinos que más nos ha sorprendido últimamente, resultado de un trabajo meticuloso tanto en campo como en bodega. Un señor vino...

Fragantia Nº6

En las antípodas del anterior vino, se elaboran otros dos destinados al público más joven. Fragantia Nº6 y Fragantia Nº9 son respectivamente un  blanco de Moscatel y un rosado de Syrah, vinificados delicadamente, deteniendo la fermentación mediante camisas de frío para conservar parte del azúcar de la uva y con una sutil adición de carbónico justo antes del embotellado. Tuvimos el privilegio de poder catar directamente del depósito ese Moscatel, en uno de los detalles de calidad de la visita. El resultado es casi un refresco con bajo contenido alcohólico, el dulzor propio de un mosto y la alegría que proporciona el carbónico. Perfectos ambos para un aperitivo y con el claro objetivo de cautivar al consumidor menos habituado a tomar vino. Dictadura de las modas, adaptación al mercado actual o ambas cosas.


Microvinifaciones
Viñedo experimental

Sin embargo, el futuro de Finca Constancia parece dirigirse hacia la experimentación con nuevas variedades de uva, diferentes marcos de plantación así como distintas técnicas de poda y conducción de la vid. Cepajes como Zinfandel, Carmenere, Nebbiolo o Montepulciano están siendo cultivados desde hace unos años para ver su adaptación en tierras toledanas. Con las bayas recogidas en esos viñedos experimentales, el equipo técnico realiza microvinificaciones cada añada, sin que los resultados obtenidos hayan sido hecho públicos. Podría decirse que el estudio está todavía en pañales, pero no debería sorprendernos que de aquí a unos años la bodega ponga en el mercado algún monovarietal de Malbec, un coupage de variedades italianas o el primer Tannat elaborado en España. 

Hasta entonces seguiremos disfrutando de sus vinos de impecable elaboración y recordaremos con sumo agradecimiento las atenciones que nos dispensaron durante aquella mañana de domingo, porque las cosas agradables que no se esperan, sin duda se valoran el doble.



martes, 4 de septiembre de 2018

> De vinos por Córdoba



Durante los calurosos rigores del verano la ciudad de Córdoba permite una visita más sosegada, menos tumultuosa que en el primaveral mes de Mayo, esa época en la que los cordobeses engalanan aún más si cabe los patios de sus casas para recibir a los turistas en una fiesta consideraba por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Por el contrario, los meses de Julio y Agosto exigen al visitante un esfuerzo añadido durante sus paseos por el barrio de la Judería, particularmente durante la tarde, en aquellos momentos en que el inmisericorde sol de Andalucía eleva el mercurio hasta sus máximos niveles para regocijo de las cigarras que cantan felizmente desde las ramas de los árboles en las riberas del Guadalquivir. Se torna en necesidad la búsqueda de la sombra, el salmorejo y la siesta, porque todo cobra sentido una vez que se ha vivido en primera persona dicha exigencia térmica.


Colorido patio cordobés

En esos instantes de abatimiento, cuando el sombrero y el abanico no dan más de sí, es una sabia decisión encontrar refugio en los bares y tabernas que por doquier pueblan las calles y plazoletas del centro de Córdoba. En el fresco interior de estos oasis con temperatura controlada, lo más habitual es que nos reciba un camarero ataviado con camisa blanca y delantal, precedido de la simpatía y cordialidad típicas de la zona. Si algo tiene la hostelería cordobesa es unos excelentes profesionales detrás de cada barra.  Nos asaltará en ese mismo momento una terrible duda acerca de lo que en realidad nos apetece, porque lo que el espíritu nos pide a gritos es una botella de agua helada o una jarra de cerveza -conocida como "maceta" por aquellas tierras- aunque dudaremos si debemos bebérnosla o si por el contrario es una idea aún mejor echárnosla "por todo lo alto", utilizando de nuevo una expresión genuinamente andaluza. Conviene tomarse un respiro y dejar que el cuerpo ponga en marcha sus innatos mecanismos de termorregulación antes de adentrarnos en el interesante mundo de los afamados vinos de Montilla-Moriles.


Botas de fino


Patio de las Reales Caballerizas

Al sur de Córdoba capital se extienden las 5000 hectáreas de la zona de producción de esta histórica denominación de origen que ya va camino del centenario. Los municipios de Montilla y de Moriles son las poblaciones con más renombre, pero existen un total de 17 localidades acogidas a esta DO. Veranos tórridos, largos y secos con una media de 3000 horas de insolación al año, seguidos de inviernos suaves y con una irregular pluviometría determinan la importancia de los suelos con predominio de la caliza, expuesta en las zonas de serranía o cubierta por otros mantos en las áreas más bajas y que actúa como reservorio de la humedad proporcionando el sustento a las vides durante la época más seca. La climatología y el suelo delimitan las variedades de uva que se cultivan. En los últimos años, el consejo regulador de la DO. Montilla-Moriles ha dado cabida a numerosas castas blancas (Airén, Verdejo, Moscatel, Torrontés, Chardonnay, Macabeo, Sauvignon Blanc), a pesar de lo cual la reina indiscutible sigue siendo la Pedro Ximénez. 


El cartel lo dice todo...

El origen de esta variedad de uva, con un nombre que bien podría pertenecer a un rejoneador, no está nada claro. Varias leyendas se transmiten de generación en generación sin que ninguna de ellas se concrete en hechos probados. Muy popular es la que narra cómo un soldado de los Tercios de Flandes la trajo a España desde Alemania durante el reinado de Carlos I, emparentando a la uva cordobesa con una prima lejana de la Riesling, pero hay muchas más, a cuál más fantasiosa y divertida. Lo verdaderamente importante es su arraigo y su aclimatación en tierras de Córdoba a partir del siglo XVI, para que a día de hoy podamos disfrutar de ella. Tradicionalmente los vinos más conocidos de Pedro Ximénez -PX a partir de ahora, para abreviar- se han elaborado dejando pasificar las uvas una vez vendimiadas tras alcanzar su madurez con su carga de azúcares al máximo. Esas bayas parcialmente deshidratadas durante su exposición al sol o "asoleo" se llevan a la prensa para obtener un mosto, en realidad casi una melaza, con el que se elaboran los famosos vinos dulces, con o sin crianza dinámica, sin dejar apenas cámara de aire en el interior de las barricas, minimizando así la oxidación para preservar el carácter frutal de la variedad, siendo esta la principal diferencia con los PX de Jerez mucho más oxidativos que los de Montilla-Moriles.


Vino de tinaja en rama

No obstante, aún siendo la más célebre, la descrita previamente no es la única forma de vinificar la PX. Con las uvas maduras recién vendimiadas las bodegas elaboran vinos blancos secos, en la actualidad en inoxidable y con todos los adelantos técnicos, pero antiguamente se realizaba en tinajas de barro semienterradas. Esta costumbre todavía se conserva a nivel particular e incluso en algunas tabernas es posible probar sus vinos jóvenes "de tinaja en rama", monovarietales de PX o en compañía de otras (Airén, Verdejo, etc). El que tuvimos ocasión de catar nos resultó francamente desconcertante. Visualmente opalescente sin llegar a ser turbio, con recuerdos terrosos y húmedos en nariz, ligero y poco voluminoso en boca, aunque refrescantemente ácido sin llegar a molestar. Casi seco en fase gustativa, con un sutil resto de azúcar que la confiere toda la gracia. Un vino extraño para nosotros, quizás por falta de costumbre.


 

Esos vinos base, que al igual que en Jerez se les denomina "mostos", deben ser clasificados antes de ser introducidos en las barricas  o "botas" para iniciar su crianza dinámica, siguiendo el sistema de criaderas y solera, también a imagen y semejanza de la denominación jerezana. Los mejores vinos destinados a crianza biológica "bajo velo de flor" se convertirán en Finos, que a diferencia de los de Jerez no se "encabezan" con alcohol vínico, no es necesario debido al elevado contenido alcohólico que se obtiene con la variedad Pedro Ximénez tras la completa fermentación de sus azúcares, resultando unos vinos organolépticamente más aromáticos y menos alcohólicos que los finos de Jerez. Si el desarrollo de la flor no es suficiente, esos vinos serán destinados a crianza oxidativa y se fortifican con alcohol vínico si es preciso, dando lugar a los Amontillados y Olorosos, según sus periodos de crianza dinámica, así como a los exclusivos y nada baratos Palo Cortado. También se elaboran y comercializan vinos generosos de licor como los Pale Cream, Medium y Cream, resultado de mezclar fino con mosto rectificado, fino con PX y oloroso con PX, respectivamente.


Dos Claveles muy bien acompañado

Sin embargo los tiempos han cambiado y el mercado impone sus reglas. La tendencia actual, particularmente entre los más jóvenes, es inclinarse por el consumo de vinos más ligeros y de bajo contenido alcohólico. En ese sentido, algunas bodegas de la DO. Montilla-Moriles han decidido reinventarse optando por la elaboración de vinos jóvenes semisecos, con algo de azúcar (natural o añadido), un producto muy comercial que rápidamente conquista y seduce, en particular a aquellos consumidores poco habituados a tomar vino. Un claro ejemplo es el Dos Claveles de Bodegas Toro Albalá, convenientemente refrigerado fue un excelente compañero para nuestras tardes y noches cordobesas, solo o acompañando a unas raciones, visualmente de un amarillo muy pálido, reveló flores blancas y frutas de hueso en nariz, acidez media y una entrada sutilmente dulzona en boca. Si a alguien no le gusta es porque no tiene suficiente sed. Parte de su éxito reside en la temperatura de servicio. Imprescindible el uso de cubitera así como refrescar el contenido de las copas cada poco tiempo. Siguiendo estas sencillas recomendaciones, una botella suele quedarse corta.

Cruz Conde Pale Cream

La coctelería es otra de las vertientes por explorar y en ese sentido de nuevo el público joven lleva la ventaja. Deliberadamente transgresores, no tienen prejuicios en atreverse a probar mezclas creativas tomando como base los vinos de Montilla-Moriles. Tan sólo la imaginación pone los límites, aunque a los más puristas les provoque algún que otro sarpullido. ¿Qué hay de malo en elaborar un cóctel con fino o en añadir a un oloroso hielo y una corteza de naranja? A decir verdad no es nada nuevo, las bodegas llevan años elaborando Pale Cream y Medium sin que nadie se lleve las manos a la cabeza, en realidad la única diferencia reside en si la mezcla se efectúa antes o después del embotellado. La eliminación de todos estos tabúes podría atraer a nuevos consumidores, porque al fin y al cabo, las bodegas viven de vender los vinos que elaboran.


Servicio de un Fiti-Fiti. Fuente: www.abc.es

En este contexto, a alguien se le ocurrió inventarse una nueva forma de beber fino y PX. No se sabe muy bien quién fue el responsable, tal vez alguien a quien el fino le parecía demasiado seco y el PX demasiado dulce, incluso pudo ser fruto del error al servir unas copas, quién sabe... El resultado fue el Fiti-Fiti, familiarmente incluso "fiti" a secas, derivación cordobesa del fifty-fifty anglosajón, es decir, mitad fino y mitad PX, servido en catavinos y a temperatura más fría que fresca, ya tendrá tiempo de atemperarse, algo así como un Medium en modo autodidacta. Obviamente las proporciones de cada vino pueden variar en función de las preferencias de cada uno. Hay quien opina que lo ideal es 2/3 de fino y 1/3 de PX, pero en ese caso hubiera sido mucho más complicado buscarle un nombre adecuado. Sus múltiples matices le abren un inabarcable abanico de posibilidades. El carácter seco y punzante del fino le permite servir de acompañante de tapas y aperitivos, pero la entrada dulce y melosa del PX lo convierte en un excelente vino para postres. Incluso puede funcionar bien a modo de copa tranquila, dejándolo expresarse con calma y permitiendole sacar esos aromas a dátiles, higos, café, miel de palma y chocolate tan característicos del PX, aunque sin olvidar por completo los frutos secos y la camomila presentes en el fino. En fase gustativa no resulta tan denso y cremoso como un PX, el fino le otorga frescura y fluidez, de manera que invita a tragos más largos. El anuncio "beber con moderación" adquiere en este caso su máximo sentido...



Para terminar este recorrido por los vinos cordobeses, haremos mención a los denominados hasta hace poco Vinos de la Tierra de Córdoba, ahora rebautizados como IGP Córdoba. Bajo la etiqueta de esta indicación geográfica protegida se elaboran rosados y tintos, con o sin crianza en roble, tomando como base variedades de uva foráneas (Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Pinot Noir) y variedades autóctonas (Tempranillo, Tintilla de Rota). Adolecen de la arrebatadora personalidad de los vinos de Montilla-Moriles, tanto por los cepajes empleados como por los procedimientos de vinificación y crianza. Son vinos menos sorprendentes, muy correctos si están bien elaborados, que son de Córdoba pero que bien podrían ser de cualquier otro lugar cálido -de hecho nos recordaron a vinos manchegos y sobre todo a vinos extremeños- corpulentos, con cierta sobremaduración y algo alcohólicos. Menos de una docena de bodegas repartidas por toda la provincia son las responsables de la comercialización de dichos vinos y la mayoría -por no decir todas- elaboran también vinos con Pedro Ximénez, dentro o fuera de la DO. Montilla-Moriles. Este hecho tiene una importancia capital, porque de ninguna manera es posible impedir que los exuberantes componentes aromáticos de la PX colonicen al resto de los vinos, aportándoles esos recuerdos dulzones y tostados que les hacen ser tan peculiares, mucho menos varietales pero indudablemente expresivos de su lugar de origen. 

Ponemos aquí punto y final a este breve recorrido por tierras cordobesas, aunque se nos quedan muchos detalles en el tintero. No hemos entrado en el fondo de las elaboraciones, ni pisado los suelos calizos de los viñedos, nos ha faltado catar más vinos en rama y cientos de cosas más. Sin embargo, aunque el eslogan se acuñó hace muchos años para una marca de Jerez, nos tomaremos la licencia de afirmar que una copa de Pedro Ximénez es la mejor manera de disfrutar del sol de Andalucía embotellado...



miércoles, 8 de agosto de 2018

> Bal Minuta: la senda del tiempo




La despoblación es la más mortífera enfermedad para el medio rural. Esta epidemia se extiende por el campo aragonés y español de manera inexorable y afecta a los pueblos del llano igual que a los de las montañas. Si acaso en estos segundos la situación es aún más grave por las deficientes comunicaciones que necesitan de grandes inversiones en infraestructuras para atender las demandas de un censo poblacional relativamente pequeño, es decir, gastos elevados a cambio de pocos votos, un negocio nada rentable para ninguna administración local ni autonómica.


Indicador de altitud subiendo a Barbenuta

Al este de Biescas existe un valle elevado, con unas privilegiadas vistas de las caras sur del Valle de Tena. Su espina dorsal es el canalizado Barranco d´Os Lucas (lugares o localidades, en aragonés) que en su descenso desde Punta Erata desagua en el río Gállego después de realizar un salto de varios metros cerca de Orós Bajo, dando lugar a un idílico conjunto de cascada y badina, en una preciosa postal pirenaica. Las dos localidades a las que hace referencia el nombre del barranco son Espierre y Barbenuta, con diez siglos de historia a sus espaldas, como bien demuestran sus interesantes iglesias románicas, y ellas conforman este pequeño valle, este valle diminuto, la Bal Minuta, palabra aragonesa de la que toma el nombre la bodega que protagoniza el presente artículo. 

Cruce de caminos

Ambos pueblos están escasamente habitados en la actualidad, aunque durante los meses de verano, aprovechando una climatología más benigna, nos podemos encontrar con algún corrillo de venerables ancianos, estratégicamente sentados al sol a la sombra, según aconseje la temperatura ambiental. Se trata de moradores estivales que antaño fueron habitantes permanentes en aquellos pueblos y que ahora, una vez alcanzada la senectud, gustan de trasladarse al menos una temporada a aquellos lugares en los que jugaron siendo niños. Con los primeros fríos y las lluvias del otoño, no dudarán en echar el cerrojo a su casa de siempre y buscarán refugio, durante los meses más adversos, en núcleos urbanos con más comodidades y menos encanto. El paso del tiempo así lo determina...

Pilar y Ernest ante los cuadros que ilustran sus etiquetas

Para poder hablar de Bodegas Bal Minuta es imprescindible conocer a Pilar y Ernest, química e ingeniero agrónomo respectivamente, una simbiosis perfecta para dedicarse a la elaboración de vino. Esta historia en común comenzó durante sus estudios de enología, se asentó durante su estancia de trabajo en bodegas de la DOc. Priorat y terminó de fructificar -nunca mejor dicho- con la creación de su propia bodega en Barbenuta. De hecho, ellos y sus dos hijos son los únicos habitantes fijos de Barnebuta, sin olvidar a Fita -su perra- y a Rayito -su gato- espíritus de cuatro patas, libres y peludos.  La rehabilitación de una antigua construcción de piedra ha dado finalmente lugar a una preciosa casa, tradicional en su aspecto exterior pero con todas las comodidades de una vivienda moderna. En realidad la bodega propiamente dicha no está en Barbenuta sino a las afueras de Biescas y forma parte de un conglomerado de pequeñas empresas agroalimentarias en el que además de la bodega existe una quesería, un obrador de miel y un elaborador de licores. Pilar y Ernest compaginan en la actualidad la elaboración de vino con la actividad de su empresa de jardinería y mantenimiento, aunque donde verdaderamente se les ve disfrutar es en el viñedo.

Pilar entre sus viñas

Bodegas Bal Minuta cuenta con viñas en propiedad en Barbenuta aunque se están especializando en recuperar viñedos de altura en régimen de arrendamiento. En este sentido, gestionan viñas en el Valle de Arán en Lérida, además de otras parcelas en la provincia de Huesca, concretamente unas Garnachas de entre 70 y 100 años de edad, plantadas en vaso y probablemente prefiloxéricas en el Valle de Hecho, así como 1,5 hectáreas de un viñedo mestizo (Sauvignon Blanc, Chardonnay, Merlot y Tempranillo) en la localidad de Rapún cerca de Sabiñánigo. Los dos viñedos propios situados en Barbenuta se conocen como "La Viñuala" y "San Chus". 


"La Viñuala" y sus silenciosos vecinos

Viñedo experimental

"La Viñuala" se ubica justo al lado de la tapia del cementerio que comparten Espierre y Barbenuta, una curiosa localización que sin embargo no parece molestar ni a vivos ni a muertos. Este es el viñedo familiar de los abuelos de Pilar, reconvertido en espaldera, y en él crecen plantas de dos variedades tintas (Cabernet Franc y Pinot Noir) y dos blancas (Chardonnay y Riesling) conviviendo con otros cepajes centroeuropeos en cultivo experimental para determinar su idoneidad y adaptación a este terreno. Toda la superficie del viñedo está cubierta por mallas de protección, no tanto por los pájaros como por el sol, abrasador en especial para alguna variedad de hollejo fino como la delicada Pinot Noir. En la actualidad Bodegas Bal Minuta colaboran también con el CSIC en un proyecto de tres años de duración, destinado al análisis y la recuperación de vides de montaña, la mayoría de ellas desconocidas. Habrá que esperar para ver qué resultados arrojan dichos estudios genéticos.


Viñedo de Gewürztraminer a 1300m

Viñas, pinos y Punta Erata al fondo

En "San Chus" la única variedad cultivada es la Gewürztraminer. Plantada en espaldera a unos espectaculares 1300 metros, es sin duda el viñedo cultivado a mayor altitud de toda la Península Ibérica. A esa altura, a pesar de la elevada pluviometría media y de la riqueza del suelo, el desarrollo de las vides es lento y la maduración de las bayas tardía. No es extraño que la vendimia se retrase hasta finales de Octubre o incluso algo más. El marco de plantación escogido, así como la acción de los animales (corzos, cabras, aves) han obligado este año a un esfuerzo adicional en vallados y mallas protectoras. Viticultura extrema y pionera en un lugar donde nunca antes hubo viña, con elevados riesgos aunque -por fortuna- prácticamente libre de plagas. En palabras de Pilar, "cada año tenemos el reto de seguir aprendiendo de nuestro viñedo". Aprendiendo y disfrutando, porque desde allí las vistas son absolutamente impresionantes. El lugar no puede ser más hermoso: colgado en una ladera, inaccesible salvo a pie o en vehículo todoterreno, con muros de pizarra y rodeado por vegetación de montaña como el boj o el erizón. En invierno el frío y la nieve, en verano el sol y el viento, son sus fieles acompañantes. Y el silencio... ese silencio que sólo se percibe en el medio natural, cuanto más al límite mejor. El hombre moderno debería esforzarse en volver a disfrutar de ese silencio.



Etiquetas

Por el momento, a la espera de quizás más hectáreas de viñedo, Bodegas Bal Minuta elaboran tres vinos tranquilos y un espumoso. Con el pegadizo nombre de El Vino de las Nieves comercializan un blanco y un tinto sin crianza. No pertenecen a ninguna DO ni IGP, de modo que la legislación no les permite incluir en sus etiquetas las variedades utilizadas, tampoco la añada ni la procedencia de las uvas. La lectura positiva es que gozan de las más absoluta libertad a la hora de elaborar. Ambos vinos representan el grueso de las ventas y su presentación externa en botella borgoñona de gran calidad así lo respalda. Las etiquetas son reproducciones de dos obras de un artista gráfico llamado Ricardo Montoro, guía de montaña y apasionado del Pirineo. Como no podría ser de otra forma, los cuadros originales ocupan un lugar privilegiado en el salón de Pilar y Ernest. En el cultivo de la vid se sigue el máximo respeto medioambiental, el cual incluye algunos tratamientos preventivos inspirados en las teorías biodiámicas. Por supuesto la vendimia es manual en cajas y las vinificaciones se realizan por variedades y por parcelas. 


Viña Balén 2017 durante su crianza en barrica

Botellas de Espumoso de las Nieves

El crianza Viña Balén es un monovarietal de Garnacha del valle de Hecho con permanencia en barrica de roble francés de 400 litros para preservar toda su carga frutal. Es una constante en todos los vinos de Bal Minuta la necesidad de una prolongada oxigenación en copa, incluso decantación en algunos casos, para poder ser disfrutados en plenitud. Son vinos para saborear sin prisas, a la velocidad a la que la vida fluye en este rincón del Pirineo oscense. Incluso el exclusivo Espumoso de las Nieves, monovarietal de Riesling -cuya elaboración es para Ernest algo así como un innegociable secreto de familia- debe ser considerado como un ser vivo y dos curiosidades lo confirman. En primer lugar, es muy sensible a periodos prolongados de refrigeración, apareciendo en esos casos algún precipitado de tartárico. Se aconseja por tanto mantenerlo a temperatura constante y refrigerarlo sólo inmediatamente antes de su consumo. En segundo lugar, en algunas botellas, particularmente aquellas que se descorchan en lugares por encima de los 800 metros de altitud, aparece un exceso de burbujas que indudablemente tiene que ver con la diferencia de presión entre el interior de la botella y la presión atmosférica. En nuestra opinión, debería comercializarse con manual de instrucciones o al menos con recomendaciones de consumo, describiéndose tales fenómenos no como defectos, sino como características propias de este original vino que a nadie deja indiferente.


Fita despidiéndonos desde el balcón

Bodegas Bal Minuta, un encantador proyecto vital y empresarial de los que enamoran desde el primer momento. Y no sólo -que también- por la calidad de sus vinos, sino por la dificultad añadida que tiene el reto al que se enfrentan Pilar y Ernest. La decisión de fijar su hogar en Barbenuta para estar cerca de sus viñas les convierte en unos modernos colonos, ojalá que los primeros de muchos otros, para que el medio rural abandone el camino de la despoblación y regrese a la senda del desarrollo, regrese a la senda del tiempo...

NOTA: Dice el refranero español que "de bien nacidos es ser agradecidos", así que es de justicia incluir en este artículo el enlace a la canción que nos ha inspirado durante la redacción del mismo y de la que hemos tomado prestado el título.