miércoles, 22 de marzo de 2017

> Notas de cata: Marqués de Riscal Reserva 2012




De vez en cuando nos gusta regresar a los clásicos, y en la presente entrada revisamos un "clásico entre los clásicos", tal vez el que más. El Marqués de Riscal Reserva 2012 mantiene inalterada su presentación exterior desde hace décadas: botella bordelesa de color verde, inconfundible etiqueta, malla dorada, cápsula plateada y corcho natural de gran calidad.


Contraetiqueta


Corcho natural 

Elaborado en base al coupage tradicional riojano (Tempranillo, Graciano y Mazuelo) con posterior crianza durante 26 meses en barrica bordelesa de roble americano, se presenta visualmente de un color rojo cereza de capa media con ribete rubí, de entrada algo desconcertante en fase visual para un reserva riojano. Bastante cerrado inicialmente, de muy lenta apertura, requiere una generosa aireación en copa. Ataque ligeramente alcohólico, fase nasal rica en frutas rojas al principio y negras más adelante. Balsámicos, ebanistería, caja de puros y guindas en licor. En boca se muestra sabroso, potente, moderadamente ácido y un poco más astringente de lo esperado, tal vez con algo de sobreextracción (?). Pleno y estructurado, no resulta en absoluto pesado. Postgusto largo y elegantemente especiado. Magnífica evolución en copa, la oxigenación y la paciencia permiten la expresión de un enorme catálogo de terciarios: especias dulces, pimienta negra, clavo, tierra mojada, suaves tostados y tabaco rubio.

Reedición de un clásico ligeramente modernizado...




miércoles, 1 de marzo de 2017

> Catas "de cerca" en Al Vino Vino




El pasado mes de octubre, justo en los días previos a la celebración de las Fiestas del Pilar, abrió sus puertas este proyecto empresarial, pequeño en sus dimensiones pero enorme si se tiene en cuenta el entusiasmo de sus creadores. 

Al frente de esta nueva vinoteca que acaba de ver la luz con el nombre de Al Vino Vino están Adriana y Enrique, una simpática pareja de zaragozanos provenientes en su anterior andadura profesional de la hostelería, detalle éste muy importante en nuestra opinión, ya que les sitúa en una posición más que cercana, casi adyacente, en relación al consumidor final. Prácticamente la totalidad de los vinos que se hayan a la venta en Al Vino Vino han sido catados con anterioridad por Adriana y Enrique, de modo que no se puede encontrar un consejo más acertado que el de ellos cuando se nos presenta alguna duda en cuanto a maridajes y armonizaciones gastronómicas, porque no sólo conocen el vino, sino que también disponen de las opiniones de otros clientes, y eso se percibe nada más escucharles.


Detalle de uno de los escaparates de Al Vino Vino


El local de Al Vino Vino es como un joyero, y no nos referimos sólo a su superficie en metros cuadrados, en sus estantes se pueden encontrar delicias enológicas embotelladas de diversos precios y procedencias, con una generosa presencia de vinos aragoneses. El acristalamiento en dos de sus laterales le da una mayor sensación de holgura, también las originales paredes-estantería que permiten dividir ambientes al tiempo que se exponen algunas botellas. Ambas soluciones decorativas dan rienda suelta a la imaginación de Adriana, verdadera responsable de la decoración de los escaparates, preciosos y renovados en cualquier época del año, merecen una visita independientemente de si gusta o no el vino, eso no importa...


Mesa preparada para una cata en Al Vino Vino

Lo reducido del espacio no es óbice para la celebración de catas, catas de cerca, como esos magos que realizan sus trucos sobre un tapete delante de nuestros ojos. Es impensable la colocación de sillas, así que las catas se desarrollan de pie en torno a una mesa, menos estrictas y más coloquiales. Por idéntico motivo el número de plazas disponibles es reducido, así que es imprescindible estar atento a las convocatorias. No obstante, el servicio de los vinos es siempre impecable como no puede ser de otra forma para poder valorarlos correctamente. Hasta la fecha se han celebrado dos catas en Al Vino Vino, aunque en realidad se ha tratado de la presentación de dos proyectos enológicos relativamente jóvenes: La General de Vinos y El Vino del Desierto.


Ismael Ardid (La General...) durante su presentación.

La cara visible más conocida de La General de Vinos es Ismael Ardid, sumiller y profesor de la escuela de hostelería. El proyecto es sumamente atractivo y más todavía tras la presentación de Ismael, con su cercana conversación y su desenfadado estilo. La General... comercializa desde hace unos meses vinos adcscritos a la DOc. Rioja, elaborados con uva procedente de viñedos en el entorno de Hormilla, cerca de Nájera, quizás en la zona menos conocida por nosotros de la región riojana en cuanto a viticultura. 



Mimbo Blanco y Rosado


Comenzamos catando el Mimbo Blanco, un ensamblaje dominado por la tradicional Viura riojana con un aporte  de 15-20% de Sauvignon Blanc y Viognier. Botella de moderno diseño, con serigrafia casi veraniega, muy alegre y atractiva. Destaca sobremanera el tapón Vinolok de vidrio, costoso tipo de cierre cada vez más extendido en vinos blancos y rosados, en especial de gama alta. De color amarillo pajizo con reflejos verdosos, en nariz resulta muy seductor, con predominio de frutas tropicales y manzana. Muy vivo y fresco en boca, incluso con algo de carbónico residual que le confiere una gracia especial. Jugosamente ácido, muy equilibrado y redondo, con un postgusto largo y muy agradable. 


Tapón de vidrio Vinolok


Su familiar más cercano es el Mimbo Rosado, de presencia igualmente festiva aunque más otoñal, con ese mismo tipo de etiqueta, botella y cierre. Garnacha y Viura (75-25) son las variedades empleadas en la elaboración de este vino de color rosa pálido o piel de cebolla casi anaranjado, que podría recordar a aquellos claretes tradicionales riojanos. En nariz despliega aromas a fresas y grosellas, sin rastro de piruletas ni chucherías. En boca resulta más complicado, apenas queda un fondo de frutas rojas y da la sensación de ser un vino blanco, un vino con doble personalidad, sin duda más gastronómico que el anterior. 





El tercer vino que tuvimos ocasión de catar fue el Pictos Tinto. Pertenece a la gama más económica comercializada por La General... destinada en principio a hostelería, sin embargo fue la gran sorpresa de la noche. Tempranillo (90) y Garnacha (10) sin paso por barrica, toma su curioso nombre de una de las tribus de la película Braveheart (1995). Picota de capa alta con ribete entre púrpura y violáceo, muestra en nariz una explosión de frutas rojas, caramelo y chocolate. Suave paso por boca, media acidez y prácticamente nula astringencia, muy equilibrado. Postgusto de media longitud.  El último vino a catar fue el Maestro Botiller, un semicrianza elaborado mayoritariamente con Tempranillo con 6 meses de permanencia en roble francés, ensamblado antes de embotellar con un 20% de Garnacha joven sin paso por barrica. El resultado es un vino color rojo cereza con ribete granate, nariz rica en frutas rojas y negras con fondo tostado, café y frutos secos. En boca resulta muy correcto, agradable, nada sobra y nada falta. Un vino que, sin llegar a enamorar, podemos decir que no defrauda. Para cualquier ocasión.


Presentación de El Vino del Desierto en Al Vino Vino

Un par de meses más tarde tuvimos la oportunidad de regresar para asistir a la presentación de las nuevas añadas de El Vino del Desierto. En realidad para nosotros la novedad fue catar el Duna 2016, ya que la nueva añada del Sed 2015 la probamos en primicia en una inolvidable cata vertical, en el enlace pueden consultarse sus notas de cata. Fernando Mir es el cuerpo y el alma de El Vino del Desierto, como bien lo demuestra en cada una de sus presentaciones, no es casualidad que la palabra que más repite es "tierra". Acerca del proyecto de Fernando, hace unos años emergente y absolutamente consolidado en la actualidad, ya hemos hablado en alguna entrada anterior, de manera que en esta ocasión nos limitaremos a aportar nuestras notas de cata del Duna 2016. 

Imagen promocional de El Vino del Desierto

En su elaboración presenta algunas diferencias con añadas anteriores. El coupage sigue dominado por la aromática Garnacha Blanca (73) y la Alcañón (15), con la incorporación de unos porcentajes casi testimoniales de Macabeo (10) y Viognier (2), persiguiendo sin duda una mayor aromaticidad. La gran diferencia radica este año en la ausencia total de filtrado, en la búsqueda del mantenimiento de toda la estructura y la potencia que el vino muestra en el depósito tras 90 días de batonage diario, intentando extraer aromas y texturas al máximo. Aún a riesgo de exponerse a la presencia de algún sedimento en la botella, parece ser que Fernando no está por la labor de permitir que nada valioso se pierda en el proceso de filtrado. Hemos de decir que en nuestra copa no apareció ni el más mínimo sedimento o turbidez, el vino conserva la limpieza necesaria, y se mostró de un amarillo pajizo con ribete acerado. Quizás servido a una temperatura excesivamente baja, nos costó extraer sensaciones aromáticas hasta que no se atemperó, aunque poco más tarde desplegó la ingente carga frutal que le suponíamos: manzana, pera, plátano, piña, cítricos y un fondo balsámico. En boca siguió en su línea, ricamente ácido y con su elevado contenido alcohólico perfectamente integrado. Nos resultó menos graso y untuoso que en añadas previas, pero a cambio nos sorprendió con un final fresco, largo, casi eterno, de varios minutos de duración, un espectáculo...


Etiqueta del Duna. Fuente: Facebook de Fernando Mir

En resumen, confluencia de tres proyectos emergentes, atractivos y personales, que sin duda contribuirán cada uno con su buen hacer, a aportar aire fresco y nuevas ideas al panorama enológico zaragozano.

Seguid así, no cambiéis, estáis en el camino correcto. 

Nosotros estaremos ahí para contarlo...


lunes, 20 de febrero de 2017

> Notas de cata: Coto de Hayas "Viñas del Cierzo" 2012





El Coto de Hayas "Viñas del Cierzo" 2012 de Bodegas Aragonesas (Fuendejalón) pertenecientes a la DO. Campo de Borja se presenta externamente en botella bordelesa color verde de hombro alto, muy habitual en el catálogo de este productor. Cápsula de color verde aceituna metalizado y corcho natural, ambos de calidad correcta. Etiqueta con la imagen corporativa en la línea de otros vinos de la bodega y contraetiqueta con información breve pero clara acerca de las variedades de uva, periodos de crianza en barrica y datos relativos al viñedo. Impecable presentación.


Contraetiqueta

Se elabora en base a un ensamblaje de diversas variedades tintas: Garnacha, Syrah y Mazuela (86-10-4) provenientes de viñedos viejos cultivados en secano sobre suelos de pizarra y arcillo-ferrosos, con posterior crianza durante 12 meses en barrica de roble francés. Coupage cada vez más introducido en bodegas de Aragón, un salto cualitativo con vistas al futuro desde los monovarietales de Garnacha para intentar afianzarse en el mercado, al incluir la Syrah y la Mazuela (también conocida como Cariñena) en la elaboración de vinos con un estilo más internacional. 


Preciosa fase visual

Visualmente es de un bonito color rojo picota de capa alta con menisco entre rubí y granate. En fase olfativa presenta un ataque ligeramente alcohólico que deja paso a abundante fruta roja y negra, canela en rama y guindas al Marrasquino. Especiado y algo licoroso. En boca tiene una marcada acidez y media astringencia aunque resulta algo carente de volumen. Postgusto de persistencia media con un final ligeramente amargo. No termina de estar redondo, se nos antoja algo desequilibrado. Precioso en fase visual e interesante en olfativa, algo decepcionante por el contrario en gustativa. Echamos en falta estructura y potencia frutal en el paso por boca, algún recuerdo cárnico e incluso sanguíneo, así como más terciarios (chocolate, torrefactos, mentolados) tan habituales en otros vinos de Bodegas Aragonesas.

Un vino correcto del que, sin embargo, esperábamos más teniendo en cuenta la trayectoria de la bodega.



jueves, 16 de febrero de 2017

> Descubriendo la Malbec





Argentina ha sido siempre un país de oportunidades. Como destino histórico de emigrantes europeos de diversas nacionalidades, su riqueza enológica es fruto del mestizaje de sus raíces criollas con las culturas que cruzaron el Atlántico en la búsqueda de un futuro más próspero.

La costumbre de tomar vino prácticamente a diario, en especial con sus ricos asados, se instauró rápidamente en la sociedad argentina. Existía ya desde su pasado colonial durante los siglos XVI y XVII, pero la gran evolución se produjo en torno a 1850, época en la que se realizaron los primeros intentos de trasladar variedades de uva europeas, particularmente francesas aunque también italianas, a tierras argentinas. Entre ellas destacó la Malbec, una casta minoritaria tradicionalmente empleada en Burdeos en algunos coupages aunque siempre eclipsada por las variedades más nobles, Merlot y Cabernet Sauvignon, una "pariente pobre" que sin embargo tuvo la fortuna de adaptarse mejor que ninguna otra a las exigentes condiciones climáticas y orográficas de las regiones de Salta y Mendoza. En esas zonas desérticas a los pies de la cara este de la cordillera de los Andes, a más de 1000 metros de altitud, con aproximadamente 300 días de sol al año y apenas sin pluviometría, es donde nuestra protagonista alcanzó su plenitud. Aquella humilde uva emigrante de mitad del siglo XIX se transformó a partir de 1990 en una atractiva señora de clase media y en la actualidad, podría decirse que se ha convertido en una dama de la alta sociedad.


Viñedos en Mendoza con los Andes al fondo. Fuente: www.mendozapost.com

Es la Malbec una variedad muy vigorosa que proporciona elevados rendimientos productivos por hectárea si se cultiva en suelos fértiles y en condiciones óptimas de higrometría, aunque en esos casos se obtienen vinos flojos y sin entusiasmo. El cultivo en condiciones climáticas exigentes, tal y como se viene realizando desde hace 25 años en los valles que descienden desde la cordillera andina hacia la pampa, permite obtener de forma natural rendimientos menores y frutos más concentrados en aromas y sabores, a costa de infligir a las vides un cierto grado de stress hídrico y de penuria nutricional. La generosa exposición al sol en esas altitudes, con una mayor dosis de rayos ultravioletas, asociada a las formaciones en espaldera de los viñedos, permite completar la adecuada maduración de la Malbec. También la desgarradora amplitud térmica entre el día y la noche es un factor vital para conservar aromas y acidez. El resultado son unos vinos organolépticamente muy interesantes, que han encontrado en Argentina el trampolín ideal para conquistar el mundo, como bien lo atestigua la portada de la revista Wine Spectator publicada en diciembre de 2011.


Portada de Wine Spectator (Diciembre 2011)

Aunque por supuesto existen excepciones, el modelo productivo que siguen la inmensa mayoría de los productores argentinos tiene una clara vocación exportadora, situándose el país en el top ten de los productores de vino a nivel mundial, siendo Estados Unidos, Canadá, Brasil y Reino Unido sus principales compradores. Según datos del año 2015, la superficie de viñedo destinada a la Malbec se aproxima al 40% del viñedo total argentino, así que no debe sorprender la vehemencia con que se enarbola esta variedad de uva como estandarte genuino de la viticultura del país. Se acostumbra a decir que "los mejores vinos argentinos no son malbecs", sin embargo lo que sí parece evidente es que "los mejores malbecs son argentinos". ¿Realidad o juego de palabras? Juzguen ustedes mismos...


Fuente: www.devinosyvides.com.ar


Nuestro debut con esta variedad de uva tuvo lugar en las mesas de cata de Tomevinos. Nos sorprendió la reducida asistencia de público, tal vez lo desconocido del cepaje o el precio de la inscripción supusiera un freno para algunos, entre los que obviamente no nos encontramos. Ciertas catas tienen un determinado coste, eso debe asumirse, y si la variedad de uva lo merece, no debe ser motivo para no asistir. Incluso llevando las cosas al extremo, casi preferimos catas más familiares y menos tumultuosas, en ellas el intercambio de opiniones resulta en cualquier caso más sencillo y enriquecedor. 


Vinos protagonistas de la cata. Fuente: Facebook de Tomevinos

Detallaremos a continuación las notas de cata de los cinco vinos argentinos monovarietales de Malbec que tuvimos la oportunidad de probar.

ALTOS LAS HORMIGAS 2015
Bodega Altos Las Hormigas. Valle de Uco (Mendoza)
100% Malbec. Elaborado siguiendo el método tradicional de permanencia en depósitos de hormigón durante 12 meses, en principio sin contacto con roble ni crianza en barrica. Rojo picota de capa media con ribete granate. Ataque ligeramente sintético en nariz (tal vez la epoxi del hormigón?) que rápidamente se disipa y deja paso a la fruta. Torrefactos y tostados. Notable acidez que le dota de frescura. Agradable en boca, largo postgusto con un final levemente amargo que recuerda de nuevo al café molido. Muy diferente a los otros cuatro vinos catados.

DANTE ROBINO MALBEC 2014
Bodega Dante Robino. Valle de Uco (Mendoza)
100% Malbec. 6 meses en barrica de roble francés seminuevo. Idéntica fase visual que el vino anterior. Algo reducido de inicio en nariz, dejando paso a fruta madura, recuerdos lácticos y toffe. Agradable acidez. Muy redondo en boca, final especiado, como de pimienta negra. Podría recordar a un Merlot de Burdeos.

AMARU MALBEC 2013
Bodega El Esteco. Valles Calchaquíes (Salta)
100% Malbec. 9 meses de crianza en barrica de roble. Aproximadamente la cuarta parte del volumen total de vino se conserva en depósito de acero inoxidable, no pasa por madera, sino que se ensambla al final para conservar todavía una mayor carga frutal. Idéntica fase visual. Flores azules, azúcar quemado y mentolados. Acidez correcta. Algo más tánico en su paso por boca, aunque igualmente equilibrado. Postgusto más corto.

DON DAVID RESERVE 2014
Bodega El Esteco. Valles Calchaquíes (Salta)
100% Malbec. 12 meses de crianza en barrica de roble americano y francés. Al igual que el vino anterior, aproximadamente la cuarta parte del volumen total de vino se conserva en depósito de acero inoxidable, no pasa por madera, sino que se ensambla al final para conservar todavía una mayor carga frutal. Rojo cereza de capa media-alta con ribete rubí. Nariz plena de fruta muy madura, con fondo cárnico y a ratos ahumado. Acidez media y astringencia similar a su antecesor. Excelente paso por boca y magnífico postgusto. Podría recordar a un Rioja de corte moderno.

LUIGI BOSCA MALBEC 2014
Bodega Luigi Bosca. Luján de Cuyo (Mendoza)
100% Malbec. 12 meses de crianza en barrica de roble francés. Rojo picota de capa media y menisco granate. Fase olfativa rica en fruta roja bien madura. Lácticos dulces. Yogur de fresa. Acidez notable. Delicioso en fase gustiva. Taninos casi inapreciables. Final especiado quizás menos largo de lo esperado.

Después de este nuestro primer acercamiento a la Malbec, varias son las conclusiones que podemos obtener. Dejando al margen las peculiaridades de su cultivo, estamos ante una variedad de uva muy dócil, con la que el enólogo siempre estará satisfecho. Permite elaborar vinos diferenciados, pero es poco probable elaborar un mal vino. Podría decirse que es algo así como "la Chardonnay de las tintas", un cepaje maleable y agradecido con el que se elaboran vinos siempre correctos y a veces magníficos. Teniendo en cuenta su amplia difusión comercial, particularmente en el mercado anglosajón, nos encontramos con una suerte de "comodín" con cuya elección no se fallará, en especial ante cartas inexploradas de vinos casi siempre desconocidos y costosos, muy habituales en restaurantes británicos o norteamericanos.

Malbec... ¡qué bueno que viniste!




miércoles, 8 de febrero de 2017

> Ignius, el verdadero "vino de las piedras"





Aún habiendo tenido oportunidad de conocer el proyecto en algún otro evento previo, la visita en persona a Vinos Ignius en Almonacid de la Sierra nos permitió verdaderamente interiorizar la complejidad del trabajo desarrollado a lo largo de los últimos años por Javier Sanz. Su meticuloso estudio del medio y sus conocimientos de enología le impulsaron a emprender esta nueva andadura empresarial, aunando la más arraigada tradición de una familia viticultora con la realidad actual de la elaboración de vinos. El proyecto vio la luz hacia el año 2010, pero los inicios se remontan a finales del siglo XIX, concretamente al año 1890, fecha en la que se documenta la construcción de la bodega familiar, como muchas otras en Almonacid, horadada en las faldas de la Sierra de Algairén a las afueras de la localidad. El primer paso fue acondicionar aquella vieja bodega en la que se elaboraba el vino de la familia cada año y reconvertirla en una bodega moderna dotada de los principales medios, una bodega pequeña pero técnicamente preparada para lanzar al mercado un vino de calidad, certificado además como ecológico.


Interior de la bodega. Imagen de Carlos Schölderle

Suelos pedregosos. Fuente: vignius.com

De manera simultánea se fue trabajando en el campo, aproximadamente unas 10 hectáreas plantadas en altura. La vid nunca tiene prisa, así que casi 28 años lleva Javier preparando el viñedo, algunas viñas con más de 70 años de edad plantadas mayoritariamente en vaso, a una altitud entre 400 y 800 metros. La Garnacha es la variedad dominante, con alguna zona donde se cultiva  Syrah, algo de Tempranillo, un poco de Macabeo y un pellizco de Vidadillo, casta autóctona ésta última casi desparecida con la que en la actualidad se está trabajando muy bien en Almonacid. Los suelos son eminentemente pedregosos, pizarrosos y pobres, aflorando la roca madre metamórfica de origen ígnico, de alto contenido en sílice y de la que deriva el nombre comercial del vino.


Sala de elaboración

Por supuesto la vendimia es manual y se realiza en cajas para preservar la salud y la integridad de las bayas hasta su recepción en la bodega. Todo el proceso de vinificación se realiza en depósito de acero inoxidable, sin prisa alguna, porque la premisa de Javier es realizar una elaboración mínimamente intervencionista. Muy acertadamente, considera que el vino "es el resultado de un intercambio de energía", "es un ser vivo" y como tal,  hay que dejar que se exprese. Por ese motivo no establece plazos en las fases de elaboración. Atiende, observa y escucha al vino, e interpreta según su criterio cuál es el momento idóneo para dar el siguiente paso. Sirva como ejemplo que en el momento de nuestra visita a finales del mes de Mayo, el vino del año anterior todavía estaba en depósito, en palabras de Javier, "recreándose en sus fangos".


Bodega-cueva de crianza. Imagen de Carlos Schölderle

Charlando con Javier Sanz junto a sus barricas

Una mañana, el vino le susurrará al oído a Javier que es el momento de pasar a descansar una temporada en el interior de una barrica. Se emplean barricas de roble francés y americano, nuevo o seminuevo, máximo 2-3 usos, lo cual supone una considerable inversión anual en roble, en especial si tenemos en cuenta el pequeño tamaño de la bodega, prácticamente una microempresa. El periodo de crianza se extiende durante aproximadamente 18 meses, aunque no es tampoco nada estricto, dependerá de la evolución del vino y del criterio de Javier. Esa ha sido la duración de la crianza del último Ignius, correspondiente a la añada 2012, un vino de paraje del cual tuvimos la oportunidad de catar allí mismo, en la bodega donde vio la luz, una de las escasas 2000 botellas comercializadas. 

Ignius 2012. Fuente: Facebook de la bodega


Ensamblaje dominado mayoritariamente por la Garnacha, acompañada,  en un emparejamiento ideal, por la Syrah  y completado por otras variedades de uva (Tempranillo y Vidadillo) en proporción desconocida. Visualmente de un intenso color rojo picota de capa alta con ribete rubí, con gran cantidad de lágrima, se mostró en nariz potente e intenso, algo alcohólico de inicio, frutas rojas y negras que dejaron paso a notas balsámicas y mentoladas, como de monte bajo y plantas aromáticas, algún recuerdo a resina de conífera, toques tostados y regaliz. En boca resultó estructurado y con volumen, con taninos algo marcados, presentes quizás en exceso. Satisfactorio paso por boca, dejando un final medio-largo de nuevo rico en fruta, agradablemente especiado y recuerdo mineral.

En resumidas cuentas, un soplo de aire fresco y de renovación en el panorama enológico aragonés, en el cual algunas grandes bodegas parecen ver mermado su atractivo paulatinamente, en especial entre los aficionados más exigentes, deseosos de conocer pequeños proyectos empresariales, más pegados al viñedo y la tierra, que son los que verdaderamente nos apasionan. 

Porque detrás de cada botella de vino siempre existe una historia y para transmitirla hay que llegar al corazón.






sábado, 28 de enero de 2017

> Regreso a Bodegas Sommos: enoturismo de precisión...




En nuestra anterior visita a Bodegas Sommos nos quedó pendiente probar el sugerente menú-degustación que se sirve en su afamado restaurante, de manera que, aprovechando la inmejorable compañía de unos buenos amigos, decidimos repetir la experiencia enoturística de hace unos meses completándola en modo gourmet, no sin antes admirar la maravillosa arquitectura exterior de la bodega, en un radiante sábado de invierno, con los Pirineos recién nevados al fondo. De postal...


Arquitectura de vanguardia

Viñedo en invierno


La visita en sí misma poco difirió de la que ya tuvimos ocasión de realizar en 2015, tan sólo complementada por una breve explicación en los viñedos más cercanos a la bodega que, sin embargo, nos permitió obtener abundante información en cuanto a técnicas de trabajo en campo, procedimientos de poda y regadío, altamente tecnificados como lo es casi todo en Bodegas Sommos: sondas subterráneas para medir la humedad, estaciones meteorológicas, dendrómetros para evaluar el grado de hidratación de las vides, sensores que envían información al ordenador central de la bodega, etc. La ciencia al servicio de la viticultura. Nada se deja al azar en Sommos. De regreso al edificio principal de la bodega, volvimos a disfrutar como niños con la proyección del impresionante audiovisual que explica el proceso de elaboración, precedido por una breve introducción de la nueva bodega adquirida por la empresa en Murero (Zaragoza), perteneciente a la DO. Calatayud y recientemente rebautizada como Sommos Garnacha.


Sala de elaboración

Sala de barricas

Sala de catas

Las explicaciones desde el mirador que permite tener una amplia panorámica de la sala de elaboración y la observación de la sala superior de barricas y del botellero, se continuaron con la degustación de tres vinos en la que sin duda es la mejor sala de catas que conocemos. De nuevo su blancura, iluminación y orden nos llamaron la atención, y eso que ya la conocíamos con anterioridad.


Vinos Sommos, servidos para la cata

En esta ocasión comenzamos la cata con el Nietro Rosado 2015, monovarietal de Garnacha elaborado en la bodega de Murero. Color rosa de intensidad media, ni fresón ni piel de cebolla, con ribete plateado. En nariz se mostró atractivo, con predominio de las frutas rojas y un fondo de crema de leche, algo así como un caramelo de nata y fresa. Ricamente ácido en boca, resultó muy refrescante, con un final ligeramente mentolado y un recuerdo a plantas aromáticas, típicas de los montes de esa zona geográfica a caballo entre Calatayud y Daroca.



El Sommos Crianza 2014 supuso un salto cualitativo importante. Elaborado con tres variedades internacionales (Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah) en un coupage muy habitual en la DO. Somontano, realiza una crianza de 9 meses en barrica. Edición limitada a 15000 botellas. Rojo picota de capa media con ribete granate. Predominio de frutas negras y tierra húmeda en nariz, con el adorno de todos esos terciarios provenientes del roble (torrefactos y chocolate) incluso con algún recuerdo de vegetales asados. En boca resultó redondo, fino y elegante, con los taninos muy bien integrados, aunque tal vez demasiado ligero y corto en su postgusto. Interesante.



Concluimos la cata con uno de los vinos top de la bodega. El Sommos Colección Merlot 2014, monovarietal de dicha variedad, es uno de los privilegiados que realiza íntegramente su elaboración en roble, desde los tinos para su primera fermentación hasta las barricas para su crianza durante 14 meses. Picota de capa media-alta con menisco teja, mostró en nariz frutas negras desecadas (higos y ciruelas), también azúcar quemado, notas lácteas, toffe y pimientas. Elegantísimo en boca. Una delicia. Mucho mejor que el de la añada 2010 que catamos en la visita anterior.


Restaurante Bodega Sommos

Ensalada de ventresca con pimientos


       



Como epílogo de esta magnífica jornada, nos dirigimos al restaurante de la bodega, seducidos por el atractivo menú-degustación maridado con dos vinos Sommos. Comenzamos con el Glárima Varietales Blanco 2015, ensamblaje de Chardonnay, Gewürztraminer y Pinot Noir con 4 meses en barrica, perfecto para el entrante de queso de cabra en galleta tipo Oreo y para la ensalada de ventresca con pimientos. De color amarillo dorado y nariz plena de frutas tropicales (piña, mango) también albaricoque y algún cítrico aunque más oculto. Muy agradable en fase gustativa, con una pincelada mineral novedosa para nosotros en este vino. Tal vez demasiado rápido en su paso por boca, lo recordábamos más untuoso y estructurado, aunque resultó una vez más muy interesante dejarlo evolucionar en la copa para detectar esos aromas terciarios a pan tostado y mantequilla.


            
                         

No resultó tan satisfactoria la armonización con la cazuelita de pochas con verduras y borraja, quizás debimos cambiar en ese momento al tinto, pero preferimos continuar con el blanco sabiendo que acompañaría bien al bacalao confitado a la riojana, como así sucedió, aunque el maridaje del pescado con el tinto no hubiera sido en absoluto descabellado.


Jarrete de cordero al chilindrón

El Glarima Varietales Tinto 2014, elaborado en un multitudinario ensamblaje de 4 castas tintas (Tempranillo, Syrah, Merlot y Cabernet Sauvignon) con crianza durante 8 meses en barrica, se mostró con una capa media-alta con ribete violáceo. Divertida fase nasal, con frutas rojas y negras, caramelo, carbón, incienso, cacao, vainilla. Un parque temático de aromas. Luego en boca resultó agradable como siempre, sabroso y con esa astringencia media muy bien integrada,  sutilmente amargo en el postgusto, pero en general muy correcto, ideal como acompañamiento del jarrete de cordero al chilindrón. Un vino muy bien construido, nunca falla, aunque puede llegar a saturar si se toma con demasiada frecuencia.





Tal y como nos gusta hacer, prolongamos todo lo humanamente posible la última copa de vino antes de pasar al postre, una cuajada de leche de oveja con nueces y miel, que junto con el excelente café, puso punto final a la comida. Impecable el servicio en sala y la calidad de los platos, con los tiempos precisos para permitir disfrutar de la comida y la conversación a partes iguales, sin prisa pero sin esperas injustificadas. Nuestra más sincera enhorabuena al personal.

Bodegas Sommos, enoturismo de precisión.

Próxima escala, Ribera del Duero...