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miércoles, 9 de abril de 2025

> I Salón Peñín de Vinos de Aragón


Desde luego fue un gran evento este Salón Peñín de los Vinos de Aragón, con un excelente resultado para  ser la primera vez que se realizaba en tierras aragonesas. Aunque experiencia no les falta, es indudable la capacidad organizativa del personal de Peñín en estos menesteres, lo cual sin duda estuvo favorecido por el decidido y firme respaldo que el Gobierno de Aragón -a través de la Dirección General de Innovación y Promoción Alimentaria del Departamento de Agricultura, Ganadería y Alimentación- prestó desde el primer momento promoviendo la celebración de esta jornada -sin coste alguno para las bodegas ni para los asistentes- y cediendo además el bonito marco de la Sala Goya del propio Departamento, que si bien por momentos pudo resultar algo angosta, dio sobrada respuesta a las expectativas de todos.


El proceso de inscripción a través de la página web de la Guía Peñín resultó bastante sencillo. El hecho de tratarse de un evento destinado en exclusiva a profesionales del sector agilizó mucho las cosas, si bien se produjeron ciertas situaciones incómodas al limitar la organización el número total de inscripciones, denegando algunas solicitudes incluso a personas acreditadas con anterioridad para otros eventos organizados por Peñín. No obstante, una vez vistas las dimensiones de la sala cedida por el Gobierno de Aragón, esa limitación en las inscripciones cobra todo su sentido. Del mismo modo, alguna bodega un tanto distraída en los trámites también se quedó sin representación. Es muy probable que haya más oportunidades en el futuro, sin ir más lejos el próximo mes de Octubre -en día y lugar aún por concretar- mes en el que está previsto repetir este evento en Madrid, perfecto escaparate para dar a conocer los vinos aragoneses a España y al mundo.


De modo que en el último lunes del mes de Marzo, abrió sus puertas el I Salón Peñín de los Vinos de Aragón. Medio centenar de bodegas con más de 200 referencias recibieron a sumilleres, profesionales del sector y prensa especializada. Conocedores como somos de muchos de los vinos aragoneses, centramos nuestra atención -a lo largo de las seis horas que duró la muestra- en aquellos vinos menos habituales o con ediciones más limitadas, así como en algunas bodegas por descubrir, sin olvidar las nuevas añadas de vinos ya catados con anterioridad, porque siempre es aconsejable seguir su trayectoria y evolución. Dividimos la jornada en mañana y tarde, destinando la primera parte a catar espumosos -siempre nos gusta comenzar con burbujas- blancos y rosados, dejando la segunda mitad exclusivamente para vinos tintos. Intentamos en la medida de lo posible, realizar la cata por variedades, lo cual nos obligó a numerosas idas y venidas desde un stand a otro, así como unas cuantas disculpas con los representantes de las bodegas al declinar sus invitaciones para catar otros de sus vinos.


Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos que tuvimos ocasión de analizar, la mayoría de manera algo apresurada, pero el formato showroom del evento no permitía hacerlo de otra forma. Como hemos dicho, iniciamos nuestro recorrido entre burbujas -quizás el tipo de vinos aragoneses menos apreciados- en el stand de Finca Valonga catando su TERESA 2022, espumoso monovarietal de Chardonnay con 11 meses de crianza en botella, equilibrado, agradable y con el carbónico bien integrado. Interesante. Lo enfrentamos -cruelmente- con unos de los mejores espumosos aragoneses, el REYES DE ARAGON RESERVA BRUT NATURE de Bodegas Langa, Chardonnay y Macabeo con 20 meses en botella, cremoso, complejo y muy elegante.


Continuamos con los más bien escasos monovarietales de Sauvignon Blanc, una variedad poco cultivada en tierras aragonesas, siendo en la DO Somontano donde más arraigo parece haber experimentado. De allí catamos dos vinos, el BRESQUE SB 2023 de Bodegas Valdovinos -sin crianza, muy varietal en nariz, herbáceo y tropical a partes iguales, atractivo en nariz aunquealgo más cálido de lo esperado en boca- y el SOMMOS COLECCIÓN SB 2023 de Bodega Sommos, igualmente sin crianza, mineral, cítrico, fresco y con mejores sensaciones en boca que en nariz. Misma variedad, misma zona, similar elaboración y dos vinos completamente diferentes. La altitud y el tipo de suelo parecen marcar las diferencias. Curioso.


Más sencillo nos resultó localizar unos cuantos monovarietales de Macabeo, variedad abundante en Aragón aunque no terminamos de creer en ella, pues seguimos pensando que no tiene la voluptuosidad en nariz de otras castas blancas y que en boca son vinos poco expresivos. Nada más lejos de la realidad. Y para muestra, el ALBADA 2024 de Virgen de la Sierra (DO Calatayud) -Macabeo sin crianza, frutas de pepita y de hueso, muy aromático y limpio. Agradable, completo y muy versátil- y también su vecino, el BALTASAR GRACIAN EL ORÁCULO 2022 de Bodegas San Alejandro (DO Calatayud), Macabeo también sin crianza, muy varietal en nariz, graso y sabroso en boca. Excelente, posiblemente nuestro favorito de todos los monovarietales de Macabeo catados. El MICROCÓSMICO 2023 de Bodegas Frontonio (IGP Valdejalón), igualmente Macabeo sin crianza, nos resultó más frutal que floral, grácil, poco voluminoso y mejor en nariz que en boca, algo más de volumen le vendría bien. Muy diferente, por procedencia geográfica y por incorporar otra variedad blanca como la Alcañón, nos pareció el blanco LA MALPREGONA 2021 de Origen Viticultores (DO Somontano) Macabeo y Alcañón sin crianza, fresco y herbáceo, con marcada acidez y tensión. Agradable, ligero, muy correcto para copeo, de trago largo, sorprendentemente joven a pesar de tratarse de una añada algo atrasada, mérito de la acidez que aporta la Alcañón y que le confiere una guarda excepcional. Nada que ver con los anteriores, por intenso, poderoso incluso algo apabullante por sus notas de crianza,  el ANAYON MACABEO BLEND de Grandes Vinos y Viñedos (DO Cariñena) se trata de un ensamblaje de 4 añadas de Macabeo con crianza en diferentes tipos de roble -francés, americano y navarro- con tiempos de permanencia en barrica sin concretar. Un vino casi anecdótico, casi experimental. Muy gastronómico, sólo disponible en formato magnum y claramente destinado para hostelería. Para conocerlo.


Con la Garnacha Blanca nos sucedió todo lo contrario. Esta variedad que hasta hace unos años estaba casi desaparecida, en la actualidad sigue incrementando el número de hectáreas cultivadas y la oferta comercial de vinos elaborados con ella es amplia y variada. Predominan los monovarietales, como LAS MARGAS BLANCO 2023 de Bodegas Bodem (DO Cariñena) -Garnacha Blanca, sin crianza, con notas de frutas de pepita, flores blancas y tomillo, cremoso y amable en boca- y también el LIBRE Y SALVAJE 2022 de Bodegas Libre y Salvaje (DO Cariñena) con sutiles notas de crianza, fruta de pepita, flores amarillas y pimienta blanca. Redondo, largo, elegante. Sin duda la mejor Garnacha Blanca de la muestra. En el mestizaje de Garnacha Blanca ensamblada con otras variedades catamos el XADO 2024 de Mas de Torubio (IGP Bajo Aragón) ensamblaje con Sauvignon Blanc -correcto, alegre y fresco- también su hermano mayor el LO POU BLANCO 2023 -monovarietal, cariñoso,amable y graso- así como el OXTE BLANCO 2024 de Bodegas Bodem (DO Cariñena) Garnacha Blanca y Macabeo sin crianza, con notas de frutas de pepita y herbáceos, prácticamente recién embotellado, todavía algo nervioso y que con certeza mejorará en botella.

Siguiendo con nuestra búsqueda de otras Garnachas Blancas, dimos con el stand de Mas de Llucía (IGP Bajo Aragón), bodega boutique del Matarraña de la que no teníamos conocimiento y que forma parte de un complejo enoturístico en el que destaca un hotel de lujo llamado Torre del Marqués. Elaboran vinos blancos y tintos, aunque con las prisas habituales en este tipo de eventos, sólo pudimos catar sus dos blancos, LAS TRES HERMANAS 2023 monovarietal de Garnacha Blanca con 4 meses de crianza en roble francés -intenso, gastronómico, muy maduro, cálido e incluso algo tánico- y LO FOC 2023 Garnacha Blanca y Macabeo, con sutiles notas de madera y frutas de pepita, muy correcto aunque sin llegar a enamorar.

Y para concluir nuestro viaje durante la mañana, una última Garnacha Blanca vinificada como si fuera tinta, manteniendo el mosto en contacto con los hollejos y realizando remontados -lo que viene a ser un orange wine tan de moda últimamente- concluyendo por si fuera poco con una crianza en barrica de roble francés durante  6 meses. Nos referimos al PALMERI EVA 2022 de Bodegas Palmeri Sicilia (DO Campo de Borja), una bomba nuclear de aromas concentrados que requiere de varias horas para descubrirlos -algo imposible en un evento como el que nos ocupa- opulento, grande, inmenso, licoroso, indescriptible e incluso puede que desmedido. Nos vimos claramente desbordados durante su cata y nos rendimos ante la fuerza de la naturaleza de Eva.


Durante la segunda mitad de la jornada, el protagonismo fue para los tintos, mayoritariamente garnachas -lo más habitual en el viñedo aragonés- aunque algún verso libre tuvimos oportunidad de catar. Primera escala en el stand de Bodegas Gil Pejenaute (DO Campo de Borja) para conocer sus tres vinos monovarietales de Garnacha procedente de 7 hectáreas de viñedo a 800 metros de altitud en la localidad de Tabuenca y elaborados con todo el mimo que un viticultor experimentado como Javier Gil puede desplegar. Su vino de inicio de gama es el TABUCA 2022 Garnacha sin crianza, frutal, floral y fresco, un vino muy atractivo. Su hermano mayor, el PILAR DEL CERRO 2023 se elabora con las uvas de una sola parcela y realiza crianza en un depósito ovoide de gres, prometedor aunque todavía falto de redondeo y complejidad. Finalmente, LAS PARADAS 2020 alcanza la cima dentro del catálogo de la bodega, igual que los anteriores se trata de un monovarietal de Garnacha con crianza en barrica de roble francés, muy perfumado -frutas rojas, granada y monte bajo- fino, elegante y complejo. Una maravilla.


Nuestra innata curiosidad nos hizo recalar en el stand de Bodegas La Cerrada (DO Calatayud) propiedad de los hermanos Javier y Jesús Temprado con más de dos décadas de experiencia en la elaboración de vino. En realidad la bodega inició su actividad comercial hace relativamente poco tiempo -desde el año 2019- apostando por la elaboración más tradicional de monovarietales de Garnacha procedente de las parcelas de viñas viejas en Morata de Jiloca con las que la familia Temprado lleva elaborando sus vinos desde hace más de un siglo. Catamos del tirón, uno tras otro, los cuatro tintos que acertadamente comercializan con el nombre de Vinos Atrevidos -1931 NATURAL 2019, 1931 NATURAL 2020, DORA PEÑIN NATURAL 2019 y MARIA LA BALTASARA 2020- cada uno de ellos procedente de un viñedo diferente, elaborados sin intervención y sin adición de producto alguno, de carácter un tanto rústico, frescos, frutales y herbáceos, nada dóciles aunque no violentos, moderadamente astringentes, vinos de los de toda la vida y -según nos dijeron los hermanos Temprado- "vinos como los que le gustaban a nuestro abuelo". Sus elaboraciones se salen de los gustos comerciales habituales, apostando por la tradición, la honestidad y la sinceridad. Una propuesta muy meritoria y diferente. Nuestra más sincera enhorabuena.


A media tarde optamos por hacer una breve pausa de descanso entre los tintos y dicho inciso nos llevó hasta el stand de Bodega Tío Nicasio, proyecto empresarial de la localidad de Castejón de Valdejasa con diversas facetas dentro del sector agroalimentario: cereal, almendra, aceite de oliva, escabechados y vinos. Hace unos cuantos años empezaron a comercializar -con poco éxito- dos tintos rudos, agrestes y difíciles, que a punto estuvieron de forzar el abandono de la elaboración vinícola. Por fortuna, un reciente cambio en la dirección técnica -a cargo ahora de Juanma Gonzalvo- ha servido para reconducir la situación hacia vinos más modernos y agradables. Tal es el caso del VALDEJASA ROSADO 2023 -color rosa tenue, actual y atractivo, con aromas a frutillos rojos, frutas de hueso, marcada acidez y final agradable- y el tinto LAS VIÑAS HUÉRFANAS TINTO, una Garnacha honesta, vino de viña mestiza, mayoritariamente Garnacha, pero que convive con otras variedades tintas e incluso alguna blanca, frutas rojas, chucherías y lácticos. Comercializan dos tintos más, ambos con permanencia en barrica, que todavía guardan cierto parecido con aquellos otros que se dejaron de elaborar. Sólo el tiempo dictaminará cuál de las dos líneas es la más acertada.

Sin cambiar de enólogo -aunque sí de bodega- catamos la gama básica Terrai Viñas Viejas OV (old vines) de Bodegas Covinca (DO Cariñena) que agrupa tres monovarietales -Cariñena, Garnacha y Tempranillo- identificables cada uno de ellos por la última letra de su nombre. TERRAI OVC  es un 100% Cariñena con crianza de 6 meses en roble francés, rico en flores azules y guindas, fresco, algo licoroso aunque no cálido, muy original. TERRAI OVG es un monovarietal de Garnacha con 3 meses de breve paso por barrica de roble americano y francés, todo frutas rojas, vainilla y caramelo, muy correcto aunque menos sorprendente que el anterior. Finalmente TERRAI OVT se elabora con Tempranillo y tiene idéntica crianza que Terrai OVG, destacando en nariz las ciruelas y las moras, resulta suavemente especiado y con tanino presente pero nada molesto. Grata sorpresa, particularmente el Terrai OVT, rara avis este resultón Tempranillo entre tanta Garnacha. Los tres muy correctos -con esa suave crianza en barrica de roble nada invasiva y tan respetuosa con la variedad- y con una excelente relación calidad-precio.

El reencuentro con José Antonio Ibarra -meses después de aquella inolvidable jornada en Daroca- resultó tan agradable como inesperado. Locuaz y cercano como siempre, nos animó a catar los vinos elaborados por su hija Patricia, galardonada con el premio al mejor expediente en Enología en el año 2021 por la Universidad de La Rioja. Dos tintos monovarietales (DO Calatayud) de producción muy limitada han sido los primeros en ver la luz con la firma de Patricia Ibarra. El SEGEDA GARNACHA nos regaló una macedonia de frutas rojas y hojas de menta en nariz, fino, redondo, sutil y fresco en boca, un vino muy disfrutón. Por el contrario, el perfil del SEGEDA SYRAH  nos llevó más a frutas negras -moras, cassis- potente, intenso y mineral en boca, un vino que apunta muy alto y ganará aún más en botella. Para no perder de vista, una pena que haya tan pocas botellas.


Llegado este punto, decidimos tomarnos un respiro y acercarnos a catar tres tintos de la IGP Bajo Aragón que ya son viejos conocidos nuestros. LO POU TINTO 2023 de Bodega Mas de Torubio (Cretas) -monovarietal de Garnacha Peluda con delicada crianza en barricas de roble y tinajas de arcilla- se manifestó muy aromático y fragante, aunque algo nervioso, marcada acidez y ligeramente descompensado en boca, tal vez algo falto de redondeo en botella. Sin embargo, el tinto top de la misma bodega -LA CLOTA 2022-  ensamblaje de Garnacha Peluda, Merlot y Cabernet Sauvignon con crianza durante 10 meses en roble francés y americano, nos pareció redondo, equilibrado y sabroso, un vino magnífico año tras año y con una excelente relación calidad-precio. Por último, el TEMPORE DERECHERO de Bodegas Tempore (Lécera) monovarietal de esta casta tinta casi extinguida con una crianza de 6 meses en barricas de roble francés, se mostró floral, fresco, ligero, aéreo, moderno, un vino muy especial, casi a medio camino entre una Garnacha de clima frío y una Pinot Noir de clima templado. Bien es verdad que fue más de nuestro agrado la añada anterior -con aquel ataque ligeramente abocado en el primer sorbo- pero al parecer la climatología afecta notablemente a la Derechero. Ventajas e inconvenientes de tener el único vino en el mercado elaborado con esta variedad.


Para continuar, catamos tres tintos más que no conocíamos. ALBADA PARAJE LA CAÑADILLA 2022 de Bodegas Virgen de la Sierra (DO Calatayud) es una Garnacha fina de altura con una pizca de Monastrell y Provechón, fresca, mineral y moderna, todo frutas rojas y hierbas aromáticas, de edición muy limitada. QUERENCIA DESEYA 2022 de Bodegas San Alejandro (DO Calatayud) se elabora íntegramente con Garnacha y entrega en nariz frutas rojas -cerezas, arándanos, guindas- sobre un recuerdo de monte bajo, muy agradable y bien diseñado. Por último, TINAJAS ANTIGUAS 2019 de Bodegas Libre y Salvaje (DO Cariñena) es un ensamblaje de Garnacha y Cariñena con crianza en tinajas de barro durante 24 meses. Frutas rojas, laurel y mina de lapicero, en nuestra opinión algo incómodo y extraño, muy original, pero debemos confesar que dicho material de crianza siempre se nos hace un tanto cuesta arriba. A reevaluar.


Y como broche final, nos dimos la satisfacción de catar los tres tintos monovarietales de más alta gama de Bodegas Enate (DO Somontano), una experiencia que nunca antes habíamos tenido la oportunidad de hacer. Misma añada 2021 para tres magníficos ejemplares de las tres variedades tintas internacionales más reconocidas, con generosas permanencias en barrica. Grosellas negras, eucalipto y minerales en el ENATE SYRAH-SYRAZ, intenso y con taninos aún presentes que se pulirán en botella. Algo parecido le sucede al ENATE CABERNET-CABERNET -frutas negras, mentolados y cacao- con mucha vida en botella por delante. Para terminar, con el ENATE MERLOT-MERLOT se alcanza la plena elegancia, un vino soberbio que recuerda a mermelada de moras y especias.


En resumen, una jornada excelente con una organización magnífica. Esperamos que siente precedente y que esta primera edición haya resultado del agrado de todo el mundo. Por el momento, parece firme la decisión de repetir el evento en Madrid el próximo mes de Octubre. Que se convierta en un referente en el panorama vitivinícola nacional parece sólo cuestión de tiempo.

Vayan desde aquí nuestros mejores deseos para que así sea. 



lunes, 22 de mayo de 2023

> El vino que surgió de las aguas

 

 

El verano del año 2000 fue extremadamente caluroso y a mediados del mes de Octubre el agua del Mediterráneo seguía estando todavía templada. Sin embargo, en las capas altas de la atmósfera la temperatura iba descendiendo y una bolsa de aire frío se descolgó de la circulación general de los vientos e inició ese deambular errático y dubitativo tan característico de las denominadas "gotas frías". Atraída irremediablemente por las cálidas aguas del Mediterráneo, su interacción generó la formación de unas poderosas nubes de evolución que -impulsadas por los vientos del sureste- impactaron en la cordillera prelitoral de los Puertos de Beceite. Las torrenciales precipitaciones comenzaron el día 21 de Octubre y durante dos largos días no amainaron en intensidad. Toda la cuenca del río Matarraña se vio afectada por una devastadora riada tan sólo comparable a la del año 1957. Los daños fueron cuantiosos en  Beceite, Valderrobres y Peñarroya de Tastavins, pero la situación fue mucho peor en las localidades de la cuenca baja del Matarraña -Fabara, Maella, Mazaleón- y particularmente en Nonaspe donde el río Algars unifica su cauce con el Matarraña.


Aquellos días del principio del otoño del año 2000 cambiaron abruptamente los planes de la familia Taberner al verse completamente destruida su finca agrícola debido al violento paso de las aguas. Pero haciendo de la necesidad virtud, afrontaron la adquisición de unos nuevos terrenos un poco más elevados buscando la protección de las faldas de la sierra que separa Nonaspe de Fayón. En dichos terrenos continuaron su actividad agrícola dedicada principalmente al cultivo de frutales, complementada con la explotación de varias parcelas de olivos en régimen intensivo. Quizás por casualidad, quizás por su ubicación algo más elevada, la crecida del rio Matarraña apenas afectó a la viña en la que la familia Taberner elaboraba su vino para autoconsumo. A veces la naturaleza tiene estos caprichos y la fuerza del agua en aquel mes de Octubre respetó las vides, la casa de labranza y el pozo.  




Bernabé Taberner representa en la actualidad la tercera -tal vez la cuarta- generación de agricultores dentro de su familia. Continúa con  el cultivo de frutales y olivos, pero aquel extraño respeto que el agua de la riada tuvo con el viñedo de sus abuelos no dejó de rondarle la cabeza durante años. Algo pasional en su interior no hacía más que recordarle los días de vendimia cuando era niño y -casi sin pretenderlo- comprendió que estaba destinado a elaborar vinos de calidad con las uvas de aquella viña que tan cerca estuvo de desaparecer arrastrada por un disgustado Matarraña que en el último instante decidió ignorarla. El proyecto comenzó a tomar forma en el momento en que Bernabé le propuso emprender la aventura a su amigo de la infancia Jordi Satué, también natural de Nonaspe aunque establecido desde hace años en Barcelona por motivos laborales. El primero tenía la tierra y la experiencia en el campo, el segundo los conocimientos necesarios en materia económica y empresarial. Ambos compartían la ilusión de volver a poner en valor las labores agrícolas que sus abuelos desempeñaron durante décadas y pensaron que la mejor manera de rendirles un sentido homenaje sería concentrar sus recuerdos esforzándose en elaborar vinos de calidad. Acababa de ver la luz Vinos Taberner Amado


Como es lógico, aquella pequeña viña original respetada por las aguas se amplió hasta las 12 hectáreas de viñedo en propiedad que en la actualidad cuentan con una edad aproximada de 30 años. No trabajan con uva procedente de otros viticultores, de manera que las 9000 botellas anuales que elaboran proceden exclusivamente de las vides trabajadas por la familia Taberner. El viñedo está en un precioso paraje protegido del frío y del calor extremos tan habituales en la zona, situado en la orilla derecha del Matarraña -tantas veces querido, algunas odiado- en una curva que su cauce se ve obligado a realizar por la presencia de la sierra con algo menos de 300 metros de altitud en la que se localizan los restos del Castellete de Fayón, torre de vigilancia erigida a finales del siglo XIX durante la Tercera Guerra Carlista.


La mayor parte del viñedo está plantado en espaldera, para optimizar las labores agrícolas y al mismo tiempo garantizar una correcta aireación así como la adecuada maduración de los racimos. Cuenta con instalación de
 riego por goteo como apoyo para la supervivencia de las plantas. El agua subterránea -siempre protagonista- procede de un pozo cuya fecha de construcción no se sabe con certeza, pero del  cual ya sacaba agua el bisabuelo de Bernabé. Hay que ver cómo se construía antes. No es de extrañar que la variedad blanca cultivada sea la Garnacha Blanca que tan buena expresión muestra en estas tierras lindantes con la DO. Terra Alta. De hecho alguna parcela de la familia Taberner está separada de la provincia de Tarragona tan sólo por el ancho de un camino. En cuanto a las variedades tintas, predomina la autóctona Garnacha Tinta, aunque no debe sorprendernos la presencia de cepajes internacionales -Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Cabernet Franc- introducidos en la viticultura española durante aquellos años en que parecía indispensable la utilización de castas francesas si se pretendía acceder a ciertos mercados.



Las primeras botellas de Taberner Amado salieron al mercado -al principio con cierta timidez- en el año 2018. En realidad no fue hasta el año pasado cuando su nombre comenzó a sonar y sus etiquetas a tener cierta visibilidad en redes sociales, eventos y ferias, en parte gracias al premio obtenido en la Berlin Wine Trophy 2021, nada menos que medalla de oro para su blanco sin barrica, posiblemente su vino más comercial. Su catálogo lo integran cuatro vinos, dos blancos y dos tintos, siendo los jóvenes los que representan más porcentaje dentro de la producción total. Todos ellos se comercializan con el mismo nombre -Entre dos aguas- obviamente en referencia a la localización geográfica de la finca en Nonaspe, justo al lado de la confluencia del rio Algars con su hermano mayor el rio Matarraña, el cual a partir de ese punto sigue su camino hasta encontrarse con el padre Ebro aguas abajo en Fayón.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos catados. 


ENTRE DOS AGUAS BLANCO 2021
100% Garnacha Blanca. Sin permanencia en roble. 3500 botellas. Amarillo verdoso claro. Frutas de pepita, hierbas aromáticas, recuerdos de monte y de vegetación de orilla de río. Acidez media plus. Untuoso y complejo a pesar de su juventud. Perfectamente equilibrado en acidez-alcohol, no resulta nada cálido en boca, más bien todo lo contrario, invita a tomar otro sorbo. Muy agradable y más que correcta Garnacha Blanca que nada tiene que envidiar a sus vecinas de Terra Alta.



ENTRE DOS AGUAS BLANCO BARRICA 2020
100% Garnacha Blanca. Crianza durante 6 meses en barrica de roble francés. 1000 botellas. Amarillo dorado tenue con ribete acerado. Manzana amarilla, piña madura, plátano y mantequilla. Recuerdos de mantecado y de ebanistería. Notable acidez que se puede confundir con salinidad. Se echa en falta algo más de grasa y cremosidad en boca. Interesante y muy bien diseñado, con un perfecto equilibrio entre fruta y crianza. Tal vez una temporada en botella le otorgue un poco más de complejidad y persistencia en final de boca. Seamos pacientes.



ENTRE DOS AGUAS TINTO 2020
Garnacha, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Cabernet Franc. Sin permanencia en roble. 3500 botellas. Rojo picota con ribete granate. Frutas rojas, mentolados, balsámicos y hierbas aromáticas. Guirlache, caramelo y anís estrellado sobre un desconcertante recuerdo a encurtidos y cenizas. Acidez media plus. Un tanto delgado en boca, ligeramente salvaje y falto de doma. Intenso, eléctrico y algo nervioso. Con potencial, aunque le falta algo de redondeo en botella. Leve amargor final con un recuerdo vegetal a tallo verde. Longitud media. Nos deja ligeramente desconcertados, pues no se parece a nada que conozcamos. A reevaluar en unos meses.


Tan sólo quien lo ha experimentado es capaz de comprender la enorme satisfacción que supone catar un vino en medio del viñedo y en compañía del viticultor. La conversación fluye como el agua entre las piedras, acuden a la memoria recuerdos y vivencias, se perciben los sonidos de la naturaleza y la mente adquiere esa permeabilidad imprescindible para que todo encaje a la perfección. 

Desde aquí queremos hacer llegar nuestro más sincero agradecimiento a Bernabé Taberner por las atenciones que nos dispensó aquella calurosa mañana de primavera. Suyo es el mérito de habernos trasladado a las jornadas de vendimia con su familia cuando era niño, animarnos a pisar la misma tierra que cultivaron sus antepasados y contagiado de su entusiasmo para honrar su memoria elaborando el vino que nació entre dos ríos.

Vinos Taberner Amado, el vino que surgió de las aguas.  

miércoles, 29 de marzo de 2023

> Notas de cata: Derechero 2021



En los últimos meses estamos asistiendo a la presentación de numerosos proyectos que persiguen la recuperación de variedades de uva al borde de la desaparición. El objetivo es minimizar los efectos del fenómeno que los expertos han denominado erosión genética y que conduce a una reducción de la biodiversidad vitícola. Inmersos en dichos proyectos se hayan numerosas bodegas y en algunos casos cuentan con el apoyo de organismos públicos, con la finalidad de mantener viva esa herencia cultural arraigada al territorio y que sin embargo corre serio peligro de extinguirse.



Muniesa es una localidad turolense perteneciente a la comarca de las Cuencas Mineras que tradicionalmente ha basado su economía en la agricultura de secano y la ganadería. Como en tantos otros pueblos de reducido tamaño, fue indispensable la creación de una sociedad cooperativa entre los viticultores más pequeños, de manera que durante décadas la Cooperativa San Isidro Labrador comercializó -obteniendo unos rendimientos contables interesantes- vinos embotellados y a granel, elaborados mayoritariamente con Garnacha aunque no era extraño que incorporaran un pequeño porcentaje de Derechero, variedad autóctona de Muniesa. Sin embargo, el gradual envejecimiento de sus socios, el inevitable abandono de las viñas y la reducción de kilogramos de uva en las últimas vendimias, condujo en el año 2022 a la liquidación y al cierre definitivo de sus instalaciones. Los viticultores en activo se vieron obligados a buscar compradores para sus uvas y -como es lógico- la mayoría dirigieron sus miradas hacia las localidades próximas.


De manera prácticamente simultánea, Bodegas Tempore (Lécera) ya había emprendido años atrás el camino para elaborar un vino exclusivo monovarietal de Derechero. Tuvimos la oportunidad de catar algunos de aquellos primeros intentos -en realidad vinos en rama a mitad de su elaboración- pero diremos con sinceridad que los resultados no nos parecieron del todo satisfactorios. Sin embargo, en ocasiones la obstinación típicamente aragonesa tiene su recompensa. A fuerza de perseverar, parece que definitivamente en Bodegas Tempore han dado con la clave -posiblemente más de una- para conseguir hacer realidad aquel sueño de elaborar un monovarietal de Derechero acorde al mercado actual. La primera de las claves tal vez sea la procedencia de las uvas, originarias de un solo viñedo de 1,5 hectáreas ubicado como es lógico en el municipio turolense de Muniesa a una altitud de 780 metros sobre el nivel del mar. La vendimia se realiza de forma manual en cajas, habitualmente en el mes de Octubre, dado que la variedad tiene una maduración muy tardía. El periodo de 24 horas de maceración prefermentativa en frío nos parece fundamental para conseguir fijar aromas que de otra forma no encontraríamos en la copa. Breve fermentación con levaduras autóctonas en depósito de acero inoxidable durante 8-10 días. El suave prensado -otra de la claves- y la posterior crianza durante 6 meses en barricas de roble francés de 500 litros donde realiza la transformación maloláctica respetando al máximo la carga frutal, conducen al resultado final de 3500 escasas botellas borgoñonas, con cierre de corcho natural de excelente calidad, lacre color rojo y una etiqueta tan elegante como discreta. Sale al mercado con el reconocimiento de la IGP. Bajo Aragón.


Una vez en la copa, visualmente se muestra de un color rojo cereza de capa media-baja con ribete azulado. En nariz muestra frutas rojas, flores azules y un recuerdo láctico a caramelo de nata-fresa y petit-suisse. También guindas en licor, chocolate con leche y bombones Mon Cheri sobre un fondo anisado. En boca es crujiente, agradable y divertido, con una acidez media plus, aunque algo más cálido de lo esperado. Delgado, mineral y férrico, con un punto goloso. Puede recordar a un Pinot Noir de zona cálida o a una Garnacha de zona fresca. Muy curioso, original y con una indiscutible personalidad.

Hace algo más de un mes que este novedoso vino fue presentado en sociedad en Zaragoza y su acogida por parte de aficionados y crítica no pudo ser mejor. Desde este medio queremos desear a Bodegas Tempore el mayor de los éxitos, así como animarles a ampliar ese catálogo de vinos singulares que con certeza contribuirá a la recuperación y puesta en valor de variedades olvidadas.

Prometemos estar cerca para contarlo.

Más información en este vídeo



                                       

lunes, 13 de mayo de 2019

> En busca del rosado perdido...




Llegadas estas fechas primaverales en las que la naturaleza se despereza con el ascenso diurno de las temperaturas, el nacimiento de las flores y el regreso a la actividad de los animales, ya casi resulta una tradición emprender la búsqueda del vino que ostentará, según nuestros gustos, el prestigioso galardón de Rosado del Año.


Amapolas entre carrascas (Ayerbe)...

En las últimas temporadas el difícil mercado de los vinos rosados se ha visto aún más complicado con la irrupción de la moda francesa de elaborar rosados tenues y pálidos, de color asalmonado -los conocidos como "piel de cebolla"- siguiendo la tradición de la Provenza. El eterno reto de atraer al público joven hacia el mundo del vino tiene su primera frontera en los rosados delicados y de bajo contenido alcohólico donde las frutas ganan protagonismo y la acidez refresca el paladar. Sin duda el momento para ello es el atardecer y el lugar cualquier terraza con buenas vistas y mejor compañía. Ese afán por mantener capas bajas de color obliga a reducir los tiempos de contacto del mosto con los hollejos, obteniéndose vinos ligeros y poco estructurados, con unos perfiles aromáticos que en ocasiones pueden recordar más a uvas blancas que a tintas. Por si no fuera suficiente, algunas bodegas optan por conservar algo de carbónico y de azúcar residual para obtener vinos todavía más apetecibles y fáciles de beber. Las etiquetas de diseño desenfadado y los cierres con tapón de rosca se han sumado también a la fiesta, porque sin duda este tipo de vinos están destinados a triunfar en las reuniones de amigos, las excursiones campestres y las barbacoas.


... y también entre viñas (Ibdes)

Sin embargo, nuestra obstinación no tiene límites. Año tras año nos lanzamos a buscar entre los rosados clásicos, serios y gastronómicos, rosados con vocación de rosado -aunque parezca una redundancia- capaces de aguantar una comida completa desde el aperitivo hasta el postre. Somos conscientes de estar nadando a contracorriente, de caminar en la dirección opuesta al mercado. Y las bodegas se empeñan en demostrarlo, porque cada año nos cuesta más encontrar esos rosados de los de antes, no sólo con frutas rojas y golosinas, sino voluminosos, largos, estructurados, con cuerpo y con poderío. Algunas excepciones hay -no muchas- particularmente bodegas pequeñas que optan por elaborar rosados diferentes, algunos incluso con cierto aporte de madera. Es el caso del Flamenco de Bodegas Ignacio Marín o el Pink Pank Punk de Michael Cooper, Garnacha el primero y Cariñena el segundo, ambos con varios meses de permanencia en barrica de roble. Otros elaboradores aún más transgresores elaboran rosados con todo el carácter del mundo aunque comercialmente complicados de ubicar. Nos referimos a Bodegas Edra y a su Próxima Estación,  monovarietal de Syrah en las antípodas de lo que el consumidor medio entiende por rosado.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y puntuaciones de los vinos catados durante las últimas semanas.



CONZIETO ROSADO
Bodegas Montedemba (Blecua). DO Somontano. Moristel y Syrah en porcentaje desconocido. Se agradece la utilización de una variedad autóctona casi desaparecida. Rosa medio con reflejos anaranjados. Ligeramente reducido. Cerezas y granada. Acidez alta. Algo alcohólico. Corta persistencia. Final amargo. Desequilibrado. Bastante evolucionado, algo lógico tratándose de una añada atrasada. Puntuación 4/10


TERRAE ROSADO
Bodegas Tempore (Lécera). IGP Bajo Aragón. 100% Garnacha. En una primera botella, recuerdos de cartón húmedo que cuesta mucho disipar. Mejora mucho con la oxigenación. Una segunda botella nos dio frutillos rojos poco maduros, alguna flor y poco más. Menos intenso y expresivo que añadas previas. Moderada acidez y postgusto corto. Esperábamos más. Puntuación 5/10



GLARIMA ROSADO
Bodegas Sommos (Barbastro). DO Somontano. Syrah y Cabernet Sauvignon. Fresas y grosellas poco maduras. Marcada acidez. Ligero amargor final. Sin imperfecciones pero carente de alma. No enamora. Correcto. Puntuación 5/10




ALODIA ROSADO
Bodegas Alodia (Adahuesca). DO Somontano. 100% Parraleta. Digna de mención la recuperación de un rosado monovarietal de esta casta autóctona. Rosa medio ligeramente cobrizo. Fresas ácidas, arándanos y cítricos (pomelo y naranja). Atractivos recuerdos infantiles a sidral. Tremenda acidez, muy refrescante. Postgusto corto. Un rosado muy diferente, casi con espíritu de blanco. Puntuación 6/10



VISPIUS ROSÉ
Bodegas Estrada Palacios (Bespén). DO Somontano. Moristel y Garnacha. Frambuesas, fresas silvestres y frutas de hueso (?). Casi podría recordar a un blanco en nariz. Ataque semidulce en boca, explosiva y refrescante acidez, final frutal sin rastro de verdores. Divertido y juguetón. Puntuación 7/10


TRANQUERA ROSADO
Bodegas Esteban Castejón (Ibdes). DO Calatayud. Coupage de Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Garnacha en proporciones desconocidas. Potente color rojo fresón sin ribete. Frutos rojos maduros. Acidez contenida. Cálido y licoroso. Alcohol quizás demasiado presente. Muy intenso en boca. Postgusto medio. Excelente relación calidad/precio. Puntuación 7/10



PRÓXIMA ESTACIÓN
Bodegas Edra (Ayerbe). IGP Ribera del Gállego. 100% Syrah. Rosa anaranjado con ribete asalmonado, de capa más contenida que añadas anteriores. Cítricos (pomelo y naranja), tierra húmeda y arcilla. Regaliz de palo. Cálido y licoroso. Rosado atípico, muy gastronómico. Posible cambio en el etiquetado en la próxima añada. En nuestra opinión el vino más complejo de Bodegas Edra. Puntuación 7/10


BESTUÉ ROSADO
Bodegas Otto Bestué (Enate). DO Somontano. 100% Garnacha. Rojo frambuesa de intenso color con ribete malva. Frutos rojos muy maduros y algún recuerdo láctico. Fresas con nata. Gominola y piruleta. Perfecta acidez y un pellizco de azúcar residual que le dota de un gran atractivo. Sin amargores ni recuerdos herbáceos. Muy sabroso y pleno en paso por boca. Postgusto medio. Firme candidato para optar a medalla. ¿Maridaje? Una cubitera, una puesta de sol y buena compañía... Puntuación 8/10



NUEVE ROSAS
Bodega Mas de Torubio (Cretas). IGP Bajo Aragón. Merlot y Garnacha Peluda. Frambuesas maduras, chucherías, hierbabuena, balsámicos y una deliciosa acidez. Tal vez incluso con algo de azúcar residual. Redondo, lácteo y cremoso. Postgusto medio. Elegantísimo en boca. Primera añada de este vino que representa como nadie la primavera en el Matarraña. Muy destacado. Puntuación 9/10

Rosas y viñedos

Alguien nos dijo en alguna ocasión que la mejor manera de conocer el modo de trabajar en una bodega es probar su vino rosado. Su elaboración es la más arriesgada y la que menos margen de error deja para realizar correcciones posteriores. Somos por tanto conscientes de las dificultades que entraña la elaboración de los vinos evaluados y en absoluto pretendemos hacer juicios de valor en el buen hacer de cada bodega. En este artículo nos hemos limitado a puntuar unos vinos -siguiendo exclusivamente criterios personales-  después de haber catado una sola botella de cada uno de ellos, circunstancia que puede haber resultado a lo mejor injusta para alguno.

En cualquier caso que nadie olvide que la primavera ya está aquí y no se nos ocurre mejor bienvenida que un ramo de flores y un rosado bien frío...


miércoles, 23 de mayo de 2018

> Un paseo por Cretas con Enrique Monreal, el mago de Mas de Torubio




En esta titubeante y fresca primavera que no termina de asentarse en lo climatológico, a contracorriente de ese calentamiento global apocalíptico con el que tanto nos amenazan a diario los medios de comunicación, una mañana de sábado nos regaló un ramillete de pequeños placeres, tampoco especialmente costosos, porque su valor  no es monetario sino emocional.

Viña y olivos, cultivos mediterráneos

Desde que se supera Alcañiz, el paisaje del Bajo Aragón deja de ser llano. Las colinas y barrancos se suceden, la vegetación gana en riqueza y diversidad, alternándose los bosques de ribera y los pinares con los cultivos más mediterráneos. Plantaciones de almendros y olivos, casi todos de la variedad Empeltre, el oro líquido del Bajo Aragón según el criterio de algunos reputados críticos gastronómicos, son los cultivos dominantes. La carretera que une Calaceite con Cretas es agradablemente sinuosa, muy cómoda de transitar en un delicado sube y baja, especialmente en días con escaso tráfico, lo cual es bastante habitual en este rincón de la provincia de Teruel. El viñedo apenas es visible en sus primeros kilómetros, pero de repente, como si una línea invisible se hubiera cruzado, empiezan a observarse las primeras viñas. 


Viñedo. Al fondo, la masía familiar de Mas de Torubio

La finca de la que proceden las uvas con las que se elaboran los vinos de Mas de Torubio se extiende por una vaguada de aproximadamente 25 hectáreas a casi 600 metros de altitud sobre el nivel del mar. En una entrada anterior ya dimos cumplida información acerca de esta pequeña bodega que se esfuerza en elaborar, cada día con mejores resultados, cinco maravillas enológicas en la comarca del Matarraña.


Con Enrique Monreal, inmejorable anfitrión

El pozo de Mas de Torubio en el centro del viñedo. Al fondo, Els Ports

Aparcamos el vehículo en un camino lateral y nos encontramos con quien iba a ser nuestro anfitrión para el resto de la jornada. Enrique Monreal, director técnico de Mas de Torubio, nos recibió a pie de viñedo. Amable y sonriente como siempre, nos invitó a dar un breve paseo hasta la vieja masía familiar que algún día servirá de nave de crianza. Actualmente en vías de rehabilitación, su ubicación domina las plantaciones de viñedo y olivos. Desde allí se tienen las mejores vistas del viñedo, presidido por un pozo central rodeado de lirios, margaritas y amapolas, verdadero icono de la bodega. En los laterales del camino de acceso a la masía, todas las plantas aromáticas imaginables aportan sus compuestos químicos al aire, al ambiente, a la pruina de las uvas y a cada botella de vino. A lo lejos, visible en dirección sureste, la sierra de Els Ports, única barrera orográfica que separa el Matarraña del cercano mar Mediterráneo, a menos de 50 kilómetros en línea recta. 

Julio, gran fotógrafo, junto a Enrique Monreal

 Garnacha Peluda (izquierda) y Garnacha Tinta (derecha)

Defensores convencidos de las variedades autóctonas, la parcela más grande es un crisol de Garnacha Tinta y Garnacha Peluda. Esta segunda se trata de un clon diferente que desde el punto de vista ampelográfico puede diferenciarse por presentar unos pequeños pelos en el envés de sus hojas. Como es lógico, también los vinos elaborados con ella son diferentes, más sutiles y florales, menos estructurados pero más fragantes y perfumados. Las reglamentaciones de la IGP Bajo Aragón no la reconocen como una variedad autorizada, así que en las etiquetas de Mas de Torubio figura como "garnacha indígena". En cuanto a otras castas tintas, el viñedo se completa con Cabernet Sauvignon, Merlot y Tempranillo, uvas que casi siempre acompañadas de Garnacha se utilizan para elaborar vinos con crianza. Los cepajes blancos cultivados son la autóctona Garnacha Blanca, en ocasiones un poco austera desde el punto de vista aromático, y la foránea Sauvignon Blanc, idónea para ensamblar con la anterior por su expresividad en nariz. 


Viñedo en espaldera

Todo el viñedo está plantado en espaldera para optimizar las labores de poda, aclareo y vendimia. Los suelos son arcillosos y la altitud media es de 580 metros. Un ingenioso sistema de alambres móviles permite mantener erguidos los pámpanos según van desarrollándose, evitando así un trabajo añadido como es el despuntado. De esta manera, la densidad foliar no interfiere en la correcta maduración de las bayas, y si es necesario para protegerlas, siempre se pueden bajar los alambres a modo de sombrilla o paraguas natural. Curioso mecanismo, totalmente novedoso para nosotros. 


Inscripción en la Iglesia de la Asunción (Cretas)

El centro histórico de Cretas es un dédalo de calles empedradas en el interior de un recinto amurallado, en excelente estado de conservación en algunos de sus tramos. Varios arcos atraviesan la muralla, aunque uno de ellos se abolió para permitir la construcción de la Iglesia de la Asunción o de San Juan Bautista, en cuya portada es posible leer una curiosa inscripción que da información al visitante acerca de quien se cree fue el arquitecto de la misma, Sebastián Deixado, así como el año en que se terminaron las obras. El nombre abreviado del maestro constructor, inspira las etiquetas de dos de los vinos elaborados por Mas de Torubio. Un guiño a la tradición y al pasado.



Interior de la bodega Mas de Torubio

En una estrecha calle que desemboca en la Calle Mayor, muy cerca de la Plaza de España, se ubican las instalaciones donde Enrique Monreal elabora sus vinos. La planta baja de la antigua casa familiar digamos que es la sala de elaboración. En realidad esos 150 metros cuadrados son también la sala de crianza, la recepción y prácticamente todo lo imaginable. Tres trujales subterráneos son el pulmón semioculto de la bodega. Parece increíble que en ese exiguo espacio se puedan elaborar cinco vinos diferentes, con las dificultades que comporta vinificar por separado cada variedad, realizar los trasiegos, los prensados, los desfangados... y todo ello con el máximo cuidado para obtener un producto de excelente calidad. 





En un artículo anterior detallamos las notas de cata del Xado Tinto, Cloteta, Clota y Xado Blanco - por cierto, único vino blanco aragonés galardonado con medalla de oro en la edición de este año del Concurso Garnachas del Mundo - así que no las repetiremos en esta ocasión. Únicamente haremos mención a otro vino blanco que también elabora Enrique Monreal en una bodega perteneciente a la vecina DO. Terra Alta y que recibe el nombre de Prohom. Guarda ciertas similitudes con el Xado Blanco: ambos mayoritariamente elaborados con Garnacha blanca, completan su coupage con variedades aromáticas francesas, Viognier en el caso del Prohom y Sauvignon Blanc en el caso del Xado. El resultado es excelente: la Garnacha aporta estructura a ambos vinos y las uvas francesas les dotan de un gran atractivo en fase nasal, más frescor y tendencia a lo herbáceo la Sauvignon Blanc, más cálido y frutal la Viognier. Cremosos, grasos y untuosos ambos. Un mismo autor, un mismo estilo, dos vinos diferentes.







El único vino del catálogo de la bodega que nos quedaba por catar era el Torubio 2017, ensamblaje de Garnacha y Merlot, es por su nombre el que mejor representa el carácter familiar de la bodega. El sencillo diseño de su etiqueta, casi infantil, recorta la silueta de un viñador entre las cepas. Clara, nítida y directa. El hombre, la tierra y sus frutos. En la copa es visualmente de un color rojo cereza de capa media con menisco violáceo. Fase olfativa rica en frutas rojas con el atisbo de arándanos y alguna grosella negra. Gratamente balsámico, resulta muy sabroso en boca, con la viveza propia de un vino sin crianza. Taninos dulces y maduros, muy buena estructura y volumen. Aunque algo corto en el postgusto, resulta ser uno de los más claros ejemplos de lo que es un magnífico vino joven, versátil y fácil de tomar. Un vino honesto, sin trampa ni cartón. Que nadie se atreva a poner en duda que es posible embotellar el paisaje del Matarraña.

Como hace siglos lo intentaron los alquimistas, a  mitad de camino entre la magia y la ciencia, esa ilusión de condensar la esencia de una tierra y de sus gentes, la consigue todos los años Enrique Monreal en los vinos de Mas de Torubio.