Las intrigas políticas amenazan el futuro de la DOc. Rioja desde hace años. En Noviembre de 2021 se conoció la noticia de que un determinado partido político había decidido otorgar el apoyo al Gobierno de España para aprobar los Presupuestos generales del Estado a cambio de la segregación de parte del territorio que en la actualidad integra la DOc. Rioja. La inmediata reacción de las asociaciones de viticultores, cooperativas, productores y del propio gobierno riojano frenaron dicha iniciativa que hubiera supuesto la ruptura definitiva de la región vitivinícola española más conocida, tanto a nivel nacional como internacional.
En realidad la herida lleva abierta mucho tiempo, aunque se ha cerrado en falso en numerosas ocasiones. No hace mucho tiempo -en los primeros días del año 2016- fuimos testigos de la confirmación del abandono de Bodegas Artadi de la DOc. Rioja. Dicha decisión por parte de la célebre bodega alavesa supuso que se tambalearan los cimientos de una de las denominaciones de origen más antiguas de España. Aunque de cara a la galería los motivos aducidos fueron de índole vitivinícola, muchos vislumbraron en el fondo la sospecha de que hubiera causas económicas e incluso políticas detrás de la autoexclusión de la bodega de Juan Carlos López de Lacalle. Bodegas Artadi (Laguardia) justificó entonces su decisión -absolutamente lícita y puede que acertada- alegando la postura intransigente del Consejo Regulador de la DOc. Rioja, organismo que depende directamente del gobierno riojano, un inmovilismo que según la bodega, supuso trabas para el desarrollo de las categorías de "vinos de municipio" y "vinos de parcela", corriente defendida por la bodega, más o menos en el mismo sentido de lo que se viene realizando en Burdeos desde hace décadas. En realidad esos argumentos parecieron sólo una verdad a medias. Nada ha impedido a Artadi elaborar vinos como El Carretil o Viña El Pisón, otro asunto diferente es que lo deseable hubiera sido poder calificarlos no sólo como crianza o reserva, sino como "algo más", de manera que sirviera como justificación a sus elevados precios también en el etiquetado y no sólo en la copa. Si a todo lo anterior se le añaden ciertas diferencias de tipo político y fiscal entre las tres comunidades autónomas con territorios pertenecientes a la DOc. Rioja -hasta el punto de que hubo quien sugirió que estábamos ante el embrión del desarrollo de una hipotética DO. Viñedos de Álava que pudiera ser en el futuro un rival directo de Rioja- el caldo de cultivo ideal para la ruptura ya estaba servido.
Ciertamente en los últimos años se han comercializado vinos al amparo de la DOc. Rioja auténticamente indignos de llevar su nombre, vinos de supermercado donde el reducido precio ha primado sobre la calidad y en ello debería tener mucho que decir el Consejo Regulador, responsable del control de las producciones máximas por hectárea, los procesos de vinificación, los tiempos de crianza y demás verificaciones, dejando en el consumidor la sensación de que en la DOc. Rioja se ha tomado partido por la cantidad más que por la calidad, siendo como son ambas igual de importantes. El equilibrio parecería ser lo más adecuado, pero hasta ahora no se ha conseguido.
Por el momento no ha habido más bodegas que hayan secundado aquella iniciativa rupturista de Artadi, sustanciada en la firma del denominado Manifiesto del Club Matador, nombre quizás no muy acertado por lo que ello implica. La decisión de la bodega de Laguardia tuvo como consecuencia directa e inmediata la prohibición, por parte del Consejo Regulador, de incorporar en sus etiquetas la palabra Rioja, algo que muy probablemente no le supusiera ningún perjuicio de cara al reconocimiento de sus vinos, pero que sin embargo sí pudo conllevar problemas de comercialización en el extranjero, mercados donde la sola presencia del nombre de la DOc es capaz de abrir numerosas puertas, en especial a bodegas medianas y pequeñas. Meses más tarde se hizo pública una iniciativa del Grupo Rioja, nombre que aglutina a una cincuentena larga de bodegas pertenecientes a las tres subzonas -Rioja Oriental, Alta y Alavesa- con un claro tinte conciliador, intentando acercar posturas. El Grupo Rioja dio la impresión de perseguir los mismos fines que las bodegas díscolas pero por otros medios, más amables y deseables. Su propuesta se fundamentaba en el reconocimiento de una categoría superior para algunos vinos dentro de la DO. sin abandonar la misma -vinos de paraje o vinos de parcela- no sólo manteniendo las exigencias actuales, sino incluso incrementándolas en cuanto a la reducción de los rendimientos por hectárea. Como contraprestación dichos vinos podrían incorporar en su etiqueta el nombre del municipio o de la finca.
La citada iniciativa se hizo llegar al Consejo Regulador quien se comprometió a estudiarla a fondo y animó a otras bodegas que aún no habían tomado partido por uno u otro bando a remitir también sus ideas y aportaciones. Ya entrado el año 2017 todas esas iniciativas dieron sus frutos y finalmente se aprobaron las categorías especiales de vinos de viñedo singular, vinos de municipio y vinos de zona. Es pronto para evaluar cuál ha sido la reacción del consumidor medio ante esta sobredosis de información en el etiquetado y si de verdad estamos preparados para valorarla en su justa medida. O dicho de otro modo, si estaremos dispuestos a pagar algo más por esos vinos de categorías superiores. Esos cambios efectuados en el pliego de condiciones del Consejo Regulador consiguieron que las aguas volvieran a su cauce y regresó la calma por un tiempo.
El penúltimo capítulo de este espinoso asunto se produjo en el año 2019, cuando la Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa (ABRA) en una asamblea en la que participaron tan sólo 20 del largo centenar de bodegas que agrupa, con el escaso apoyo de 12 votos a favor, tomó la decisión de modificar su nombre para pasar a denominarse Asociación de Bodegas de Euskadi (ABE) con la excusa de dar cabida a los elaboradores de txakoli. En cuestión de días, el rechazo de la mayoría de los asociados -algunos de los cuales incluso llegaron a pedir formalmente la revocación de la junta directiva y la celebración de unas nuevas elecciones- forzó la celebración de una asamblea extraordinaria que -en esta ocasión por una amplia mayoría- dio marcha atrás a tan polémica medida. Un año más tarde y con el respaldo del gobierno vasco, de nuevo ABRA consiguió lograr parcialmente sus objetivos con la publicación en el BOE de la solicitud de protección e inscripción en el registro comunitario de la DO. Viñedos de Álava, aunque finalmente fue rechazada por el Ministerio de Agricultura aduciendo dificultades técnicas, incumplimiento de normativas europeas e incompatibilidades entre marcas y patentes.
Las últimas noticias indican que el tema ha vuelto a quedar aparcado -una vez más- aunque seguramente sin zanjar definitivamente. Es cuestión de tiempo que con la excusa de la ubicación geográfica de los viñedos, se reabra un debate intencionadamente político que a nadie beneficia. Mal asunto si se mezclan el vino y la política. Todo lo que suponga concordia y negociación debería ser obligatoriamente bueno para el porvenir de la DOc Rioja. Parece que por fin el Consejo Regulador ha comprendido que es el momento de renovarse, que las transformaciones no son siempre negativas y que en algunas ocasiones sirven para señalar el camino a seguir. En ese sentido, las modificaciones normativas aprobadas en 2007 por el Consejo Regulador, abrieron por fin la puerta a determinadas variedades tradicionales recuperadas, la mayoría de ellas gracias al trabajo de Juan Carlos Sancha y Fernando Martínez de Toda en colaboración con la Universidad de La Rioja. Por esa vía fueron admitidos los cepajes Tempranillo Blanco, Turruntés (sinonimia de la Albillo Mayor de Ribera del Duero), Maturana Blanca y Maturana Tinta, aunque con ésta última haya habido alguna confusión. Menos interesante fue la admisión de otras variedades blancas no autóctonas -Chardonnay, Sauvignon Blanc y Verdejo- aunque a alguna bodega le habrá sido útil para dotar de "pasaporte riojano" a algunos viñedos que se encontraban en un limbo legal.
Así que ahora mismo en la DOc Rioja conviven dos modelos productivos diferentes. El primero es el clásico de toda la vida -con sus precintas de crianza/reserva/gran reserva, dominado por la Tempranillo y las largas permanencias en barrica- y el segundo más innovador y rupturista, con la vista puesta en el viñedo, las variedades recuperadas y las elaboraciones originales. Es en el universo de los vinos blancos -cada vez más emergentes y valorados- donde ambos mundos confluyen y se retroalimentan. Grupos de trabajo como Bodegas Familiares de Rioja o Rioja & Roll representan la renovación del aire fresco y con certeza protagonizarán las mayores sorpresas en el futuro.
De modo que tras este casi eterno preámbulo, nos zambulliremos en la larga lista de vinos propuestos por Grape Bebop en su masterclass dedicada a La Nueva Rioja. Hay mucho y muy variado, con un importante protagonismo de las variedades tradicionales riojanas recuperadas, una notable presencia de pequeños productores, vinos de parcela o field blends y elaboraciones curiosas. Y por último, antes de pasar a las notas de cata, una reflexión personal: nos da la sensación de que las sorpresas proceden mayoritariamente de las zonas más elevadas de la denominación. Aunque las hay, pocas novedades proceden de las tierras más cercanas al cauce del río Ebro. La altitud de las viñas sí parece desempeñar un papel importante, quizás no sólo por las temperaturas, sino también por los tipos de suelos y orientaciones. Viñedos viejos a media ladera de la Sierra de Cantabria y de los Montes Obarenes, o viñas recuperadas en las partes más altas de los valles que suben hacia La Demanda y Cameros, con certeza van a dar mucho que hablar en el futuro. Y conste que para nada estas nuevas tendencias suponen una enmienda a la forma de elaborar de las bodegas más clásicas -todos tenemos en mente el Barrio de la Estación de Haro- porque siempre existirá mercado para todos. Nuevos estilos y nuevos modelos productivos, que sólo el tiempo dictaminará si han venido para quedarse o si se trata de una moda pasajera. Entre tanto, queridos lectores, pasen y lean nuestras notas de cata y opiniones de algunos representantes de La Nueva Rioja.
Bodegas Nivarius (Nalda). Subzona Rioja Oriental. Viura (60) y Garnacha Blanca (20) procedentes de Rioja Alavesa y Maturana Blanca (20) procedente de Rioja Oriental. Método tradicional. 60 meses en rima y 12 meses en punta, para hacer un total de 72 meses de crianza en botella antes del degüelle. Vendimia manual. Dorado medio, casi oro rosa. Bastante serio en nariz. Manzanas asadas, galletas María, pimienta blanca e incluso frutillos rojos. Carbónico bien integrado. Cremoso, graso, complejo y largo.
Bodega Laderas de Tambarría (Alfaro). Subzona Rioja Oriental. 100% Viura bajo velo de flor en criaderas y solera durante un mínimo de 36 meses. Amarillo dorado alto. Carácter parcialmente oxidativo, puede recordar a orange wines y a vinos del Jura. Levadura, miga de pan y frutos secos crudos sin tostar. Divertido en nariz, aunque algo insuficiente en boca. Curioso sin llegar a enamorar.
Bodega Familia Valdelana (Elciego). Subzona Rioja Alavesa. 100% Malvasía Riojana, que en realidad es la Alarije extremeña y nada tiene que ver con otras malvasías mucho más aromáticas como la de Sitges, por ejemplo. Viñedo de más de 60 años. Crianza durante 3 meses en barrica nueva de roble francés. Amarillo dorado muy bajo. Pera Sanjuanera, manzana verde, melón y recuerdos herbáceos. Bien elaborado. Sencillo y fácil, aunque poco divertido.
Bodegas Vallobera (Laguardia). Subzona Rioja Alavesa. 100% Tempranillo Blanco, mutación de la uva tinta homónima descubierta en 1988 en un viñedo propiedad del viticultor Jesús Galilea en la localidad de Murillo de Río Leza y autorizada por el consejo regulador en 2007. Fermentación y crianza durante 8 meses en toneles nuevos de roble francés de 500 litros. Amarillo dorado medio. Recuerdos tropicales, crème brûlée, vainilla y especiados. Notable predominio de la crianza. Acidez media -algo más le vendría bien- pues resulta un tanto cálido en boca. Interesante.
Bodegas Nivarius (Nalda). Subzona Rioja Oriental. 100% Maturana Blanca procedente de una parcela en la zona alta del Valle del Iregua a 700 metros de altitud, históricamente utilizada para almacenar hielo y nieve, de ahí su nombre. Prensado de racimos enteros sin despalillar, fermentación en toneles de roble francés y crianza en inoxidable durante 36 meses. Muy original esa "elaboración inversa". Amarillo dorado medio. Poco folclórico en nariz -manzana, flores blancas y algo de panadería- con acidez media plus. Excelente en boca, con muy buen equilibrio. Longevo, todavía con guarda por delante. Sin duda es la variedad blanca con más proyección en el futuro. Se nos antoja un tanto exagerado decir que se trata de "el Chablis de la Rioja". Variedad también conocida como Ribadavia, recuperada por Juan Carlos Sancha y Fernando Martínez de Toda en 1988. Autorizada por el DOc Rioja en 2007.
Bodegas Tierra (Labastida). Subzona Rioja Alavesa. Proyecto personal del enólogo de Bodega Luis Cañas. Vino de viñedo singular -nueva categoría autorizada en 2017- plantado en 1920. Field blend que incorpora variedades no autorizadas por el consejo regulador, pero que se acoge a la excepción de todos aquellas viñas plantadas con anterioridad a 1956 y que presentan variedades interplantadas en una misma parcela. En este caso se trata de Cariñena Blanca (40), Garnacha Blanca (20), Viura (20) y otro 20% de Malvasía, Turruntés, Moscatel y Calagraño. Fermentación y crianza durante 12 meses en fudre de 750 litros de roble austriaco. Amarillo dorado alto, sin duda con algo de skin contact. Ligera oxidación. Ebanistería y manzanas asadas. Cálido, poderoso e intenso, incluso algo astringente. Una rareza.
Bodegas Etérea Kripán (Elvillar). Subzona Rioja Alavesa. Cultivo ecológico y biodinámico certificados, con los esfuerzos holísticos de la norteamericana Melanie Hickman y su marido, David Sampedro, tanto en el campo como en la bodega. Viñedo de 0,5 hectáreas a 900 metros de altitud. 100% Maturana Tinta. En realidad una de ellas, porque durante su recuperación a finales de los 80 bajo ese nombre se catalogaron al menos dos. En este caso se trata de la Trousseau del Jura, también conocida como Verdejo Negro o Bastardo. Precisamente, esa es la traducción al español -bastardo- del nombre del vino en vasco. Semimaceración carbónica. Cereza de capa media. Atractivo en nariz: frutas rojas y hierbas aromáticas de monte mediterráneo. Recuerda a Terra Alta, a vinos de Baleares o del interior de Castellón. Rústico en boca, con astringencia media y algo falto de acidez, corto y poco voluminoso.
Bodegas Valdemar (Oyón). Subzona Rioja Alavesa. 100% Maturana Tinta de Navarrete. Viñedo de 8 hectáreas plantado en 2001 a partir de 35 cepas procedentes de un viñedo centenario de Navarrete. Esta sí parece ser la auténtica Maturana Tinta, aunque estudios posteriores indicaron su gran similitud con la variedad Castets, originaria del suroeste de Francia. Crianza durante 11 meses en barricas nuevas de roble americano. Picota de capa alta con ribete violáceo. Frutas negras, chocolate, coco y café en grano sobre un fondo especiado y vegetal ligeramente amargoso que recuerda a las piracinas de algunos Cabernet. Robusto, con cuerpo y unos taninos presentes pero no agresivos. Puede resultar una variedad algo excesiva para elaborar monovarietales, pero resulta enormemente interesante para mezclas.
Bodegas Martínez Alesanco (Badarán). Subzona Rioja Alta. 100% Garnacha Tinta, procedente de una parcela plantada en 1905 a 670 metros de altitud, cerca de San Millán de la Cogolla en la parte más alta del Valle de Najerilla. Catalogado como vino de municipio. Crianza durante 12 meses en barricas de roble francés previamente empleadas para fermentar un blanco. Picota de capa media con ribete rubí. Frutas rojas y discretos especiados. Acidez media. Preciso y bien elaborado. Más fresco de lo esperado en boca. Garnacha con personalidad, marcada por la altitud, con ese perfil fresco y tenso que el mercado actual demanda. ¿Moda o estilo? El tiempo lo dirá...
Bodega Miguel Merino (Briones). Subzona Rioja Alta. 100% Mazuelo, también conocida como Cariñena o Samsó. Parcela de 1,2 hectáreas sobre suelo pobre con cantos rodados. Crianza durante 12 meses en depósito de hormigón y en bocoyes de 500 litros de roble francés usado. Cereza de capa media con ribete granate. Frutas rojas y discretos herbáceos. Notable acidez muy varietal. Muy agradable en boca, fino y delicado. Excelente monovarietal de esta casta tinta tan habitual en los ensamblajes tradicionales riojanos que reclama -de un tiempo a esta parte- mucho más protagonismo.
Bodegas Queirón (Quel). Subzona Rioja Oriental. 100% Graciano, conocida como Tintilla de Rota en lugares más al sur. Fermentación experimental "en sombrero de tres picos", con trasiego del mosto para su maceración con hollejos de Tempranillo y Garnacha. Crianza en barricas mixtas de roble francés y americano. Cereza de capa media con ribete granate. Frutas rojas, frutas negras y tostados. Notable astringencia incluso molesta, posiblemente relacionada con esas idas y venidas de hollejos. Necesita crianza en botella, aunque tratándose de un 2022, a lo peor el tiempo no se consigue ese ansiado redondeo.
Viñedos del Contino (Laguardia). Subzona Rioja Alavesa. 100% Graciano. Fermentación en tina de roble francés de 100 hectolitros. crianza durante 16 meses en roble francés, americano y depósitos de hormigón durante otros 6 meses. Cereza de capa media con ribete granate. Frutas rojas y herbáceos. Acidez media plus. Con mucha guarda por delante. Muy prometedor.
Bodegas Ukan (Laguardia). Subzona Rioja Alavesa. 100% Tempranillo. Fermentación en tinas de roble de 20 hectolitros. Crianza durante 16 meses en barricas de roble francés. Cereza de capa media con ribete granate. Fruta roja y negra, tabaco y tostados. Muy correcto y bien elaborado. Buen representante de los crianzas riojanos modernos, con más presencia de la fruta y menos protagonismo de la madera. Por la variedad de uva protagonista y la elaboración, resulta poco sorprendente, aunque de impecable factura. Nos gustó más la añada 2020, catada hace unos meses.
Bodegas Carlos Sánchez (Labastida). Subzona Rioja Alavesa. Field blend de Tempranillo y Viura. Viñedo de 0,2 hectáreas en San Vicente de la Sonsierra. Fermentación en inoxidable. Crianza durante 18 meses en una única barrica francesa de 300 litros. Cereza de capa baja con ribete malva. Frutas rojas, lácticos y monte bajo. Fresco, moderno, ligero, aéreo y con tensión. Un estilo muy borgoñón. De nuevo la misma pregunta: ¿tendencia actual o futuro de La Rioja? Veremos.
Bodegas Artuke (Baños de Ebro). Subzona Rioja Alavesa. Otro field blend de Tempranillo (75) acompañada por un 25% de Graciano, Garnacha Tinta y... ¡Palomino Fino! Todo ello en una misma parcela de 0,8 hectáreas de suelos arenosos plantada... ¡en 1920! Muy raro todo. Microvinificación en depósito de 2000 kilogramos. Discreta crianza durante 13 meses en fudres de roble francés de 600 litros. Cereza de capa media con ribete violáceo. Yogur de fresas, flores azules y jugo de granada. Acidez media. Frutal, divertido y directo. Muy equilibrado, con todo en su sitio. Para disfrutar.



















