lunes, 10 de julio de 2017

> Tempore SO2 Free Garnacha Blanca 2016: sin prisa, pero sin pausa...






Es obvio que no desvelamos ningún secreto al afirmar que el mercado de los vinos ecológicos se encuentra en plena expansión, quizás no tanto en España como fuera de nuestras fronteras. En ese sentido cada año adquiere mayor importancia la asistencia de nuestras bodegas a ferias como la británica London Wine Fair, ProWein en Düsseldorf o Millésime Bio en Montpellier, todas ellas magníficas oportunidades para abrir las puertas del comercio exterior a los vinos españoles. 


Terrae SO2 Free blanco, rosado y tinto


Hace ya muchos años que Bodegas Tempore (Lécera) asumieron ese carácter exportador, inicialmente hacia países del centro de Europa, más adelante Escandinavia y en la actualidad con el objetivo fijado en Sudamérica. Casi desde sus inicios, la producción ecológica formó parte de sus señas de identidad y sólo a través del esfuerzo sostenido lograron superar las exigencias y verificaciones que a día de hoy les permiten ostentar en sus etiquetados las certificaciones internacionales correspondientes. Sin embargo, aún fueron más allá, dando el salto cualitativo de elaborar vinos sin sulfitos añadidos, con el lanzamiento de la gama Terrae SO2 Free, arriesgada apuesta desde el punto de vista de la conservación, aunque absolutamente exitosa desde el punto de vista comercial. En la visita que realizamos a Bodegas Tempore a mediados del pasado año 2016, tuvimos la oportunidad de probar el primero de aquellos vinos sin sulfitos, un tinto joven monovarietal de Garnacha que nos sedujo desde el primer instante. Este año 2017 se ha completado la oferta con dos vinos más: un rosado también de Garnacha que no tardaremos en catar y un blanco de Garnacha Blanca que es el protagonista de esta entrada. 


Gama Terrae SO2 Free en el stand de Tempore. II Salón Viña Ibérica


Vaya por delante que no es la primera vez que catamos el Terrae SO2 Free Garnacha Blanca. Tuvimos la oportunidad de probarlo "en rama" directamente del depósito a mitad de su elaboración, un viernes por la tarde hacia el mes de Diciembre, gracias a la amabilidad de Paula Yago, responsable de la bodega. En aquel entonces el vino estaba todavía sin domar, intenso y aromático, con una marcada acidez, seco e incluso astringente, pero demostraba todo su potencial y sus orígenes a 700 metros de altitud en el Bajo Aragón turolense, más concretamente de Alloza. También pudimos catarlo, esta vez ya una vez embotellado, en el II Salón Viña Ibérica, evento celebrado en el Gran Hotel de Zaragoza en el mes de Febrero. En ese momento el vino se mostró redondo y en plenitud, amarillo pajizo, limpio y perfumado, sabrosamente ácido, estructurado y largo en boca, tal vez poco voluminoso, pero francamente interesante.


Etiqueta del Terrae SO2 Free Garnacha Blanca

Con esos recuerdos descorchamos una de las últimas botellas disponibles del Terrae SO2 Free Garnacha Blanca, adquirida recientemente en una nueva visita a Bodegas Tempore en el transcurso de una improvisada y calurosa tarde de paseo por los viñedos a primeros del mes de Junio. En realidad aquel pequeño depósito de acero inoxidable que vimos meses atrás no dio más que para elaborar aproximadamente un millar de botellas, cifra del todo insuficiente para satisfacer la demanda del mercado. Sin duda este año la bodega se verá obligada a ampliar aquel proyecto de microvinificación a cotas superiores, y suponemos que están en ello, de hecho están empezando a admitir reservas de pedidos de este vino ya desde el mes de Julio.



Contraetiqueta 

Botella borgoñona de color verde aceituna, cápsula dorada y corcho natural de calidad correcta. Etiqueta sencilla, casi infantil, en la misma línea que sus hermanos de gama, tan sólo con las diferencias del color identificativo elegido, amarillo parchís en esta ocasión. Contraetiqueta también muy clara, en español y en inglés, con información general acerca del cultivo y la elaboración, temperatura recomendada de consumo y fecha de embotellado. Una vez servido, nos llamó la atención su color: un amarillo dorado de capa alta, limpio y brillante, que en nada nos recordó a lo observado en Febrero. En nariz aparecieron recuerdos a caramelo de miel y limón, frutas tropicales, también melón amarillo muy maduro, con un fondo de bollería, galletas y mantecado. En fase gustativa resultó untuoso y graso, tapizando la boca, mucho más voluminoso de lo que recordábamos. Aún habiendo perdido algo, conservaba una acidez media ideal para equilibrar su notable contenido alcohólico. Muy compensado a pesar de su rápida evolución en botella. Vivo y resultón. Atractivo en su madurez. Postgusto medio, sin amargores ni notas incómodas.



A la vista de nuestros apuntes de cata previos, nos surgió la duda de si parte de la producción no hubiera pasado por barrica. Esas notas de panadería, fruta muy madura casi desecada, algo así como orejones, esa densidad en boca, esa capa dorada, nos trajo a la memoria un monovarietal riojano de Viura con crianza en barrica nueva del que pronto daremos cumplido detalle. Y decimos parte de la producción, porque el Terrae SO2 Free Garnacha Blanca que probamos en Febrero estaba embotellado y gozaba de una esplendorosa juventud. No es lo habitual, pero... ¿Y si hubiera realizado transformación maloláctica antes de ser embotellado? Tal circunstancia justificaría la disminución en la acidez y esa evolución organoléptica. Sólo la bodega puede dar respuesta a estos interrogantes y, aunque disponemos de cierta "información privilegiada", preferimos mantenerla en un discreto segundo plano. 

En cualquier caso, a día de hoy el vino está fabuloso. Es cierto que esta rápida evolución en botella nos hace dudar de su recorrido futuro en botella y de sus posibilidades de guarda. Ignoramos también qué porcentaje de responsabilidad tiene la elaboración sin sulfitos, al fin y al cabo el sulfuroso no deja de ser un excelente agente conservador.

Y para terminar, unas reflexiones finales. ¿Estamos ante una nueva manera de apreciar los vinos? ¿Obliga la elaboración sin sulfitos a un consumo más o menos inmediato? ¿Deberemos desechar la idea de conservar botellas para apreciar su evolución? ¿Es posible que las prisas que atosigan a la civilización actual hayan llegado también al mundo del vino? 

Nos resistimos a pensar que quizás no tardemos en encontrar en las etiquetas fechas de consumo preferente.






lunes, 26 de junio de 2017

> Cata vertical de Ignius (2010-2016) en El Sitio de Eugenia




Hace unos meses abrió sus puertas un interesante comercio en el centro de Zaragoza que apuesta por fusionar gastronomía, turismo y cultura, tres conceptos que siempre deberían ir de la mano y que lamentablemente, en algunas ocasiones, son unos perfectos desconocidos entre sí.

Hablamos de El Sitio de Eugenia, proyecto personal de su propietaria que se ha convertido en algo así como un oasis en el desierto urbano dominado por los supermercados y los productos impersonales de bajo coste e insuficiente calidad. Absolutamente todo en El Sitio de Eugenia tiene nombre y apellidos, la calidad y la originalidad son una obsesión. Los productos artesanos, ecológicos y de proximidad son el escaparate principal, pero no sólo eso, son historias condensadas en una lata, un paquete o una botella, porque en ese sentido, Eugenia ejerce una labor inmensa: transmitir las experiencias del productor y hacer que lleguen hasta cada uno de sus clientes. Por si no fuera suficiente, con cierta periodicidad también organiza gastroexcursiones fuera de Zaragoza para que el consumidor final pueda empaparse directamente de las vivencias del elaborador en su lugar de origen. También con regularidad se organizan eventos y presentaciones de productos, así como catas diversas, de cervezas, aceites o vinos, aunque siempre con el hilo conductor de la producción controlada y respetuosa con el medio ambiente y la naturaleza. 




Y con esas premisas se organizó la primera cata vertical de Ignius, un pequeño proyecto de sostenibilidad en el medio rural en Almonacid de la Sierra, como le gusta definirlo a su creador Javier Sanz, cuerpo y alma de un vino que no es sólo una bebida para disfrutar, es en realidad energía telúrica transformada y embotellada. No es ni mucho menos la primera vez que escribimos acerca de Ignius, porque hay mucho que escribir, y ya en otras ocasiones hemos dejado claro que no es posible entender el vino si no conocemos a su elaborador. En estos tiempos de búsqueda de la paz interior en sesiones de mindfulness, escuchar a Javier mientras se degusta su vino es absolutamente insuperable. Sus amenas explicaciones dejan boquiabierto a cualquiera. No es habitual oír hablar a un elaborador de vino acerca de traslocación de energía, limpieza del huerto interior, retroalimentación del suelo, equilibrio y respeto máximo a la naturaleza. 


Javier Sanz en la bodeguita de El Sitio de Eugenia

En su opinión, el vino es un ser vivo, fruto del intercambio de energía entre el sol y la tierra, y por lo tanto, la mano del hombre debe ser escrupulosa y mínimamente intervencionista. Podría decirse que el vino se obtiene de la vid "a pesar de la influencia humana", invasiva y nefasta en algunas ocasiones. Por ese motivo sus 17 hectáreas de viñedo en las laderas de la Sierra de Algairén entre 400 y 800 metros de altitud, no se laborean ni se abonan, conservan cobertura vegetal que se siega y composta, devolviendo al suelo lo que viene del suelo. Esos sustratos pedregosos, pizarrosos y pobres son la base de todo. La vendimia es evidentemente manual en cajas y con los 2500 kilogramos de uva que se recogen se elaboran como mucho 2000 botellas al año. La vinificación es absolutamente artesanal y los procesos se suceden a la velocidad y al ritmo que quiere la uva, no hay plazos ni fechas, Javier observa y escucha, acompaña al mosto en su transformación en vino y al vino en su evolución primero en barrica y más tarde en botella.


Todo preparado para la cata

Todavía con los recuerdos de la explicaciones de Javier dando vueltas en nuestra cabeza, comenzamos la cata en sí misma. En realidad se decidió efectuarla de forma inversa, comenzando con la añada más joven y terminando con la más antigua, sabia decisión, pues sin duda la intensidad evolutiva del Ignius 2010 hubiera eclipsado impunemente a sus hermanos menores. Todos ellos elaborados mayoritariamente con Garnacha a la que se incorpora un pequeño porcentaje de Syrah variable cada año según criterio de Javier. Posterior crianza en barrica de roble, de diferente edad y procedencia según añada. Pero en realidad todos esos datos carecen de interés, vayamos a las sensaciones, al espíritu, a la esencia de Ignius...


Vinos Ignius. Añada 2012 con cápsula verde, actualmente a la venta

El benjamín Ignius 2016, extraído del depósito de fermentación ex profeso para esta cata se mostró con una gran densidad de capa y ribete violáceo. En fase olfativa reveló detalles impactantes: el ataque alcohólico dejó paso a recuerdos animales (sudor, cuero) y a aromas fermentativos como de quesería. En fase gustativa resultó juvenilmente ácido y en el paso por boca demostró todo su potencial, con una marcada astringencia entre harinosa y terrosa, un vino en pañales, aún a medio hacerse, con toda la vida por delante. Buenos mimbres. No hay ninguna prisa...

El Ignius 2015, todavía en fase de crianza en barrica de roble francés de 400 litros y por tanto sin redondeo en botella, se reveló en copa muy similar al anterior, si acaso el ribete insinuaba algún tono malva. En nariz el ataque recordó a esmalte de uñas y acetona, disipándose tras su oxigenación. Dejó paso a mermelada de grosellas, fruta compotada, licoroso y especiado. Todavía algo astringente en boca, dejó sensaciones agradables a tostados y fruta negra. Postgusto largo. Le quedan meses de evolución y afinamiento en botella, todavía algo agreste para comercializarse. Prometedor.


Ignius en la copa. Precioso...

De los años 2014 y 2013 no hay botellas disponibles, ignoramos el motivo, tal vez el viñedo, las barricas o las propias uvas decidieron tomarse un descanso, solamente Javier tiene la respuesta. Sin embargo, la actual añada a la venta del Ignius 2012 está en plena forma. Con capa media-alta y ribete granate, en nariz es puro espectáculo: fruta negra, especias, pimentón, embutidos y aceitunas negras. Estos últimos marcadores olfativos nos hicieron sospechar un posible incremento en el porcentaje de Syrah, dato desmentido posteriormente por Javier. En boca es potente y sabroso, en equilibrio, tan sólo un ligero recuerdo amargo en el postgusto nos privó de otorgarle la matrícula de honor. Aún con potencial de guarda, que nadie se apresure a descorchar las botellas que le queden, bien conservadas a temperatura constante, tumbadas y en penumbra, tiene una larga vida por delante.

Nos adentramos en temas serios. El Ignius 2011 fue nuestro preferido de entre todos, o mejor dicho, según nuestro criterio la añada 2011 es la que había alcanzado cotas óptimas de evolución. El Ignius 2010, siendo igualmente sensacional, quizás nos pareció que había dejado escapar algo de estructura. En ambos casos el predominio de los aromas terciarios fue total, vinos licorosos, redondos, equilibrados, sabrosos, en su punto, sin asomo de tanicidad y, lo más llamativo, conservando fruta y acidez. 

Alcanzar estos matices comparativos no es sencillo y sólo es posible en una cata vertical, relajada y sin prisas, como la que se celebró en El Sitio de Eugenia, un lugar a tener muy en cuenta de ahora en adelante y que bien merece una visita de vez en cuando.




NOTA: Algunas de las imágenes utilizadas han sido obtenidas del perfil de Facebook de El Sitio de Eugenia.

lunes, 19 de junio de 2017

> I Encuentro de blogueros y bodegueros en Almonacid de la Sierra




El segundo fin de semana de Junio se celebró la III Muestra de Bodegas de Almonacid de la Sierra, que ha cumplido en este año 2017 su tercer aniversario. Bajo el inequívoco nombre de "Almonacid Sabe..." y con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad, seis bodegas se sumaron a este novedoso proyecto de enoturismo con la finalidad de dar a conocer su trabajo.

La organización decidió introducir, muy acertadamente, algunos cambios en relación a las dos ediciones previas. El recorrido "copa en mano" por las diferentes bodegas participantes quedó circunscrito a la tarde del sábado y la mañana del domingo, añadiéndose a la programación pública una degustación de queso, jamón de Teruel y tapas, todo ello amenizado con música en directo en la Plaza de San Nicolás, verdadero corazón de Almonacid. El lunes se reservó para que las bodegas participantes pudieran presentar en primera persona su trabajo a los profesionales de hostelería de la provincia, y el sábado por la mañana se celebró el encuentro con blogueros al cual fuimos invitados y del que daremos cumplido detalle a continuación.

A primera hora de la mañana acudimos al punto de reunión en la puerta de Viñedos y Bodegas Pablo, cuyas instalaciones ya habíamos conocido en una visita anterior. Allí nos reunimos con los demás bodegueros, quienes en sus propios vehículos todoterreno nos trasladaron hasta parajes increíbles donde pudimos ver viñedos de diferentes variedades, sobre suelos muy distintos y con orientaciones diversas. El azar quiso que eligiéramos el coche de Jesús, responsable junto con su hermano de Bodegas Manuel Moneva y coincidimos además con Nicolás, tal vez el bodeguero más joven de Almonacid, en su puesto como responsable técnico de la cooperativa San Nicolás de Tolentino, actualmente en plena transformación para poder optar a la certificación como cultivo ecológico. El breve trayecto por los caminos, en animada conversación, aderezada con el sonido de fondo de las botellas de vino que transportábamos en el maletero y el tintineo de las copas, nos hizo presagiar que estábamos en el inicio de un gran día.


José Pablo dando indicaciones a pie de viñedo

Menguante Vidadillo en equilibrio. Imagen cortesía de www.de-vinos.es


La primera parada la hicimos en un viñedo de Vidadillo de aproximadamente 80 años de edad, variedad autóctona de Almonacid y cultivo emergente en recuperación que debe ser, en nuestra opinión, uno de los puntales de cara al futuro. Antaño conocida como "garnacha de grano gordo", es una uva de ciclo largo y de desarrollo muy vigoroso que obliga a severas podas en verde para lograr bajas producciones que garanticen bayas concentradas y sabrosas. El viñedo que visitamos fue plantado originalmente en vaso, aunque posteriormente se transformó en espaldera para conseguir una aireación y una maduración adecuadas. Un pequeño aporte de riego por goteo garantiza la supervivencia de las plantas y es particularmente necesario en esos suelos calcáreos de canalejo donde el sol cae a plomo durante todo el verano, como bien pudimos comprobar. Allí mismo tuvimos la ocasión de catar de nuevo el Menguante Vidadillo de Viñedos y Bodegas Pablo, con toda su carga frutal y ese tanino maduro compensado con una acidez media y unos recuerdos lácteos procedentes de la fermentación maloláctica imprescindible en cualquier Vidadillo. Vino muy diferente a cualquier otro, longevo en botella y con una interesante evolución en copa. Inmejorable comienzo...


Refrescante Macabeo
Con Jesús Moneva, en su viñedo

Casi al lado visitamos un viñedo de Macabeo propiedad de Bodegas Manuel Moneva. Casi con la misma orientación, difiere del anterior no sólo por la variedad de uva, sino por conservar la plantación en vaso y sin riego alguno. Suelo de cantos rodados y cepas viejas de donde se obtiene el Almonac, monovarietal de Macabeo que salió del maletero del coche de Jesús aún con algo de hielo adherido a la botella. Teniendo en cuenta la temperatura ambiental, no es posible cuantificar cuántas vidas salvó ese vino aquel día. Nos pareció algo más alto de capa que el del año anterior, también con menos carbónico residual y un poco menos dulce, aunque igualmente delicioso y fácil de beber. Un gran número de los presentes en aquella viña lo afirmarán sin atisbo de duda...



Catar un "vino en rama", privilegio al alcance de muy pocos


Para llegar a los siguientes viñedos, fue necesario un traslado algo más largo, ya que debimos salvar un desnivel de más de 300 metros por las faldas de la Sierra de Algairén. Poco a poco los suelos fueron cambiando hacia tonos más rojizos, no demasiado al principio, como bien pudimos comprobar en un extenso viñedo de Garnacha en espaldera con cuya uva se elabora el Menguante Garnacha que más tarde tuvimos ocasión de probar directamente del depósito en las instalaciones de Viñedos y Bodegas Pablo, un vino sin filtrar, todavía "en rama", como se suele decir. Una explosión de fruta fresca y caramelo, una delicia que sin duda tendría su público si se comercializara tal cual, aunque no parece que el mercado esté preparado aún para ello.



Viñedo de Garnacha. Al fondo, una plantación de almendros

Algo más arriba, alcanzamos un viñedo de Garnacha en vaso, propiedad de la cooperativa San Nicolás de Tolentino, cuyos vinos cataríamos más tarde en su nave de elaboración y crianza. Fundada en 1945, sus instalaciones disponen de 22 depósitos de fermentación de acero inoxidable con capacidad para 40000 kilogramos de uva cada uno. Integrada actualmente por unos 80 socios, tiene una capacidad máxima para 5 millones de kilogramos de uva, aunque en las últimas campañas la media ha sido de 1,5 millones de kilogramos anuales. Como ya hemos comentado anteriormente, se encuentra en pleno proceso de reconversión para lograr la certificación como cultivo ecológico y le esperan un par de años difíciles. Sin duda el fin lo merece y le abrirá las puertas del cada vez más grande mercado internacional. Nuestros mejores deseos para el futuro.

                            
             



El catálogo de Bodegas San Nicolás de Tolentino se cimienta en tres vinos jóvenes monovarietales, de Macabeo el blanco y de Garnacha el rosado y el tinto, que bajo la denominación de Marqués de Almonacid, tuvimos la oportunidad de probar. De impecable factura y etiquetado clásico, nos sorprendió el que más el rosado, quizás por nuestra falta de costumbre con rosados de Garnacha, dulce y ácido a partes iguales, con sus frutillos rojos maduros, sin verdores ni herbáceos, detalles que valoramos enormemente en un rosado. El blanco y el tinto joven, resultones y atractivos, plenamente recomendables, al igual que el Taninus, segundo monovarietal de Vidadillo de la manaña, soberbio vino que une a su imponente presencia en botella borgoñona una personalidad única en cata: rojo picota de capa media alta, fruta madura y recuerdos fermentativos, taninos dulces bien integrados, generosa acidez y sabroso postgusto. Sin duda, una de las sorpresas de la jornada.



Laboreo con tractor-oruga

Viñedo de Garnacha Blanca a dos vertientes


Menguante Garnacha Blanca, a la sombra de su madre. Cortesía de www.de-vinos.es

Ganando lentamente altitud por el Camino de Los Royales, fuimos dejando atrás plantaciones de almendros y olivos, muchas de ellas en terrazas, hasta que llegamos a uno de los viñedos más bonitos que hayamos visto jamás. El paraje conocido como "La Santiaga" es propiedad de Viñedos y Bodegas Pablo, y en realidad es un viñedo adaptado al terreno: en una de sus laderas hay plantada Garnacha Blanca "al tresbolillo" para favorecer el laboreo de la tierra, mientras que en la ladera vecina la plantación es tipo "marco real" pero a dos vertientes, una más expuesta al sol de mañana y la otra al sol de tarde, con diferentes periodos de maduración entre ellas, lo cual complica todavía más la fecha de vendimia. Todo ello rodeado de espliego, manzanilla, endrinos y un precioso pinar. De esta viña de secano estricto, casi hostil, con suelos pizarrosos y producción tan escasa como 250 gramos por cepa, sale una maravilla que se llama Menguante Garnacha Blanca, aromático y fresco incluso en nariz, jugosamente ácido, de largo postgusto y muy gastronómico, todo concentración y potencia, tratándose de un vino blanco sin crianza.


Viñedos en espaldera (Bodegas del Señorío)

Iana Bespalko (Bodegas del Señorío) explicando sus vinos

Una vez de regreso al llano, nos trasladamos hasta Bodegas del Señorío, posiblemente las que gozan de una mejor ubicación a las afueras de Almonacid, con la nave de elaboración rodeada de viñedos minimizan los periodos de traslado de la uva durante la vendimia. Elaboran exclusivamente vinos tintos y trabajan con variedades autóctonas (Garnacha, Tempranillo, Cariñena) e internacionales (Cabernet Sauvignon, Syrah). Con una clara vocación exportadora, especialmente hacia Europa del Este, algo que no sorprende una vez que se ha conocido a Iana Bespalko, máximo responsable de la bodega desde el año 2013, su catálogo incorpora vinos con y sin paso por barrica, línea moderna y línea clásica, monovarietales y coupages, siempre bajo la premisa de vinificar cada parcela por separado. 


                                  














Realizamos la cata de tres de sus vinos: Viña Velerma GarnachaYañoria Cariñena (frutal, cárnico y sanguíneo, como cabría esperar de un monovarietal de Cariñena) Midsummer, un ensamblaje secreto que no conseguimos que Iana confesara, a pesar de nuestra insistencia, probablemente Cabernet Sauvignon y Tempranillo, con o sin Garnacha, de correcto resultado y excelente presentación exterior. Probamos además durante la comida, el Coupage Clásico Crianza  que fue un acompañamiento ideal para las judías blancas y las carrilleras de ternera, menú veraniego donde los haya, perfecto para entonar el cuerpo después de una completa y calurosa mañana de visitas por los viñedos. 


Un vino para hablar con Dios


Para endulzar aún más el postre, se sirvió el célebre Vino de Consagrar que desde hace más treinta años suministran Bodegas Manuel Moneva a la Basílica del Pilar y a la Catedral de La Seo de Zaragoza, un vino diseñado para comunicarse con Dios, se elabora con Garnacha envejecida en roble americano a la que se añade Moscatel añejo durante su crianza. El resultado es verdaderamente místico, visualmente de color bronce, despliega en nariz un abanico de fruta desecada (higos, orejones, nueces) y lo confirma en boca, con recuerdos de miel y mermeladas. Menos voluminoso de lo esperado, no conviene abusar de él. Si los sacerdotes en cada misa sólo toman un poco, por algo será...


Ultimas añadas de Ignius


Un par de visitas más nos aguardaban por la tarde. Vinos Ignius, pasional microproyecto de Javier Sanz, quien una vez más nos embelesó con su discurso de respeto a la naturaleza e intercambio de energía, como ya hemos dicho en alguna ocasión previa, filosofía vital al servicio de la elaboración del vino. Y vaya vino que es el Ignius, mayoritariamente Garnacha con algo de Syrah, cultivada en altura sobre suelos pedregosos sin laboreo, con baja producción, vendimia manual en cajas, elaboración artesanal sin prisa alguna y crianza en barrica. Es imprescindible conocer a Javier para entender su vino. No detallaremos notas de cata porque pronto publicaremos otra entrada relativa a una cata vertical exclusiva de Ignius a la que asistimos hace unas semanas.


Catando garnachas de cien años en Bodegas Manuel Moneva

La última bodega que visitamos fue en realidad un regreso a los orígenes. Como acostumbra a decir Jesús Moneva, cuando las cosas no se tienen claras, no hay como entrar en su bodega centenaria y allí mismo, al fresco de la cueva y con una copa de vino, se esclarecen del todo las ideas.  Y así lo hicimos... No se pudo poner mejor final a esta magnífica jornada que brindando con una de esas Garnachas añejas de más de 100 años, más medicinales que otra cosa y que bien podrían recordar a un oloroso de Jerez. Tesoros que se conservan en la bodega centenaria de los hermanos Moneva, que no se comercializan, sólo se disfrutan in situ y con la única  e ineludible condición de ser merecedores de la amistad de los bodegueros de Almonacid de la Sierra.

A todos ellos, siempre les estaremos eternamente agradecidos.



Foto de grupo. Imagen cortesía de www.de-vinos.es

lunes, 5 de junio de 2017

> XIII Muestra de Garnachas en el Museo de Zaragoza




El pasado 30 de Mayo tuvo lugar la cita anual de la DO. Campo de Borja con los enoaficionados zaragozanos. En esta edición de 2017, segunda tras la celebración del Concurso Garnachas el Mundo del que ya dimos cumplida información en una entrada anterior, se decidió mantener la sede del evento, después de su traslado en el año 2016 hasta el patio porticado del Museo de Zaragoza, sin duda en un intento de disfrutar de la benigna climatología primaveral, tan poco habitual en la capital aragonesa. Nueve bodegas adscritas a la DO. Campo de Borja participaron en la muestra, a las cuales se sumaron en esta ocasión los vinos de Cannonau de Sardegna (Italia) en sustitución de la denominación de origen francesa Chateauneuf du Pape, invitada a participar el año pasado .

En este tipo eventos, nuestro objetivo prioritario es probar vinos a los que habitualmente no tenemos fácil acceso, aunque una vez superada esta primera fase de exploración, no es extraño que busquemos acomodo en aquellos otros vinos más que conocidos por nosotros, especialmente en los momentos más distendidos y durante los encuentros con amigos, porque también para eso (sobre todo para eso...) sirven estos actos públicos.


Catando cavas rosados 100% Garnacha

La elevada temperatura de las primeras horas de la tarde invitaba a comenzar con vinos ligeros y frescos, así que iniciamos la degustación con un cava, concretamente el Brut Nature Rosado de Bodegas Bordejé, y lo enfrentamos al Brut Rosado Camino del Moncayo de Bodegas Ruberte. Vinos muy similares en realidad, de paladar algo más dulzón el primero (a pesar de ser un Nature) y con la burbuja mejor integrada el segundo. Visualmente ambos preciosos, con ese color rosa fresa, frescos, alegres, vivos y muy agradables tanto en nariz como en boca.


Solo Tiólico Blanco


Planteamos a continuación un nuevo duelo, esta vez entre vinos blancos, curiosamente ninguno de los dos elaborados con Garnacha. El Solo Tiólico Blanco 2016 se elabora con Moscatel de Alejandría, variedad de uva que habitualmente conduce a vinos dulces, sin embargo Bodegas Aragonesas ha decidido emplearla para editar este blanco seco, atractivo y voluptuoso en nariz, pero que concluye con una fase gustativa que no le acompaña, no llega a seducir en boca, quizás porque la fase olfativa es desbordante e intensa. Estamos ante lo que nosotros denominamos un vino "mentiroso", promete una cosa y da otra diferente. Correcto pero desconcertante. En la otra esquina del ring, su rival fue todo lo contrario: el Borsao Selección Blanco 2016 siempre ha sido un vino honesto, pero desde la incorporación de Chardonnay al ensamblaje original de Macabeo ha ascendido varios peldaños, particularmente en nariz. En boca sigue siendo demasiado fluido, pero ha ganado expresividad y aromaticidad con la variedad francesa. Un combate desigual...


Vinos Borsao


Stand de Bodegas Palmeri Sicilia

En el capítulo de los tintos con crianza, verdadera identidad de las garnachas de Campo de Borja, es donde el abanico de posibilidades se amplía hasta el infinito, así que decidimos comenzar por probar un par de viejos conocidos. Qué podemos decir que no se haya dicho del Tres Picos de Bodegas Borsao, elevado a los altares por Robert Parker en innumerables ocasiones, este semicrianza de 5 meses en roble francés de impecable factura repite en su añada 2015 los éxitos obtenidos año tras año. Algo parecido le sucede al Navalta de Bodegas Palmeri Sicilia, destacado ganador en la muestra del año pasado, sigue la misma línea que su antecesor de la añada 2013, si acaso algo menos corpulento la añada actual, pero igualmente atractivo en nariz y sabroso en boca, quizás buscando la apertura a mercados internacionales. Elaborado en tinos de roble francés de 4500 litros con posterior crianza en barrica bordelesa de roble mixto, el Navalta 2014 se mostró visualmente con menor profundidad de capa que en añadas previas, un par de puntos menos de extracción y un mayor redondeo durante la crianza, han conducido a un vino más comercial, aunque sin perder ni un ápice de su identidad original. Sin duda, dos caballos ganadores...


Vinos Ruberte
Cayus 2015

El Tresor y el Garnacha Selección Premium, ambos elaborados por Bodegas Ruberte cumplieron sobradamente durante la cata. Representan la clase media de la DO. Campo de Borja, excelente relación calidad-precio e inmaculada elaboración. Interesante por desconocido nos resultó el Cayus 2015 de Bodegas Santo Cristo, por supuesto monovarietal de Garnacha con 8-10 meses de crianza en roble francés. Capa media-alta, equilibrado y redondo, frutal y especiado, tal vez un poco corto, pero francamente agradable en su conjunto. 


Portal del Moncayo Selección

Concluimos nuestro recorrido por los diferentes stands de la muestra en las conocidas Bodegas Román, degustando el Portal del Moncayo Selección Crianza 2012. Una concienzuda selección de uvas y 9 meses de barrica de roble francés son las exigencias de la bodega para la elaboración de este vino, posiblemente nuestro preferido en esta edición de la Muestra de Garnachas. Rojo cereza de capa alta y ribete granate, intensamente frutal, sabroso, con el aporte exacto de aromas terciarios, acidez media que refresca y equilibra. Delicioso, para repetir, y por supuesto lo hicimos...



Un absoluto acierto. No puede calificarse de otro modo este evento anual de la DO. Campo de Borja que tiene la finalidad de acercar sus productos al público zaragozano y que ya prepara para 2018 su decimocuarta edición. Resulta sorprendente que ninguna de las otras tres denominaciones de origen aragonesas hayan todavía decidido copiar, ni siquiera parcialmente, esta acertada iniciativa. Es palpable y manifiesto el interés que citas como esta despiertan en el público y la acogida es siempre masiva y espectacular, incluso excesiva en cuanto a aforo. Al igual que sucede con la Feria de los Vinos de Aragón de Montañana, la organización debe cuidar algo más los detalles "para no morir de éxito", si se nos permite la expresión. Tal vez si existiera más oferta en el calendario, el público se repartiría entre los diferentes actos, o todo lo contrario, quizás el incremento en el número de eventos atrajera aún a más gente, es imposible de predecir...

En cualquier caso, la respuesta de los enoaficionados zaragozanos demuestra el interés existente por conocer los vinos de calidad y garantiza que futuras ediciones serán igualmente exitosas.

Larga vida a las Garnachas de Campo de Borja...










domingo, 28 de mayo de 2017

> Notas de cata: Callejón del Crimen Gran Reserva 2014





En una entrada anterior detallamos nuestro primer acercamiento a la Malbec, variedad que en Argentina ha alcanzado sin duda su plenitud. Regalo de unos amigos, catamos este vino argentino monovarietal de Malbec elaborado por Finca La Luz en el Valle de Uco (Mendoza). 

Sólo una bodega argentina puede tener el atrevimiento y la osadía de bautizar un vino con ese nombre tan cinematográfico que nos trae a la memoria recuerdos de novela negra. El Callejón del Crimen Gran Reserva 2014 se presenta externamente en botella bordelesa color verde aceituna de gran calidad. Corcho natural y cápsula de calidad correcta. Etiqueta sencilla, con los premios obtenidos en el concurso Decanter 2016. Contraetiqueta con escueta información acerca de la variedad, altitud del viñedo, fecha de vendimia y periodo de crianza en roble francés.

Visualmente se muestra de un rojo cereza de capa media con ribete granate y lágrima no pigmentada. En fase olfativa el ataque resulta ligeramente alcohólico, no obstante figura en el etiquetado un 14,7% aunque fresco y limpio en nariz. Frutas rojas muy maduras, mermelada de ciruelas y moras, con un fondo mineral de pedernal y cenizas, todo ello acompasado por especias dulces como la vainilla, indudablemente proveniente del roble francés. Algún recuerdo vegetativo maduro, agradable y sin verdores. Chocolate con leche y guindas en licor, un bombón Mon Cheri sería su más acertada analogía. En fase gustativa puede resultar un poco delgado en boca, fluido y nada pesado, extremadamente sabroso. Integrado y redondo en su conjunto, perfectamente equilibrado, absolutamente redondo. Postgusto largo, con recuerdos a regaliz negro y mentol. 

Magníficamente elaborado, posiblemente con alguna ayuda tecnológica, elegante eufemismo que sin embargo no nos impide decir que estamos ante un vino en el que hay de todo en su justa medida. Una verdadera maravilla.

Con total seguridad, uno de los mejores tintos con crianza que hemos probado jamás. Se nota que quien nos lo regaló, nos tiene en muy alta estima. 

Muchas gracias, amigos... 


martes, 23 de mayo de 2017

> Cata vertical 2013-2016 de DUNA en El Lagar del Enófilo





Con algún mes más de lo deseado de retraso, se celebró finalmente en El Lagar del Enófilo la prometida cata vertical del blanco elaborado por Fernando Mir en su bodega El Vino del Desierto. Las últimas cuatro añadas disponibles del Duna protagonizaron esta interesante cata, al alcance sólo de unos pocos privilegiados, que sirvió para poner de manifiesto el potencial de guarda y evolución de este magnífico blanco elaborado en Lanaja (Huesca) en el corazón de la comarca de Monegros. 

Dos parcelas cuidadas y mimadas por Fernando son el lugar donde nace este vino. La llamada "Viña Vieja" de poco más de una hectárea situada a 450 metros de altitud, es una parcela mestiza y heterogénea, un tercio de uva blanca y dos tercios de uva tinta, como eran todas las viñas de antaño, y lleva en producción desde 1954. Por el contrario, la "Viña Blanca" ubicada a 480 metros de altitud y algo más pequeña en superficie, lleva en producción desde 2009. En ella se cultivan exclusivamente variedades blancas (Garnacha blanca, Macabeo y Viognier) y ha sido la responsable del incremento paulatino en el número anual de botellas elaboradas, pasando de las 1732 de la añada 2013 a las 2702 de la añada 2016.


Ubicación de las viñas. Imagen tomada durante la presentación de Fernando Mir



Muy a nuestro pesar, las añadas 2011 y 2012 son ya historia, no hay botellas disponibles, de modo que deberán quedar eternamente en nuestro recuerdo. El periodo 2013-2016 fue por tanto, el objeto de nuestro análisis sensorial. Técnicamente, la elaboración del Duna apenas ha sufrido variación desde sus inicios. El cuidado de la viña y los bajos rendimientos por cepa son las principales premisas. Obtener una uvas sanas y con elevada concentración aromática es la obsesión de Fernando. Es cierto que ha habido cierta evolución (más bien, involución...) en cuanto al proceso de filtrado. En aquellas primeras añadas el filtrado se realizaba con esmero, quizás para contentar a ese mercado poco preparado, reticente a aceptar un vino con algo de sedimento. Con el paso de los años, los procesos de filtrado se han ido adelgazando, hasta llegar a la actualidad, donde el vino sólo sedimenta por gravedad, obteniéndose una potencia aromática y una perdurabilidad en boca nunca lograda hasta ahora.


Duna con la etiqueta de sus primeras añadas



Comenzamos nuestro recorrido con el Duna 2016, prácticamente recién salido al mercado. Ensamblaje dominado por la Garnacha Blanca (73) y la Alcañón (15), con novedosos aportes minoritarios de Macabeo (10) y Viognier (2), prácticamente indetectables en cata. Vendimia en Septiembre. Amarillo pajizo limpio y transparente, a pesar de no haber sido filtrado. Intensa carga frutal, sobre todo frutas de pepita, también plátano, piña y cítricos. Gran cantidad de lágrima. Generosa acidez que refresca y equilibra su nada desdeñable contenido alcohólico. Redondo y agradable. Sorprende cierta salinidad en boca, recordando a algún blanco atlántico. Eterno postgusto, larga persistencia, sin rastro de amargor. Fabuloso.

Garnacha Blanca y Alcañón (80-20) vendimiadas en el mes de Septiembre fueron los mimbres para elaborar el Duna 2015. Un filtrado somero ("desbastado", según Fernando) precedió al embotellado de 2698 unidades. Visualmente apenas evolucionado gracias a la excelente protección del vidrio color caramelo de la botella. En fase olfativa, la fruta ya se ha convertido en mermelada, aparecen notas lácteas que podrían recordar a madera nueva (?). Panadería y mantequilla. En boca resulta graso, untuoso, complejo y elegante. Menos largo que el 2016. Soberbio en fase gustativa, aunque decae ligeramente en copa.


Cuatro añadas de Duna. Imagen cortesía de Julio Viela

Del Duna 2014 se elaboraron 1784 botellas siguiendo el mismo coupage: Garnacha Blanca y Alcañón (75-25) vendimiadas en el mes de Octubre, procedentes en su totalidad de la "Viña Vieja", ya que la "Viña Blanca" todavía no había entrado en producción. Esperada evolución cromática hacia el amarillo trigueño tras más de 2 años en botella. Prometedor en fase olfativa. Nariz muy interesante: frutos secos (nueces), orejones y humo, todo envuelto en un fondo dulzón. En boca defrauda un poco, tal vez demasiado delgado y el postgusto es sutilmente amargo además de poco duradero. El más penalizado de los cuatro en cata comparada.

De nuevo el ensamblaje "clásico" para el Duna 2013. Garnacha Blanca y Alcañón (70-30) vendimiadas en Octubre. Amarillo dorado, limpio, brillante y denso. Aromas a compota de manzana y a quesería. Algún aroma oxidativo que lo hace único. Sin embargo, en boca sorprende y no resulta nada pesado, porque conserva una acidez que lo mantiene vivo y fresco. Recuerda a esos vinos alemanes de guarda prolongada. Crece y evoluciona en copa. Sencillamente espectacular. Quedan en la bodega algunas botellas que Fernando se plantea comercializar como "edición especial". Habrá que estar atentos...

Desde Noviembre de 2014, fecha en que conocimos por primera vez el proyecto de Fernando Mir y su bodega El Vino de Desierto, hemos seguido su evolución en cada añada, en cada cata, en cada feria. Esta cata vertical del Duna, al igual que la anterior del Sed nos han permitido "cerrar el círculo" y han puesto a nuestro alcance la posibilidad de comparar vinos de distintos años, con sus sutiles diferencias en cuanto a elaboración, pero siempre con el cariño y la pasión que Fernando pone en el interior de cada botella.

Como siempre, un placer...


Imagen promocional del evento. Fuente: Facebook El Lagar del Enófilo


NOTA: Imagen de cabecera tomada del archivo de la bodega.