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lunes, 14 de octubre de 2024

> Una mañana en Alsacia

 

Es imposible escribir acerca de una zona vitivinícola sin hacer referencia a su historia y Alsacia tampoco es una excepción al respecto. Esta estrecha franja del valle del Rin se extiende en sentido norte-sur a lo largo de algo más de 100 kilómetros y se delimita por la cordillera de los Vosgos al oeste y por el macizo de la Selva Negra al este. En la actualidad, la frontera franco-alemana está situada en el mismo eje del río, pero no fue así siempre. En absoluto fue así siempre...


Este pequeño trocito de territorio -de un tamaño similar a La Rioja, poco más o menos- ha sido motivo de disputa entre Francia y Alemania desde hace más de cuatro siglos, aunque en realidad ha estado más tiempo bajo influencia germánica. La historia de Alsacia ha discurrido prácticamente en paralelo a la de Lorena, otro territorio vecino por el que ambas potencias han pugnado en repetidas ocasiones. Tras la muerte del emperador Carlomagno en el año 814, ambas regiones quedaron incluidas en el Sacro Imperio Romano Germánico y no fue hasta el siglo XVII cuando pasaron a estar bajo dominio francés tras la firma del Tratado de Westfalia que dio por finalizada la Guerra de los Treinta Años. La victoria alemana en la Guerra Franco Prusiana en 1871 devolvió ambos territorios a manos germanas y así permanecieron hasta el final de la Primera Guerra Mundial. La firma del Tratado de Versalles en 1919 oficializó la devolución de Alsacia y Lorena a Francia, sin embargo dicho estatus apenas duró dos décadas. 


Nada más comenzar la Segunda Guerra Mundial, las tropas alemanas no tardaron en volver a invadir ambos territorios, incluso con menos dificultad de lo esperado, ya que fueron recibidos en algunas poblaciones casi como libertadores después de tantos vaivenes históricos. Sin embargo, las autoridades alemanas no fueron nada clementes con la población alsaciana, más de 100.000 hombres fueron forzados a alistarse en el ejército alemán para luchar con el uniforme de un país que no era el suyo, la mayoría de los cuales fueron enviados al frente del este. Casi la cuarta parte fallecieron en la fría estepa rusa y la historia los recuerda como los "Malgré-Nous", nombre que podría traducirse como los "a nuestro pesar". La derrota definitiva de Alemania en la primavera de 1945 finalmente devolvió Alsacia y Lorena a Francia, situación que se prolonga hasta nuestros días. No sabemos por cuánto tiempo...


Cada vez que Alsacia ha cambiado de manos -y han sido unas cuantas- la potencia vencedora ha intentado someter a la población alsaciana imponiendo su idioma y sus símbolos culturales. En líneas generales Francia siempre ha sido más sutil, mientras que Alemania lo ha intentado por la vía de la imposición y las prohibiciones. Los esfuerzos desplegados desde París -no olvidemos que Francia es el país más centralista del mundo- para imponer la cultura francesa no pueden compararse a la germanización forzosa que las autoridades alemanas implantaron entre 1940 y 1945. La consecuencia en la actualidad es que la mayoría de la población de Alsacia simpatiza con ambas culturas y admite su pertenencia a Francia -nunca ha habido un movimiento independentista alsaciano, quizás porque nunca lo han sido, en su permanente papel de bisagra entre imperios- sin renunciar a su evidente pasado germánico e incluso a su propia lengua -el alsaciano- que fonéticamente guarda una gran similitud con el alemán. Lo mismo sucede con los nombres de las localidades, los apellidos, la gastronomía y -por supuesto- también con el vino. La capital de Alsacia es Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo, cuya designación nada casual fue un evidente intento de otorgar a este territorio un protagonismo europeísta que pusiera fin al histórico conflicto franco-alemán, una herida antigua, una cicatriz inadmisible en el seno de la Unión Europea. La llanura alsaciana se ha dividido históricamente en dos subzonas geográficas, Alto Rin y Bajo Rin -Haut Rhin y Bas Rhin- sin embargo, las autoridades francesas idearon en 2021 la creación de la Colectividad Europea de Alsacia, integrada en la nueva región bautizada como Gran Este. Como contraprestación a su docilidad con París, Alsacia obtuvo ciertos derechos en materia lingüística y autogestión del territorio, demostrando que los alsacianos siempre han sabido nadar entre dos aguas -en ocasiones turbulentas- y salir con la ropa aceptablemente seca.

Desde el punto de vista geológico, este tramo del valle del Rin es en realidad el resultado del colapso de una gran cordillera que, tras su hundimiento, dejó un gran cauce fluvial de casi 50 kilómetros de ancho, flanqueado por dos cordones montañosos, la cordillera de los Vosgos al oeste y el macizo de la Selva Negra al este. Como consecuencia de dicho colapso, las características de los suelos del fondo del valle guardan interesantes similitudes con los de las cimas que lo rodean, incluso a pesar de estar situadas a bastantes kilómetros de distancia. Existe por tanto un mosaico de tipos de suelo -granito, gneiss, esquisto, arenisca- que llega a su máxima complejidad a mitad de las laderas, entre 200 y 350 metros de altitud. Climatológicamente, Alsacia se puede catalogar como un área de clima semicontinental soleado relativamente cálido y de pluviometría baja -menos de 500 mm anuales- bien protegida por los Vosgos del azote de los temporales del norte. 


Estrasburgo y Sélestat en el Bajo Rin, Colmar y Mulhouse en el Alto Rin son las cuatro ciudades más importantes de Alsacia. Sin embargo, desde el punto de vista turístico, la belleza y el encanto reside en las poblaciones más pequeñas como Eguisheim, Turckheim, Riquewihr, Kaysersberg, Obernai, Bergheim o Ribeauville. Muchas de ellas están incluidas en la Ruta de los Vinos de Alsacia, una magnífica experiencia para disfrutar del paisaje, la gastronomía, las fiestas y las tradiciones que rodean a la cultura de los vinos alsacianos. En esas dos décadas que duró el periodo entre guerras, en algunas de estas pequeñas localidades se produjo el inicio del desarrollo cooperativista, agrupaciones de viticultores que unieron sus esfuerzos para mejorar la calidad de sus vinos y optimizar sus resultados comerciales, convirtiéndose así en pioneros no sólo en Francia, sino en toda Europa. De esa manera, fueron poco a poco dejando atrás la etiqueta de vinos mediocres y de escasa calidad con la que se les identificó durante el siglo XIX. A lo largo de la década de los 50, el estilo de elaboración a ambos lados de la frontera fue igualándose gradualmente en cuanto a contenido en azúcar -tradicionalmente secos los franceses, ligeramente dulces los alemanes- encontrando ambos definitivamente el equilibrio y el éxito comercial.


En el año 1962 se creó la AOC Alsace -clasificación comunal genérica de origen de los vinos alsacianos- y en 1975 se inició el lento desarrollo de la AOC Alsace Grand Cru con la identificación  en 1983 de 51 viñedos o lugares determinados -lieux dits- merecedores de dicha calificación por su calidad reconocida. Estos viñedos de renombre apenas suponen el 8% de la superficie de viña de Alsacia, se ubican mayoritariamente en el Alto Rin -tan sólo 11 lieux dits pertenecen al Bajo Rin-  los vinos que se elaboran con las bayas procedentes de ellos deben ser monovarietales y exclusivamente debe tratarse de uvas pertenecientes a las denominadas "variedades nobles" (Riesling, Pinot Gris, Gewürztraminer y Muscat), en contraposición a las llamadas "variedades populares" (Pinot Blanc, Auxerrois, Sylvaner, Chasselas y Pinot Noir). Para complicar todavía un poco más las cosas, desde el año 2011, cada uno de estos lieux-dits tiene reconocida una AOC propia.


La mayor parte de la superficie de viñedo -aproximadamente el 78%- se destina a la elaboración de vinos blancos monovarietales sin crianza utilizando cualquiera de las variedades de uva autorizadas -nobles y populares- vinos que se comercializan como AOC Alsace en la tradicional botella conocida como "flauta alsaciana". El contenido en azúcar residual depende del estilo de cada elaborador, aunque en general es más probable encontrar cierto dulzor en los Gewürztraminer y en los Pinot Gris que en los Riesling, pero no es una regla fija. Está también autorizada la variedad Pinot Noir, vinificada como tinto,  como rosado e incluso como blanc de noirs, aunque su utilización para elaborar vinos tranquilos es casi anecdótica. 

 

Dejando momentáneamente a un lado los monovarietales, existen dos elaboraciones tradicionales muy populares resultantes del ensamblaje de varias castas blancas. Los Edelzwicker -cuya traducción literal sería "mezcla de nobles"- pueden elaborarse con cualquier variedad blanca autorizada, sin obligación de indicar porcentajes, con uvas fermentadas por separado o cofermentadas e incluso mezclando añadas diferentes. Suelen ser vinos económicos, sutilmente dulces, muy agradables y que representan a los antiguos vinos de parcela que cualquier viticultor elaboraba para autoconsumo. Por otra parte, los Gentil tienen otras exigencias en su elaboración, a pesar de que su comercialización no está regulada a nivel nacional, tan sólo localmente en Alsacia. Son el resultado de otro ensamblaje en el que al menos el 50% debe ser una variedad noble -el resto puede ser Sylvaner, Pinot Blanc o Chasselas- debe vinificarse cada variedad por separado, pertenecer a una sola añada y antes de comercializarse deben ser aprobados por un comité de cata.



Alsacia es probablemente la región con la mayor concentración de variedades blancas florales y voluptuosas de toda Europa. Por tanto no debería sorprender que casi la quinta parte de la superficie del viñedo alsaciano se destine a la elaboración de espumosos. Fue en el año 1976 cuando se sentaron las bases de la AOC Crémant d´Alsace, vinos espumosos elaborados mediante método tradicional con segunda fermentación en botella y una crianza mínima de 12 meses sobre sus lías. Existen blanc de blancs, blanc de noirs y rosados, teniendo en cuenta que en su elaboración pueden emplearse Pinot Blanc, Auxerrois, Pinot Gris, Riesling, Chardonnay e incluso Pinot Noir. Aproximadamente hay unos 500 elaboradores de este tipo de vinos espumosos, agrupados en  torno al Sindicato de Productores de Crémant d´Alsace (SPCA), los cuales elaboran la friolera de 40 millones de botellas al año, convirtiéndose de un tiempo a esta parte en un serio rival para las bodegas de Champagne.


Para terminar este extenso repaso a los diferentes tipos de vinos de Alsacia, nos resta comentar las dos categorías de vinos dulces que curiosamente fueron las últimas en dotarse de una regulación normativa. Ahora hace 25 años que se aprobó el pliego de exigencias para la elaboración de los vinos alsacianos de vendimia tardía (VT) y los elaborados mediante selección de granos nobles (SGN). En el caso de los vinos VT -Vendanges Tardives- exclusivamente pueden elaborarse con variedades nobles, con uvas pasificadas -en la propia cepa o en bastidores de paja- vendimiadas manualmente durante los meses de Noviembre y Diciembre. Los vinos SGN -Sélection Grains Nobles- deben igualmente elaborarse con variedades nobles, seleccionando tan sólo uvas botrytizadas, vendimiadas grano a grano mediante sucesivas pasadas. Esta última categoría representa la máxima excelencia de cada productor y aspira a competir con los Tokaji y los Sauternes con más renombre. Debido a la aplicación de determinadas disposiciones de la Unión Europea, desde el año 2021 existe la obligación de indicar el nivel de dulzor -sec, demi sec, moelleux, doux- en el etiquetado de los vinos alsacianos VT y SGN, de manera que para el consumidor final sea más sencillo de comprender e interpretar.


En cualquier caso, la distribución comercial de los vinos de Alsacia en el mercado español no es abrumadora. Lo más habitual es encontrar a precio competitivo monovarietales de Gewürztraminer con algo de azúcar residual, Riesling totalmente secos -a veces de añadas atrasadas, muy interesantes para apreciar su evolución en botella- y sólo en contadas ocasiones cosas verdaderamente originales como monovarietales de Pinot Gris o -todavía menos frecuente- alguna botella perdida de Pinot Noir. Como es lógico, en tiendas especializadas sí es posible conseguir vinos Grand Cru, VT y SGN, pero los precios medios en estos casos suelen disuadir a muchos compradores.


Hasta aquí la introducción  a la región de Alsacia -algo más extensa de lo deseado, pero en nuestra opinión, imprescindible- su historia, su geografía y sus vinos. No nos cansaremos de reiterar nuestro agradecimiento a Grape Bebop por facilitarnos conocimientos sobre vinos internacionales y proporcionarnos toda esa información sin movernos de nuestra ciudad. Y ahora sí, detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos de Alsacia que tuvimos oportunidad de disfrutar aquella mañana del mes de Junio. Para no faltar a la verdad, en el listado hay un intruso que catamos unas semanas más tarde.

KREYDENWEISS LUNE À BOIRE BULLE L.B20 BRUT NATURE
AOC Cremant d´Alsace. Pinot Blanc, Auxerrois y Chardonnay. Viñedos ubicados próximos al río Rhin, en zonas más bajas, buscando un menor grado de maduración y más acidez. Espumoso de método tradicional con segunda fermentación en botella. 80% del vino base pertenece a la añada 2019 y el 20% restante se trata de vino de reserva. Crianza en fudres durante un año antes de la segunda fermentación. 24 meses de posterior crianza en botella. Amarillo dorado suave. Manzanas asadas y brioche. Marcada acidez y un carbónico ligeramente excesivo. Incómodo recuerdo a sidra en boca. Complejo, gastronómico y peculiar. Menos afilado que Champagne y muy diferente incluso a otros cremants franceses (Loira, Borgoña).

LEON BEYER SYLVANER 2021
AOC Alsace. 100% Sylvaner. Variedad de uva de origen posiblemente austriaco, producto del cruce entre Savagnin (Traminer) y Osterreichisch Weiss. Cepaje autorizado en AOC Alsacia pero no admitido entre las variedades denominadas "nobles". En el año 2005 fue reconocido -como excepción- un viñedo de esta casta como Grand Cru, concretamente en Zotzenberg. Amarillo verdoso. Neutro y poco aromático. Flores blancas y cítricos sobre un fondo de lías. Acidez media. Final corto, sutilmente amargo, con un recuerdo vegetal. Poco interesante.

TRIMBACH PINOT BLANC 2021
AOC Alsace. Auxerrois y Pinot Blanc (70-30). Históricamente ambas variedades se han cultivado conjuntamente en las mismas parcelas, hasta el punto que la propia AOC Alsace lo permite sin hacer distinción entre una casta y la otra. Aromáticamente muy parecidas, la Auxerrois suele tener menos acidez y más cuerpo que la Pinot Blanc, tratándose ambas de variedades denominadas como "populares". Amarillo verdoso. Melocotón, albaricoque, flores amarillas y gominolas de plátano. Acidez media y ligeramente cálido en boca. No parece casualidad el porcentaje empleado de cada variedad, probablemente buscando el equilibrio entre acidez y alcohol. Preciso y rectilíneo. Muy interesante.

ZIND-HUMBRECHT PINOT GRIS TURCKHEIM 2020
AOC Alsace. 100% Pinot Gris. Variedad noble conocida como Tokay de Alsacia hasta 1984 y como Tokay Pinot Gris hasta 2007, denominaciones que lógicamente debieron abandonarse tras las pertinentes protestas de Hungría ante los tribunales de la Unión Europea. Amarillo dorado bajo. Muy floral, pétalos de jazmín, azahar y mieles en nariz. Curiosamente en boca aparecen las frutas de hueso y las especias (pimienta, jengibre). Acidez media y algo cálido en boca. Recuerda a Gewürztraminer, aunque algo menos aromático. Primera vez que catamos un vino de esta variedad. Un gran descubrimiento.

HENRI WEBER PINOT GRIS 2022
AOC. Alsace. 100% Pinot Gris. Amarillo oro rosa. Flores secas y especias blancas -pimienta y jengibre- que dejan paso a frutas de hueso. Entrada adulzonada que se confunde con glicerol. Moderadamente ácido y ligeramente cálido. Leve astringencia en boca que recuerda a la piel del melocotón. Serio, poco exuberante, aunque más complejo de lo esperado. Muy interesante.


ZIND-HUMBRECHT MUSCAT TURCKHEIM 2021
AOC Alsace. 100% Muscat Blanc à Petit Grains. No confundir esta variedad con sus hermanas minoritarias -Muscat Ottonel y Muscat Rosé- menos extendidas aunque en ocasiones convivientes en las mismas parcelas. Amarillo dorado bajo. Flores, granos de uva y frutas de hueso, menos aromático de lo esperado. Marcada acidez. Afilado, seco, lineal y directo. Tal vez vendimiado un poco antes de tiempo, buscando un perfil más refrescante aunque menos expresivo en nariz. Muestra el camino a seguir en la elaboración de monovarietales secos de Moscatel, menos opulentos y más frescos.


MARCEL DEISS GEWÚRZTRAMINER 2022
AOC Alsace. 100% Gewürztraminer. Una rareza en el catálogo de esta bodega que habitualmente apuesta -de un modo un tanto rupturista- más por los ensamblajes que por los tradicionales monovarietales. Dorado medio-alto. Frutas de hueso, pétalos de rosas y lichis. Semiseco en boca (demi-sec 4-12gr/litro de azúcar) aunque parece más propio categorizarlo como moelleux (contenido en azúcar 12-45 gr/litro), francamente bien compensado en acidez. Ligeramente cálido en boca. Intenso y potente, algo opulento pero no desmedido. Muy aromático y agradable, estupendo en su conjunto.

KREYDENWEISS RIESLING WIEBELSBERG GRAND CRU 2020
AOC Alsace Grand Cru Wiebelsberg. 100% Riesling. Crianza durante 25 meses en fudres. Sin notas de cata. A reevaluar.




ZIND-HUMBRECHT PINOT GRIS CLOS JEBSAL VT 2012
AOC Alsace. 100% Pinot Gris. Curiosa elaboración esta añada, uvas mayoritarias de vendimia tardía (VT) -pasificadas en la viña, recogidas entre los meses de Noviembre y Diciembre- mezcladas con uvas botritizadas que en principio estaban destinadas a elaborar vinos SGN (selección de granos nobles). Dorado de capa alta, casi color ámbar. Impresionante en nariz: barniz, laca, naranja escarchada, orejones, flores marchitas y chocolate blanco. Graso, amable y meloso es boca. Nada cansado a pesar de su contenido en azúcar, perfectamente equilibrado en acidez y alcohol. Una maravilla.


Ponemos aquí el punto y final a esta nuestra primera aproximación a los vinos alsacianos. Ojalá que en el futuro tengamos a nuestro alcance una visita a esta encantadora región tantas veces oprimida y que, sin embargo, no parece guardar rencor alguno hacia quienes han pretendido reiteradamente cercenar su libertad. Hay quien dice que los alsacianos son belgas que se extraviaron camino de Suiza, para los franceses son medio alemanes y para los alemanes son los primos perdidos, pero en realidad el pueblo alsaciano representa mejor que nadie lo que significa adaptarse a cada momento que le ha tocado vivir y sintetiza los vaivenes históricos de los últimos cuatro siglos en Europa. A veces unidos y otras divididos. En resumen, europeos...


jueves, 6 de julio de 2023

> Sudáfrica desconocida

 


Es muy probable que sólo con el paso del tiempo, tomemos consciencia del privilegio que significa tener al alcance de nuestra mano los seminarios impartidos por Grape Bebop. Después de aquella experiencia única que supuso la jornada sobre vinos de Georgia, la asistencia a la reedición de la charla formativa sobre vinos sudafricanos nos pareció casi una obligación. Aunque en los últimos años el acceso a los vinos de Sudáfrica resulta algo más sencillo -particularmente a través de webs especializadas- en general el conocimiento que se tiene al respecto es bastante limitado, incluso para un consumidor medianamente interesado. 


Si el presente de cualquier país no puede comprenderse sin su historia, en el caso de Sudáfrica esta premisa se cumple aún con más firmeza. Al margen de los suelos, la orografía, el clima y la influencia del mar, no se puede entender el origen del vino sudafricano sin echar la vista atrás al menos cuatrocientos años. Fue a mediados del siglo XVII cuando la Compañía Holandesa de las Indias Orientales decidió establecer un puesto de aprovisionamiento para sus naves cerca del Cabo de Buena Esperanza. Con el paso del tiempo, el posterior desarrollo de ese pequeño núcleo -casi exclusivamente formado por almacenes y tabernas- dio lugar a lo que más tarde sería la actual Ciudad del Cabo. La necesidad de asegurar el suministro a los barcos, animó a algunos colonos a establecerse y a construir sus propias granjas, en las que además de criar animales incorporaron diversos cultivos entre los que se incluyó la vid. Este es el motivo por el que la mayoría de bodegas en Sudáfrica se denominan farms. Como casi todos los vinos de aquella época, su calidad dejaba mucho que desear, pero el elevado consumo interno en una región sin apenas infraestructuras e indudablemente volcada al comercio marítimo hizo que crecieran las hectáreas de viñedo. 


Algo cambió a principios del siglo XIX cuando el Imperio Británico se hizo con Ciudad del Cabo. Las constantes guerras con Francia bloquearon el comercio europeo de los vinos de Burdeos y ese segmento del mercado lo intentaron ocupar -aunque con escaso éxito- los vinos procedentes de Sudáfrica, a pesar de los costes del transporte, las dificultades de conservación y la escasa calidad de los mismos. En realidad, sólo los vinos dulces elaborados en Constantia -residencia del antiguo gobernador holandés de la colonia- gozaban por entonces de cierto reconocimiento internacional. Aparentemente ciegos ante las demandas de su mercado exterior, los productores sudafricanos persistieron en los errores que arrastraban desde hace años y en una enloquecida huida hacia adelante, aumentaron las hectáreas de viñedo y el volumen de vino producido, con una calidad tan ínfima que no tardó en derivar en rechazo comercial, viéndose obligados a desviar todos esos excedentes hacia la destilación.


Sin embargo, la independencia de Sudáfrica del Imperio Británico todavía se retrasó varias décadas. 25 años de conflicto armado intermitente entre los colonos de origen holandés -conocidos como bóeres o afrikaners- y la metrópoli británica desembocaron en la creación de la Unión Sudafricana, estado-colonia que a la postre se convertiría con el paso de los años en la actual República de Sudáfrica. Durante ese periodo tan convulso en lo político, se fundó en 1923 la cooperativa KWV que agrupó a la mayoría de viticultores y sentó las bases para una producción adecuada y una comercialización favorable. Al inicio sus decisiones fueron aceptadas con agrado por los productores, pero con el paso de los años y su excesivo intervencionismo, la KWV se convirtió en un monopolio del que era prácticamente imposible escapar. Finalmente en 1994 la KWV colapsó, no sólo debido a sus dificultades económicas, sino también arrinconada por algunos elaboradores independientes que introdujeron novedades tecnológicas procedentes de otros países y que obtuvieron un notable éxito comercial.



No es posible hablar de la historia del vino en Sudáfrica sin mencionar a los esclavos. Fueron los colonos holandeses los que introdujeron esta mano de obra de bajo coste, práctica abolida parcialmente en 1834 por los británicos, aunque durante mucho tiempo pervivió en forma de escasos salarios en ocasiones pagados con botellas de alcohol, una cruel y autorizada costumbre que tenía la doble finalidad de ahorrar costes y convertir a los trabajadores de raza negra en alcohólicos absolutamente dependientes. Las consecuencias de este endemoniado mecanismo denominado "sistema tot" pueden verse incluso hoy en día al comprobar los elevados índices de alcoholismo entre la población de color, situación que apenas ha variado desde el fin del Apartheid a mediados de los 90. El abandono de las políticas de segregación racial por parte de los sucesivos gobiernos sudafricanos supuso un punto de inflexión también para la industria del vino. Asimismo los esfuerzos implementados por las bodegas en materias tales como la certificación de viticultura sostenible con la biodiversidad y el medio ambiente o la certificación de prácticas éticas respecto a las condiciones laborales, persiguen dignificar la imagen del país ante los mercados exteriores más sensibles. La apertura de nuevos destinos comerciales y el definitivo levantamiento de las estrictas normas de la KWV han permitido la entrada de nuevas ideas en las bodegas y han conseguido posicionar al vino sudafricano en el mercado internacional, aunque no resulta sencillo dejar atrás la etiqueta de vinos baratos y de gran volumen.


El sistema de clasificación Wine of Origin (WO) por el que se rigen la totalidad de los vinos sudafricanos fue diseñado en 1973. A diferencia de lo que sucede en las denominaciones de origen españolas, no existe regulación alguna en cuanto a variedades de uva, técnicas de vinificación, tiempos de crianza ni nada similar. Todo el esfuerzo se concentra en la identificación de las zonas geográficas en función de los suelos, la orientación y los mesoclimas. La clasificación comienza con las áreas más grandes denominadas "unidades geográficas", en número total de seis, aunque sin duda la más conocida es Western Cape. Le siguen las "regiones", que a su vez se dividen en "distritos", en cuyo interior se diferencian un número indeterminado de "wards" o zonas geográficas con condiciones geológicas y climáticas especiales que les proporcionan una identidad propia. Por último nos encontramos los "estates", viñedos no fragmentados propiedad de una sola bodega. Todo este complejo entramado obliga a los productores a cumplir con un estricto programa de documentación que garantice la trazabilidad, algo que tiene sentido para vinos de gran calidad pero que supone un severo inconveniente en el caso de los vinos más económicos. Por si fuera poco, el tránsito documental hacia las áreas más pequeñas no lleva aparejado una mayor calidad -es tan sólo un signo de identidad- de modo que no quiere decir que un vino etiquetado con el nombre de un ward vaya a tener más calidad que otro etiquetado como procedente de Western Cape, tan sólo para poner un ejemplo.
 

La inmensa mayoría de países productores de vino intentan abanderar el cultivo de al menos una variedad de uva y no tardan en calificarla como autóctona. Es una simple consecuencia de la mentalidad humana con el fin de diferenciarse del vecino. Son de sobras conocidos los casos de la Malbec en Argentina y de la Tannat en Uruguay. Sudáfrica eligió para desempeñar ese papel a la Pinotage, una variedad tinta resultante de la hibridación entre Pinot Noir y Cinsault -también denominada Hermitage- realizada en tierras sudafricanas en 1924 por Abraham Izak Perold, profesor de viticultura de la Universidad de Stellenbosch. Jugar a ser Dios tiene sus riesgos, de manera que de dos uvas de piel fina y escaso color, se obtuvo sorprendentemente una variedad de hollejo grueso de la que se obtienen vinos de capa profunda y marcada astringencia, aún a pesar de retirar los hollejos antes de que termine la fermentación y de microoxigenar la mezcla. Tan sólo los monovarietales elaborados con uvas procedentes de viñedos viejos en vaso alcanzan los niveles de elegancia que se les debería exigir y todo ello siempre que el trabajo en bodega sea impecable. En la práctica, es complicado encontrar pinotages de calidad, más aún fuera de Sudáfrica. Tal vez por eso se han popularizado en los últimos años los conocidos como Coffee Pinotage, un estilo de vino muy comercial con aromas a toffee y capuccino, mucho más agradable para el consumidor medio aunque con un sospechoso maquillaje conseguido con la adición de duelas de roble tostadas durante la fermentación del mosto. La segunda vía por la que Sudáfrica ha decidido presentar su querida Pinotage al mundo son los vinos denominados Cape blend, ensamblajes con variedades francesas -Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Petit Verdot- en los que la casta sudafricana debe ser mayoritaria en el coupage y representar entre un 30% y un 70% del total.


Sin duda resultan mucho más atractivas las tradicionales French-style blends -mezclas bordelesas- o incluso los vinos GSM style -Garnacha, Syrah, Monastrell- tan populares y exitosos en el Ródano. Las variedades blancas más representativas, tanto en vinos monovarietales como en ensamblajes, son la Sauvignon Blanc, la Chenin Blanc, la Chardonnay y la Semillon. Como curiosidad añadiremos que existe en tierras sudafricanas una mutación autóctona de esta última -Semillon Gris- tan escasa como peculiar. Por último, hablaremos brevemente de los desconocidos vinos espumosos sudafricanos. Cap Classique es la asociación que agrupa a 82 productores de vinos espumosos de calidad, sin restricción alguna en cuanto a variedad de uva utilizada. Sí se exige vendimia manual, prensado de racimos enteros, mosto procedente sólo del primer prensado, segunda fermentación en botella y un periodo mínimo de crianza en botella de 12 meses.

Pues bien, si la lectura ha conseguido mantener el interés hasta este punto del artículo, el premio consiste en tener acceso a nuestras notas y opiniones acerca de los vinos que tuvimos el privilegio de catar en aquella interesantísima jornada. Como siempre nos gusta decir: pasen y disfruten, queridos lectores...




GRAHAM BECK VINTAGE COLLECTION BLANC DE BLANCS BRUT 2017
Cap Classique. 100% Chardonnay. Espumoso elaborado siguiendo el método tradicional de segunda fermentación en botella. Vendimia manual temprana en búsqueda de frescura. Uva procedente de viñedos sobre suelos calizos, una rareza dentro del distrito de Robertson, un ancho valle con orientación hacia el Océano Índico. Parte del vino no realiza maloláctica y al menos la mitad realiza 5 meses de crianza en barrica. 48 meses de crianza en total. Brioche, cítricos, mantequilla. Muy cremoso en boca, con algo más de cuerpo que champagnes y cavas con los que comparte método de elaboración. Cifras de producción y exportación en claro incremento. Los espumosos Cap Classique son quizás los vinos sudafricanos comercialmente con más potencial en la actualidad.


KLEIN CONSTANTIA VIN DE CONSTANCE 2018
WO. Constantia. 100% Muscat de Frontignan. Actual recreación del histórico vino dulce que -según se cree- Napoleón hizo que le llevaran durante su destierro en la isla de Santa Elena. Uva vendimiada entre principios de febrero y mediados de abril, a lo largo de 21 fechas diferentes de recogida, buscando el equilibrio entre la acidez, la maduración y el contenido en azúcares. Realización de múltiples elaboraciones -inoxidable, barricas de diferentes tamaños, tipos de roble y grados de tostado- hasta llegar al secreto coupage final. Por si fuera poco, se le somete a tres años de crianza posterior. El resultado es un vino naturalmente dulce, visualmente de un precioso color dorado, opulento y apabullante en nariz, denso y meloso en boca, aunque con una excelente acidez y una complejidad sin igual. Una auténtica delicia. De su precio nada comentaremos -no resulta elegante hablar de dinero- porque como alguien dijo alguna vez, si se necesita preguntar cuánto cuesta, tal vez no nos lo podamos permitir...


DIEMERSDAL SAUVIGNON BLANC 2020
WO. Cape Town. 100% Sauvignon Blanc. Sin crianza en roble. Viñedos situados en las colinas de Durbanville sobre suelos de arenisca al norte de Ciudad del Cabo, zona más fresca por la influencia de los vientos y brisas procedentes del Atlántico, a no más de 10 kilómetros de distancia. Herbáceos, cítricos y una marcada acidez, un estilo de Sauvignon Blanc muy particular de Cape Town, más refrescante y menos tropical que los elaborados en Nueva Zelanda. Correcto y asequible.


THORNE & DAUGHTERS SNAKES & LADDERS 2020
WO. Citrusdal Mountain. 100% Sauvignon Blanc. Fermentación de racimos enteros y crianza sobre lías en barrica de roble durante 9-10 meses. Amarillo dorado medio. Tarta de manzana y tostados, sobre un ligero fondo de reducción. Notable presencia de la crianza. Un irreconocible Sauvignon Blanc con una excelente evolución al oxigenarse en la copa. Muy agradable y elegante.


RALL WINES WHITE 2019
WO. Coastal. Ensamblaje de tres variedades de uva: Chenin Blanc, Verdelho y Viognier (68-28-4) procedentes de Swartland y Stellenbosch. Discreta crianza en barrica de roble francés de varios usos. Cítricos y manzanas. Marcada acidez y posibilidad de guarda. Alejado de nuestros gustos.


CAP MARITIME CHARDONNAY 2018
WO. Hermel-en-Aarde Ridge. Área de producción emergente, escindida de Walker Bay y subdividida a su vez en tres surregiones o wards, con diferencias en altitud y en composición de los suelos. 100% Chardonnay. 14 meses de crianza en barricas de roble nuevo y huevos de cemento. Yogur de limón y frutas de pepita. Imposible diferenciarlo de otros Chardonnays de Nuevo Mundo. Fresco en nariz y elegante en boca, un estilo más borgoñón, aunque con menos acidez que los citados vinos franceses. Elegir entre el original o la copia depende de lo que estemos dispuestos a pagar.


KEERMONT VINEYARDS RIVERSIDE CHENIN BLANC 2018
WO. Stellenbosch. 100% Chenin Blanc. 11 meses de crianza en barricas usadas de roble francés. Elaborado siguiendo principios de enología de mínima intervención. Acidez media. Mieles y frutas de pepita. Ligerísimo resto de azúcar. Cremoso y amable en boca. Un magnífico representante de los exitosos monovarietales de Chenin Blanc elaborados en Sudáfrica. 


RICHARD KERSHAW CLONAL SELECTION PINOT NOIR 2018
WO. Elgin. 100% Pinot Noir. Vendimia manual y fermentación espontánea en depósitos abiertos. Vinificación por separado de diferentes clones de Pinot Noir. 11 meses de crianza en barricas de diferentes capacidades y en huevos. Rojo cereza de capa baja, limpio aunque con un aspecto algo más evolucionado de lo deseable. Recuerdos a carne ahumada, pétalos de rosa marchitos y tierra húmeda. Algo licoroso. De nuevo un estilo borgoñón bastante acertado -la fresca climatología de Elgin así lo determina- pero que sin embargo no alcanza al original. Buen intento.


AA. BADENHORST RED 2019
WO. Swartland. Syrah, Cinsault, Tinta Barroca, Garnacha Tinta y Touriga Nacional (35-31-17-13-4). Vendimia efectuada el mismo día para todas las variedades por igual, lo cual ya indica que el elaborador sabe bien lo que hace aunque asume sus riesgos. Semimaceración carbónica de parte de la uva, dejando entre 3 y 6 meses el mosto en contacto con pieles. Posterior crianza durante 16 meses en barricas usadas. El resultado es algo similar a un "field blend", aunque en realidad las uvas proceden de parcelas diferentes. Capa media con ribete granate. Cerezas, lácticos, chocolate con leche. Ligeramente astringente en boca que hace sospechar algo de verdor, exceso de raspón o más posiblemente ambas cosas. Corte moderno e internacional. Muy curioso.


CHAMONIX WREYWACKE PINOTAGE 2017
WO. Franschhoek. 100% Pinotage. 18 meses de crianza en una combinación de barricas nuevas y usadas. Monovarietal de esta casta tinta resultado de la hibridación entre Pinot Noir y Cinsault -también denominada Hermitage- realizada en tierras sudafricanas a principios del siglo XX, de manera que de dos uvas de piel fina y escaso color, se obtuvo sorprendentemente una variedad de hollejo grueso de la que se obtienen vinos de capa profunda y marcada astringencia, aún a pesar de retirar los hollejos antes de que termine la fermentación y de microoxigenar la mezcla. Por si todo ello no fuera suficiente, en el vino que nos ocupa se efectúa una semimaceración carbónica y además parte de las uvas se deshidratan antes de ser añadidas al vino sin terminar. El resultado no puede ser más incómodo: frutas rojas, negras y frutos secos tostados en nariz, pero en boca presenta un desagradable y prolongado amargor final. Imposible para nosotros.


KANONKOP KADETTE CAPE BLEND 2019
WO. Stellenbosch. Pinotage, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc (44-29-25-2). Vinificación en depósitos de cemento. Crianza durante 12 meses en barricas usadas. Un vino correcto pero sin atractivo alguno, con ese amargor identitario de la Pinotage todavía muy presente, aunque algo más domesticado. En nuestra opinión el estilo cape blend parece más un intento de aprovechamiento de la difícil Pinotage que una búsqueda de la excelencia. En estos coupages la casta sudafricana debe ser mayoritaria y habitualmente se acompaña de variedades francesas, en una nada exitosa reinterpretación de los tintos del Ródano.


DE TRAFFORD ELEVATION 393 2012
WO. Stellenbosch. Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc (32-31-19-18). Crianza durante 23 meses en barrica nueva. Nariz rica en balsámicos y mentolados, con una marcada presencia de piracinas. Como es lógico con ese ensamblaje tan multitudinario, carece por completo de tipicidad varietal. Tampoco goza de identidad geográfica, un estilo muy bordelés que no permite reconocerlo como un vino de Nuevo Mundo, lo cual casi nos parece más un halago que una crítica. Bien elaborado.


Damos por terminado este viaje tan interesante como intenso por tierras sudafricanas. Agradecemos una vez más a Grape Bebop la posibilidad de darnos a conocer vinos procedentes del otro lado del mundo con la comodidad añadida de poder realizarlo sin tener que desplazarnos fuera de nuestra ciudad.

Próximo destino: Hungría


NOTA: Para la redacción del presente artículo nos hemos ayudado de la información proporcionada por Grape Bebop durante nuestra asistencia al seminario, así como de algunas imágenes compartidas en redes sociales, en particular imágenes de ciertas etiquetas, imprescindibles en nuestra opinión para documentar adecuadamente los vinos catados. Nuestro más sincero agradecimiento.