martes, 11 de diciembre de 2018

> Visita a Bodegas Franco-Españolas: historia viva de Rioja




Desde hace tiempo nos rondaba por la cabeza la idea de visitar la bodega más céntrica de Logroño. Indudablemente su ubicación no ha variado desde sus orígenes, más bien ha sido el desarrollo urbanístico de la capital de La Rioja el que ha conseguido situarla a poco más de diez minutos a pie desde la puerta de la Concatedral de Santa María de la Redonda o desde la célebre calle Laurel. Es posible ir en coche pero el trayecto adolece del encanto de pasear por el Puente de Hierro que cruza el Ebro sobrevolando sus riberas, transformadas a día de hoy en unos magníficos y cuidados parques.


La bodega al final del Puente de Hierro, al fondo la Sierra de Cantabria

Preciosas vistas del río Ebro y sus riberas

En 1890, tan sólo unos pocos años después de la inauguración de dicho puente, con la imperativa necesidad de buscar territorios aptos para la elaboración de vinos lo suficientemente alejados de la plaga de filoxera que asolaba el viñedo francés a finales del XIX, el bordelés Frederick D´Anglade con dos socios franceses y seis riojanos funda Bodegas Franco-Españolas. La añoranza a su Burdeos natal influyó en el diseño inicial de las instalaciones: edificaciones de piedra de sillería tipo chateau a orillas de un cauce fluvial importante y con el viñedo a salvo de los temporales atlánticos protegido por la imponente silueta del "león dormido" -sobrenombre por el que se conoce a la Sierra de Cantabria- complementando la construcción con la sucesiva excavación de unos interminables calados subterráneos abovedados hasta llegar a los 60000 metros cuadrados de superficie en la actualidad. Como cabría esperar, D´Anglade y sus socios no pudieron traerse las variedades de uva bordelesas, pero sí sus técnicas de vinificación y sobre todo sus procedimientos de crianza. De no haber sido por ellos y por muchos otros que se decidieron a cruzar los Pirineos, la elaboración de vinos en España nunca hubiera dado el salto cualitativo que supuso el empleo de las barricas de roble.


Vidriera gótica en la sala de elaboración

En tierras francesas sufriendo las acometidas de la filoxera quedaron la Cabernet Sauvignon y la Merlot, de manera que aquellos empresarios aventureros tuvieron que comenzar a elaborar vino con las variedades autóctonas riojanas -Tempranillo y Viura- y a la vista de los años que han pasado desde entonces y del éxito obtenido no parece que se les diera nada mal. En la moderna sala de elaboración de Bodegas Franco-Españolas, en el extremo de una doble hilera de depósitos de acero inoxidable de 66000 kilogramos de capacidad cada uno, llama la atención del visitante una preciosa vidriera que bien podría hallarse en una catedral gótica. En ella se representan los escudos nobiliarios de Burdeos y de Logroño, unas casitas tipo chateau, la Sierra de Cantabria, la reproducción de la cara del dios Baco, así como los rostros de dos mujeres, una de tez blanca representando a la Viura y otra de tez morena representando a la Tempranillo, en un sincero homenaje al pasado, a la tradición y a la tierra.  

Imagen y colores modernizados

A lo largo del siglo XX la bodega cambió de propietarios en varias ocasiones -formó parte junto con otras bodegas de la red de empresas de Rumasa- hasta que en 1984 fue adquirida por Marcos Eguizabal, exitoso empresario riojano que incluso llegó a ser presidente del Club Deportivo Logroñés. Tras su fallecimiento en 2009 y después de un periodo de transición, su nieto Borja le sustituyó definitivamente en 2016 al frente del grupo bodeguero que lleva con orgullo su apellido y en la actualidad elabora cada año 5 millones de litros de vino en Rioja y 400.000 en Ribera del Duero. Esta savia nueva que circula entre las barricas de Franco-Españolas es la responsable de la modernización en la imagen de sus vinos. Se mantienen sus dos marcas míticas, Diamante y Bordón, si bien pueden apreciarse cambios graduales en sus etiquetas. También la elaboración de nuevos vinos, como el blanco semidulce Talla de Diamante o el crianza RB, orientan en las futuras tendencias hacia vinos más frutales y ligeros, sin renunciar a la elaboración tradicional de reservas y grandes reservas, vinos que antaño fueron conocidos como "finos de Rioja".


Antigua sala de elaboración

La visita enoturística propiamente dicha se inicia en una espectacular sala subterránea ocupada por tinos de roble de 33000 kilogramos de uva de capacidad, actualmente en desuso, con finalidad exclusivamente decorativa, ubicados bajo una gran sala dedicada a eventos -bodas, comuniones, semana de la moda- porque también en ese aspecto Bodegas Franco-Españolas están revolucionando sus actividades comerciales. Y no es de extrañar que así lo hayan decidido, porque si alguien dispone de una bonita bodega lo más inteligente es mostrarla al público y ponerla a disposición de quien desee disfrutarla.


Una de las salas subterráneas de crianza

Sala de la Virgen de Valbanera

No existe una única sala de crianza en Bodegas Franco-Españolas que albergue las aproximadamente 11000 bordelesas de 225 litros que integran el parque de barricas. Los kilométricos calados subterráneos esconden barricas en todos los rincones y sólo el personal de la bodega sabe qué vino reposa en una sala, y lo más importante, por qué en esa y no en otra. A pesar de que para el visitante la temperatura y el grado de humedad parezcan constantes, la realidad es bien diferente: la profundidad del calado, la cercanía al vecino lecho fluvial del río Ebro, la antigüedad de las piedras... todo parece tener influencia. Tal vez por lo que representa, una de las más queridas es una pequeña sala de crianza presidida por la imagen de la Virgen de Valbanera, patrona de La Rioja, a quien se tiene por costumbre ofrecer el primer mosto del año, y con certeza que así lo hará hasta el bodeguero menos creyente, por lo que pueda pasar...


Bitartratos

El uso medio de cada barrica es de 7 años y emplean roble americano, roble francés y mixtas -tapas de francés y duelas de americano- destinándose estas últimas a la crianza de los tintos más modernos. Las barricas una vez superada su vida útil se venden a bodegas jerezanas y a destilerías para el añejamiento de whisky. También los bitartratos -sedimentos que quedan en las barricas después de realizar los trasiegos- se aprovechan dándoles como destino la elaboración de sal de vino y de productos cosméticos. Asimismo, los corchos se donan a una asociación benéfica que fabrica con ellos motivos decorativos. 

Bordón, marca icónica de la bodega

La gama Bordón tan sólo realiza crianza en roble americano. Podríamos decir que dichos vinos siguen la elaboración más tradicional riojana. Por cierto, una curiosidad. Después de pasarnos media vida preguntándonos de dónde provenía dicha marca y si tenía alguna significación, nuestra amable guía durante la visita -Isela, profesional y cercana a partes iguales- por fin resolvió nuestras dudas. Un "bordón" es un báculo, un bastón de peregrino, en recuerdo de los muchos que han transitado y transitarán por las proximidades de Logroño en su viaje hacia Santiago de Compostela. También fonéticamente "bordón" guarda cierta similitud con Bourdeaux, lugar de procedencia de Frederick D´Anglade, fundador de la bodega.


Botellero Meninas

El trono de la vid y Bordón Crianza

El vino terminado y embotellado se conserva también bajo tierra, bien en jaulones metálicos, bien siguiendo el sistema de apilamiento tradicional riojano a lo largo de una pared. Este segundo método es el que se emplea en el Botellero Meninas, una curiosa sala que armoniza modernidad y tradición. Una representación del famoso cuadro de Velázquez, tuberías pintadas con colores que recuerdan a las gamas cromáticas de los vinos según su crianza y en un lugar preeminente una peculiar obra de arte actual que representa a una vid en su trono y que desde luego a nadie deja indiferente.


Retrato de Ernest Hemingway durante su visita a la bodega

Tal y como reza alguna imagen promocional de la bodega, sin duda Franco-Españolas son historia viva de Rioja y de España. El rey Alfonso XIII las visitó en dos ocasiones, a sus puertas hay tomadas fotografías durante la Guerra Civil y por sus calados paseó el célebre periodista y escritor estadounidense Ernest Hemingway en el año 1956,  quien incluso llegó a nombrar los vinos de Franco-Españolas en alguna de sus obras. 

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos que tuvimos ocasión de probar durante la visita.


Talla de Diamante

TALLA DE DIAMANTE
Viura y Chardonnay (80-20). Blanco semidulce sin crianza que no pretende desplazar al Diamante original sino más bien completar la gama. Escasa producción de venta exclusiva en bodega. Vino muy novedoso y original, ya que la Chardonnay fue autorizada por el Consejo regulador de la DOc. Rioja hace poco más de 10 años, de manera que existen pocos viñedos productivos de esta casta francesa. Amarillo tenue con ribete ligeramente verdoso. Frutas de pepita y flores blancas con un fondo de bollería. Entrada dulce en boca, meloso y sensual, dejando paso una acidez media que le aporta frescura y agilidad. Nada pesado, más bien al contrario. Postgusto medio largo.


RB, un crianza moderno

RB
Crianza moderno, con más protagonismo de la fruta y barrica menos presente. Monovarietal de Tempranillo con permanencia de 12 meses en barrica mixta de roble americano y francés. 70000 botellas anuales. Vino de autor. Capa media con ribete rubí. Cerezas y vainillas. Yogur de fresa y suaves tostados. Créme Brûlée (azúcar quemado). Acidez media. Estructura perfecta. Astringencia media-alta. Ligero amargor final que recuerda al café. Postgusto medio-largo, muy balsámico.


Bordón Gran Reserva, sobriedad y elegancia

BORDÓN GRAN RESERVA
Vino clásico de la bodega y de Rioja en general. Ensamblaje típico riojano con predominio de la Tempranillo acompañada de Graciano y Mazuelo (70-20-10). Larga permanencia en barrica de roble americano y francés, nada menos que 30 meses de crianza, con posterior redondeo en botella durante 36 meses más. Visualmente de color granate de capa media con ribete teja. Una sinfonía de aromas en nariz, enormemente complejo, predominando como es lógico las notas de crianza (tabaco, cuero, hojarasca) sin olvidar esos recuerdos de fruta negra desecada y en licor.

Por lo que suponen de historia y tradición, por la calidad de sus vinos añada tras añada y por su privilegiada ubicación, Bodegas Franco-Españolas representan sin duda el complemento ideal para una breve visita a la capital de La Rioja. 



martes, 30 de octubre de 2018

> Visita a Bodega Picos de Cabariezo




Siempre resulta placentero dar una vuelta por el Valle de Liébana (Cantabria) y poco o nada importa si la climatología no termina de acompañar. El paisaje es bonito en cualquier época del año e incluso en un día gris y lluvioso tiene su encanto, por ejemplo para dar un paseo por Potes, disfrutando de su arquitectura medieval y de las riberas del Deva. Remontando su cauce unos kilómetros se llega hasta Fuente Dé, donde la carretera muere exactamente en el aparcamiento del teleférico. Subir hasta la cota de los 1850 metros en poco más de tres minutos es una experiencia sobrecogedora, casi tan espiritual como venerar el Lignum Crucis durante la visita del Monasterio de Santo Toribio. A cambio, el precio que debe pagar el visitante es un prolongado trayecto en coche por una virada carretera encajonada entre murallas de roca en el Desfiladero de La Hermida. Y sin duda el peregrinaje vale la pena...


Vista del Deva a su paso por Potes

La comarca de Liébana goza de una climatología privilegiada y un microclima más que benigno, gracias a su peculiar orografía, rodeada de elevadas sierras y cumbres que la mantienen a salvo de los temporales atlánticos. Los Picos de Europa al norte, la Peña Sagra al este y los altiplanos palentinos de Aguilar de Campoo que comunican con la meseta castellana más al sur, delimitan un marco ideal para determinados cultivos como las cerezas, las ciruelas y las manzanas, porque aunque parezca mentira, su altitud media supera por muy poco los 300 metros sobre el nivel del mar. 



Peña Sagra nevada


Entrada a la bodega y destilería Picos de Cabariezo

Liébana fue siempre una antigua región elaboradora de vinos, particularmente de la variedad Mencía, esa uva peregrina es el común denominador con la comarca leonesa del Bierzo y también con otras zonas geográficas del norte de España. Sus vinos se comercializaban a granel o bien se destinaban al autoconsumo y en realidad se consideraban algo así como un subproducto, un mal necesario para obtener el raspón con el que elaborar el orujo, último y verdadero fin del cultivo de la vid en esas tierras. En el año 2000, tres amigos decidieron plantar nuevos viñedos en las laderas que circundan la localidad de Cabezón de Liébana, así como recuperar viñas viejas abandonadas y unos años más tarde en 2007 crearon la Compañía Lebaniega de vinos y licores, levantando una pequeña bodega y una destilería. Su audacia -tal vez también su irresponsabilidad- les llevó a convertirse en la primera bodega elaboradora de tintos en Cantabria y sacaron al mercado un tinto joven y otro con crianza bajo la marca Picos de Cabariezo, acerca de los cuales fuimos pioneros en escribir una entrada anterior allá en el lejano año 2014, vinos todavía un poco imberbes en aquel entonces. 

Entorno de la bodega

Alquitaras de cobre


En la actualidad la bodega cuenta con 70 hectáreas de viñedo, han incorporado nuevas variedades de uva y han ampliado su catálogo a vinos blancos y a vinos de autor. Poco a poco van consiguiendo su cuota de mercado, con una sólida implantación comercial en Liébana -particularmente en la preciosa y turística localidad de Potes- escasa presencia en el resto de Cantabria y absolutamente nula penetración en el resto del mercado nacional. Sin prisa pero sin pausa, su recorrido empresarial no puede resultar más exitoso y no sólo por la bodega. La destilería sorprende cada año lanzando nuevos productos, siempre elaborados siguiendo el método tradicional de la destilación en alquitara de cobre. Un whisky y una ginebra rosa han sido sus últimas novedades a añadir a los conocidos orujos y aguardientes. 

Cata durante la visita. Detrás, un mundo de destilados

También el capítulo del enoturismo ha sido explorado por la empresa, siendo en realidad la forma más cercana de dar a conocer su manera de trabajar. Las visitas a la bodega-destilería deben ser reservadas con antelación y aunque los grupos no suelen ser pequeños, se compensan esas posibles incomodidades con la amabilidad del personal de la bodega. No es extraño que quien realice las labores de guía durante la visita sea uno de los tres socios de la empresa, lo cual aporta un valor sentimental añadido. El recorrido por las instalaciones lleva algo menos de una hora y concluye con una generosa cata, no sólo de vinos sino también de destilados, quesos, mermeladas y algún que otro producto de la "tierruca", como dicen por allí...

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones personales acerca de los vinos que se elaboran en Picos de Cabariezo.


Etiqueta del Alba de Picos


ALBA DE PICOS 
Gewürztraminer y Sauvignon Blanc en porcentajes desconocidos. 13000 botellas anuales. Sin paso por barrica. Amarillo verdoso limpio y brillante. Muy aromático. Flores blancas, algunas de ellas un poco marchitas. Frutas de pepita muy maduras. Recuerdo a melón francés y melocotón amarillo. Membrillo y corteza de limón. Ataque alcohólico. Acidez media-alta. Volumen medio en boca. Algo cálido, ligeramente descompensado. Postgusto medio-largo. Salino (?). Sutil amargor final, apareciendo de nuevo la corteza de limón.


Hielu de Picos (centro)

HIELU DE PICOS 
Monovarietal de Gewüztraminer sobremadurada, elaborado siguiendo la inspiración de los eiswein alemanes, icewine canadienses y en los vins de glace franceses. 2000 botellas anuales. Amarillo dorado de capa media. Mieles, dulce de membrillo e incluso unos tímidos hidrocarburos. Dulce aunque nada pesado gracias a la rica acidez que mantiene. Muy versátil en cuanto al maridaje: pescados, foie o simplemente en buena compañía. Tan sólo tiene un defecto, el tamaño de la botella de medio litro siempre resulta insuficiente.


Picos Selección y sus hermanos junto a una cepa decorativa

PICOS SELECCIÓN
100% Mencía sin crianza. Flores azules, frutas rojas y lácticos. Notable acidez y astringencia demasiado evidente. Fresco pero algo agreste en boca.


Finca Morillas y cocido lebaniego. Pareja ideal...

FINCA MORILLAS
Mencía y Syrah (90-10) con 12 meses de crianza en barrica de roble francés. Probablemente el vino más comercial de la bodega. Excelente relación calidad-precio, no sólo en bodega sino también en la hostelería de la comarca. Rojo picota de capa media-alta con ribete rubí. Guindas y vainillas. Ataque alcohólico. Mermelada de ciruelas. Acidez media-alta y astringencia media. Muy frutal. Postgusto medio. Carácter gastronómico, ideal para acompañar los contundentes platos de cuchara de la zona.



EL MISTERIO
Vino top de la bodega, elaborado principalmente con Mencía procedente de viñedos prefiloxéricos situados a 700 metros de altitud y con escasa productividad, bastante alejada de los 3-4 kilogramos por cepa tan habituales en el resto de parcelas. Vinificado íntegramente en roble, sin contacto con inoxidable, fermentación en tinos y crianza posterior en barricas de roble francés. Coupage secreto y cambiante en cada añada. 

Lo dicho, un misterio...



lunes, 15 de octubre de 2018

> Cata de Bodega Otto Bestué en El Sitio de Eugenia




En los archivos documentales de Bodega Otto Bestué se conservan escritos relativos al cultivo de la vid en esa zona del Somontano desde el año 1640. Las tierras que en la actualidad proporcionan las uvas para la elaboración de sus vinos son las mismas que trabajaron los antepasados de la familia propietaria, descendientes de aquel matrimonio -indudablemente por amor- entre los herederos de las dos familias propietarias de más hectáreas de viña en la localidad de Enate, los Otto y los Bestué. En la bodega primitiva se vinificó durante siglos hasta el momento de su venta, materializándose el traslado definitivo a las nuevas y modernas instalaciones actuales a finales de los años noventa. 

Viñedos. Fuente: Facebook de la bodega

A día de hoy cuentan con 45 hectáreas de viñedo en propiedad, todas ellas en la margen derecha del río Cinca, repartidas en un total de cinco fincas conocidas como La Mezquita, La Sierra, El Plano, Finca Rableros y Finca Santa Sabina, algunas de las cuales dan nombre a sus vinos. Como es habitual en la DO. Somontano, cultivan variedades foráneas (Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Chardonnay, Gewürztraminer) y autóctonas (Tempranillo y Garnacha). Elaboran una media de 150000 botellas anuales, prácticamente la mitad de lo que estaría autorizado por el Consejo Regulador teniendo en cuenta la superficie de viñedo, lo cual permite que nos hagamos idea del modo en que prima la calidad sobre la cantidad a la hora de tomar decisiones técnicas dentro de la bodega. Se realizan vinificaciones independientes por variedades y por parcelas, los muestreos en campo y las pruebas de maduración decretan el momento óptimo para realizar la vendimia, manual o mecanizada según las parcelas. Llama la atención el porcentaje de su producción que se destina a ser exportado -prácticamente el 90% desde el inicio de su andadura empresarial- aunque encontramos una posible explicación en el apoyo inicial a cargo de un importador holandés con el que contó el proyecto desde prácticamente el principio del mismo.


Vinos protagonistas de la cata

El catálogo de vinos de la bodega es amplio pero no inabarcable. Dos blancos sin crianza, el Bestué Blanco elaborado con Chardonnay y el Bestué Marina, monovarietal de Gewürztraminer, un éxito absoluto de ventas -particularmente el segundo- pues quedó completamente agotado a los pocos meses de salir al mercado. El Bestué Rosado (Tempranillo-Cabernet 50/50) y el Bestué Joven tinto sin crianza (Syrah-Garnacha 60/40) cierran el catálogo actual de los vinos sin paso por barrica. Los dos tintos con crianza en roble tiene nombre de parcela: el Finca Rableros y el Finca Santa Sabina se elaboran con Cabernet Sauvignon y Tempranillo, en diferente proporción según las variedades plantadas en cada una de las fincas. Hay además dos nuevos vinos proyectados para el año próximo y que actualmente se encuentran en fase de elaboración: un monovarietal de Garnacha y un blanco de Chardonnay fermentado en barrica. Estaremos atentos...


Detalle de la etiqueta. Fuente: web de la bodega

Las etiquetas de los vinos de Bodega Otto Bestué resultan inconfundibles. Pertenecientes a la colección de imágenes antiguas de Ricardo Compairé, pionero fotógrafo oscense del siglo pasado, son en realidad un permanente homenaje a los antepasados que cultivaron esas mismas tierras, constituyendo por sí mismas un catálogo etnográfico de los usos, costumbres y actividades agrícolas de hace muchos años. En sentido estricto, las labores del campo y de la bodega siguen siendo las mismas de entonces, aunque es evidente que los avances científicos y la tecnología han introducido cambios significativos en la manera de trabajar. Resulta interesante echar de vez en cuando la vista atrás -y no hay mejor manera de hacerlo que observar una de estas etiquetas- para no olvidar nuestros orígenes y recordar que si hemos llegado hasta aquí es en parte gracias a todos aquellos que nos precedieron.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata de los vinos degustados en esta ocasión, así como la armonización propuesta para cada uno de ellos por El Sitio de Eugenia.


Bestué Blanco 2017

BESTUÉ BLANCO 2017
100% Chardonnay. Sin crianza. Elaborado exclusivamente en inoxidable, sin contacto con roble aunque con un esmerado trabajo sobre lías. 20000 botellas anuales. Botella bordelesa, transparente hasta hace poco tiempo y recientemente sustituida por otra de color caramelo, mucho más acorde a la calidad del vino. Cierre de rosca para exportación y corcho natural para el mercado nacional. Amarillo tenue con ribete acerado. Muy aromático, más frutal que floral (manzana, piña y albaricoque). Acidez media-alta. Cremoso y untuoso. Muy persistente. Sutil amargor final. Impecable monovarietal de Chardonnay del Somontano. Excelente el maridaje con trucha ahumada y huevas.


Finca Rableros 2015

FINCA RABLEROS 2015
Tempranillo y Cabernet Sauvignon (85-15). 7 meses de crianza en barrica de roble francés para la Cabernet Sauvignon y de roble americano para la Tempranillo. Rojo cereza de capa alta con ribete rubí. Ataque algo alcohólico. Ciruelas y especias blancas. Toffe, caramelos de café con leche y cacao en polvo. Acidez media-alta. Astringencia media. Postgusto medio. Tiene de todo y en su justa medida. Sin defectos. Excelente relación calidad-precio. Arriesgado aunque sobradamente exitoso el maridaje con puerros a la brasa confitados en aceite y pimientos del piquillo.


Finca Santa Sabina 2015

FINCA SANTA SABINA 2015
Cabernet Sauvignon y Tempranillo (70-30). 13 meses de crianza en barrica de roble francés para la Cabernet Sauvignon y de roble americano para la Tempranillo. Rojo picota de capa alta con menisco granate. Inicialmente poco expresivo en nariz. Fruta negra, y especias dulces (vainilla). Fondo balsámico y mentolado. Gana enteros en boca. Cremoso, sabroso y muy elegante. Astringencia media. Todavía con recorrido en botella. Postgusto tal vez un poco corto, algo más de persistencia cabría exigirle a un vino de este estilo. Muy acertado el maridaje con queso y embutidos.

Como ya hemos dejado escrito en alguna otra ocasión, las catas en El Sitio de Eugenia son más bien reuniones de amigos en torno a una copa de vino. El reducido tamaño de los grupos, el ambiente relajado y cercano, la cordialidad de Eugenia y su exquisito criterio en las armonizaciones de los vinos, consigue lo que parece sencillo pero no lo es tanto, que los asistentes nos sintamos como en casa.

Hasta la próxima...


Foto de grupo

martes, 9 de octubre de 2018

> 1ª Experiencia Verema en Zaragoza




Resulta curioso que hayamos tenido que esperar tantos años para poder disfrutar en tierras aragonesas de un evento tan interesante como Experiencia Verema. La envidia nos corroía cuando leíamos cada año las nuevas sedes que se iban incorporando y observábamos con incredulidad -conste que sin ninguna animadversión por nuestra parte- que ciudades como Bilbao, Alicante o Marbella eran las elegidas para incluirse en este consolidado road-show enológico, quedando Zaragoza año tras año relegada al papel de eterno aspirante, una provincia que cuenta con tres Denominaciones de Origen (Cariñena, Calatayud y Campo de Borja) a las que podríamos añadir la oscense DO. Somontano, nada menos que cuatro  DOs en una misma y humilde comunidad autónoma.


Men in black. Men in wine...

Por fin en este año 2018 se ha hecho justicia y el primer día del mes de Octubre se celebró en los amplios y luminosos salones del Hotel Reina Petronila la 1ª Experiencia Verema en la capital del Ebro. El proceso de inscripción lo realizamos on line sin ningún tipo de dificultad, tanto para obtener la entrada para el showroom como para conseguir plaza en las catas profesionales. La información acerca de las bodegas expositoras, los horarios y las normas de funcionamiento de la feria pudimos igualmente extraerlo de la web de Verema, mecanismo ágil y eficaz, casi imposible de mejorar. El control de acceso, la entrega de acreditaciones y copas, el servicio durante las catas, la infraestructura en los salones (mesas, servilletas, agua, escupideras), resultó absolutamente impecable. Nuestra más sincera enhorabuena a la organización. Se programaron tres catas profesionales (Rueda, Campo de Borja y Calatayud). Por motivos de horario, sólo pudimos asistir a las dos últimas, protagonizadas por vinos que en su mayor parte ya conocíamos. Nos hubiera gustado poder asistir a la primera, buscando quizás ese detalle diferenciador entre los verdejos vallisoletanos -aunque lo encontraríamos más tarde en uno de los stands- pero nos fue imposible. Hubiéramos preferido la realización de catas de vinos menos conocidos (Jerez, Arribes de Duero, Ribeira Sacra, Montsant, Extremadura) aunque las protagonizadas por las DO. Campo de Borja y Calatayud resultaron francamente didácticas y placenteras.


Pupitre de cata DO. Campo de Borja: "Alma de Terroir"

En la actualidad, la DO. Campo de Borja está inmersa en un interesante proyecto de zonificación de su territorio que ha sido bautizado como "Alma de Terroir". Con la colaboración de la Universidad de Zaragoza y la Politécnica de Madrid, desde el año 2012 se persigue la calificación de las tres subzonas históricas (alta, media y baja) mediante la búsqueda de esas diferencias edafológicas y orográficas que tengan traslación a las características organolépticas del vino. Las pruebas realizadas en campo han obtenido su correspondiente refrendo en laboratorio y ese es el modo en que se ha conseguido una clasificación en cinco diferentes unidades de terroir (UT) numeradas del 1 al 5, repartidas en distintas zonas geográficas desde la ribera del Ebro hasta las faldas del Moncayo. Así lo explicó José Ignacio Gracia, secretario del consejo regulador, en una amena presentación que precedió a la cata de ocho vinos monovarietales de Garnacha con muy diferentes formas de expresión. Los vinos correspondientes a añadas más cercanas -2015 y 2016- mostraron predominio de fruta roja acompañada de las correspondientes notas de crianza según el criterio de cada elaborador (tamaño de barrica, grado de tostado, número de usos, etc). No obstante, observamos cierta tendencia a elaborar vinos menos opulentos, ligeramente adelgazados si los comparamos con añadas previas, muy divertidos en fase olfativa, tal vez en un intento comercial de ensanchar la cuota de mercado, siguiendo la tendencia actual de menor extracción y menos presencia de las notas de crianza. El futuro ya está aquí...


Pupitre de cata DO. Calatayud: "Viñedo Extremo"

Para quien no la conozca, diremos que la comarca de Calatayud es una salvaje sucesión de barrancos, secos durante la mayor parte del año, que se desgajan desde montes que en ocasiones superan holgadamente los 1000 metros de altitud. Esta orografía violenta influye, como es lógico en los suelos y por lo tanto, también en el viñedo mayoritariamente integrado por Garnacha. En las partes más bajas, donde los nutrientes han sido arrastrados por el agua durante su filtración, las vides crecen y fructifican con generosidad. Sin embargo, en las crestas erosionadas y descarnadas durante decenios de baja pluviometría estival y severas heladas invernales, en esos suelos sin sustrato donde aflora la roca madre y la pizarra, sobreviven las viñas más viejas hundiendo las raíces en pos de su alimento. Son los "viñedos extremos" de los que habla la publicidad del Consejo Regulador de la DO. Calatayud, viñedos de escasa producción, avanzada edad y gran calidad. La reciente decisión de ampliar los límites de la DO para acoger municipios cercanos a la comarca de Daroca permitirá sumar no pocas hectáreas de viña vieja. Así como en otras ocasiones hemos comparado el Matarraña con la Toscana, sin duda la comarca de Calatayud podría considerarse el Priorat aragonés. 

La cata contó con la valiosa dirección del turolense Raúl Igual, mejor sumiller de España 2010 y propietario del Restaurante Yain, quien desgranó todos y cada uno de los detalles de un total de ocho vinos de la DO. Calatayud, siete de ellos monovarietales de Garnacha (un octavo vino incorporaba Tempranillo y salió ligeramente penalizado por ello). Las añadas 2015 y 2016 se nos antojaron muy correctas, con escasas diferencias entre todos ellos, quizás con una excesiva homogeneidad entre bodegas, siguiendo todas ellas el patrón de crianza cariñosa y poco invasiva, muy de moda en la actualidad, tan respetuosa con la fruta como insuficiente para pulir astringencia y taninos, lo cual perjudica a las garnachas bilbilitanas -en general de hollejo más grueso- si se las compara con las de Campo de Borja. En cualquier caso, resultó una cata técnica a la vez que entretenida.


Espumosos Edoné (Viñedos Balmoral)

En cuanto al showroom, a decir verdad, esperábamos algo más... Para el público venido de fuera de Zaragoza con certeza resultó interesante la presencia de cinco bodegas aragonesas, sobradamente conocidas por nosotros y cuyos stands por tanto no fueron de nuestro interés. Algo parecido nos sucedió con las bodegas pertenecientes a DOc. Rioja y DO. Ribera del Duero, elaboradoras todas ellas de vinos de gran calidad e impecable factura, aunque alejados de lo que andaban persiguiendo nuestros inquietos espíritus. Buscábamos cosas curiosas e incluso extrañas y con sinceridad nos costó encontrarlas. Por costumbre solemos comenzar catando algún vino con burbujas, de modo que nos acercamos al stand de Viñedos Balmoral elaboradores de vinos tranquilos y espumosos bajo la dirección técnica del enólogo francés Hervé Jestin en tierras manchegas. La línea Maravides engloba tres tintos y un blanco, sin embargo nuestra atención la captó su marca Edoné que incluye dos espumosos blancos y uno rosado. Crianza mínima de 24 meses en botella que se prolonga hasta 40 meses en el Edoné Gran Cuvée (Chardonnay y Pinot Noir) el más "afrancesado" de los tres, cremoso y elegante sin excesiva acidez, graso y untuoso favorecido sin duda por la crianza en roble francés de parte del vino base antes de ser embotellado para realizar la segunda fermentación. No probamos el Edoné Cuvée de María (Chardonnay) pero sí el Gran Cuvée Rosé (Tempranillo y Syrah), alegre, vivaz, divertido y muy refrescante, aunque algo menos gastronómico. 


Montesquius, cien años elaborando cava

Continuamos nuestro recorrido en busca de burbujas, y en ese chispeante devenir resulta imperativo hacer escala en alguna bodega de Sant Sadurní d´Anoia. La impresionante imagen de sus botellas nos hizo detenernos en el stand de Montesquius, bodega que precisamente este año cumple un siglo de vida, elaboradora de vinos tranquilos, aunque destaca por encima de todo, con la elaboración de sus cavas. Vitivinicultura ancestral -tal y como describe en su imagen corporativa- que no puede estar equivocada, por algo lleva un siglo aplicándose con éxito. Emplean prácticamente todas las variedades autorizadas por la DO. Cava, y la gama Montesquius 1918 conmemorativa del aniversario de la bodega, aúna calidad y trabajo bien hecho: selección en viñedo, cuidada elaboración de los vinos base y largas crianzas en botella. Se denominan como "Brut Nature Natural" porque no se realiza adición de azúcar en el licor de expedición, son cavas de siempre hechos con la tecnología de ahora. Particularmente nos enamoró el Rosé Doré Gran Reserva (Pinot Noir y Chardonnay), con mucha más personalidad que su hermano el Blanc de Blancs Gran Reserva (Xarel-lo y Macabeo), ambos cremosos y untuosos, con la burbuja fina e integrada hasta casi pasar desapercibida. Dos obras maestras embotelladas.


Monovarietales de Dehesa del Carrizal

Cambiamos de tercio visitando el stand de Dehesa del Carrizal, bodega de Castilla-La Mancha ubicada entre las cuencas del Tajo y del Guadiana que, precedida por su fama y su calificación como vinos de pago, hace tiempo que estábamos persiguiendo. Viñedos de edad media sobre suelos silíceos, plantación en espaldera, crianza en roble francés y variedades internacionales (aunque tampoco falta esa Tempranillo autóctona tan nuestra) son sin duda garantía de éxito comercial. Catamos sus tres tintos monovarietales, de imponente presentación en botella borgoñona casi negra de gran calidad y etiqueta sobria. Potente y muy gastronómico el Cabernet Sauvignon, un vino enorme de principio a fin, difícil de evaluar en cata sin el respaldo de algo de comida. Resultó más accesible el Syrah, menos voluminoso que el anterior, sabroso y especiado, a priori nuestro favorito. Sin embargo fue el Petit Verdot el ganador en esta rápida cata comparada, particularmente por su refrescante nariz, una explosión de hierbas aromáticas (tomillo, lavanda, espliego) y regaliz que dio paso a una boca llena de sabor frutal y sensaciones minerales. Sin duda uno de los mejores Petit Verdot que hayamos probado jamás.


Cissus, la sorpresa...

Se aproximaba la hora de cierre de la Experiencia Verema y continuábamos sin encontrar ese vino sorprendente y distinto que nos robara el corazón. Deambulando entre los stands, sin rumbo fijo, llegó a nuestros oídos una valiosa información gracias a un amigo. "Si buscas algo verdaderamente peculiar, prueba este vino", nos dijo murmurando, casi avergonzado. Obedientes, nos acercamos al stand de Bodega Tres Pilares (La Seca-Valladolid) y pedimos una copa de Cissus. En realidad no sabemos muy bien qué hacía ese vino allí, porque nuestras investigaciones posteriores nos han llevado a averiguar que está elaborado por Bodega Dominio del Blanco, un pequeño y joven proyecto dedicado íntegramente a la Verdejo. Y de un monovarietal de Verdejo se trataba, una rareza  limitada a 350 botellas bajo crianza oxidativa, nada menos que 30 meses de permanencia en barrica de roble francés sin battonage ni rellenados. Ese largo, casi eterno, periodo de crianza se traduce en un tercio de mermas en volumen. Por si fuera poco, se completa el redondeo con 8 meses más en botella. Corcho natural y cierre de lacre para que ni una molécula aromática se escape. El resultado es pura magia, un vino sorprendente que recuerda a Jerez, a Montilla-Moriles y a los blancos del Jura. Visualmente de un amarillo intenso, en nariz es un espectáculo de cáscara de frutas blancas desecadas, infusión de manzanilla con anís, recuerdos yodados, aromas fermentativos y frutos secos. Cuerpo medio y alcohol presente. Difícil de clasificar y todavía más difícil de armonizar con comida. Raro, único y diferente. Al consumidor medio probablemente le resultará incómodo. En cambio, a los "enochalados" como nosotros, nos pareció fascinante...

Porque este es el fin último de las ferias como Experiencia Verema, dar a conocer productos diferenciadores, vinos originales y poco habituales, y para ello es fundamental el concurso de bodegas y productores. De sobras es sabido lo que cuesta en tiempo y en dinero para un pequeño elaborador participar en eventos a cientos de kilómetros de sus viñedos y de sus tanques de fermentación, más todavía si el calendario de vendimia apremia como fue en este caso, pero los consumidores y aficionados sabemos valorarlo. 

Sirvan estas líneas como reconocimiento al esfuerzo de las bodegas expositoras, a las Denominaciones de Origen participantes y a la organización de Verema.




jueves, 27 de septiembre de 2018

> Cosas veredes, amigo lector...




En la España de las dehesas y los latifundios, en esas grandes extensiones donde el cereal es el cultivo mayoritario, las variedades de uva que se cultivan poco o nada tienen que ver con los viñedos más septentrionales. 

La Pardina, también denominada Albillo en Castilla y León, cepaje similar a la Airén extensamente cultivada en Castilla-La Mancha, es una variedad blanca muy aromática, productiva y de maduración temprana. Debido a su elevado contenido en glicerol con ella se elaboran vinos ligeramente alcohólicos, si se llevan las fermentaciones al extremo, o semidulces si el consumo de los azúcares por parte de las levaduras es detenido, tal y como sucede en este caso. La Cayetana, también conocida como Jaén, es asimismo otra casta blanca de elevada productividad muy extendida en Badajoz y Huelva. Aporta aromas neutros y su contenido en azúcares puede considerarse como elevado.

En Valencia del Ventoso (Badajoz) la Sociedad Cooperativa San Isidro elabora el vino que protagoniza la presente entrada y que curiosamente sale al mercado sin añada. Comercializado como IGP Extremadura (hasta hace poco VT. Extremadura) llegó a nuestras manos a modo de obsequio por parte de una buena amiga con raíces en tierras extremeñas. Aproximadamente mitad Pardina y mitad Cayetana, el Rivera Ardila Semidulce es en origen un blanco joven sin crianza, sin embargo la botella que descorchamos presentaba un color amarillo dorado muy intenso que nos hizo sospechar una moderada evolución. Se mostró visualmente limpio y brillante. En nariz reveló un punto reductivo con recuerdo a fósforos, persistente a pesar de una prolongada oxigenación en la copa. Al tiempo desplegó aromas a dulce de membrillo, miel de acacia, cera de abejas, mantequilla, yema tostada e incluso orejones. Entrada dulce en boca, conservando por fortuna una acidez media a la que se le debe atribuir todo el mérito de su supervivencia. Final levemente amargo de duración media. Algo desequilibrado, con un contenido alcohólico analíticamente bajo pero demasiado presente desde el punto de vista organoléptico.



Lejos de ser el resultado perseguido por el elaborador -se sobreentiende que es un vino destinado al consumo inmediato- no deja de sorprendernos gratamente cuál ha sido su evolución en botella. Observando su fase visual nos temimos estar ante un vino plano y carente de matices. Por fortuna no fue así. Ciertamente había perdido todos sus recuerdos frutales originales, ganando protagonismo esos aromas de evolución en botella que tanto nos gustan y que nos han hecho disfrutar en otras ocasiones. Merced a la conservación de esa interesante acidez, el paso por boca no resultó en absoluto pesado y aún se le podría catalogar como sugerente.

La cata de este vino nos ha resultado francamente útil para demostrarnos a nosotros mismos que todo vino, por muchas sospechas e incluso indicios de evolución que tengamos, merece siempre ser catado y analizado objetivamente. Es posible que nos llevemos agradables sorpresas, como ha sido en esta ocasión.

Cosas veredes, amigo lector, que farán fablar las piedras...



NOTA: La frase de cierre que también da título al presente artículo, se ha atribuido tradicionalmente al personaje de Don Quijote, aunque al parecer Cervantes nunca la llegó a escribir en su obra. Sí aparece una frase similar en el Romancero del Cid, la cual adaptada y modificada con el paso de los años ha llegado así hasta nuestros días. Tanto nos da, porque lo verdaderamente interesante es el significado de la misma, lo demás son disquisiciones literarias que tal vez deban ser tratadas en otro lugar.