jueves, 13 de junio de 2019

> Visita a Bodegas Esteban Castejón (DO. Calatayud)




Muy cerca del Embalse de La Tranquera, junto a la cuenca del río Mesa y a escasos kilómetros de la frontera imaginaria que separa las provincias de Zaragoza y Guadalajara, en lo alto de un promontorio se alza el núcleo urbano de Ibdes. Este pueblo rojizo de la Comarca de Calatayud, con sus construcciones a base de ladrillo, adobe y tapial contó en tiempos con numerosas bodegas subterráneas -hoy tristemente abandonadas y muchas de ellas derruidas- excavadas en un cabezo conocido como Paraje El Verdinal, reflejo inequívoco de la importancia vitivinícola de la localidad en el pasado.


Bodegas Esteban Castejón en Ibdes (DO. Calatayud)

Las Bodegas Esteban Castejón fueron fundadas por Cecilio Esteban Camacho en 1940. En los años 70 del pasado siglo asumió la gestión Carmelo Esteban Castejón, hijo de Cecilio, y no fue hasta el año 1993 cuando los hermanos Carmelo y José Miguel -tercera generación de bodegueros- decidieron actualizar las instalaciones y modernizar aún más los procesos de elaboración. En 1997 sacaron al mercado su primer vino embotellado, hasta entonces sólo comercializaban vino a granel y prácticamente todo lo que elaboraban era vino tinto sin crianza. A lo largo de aquellos cincuenta primeros años de historia, el mercado recomendaba el cultivo de variedades foráneas -denominadas "mejorantes", dejando entrever cierto desprecio hacia las variedades autóctonas- de manera que un gran número de viñedos viejos de la denostada garnacha fueron arrancados y sustituidos por otros cepajes a priori más interesantes. De manera paralela a lo sucedido un multitud de localidades aragonesas, las máquinas arrasaron numerosas hectáreas de viña vieja en Ibdes. Algunos propietarios, deseosos de sacar un rápido rendimiento, optaron por reconvertir sus tierras en campos de cereal. Otros en cambio, menos apresurados, buscaron asesoría externa para replantar sus viñas. En ese sentido, alguien aconsejó a Carmelo Esteban que debía plantar Tempranillo o Cabernet Sauvignon y obedientemente así lo hizo, pero decidió mantener sus viñedos de Garnacha. Al cabo de los años, el tiempo acabó dándole la razón, convirtiéndose esas viñas plantadas en vaso hace más de treinta años en uno de sus bienes más preciados. A diferencia de las nuevas plantaciones que cuentan con el apoyo del riego por goteo -más como medida de seguridad que como necesidad, porque la zona es algo así como una inmensa esponja de tierra roja- los viñedos más antiguos son de secano estricto, algo que no parece preocupar a las plantas, acostumbradas como están durante décadas a horadar el suelo en busca de nutrientes.


Viña vieja de Garnacha en vaso sobre suelo arcilloso

Joven viñedo de Malvasía en espaldera sobre cantos rodados

En la actualidad la bodega cuenta con 17 hectáreas de viñedo propio de las variedades tintas mencionadas a una altitud máxima de 900 metros sobre el nivel del mar, en un páramo situado al norte de Ibdes en dirección a la vecina localidad de Godojos por el que no es infrecuente ver corretear a las perdices. Sin embargo, de unos años a esta parte, considerando la dificultad y la competencia existente en el mercado de los vinos tintos, se ha apostado con decisión por la recuperación de variedades blancas casi perdidas. Garnacha Blanca y Malvasía han sido las elegidas, ésta última cultivada en un viñedo de 2 hectáreas, escasamente 4000 cepas plantadas en espaldera en 2012. Cuatro años antes -en 2008- se realizó la plantación de la Garnacha Blanca. Con estas dos variedades se elaboran tres vinos monovarietales diferentes y únicos, vinos que una vez que se catan nunca se olvidan, pues despliegan una firma aromática inconfundible y seductora. El artífice de esas escasas botellas es el enólogo Enrique Castels, con experiencia previa en Priorat y Terra Alta, zonas geográficas que casualmente guardan ciertas similitudes con la DO. Calatayud.

Sargas de Idues y 180 Noches, maravillas blancas de Esteban Castejón 

En total se elaboran nueve vinos -cuatro tintos, cuatro blancos y un rosado- así como un vermut que no tuvimos ocasión de probar. Algunos de los vinos se comercializan no sólo en botella sino también en una moderna presentación bag-in-box. La bodega no realiza exportación ni distribución fuera de la comarca, apenas algo a Zaragoza capital. Se encarga también del suministro comercial de vino a los cercanos balnearios de Jaraba y Alhama de Aragón, así como al Monasterio de Piedra, todos ellos destinos turísticos de primer nivel en la Comarca de Calatayud, obteniendo de ese modo una visibilidad importante. Son frecuentes las visitas en la bodega protagonizadas por los viajeros que en alguno de los balnearios han probado uno de los vinos de Esteban Castejón. Un amplio porcentaje de la producción se dispensa directamente en bodega, abierta al público todos los días de la semana excepto los domingos por la tarde. A decir verdad, ganas de trabajar no les faltan a los hermanos Castejón...




Los dos vinos elaborados con Malvasía -uno sin crianza y el otro con paso por roble- se conocen con el original nombre de 180 Noches, en relación a los 6 meses que dura el ciclo vital de la vid, desde que las plantas comienzan a llorar en el inicio de la primavera hasta el momento de la vendimia a principios del otoño. Manzana roja, frutas de hueso, frutas tropicales e incluso frambuesas despliega en nariz esa deliciosa Malvasía sin crianza. Su hermano mayor, tras permanecer en barrica de roble, se transforma en un vino mucho más complejo -miel de acacia, piña madura, cítricos escarchados, especias- más graso, estructurado y untuoso, aunque sin perder acidez ni frescura. Para completar la familia se proyecta elaborar en el futuro un vino dulce también con la Malvasía como protagonista. Estaremos muy atentos a esa rareza.

            

La gama básica de los vinos de Bodegas Esteban Castejón lleva por nombre Tranquera, en referencia al cercano embalse que se construyó al represar el río Mesa. Agrupa un tinto joven a base de Tempranillo, dos tintos con media crianza -Cabernet Sauvignon y Garnacha, respectivamente- un rosado del que ya dimos cumplido detalle en una entrada anterior y un blanco monovarietal de Macabeo. Representan con toda sinceridad la manera de trabajar en la bodega. Vinos honestos y directos que hablan de la tierra y de los viticultores, pensados para disfrutar por copas -como bien demuestra el moderno tapón de silicona con rebaje para favorecer el trabajo de los camareros- pero que en absoluto desmerecen como acompañamiento a una comida completa y que en el transcurso de una cata técnica se desenvuelven muy bien. 

Panorámica de la puerta principal de la Iglesia de San Miguel (Ibdes)

Sargas de Idues Garnacha Blanca

El rosetón de la fachada lateral de la iglesia gótica de San Miguel Arcángel sirve como ilustración a las etiquetas de los dos vinos de la línea Sargas de Idues. Bajo esta curiosa denominación se elaboran una Garnacha Blanca con breve paso por barrica de roble francés y un tinto de Garnacha Tinta con crianza en roble americano. El vocablo Idues se refiere al antiguo nombre de la localidad en lenguaje celtíbero y la sarga es el material con el que están construidas las puertas que cierran el retablo mayor de la iglesia, erigida sobre las ruinas de una antigua fortaleza. Dichas puertas que están ricamente decoradas con pinturas renacentistas realizadas por Pietro Morone -discípulo del gran Miguel Ángel, alegóricas al Juicio Final y que pueden recordar a algunos fragmentos de la Capilla Sixtina- sólo permanecen cerradas durante la Semana Santa, de manera que la posibilidad de contemplar esas pinturas se reduce a unos pocos días al año. 

Azud del río Mesa desde La Paradera

Pero como no sólo de vino vive el hombre, la jornada en este rincón de la Comarca de Calatayud bien merece alguna actividad adicional. Los aficionados a la bicicleta de montaña pueden disfrutar de la ruta que une Nuévalos con Calmarza, también los amantes del senderismo tienen destinos francamente interesantes -Desfiladero de la Hoz Seca, Santuario de Nuestra Señora de Jaraba, Hoces del río Mesa, Mirador de los Buitres, etc- donde además de visualizar flora y fauna pueden visitarse varios abrigos con pinturas rupestres. Los procesos karsticos presentes en toda la zona atraen todos los años a profesionales y aficionados a la geología, destacando por su belleza la Gruta de las Maravillas en Ibdes, junto a cuya entrada el ayuntamiento de la localidad ha acondicionado -sobre un azud en el propio río Mesa- una zona de picnic conocida como "La Paradera".

Y como la vida en ocasiones insiste en regalarnos pequeños placeres, allí nos detuvimos a escuchar el sonido del agua y su refrescante sinfonía, mientras disfrutábamos de una copa de vino, por supuesto de Bodegas Esteban Castejón.

No se puede pedir más...



martes, 4 de junio de 2019

> Hoy catamos con... Fernando Mora en La Alacena de Aragón




La célebre frase que hace referencia a la dificultad de ser profeta en tierra propia le viene como anillo al dedo a Fernando Mora. Su meteórica carrera en el mundo del vino -de la nada más absoluta al Master of Wine en tan sólo unos pocos años- ha despertado lógica admiración e injusto recelo a partes iguales, algo hasta cierto punto habitual en un país donde la cultura del esfuerzo cada día pierde terreno en favor del insano vicio de la subvención. Largo y tendido se ha escrito acerca de aquel día -tampoco tan lejano- en que el Fernando ingeniero dejó a un lado los motores para saltar sin paracaídas en dirección al mundo del vino, descubriendo en ese momento cuál iba a ser la pasión que regiría su vida desde entonces. 

Rápidamente comprendió que la elaboración de un gran vino tiene detrás muchos factores, así que tras varios ensayos a escala doméstica se lanzó a comercializar sus primeras botellas en colaboración con sus dos socios. También asumió que debía enfocar su nueva actividad desde un punto de vista más global y se planteó un nuevo reto, cursar los estudios para obtener el prestigioso título de Master of Wine. Tres exigentes años más tarde alcanzaba dicho reconocimiento, convirtiéndose en el primer aragonés en obtenerlo. Desde entonces los objetivos de Fernando Mora han cambiado ligeramente. Sus elaboraciones tienden a la mínima intervención y en realidad ha decidido mirar hacia el pasado para poder vislumbrar el futuro. Asume que el cuidado de la viña es lo más importante y busca sin descanso viñedos abandonados, cuanto más viejos y recónditos tanto mejor, con la idea de elaborar vinos que expresen la tierra y el clima. En esos viñedos abandonados y casi olvidados espera encontrar en algún momento las uvas para elaborar un vino mítico, mitad arte y mitad técnica, pero sobre todo con pasión.



Tuvimos la oportunidad de asistir a la cata organizada por La Alacena de Aragón y podemos afirmar que nos sentimos unos absolutos privilegiados tras escuchar las explicaciones de Fernando Mora. Sus inicios un tanto irracionales en el mundo del vino, los riesgos a todos los niveles que asumió en su frenética carrera hacia el Master of Wine y el agradecimiento sincero que demuestra hacia quienes le apoyaron, pero destaca sobre todo la imagen que transmite de estar a mitad de su aprendizaje, un trazo de humildad que sólo demuestran quienes se han hecho a sí mismos. 

A día de hoy elabora en dos zonas geográficas cercanas pero diferentes entre sí. Por un lado en Valdejalón -lugar de nacimiento en 2013 de Bodegas Frontonio, su proyecto primigenio y el que más vinos saca al mercado- y por otro en Campo de Borja desde 2015-con dos vinos tintos bajo la marca Cuevas de Arom- siguiendo siempre tres premisas absolutamente innegociables: viñas viejas, cultivo de secano y vendimia manual. Un tercer proyecto a punto de ser inaugurado tras varios años de trabajo en campo y todavía por revelarse al público lo está desarrollando en Alpartir y llevará el nombre de El Jardín de las Iguales, con origen en un viñedo escondido en la cara más oculta de la Sierra de Algairén que atesora vides de Garnacha y Macabeo con más de un siglo de antigüedad. Reconocido enamorado de las variedades autóctonas particularmente de la Garnacha -la Pinot Noir del sur, como él la denomina- elabora 21 vinos distintos, blancos y sobre todo tintos, la mayoría con discretos periodos de crianza en recipientes de roble de gran tamaño, aunque experimenta con otros materiales como el cemento o el plástico alimentario. La inquieta creatividad de Fernando le espolea a diario para imaginar nuevos proyectos y así han visto la luz un monovarietal de uva Cariñena, un blanco de tres variedades fermentadas simultáneamente y un vino de parcela o field blend resultado de la mezcla de uva tinta y blanca procedentes de un mismo viñedo.

Detallaremos a continuación nuestras notas de los vinos catados.


Vinos protagonista en orden de cata

TELESCÓPICO BLANCO 2016
Macabeo, Garnacha Blanca y Viognier en proporciones desconocidas. IGP Valdejalón. Elaborado mediante cofermentación simultánea de los tres tipos de uva, vendimiadas en un mismo día y lógicamente con diferentes grados de madurez. Crianza durante 12 meses sobre lías en depósitos de cemento. Amarillo dorado de capa media. Frutas de pepita muy maduras y cáscara de limón. Toffee, flores secas y jengibre. Acidez media. Ligeramente mineral. Cremoso y graso. Largo postgusto. Un atípico y complejo blanco de guarda sin paso por roble.

TELESCÓPICO GARNACHA 2015
100% Garnacha. IGP Valdejalón. Viñedo en suelos aluviales de cantos rodados. Fermentación en lagos abiertos. Crianza en barricas usadas de roble francés de 500 litros. Cereza de capa media con ribete granate. Ataque alcohólico y laca de uñas que desaparece al instante. Bastante cálido. Ciruelas y mermelada de moras. Especias dulces y pimienta blanca. Discreta nariz y entrada en boca. Un vino más largo que ancho, poco comunicativo de inicio pero que gana en expresividad con el tiempo.

TELESCÓPICO CARIÑENA 2016
100% Cariñena. IGP Valdejalón. Fermentación en depósitos abiertos de plástico alimentario. 14 meses de crianza en barricas de roble francés. Picota de capa media-alta con ribete violáceo. Frutas rojas y flores azules. Caramelo de café con leche. Marcada acidez y notable astringencia. Algo desequilibrado, agreste y poderoso. Tal vez necesite más botella, más barrica o ambas cosas. Parafraseando aquel anuncio de neumáticos, tiene toda la potencia pero le falta un poco de control.

AS LADIERAS 2015
100% Garnacha. DO Campo de Borja. Crianza mixta durante 12 meses en depósitos de cemento, barricas de 500 litros y depósitos ovoides de plástico alimentario. Posterior ensamblaje de los vinos procedentes de cada tipo de crianza, siguiendo el criterio del elaborador. Picota de capa media-alta con ribete granate ligeramente evolucionado. Bombones Mon Cheri y frutas negras. Pimienta negra y hoja de tabaco. Hierbas aromáticas y monte bajo. Balsámicos. Muy sabroso y equilibrado.

LAS ALAS DE FRONTONIO 2016
Garnacha tinta y Macabeo. IGP Valdejalón. Uvas procedentes de un solo viñedo mestizo estrujadas mediante pisado con los pies y fermentadas directamente en barrica. Afinado durante 7 meses en barricas de roble francés de 450 litros. Responde el concepto "field blend", vino de parcela en la que se entremezclan variedades tintas y blancas. Rojo picota de capa media-alta con ribete rubí. Frutas rojas, frutas de hueso y orejones. Acidez moderada. Diferente y muy curioso. Aspira a convertirse en un grand cru, si es que en alguna ocasión llegara a implantarse en España esa catalogación al modo francés.

OS CANTALS 2016
100% Garnacha. DO Campo de Borja. Viñedo con suelos pedregosos. Fermentación en barricas abiertas de 800 litros con al menos la mitad de la uva sin despalillar. Crianza posterior en barricas de 400 litros. Cereza de capa media con ribete rubí que insinúa granate. Frutas rojas y flores azules. Hierbas aromáticas. Fresco y alegre.



Vinos de Fernando Mora. Imagen cortesía de Vignerons de Huesca

A partir de ahora seguiremos bien de cerca a este genio que anhela sorprender al mercado. Muy pocos elaboradores son capaces de interpretar la Garnacha en su versión más sutil, floral y delicada. En algún momento se terminará la moda de los vinos con toneladas de fruta negra, barrica bien marcada y gran extracción. Y será en ese instante cuando aquel que no lo conozca se sorprenderá con los vinos elaborados por el primer Master of Wine aragonés de todos los tiempos. 

Es una lástima que esos mismos vinos hayan privado al mundo de un buen ingeniero...





martes, 21 de mayo de 2019

> Edra: aromas de la Hoya de Huesca




No hay mejor época que la primavera para disfrutar de un paseo por el monte de la Hoya de Huesca. Su extremo más occidental dibuja las últimas estribaciones de las sierras prepirenaicas en unas formaciones rocosas verticales conocidas como mallos, paraíso natural de numerosas especies de aves -buitres, alimoches, quebrantahuesos, milanos, halcones, chovas piquigualdas- y destino habitual para los aficionados a la escalada. Los más conocidos e imponentes son los Mallos de Riglos, sin embargo la pequeña y cercana localidad de Agüero también cuenta en su entorno con unas formidables paredes verticales de roca rojiza. 

Paisajes

En todos los sentidos, nosotros preferimos tener los pies en el suelo, así que nos animamos a realizar la ruta senderista que rodea los Mallos de Agüero. Después de buscar infructuosamente la reseña de la excursión en los archivos de uno de los mejores blogs de senderismo de Aragón -nos extrañó dicha ausencia- logramos obtener toda la información en este enlace del programa Chino Chano de Aragón TV, presentado por un buen amigo y mejor winelover. La circular de Riglos -más larga y con mayor desnivel- ya la realizamos hace tiempo, así que en esta ocasión nos apetecía un recorrido más corto para poder entretenernos a identificar flores y plantas propias de la zona -exuberantes en estos meses primaverales previos a la llegada del calor- con la intención de detectar dichos componentes aromáticos en los vinos elaborados por las bodegas del entorno. El tomillo y su prima hermana la ontina, el romero y la lavanda -visualmente tan parecidos y de aroma tan diferente- el boj y el erizón -presentes cada vez en altitudes más bajas- son las notas olfativas que componen la partitura aromática del monte oscense en los meses de Abril y Mayo. 

Viñedo en brotación. Bodegas Edra (Ayerbe)

Tres años han pasado desde que conocimos a Alex Ascaso, responsable de Bodegas Edra, en una lluviosa tarde también de primavera en la que se nos hizo de noche catando sus vinos y que dio lugar a la redacción de un artículo anterior. Nadie puede poner en duda cuánto le agradecimos que nos regalara parte de su escaso tiempo aquella vez, pero reincidentes como somos, de nuevo le propusimos encontrarnos tras nuestro paseo por el monte. Ni que decir tiene que aceptó gustoso, a pesar de tener que retrasar un compromiso que había adquirido con anterioridad, porque si hay algo a lo que nunca renuncia Alex es a compartir una relajada charla con quien disfruta de sus vinos. Y con toda parsimonia, comenzó a descorchar botellas...

Quebrantahuesos 2016, garnacha de monte

QUEBRANTAHUESOS 2016
100% Garnacha. Rojo cereza de capa media con ribete granate. Guindas y frutas rojas. Monte bajo y laurel. Generosa acidez. Redondo. Menos voluminoso de lo esperado en boca. Postgusto medio-largo con recuerdo a bombones Mon Cheri. Podría recordar a algunas garnachas del Sistema Central. Vino natural que representa como nadie esas sensaciones olfativas del monte de la Hoya de Huesca. Su nombre tampoco deja indiferente a nadie, en un guiño a la naturaleza y a la fauna salvaje del territorio. Vino solidario con la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, entidad a la que va destinada parte de la recaudación por la venta de cada botella.

Próxima Estación 2018

PRÓXIMA ESTACIÓN 2018
100% Syrah. Rosa anaranjado con ribete asalmonado, de capa más contenida que añadas anteriores. Cítricos (pomelo y naranja), tierra húmeda y arcilla. Aromas que recuerdan a los campos de Ayerbe después de una tormenta. Regaliz de palo. Cálido y licoroso. Rosado atípico, muy gastronómico. Posible cambio en el etiquetado en la próxima añada. En nuestra opinión uno de los vinos más complejos de Bodegas Edra. Su curioso nombre pretende recordar la vieja reclamación de las poblaciones de la Hoya de Huesca para conseguir la mejora de la vía ferroviaria que une el Valle del Ebro con el Pirineo y que muere en la frontera francesa, sin aparente voluntad por parte de ninguno de los dos países en reactivar el proyecto del corredor central pirenaico, sin duda la conexión ideal de España con el resto de Europa y que lleva décadas olvidada en el cajón de algún ministerio. 


Edra Grullas de Paso 2016

GRULLAS DE PASO 2016
Ensamblaje de variedades tintas en proporción desconocida. Color rojo picota con ribete granate. Frutas negras y especias muy marcadas, sobre todo pimienta negra y clavo. Tostados evidentes, incluso una pizca de cuero. Acidez media. Astringencia algo descompensada. Largo postgusto. Cambio de tendencia en este vino muy bien conocido por nosotros. Al parecer ha alcanzado la mayoría de edad, dejando atrás aquella generosidad frutal y esa versatilidad en el maridaje de añadas anteriores. Maceraciones más prolongadas y un mayor tiempo en depósito del vino terminado -no así la crianza en barrica que sigue siendo breve- se han materializado en un vino más corpulento. Cierto periodo de redondeo en botella le vendrá bien. De nuevo otra llamada a la protección de las diferentes aves migratorias -grullas, garcetas, garzas reales, etc- que realizan estancias temporales en la cercana Alberca de Alboré, próxima al Embalse de La Sotonera.


Edra Syrah-Merlot 2015

SYRAH-MERLOT 2015
Rojo picota de capa alta con menisco granate. Acidez media. Frutas rojas y negras, marcadas notas tostadas, incluso torrefactos. Astringencia contenida. Bastante redondo. Larga persistencia. En ocasiones presenta cierta reducción nada más descorcharse que se disipa con paciencia y oxigenación en copa. Un vino sin prisa al que el tiempo le viene bien, tanto durante su elaboración -depósito, barrica, botella- como durante su servicio. A la vista de sus notas de cata, parece haber intercambiado los papeles con el vino anterior. Tal vez sea rebautizado en un futuro no muy lejano.


Grullas, Syrah-Merlot y XtraSyrah

Vinos Edra de producción limitada

Nadie sabría decir con exactitud a qué recuerda esta zona de la provincia de Huesca en primavera. Es una mezcla de aromas gobernada por la tierra húmeda y las plantas aromáticas, los árboles frutales y las flores. Pero también los sonidos, como el sisear del viento en los campos de cereal, el zumbido de los abejorros o el cristalino tintineo de una corriente de agua entre las piedras. 

Y sólo Alex Ascaso en Bodegas Edra es capaz de condensar todo ese paisaje en el interior de unas botellas de vino.






lunes, 13 de mayo de 2019

> En busca del rosado perdido...




Llegadas estas fechas primaverales en las que la naturaleza se despereza con el ascenso diurno de las temperaturas, el nacimiento de las flores y el regreso a la actividad de los animales, ya casi resulta una tradición emprender la búsqueda del vino que ostentará, según nuestros gustos, el prestigioso galardón de Rosado del Año.


Amapolas entre carrascas (Ayerbe)...

En las últimas temporadas el difícil mercado de los vinos rosados se ha visto aún más complicado con la irrupción de la moda francesa de elaborar rosados tenues y pálidos, de color asalmonado -los conocidos como "piel de cebolla"- siguiendo la tradición de la Provenza. El eterno reto de atraer al público joven hacia el mundo del vino tiene su primera frontera en los rosados delicados y de bajo contenido alcohólico donde las frutas ganan protagonismo y la acidez refresca el paladar. Sin duda el momento para ello es el atardecer y el lugar cualquier terraza con buenas vistas y mejor compañía. Ese afán por mantener capas bajas de color obliga a reducir los tiempos de contacto del mosto con los hollejos, obteniéndose vinos ligeros y poco estructurados, con unos perfiles aromáticos que en ocasiones pueden recordar más a uvas blancas que a tintas. Por si no fuera suficiente, algunas bodegas optan por conservar algo de carbónico y de azúcar residual para obtener vinos todavía más apetecibles y fáciles de beber. Las etiquetas de diseño desenfadado y los cierres con tapón de rosca se han sumado también a la fiesta, porque sin duda este tipo de vinos están destinados a triunfar en las reuniones de amigos, las excursiones campestres y las barbacoas.


... y también entre viñas (Ibdes)

Sin embargo, nuestra obstinación no tiene límites. Año tras año nos lanzamos a buscar entre los rosados clásicos, serios y gastronómicos, rosados con vocación de rosado -aunque parezca una redundancia- capaces de aguantar una comida completa desde el aperitivo hasta el postre. Somos conscientes de estar nadando a contracorriente, de caminar en la dirección opuesta al mercado. Y las bodegas se empeñan en demostrarlo, porque cada año nos cuesta más encontrar esos rosados de los de antes, no sólo con frutas rojas y golosinas, sino voluminosos, largos, estructurados, con cuerpo y con poderío. Algunas excepciones hay -no muchas- particularmente bodegas pequeñas que optan por elaborar rosados diferentes, algunos incluso con cierto aporte de madera. Es el caso del Flamenco de Bodegas Ignacio Marín o el Pink Pank Punk de Michael Cooper, Garnacha el primero y Cariñena el segundo, ambos con varios meses de permanencia en barrica de roble. Otros elaboradores aún más transgresores elaboran rosados con todo el carácter del mundo aunque comercialmente complicados de ubicar. Nos referimos a Bodegas Edra y a su Próxima Estación,  monovarietal de Syrah en las antípodas de lo que el consumidor medio entiende por rosado.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y puntuaciones de los vinos catados durante las últimas semanas.



CONZIETO ROSADO
Bodegas Montedemba (Blecua). DO Somontano. Moristel y Syrah en porcentaje desconocido. Se agradece la utilización de una variedad autóctona casi desaparecida. Rosa medio con reflejos anaranjados. Ligeramente reducido. Cerezas y granada. Acidez alta. Algo alcohólico. Corta persistencia. Final amargo. Desequilibrado. Bastante evolucionado, algo lógico tratándose de una añada atrasada. Puntuación 4/10


TERRAE ROSADO
Bodegas Tempore (Lécera). IGP Bajo Aragón. 100% Garnacha. En una primera botella, recuerdos de cartón húmedo que cuesta mucho disipar. Mejora mucho con la oxigenación. Una segunda botella nos dio frutillos rojos poco maduros, alguna flor y poco más. Menos intenso y expresivo que añadas previas. Moderada acidez y postgusto corto. Esperábamos más. Puntuación 5/10



GLARIMA ROSADO
Bodegas Sommos (Barbastro). DO Somontano. Syrah y Cabernet Sauvignon. Fresas y grosellas poco maduras. Marcada acidez. Ligero amargor final. Sin imperfecciones pero carente de alma. No enamora. Correcto. Puntuación 5/10




ALODIA ROSADO
Bodegas Alodia (Adahuesca). DO Somontano. 100% Parraleta. Digna de mención la recuperación de un rosado monovarietal de esta casta autóctona. Rosa medio ligeramente cobrizo. Fresas ácidas, arándanos y cítricos (pomelo y naranja). Atractivos recuerdos infantiles a sidral. Tremenda acidez, muy refrescante. Postgusto corto. Un rosado muy diferente, casi con espíritu de blanco. Puntuación 6/10



VISPIUS ROSÉ
Bodegas Estrada Palacios (Bespén). DO Somontano. Moristel y Garnacha. Frambuesas, fresas silvestres y frutas de hueso (?). Casi podría recordar a un blanco en nariz. Ataque semidulce en boca, explosiva y refrescante acidez, final frutal sin rastro de verdores. Divertido y juguetón. Puntuación 7/10


TRANQUERA ROSADO
Bodegas Esteban Castejón (Ibdes). DO Calatayud. Coupage de Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Garnacha en proporciones desconocidas. Potente color rojo fresón sin ribete. Frutos rojos maduros. Acidez contenida. Cálido y licoroso. Alcohol quizás demasiado presente. Muy intenso en boca. Postgusto medio. Excelente relación calidad/precio. Puntuación 7/10



PRÓXIMA ESTACIÓN
Bodegas Edra (Ayerbe). IGP Ribera del Gállego. 100% Syrah. Rosa anaranjado con ribete asalmonado, de capa más contenida que añadas anteriores. Cítricos (pomelo y naranja), tierra húmeda y arcilla. Regaliz de palo. Cálido y licoroso. Rosado atípico, muy gastronómico. Posible cambio en el etiquetado en la próxima añada. En nuestra opinión el vino más complejo de Bodegas Edra. Puntuación 7/10


BESTUÉ ROSADO
Bodegas Otto Bestué (Enate). DO Somontano. 100% Garnacha. Rojo frambuesa de intenso color con ribete malva. Frutos rojos muy maduros y algún recuerdo láctico. Fresas con nata. Gominola y piruleta. Perfecta acidez y un pellizco de azúcar residual que le dota de un gran atractivo. Sin amargores ni recuerdos herbáceos. Muy sabroso y pleno en paso por boca. Postgusto medio. Firme candidato para optar a medalla. ¿Maridaje? Una cubitera, una puesta de sol y buena compañía... Puntuación 8/10



NUEVE ROSAS
Bodega Mas de Torubio (Cretas). IGP Bajo Aragón. Merlot y Garnacha Peluda. Frambuesas maduras, chucherías, hierbabuena, balsámicos y una deliciosa acidez. Tal vez incluso con algo de azúcar residual. Redondo, lácteo y cremoso. Postgusto medio. Elegantísimo en boca. Primera añada de este vino que representa como nadie la primavera en el Matarraña. Muy destacado. Puntuación 9/10

Rosas y viñedos

Alguien nos dijo en alguna ocasión que la mejor manera de conocer el modo de trabajar en una bodega es probar su vino rosado. Su elaboración es la más arriesgada y la que menos margen de error deja para realizar correcciones posteriores. Somos por tanto conscientes de las dificultades que entraña la elaboración de los vinos evaluados y en absoluto pretendemos hacer juicios de valor en el buen hacer de cada bodega. En este artículo nos hemos limitado a puntuar unos vinos -siguiendo exclusivamente criterios personales-  después de haber catado una sola botella de cada uno de ellos, circunstancia que puede haber resultado a lo mejor injusta para alguno.

En cualquier caso que nadie olvide que la primavera ya está aquí y no se nos ocurre mejor bienvenida que un ramo de flores y un rosado bien frío...


jueves, 2 de mayo de 2019

> Hotel Casa de San Martín: el sonido del silencio en La Solana




Marzo de 1988, Karkar Island, Nueva Guinea. Un joven occidental de aspecto decidido inspecciona una plantación de cacao mientras conversa con un grupo de trabajadores... Abril de 2019, Sobrarbe (Huesca), España. Un atento inglés de cabellos plateados sirve una copa de vino a los huéspedes de su hotel en San Martín de La Solana... Con treinta años de separación, una misma persona protagoniza esas dos escenas -real la segunda, ficticia la primera- pero como suele decirse en italiano "si non e vero, e ben trovatto", así que empecemos desde el principio.

Vino y chocolate

David Robinson nació en Inglaterra un día de primavera hace unos cuantos años. Tras cursar sus estudios universitarios se especializó en el comercio de materias primas -cacao y café principalmente, aunque bien podría haberse tratado de madera o minerales- viajando a lo largo y ancho del globo. Recorrió África, Asia, América y Oceanía buscando los mejores cultivos y la máxima calidad de dichos productos, pequeños placeres gastronómicos de los que nunca recordamos sus orígenes, tal vez porque los tenemos al alcance de la mano en cualquier supermercado de los países más avanzados y olvidamos con frecuencia que detrás de cada paquete de café o cada tableta de chocolate hay un esfuerzo humano del que no somos conscientes. Tales cultivos son la forma de ganarse la vida en muchos puntos del planeta -en ocasiones la única forma lícita- pero ese trabajo no tendría sentido si nadie ejerciera de nexo entre el productor y el consumidor. 

Mapa del valle de La Solana

Vista del valle del río Ara desde La Solana

Exactamente ese fue el papel que David desempeñó durante años, un trabajo sólo apto para personas inquietas, ciudadanos del mundo dispuestos a cambiar de continente cada poco tiempo, un trabajo exigente desde el punto de vista físico, pero aún más desde el emocional. A lo mejor por todo ello, con el paso de los años, decidió emprender la búsqueda de un lugar donde recalar definitivamente. Eligió España, pensó primero en tierras andaluzas, después en Baleares y finalmente en el Pirineo. Inicialmente alguien le sugirió adquirir un pueblo abandonado, bastante numerosos en las zonas próximas al cauce del Ara -el único río del Pirineo Aragonés que no ha sido represado ni modificado por la mano del hombre- donde en la década de los 60 se proyectó la construcción de un gran pantano. El anuncio de aquella obra que nunca llegó a realizarse fue suficiente para herir mortalmente a numerosas localidades -la historia ignominiosa de Jánovas es la más conocida pero no la única-  bien por su ubicación en zona inundable, bien por el aislamiento al que se hubieran visto condenadas. A diferencia de lo sucedido en Jánovas, a los habitantes de Muro, Burgasé, San Felices, Tricas, Campol, Geré -la lista resulta interminable- no se les obligó a abandonar sus casas, más bien se les invitó a permutar sus propiedades por otros bienes inmuebles en capitales de provincia. La inmensa mayoría aceptaron, más pensando en el futuro de sus hijos que en ellos mismos, y allí quedaron sus casas y tierras a merced de las aguas que nunca las cubrieron.


Casa de San Martín y su entorno

Terrazas del Hotel Casa de San Martín

No todos los habitantes del valle se marcharon. Tres hermanos solteros, con esa terquedad que a los aragoneses se nos echa en cara tan a menudo, decidieron permanecer con su ganado en su casa en San Martín de La Solana, una casa por cierto con mucha historia, pues perteneció al abad del Monasterio de San Victorián -situado a los pies de la Peña Montañesa- como uno más entre los múltiples territorios encargados de suministrar bienes al mismo y que tras la desamortización de Mendizábal pasó a manos privadas convertida en casa de labranza, con corrales, pajares y almacenes agrícolas. La gran diferencia de la Casa de San Martín en relación al resto de casas abandonadas es que siempre estuvo habitada por sus legítimos propietarios, de manera que el día que aquel amable viajero inglés se puso en contacto con ellos, los documentos de propiedad no supusieron ningún inconveniente. Se llegó a un acuerdo con rapidez y David Robinson se convirtió en propietario de la casa y de las 92 hectáreas de bosque y monte que la rodean. Había encontrado su soñado lugar de retiro.


Puerta principal del Hotel Casa de San Martín

Porche

De alguna manera, la Casa de San Martín siempre estuvo predestinada a convertirse en lugar de hospedaje, así que David decidió convertirla en un hotel exclusivo y diferente, un hotel que invitara a conectar con la naturaleza, a la meditación y al recogimiento, para lo cual la peculiar ubicación de la casa -en lo alto de una loma que separa dos barrancos- así como su acceso -cinco kilómetros por pista forestal sin asfaltar- jugaron a su favor. Los trabajos de rehabilitación de la casa llevaron bastante tiempo, aunque por fortuna la estructura de aquella construcción en piedra se encontraba intacta, prueba indiscutible de que antiguamente se construía para la eternidad. Hubo que levantar todo el encalado que ocultaba las paredes de sillería y sanear las impresionantes techumbres de madera visibles a día de hoy. Algunos medianiles se eliminaron y se abrieron nuevas ventanas para dotar al interior de más luminosidad, el pajar se reconvirtió en comedor, se levantó un delicioso porche con vistas al valle del Ara y la estancia que antaño fue la capilla del abad se transformó en un agradable salón, como bien lo demuestra la pila para el agua bendita que se conserva en uno de sus muros. Varias imágenes de arte sacro protegen y amparan a quien se aloja en Casa de San Martín, rememorando su pasado religioso, porque en palabras de David "siempre han vivido en esa casa". 

Salón: bajo la luz, la pila del agua bendita

Un rincón con historia

Ocupa un lugar destacado junto a la mesa de recepción la copia de un retrato del canónigo José Duaso y Latre, eclesiástico aragonés natural del Valle de La Solana quien a principios del siglo XIX ostentó importantes roles políticos y de gestión. En aquellos años posteriores a la Guerra de la Independencia y durante la restauración del absolutismo, dio cobijo y protección a numerosos liberales y artistas en el desempeño de sus cargos en Madrid, entre los que estaba el autor del cuadro, el universal Francisco de Goya y Lucientes, quien pintó el lienzo original -perteneciente al Museo de Bellas Artes de Sevilla- como agradecimiento hacia el sacerdote.

Flores y luces

Salón y biblioteca

El hotel cuenta con diez habitaciones, todas con nombres de flores. Las estándar se distribuyen en los dos primeros pisos, mientras que las suites se ubican en una construcción adyacente al porche. Siguiendo la distribución tradicional de las casas de labranza, el primer piso acoge el hogar, a día de hoy todavía en uso, un rincón donde refugiarse en los días de climatología adversa mientras se escucha el crepitar de la lumbre. El tercer piso está ocupado por un impecable salón de estar, quizás la estancia más bonita de la casa -el techo de vigas de madera es absolutamente maravilloso- pero tal vez la más olvidada, en especial durante las épocas del año en que el tiempo resulta más benigno e invita a pasear por el exterior, disfrutando de los cuidados jardines que rodean la construcción y del latir de la naturaleza. El sonido del viento moviendo los árboles, el canto de los pájaros y el croar de las ranas acompañan al huésped en sus ratos de reposo, aunque en ocasiones, sin previo aviso ni motivo aparente, esa banda sonora natural cesa durante unos segundos y es posible escuchar el silencio del valle de La Solana. No dura mucho tiempo, enseguida reanudan las ranas su ruidosa actividad y se levanta otra racha de viento que vuelve a agitar los árboles, pero sólo por disfrutar esos breves momentos merece la pena alojarse en el Hotel Casa de San Martín.


Decoración cálida y acogedora en las habitaciones

Textiles y bordados

La decoración interior no puede ser de mejor gusto. Una perfecta combinación de piedra, forja, barro y madera, aderezada con adornos florales, música suave y luces cálidas en los salones. Las habitaciones son amplias y siguen la línea decorativa ya comentada, con mobiliario antiguo restaurado, armarios generosos, camas francamente cómodas y cuarto de baño en estilo rústico. La ropa de cama y baño es de un algodón de excelente calidad. Todas las habitaciones son exteriores y algunas disponen de una terraza desde donde contemplar los bosques que descienden hacia el valle del Ara. La página web del Hotel Casa de San Martín tiene a gala informar a quien la visita que no se dispone de aparato alguno de televisión, ni en las habitaciones ni en los salones, y podemos asegurar que en absoluto se echa en falta. 


El Pajar: piedra, pizarra y chimenea con espantabrujas
Mesa personalizada
Comedor

Como hemos comentado con anterioridad, el antiguo pajar se convirtió tras la remodelación en un elegante comedor con chimenea donde se sirve la cena y el desayuno. Se accede por un pasillo desde el salón del hogar en el primer piso y traspasar por primera vez sus puertas tiene algo de místico. Nada se deja al azar porque cada detalle es importante y de ello se encarga personalmente David. La luz tenue y el suave hilo musical son una clara invitación a hablar en voz baja, casi a susurrar, lo cual no puede ser un mejor comienzo para una velada romántica. Cada mesa se identifica -una vez acomodados los comensales- con una piedra de pizarra tallada con el nombre de la habitación, un bonito método que aúna eficiencia y tradición. 




Y en cuanto a la gastronomía, los protagonistas principales son los productos naturales de primera calidad. Las cenas se sirven a menú cerrado y constan de aperitivo, entrante, plato principal y postre. Por méritos propios, las carnes de cordero y ternera procedentes de los valles de la zona acaparan todas las atenciones. El trabajo en cocina es excelente, la presentación de los platos inmejorable y los tiempos de espera adecuados. Como suele ser habitual, el desayuno es tipo buffet dulce y salado, con repostería casera, zumos naturales y café de muy buena calidad.


Sentif (Bodegas Estrada Palacio) luciendo el sello de Vignerons

Y acerca del vino -casi se nos había olvidado- podemos afirmar que la carta es amplia y variada, con referencias de diferentes orígenes geográficos, aunque destacan los vinos pertenecientes a Vignerons de Huesca de los que ya hemos hablado largo y tendido en otras ocasiones. En cualquier caso, recomendamos al comensal que se deje llevar por los consejos de David, siempre dispuesto a orientar sabiamente a sus huéspedes. Así lo hicimos nosotros y disfrutamos de principio a fin, es decir, desde el aperitivo hasta el postre, con una botella de Sentif elaborado por Bodegas Estrada Palacio (Bespén) en base a un ensamblaje de tres variedades tintas -Tempranillo, Merlot y Cabernet Sauvignon- con prolongada permanencia en barrica de roble francés. Un vino como este representa en sí mismo una dualidad. Por un lado es la mejor definición de los vinos tintos de la moderna DO. Somontano -fusión de cepajes autóctonos y foráneos, crianza prolongada, etc- pero por otra parte es también la seña de identidad de esos pequeños productores que fieles a sus orígenes han decido continuar trabajando las mismas tierras que cultivaron sus antepasados, aferrados a sus casas y sus campos como hicieron aquellos habitantes de La Solana que se negaron a rendirse.


Un antiguo fudre reconvertido en elemento decorativo

Abandonamos el Hotel Casa de San Martín no sin antes echar una última mirada a su fachada de piedra y a sus impolutos jardines, al mismo tiempo que nos preguntábamos el motivo por el que alguien que ha vivido en los cinco continentes decidió echar raíces en este desconocido y recóndito valle del Pirineo Aragonés. 

Y prestando atención no tardamos en encontrar la respuesta. 

Únicamente escuchamos el silencio de La Solana...