viernes, 23 de marzo de 2018

> Cata Bodega Mas de Torubio en El Sitio de Eugenia





La bodega Mas de Torubio se ubica en Cretas (Teruel), concretamente en la comarca oriental del Matarraña, un pequeño edén paisajístico, encrucijada de caminos entre Aragón, Tarragona y Castellón. La orografía de la zona es eminentemente montañosa, con sierras y cañones correspondientes a las últimas estribaciones del Sistema Ibérico en su confluencia con las cordilleras costeras catalanas de camino hacia el mar Mediterráneo. Linda al noreste con otras denominaciones de origen tan interesantes como Terra Alta, Priorat o Montsant. Bosques de pinos, olivares, almendreras y una gran diversidad en plantas aromáticas le otorgan a esta comarca una riqueza visual y aromática tan sólo comparable a la oscense DO. Somontano y más concretamente a la Sierra de Guara.


Paisaje del Matarraña. Fuente: unizar.es

La finca Mas de Torubio tiene una extensión total de 25 hectáreas, mitad olivar, mitad viñedo, con suelos arcillosos, en principio no demasiado favorables para este tipo de cultivos, pero que insisten año tras año en llevar la contraria a la razón. Con una altitud aproximada de 580 metros sobre el nivel del mar, en ella se cultivan variedades blancas (Garnacha Blanca, Sauvignon Blanc) y tintas (Garnacha Peluda, Garnacha Tinta, Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo). Para la elaboración de los vinos de Mas de Torubio se utiliza aproximadamente el 20% de la uva producida, indudablemente la de mejor calidad, y el resto se vende a cooperativas de la zona para la elaboración de vinos de gran volumen.


Vinos Mas de Torubio

Comenzaron su andadura en el año 2003, siendo en la añada 2011 la primera que se comercializó en botella. En la actualidad se elaboran entre 15000 y 20000 botellas anuales, todas ellas borgoñonas y siempre con corcho natural.  Las instalaciones de la bodega ocupan unos 150 metros cuadrados en los bajos de la antigua casa familiar en el casco urbano de Cretas. Podría decirse que todo tiene carácter artesanal en Mas de Torubio, desde la vendimia manual en cajas hasta el diseño de las etiquetas, trabajo realizado por Marta Monreal, hermana de Enrique Monreal, quien desempeña el papel de enólogo de la bodega. El tercero de los hermanos es el encargado de efectuar las labores en la viña. Una particularidad es la realización de varios embotellados a lo largo del año para garantizar las óptimas condiciones de los vinos hasta la entrega al consumidor final.


Todo preparado para la cata

Aunque ya conocíamos alguno de los vinos de Mas de Torubio -los descubrimos hace varios años en el transcurso de una feria- es cierto que nunca habíamos tenido la oportunidad de disfrutar de una cata lineal de todo el catálogo de la bodega. La ocasión nos la brindó El Sitio de Eugenia, coqueta tienda gourmet en la que todos y cada uno de los artículos tienen nombre y apellidos. Allí no sólo se venden productos de calidad sino que se explica al comprador hasta el último detalle: procedencia, elaboración, características, maridaje, etc. Eugenia intenta conocer personalmente a sus proveedores y, siempre que es posible, viaja hasta el lugar de origen del alimento para asimilar y comprender la labor de cada pequeño productor, sus valores y dificultades, en resumidas cuentas el espíritu y la esencia de cada elaboración. Cada embutido, cada conserva, cada botella de vino, tienen una historia detrás, y nadie como Eugenia es capaz de transmitirla. Es el valor añadido, el detalle de calidad que acompaña la compra en los comercios de proximidad, un sector que lamentablemente no se ha puesto en valor adecuado y que intenta con cariño y buen hacer dejar atrás años de inmerecido olvido.

A continuación las notas de cata de cada uno de los vinos y una breve descripción del maridaje con que fueron armonizados.


Xado Blanco

XADO BLANCO 2017
Garnacha Blanca y Sauvignon Blanc (90-10). 4 meses sobre sus lías finas en depósito de acero inoxidable con batonnage periódico. Clarificado con bentonita y filtrado poco exhaustivo con filtros de papel. Amarillo pajizo con ribete acerado. Piña madura y aromas tropicales (mango, melón amarillo) en nariz, provenientes sin duda de ese pequeño porcentaje de Sauvignon Blanc de excelente calidad y baja producción, menos de 500 gramos por cepa. Herbáceo pero no vegetal, hierbas aromáticas (tomillo, espliego). Acidez media-alta en boca. Longitud media-alta. Muy elegante. Graso y untuoso. Sorprende cierto recuerdo salino en los labios que puede ser por la acidez, pero preferimos creer que se debe a cierta influencia del cercano mar Mediterráneo, a menos de 50 kilómetros del viñedo en línea recta. Nos encanta esa idea... Perfecto el maridaje propuesto por El Sitio de Eugenia con tostadita de trucha ahumada del Pirineo y sus huevas.


Cloteta

CLOTETA 2017
100% Garnacha Peluda. 4 meses en barrica de roble francés y americano, de primer uso al menos la mitad. Atractivo color rojo cereza de capa baja y ribete violáceo. Casi parece un rosado de tonalidad intensa. Flores azules (lilas, violetas), guindas y vainillas suaves. Yogur de fresa. Acidez media y nula astringencia. Quizás algo más de longitud le vendría bien. Todo sutileza. Arriesgado pero exitoso maridaje con unas habitas de Navarra salteadas con jamón de Teruel.


Xado Tinto

XADO TINTO 2015
Cabernet Sauvignon y Garnacha (60-40). 10 meses en barrica de roble francés y americano. Picota de capa media-alta con menisco rubí. Fruta roja y negra. Pimiento rojo asado, pimienta negra. Caramelo de café con leche. Chocolate también con leche. Sutilmente licoroso, perfumado aunque no alcohólico. Acidez contenida. Astringencia media, mucho menos de lo que cabría esperar en un ensamblaje dominado por la Cabernet Sauvignon. Postgusto largo. Excelente vino, menos sorprendente que el anterior, tanto por el cepaje mayoritario como por su forma de elaboración. La Cabernet Sauvignon está ampliamente difundida y los posibilidades de encontrarla en los vinos de la carta de cualquier restaurante del mundo son elevadísimas, no pasa lo mismo con la humilde y desconocida Garnacha Peluda. Inmejorable  y clásico maridaje con queso "ojos azules" de Mas del Tano (Fraga) sobre confitura artesana de tomate rosa.


Clota

CLOTA 2015
Elaboración exclusiva. 1500 botellas. Sólo en añadas excelentes. 
Garnacha, Cabernet Sauvignon, Merlot y Tempranillo (50-20-20-10). 15 meses de crianza en barricas de roble francés y americano. Precioso guiño al pasado con su cierre de lacre, botella por botella, labor artesanal que sin embargo apenas tiene repercusión sobre el precio final de cada botella. Imponente color rojo picota de capa media y ribete granate. Frutas negras (moras, ciruelas, higos) casi en compota. Aromas fermentativos, mantequillosos. Especiados y mentolados. Mon Cheri. Postgusto eterno. Soberbio y opulento. Sin duda, un señor vino. El maridaje con pato confitado sobre mermelada amarga de kumquat resultó un entretenido y satisfactorio contraste agridulce.

Disfrutando del Clota, vino top de Mas de Torubio, pusimos punto final a este agradable encuentro entre consumidores, elaborador y distribuidor. Y lo mejor de todo es que cuando salimos de allí tuvimos la sensación de haber estado merendando en casa de unos amigos, porque también ese mérito tiene el vino, es capaz de forjar amistades tan sólo compartiendo unas copas.



jueves, 8 de marzo de 2018

> Lo Món 2012 (DOc. Priorat): escalera hacia el cielo...





La DOc. Priorat tiene un origen místico...

En el siglo XII, Alfonso II "El Casto" Rey de Aragón, Conde de Barcelona y Marqués de la Provenza, ordenó a dos de sus caballeros la búsqueda de un lugar apropiado dentro de su reino para que se instalara una congregación de monjes cartujos provenientes del otro lado de los Pirineos. Dichos caballeros localizaron un territorio al sur de la Sierra de Montsant y en su periplo preguntaron a un pastor de la zona, el cual no dudó en narrarles un milagro que repetidamente sucedía en las proximidades. Al parecer uno de los pinos de determinada ladera, siempre el más elevado, se transformaba en ocasiones en una escalera por la que los ángeles ascendían y descendían desde el cielo. Sin duda no podía haber mejor ubicación para la construcción del Monasterio Cartujano de Santa María de Scala Dei, cuyos monjes trajeron consigo el cultivo de la vid a estas tierras y lo mantuvieron durante seis siglos. La leyenda se extiende hasta nuestros días y quien lo ponga en duda no tiene más que echar un vistazo al logo de la DOc. Priorat.


Ruinas del Monasterio de Sta. María de Scala Dei

Tras la plaga de filoxera de finales del siglo XIX se abandonó el cultivo de la vid, en parte también por la emigración a las ciudades, ávidas de mano de obra barata para la emergente industria textil catalana de principios del siglo XX. No fue hasta la década de los 80 cuando algunos viticultores, a medio camino entre el romanticismo y la enajenación mental, decidieron retomar la elaboración de vinos en este rincón de la provincia de Tarragona, a punto de desaparecer agrícola y demográficamente. Su apuesta fue en favor del cultivo ecológico y de los bajos rendimientos, anteponiendo calidad a cantidad, pero sobre todo preservando una identidad propia. En la actualidad la DOc. Priorat está integrada por 12 villas y ostenta, junto con la DOc. Rioja, el máximo reconocimiento en cuanto a calidad en el extenso conjunto de las zonas vitivinícolas españolas. 

De las cuatro bodegas existentes en 1989, se ha pasado al centenar largo a día de hoy. Los hijos de aquellos irreverentes emprendedores de hace 30 años son los que en la actualidad tiran del carro de los vinos del Priorat y, en líneas generales, mantienen la filosofía de sus antecesores: respeto a la viña, cultivo ecológico y producción controlada, todo ello con el objetivo de mantener las cotas de éxito alcanzadas a finales de los 90 y primeros de los 2000, cuando Robert Parker ascendió a los altares de los 100 puntos a algunos vinos del Priorat.



Vista exterior de la bodega. Fuente: www.turismepriorat.org

La bodega Trossos del Priorat (Gratallops) inició su andadura en el año 2004. Los actuales propietarios son los hermanos Vives y sus modernas instalaciones, tanto de bodega como de hotel, están miméticamente enterradas en una ladera de viñas, con el fin de optimizar el aislamiento térmico y favorecer los procesos de vinificación. Elaboran 5 vinos tintos y 2 blancos, con especial protagonismo para las Garnachas (tinta y blanca), sin olvidar otras variedades locales (Cariñena, Macabeo) e internacionales (Syrah, Cabernet Sauvignon, Viognier).


Cepa centenaria en una ladera de pizarras (licorellas). Fuente: Luis Gutierrez 


El vino que hoy nos ocupa recibe el curioso (e incluso pretencioso) nombre de Lo Món 2012. Elaborado siguiendo un multitudinario ensamblaje de Garnacha, Cariñena (Samsó), Cabernet Sauvignon y Syrah (50-25-15-10) se le somete a 12 meses de crianza en barrica de roble francés. Las uvas con las que se elabora proceden de agricultura ecológica, respetuosa con el ambiente, con la orografía y con el paisaje. Viñedos en terrazas, suelos pobres de pizarras de diferentes colores conocidas como licorellas que obligan a las vides a profundizar con sus raíces en busca de los nutrientes esenciales y que dotan, con todos los matices que los expertos quieran, de esa mineralidad tan peculiar a los vinos del Priorat.

          

Visualmente de color rojo cereza de capa media-alta con ribete rubí, el Lo Món 2012 se mostró en nariz rico en frutas rojas muy maduras (guindas) casi negras (grosellas, moras), lácticos y mentolados. Mineral y especiado. Colonia infantil. Caramelo de café y chocolate con leche. Tostados. Carne ahumada. En fase gustativa exhibió de entrada una astringencia media, algo terroso. Cremoso, mantequilloso, graso. Opulento y poderoso en boca. Postgusto largo. No apto para todos los públicos. Catado a las 24h, manifiestó más fruta negra desecada (higos, ciruelas-pasa), taninos pulidos y resultó algo más licoroso. Gana enteros con la oxigenación, recomendamos decantarlo, no sólo para liberar esos compuestos volátiles encerrados en la botella sino también para minimizar durante el servicio en copa cierta presencia de sedimentos, lógica consecuencia en un vino con tan elevada carga cromática y de elaboración mínimamente intervencionista.

Un soberbio Priorat del que deseas que la botella no se termine, porque mientras se disfruta no es difícil imaginar, en mitad de un pinar, a los ángeles bajando del cielo por una escalera, aunque muy a nuestro pesar, esa visión se disipa al apurar la última copa de Lo Món 2012.