Mostrando entradas con la etiqueta Servicio del vino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Servicio del vino. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de diciembre de 2019

> Destino Soria (y II): hotel rural La Casa de Adobe




Valdemaluque es una apacible localidad soriana prácticamente equidistante entre la ciudad episcopal de El Burgo de Osma y el Cañón del Río Lobos del que ya hablamos en una entrada anterior. Su urbanismo sigue la vega del río Ucero y sus edificaciones -incluso las más modernas- recuerdan a las antiguas casas pinariegas. Este tipo de construcciones representan la arquitectura rústica popular del oeste soriano, paredes con un entramado de madera sobre una base de piedra donde se asientan los muros de adobe y tapial. Tradicionalmente la casa pinariega se conformaba en una única planta destinada a vivienda y cuadra, con un granero en el piso superior. Todavía es posible ver en Valdemaluque algunas de esas antiguas casas -la mayoría destinadas a uso agrícola y de almacenaje- muchas de ellas en un lamentable estado de abandono. Sin embargo, a cualquier visitante le llamará la atención una casa pinariega de gran tamaño que parece haber sido construida recientemente, aunque respetando escrupulosamente la estética más tradicional. Esta casa, antiguamente conocida como "Casa de la Tía Timotea", es en la actualidad el moderno y agradable hotel rural La Casa de Adobe. 


Chimenea  encestada

Enca y Steve son los propietarios de La Casa de Adobe y a decir verdad, no sabemos con certeza cuál fue el motivo que consiguió convencer a Steve para que se trasladara definitivamente desde su Inglaterra natal hasta Soria, aunque conversando con Enca cuesta poco imaginar quién fue la artífice de ello. Cuando adquirieron la casa podría decirse que estaba a punto de derrumbarse, así que las primeras labores fueron de derribo y desescombro, aunque la preservación de vigas y otros elementos de madera fue un objetivo prioritario, ya que ambos tenían muy claro que la nueva casa debía conservar -lo más fielmente a la tradición- el estilo único de las casas pinariegas. La planta superior de la antigua casa de la Tía Timotea era el granero, un espacio diáfano de techo bajo con unos ventanucos, mientras que la planta inferior estaba ocupada por la cuadra, las habitaciones y la cocina, siendo indudablemente esta última la estancia más frecuentada. Sobre la vertical del hogar en el que crepitaba la leña -única fuente de calor de la época- y ocupando la totalidad de lo que debería ser el techo de la cocina, se elevaba otro elemento peculiar de la arquitectura tradicional. Hablamos de la "chimenea encestada", un gigantesco canasto troncocónico construido sobre un armazón de tablas de roble, tejido con ramas de enebro, barro y cal que se convertía en algo así como la columna vertebral de la casa. La chimenea atravesaba el piso superior y sobresalía por el tejado, recubriéndose exteriormente con tejas para protegerla de las inclemencias del tiempo, terminando en su extremo con tablas de madera para formar la contera y rematando el conjunto con una pieza metálica conocida como chipitel, imprescindible para impedir la entrada de agua y nieve durante el invierno.

Comedor. Al fondo la antigua cocina pinariega

Salón. Sobre el sillón orejero, un intruso

La reconstrucción de la casa -incluyendo la chimenea- no resultó una tarea sencilla porque fue necesario incorporar todas las técnicas actuales sin perder el encanto de las casas antiguas. En la planta baja recibe al viajero un amplio distribuidor desde el que parten las escaleras que suben al piso superior. El enorme comedor abraza por ambos lados a la antigua cocina pinariega que en realidad es hoy en día un cuarto de estar. Unas amplias ventanas iluminan el comedor que se distribuye en dos zonas, una con sillones en torno a una moderna chimenea acristalada y otra algo más elevada donde se ubican las mesas para disfrutar de cenas y desayunos. Un pequeño salón donde ver la única televisión de la casa y una habitación doble completan la planta baja. Subiendo las escaleras se llega a un nuevo distribuidor ocupado en gran medida por el cuerpo central de la chimenea encestada, en torno a la cual se encuentran las cuatro habitaciones dobles -todas ellas exteriores- con las que cuenta el hotel.


Patio exterior de La Casa de Adobe con sus peludos moradores

La amplitud de espacios es una constante en La Casa de Adobe, tanto en las zonas comunes como en las habitaciones. Esta últimas resultan francamente confortables, sin duda ayudadas por los elevados techos con las vigas de madera a la vista, un detalle que puede penalizar durante los meses invernales a los viajeros más frioleros, aunque se dispone de calefacción por hilo radiante con termostato individual en cada habitación. Los cuartos de baño son también generosos en dimensiones y cuentan con ducha de obra así como con un completo equipamiento. Obviamente el color terracota es el predominante en las paredes y ellas mismas son visualmente las protagonistas. La casa resulta muy acogedora a pesar de su austeridad desde el punto de vista decorativo -no debemos olvidar que se trata de una fiel reproducción de las antiguas casas de los labriegos sorianos- aunque sorprende por su calidez. Durante el día se echa en falta algo más de iluminación natural, a pesar de las ventanas adicionales que se abrieron en el comedor, pero si el tiempo acompaña es preferible salir al exterior donde es posible relajarse mientras se observa a la gran familia felina que Steve se encarga de alimentar -con puntualidad británica- dos veces al día. De hecho, cinco minutos antes de la hora, comienzan a tomar posiciones los gatos más madrugadores. Sin embargo todo es armonía, no hay maullidos ni conflictos, y una vez que han comido, cada uno regresa a su lugar de descanso, sólo los gatitos más jóvenes y traviesos permanecen a la vista durante sus momentos de diversión. 


    


Dice el refrán que hay gente para todo, pero nos resistimos a pensar que haya algún huésped de La Casa de Adobe a quien defraude el desayuno. La variedad  del mismo y el cariño con que Enca y Steve atienden a sus invitados son plena garantía de satisfacción. Mermeladas caseras, pan recién tostado, excelente café y -por supuesto- mantequilla de Soria. Para los más desvergonzados y atrevidos, como es nuestro caso, huevos fritos y embutido para terminar el vino de la cena de la noche anterior. Por cierto, las cenas diseñadas a menú cerrado constan de aperitivo, entrante, plato principal y postre, todo ello de elaboración casera y con predominio de los productos de proximidad. En el capítulo dulce el protagonismo es para las recetas inglesas, destacando por méritos propios el buen hacer de Enca en la preparación del Sticky Toffee Pudding y del Apple Crumble, sencillamente deliciosos. Una amplia carta de infusiones naturales es el complemento ideal para una relajada conversación junto a la chimenea.

Las joyas enológicas de Steve

No nos hemos olvidado de los vinos, hilo conductor de nuestros artículos, más bien hemos decidido dejarlos para el final. Fiel a su filosofía de apostar por los productos autóctonos, la selección de vinos realizada por Steve incluye numerosos representantes sorianos. Varias botellas saludan a los comensales desde una vitrina iluminada de camino al comedor y raro es el que no se detiene ante ella a elegir el vino para la cena. Es posible disfrutar de ellos por copas o por botellas, a gusto del consumidor. 


Valdebonita. Fuente: web de la bodega

Comenzamos degustando para acompañar el aperitivo una copa de Valdebonita, monovarietal de Albillo, variedad blanca recién aceptada por la DO. Ribera del Duero, con fermentación y crianza parcial en barrica de roble francés. Está elaborado por Bodegas Rudeles en Peñalba de San Esteban, un atractivo proyecto que ha surgido del esfuerzo común de varios viticultores, propietarios de pequeñas parcelas con cepas centenarias, alguna incluso prefiloxérica. El nombre de la bodega es el resultado de la fusión de la primera sílaba del apellido de cada uno de los socios -Rupérez, Del Hoyo y Espinel- familias todas ellas bien arraigadas a la localidad de Peñalba. Cuentan con algo más de 15 hectáreas de viñedo bastante desperdigado a 950 metros de altitud, múltiples parcelas que obligan a un trabajo metódico y manual de las variedades Tinta del País, Garnacha y Albillo, esta última protagonista del Valdebonita. Amarillo pajizo de capa media con ribete dorado. Nariz plena de manzanas asadas, vainilla, panadería y taller de ebanistería. Entrada muy agradable gracias a un pellizco de azúcar residual, paso alegre y cremoso sin excesiva complejidad, refrescante acidez y postgusto de media duración ligeramente amargo con recuerdos de cáscara de limón. Gran trabajo realizado con una variedad de uva seria y sobria, poco aficionada al folclore aromático. Muy interesante.

12 Linajes Crianza

Para la armonización de la cena de la primera noche nos decantamos por el 12 Linajes Crianza elaborado por Viñedos y Bodegas Gormaz, la antigua sociedad cooperativa de San Esteban de Gormaz, integrada actualmente en el grupo Hispanobodegas. Se trata de un vino "muy Ribera del Duero" monovarietal de Tinta del País con 14 meses de crianza en barrica mixta de roble americano y francés. Visualmente de un color rojo cereza de capa media-alta con ribete granate, le cuesta mostrar en nariz unas tímidas frutas rojas y negras, algo eclipsadas por los tostados y torrefactos de la crianza. Agradece mucho la aireación, desapareciendo ese exceso de madera, para dar paso a la mermelada de ciruelas, el regaliz y los balsámicos. Resulta muy elegante en boca, con esa sincera acidez que caracteriza a los riberas más orientales y en el final de media persistencia, reaparece el café y los recuerdos a caja de puros. Más que correcto, aunque precisa de tiempo en la copa para mostrar todo lo tiene.


Rudeles 23

El elegido para la segunda de las cenas, fue en realidad una recomendación personal de Steve.   La etiqueta del Rudeles 23 no resulta especialmente atractiva, más bien parece algo infantil, y representa el mapa a mano alzada de los 23 viñedos de los que proceden las uvas. Ensamblaje de Tinta del País y Garnacha (95-5) con posterior crianza durante 5 ó 6 meses en barrica de roble francés. Picota de capa muy alta con menisco violáceo, indicativo de su juventud. Guindas y otras frutas rojas, acompañadas de recuerdos lácticos, suaves mentolados y especiados. En boca es cremoso, redondo y amable, con unas sutiles notas de crianza que acompañan sin molestar. Fácil, accesible y diseñado para hacer disfrutar. Excelente.

Concluimos aquí este breve serie dedicada al sur de la provincia de Soria, un rincón de la España interior pendiente de ser descubierto. Naturaleza, historia, gastronomía y buenas gentes. Remanso de tranquilidad donde una conversación es el mejor placer y compartir una copa de vino representa la máxima felicidad.

We will return!


Los autores del blog con Enca y Steve en la puerta de su casa

viernes, 22 de noviembre de 2019

> Destino Soria (I): historia y paisajes




Tan cercana como lejana, la provincia de Soria tiene todo el encanto de las tierras del interior. A diferencia de las comarcas montañosas y boscosas del norte soriano donde la industria de la madera supone el motor económico, la mitad sur tiene una orografía más llana y una vocación significativamente más agroganadera. Podría decirse que la frontera entre ambos territorios es el propio río Duero, que vertebra la provincia de este a oeste desde su mismo nacimiento en los Picos de Urbión hasta que se adentra en tierras burgalesas.


Vistas desde el Castillo de Gormaz

Girasoles en la falda del Castillo de Gormaz

El paisaje del sur soriano es Castilla en estado puro. Eternas extensiones de cereal y girasol -las mismas que inspiraron en su obra a Antonio Machado, sevillano de nacimiento y soriano de adopción- decoradas por las pinceladas verdosas de los cauces fluviales y los pinares que hacen equilibrio en algunas laderas, vigilados desde lo alto de algún promontorio por las ruinas de castillos cristianos y alcazabas musulmanas, como la impresionante Fortaleza Califal de Gormaz, visible desde varios kilómetros de distancia. Construida aprovechando toda la superficie horizontal de un altozano cerca del Duero, sorprende por sus grandes dimensiones y por las magníficas vistas que desde allí se tienen de toda la comarca. No debemos olvidar que durante mucho tiempo el río Duero marcó el límite que separaba el territorio musulmán del cristiano y fue por tanto objeto de disputa entre ambos bandos.


Calle Real de Calatañazor

Torreznos y Ribera del Duero

En ese mismo contexto histórico de la Reconquista, resulta imprescindible la visita a la localidad de Calatañazor, pequeña villa medieval de casas de adobe y soportales de madera, en cuyas proximidades tuvo lugar la batalla que puso fin a la hegemonía militar del caudillo musulmán Almanzor, como bien lo rememora un busto en una replaceta de su empedrada calle Real. No queda claro si dicha batalla se produjo realmente o si más bien fue invención de algún cronista cristiano -propaganda política de la época- y que con el paso de los siglos tomó forma de leyenda para después convertirse en realidad. En cualquier caso, las piedras de las murallas de Calatañazor no parecen tener prisa, de manera que el conjunto monumental erigido sobre los cortados del cauce del río Milanos, bien merece un paseo sosegado. Si la climatología no acompaña -incluso aunque acompañe- el visitante puede buscar refugio y reponer fuerzas en varios restaurantes de cocina tradicional soriana donde se puede considerar ofensivo no tomar unos torreznos y una copa de vino, por supuesto Ribera del Duero, porque no sólo de uva vallisoletana y burgalesa se nutre dicha denominación de origen. 


La Fuentona, un lugar mágico

Esquema del sistema de galerías de La Fuentona

Dejando a un lado la historia, los atractivos del medio natural son por sí mismos, motivo suficiente para justificar una escapada a este rincón de la provincia de Soria. Muy cerca de Calatañazor, en la localidad de Muriel de la Fuente, se puede visitar el paraje conocido como La Fuentona, una laguna natural con forma de embudo kárstico que es en realidad el nacimiento del río Abión. El entorno tiene algo de místico y en sus orillas se puede percibir cómo fluye la naturaleza en forma de agua cristalina. Las profundidades de La Fuentona han sido en parte exploradas por los especialistas de espeleobuceo del programa televisivo Al filo de lo imposible, aunque a día de hoy sigue sin saberse con certeza la longitud de las galerías subterráneas inundadas que conforman este fascinante fenómeno geológico. Este mágico paraje también sirvió de inspiración al poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer -otro sevillano- para escribir la leyenda Los Ojos Verdes en la que un espíritu malévolo con forma de bella mujer y ojos color esmeralda enamoraba perdidamente a un caballero y lo arrastraba hacia las oscuras aguas de una laguna.


Cañón del Río Lobos

Ermita de San Bartolomé


Por méritos propios, el principal reclamo turístico es el Parque Natural del Cañón del Río Lobos, un bello y encajonado valle calizo que a lo largo de 25 kilómetros se extiende entre las provincias de Soria y Burgos. Visualmente precioso como consecuencia del doble efecto erosivo del agua y del viento, sus paredes, riachuelos, cuevas y simas son ricos en flora y fauna autóctona. Sin mucho esfuerzo por nuestra parte, tuvimos la oportunidad de avistar buitres leonados, corzos, petirrojos, ardillas y ranas. Dispone de varios accesos con aparcamientos bien señalizados. Es posible realizar numerosas rutas a pie, siendo la más habitualmente transitada la que por el fondo del cañón lleva hasta la ermita de San Bartolomé y desde allí hasta el Puente de los Siete Ojos. Dar un paseo por este parque natural es un completo deleite para los sentidos. Erróneamente hay quien afronta una jornada así como si fuera una carrera, cuando en realidad debe disfrutarse cada rincón. Escuchando y observando a la naturaleza sin prisa alguna es la mejor manera de conseguir conectar con ella, y si se tiene sensibilidad y paciencia, es sólo cuestión de tiempo que el medio natural termine por comunicarse con el visitante.



Al sur del Cañón del Río Lobos está la villa de Ucero -donde por cierto adquirimos varias botellas de vino en una coqueta tienda situada en la misma carretera- y muy cerca de allí, nuestro destino final en la localidad de Valdemaluque: el hotel rural La Casa de Adobe.

En la próxima entrada todos los detalles de nuestra estancia. 




viernes, 6 de septiembre de 2019

> De vinos -y algo más- por Granada



Desde el punto de vista turístico, visitar Granada siempre resulta excitante. Su poderoso pasado histórico y cultural -representado por el majestuoso conjunto monumental de la Alhambra y el Generalife, sin olvidar la imponente Catedral de la Encarnación y la Capilla Real de los Reyes Católicos- justifica plenamente una escapada a la capital granadina.


Exterior de la Capilla Real de los Reyes Católicos

Vista del Albaicín desde la Alhambra

Restaurante-cueva en el Sacromonte

El peculiar urbanismo de ciertos barrios también tiene su atractivo. Es el caso del Albaicín, erigido siguiendo el trazado de un antiguo asentamiento musulmán sobre la colina que domina la margen derecha del río Darro, con esas cuestas empedradas, laberínticas e imposibles de memorizar para ningún turista. Lo mismo puede decirse del barrio del Sacromonte, cuna del pueblo gitano de Granada, donde las casas son mitad construcción y mitad cueva excavada directamente en la montaña y en el interior de las cuales se puede asistir a espectáculos de flamenco bajo los mismos techos de piedra que vieron nacer este arte folclórico tan apreciado dentro y fuera de nuestras fronteras.


Patio de la acequia en el Generalife

Flores en los jardines de la Alhambra

Granada indudablemente tiene un magnetismo único, fruto de esa mezcolanza de culturas y religiones que un siglo tras otro han ido dejando su huella en las costumbres y en la gastronomía. Pasear por la ciudad es un constante estímulo visual pero también olfativo. En los jardines de la Alhambra y del Generalife cada rincón desprende el aroma de una flor distinta, en especial a primera hora de la mañana, con la tierra todavía húmeda, cuando los primeros rayos de sol inciden sobre las plantas aún frescas por el rocío de la noche. 

Interior de una tienda en la Alcaicería
Especias

Al mediodía los aromas más interesantes se pueden percibir en la Alcaicería, antiguo mercado de estrechas callejuelas al lado de la Catedral y del Palacio de la Madraza, donde las tiendas dedicadas al repujado de la piel y a la antigua artesanía de taracea se intercalan con los comercios de venta de especias. Estos últimos no son los más numerosos, pero su presencia aromática es notoria en cada callejón y traslada olfativamente al visitante a tierras exóticas y lejanas. 


Hammam antiguo de la Alhambra

Imágenes aromáticas en El Patio de los Perfumes

La tarde es el momento idóneo para el acicalado y el cuidado corporal, así que puede ser una buena opción dirigirse a alguno de los baños árabes que ofrece la ciudad para recrear el antiguo rito del hammam, donde las sensaciones olfativas van de la mano de las tactiles e incluso de las auditivas. Otra alternativa, más seca y menos costosa, es dar un paseo por la orilla del río Darro y disfrutar de algunos comercios dedicados a la elaboración de perfumes. Alguno incluso ofrece la posibilidad de acceder a los patios interiores, al taller del perfumista y a un museo del perfume.



Una noche en el Albaicín: té, dulces y narguile

Siempre nos ha llamado la atención el modo en que cambian las calles durante la noche, pero esta circunstancia nos ha parecido todavía más acusada en Granada. Hay comercios cerrados durante el día, ocultos por una persiana o unas tablas de madera, que cuando se pone el sol vuelven a la vida. Es el caso de las teterías de las calles bajas del Albaicín, pequeños locales decorados con sumo gusto donde es posible disfrutar de un té y unos dulces árabes mientras se comparte una pipa de agua, también denominada narguile, shisha o cachimba. Son lugares donde el visitante debe acostumbrarse a detener el tiempo, a hablar en voz baja y deleitarse con sabores, aromas y evocaciones que recuerdan a tiempos pasados, a países lejanos, y que sin embargo es posible disfrutarlos a día de hoy en el centro de Granada.


Patio de los Leones, imagen icónica de La Alhambra
Patio de los Arrayanes

Sin embargo, la ciudad de la Alhambra no es un destino precisamente habitual para los que buscamos -como es nuestro caso, casi de manera obsesiva y enfermiza- atractivos relacionados con el vino. Y no es la climatología la responsable de este palpable abandono del consumo de vino de calidad en beneficio de la cerveza -por cierto, magníficamente tirada incluso en la tasca más pequeña- pues siguiendo ese razonamiento, en la vecina y aún más calurosa Córdoba no deberían reinar como lo hacen los vinos de Montilla-Moriles. Es más bien una influencia cultural, en parte consecuencia de los miles de visitantes que la ciudad de Granada recibe cada año -muchos de ellos jóvenes universitarios- lo cual unido a la mínima presencia de vinos autóctonos en la oferta hostelera, decanta claramente la balanza hacia el lado de la cebada fermentada y los refrescos. 


Platos típicos de la cocina granadina y copa de sangría

Como en cualquier otro lugar turístico de la geografía española, es imposible no encontrar tarde o temprano una pizarra con letras de colores donde se anuncien cócteles que tienen al vino como protagonista en su elaboración. La sangría y el tinto de verano son los más populares y sorprende que después de tanto tiempo sigan siendo los preferidos por el visitante extranjero. Si el fin justifica los medios, resulta indudable que esos brebajes sirven para animar al consumo de vino, otro asunto bien distinto es la calidad del vino empleado. Es cierto que después de una calurosa jornada, el cuerpo pide un trago refrescante y los combinados en cuestión satisfacen a todo el mundo, así que no nos reprimimos y decidimos disfrutar de una sangría que prácticamente era una macedonia con vino y hielo.


En cuanto a la procedencia de los vinos presentes en las barras de los bares y tabernas, se impone la dictadura de las tres erres -Rioja, Ribera y Rueda- con alguna honrosa presencia de vinos propios de la zona, escasamente ofrecidos por los camareros. Con cierto interés y perseverancia por parte del comensal, es posible encontrar algún vino autóctono, aunque no abundan. Granada cuenta con más de 5000 hectáreas de viñedo y las 60 bodegas que hay en la actualidad elaboran sus vinos con el sello de la DOp. Granada o con la garantía de alguna de las tres IGPs de la provincia -Altiplano de Sierra Nevada, Cumbres del Guadalfeo y Laderas del Genil. Se elaboran vinos tranquilos con y sin crianza, espumosos y vinos de vendimia tardía, como ese blanco semidulce que ilustra la imagen de más arriba. En relación a los precios, no se puede decir que sean comedidos, algo tal vez motivado por la tradición de acompañar cada bebida con una tapa sin cargo adicional, costumbre que no deja de ser un arma de doble filo. No suele existir una carta de tapas, siendo la cantidad y la calidad de las mismas muy variable. Algunos establecimientos son más generosos que otros, pero esa información no suele estar al alcance del turista. 


Vermut en Bodegas Castañeda

Tras varios e infructuosos intentos, por fin tuvimos la oportunidad de encontrar un rincón con la suficiente habitabilidad como para poder tomar algo -por supuesto de pie, porque conseguir una mesa es imposible- en Bodegas Castañeda, el templo más genuino del taperío granadino. Guirnaldas, farolillos, azulejos y cabezas de toro orlan sus paredes. Varias barricas tras la barra han visto pasar mil veces a una legión de camareros con sus camisas blancas. Dada la hora y absolutamente abducidos por la atmósfera taurina, nos entregamos al gozo y disfrute de un vermut casero de esos que recuperan a cualquier enfermo, preparado en décimas de segundo y servido como acompañamiento a una tapa de arroz con carne. Somos conscientes de que el vermut es en realidad el lado oscuro del vino, su vertiente más aliñada y la que permite menos interpretación en su cata, pero en aquel momento, sumergidos en ese ambiente bullicioso, nos pareció la mejor de las elecciones.



Curiosa colección de botellas antiguas

Jamón ibérico y palo cortado. ¡Olé!

Justo en la calle paralela, hay otro establecimiento que a pesar de su nombre no debe confundirse con el anterior. Antigua Bodega Castañeda es más restaurante que taberna, dispone también de más espacio y de terraza exterior, aunque ya no tiene esa autenticidad cañí. Lo propio es pedir unas raciones y tomarlas con calma, nada que ver con el frenesí y el ajetreo del otro local. En la cristalera exterior llama la atención una interesante colección de botellas antiguas, recuerdos del pasado tabernario y vinatero de varias generaciones de granadinos. A la hora de pedir apostamos por un caballo siempre ganador: ración de jamón ibérico y palo cortado de Montilla-Moriles, una combinación insuperable. 





Un breve desplazamiento de escasos cincuenta metros nos llevó hasta Taberna Salinas, un establecimiento con menos solera pero con una amplia carta de raciones, muy buen servicio y precios más ajustados. Allí por fin, después de calmar la sed con un par de cervezas, pudimos catar con tiempo un vino tinto de la zona que nos recomendaron: Muñana Rojo.  Ubicadas en la Finca Peñas Prietas en la localidad de Graena, Bodegas Muñana son propiedad desde Octubre de 2017 del empresario suizo Urs Hess. Sus 180 hectáreas de viñedo, junto con las 40 hectáreas de olivar, la convierten en la bodega más grande de la provincia de Granada con viñedo en propiedad. Situadas a 1200 metros de altitud sobre suelos arcillosos, gozan de abundantes horas de sol, gran amplitud térmica y proximidad al mar Mediterráneo, condiciones que permiten conseguir procesos de maduración lentos y graduales. La vendimia es manual en cajas, con una productividad máxima de 2 kilogramos de uva por cepa. La crianza en barricas de roble francés y americano se realiza en la oscuridad de cuevas subterráneas con temperatura y humedad constantes durante todo el año. Cultivan variedades blancas -Sauvignon Blanc, Chardonnay, Moscatel- y tintas -Cabernet Sauvignon, Monastrell, Merlot, Tempranillo, Syrah, y Petit Verdot.


      

El Muñana Rojo 2015 se mostró en la copa de un intenso color rojo picota de capa media-alta con ribete granate. Frutas rojas y negras en nariz, con acompañamiento de tostados, notas balsámicas y chocolate. Sabroso y opulento en boca, bastante redondo aunque algo cálido, con el indudable carácter de los tintos del sur. Inconfundible la presencia vegetal de la Cabernet Sauvignon y la potencia de la Monastrell, algo menos reconocible y evidente la Tempranillo. Excelente trabajo de crianza en roble, con taninos muy domados sin perder un ápice de estructura. Así como los tintos cordobeses nos recordaron en parte a los de Extremadura,  tal y como detallamos en una entrada anterior, este tinto del Altiplano de Sierra Nevada nos trasladó un poco más hacia el este, concretamente a esas tierras del interior murciano de las denominaciones de Bullas y Jumilla.

Concluimos aquí la crónica de nuestro breve paso por Granada, dejando en el tintero unas cuantas cosas interesantes que quizás en el futuro se materialicen en un nuevo artículo. Pero esa es otra historia -como escribía Michael Ende al final de cada capítulo de su libro La Historia Interminable- y debe ser contada en otra ocasión...

La Alhambra desde el Mirador de San Nicolás

martes, 21 de mayo de 2019

> Edra: aromas de la Hoya de Huesca




No hay mejor época que la primavera para disfrutar de un paseo por el monte de la Hoya de Huesca. Su extremo más occidental dibuja las últimas estribaciones de las sierras prepirenaicas en unas formaciones rocosas verticales conocidas como mallos, paraíso natural de numerosas especies de aves -buitres, alimoches, quebrantahuesos, milanos, halcones, chovas piquigualdas- y destino habitual para los aficionados a la escalada. Los más conocidos e imponentes son los Mallos de Riglos, sin embargo la pequeña y cercana localidad de Agüero también cuenta en su entorno con unas formidables paredes verticales de roca rojiza. 

Paisajes

En todos los sentidos, nosotros preferimos tener los pies en el suelo, así que nos animamos a realizar la ruta senderista que rodea los Mallos de Agüero. Después de buscar infructuosamente la reseña de la excursión en los archivos de uno de los mejores blogs de senderismo de Aragón -nos extrañó dicha ausencia- logramos obtener toda la información en este enlace del programa Chino Chano de Aragón TV, presentado por un buen amigo y mejor winelover. La circular de Riglos -más larga y con mayor desnivel- ya la realizamos hace tiempo, así que en esta ocasión nos apetecía un recorrido más corto para poder entretenernos a identificar flores y plantas propias de la zona -exuberantes en estos meses primaverales previos a la llegada del calor- con la intención de detectar dichos componentes aromáticos en los vinos elaborados por las bodegas del entorno. El tomillo y su prima hermana la ontina, el romero y la lavanda -visualmente tan parecidos y de aroma tan diferente- el boj y el erizón -presentes cada vez en altitudes más bajas- son las notas olfativas que componen la partitura aromática del monte oscense en los meses de Abril y Mayo. 

Viñedo en brotación. Bodegas Edra (Ayerbe)

Tres años han pasado desde que conocimos a Alex Ascaso, responsable de Bodegas Edra, en una lluviosa tarde también de primavera en la que se nos hizo de noche catando sus vinos y que dio lugar a la redacción de un artículo anterior. Nadie puede poner en duda cuánto le agradecimos que nos regalara parte de su escaso tiempo aquella vez, pero reincidentes como somos, de nuevo le propusimos encontrarnos tras nuestro paseo por el monte. Ni que decir tiene que aceptó gustoso, a pesar de tener que retrasar un compromiso que había adquirido con anterioridad, porque si hay algo a lo que nunca renuncia Alex es a compartir una relajada charla con quien disfruta de sus vinos. Y con toda parsimonia, comenzó a descorchar botellas...

Quebrantahuesos 2016, garnacha de monte

QUEBRANTAHUESOS 2016
100% Garnacha. Rojo cereza de capa media con ribete granate. Guindas y frutas rojas. Monte bajo y laurel. Generosa acidez. Redondo. Menos voluminoso de lo esperado en boca. Postgusto medio-largo con recuerdo a bombones Mon Cheri. Podría recordar a algunas garnachas del Sistema Central. Vino natural que representa como nadie esas sensaciones olfativas del monte de la Hoya de Huesca. Su nombre tampoco deja indiferente a nadie, en un guiño a la naturaleza y a la fauna salvaje del territorio. Vino solidario con la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, entidad a la que va destinada parte de la recaudación por la venta de cada botella.

Próxima Estación 2018

PRÓXIMA ESTACIÓN 2018
100% Syrah. Rosa anaranjado con ribete asalmonado, de capa más contenida que añadas anteriores. Cítricos (pomelo y naranja), tierra húmeda y arcilla. Aromas que recuerdan a los campos de Ayerbe después de una tormenta. Regaliz de palo. Cálido y licoroso. Rosado atípico, muy gastronómico. Posible cambio en el etiquetado en la próxima añada. En nuestra opinión uno de los vinos más complejos de Bodegas Edra. Su curioso nombre pretende recordar la vieja reclamación de las poblaciones de la Hoya de Huesca para conseguir la mejora de la vía ferroviaria que une el Valle del Ebro con el Pirineo y que muere en la frontera francesa, sin aparente voluntad por parte de ninguno de los dos países en reactivar el proyecto del corredor central pirenaico, sin duda la conexión ideal de España con el resto de Europa y que lleva décadas olvidada en el cajón de algún ministerio. 


Edra Grullas de Paso 2016

GRULLAS DE PASO 2016
Ensamblaje de variedades tintas en proporción desconocida. Color rojo picota con ribete granate. Frutas negras y especias muy marcadas, sobre todo pimienta negra y clavo. Tostados evidentes, incluso una pizca de cuero. Acidez media. Astringencia algo descompensada. Largo postgusto. Cambio de tendencia en este vino muy bien conocido por nosotros. Al parecer ha alcanzado la mayoría de edad, dejando atrás aquella generosidad frutal y esa versatilidad en el maridaje de añadas anteriores. Maceraciones más prolongadas y un mayor tiempo en depósito del vino terminado -no así la crianza en barrica que sigue siendo breve- se han materializado en un vino más corpulento. Cierto periodo de redondeo en botella le vendrá bien. De nuevo otra llamada a la protección de las diferentes aves migratorias -grullas, garcetas, garzas reales, etc- que realizan estancias temporales en la cercana Alberca de Alboré, próxima al Embalse de La Sotonera.


Edra Syrah-Merlot 2015

SYRAH-MERLOT 2015
Rojo picota de capa alta con menisco granate. Acidez media. Frutas rojas y negras, marcadas notas tostadas, incluso torrefactos. Astringencia contenida. Bastante redondo. Larga persistencia. En ocasiones presenta cierta reducción nada más descorcharse que se disipa con paciencia y oxigenación en copa. Un vino sin prisa al que el tiempo le viene bien, tanto durante su elaboración -depósito, barrica, botella- como durante su servicio. A la vista de sus notas de cata, parece haber intercambiado los papeles con el vino anterior. Tal vez sea rebautizado en un futuro no muy lejano.


Grullas, Syrah-Merlot y XtraSyrah

Vinos Edra de producción limitada

Nadie sabría decir con exactitud a qué recuerda esta zona de la provincia de Huesca en primavera. Es una mezcla de aromas gobernada por la tierra húmeda y las plantas aromáticas, los árboles frutales y las flores. Pero también los sonidos, como el sisear del viento en los campos de cereal, el zumbido de los abejorros o el cristalino tintineo de una corriente de agua entre las piedras. 

Y sólo Alex Ascaso en Bodegas Edra es capaz de condensar todo ese paisaje en el interior de unas botellas de vino.