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jueves, 1 de mayo de 2025

> El rompecabezas de Burdeos



El atrevimiento y la ignorancia a menudo van de la mano. De modo que con grandes dosis de ambos, decidimos inscribirnos en el Seminario de vinos de Burdeos propuesto por Grape Bebop, creyendo -erróneamente- que la aproximación a esta zona vitivinícola francesa no tendría demasiada dificultad. De hecho, desde el momento en que formalizamos la inscripción y hasta la fecha de celebración del seminario, apenas buscamos información al respecto, confiando en que quizás una somera lectura un par de días antes sería más que suficiente para asistir a la jornada con una cantidad digna de información. Pues bien, un tremendo quebradero de cabeza nos asaltó cuando por fin nos animamos a entrar en la página oficial de los vinos de Burdeos y descubrimos el auténtico laberinto de denominaciones de origen -AOCs en francés- que integran el viñedo bordelés. Denominaciones genéricas, subzonas geográficas, AOCs grandes, AOCs diminutas, denominaciones con una sola bodega, bodegas que elaboran bajo varias denominaciones, denominaciones con el nombre similar a otras AOCs vecinas, etc. 


A todo este galimatías debe añadirse que existen al menos cuatro clasificaciones para los vinos de Burdeos, habiéndose realizado la primera de ellas nada menos que en el año 1855 desde la Cámara de Comercio de Burdeos y por encargo de Napoleón III con motivo de la celebración de la Feria Universal de Paris. Este primer intento de clasificación tiene una particularidad -en realidad una anomalía dentro del sistema de AOCs- ya que la clasificación se otorga al productor en lugar de al viñedo, algo que sólo sucede en Burdeos. En realidad esta clasificación de 1855 está bastante obsoleta -tan sólo ha sido revisada en dos ocasiones a lo largo de sus casi dos siglos de existencia y exclusivamente agrupa a elaboradores de la margen izquierda- pero sigue estando en vigor y es cierto que en ella figuran algunos de los productores más prestigiosos. En el año 1932 se presentó para los productores del Médoc una nueva clasificación que se revisa anualmente con la cosecha recogida dos años antes, se les denomina Crus Bourgeois du Médoc y existen tres niveles de excelencia. En 1953 se hizo lo mismo para los elaboradores de Graves -clasificación no revisable- y en 1954 para los de Saint-Émilion, con revisiones periódicas cada diez años. Para complicar aún más la situación, algunas de estas revisiones fueron impugnadas y hoy en día aún siguen en los tribunales de justicia pendientes de su aprobación o derogación. Por último, en el año 2006 vio la luz una última clasificación revisable cada cinco años para las bodegas más pequeñas del Médoc -con menos de 5 hectáreas de viñedo- que se agrupan en el Syndicat des Crus Artisans du Médoc.


Por fortuna, las variedades de uva utilizadas no cambian en exceso de unas denominaciones a otras. Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc son las castas tintas predominantes. Malbec, Petit Verdot y Carmenere son empleadas con carácter minoritario en algunas zonas. En cuanto a las blancas, Sémillon y Sauvignon Blanc son las variedades principales, si bien es posible encontrar otras minoritarias como Sauvignon Gris, Muscadelle, Colombard, Ugni Blanc e inlcuso Albariño, particularmente en la nueva AOP Médoc Blanc, apelación recientemente creada que exige a los productores crianza en roble al menos de una tercera parte de cada vino, todo ello con unos requisitos estrictos en materia de sostenibilidad medioambiental. Históricamente Burdeos debe su fama a los vinos tintos poderosos y longevos, sin embargo hubo un tiempo en que el estilo de vino más valorado eran los denominados "clarets", a medio camino entre lo que hoy sería un rosado y un tinto de capa media-baja, aunque en la actualidad este tipo de vinos apenas se comercializan fuera del mercado local. Los vinos blancos secos de Burdeos nunca han tenido excesiva demanda comercial, por ese motivo algunos elaboradores los etiquetan como IGP Atlantique y los exportan a precios razonables para su venta en supermercados. Muy diferente es el mercado de los vinos blancos dulces, en particular los procedentes de las zonas más al sur -Sauternes y Barsac, entre otras- elaborados con uvas de vendimia tardía o botritizadas, que alcanzan precios desorbitados en cada añada y que rivalizan con los vinos dulces alsacianos y con los Tokaji húngaros.


Como decíamos, son los vinos tintos de guarda prolongada los que han llevado a Burdeos a la cima del mundo vinícola global. Tradicionalmente se han elaborado mezclando 2 ó 3 de las  variedades tintas principales, con o sin aporte de alguna de las minoritarias. A diferencia de otras zonas, en Burdeos no se vinifica cada variedad por separado sino que se realiza la mezcla de las variedades de uva -assemblée- antes de introducir el vino en las barricas, como contraposición a la mezcla de vinos ya criados -coupage- más habitual en otros lugares. A mediados del siglo XX, algunos avances tecnológicos como el control de la fermentación maloláctica, permitieron dar el salto de calidad definitivo a los vinos de Burdeos. Unas décadas más tarde, tampoco les vino nada mal las opiniones favorables publicadas por un entonces poco conocido Robert Parker, ensalzando las características de la añada de 1982 y permitiendo un ascenso meteórico de la demanda -y por consiguiente de los precios- de los tintos bordeleses, imponiendo sin pretenderlo los gustos norteamericanos de vinos oscuros, con mucho cuerpo, cálidos y apabullantes.


Las casi 120.000 hectáreas de viñedo de Burdeos se extienden a ambos lados del estuario de la Gironda, formado por la desembocadura conjunta en el Atlántico de los ríos Garona y Dordoña. Para diferenciar los vinos y las bodegas, suele hablarse de margen derecha y margen izquierda, en una subdivisión que sin duda resulta insuficiente. En realidad sería más correcto referirse a las cinco grandes zonas geográficas reconocidas por la mayoría de los expertos: Médoc, Graves-Sauternais, Entre-deux-Mers, Libournais y Blaye-Bourg. Entre unas y otras, las diferencias climáticas son escasas, tampoco existen grandes accidentes orográficos que tengan influencia en la orientación de los viñedos y por tanto en las técnicas de viticultura o en la elección de variedades de uva. Sin embargo, existe un factor determinante y son los diferentes tipos de suelos. En la margen izquierda predominan los suelos de gravas con una gran capacidad de drenaje que impide el encharcamiento y numerosas piedras en la superficie que absorben calor durante el día y lo irradian durante la noche. Resultan perfectos para la Cabernet Sauvignon, una variedad de ciclo largo y maduración tardía, que alcanza en Haut-Médoc y Graves su mejor expresión. Por el contrario, en la margen derecha los suelos son menos homogéneos, predominando los arcillo-calcáreos con parches ocasionales de gravas y arenas. Este hecho determina que en la margen derecha las propiedades sean más pequeñas -algunas se ajustan milimétricamente a una caliza o a una arcilla subterránea- así como que la variedad más habitualmente cultivada sea la Merlot, protagonista de los mejores vinos de Pomerol y Saint-Émilion. 




En la zona entre los cauces fluviales del Garona y el Dordoña -entre dos aguas, Entre-deux-Mers- predominan los suelos de limo y arcilla, poco interesantes en general, aunque en ese área se produce la mayor parte del vino que se etiqueta con la denominación genérica AOC Bordeaux. Hay alguna particularidad como son los viñedos para la elaboración de vinos dulces de Cadillac, Loupiac y Sainte-Croix-du-Mont, los cuales sin llegar a la excelencia de sus vecinos de la margen izquierda -Sauternes, Ceron y Barsac- tienen en común con ellos las condiciones de niebla y humedad idóneas para el desarrollo de la Botrytis cinerea y el fenómeno de la podredumbre noble, aunque los blancos dulces más económicos se elaboren con uva pasificada y no botritizada. Pero en esa margen izquierda del Garona no sólo se elaboran vinos blancos dulces. Justo al sur de la ciudad de Burdeos se extiende una zona mítica desde el punto de vista histórico. De los viñedos de Pessac-Léognan y Graves salieron aquellos clarets durante la Edad Media con los que los vinos bordeleses comenzaron a labrar su fama. Hoy en día se elaboran tintos y blancos de calidad, siendo Pessac-Léognan una de las pocas zonas en el mundo en que se acostumbra a realizar crianza en barrica a la Sauvignon Blanc, a menudo acompañada por Sémillon para lograr más cuerpo y volumen, como en el caso del Lune d´Argent 2022 de la imagen. También algunos productores de pequeñas zonas en margen derecha como Blaye Côtes de Bordeaux han optado por esa crianza en roble de la Sauvignon Blanc, sirva como ejemplo el Chateau Haut Bertineire 2022 de la fotografía.


Los extremos más al norte de ambas márgenes han sido tradicionalmente donde se han producido vinos de menor calidad, en especial Bas-Médoc, zona de suelos que anteriormente fueron marismas y que se consiguieron ganar al mar mediante la construcción de diques y canales, así como con labores de drenaje realizadas desde el siglo XVII en adelante. Casi 5000 hectáreas fueron recuperadas en el Bas-Médoc, y durante el breve periodo en que el comercio de los vinos de Burdeos recayó en manos holandesas -apenas 50 años- los tintos procedentes de estos suelos conocidos como palus -ciénaga, charca- alcanzaron cierto renombre y precio. Se trataba de vinos tintos más robustos y tánicos, con mayor capacidad de guarda, más acordes con las necesidades holandesas para su transporte marítimo y su comercialización en las colonias. En la actualidad, se elaboran buenos tintos dominados por la Cabernet Sauvignon que se comercializan con el nombre de Les Crus Bourgeois du Médoc, derivado de aquella clasificación de 1932, pero que no consiguen hacer sombra a los productores de más renombre de Haut-Médoc, Pauillac, Saint-Éstephe o Margaux.



Por último, la zona menos conocida -y la que tiene por tanto más por descubrir- se extiende por el noreste del viñedo bordelés, concretamente por dos municipios -Blaye y Bourg- ambos a orillas del estuario de la Gironda. Sus suelos guardan cierta similitud con los de otras AOCs de la margen derecha, de modo que la Merlot domina los ensamblajes tintos. Fuera del mercado local, resulta prácticamente imposible localizar alguno de los vinos de Blaye, Côtes de Blaye o Côtes de Bourg, pero si se consigue, suelen ser más que correctos y a precios bastante asequibles. Algo similar sucede con los vinos procedentes del extremo más oriental del Libournais, donde han proliferado las AOCs con nombres muy similares a las más prestigiosas -Pomerol, Fronsac y Saint Émilion- aprovechándose de su indudable tirón comercial. Lalande-de-Pomerol, Canon Fronsac, Lussac Saint-Émilion, Montagne Saint-Émilion, Saint-Georges-Saint-Émilion, Puisseguin Saint-Émilion y también Castillon Côtes de Bordeaux producen tintos de mezcla típica de margen derecha a precios mucho más accesibles aunque sin llegar a la excelencia de las denominaciones más célebres.


Si todavía seguís ahí, queridos lectores, quiere decir que aún no habéis tirado la toalla y no os habéis rendido ante la dificultad de comprender el tremendo puzle de los prestigiosos vinos de Burdeos. Lógicamente, vuestra perseverancia tiene una recompensa, de manera que estáis invitados a disfrutar de nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos catados en este inmenso seminario de Grape Bebop.

Pasad y leed...
 
CHÂTEAU TOURCAUD 2023
Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y Merlot (25-25-50). 4 días de maceración prefermentativa en acero inoxidable. AOC Bordeaux Clairet. Color rojo rosáceo de capa media plus. Frutas rojas muy maduras con recuerdos lígneos y vegetales. Rústico y con cierta sensación terrosa en boca. Más cálido que ácido. Longitud media. Algo pesado en su conjunto. A medio camino entre tinto y rosado, este tipo de vinos buscan todavía su hueco en el mercado y se orientan hacia un consumo desenfadado, veraniego y juvenil. Parece complicado que se hagan sitio...

CHÂTEAU BONNET BLANC 2023
Sauvignon Blanc, Sémillon, Colombard, Muscadelle (75-15-6-4). 4 meses de crianza sobre lías en depósito de acero inoxidable. AOC Entre-deux-Mers. Amarillo pálido. Muy Sauvignon Blanc en nariz, más herbáceo que frutal, con una mínima presencia de los notas florales de la Moscatel, sobre todo a copa parada. Seco y correcto. Fresco y agradable. Leve amargor final y notable acidez. Corto y sencillo en boca. No está autorizado superar el 80% de una sola variedad. Entre-deux-Mers es indudablemente el reino del "blending".

CHÂTEAU CARBONNIEUX BLANC 2020
Sauvignon Blanc y Sémillon (65-35). Fermentación en barricas y fudres. Crianza durante 10 meses sobe lías con battonage. 25% barricas nuevas. Clasificado como Grand Cru Classé de Graves. AOC Pessac-Léognan. Amarillo medio. Muy varietal y elegante. Agradablemente complejo, con fruta, notas suaves de crianza -vainilla, toffee- y cierta mineralidad. Muy buen equilibrio acidez/alcohol. Interesante, pero sobrevalorado.

DOURTHE Nº1 2021
Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc (52-44-4). Algunos lotes realizan la crianza en barricas nuevas de 225 litros y fudres de 80 hectolitros. AOC Bordeaux. Rojo cereza de capa media con ribete granate. Algo inexpresivo en nariz. Frutas rojas y negras con sutiles notas de crianza. Moderadamente secante en boca. Correcto aunque no demasiado complejo.

TOUR PRIGNAC GRANDE RÉSERVE 2020
Merlot, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot. Crianza en barricas durante 10-14 meses. 
AOC Médoc. Rojo cereza de capa media-alta con ribete granate. Fruta roja, mentolados y pimienta negra. Menos voluminoso y estructurado de lo esperado.

CHÂTEAU REYSSON 2016
Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot. Clasificado como Cru Bourgeois Supérieur. AOC Haut-Médoc. Rojo picota de capa alta con ribete teja. Frutas negras en compota y piracinas. Cuero, champiñón, clavo de olor, tabaco y una pincelada de acidez volátil. Muy evolucionado, casi al límite de su vida comercial. Teniendo en cuenta que no se trata de una añada tan antigua, sorprende esa evolución, parece más probable algún defecto o problema con el corcho.

CHÂTEAU MONTROSE 2013
Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc (68-29-3). Crianza durante 18 meses en barricas nuevas y usadas de 8 tonelerías diferentes. Clasificado como 2éme Cru Classé 1855. AOC Saint-Estéphe. Rojo picota  de capa alta con ribete teja. Frutas negras y significativas notas de crianza. Algo menos de estructura que el anterior, especialmente en centro de boca. Excelente. Muy elegante. Todavía con guarda por delante.

CHÂTEAU LASCOMBES 2011
Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot (55-40-5). Crianza de duración desconocida en barricas nuevas y usadas. Clasificado como 2éme Cru Classé 1855. AOC Margaux. Rojo picota  de capa alta con ribete teja, visualmente muy evolucionado. Fruta negra en compota, piracinas, regaliz y nueces. Ataque algo goloso. Excelente en boca. La Merlot consigue "rellenar" ese centro de boca, aportando estructura y volumen, logrando un resultado final más armonioso.

LA CHAPELLE DE LA MISSION HAUT BRION 2012
Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc (56-29-14). Crianza de duración desconocida en barricas, una tercera parte nuevas. Segundo vino de la bodega. AOC Pessac-Léognan. Rojo picota de capa alta con ribete granate que insinúa ladrillo. Evolución media. Frutas negras, pimientas y otras especias. Completo y equilibrado. Taninos firmes pero amables, una caricia en boca. Muy elegante y largo. Tal vez nuestro tinto favorito de entre todos los catados.

CHÂTEAU MONTLANDRIE 2018
Merlot, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon (75-20-5). Crianza de duración desconocida en barricas, casi la mitad de ellas nuevas. AOC Castillon-Côtes de Bordeaux. Denominación próxima a Saint-Émilion, con la que comparte tipología de suelos, pero con precios muy competitivos. Rojo picota  de capa alta con ribete granate algo evolucionado. Fruta roja, fruta negra y pimienta negra. Algo secante pero muy correcto en boca. Muy completo, equilibrado y con la mejor relación calidad-precio de todos. La AOC Castillon podría decirse que es el rincón secreto mejor guardado de Burdeos.

CHÂTEAU CANON LA GAFFELIERE 2009
Merlot, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon (55-35-10). Fermentación en cubas de madera. Crianza durante 17 meses en barricas nuevas. Clasificado como 1er Grand Cru Classé-B. AOC Saint-Émilion Grand Cru. Rojo picota  de capa alta con ribete teja. Fruta negra desecada, caja de puros, hoja de tabaco, pimienta negra y clavo de olor. Mentolado y balsámico. Serio y muy elegante.

CHÂTEAU LE BON PASTEUR 2003
Merlot y Cabernet Franc (80-20), porcentajes de viñedo, no del vino. Fermentación en inoxidable y cubas de madera. Crianza de duración desconocida en barricas. Bodega ubicada justo al lado de la célebre Chàteau Petrus, con la que comparte una capa de arcilla bajo las gravas. AOC Pomerol. Rojo cereza de capa media con ribete marrón. Muy perfumado. Fruta negra deshidratada, cedro, tabaco y mentolados. Fino y delicado en boca, aunque le vendría bien un poco más de longitud en el postgusto. Quizás al límite de consumo. Muy agradable, pero tal vez hace unos meses estuvo aún mejor.

CHÂTEAU CLIMENS 2011
Sémillon (100). Elaborado con uvas botritizadas. Fermentación en barricas de roble francés y crianza durante 20-22 meses en las mismas barricas, una tercera parte nuevas. Clasificado como 1er Cru Classé 1855. AOC Barsac. Color ambarino, seductor e hipnótico. Complejidad absoluta. Mieles, naranja escarchada e hidrocarburos, con la compañía del toffee y la vainilla. Magnífica acidez y delicioso dulzor, sin resultar empalagoso ni cansado. Todo un amor en boca.


Meses más tarde, asistimos a otra jornada formativa centrada en el Mèdoc, poniendo el acento en los diferentes tipos de suelo de cada una de las AOCs más prestigiosas de la margen izquierda y que -no por casualidad- coinciden con las zonas de viñedos más ricos en gravas y más próximos al Garona.

CHÂTEAU TALBOT 2016
Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot (62-32-6). Suelos mixtos de gravas y arcillas. Crianza durante 15 meses en  barrica de roble. AOC Saint-Julien. Clasificado como Cuatrième Cru Classé 1855. Frutas rojas y negras, caja de puros, especias  e incluso alguna nota floral. Perfil muy clásico del Mèdoc, con crianza presente que acompaña sin eclipsar la fruta madura. Textura intermedia, sabroso e interesante.

CHÂTEAU ORMES DE PEZ 2016
Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Petit Verdot (52-42-5-1). Crianza durante 16 meses en barrica de roble francés, la mitad de ellas nuevas. AOC Saint-Estèphe. Clasificado como Cru Bourgeois. Fruta roja madura, fruta negra y especiados. Poderoso, rugoso y moderadamente tánico en boca, tal y como cabría esperar en esta zona norte del Médoc, con suelos más limosos y arcillosos. Un tanto complicado en cata técnica. Tras todo este tiempo transcurrido desde su embotellado, dudamos que vaya a redondearse algo más.

CHÂTEAU MALARTIC LAGRAVIERE 2016
Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc y Petit Verdot (53-40-4-3). Suelos de gravas y calizas. 12 meses de crianza en barrica de roble francés, más de la mitad nueva. AOC Pessac-Léognan. Clasificado como Grand Cru Classé. Frutas negras, pimientas y otras especias. Mentolados y grafito. Perfumado y mineral. Taninos firmes pero amables, muy agradable en boca. 


CHÂTEAU LASCOMBES 2016
Merlot, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot (50-47-3). Diversidad de suelos según variedades. Crianza de 18 meses de duración en barricas nuevas en un 90%. Clasificado como 2éme Cru Classé 1855. AOC Margaux. Fruta roja muy madura, también negra y generosas notas de crianza, chocolate y toffe. Muy completo y equilibrado. Excelente y todavía con cierta guarda por delante.

CHÂTEAU PONTET CANET 2016
Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Petit Verdot (65-30-5-2). Suelos de gravas, tanto en superficie como en profundidad. 16 meses de crianza en barrica y ánfora. Clasificado como Cinquième Cru Classé 1855. AOC Pauillac. Notas de crianza presentes sin llegar a enmascarar una delicada y sabrosa fruta negra. Muy equilibrado, redondo y complejo. Fino en boca, bien ponderado en las diferentes variedades de uva.

LE PAUILLAC DE CHÂTEAU LATOUR 2015
Tercer vino de la bodega, elaborado con uva procedente de las viñas más jóvenes. Merlot (>45%), Cabernet Sauvignon y Petit Verdot. Crianza en barricas nuevas al menos en una quinta parte del total. AOC Pauillac. Elegante y bastante delgado -para ser Burdeos- frutal y fresco, con menos presencia de las notas de crianza. Asequible y accesible, tanto en boca como en bolsillo.


Concluimos esta aproximación -un tanto apresurada por nuestra parte- a un territorio del que tantas veces hemos escuchado hablar y que sin embargo hasta el momento no había conseguido captar nuestra atención. Ahora que hemos comenzado a resolver el rompecabezas, es más probable que insistamos en concluirlo. Aunque para ello nos quedan todavía muchas piezas por descorchar...


lunes, 22 de mayo de 2023

> El vino que surgió de las aguas

 

 

El verano del año 2000 fue extremadamente caluroso y a mediados del mes de Octubre el agua del Mediterráneo seguía estando todavía templada. Sin embargo, en las capas altas de la atmósfera la temperatura iba descendiendo y una bolsa de aire frío se descolgó de la circulación general de los vientos e inició ese deambular errático y dubitativo tan característico de las denominadas "gotas frías". Atraída irremediablemente por las cálidas aguas del Mediterráneo, su interacción generó la formación de unas poderosas nubes de evolución que -impulsadas por los vientos del sureste- impactaron en la cordillera prelitoral de los Puertos de Beceite. Las torrenciales precipitaciones comenzaron el día 21 de Octubre y durante dos largos días no amainaron en intensidad. Toda la cuenca del río Matarraña se vio afectada por una devastadora riada tan sólo comparable a la del año 1957. Los daños fueron cuantiosos en  Beceite, Valderrobres y Peñarroya de Tastavins, pero la situación fue mucho peor en las localidades de la cuenca baja del Matarraña -Fabara, Maella, Mazaleón- y particularmente en Nonaspe donde el río Algars unifica su cauce con el Matarraña.


Aquellos días del principio del otoño del año 2000 cambiaron abruptamente los planes de la familia Taberner al verse completamente destruida su finca agrícola debido al violento paso de las aguas. Pero haciendo de la necesidad virtud, afrontaron la adquisición de unos nuevos terrenos un poco más elevados buscando la protección de las faldas de la sierra que separa Nonaspe de Fayón. En dichos terrenos continuaron su actividad agrícola dedicada principalmente al cultivo de frutales, complementada con la explotación de varias parcelas de olivos en régimen intensivo. Quizás por casualidad, quizás por su ubicación algo más elevada, la crecida del rio Matarraña apenas afectó a la viña en la que la familia Taberner elaboraba su vino para autoconsumo. A veces la naturaleza tiene estos caprichos y la fuerza del agua en aquel mes de Octubre respetó las vides, la casa de labranza y el pozo.  




Bernabé Taberner representa en la actualidad la tercera -tal vez la cuarta- generación de agricultores dentro de su familia. Continúa con  el cultivo de frutales y olivos, pero aquel extraño respeto que el agua de la riada tuvo con el viñedo de sus abuelos no dejó de rondarle la cabeza durante años. Algo pasional en su interior no hacía más que recordarle los días de vendimia cuando era niño y -casi sin pretenderlo- comprendió que estaba destinado a elaborar vinos de calidad con las uvas de aquella viña que tan cerca estuvo de desaparecer arrastrada por un disgustado Matarraña que en el último instante decidió ignorarla. El proyecto comenzó a tomar forma en el momento en que Bernabé le propuso emprender la aventura a su amigo de la infancia Jordi Satué, también natural de Nonaspe aunque establecido desde hace años en Barcelona por motivos laborales. El primero tenía la tierra y la experiencia en el campo, el segundo los conocimientos necesarios en materia económica y empresarial. Ambos compartían la ilusión de volver a poner en valor las labores agrícolas que sus abuelos desempeñaron durante décadas y pensaron que la mejor manera de rendirles un sentido homenaje sería concentrar sus recuerdos esforzándose en elaborar vinos de calidad. Acababa de ver la luz Vinos Taberner Amado


Como es lógico, aquella pequeña viña original respetada por las aguas se amplió hasta las 12 hectáreas de viñedo en propiedad que en la actualidad cuentan con una edad aproximada de 30 años. No trabajan con uva procedente de otros viticultores, de manera que las 9000 botellas anuales que elaboran proceden exclusivamente de las vides trabajadas por la familia Taberner. El viñedo está en un precioso paraje protegido del frío y del calor extremos tan habituales en la zona, situado en la orilla derecha del Matarraña -tantas veces querido, algunas odiado- en una curva que su cauce se ve obligado a realizar por la presencia de la sierra con algo menos de 300 metros de altitud en la que se localizan los restos del Castellete de Fayón, torre de vigilancia erigida a finales del siglo XIX durante la Tercera Guerra Carlista.


La mayor parte del viñedo está plantado en espaldera, para optimizar las labores agrícolas y al mismo tiempo garantizar una correcta aireación así como la adecuada maduración de los racimos. Cuenta con instalación de
 riego por goteo como apoyo para la supervivencia de las plantas. El agua subterránea -siempre protagonista- procede de un pozo cuya fecha de construcción no se sabe con certeza, pero del  cual ya sacaba agua el bisabuelo de Bernabé. Hay que ver cómo se construía antes. No es de extrañar que la variedad blanca cultivada sea la Garnacha Blanca que tan buena expresión muestra en estas tierras lindantes con la DO. Terra Alta. De hecho alguna parcela de la familia Taberner está separada de la provincia de Tarragona tan sólo por el ancho de un camino. En cuanto a las variedades tintas, predomina la autóctona Garnacha Tinta, aunque no debe sorprendernos la presencia de cepajes internacionales -Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Cabernet Franc- introducidos en la viticultura española durante aquellos años en que parecía indispensable la utilización de castas francesas si se pretendía acceder a ciertos mercados.



Las primeras botellas de Taberner Amado salieron al mercado -al principio con cierta timidez- en el año 2018. En realidad no fue hasta el año pasado cuando su nombre comenzó a sonar y sus etiquetas a tener cierta visibilidad en redes sociales, eventos y ferias, en parte gracias al premio obtenido en la Berlin Wine Trophy 2021, nada menos que medalla de oro para su blanco sin barrica, posiblemente su vino más comercial. Su catálogo lo integran cuatro vinos, dos blancos y dos tintos, siendo los jóvenes los que representan más porcentaje dentro de la producción total. Todos ellos se comercializan con el mismo nombre -Entre dos aguas- obviamente en referencia a la localización geográfica de la finca en Nonaspe, justo al lado de la confluencia del rio Algars con su hermano mayor el rio Matarraña, el cual a partir de ese punto sigue su camino hasta encontrarse con el padre Ebro aguas abajo en Fayón.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos catados. 


ENTRE DOS AGUAS BLANCO 2021
100% Garnacha Blanca. Sin permanencia en roble. 3500 botellas. Amarillo verdoso claro. Frutas de pepita, hierbas aromáticas, recuerdos de monte y de vegetación de orilla de río. Acidez media plus. Untuoso y complejo a pesar de su juventud. Perfectamente equilibrado en acidez-alcohol, no resulta nada cálido en boca, más bien todo lo contrario, invita a tomar otro sorbo. Muy agradable y más que correcta Garnacha Blanca que nada tiene que envidiar a sus vecinas de Terra Alta.



ENTRE DOS AGUAS BLANCO BARRICA 2020
100% Garnacha Blanca. Crianza durante 6 meses en barrica de roble francés. 1000 botellas. Amarillo dorado tenue con ribete acerado. Manzana amarilla, piña madura, plátano y mantequilla. Recuerdos de mantecado y de ebanistería. Notable acidez que se puede confundir con salinidad. Se echa en falta algo más de grasa y cremosidad en boca. Interesante y muy bien diseñado, con un perfecto equilibrio entre fruta y crianza. Tal vez una temporada en botella le otorgue un poco más de complejidad y persistencia en final de boca. Seamos pacientes.



ENTRE DOS AGUAS TINTO 2020
Garnacha, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Cabernet Franc. Sin permanencia en roble. 3500 botellas. Rojo picota con ribete granate. Frutas rojas, mentolados, balsámicos y hierbas aromáticas. Guirlache, caramelo y anís estrellado sobre un desconcertante recuerdo a encurtidos y cenizas. Acidez media plus. Un tanto delgado en boca, ligeramente salvaje y falto de doma. Intenso, eléctrico y algo nervioso. Con potencial, aunque le falta algo de redondeo en botella. Leve amargor final con un recuerdo vegetal a tallo verde. Longitud media. Nos deja ligeramente desconcertados, pues no se parece a nada que conozcamos. A reevaluar en unos meses.


Tan sólo quien lo ha experimentado es capaz de comprender la enorme satisfacción que supone catar un vino en medio del viñedo y en compañía del viticultor. La conversación fluye como el agua entre las piedras, acuden a la memoria recuerdos y vivencias, se perciben los sonidos de la naturaleza y la mente adquiere esa permeabilidad imprescindible para que todo encaje a la perfección. 

Desde aquí queremos hacer llegar nuestro más sincero agradecimiento a Bernabé Taberner por las atenciones que nos dispensó aquella calurosa mañana de primavera. Suyo es el mérito de habernos trasladado a las jornadas de vendimia con su familia cuando era niño, animarnos a pisar la misma tierra que cultivaron sus antepasados y contagiado de su entusiasmo para honrar su memoria elaborando el vino que nació entre dos ríos.

Vinos Taberner Amado, el vino que surgió de las aguas.  

lunes, 17 de septiembre de 2018

> Visita (inesperada) a Finca Constancia




Allí estábamos, en mitad de la meseta castellano-manchega, rodeados de parcelas de viñedo pero con nuestro coche delante de una barrera de acceso cerrada. 

Después de haber intentado comunicarnos sin éxito con la bodega durante los dos días anteriores, haciendo gala de una gran irresponsabilidad por nuestra parte, decidimos presentarnos allí a media mañana del primer domingo del mes de Septiembre. Cierto es que transitar en solitario por los caminos que llevan hasta las instalaciones de Finca Constancia es una sensación francamente placentera. El suave movimiento de las hojas de las vides, el sonido de las cigarras e incluso algún que otro asustadizo conejo recreaban un cuadro incomparable, una preciosa estampa que sin embargo se vio truncada ante la barrera de entrada. Lo teníamos merecido por impertinentes. Castigo divino, murmuró entre dientes alguno de nosotros.

Camino de acceso. Al fondo, las instalaciones de la bodega

Viñedo en espaldera

Profundamente apenados, resignados tan sólo a tomar algunas imágenes, más para aparentar que por otro motivo -la presencia en las redes sociales es inevitable-  nos entretuvimos fotografiando de lejos la bodega y algún viñedo de variedades inesperadas (Zinfandel, Malbec, Montepulciano) cuyo existencia en España desconocíamos, dejando pasar el tiempo porque poco más teníamos que hacer. En un momento dado, vimos a lo lejos una nube de polvo en el camino. Un vehículo se acercaba decididamente hacia donde nos encontrábamos, conducido sin duda por un trabajador de la bodega. Tras el más educado de nuestros saludos, le expusimos cortésmente nuestra situación y no sabemos cómo, pero se produjo el alineamiento astral que nos permitió acceder a las instalaciones. Increíble pero cierto. Una vez franqueada la entrada y aparcado el coche, salió a nuestro encuentro pipeta en mano Beatriz Paniagua -enóloga de Finca Constancia- con quien tuvimos ocasión de charlar muy brevemente, reclamada sin dilación por las primeras fermentaciones de la temporada. Nos quedamos en la agradable compañía de su marido, Carlos Capilla, enólogo y director técnico de la DO. Arribes de Duero, designado por ella con carácter urgente como nuestro acompañante y guía durante la visita. Vaya por adelantado nuestro más sincero agradecimiento a ambos.



Vista del viñedo desde la terraza de la bodega

Entre las cuencas de los ríos Tajo y Alberche, con la Sierra de Gredos al norte y los Montes de Toledo al sur, en el término municipal de Otero, se extienden las más de 200 hectáreas de viñedo propiedad de Finca Constancia, superficie más bien modesta si tenemos en cuenta que estamos en Castilla-La Mancha donde los grandes productores es habitual que superen el millar de hectáreas de viña cultivada. La bodega se diseñó siguiendo el estilo de los châteaux bordeleses, con las instalaciones para la elaboración en el centro de la finca y el viñedo a su alrededor, de tal manera que durante el periodo de vendimia, aún desde el punto más alejado, ningún remolque necesita más de diez minutos de traslado antes de descargar la uva. Son un total de 82 parcelas diferentes que se vendimian y vinifican por separado, de modo que la uva recogida en cada parcela tiene como destino un solo tanque de fermentación. Se elaboran por tanto "vinos de parcela" que expresan los distintos tipos de suelos antes que otros factores más constantes como la altitud o la orientación, en un terreno como éste prácticamente llano.

Variedades de uva por parcelas

El viñedo de Finca Constancia es como el edificio central de la ONU, con representación de muchos países. Tempranillo, Syrah y Cabernet Sauvignon son las variedades que ocupan más hectáreas, seguidas de Verdejo, Cabernet Franc y Moscatel. La superficie destinada al cultivo de Petit Verdot y Graciano no es de gran tamaño, pero a cambio la calidad de la uva, y por tanto de los vinos, es siempre excepcional. Las plantaciones de Chardonnay y Sauvignon Blanc destinadas a la elaboración de una segunda marca de vinos blancos, así como una pequeña viña de Garnacha plantada en vaso recientemente adquirida, completan la diversidad del variado viñedo de Finca Constancia.


Zona social

Wine Bar

El diseño de la bodega fue obra del arquitecto madrileño Gonzalo Tello, diseñador de cabecera de González-Byass, autor también de la bodega recientemente inaugurada en Rueda (Valladolid) y especialista en establecer modernas simbiosis entre los materiales de construcción y la naturaleza. En Finca Constancia se planteó la edificación de tres secciones, cada una con predominio de un material -madera, acero inoxidable y cristal- y destinadas a una actividad enológica diferente. De esta manera en la nave de elaboración predomina el acero inoxidable, en la de crianza domina la madera y en la de embotellado el cristal es el protagonista. La construcción se hizo con el mínimo impacto paisajístico, habilitando espacios subterráneos para no tener que construir hacia arriba y desde luego minimizando los bombeos durante los trasiegos de uva, mosto y vino. La zona social es amplia, luminosa y de un delicioso diseño. Salas de reuniones, salas de catas, tienda y un cómodo wine-bar proporcionan al visitante un remanso de tranquilidad donde poder degustar una copa de vino e incluso son utilizados para la celebración de eventos, bodas y presentaciones publicitarias.


Finca Constancia Selección

La adquisición de la bodega por parte del grupo jerezano González-Byass, durante ese periodo expansivo que le llevó a la compra o construcción de bodegas en varias denominaciones de origen españolas, marcó un antes y un después en el devenir de Finca Constancia. Hasta ese momento, el único vino que se elaboraba en las instalaciones de Otero era el Finca Constancia Selección, un coupage con predominio de la Tempranillo apoyada por otras variedades tintas (Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Graciano, Syrah y Cabernet Franc). La producción de este vino sigue siendo a día de hoy la mayor de la bodega, podríamos decir coloquialmente que es el que paga las nóminas y los créditos. En su favor añadiremos que es un valor refugio, un vino de impecable ejecución año tras año, con una presencia exterior muy elegante y una inmejorable relación calidad-precio. Tratándose de un ensamblaje tan numeroso evidentemente carece de matices varietales, pero es la clara demostración de lo que puede ser un vino español más que correcto, bien equilibrado y con el justo aporte de madera. 


Monovarietales de parcela

En la actualidad el equipo técnico de Finca Constancia explora cada año los resultados obtenidos tras las vinificaciones de determinadas parcelas escogidas, las niñas mimadas de la bodega. Así han visto la luz recientemente tres monovarietales, dos tintos y un blanco, que han sido bautizados con el número de parcela de la que procede la uva. Parcela 23 Tempranillo se elabora con las mejores uvas de esta variedad, cultivadas en suelos calizos, vendimiadas a mano en cajas, fermentación alcohólica en inoxidable, maloláctica en barrica y con 6 meses de crianza posterior en roble francés y americano. Parcela 12 Graciano es un vino original  e inédito, elaborado con esta variedad riojana cultivada sobre terreno granítico -herencia de la cercana Sierra de Gredos- vendimia manual y crianza durante 8 meses en barrica de roble francés. Parcela 52 Verdejo se elabora parte en inoxidable y parte en tina de roble, consiguiéndose tras el coupage final un vino con la fruta y la fresca acidez propias de la variedad adornado con esas sensaciones grasas y untuosas en boca provenientes de la madera.


Barricas giratorias para el Altos de la Finca


El vino de más alta gama de Finca Constancia es el Altos de la Finca, ensamblaje de Petit Verdot y Syrah (60-40) vendimiadas manualmente en cajas, elaborado mediante fermentaciones integrales en barricas giratorias de roble, prensado suave, maloláctica también en roble y crianza de 18 meses de nuevo en roble francés. Sus notas de cata pueden consultarse en este enlace. Es sin duda un vino que no deja indiferente: potente y especiado, pero aterciopelado y sugerente. Destinado a quien busca cosas novedosas y la Petit Verdot no es precisamente una variedad de uva muy habitual en el viñedo patrio. Quizás sea este uno de los vinos que más nos ha sorprendido últimamente, resultado de un trabajo meticuloso tanto en campo como en bodega. Un señor vino...

Fragantia Nº6

En las antípodas del anterior vino, se elaboran otros dos destinados al público más joven. Fragantia Nº6 y Fragantia Nº9 son respectivamente un  blanco de Moscatel y un rosado de Syrah, vinificados delicadamente, deteniendo la fermentación mediante camisas de frío para conservar parte del azúcar de la uva y con una sutil adición de carbónico justo antes del embotellado. Tuvimos el privilegio de poder catar directamente del depósito ese Moscatel, en uno de los detalles de calidad de la visita. El resultado es casi un refresco con bajo contenido alcohólico, el dulzor propio de un mosto y la alegría que proporciona el carbónico. Perfectos ambos para un aperitivo y con el claro objetivo de cautivar al consumidor menos habituado a tomar vino. Dictadura de las modas, adaptación al mercado actual o ambas cosas.


Microvinifaciones
Viñedo experimental

Sin embargo, el futuro de Finca Constancia parece dirigirse hacia la experimentación con nuevas variedades de uva, diferentes marcos de plantación así como distintas técnicas de poda y conducción de la vid. Cepajes como Zinfandel, Carmenere, Nebbiolo o Montepulciano están siendo cultivados desde hace unos años para ver su adaptación en tierras toledanas. Con las bayas recogidas en esos viñedos experimentales, el equipo técnico realiza microvinificaciones cada añada, sin que los resultados obtenidos hayan sido hecho públicos. Podría decirse que el estudio está todavía en pañales, pero no debería sorprendernos que de aquí a unos años la bodega ponga en el mercado algún monovarietal de Malbec, un coupage de variedades italianas o el primer Tannat elaborado en España. 

Hasta entonces seguiremos disfrutando de sus vinos de impecable elaboración y recordaremos con sumo agradecimiento las atenciones que nos dispensaron durante aquella mañana de domingo, porque las cosas agradables que no se esperan, sin duda se valoran el doble.