viernes, 23 de enero de 2026

> El recuperador



Cuando se escucha a Juan Carlos Sancha (Baños de Río Tobía, La Rioja) indudablemente se siente hablar a su tierra. El relato de su vida fluye como lo hace el agua del Najerilla desde su nacimiento en tierras burgalesas hasta su desembocadura en el río Ebro. Sus vastos conocimientos enológicos envuelven cada palabra de su discurso, pero enriquecen más que invaden la narración de sus recuerdos de infancia, en una sucesión de lecciones por impregnación adquiridas mediante el simple hecho de acompañar a sus mayores en las labores del campo.


Doctor en viticultura y enología, ingeniero técnico en industrias agrarias y licenciado en enología, la vida de Juan Carlos Sancha ha estado siempre vinculada al vino. Como tantas otras en La Rioja, su familia se dedicó a la viticultura desde hace varias generaciones y ese aprendizaje enológico -más tradicional que científico- casi sin pretenderlo, terminó por calar bien hondo en él. Sus estudios en Madrid y la labor docente en la Universidad de La Rioja le llevó a establecer hacia 1988 una estrecha colaboración con el catedrático de viticultura Fernando Martínez en un proyecto de investigación para la recuperación de variedades minoritarias autóctonas de La Rioja, estudio que -además de pionero en dicha materia- fue el punto de partida para el desarrollo de la iniciativa empresarial más personal de Juan Carlos Sancha. 


En el año 2008 nacían Bodegas Sancha con las primeras plantaciones de variedades recuperadas -Maturana blanca y tinta, Monastel, Tempranillo Blanco- en localizaciones elegidas en Baños de Río Tobía en el valle del Najerilla, a las faldas de la Sierra de la Demanda. Prácticamente de manera simultánea se inició la recuperación de viñedos viejos de Garnacha casi abandonados, la mayoría de ellos ubicados en pequeñas parcelas, sobre suelos pobres, calizos y poco profundos. A una altitud aproximada de 550-750 metros, con un clima atlántico de gran amplitud térmica y cultivo en secano estricto certificado como ecológico, estas viejas viñas de Garnacha alcanzan la máxima expresividad en este pequeño rincón de La Rioja donde las laderas comienzan a empinarse buscando la meseta castellana.


En la actualidad, la bodega gestiona 24 hectáreas de viñedo propio, elabora aproximadamente 70000 botellas al año y destina más de la mitad de su producción a la exportación. Desde el punto de vista de la elaboración, la fermentación se realiza en bocoyes de roble francés de 500 litros, donde se introducen los granos de uva, para posteriormente hacer girar la barrica 16 veces al día -procedimiento conocido como fermentación integral- realizando el vaciado por gravedad y efectuando un prensado suave de los hollejos, en un trabajo totalmente manual y artesanal.


Su catálogo se divide en tres familias de vinos, Peña el Gato -exclusivamente monovarietales de Garnacha con crianza y vinificaciones diversas- Ad Libitum -monovarietales de cepajes minoritarios recuperados- y Cerro La Isa -tinto y blanco- vinos top de la bodega que además se precian de ser unos de los primeros vinos de la DOc Rioja en haber conseguido la contraetiqueta de Viñedo Singular. Como curiosidad, añadiremos que se trata de la única bodega de La Rioja que no elabora vinos tintos con la variedad Tempranillo -la más empleada en la denominación, ocupando casi el 80% de la superficie de viñedo- afianzando con esta decisión un perfil claramente opuesto a la inmensa mayoría de elaboradores riojanos. 


Diferenciarse del resto parece ser una autoexigencia para Juan Carlos Sancha y sigue su camino con firmeza. En su opinión, la selección de clones de Tempranillo -cada vez más productivos y resistentes a las plagas y la sequía- no representan los orígenes de La Rioja, sino que son al mismo tiempo el pretexto y el objetivo para la producción de grandes volúmenes de vino, lo cual no significa forzosamente la excelencia en cuanto a calidad. A esta dicotomía,  a este endemoniado cruce de caminos entre cantidad y calidad, se enfrentan actualmente no pocas zonas vitivinícolas, no sólo en España sino en todo el mundo. El caso de Burdeos es el más mediático y adaptarse al futuro en el comercio del vino parece ser la única forma de sobrevivir. Aranceles, cierre de mercados, exportaciones cada vez más complicadas, reducción en los hábitos de consumo y almacenes llenos de botellas esperando ser vendidas son los factores de esta complicada ecuación. Pero este asunto ya lo trataremos -quizás- en otro artículo. Regresemos a los vinos de Juan Carlos Sancha...

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos que probamos a lo largo y ancho de las dos horas largas que tuvimos oportunidad de compartir con Juan Carlos Sancha.


AD LIBITUM MATURANA BLANCA 2024
Variedad más antigua de La Rioja. Actualmente existen no más de 70 hectáreas en total. Viñedo plantado en 1997, casi con certeza el más viejo del mundo de esta variedad. Altitud 575 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 5 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 4000 botellas. Amarillo pajizo. Flores blancas, frutas de pepita y piña madura. Suave presencia del roble. Voluminoso y graso. Excelente acidez, salinidad y mineralidad. Muy elegante en nariz y aún más en boca.


AD LIBITUM MONASTEL DE RIOJA 2023
Viñedo plantado en 1997. Altitud 565 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 1200 botellas. Único vino en el mundo monovarietal de este cepaje autóctono reconocido por la DOc Rioja en el año 2009. Rojo cereza de capa alta con ribete malva. Frutas rojas, flores azules y caramelos de violetas. Mentolados y pimienta blanca, sobre un fondo de recuerdos vegetales, anisados y pimentón. Excelente acidez. Tanino presente pero amable.


PEÑA EL GATO 2022
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. 3150 botellas. Rojo cereza de capa media con ribete rubí. Ataque ligeramente reductivo que se disipa con rapidez. Frutas rojas y hoja de menta. Excelente acidez, tanino medio, entrada glicérica, algo cálido y final con recuerdos a granos de café. No realiza fermentación maloláctica.


PEÑA EL GATO NATURAL 2022
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. Sin sulfitos añadidos. 2000 botellas. Rojo cereza de capa alta con ribete violáceo. Frutas rojas, cassis, miel y hojarasca. Tampoco realiza maloláctica. Más salvaje y poderoso que el anterior, con taninos más presentes. Fresco y sabroso.


PEÑA EL GATO GRANITO 2023
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en dos depósitos de granito gallego con diferente grado de porosidad. 772 botellas. No realiza maloláctica. Rojo cereza de capa media con ribete violáceo. Guindas, chocolate, petricor, eucalipto y regaliz. Fresco, carnoso y agradable. Largo, elegante, pleno y redondo. Muy curioso en boca.


CERRO LA ISA TINTO VIÑEDO SINGULAR 2020
Viñedo plantado en 1906. Altitud 750 metros. 1,7 hectáreas. Rendimiento medio 1500 kg por hectárea. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Despalillado manual. Fermentación en roble francés nuevo y 18 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. 4000 botellas. Rojo cereza de capa media con ribete granate. Mon Cheri, tabaco rubio y flores rojas. Un auténtico perfume en nariz. Complejo y muy elegante en boca. Recuerda a un Pinot Noir de Borgoña, más y mejor no se puede decir.


AD LIBITUM MATURANA TINTA 2023
Viñedo plantado en 1997. Altitud 565 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 8500 botellas. Cepaje autóctono reconocido por la DOc Rioja en el año 2009. Rojo picota de capa muy alta con ribete violáceo. Moras, cerezas, grosellas negras y caramelos de violetas. Mineral y especiado, sobre un fondo vegetal levemente amargoso que recuerda a las piracinas presentes en algunos Cabernet. Excelente acidez, aunque algo cálido en boca. Tanino presente pero amable. Estructurado y voluminoso, con mucha guarda por delante.


Concluimos aquí esta clase magistral de viticultura y enología impartida por Juan Carlos Sancha. Una lección que nos deja la mente llena de certezas pero también de incertidumbres. Nos asaltan mil dudas acerca de si las variedades actualmente cultivadas conducen a vinos cada vez más estandarizados, con menos identidad y con menos alma. Los cepajes autóctonos son la reserva de ese espíritu que abraza la tradición y huye de la homogeneidad. Suele decirse que si se busca obtener algo diferente, no debe hacerse lo mismo de siempre. ¿Y si estuviera el mercado del vino a punto de implosionar? En ese caso, deberíamos volver la vista al pasado y regresar a los orígenes y a la tierra, aprender de lo que hicieron generaciones anteriores. Ciertamente hoy en día disponemos de tecnologías que nuestros abuelos ni siquiera imaginaron, pero tal vez estamos olvidando aquello que nos enseñaron con más ahínco. 

Y para que no lo olvidemos, conviene escuchar a gente tan apasionada como Juan Carlos Sancha.



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