viernes, 16 de septiembre de 2016

> Enoturismo de calidad en La Rioja (II): San Vicente de la Sonsierra





El día siguiente lo dedicamos íntegramente a visitar bodegas en San Vicente de la Sonsierra. Ya hemos indicado que las celebraciones y eventos con gran aforo no son nuestros preferidos, así que con la deliberada intención de escapar de los grupos de enoturistas que, copa en mano, iniciaron su recorrido por las bodegas del interior del casco urbano, nos trasladamos a las afueras de San Vicente para visitar Bodegas Carlos Moro. 


Entrada Bodegas Carlos Moro

Vinos Matarromera


Con nuestra reserva efectuada con antelación, tal y como indicaba la web de la organización, formamos parte del pequeño grupo de privilegiados (o previsores, según se mire...) que tuvimos ocasión de visitar las instalaciones, acompañados por Leticia, responsable de enoturismo de la bodega, un encanto de persona que en algún instante se vio ligeramente desbordada por la afluencia de público, al ser el único miembro presente del personal de la bodega y verse obligada a compatibilizar el servicio del vino por copas con la visita previamente organizada. Tal vez para futuras ediciones la empresa deba reconsiderar que una sola persona no puede hacerse cargo de ambas cosas a la vez. En cualquier caso, vaya por delante nuestra felicitación por salir sobradamente airosa de una situación nada cómoda, especialmente si se tiene en cuenta la escasa educación de la que algunos hacen gala. Pero volvamos a lo nuestro...


Sala de elaboración

Barrica nueva de roble francés

Bodegas Carlos Moro son la primera aventura en La Rioja del grupo bodeguero Matarromera, originario de Ribera del Duero y extendido en la actualidad a Toro, Cigales y Rueda. El vallisoletano Carlos Moro es el propietario de la empresa y quiso otorgar a su bodega en San Vicente un sello más personal, después de adquirir las instalaciones y el viñedo de las extintas Bodegas Antigua Usanza inmersas en dificultades económicas a finales de 2014. Se trata por tanto de un proyecto todavía en  fase de desarrollo, de hecho sus vinos todavía no han salido al mercado nacional. Cuentan con 20 hectáreas de viñedo propio y 40 hectáreas más de viñedo controlado, en los términos municipales de San Vicente y Labastida, a una altitud entre 350 y 500 metros situados a los pies de la Sierra de Cantabria, área privilegiada para el cultivo de la vid por su clima atlántico. El proyecto tiene como objetivo la elaboración de tintos con crianza de alta calidad, para lo cual se han sustituido los antiguos depósitos de acero inoxidable de gran capacidad por otros más pequeños e incluso por algunos tinos de roble con la intención de vinificar parcelas por separado. La fermentación maloláctica se desarrollará en depósitos de hormigón con la única excepción de algunas parcelas privilegiadas que lo harán directamente en barrica.


Sala de embotellado con vistas al Castillo de San Vicente

Calado

Temperatura y humedad constantes en el interior del calado


Las instalaciones de Bodegas Carlos Moro se encuentran en realidad en el interior de una montaña. Responde al concepto de "bodega vertical" donde se aprovecha la gravedad para minimizar los bombeos y así reducir los riesgos de perjudicar a la uva y al vino. El antiguo montacargas ha sido sustituido por un ascensor panorámico que ofrece unas vistas únicas. En uno de los pisos superiores se sitúa la sala de embotellado, totalmente exterior, con amplios ventanales que permiten la entrada de la luz natural y con una panorámica excepcional del Castillo de San Vicente. Sin embargo, la verdadera joya de la bodega está en el subsuelo, concretamente a 20 metros bajo tierra, profundidad a la que se encuentra su calado de 150 metros de longitud, con temperatura y humedad constantes y capacidad para albergar 2000 barricas. Otro de los preceptos de la bodega es utilizar siempre barrica nueva y hacerlo para un solo uso, buscando aportar todavía más personalidad a sus vinos, aunque ello suponga un considerable incremento en los costes de producción. Un proyecto ambicioso que sólo un potente grupo empresarial como Matarromera puede llevar a buen puerto.


Bodega Classica en su ubicación privilegiada
Mar de viñedos sobre el meandro del Ebro
Con Raquel Viejo, RRPP de Vintae

Selfie en el mirador de Bodega Classica

Para llegar a San Vicente de la Sonsierra desde Briones es necesario cruzar el Ebro por un moderno puente situado justo en un meandro del río. En ese punto, si se eleva la vista se puede observar una bonita construcción rodeada de viñedos, levantada hace no muchos años pero respetuosa con el estilo arquitectónico tradicional del entorno. Se trata de Bodega Classica, enclave idílico con un enorme potencial enoturístico aún por desarrollar. Perteneciente al riojano Grupo Vintae, elabora los que tal vez sean los vinos de Rioja con mejor relación calidad-precio bajo el nombre comercial Hacienda López de Haro. Todavía no es visitable en sus interioridades, pero sí tuvimos la oportunidad de disfrutar de las inmejorables vistas desde su mirador al tiempo que compartimos una copa de vino con Raquel Viejo, una simpática zaragozana enraizada en La Rioja que se encarga de las relaciones públicas y la comunicación del Grupo Vintae, quien nos adelantó alguno de los interesantes proyectos previstos a medio plazo para Bodega Classica. A última hora de la tarde, con el sol ocultándose, en ese mismo mirador pudimos disfrutar un concierto tributo a los Beatles, mágica fusión de música, vino y paisaje. Hay instantes placenteros en la vida que no se buscan, simplemente se encuentran...



Sala de elaboración

La última visita que realizamos en este intenso fin de semana fue a Bodegas Ramírez de la Piscina, peculiar apellido que desciende desde el siglo XI emparentado con el rey Sancho El Fuerte de Navarra y que la familia propietaria de la bodega lleva con gran orgullo. Las instalaciones de Ramírez de la Piscina son en realidad la tercera bodega de la familia, tras sucesivas ampliaciones y traslados que concluyeron en 2001 con la construcción de la actual. La sala de elaboración es espectacular, dotada de la más avanzada tecnología, aunque sin renunciar a la tradición y al factor humano: el cuidado del viñedo, la vendimia manual, la exigente selección de uvas y la formación del personal, todo ello unido a la tradición vitivinícola de la familia, se traduce en unos vinos de impecable factura. En parte por la cercanía geográfica pero sobre todo por el buen hacer de la red de ventas, casi el 70% de la producción se destina al mercado vasco, un 25% se exporta y tan sólo un 5% del total se comercializa en el resto de España. 


Sala de barricas
Vinos jóvenes Ramírez de la Piscina

La sala de barricas subterránea llama la atención por sus dimensiones. Diseñada en los años del ciclo económico más expansivo, resulta en la actualidad un tanto desmedida, dando cobijo a un millar de barricas cuando tiene capacidad para cinco veces esa cifra. Elaboran un blanco, un rosado y un tinto joven con maceración carbónica, el resto se trata de tintos con crianza de mayor o menor duración. Las primeras fermentaciones se realizan siempre en inoxidable, mientras que las malolácticas se efectúan en depósito de hormigón, excepto en el caso de un vino de autor que la hace en barrica nueva. Ramírez de la Piscina, una bodega familiar que ha ido creciendo con el paso de los años, siempre con la garantía que proporciona la seguridad de un trabajo bien hecho.


Logo de El Vino Pródigo


Una última experiencia nos aguardaba antes de retirarnos a descansar. Siendo ya noche cerrada, nos acercamos dando un paseo hasta los pies del Castillo de San Vicente de la Sonsierra, guiados por la escasa luminosidad de una velas que jalonaban el camino.  La base de la montaña sobre la que se asienta el castillo está horadada por numerosos calados privados en los que antiguamente las familias elaboraban su vino. Uno de esos calados se encontraba abierto y su interior iluminado, así que hacia allí nos dirigimos un nutrido grupo de enoaficionados y bastantes curiosos. En la puerta nos saludó Pedro Peciña, cuerpo y espíritu de un pequeño proyecto llamado El Vino Pródigo. Pedro es uno de esos románticos que, después de haber elaborado con éxito vino para otros, decidió embarcarse en elaborar su propio vino. Comercialmente sus vinos vieron la luz en 2014 con la presentación de La Viña de la Merce, crianza con 14 meses en barrica, denominado así en recuerdo de su madre. Más adelante salió al mercado Placeres Sensoriales, tinto sin crianza elaborado mediante maceración carbónica en lago de hormigón, al más puro estilo tradicional. El último vino presentado es Prodigus Venit, un vino de autor monovarietal de Tempranillo como los dos anteriores, de edición muy limitada que integra modernidad y tradición.




Tuvimos ocasión de probar los tres y, tal vez por representar la esencia del vino de Rioja en estado más puro, nos quedamos con el Placeres Sensoriales. Frutal, intenso, pujante, vivo y excitante. Un vino "de año", como acostumbran a decir en La Rioja, pero con el valor añadido de ser elaborado como lo hacían nuestros antepasados, sin tecnología ni conocimiento enológico alguno, sin aditamentos ni artificios comerciales. El Vino Pródigo es uno de esos proyectos que nos enamoran y nos cautivan desde el primer momento. Sus vinos no sólo se beben y se disfrutan, sino que cuentan historias y para transmitirlas siempre tendrán nuestro apoyo estos pequeños productores, cuya dedicación es tan grande como los riesgos empresariales que asumen. Nuestra más sincera enhorabuena...


Cata de El Vino Pródigo, con la luna de testigo




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