martes, 21 de octubre de 2014

> Piamonte gourmet (II): los vinos


Las rosas: vigías sanitarios del viñedo


Aún con los recuerdos de la trufa blanca en el paladar, nos ocuparemos a continuación de encontrarle un maridaje adecuado.

Tres son las variedades de uva tinta más comúnmente utilizadas en Las Langas: Dolcetto, Barbera y Nebbiolo. La primera de ellas, la Dolcetto (que significa "pequeño dulce", en italiano) se suele utilizar para elaborar vinos ligeros, normalmente sin crianza, para consumo durante el año, con cuerpo medio, frutales, bien coloreados y con final levemente amargo, aunque en la actualidad se integra también en ensamblajes con las otras dos variedades locales para dar lugar a vinos más estructurados. Es una incógnita el origen del nombre, pues con ella no se elaboran vinos dulces, ni tampoco el contenido en azúcares es tan anormalmente alto como para otorgarle tal calificativo.


Vinos elaborados con Dolcetto y Barbera


La Barbera es una variedad de uva con una envidiable capacidad de adaptación al terreno, su desarrollo es poderoso independientemente de la orientación y ubicación del viñedo. Muy a su pesar, en la zona de Alba es frecuentemente desplazada de las mejores orientaciones (sur-sureste) por la más valiosa Nebbiolo. Por si fuera poco, posee además cierta resistencia a muchas enfermedades, motivo por el cual está muy bien considerada por los agricultores, ya que proporciona un sustento económico firme año tras año. Casta muy humilde hasta los años 80, la Barbera aporta color y acidez (inicialmente excesiva) a los vinos jóvenes, los cuales convenientemente redondeados en barrica, disfrutan en la actualidad de un reconocimiento merecido. Los vinos elaborados con Barbera son visualmente de tonos rubí con buena intensidad, en nariz predominan las flores (rosas, violetas) y las frutas (cereza, ciruela). De cuerpo medio y carnosa frutosidad son vinos con un excelente equilibrio ácido-alcohólico, de trago largo y fácil, vinos que invitan a ser bebidos. Los italianos, siempre con cierta tendencia a la ampulosidad, denominan a esta variedad de uva como la "Merlot del Piamonte", aunque tal afirmación nos parece mucho decir...


Bonitos racimos


Bella ragazza

Por último, la más valorada y reconocida variedad es la Nebbiolo ("nublado", en italiano) en clara referencia a la época de vendimia, durante la primera quincena de octubre. La Nebbiolo es una uva difícil, sensible a muchas cosas, de complicada y tardía maduración. Las vides de Nebbiolo tienen un desarrollo muy vertical, así que exigen espalderas de más de tres metros. La poda debe ser enérgica en la parte inferior y también el aclarado del fruto, para conseguir escasos racimos por planta y bajos índices productivos por hectárea. Los racimos justo antes de la vendimia deben asomar íntegramente por debajo del follaje, plenamente expuestos a los últimos rayos del sol del otoño para asegurar su correcta maduración, y penden con su característico color azul mate a escasos 60 centímetros del suelo. La más mínima inclemencia climatológica puede arruinar la cosecha. Cada añada es un sinvivir para el productor hasta que finaliza la vendimia, por supuesto manual, selectiva y cuidadosa.



Gran variedad de vinos. Difícil elección.



Entre los agricultores, la Nebbiolo se considera una privilegiada, una consentida, dicen, pues debe ocupar las mejores orientaciones, siempre a mitad de ladera, ni muy al fondo del valle ni muy en la cumbre, "lo primero la asfixia y lo segundo la despeina", comentan. Por otro lado no es de extrañar, ya que esta variedad de uva supone el máximo exponente vitivinícola de la región. Si da el máximo, es lógico que exija lo máximo, y los productores, conocedores de sus caprichos, acceden entre temerosos y enamorados. De nuevo los italianos, con su habitual autobombo, denominan a la Nebbiolo como la "Pinot Noir del Piamonte", en claro paralelismo con la uva reina de la Borgoña, la más sutil y delicada del mundo, aunque hemos de decir que en esta ocasión tal vez no les falte razón, y la comparación sea bastante acertada.

En los vinos elaborados con Nebbiolo, predominan los aromas a frutos rojos, regaliz, violetas, tabaco, especias y sílex. La Nebbiolo entra a formar parte de vinos multivarietales (junto con Barbera y Dolcetto, por ejemplo) en los abundantes Langue Rossos (Tintos de Las Langas, en italiano), pero es en algunos monovarietales donde alcanza su máximo esplendor. Y aquí se presenta el punto clave: en función de la ubicación geográfica del viñedo, y siempre y cuando se cumplan ciertas reglas de envejecimiento, el vino elaborado con Nebbiolo se clasifica en Barbaresco y Barolo.





Se le reconoce el derecho a ser denominado como Barbaresco a todo vino elaborado con uva Nebbiolo procedente de viñas situadas en una serie de poblaciones situadas al nordeste de la ciudad de Alba (Barbaresco, Neive y Treiso), siempre que haya superado una crianza mínima de dos años en barrica de roble o castaño y alcanzado un mínimo del 13% de contenido en alcohol. Si además se quiere que sean considerados riserva (reserva), la crianza debe extenderse hasta los cuatro años, empezando a contar dicho periodo "el primer día del mes de enero del año posterior a la fecha de vendimia". Históricamente, el Barbaresco ha sido considerado un "vino burgués", en contraposición con el Barolo, que de siempre ha sido considerado un "vino noble".


Barolo, el rey de los vinos


El Barolo vio la luz a principios del siglo XIX, cuando Vittorina Giulia Colber de Maulévrier, de origen evidentemente francés, se casó en 1806 con Carlo Tancredi Falletti de Barolo, convirtiéndose en la famosa marquesa de Barolo. Aunque parece haber indicios de que varios siglos antes ya se elaboraba un vino similar, ligeramente dulce, con uvas sobremaduradas, fue tras la llegada de varios técnicos franceses a la región cuando puede decirse que empezó a nacer el Barolo tal y como lo conocemos hoy en día.

Comprender el Barolo no es tarea sencilla. Dicha denominación está restringida a aquellos vinos elaborados únicamente con uva Nebbiolo, procedente de viñedos situados en 11 municipios al suroeste de Alba (Barolo, La Morra, Monforte, Serralunga, Castiglione Falletto y seis poblaciones más), siempre y cuando tras superar tres años de crianza (dos en barrica de roble o castaño y un año en botella) alcancen un mínimo de 13% de contenido alcohólico. Si además se quiere que sean considerados riserva (reserva), la crianza debe extenderse hasta los cinco años, empezando a contar dicho periodo "el primer día del mes de enero del año posterior a la fecha de vendimia". Pero vamos a complicar todavía un poco más el asunto. Cada productor posee viñedos (pagos) en diferentes municipios, con distintos suelos, distinta orientación y distinta altitud. Los vinos se elaboran por separado, casi nunca se mezclan uvas ni vinos de pagos distintos, así que cada bodega es quien decide si elabora uno, dos, tres barolos... o ninguno, si considera que la calidad de la uva no es la adecuada. En una región donde las condiciones edafológicas y climáticas pueden variar en 30 metros, tal mosaico de minifundios y microparcelas se traduce en un rompecabezas colosal.


Fermentación en depósitos giratorios de acero inoxidable 



Barricas de roble francés


Durante los años 70 y 80 se vivió una auténtica revolución. Nuevas generaciones de productores, más viajados y formados, impulsaron novedosas innovaciones en la elaboración del Barolo: utilización de depósitos de acero inoxidable para las fermentaciones, disminución de las temperaturas, reducción de los rendimientos por hectárea, poda y vendimia bien controladas, empleo de barricas de roble francés para la crianza, etc. Los productores tradicionalistas les acusaron de desvirtuar la esencia del Barolo, acostumbrados como estaban durante 250 años a fermentar en viejos y usados tinos de roble  o castaño eslavonio, con temperaturas elevadas y maceración prolongada, buscando lo que según ellos era "el vino de reyes" capaz de conservarse en botella durante 50 años, un concepto que durante decenios fue aceptado, pero que a finales del siglo XX estaba en franco retroceso. De este conflicto se derivó no sólo la salvación del Barolo a nivel mundial, sino un auténtico resurgimiento, que ha permitido volver a situarlo en la cima del universo enológico.

En la próxima entrada, la visita y la cata.







sábado, 18 de octubre de 2014

> Piamonte gourmet (I): la trufa blanca


Paisaje otoñal en Las Langas: viñedos, colinas y niebla



La provincia de Cuneo, en el corazón del Piamonte, algo al sur de Turín, da cobijo a una histórica región conocida como Las Langas, caprichosa distribución de colinas y cerros, que en sucesivas filas paralelas, se extiende desde las estribaciones más meridionales de los Alpes hasta casi la vecina costa de Liguria. Alejada de los atractivos turísticos habituales de Italia, esta región posee una indudable belleza paisajística y gastronómica, ambas íntimamente imbricadas en los viñedos, bosques y plantaciones de avellanos, que se pierden en el horizonte, sin importar hacia dónde se mire.

Dicen los italianos que en Las Langas es donde mejor se come (y se bebe) de toda Italia, y muy probablemente tengan razón, pues a los platos digamos más habituales (pasta, pizza, risotto, carpaccio, etc) en estas tierras se añade la caza, los asados, los quesos, la carne de buey y en particular un condimento verdaderamente exclusivo: la trufa blanca (Tuber magnatum pico), delicadeza aromática sublime que invade y deleita nada más poner un pie en las calles de Alba, capital de Las Langas y próspera ciudad de aproximadamente 30.000 habitantes donde se celebra cada año desde 1929 la  famosa Feria de la Trufa. En ella se fija el precio del kilo de este manjar subterráneo tan esquivo y dificultoso de conseguir, perseguido por los denominados trifolau, oficio que se hereda de padres a hijos en una suerte de omertá o pacto de silencio al respecto de las zonas de recolección, pues esta trufa blanca no se cultiva, sino que ha de buscarse con la única ayuda de un perro y la sabiduría familiar heredada. No es por tanto extraño que el precio del kilo de este delicatessen supere ampliamente los 2500 Euros, casi diez veces el precio de la trufa negra de la zona.

Por las calles de Alba. Al fondo, el cartel anunciador de la Feria de la Trufa

Rótulo de Tartufi & Co.


Fuimos acompañados por nuestra guía hasta el establecimiento de Tartufi & Co. empresa familiar de larga tradición trufera, como bien atestiguan los recortes de prensa y galardones que con gran orgullo exhiben en su local. Premios, trofeos, fotografías antiguas e incluso una portada en el diario La Stampa, ornamentan su área comercial al tiempo que atestiguan un pasado de generaciones dedicadas al mundo de la trufa.

Las coquetas instalaciones de Tartufi & Co. en Alba

Tradición familiar




No por conocido deja de sorprendernos el aroma que desprende este hongo hipogeo, parásito de las raíces de ciertos árboles, pero que en cierta medida llega a un pacto de no agresión con ellos. Al entrar en Tartufi & Co. sentimos una oleada violenta del olor característico de las trufas. A algunas personas puede llegar incluso a desagradar, porque tal y como describimos en una entrada anterior la intensidad y variedad aromáticas son desbordantes, incluso diríamos aún más potentes en el caso de la trufa blanca. Los recuerdos a bosque húmedo y materia orgánica, a animales y humus, a establo y desván, abofetean al visitante incluso antes de entrar. Hay que saber dosificarse, tanto en el deleite de los olores como en la adquisición de productos trufados, porque los precios son elevados.

Trufas blancas y negras

El catálogo de productos relacionados con la trufa es inagotable. Aceite y vinagre perfumados con trufa, embutidos trufados, salsa de tomate, crema de trufa, patés trufados, sal con trufa desecada, chocolates, bombones, pasta trufada (no olvidemos que estamos en Italia)... Y por supuesto las trufas en sí mismas, frescas, deshidratadas, en su jugo, en brandy... Tuvimos oportunidad de probar un poco de todo, sin embargo, lo que más nos sorprendió por novedoso y desconocido fue la salsa de tomate, quizás porque no hay lugar del mundo en que se haga mejor que en Italia. Sin duda, herencia y mérito de la mamma de la familia... Por motivos relacionados con el transporte y el traslado, adquirimos finalmente un paquete de tallarines trufados y unos botes de sal con trufa desecada.


Degustación

Atención, foto...


Cualquier alimento trufado reclama enérgicamente la presencia del vino en la mesa. Durante la degustación en Tartufi & Co. tuvimos oportunidad de probar varios vinos de la región, pero acerca de ellos hablaremos largo y tendido en la próxima entrada.

Hasta muy pronto.


martes, 23 de septiembre de 2014

> Las entrañas de la Tierra




En nuestra última estancia en tierras cántabras durante el pasado mes de agosto, cortesía de unos muy buenos amigos (gracias, chicos) decidimos visitar una de las atracciones turísticas más maravillosas de la región: la cueva de El Soplao.

Gestionada por el Gobierno de Cantabria a través de la sociedad Cantur (al igual que el Parque de Cabárceno, el teleférico de Fuente De y la estación de esquí de Alto Campoo), la visita a El Soplao se realiza previa reserva de plazas, bien on line bien por vía telefónica. El acceso está bastante bien indicado y la carretera, aunque sinuosa, tiene un firme y un trazado correctos. El aparcamiento es amplio y las instalaciones (taquillas, cafetería, tienda y sala de espera) resultan funcionales y cómodas.

Lo virado del trayecto, unido a algún ligero exceso cometido la noche anterior por alguno de nosotros (concretamente, un servidor) causó, por decirlo suavemente, alguna incomodidad orgánica y/o malestar pasajero. Sólo la educación y el autocontrol del que suelo hacer gala, me impidieron provocar un desastre en el interior del vehículo de nuestros amigos, lo cual hubiera sido una pena, tan limpio y perfumado como acostumbran a llevarlo, amén de que podría haber sido motivo para truncar una amistad que se supone inquebrantable. Por fortuna nada de eso ocurrió, y conseguí llegar al aparcamiento de la cueva conservando el desayuno en el interior de mi estómago, y lo que es más importante, la tapicería del coche de mis amigos impoluta, aunque bastante mareado. Tras un rato de reposo bien expuesto al fresco aire de la montaña y tras la ingesta recuperadora de un refresco (estupendamente aconsejado por mi querida esposa), conseguí volver a sentirme más o menos normal.


Acceso el tren. Al fondo la entrada a la cueva.


Superado el trance anterior, y después de dar unas vueltas por la tienda para hacer tiempo, accedimos al andén del trenecito que se emplea para entrar en la cueva. Una vez dentro, el resto de la visita se realiza a pie y siempre en compañía de una guía. Conviene ir bien pertrechado, pues la temperatura en el interior es baja, en torno a los 10-12ºC, y apenas sufre variación de invierno a verano. Un visitante con atuendo veraniego, bermudoso y chancletero, no lo pasará bien. Es posible realizar dos tipos de visita: turística y de aventura. La primera es apta para todo el público, incluso para personas con movilidad reducida, dado que el interior está perfectamente adaptado. La visita de aventura debe realizarse con material especial (mono, casco y botas) que se le proporciona al visitante en las mismas instalaciones de acceso y, aunque tampoco requiere de una preparación física especial, sí que es algo más exigente, pero tiene el encanto de visitar zonas de la cueva menos transitadas y más auténticas.


Interior de la cueva de El Soplao. Fuente: www.spain.info


La cavidad de El Soplao fue descubierta accidentalmente por los mineros que trabajaban en la explotación La Florida hacia 1910, al poco tiempo de iniciar la extracción subterránea de mineral de plomo y zinc, como expansión de dicha compañía minera que ya llevaba operando a cielo abierto en la Sierra de Arnero desde finales del siglo XIX. Afortunadamente la preciosa cueva que hoy en día podemos admirar, fue respetada por la empresa y sus trabajadores, tal vez maravillados por su belleza, y salvo por pequeñas zonas de almacenaje de escoria y otros materiales, se ha conservado prácticamente intacta hasta nuestros días. Sorprenden sus dimensiones, su longitud, pero en especial su altura. La labor del agua filtrándose durante miles de años, horadando la roca y cristalizando el carbonato cálcico ha diseñado un delirio de estalactitas, estalagmitas, coladas, columnas y otras estructuras con formas y tamaños verdaderamente inusuales. Entre todos los fenómenos kársticos presentes en El Soplao, el más destacable es la abundancia de estalactitas excéntricas, que es como se denominan a aquellas que se forman en contra de la ley de la gravedad y para las cuales los expertos no alcanzan una explicación científica consensuada. Como guinda del delicioso pastel que es El Soplao, en 2008 se descubrió un yacimiento paleontológico de ámbar riquísimo en insectos y fósiles, cuya investigación se encuentra apenas en sus primeras fases.

Muestra de ámbar extraído en El Soplao


Concluida la visita y aún con el cuerpo algo destemplado, nos desplazamos al cercano pueblo de Carmona, donde habíamos reservado para comer en la Posada El Puente. Esta posada es un restaurante familiar, cercano, de confianza... Uno de esos pocos sitios que quedan en los que te dejan el puchero con el cazo para que te sirvas y además te animan a repetir. Un discreto letrero advertía de que las tarjetas de crédito no eran bien recibidas por allí (sabia decisión, sí señor) y exhortaba a comer satisfactoriamente y a abonar el importe en efectivo. La comanda era anotada por un señor de camisa remangada o por una señora con delantal, indistintamente. Como el fresco de la cueva se resistía a abandonarnos, tres de nosotros pedimos sopa casera de pollo, y desde luego conseguimos entonarnos. El único disidente del puchero de sopa, evidentemente el menos friolero, pensó inicialmente en pedir un revuelto de morcilla, pero al final cambió de parecer y creyó oportuno tomar unos espárragos. De segundo, dos de nosotros tomamos chuleta de vaca a la parrilla, y los otros dos optaron por unos escalopines en salsa de queso picón de Bejes-Tresviso. Para quien no conozca este tipo de queso, se podría decir que recuerda al queso de Roquefort, pero sería faltar a la verdad. Se parece más a su vecino asturiano, el queso de Cabrales. Si alguien en su casa, en el interior de su nevera, en un recipiente hermético, tiene un queso picón de Bejes-Tresviso, con total seguridad se enterará hasta el último vecino de la comunidad. Es un queso magnífico, pero debe tomarse con mesura. Invita además a tomarlo con vino, lo cual no deja de ser una virtud.

Mesa y comensales esperando la comida


Por cierto, el vino... Elegimos un Añares Crianza 2011 de Bodegas Olarra, un poco falto de refrigeración, pero tampoco a la señora aquella del delantal se le podía pedir más.

Botella bordelesa de color verde aceituna. Corcho colmatado. Cápsula de calidad media. Etiqueta clásica bicolor (blanca y verde), caligrafía dorada con escasa información: nombre del vino, bodega, añada y denominación de origen. Contraetiqueta también escueta pero suficiente: variedades de uva empleadas, contenido en alcohol y nada más. No acostumbra Bodegas Olarra a extenderse en exceso en el texto de etiquetas y contraetiquetas, prefiere que el consumidor saque sus propias conclusiones de cata y maridaje. En la etiqueta se incorpora información acerca de dos galardones logrados por este vino, así como el premio conseguido por Bodegas Olarra en 2013.

Visualmente presenta un color rojo rubí con menisco entre malva y teja. Limpio y brillante. Capa media y lágrima generosa algo pigmentada y de rápida caída. Incluso a copa parada despliega aromas a frutas rojas, vainilla y notas de crianza en roble. Frutos secos y especias blancas. Algo ácido en boca, está sin embargo bien equilibrado, de trago largo y fácil. Muy integrado. Paladar redondo y sin aristas ni resaltes incómodos. Largo postgusto, sorprendentemente prolongado y ligeramente amargo pero muy agradable.

Añares Crianza 2011


Detalle de la etiqueta

Después de comer, aunque la tarde estaba nublada, decidimos dar un paseo por el pintoresco pueblo de Carmona. Sus calles empedradas, sus casas construidas siguiendo el estilo tradicional del valle, sus balcones y flores, invitaban a ello. El silencio, apenas roto por alguna conversación o un breve saludo entre vecinos y turistas, parecía animar a no marcharse de allí. De repente, nos dimos cuenta de que faltaba uno de nosotros. Tampoco es que fuera motivo de preocupación pues el pueblo es pequeño. Ya nos encontraríamos. Y así fue. Al poco rato dimos con nuestro amigo que salía del interior de la posada en la que habíamos comido. Pensamos que tal vez habría vuelto a tomar un café o algo de beber antes de emprender el viaje de regreso, pero tras un par de respuestas algo evasivas, por fin confesó el motivo de su breve desaparición. Al parecer, el encuentro a nivel gastrointestinal de los espárragos con el queso picón, había tenido unas consecuencias imprevistas, no del todo agradables, diríamos mayormente de carácter descompresivo. Ciertas urgencias digestivas le habían llevado a regresar al restaurante, no para visitar el comedor ni la cocina, sino más bien otras dependencias menos interesantes y creativas, digamos más mundanas y terrenales. Ignoramos qué habría acaecido si, en lugar de los espárragos, hubiera pedido el revuelto de morcilla...



Arquitectura tradicional en Carmona

Echando la vista atrás, no son pocas las cuevas que hemos visitado en los últimos años. Las Grutas de Cristal en Molinos (Teruel), las de Ortigosa de Cameros (La Rioja), la Cueva de San Miguel en Gibraltar... y una vez que tras la visita hemos salido de nuevo a la luz del sol, siempre nos maravilla la paciencia con la que la naturaleza genera esa belleza subterránea. En ese submundo el tiempo se detiene, discurre a un ritmo, lento, cadencioso, pausado... Nada importa, nada es urgente. Esa gota de agua que pende de la estalactita puede tardar una eternidad en caer, porque la siguiente gota tampoco tiene prisa por hacerlo. Deberíamos reflexionar y analizar si verdaderamente merece la pena que nuestra vida sea una constante carrera para alcanzar la siguiente etapa, el siguiente reto, el siguiente objetivo. Tal vez deberíamos emular a la gota de agua y disfrutar de cada momento y de cada situación, menos pendientes del reloj y del calendario.





Nota 1: Como se puede comprobar, las imágenes del interior de la cueva no son propias, ya que está prohibido realizar fotografías con flash.

Nota 2: Es sencillo deducir que aquella noche cenamos más ligero, por razones obvias. Sobre todo alguno...

Nota 3: En memoria del recientemente fallecido Robin Williams, su escena quizás más célebre.


martes, 16 de septiembre de 2014

> El sexo de los vinos


Mina y Odín, acaramelados en un momento íntimo



La D.O. Somontano es la más septentrional de las denominaciones de origen aragonesas y la única situada en la provincia de Huesca. Se extiende a lo largo de una franja de territorio en sentido este-oeste justo al sur de la cordillera pirenaica en su parte central y oriental, ubicación geográfica que otorga unas condiciones climatológicas privilegiadas para el cultivo de la vid. Ya desde sus inicios en los años 80 del pasado siglo, la D.O. Somontano nació con un marcado carácter internacional y de exportación, en cierto modo por obligación, consecuencia directa de la dificultad comercial para hacerse un hueco en el mercado nacional, por aquel entonces dominado mayoritariamente por la D.O. Rioja, quizás con la única excepción de una incipiente D.O. Ribera del Duero prácticamente embrionaria.

La tradicional vocación internacional de la D.O. Somontano tiene su origen en la plaga de filoxera que a finales del siglo XIX arrasó el viñedo centroeuropeo, huyendo de la cual algunos bodegueros franceses emprendieron un éxodo hacia el sur, a este lado del Pirineo, donde echaron sus raíces y las de sus viñas, las cuales encontraron rápido acomodo en esta fértil tierra oscense. Como es lógico, en su equipaje se trajeron plantones de vides de variedades foráneas (cabernet, merlot, chardonnay) que fueron las primeras en emplearse en los nuevos viñedos. Más tarde fueron llegando otras variedades internacionales (syrah, pinot noir, riesling, gewurztraminer), y lo más curioso es que la mayoría de ellas han logrado una aclimatación magnífica en el Somontano, y es que en Aragón todo visitante es siempre bien recibido.

Como coloquialmente se dice, no es posible hacer una tortilla sin romper los huevos, así que la principal consecuencia negativa del empleo de variedades internacionales de uva fue el abandono de variedades autóctonas (garnacha, parraleta, etc),  uvas de escaso valor comercial a nivel internacional hace veinticinco años, pero que en la actualidad están cada vez mejor valoradas por crítica y público. De unos años a esta parte, algunas bodegas de la D.O. Somontano están intentando recuperar viñedos de variedades autóctonas que se temían incluso desaparecidas y las perspectivas son alentadoras. Por ejemplo, Bodegas Alodia elabora vinos monovarietales de las variedades parraleta, moristel y alcañón, alguno de los cuales tuvimos oportunidad de degustar hace unos meses. Asimismo, Viñas del Vero elabora desde hace años un vino estupendo, el Secastilla, monovarietal de garnacha autóctona y en la actualidad ha completado su gama con otro vino muy original y fácil de beber, ensamblaje de garnacha, parraleta y syrah, llamado La Miranda de Secastilla.


Precisamente de esta bodega barbastrense hemos tenido recientemente la ocasión de probar un vino monovarietal elaborado con una de las castas más internacionales. Se trata de la variedad Syrah (schiraz, shiraz, sirac, sirah o syra), muy difundida a nivel mundial pero de origen y ortografía poco consensuados. Es posible encontrar vinos elaborados con esta uva casi en cualquier punto del Globo, aunque destacan los de Francia y España dentro de Europa, pero sobre todo los australianos y californianos en el mercado internacional. Se trata de una variedad de ciclo largo, que necesita largas jornadas cálidas y de buena insolación. Su cultivo no presenta dificultades excesivas y permite la elaboración de vinos de calidad incluso con índices elevados de producción por hectárea. Entra a formar parte de abundantes y variados coupages en multitud de vinos, pues se trata de una uva aceptada por numerosas denominaciones de origen.


Viñas del Vero Syrah 2011


Como agradecimiento a nuestros servicios profesionales, un cliente (gracias, Manuel) nos obsequió con una botella de Viñas del Vero Syrah 2011. Dentro del catálogo de la bodega, este vino se enmarca en la denominada "Colección", una selección de vinos monovarietales (tres blancos y tres tintos) con una más que cuidada presentación y con la característica adicional de haber sido elaborados cada uno de ellos con uvas procedentes de un solo viñedo, garantizando ese detalle al incorporar al etiquetado el nombre de dicho viñedo. En el caso que nos ocupa el viñedo del que proceden las syrah de este vino se llama "Pago Las Canteras".


Detalle de la etiqueta. 


Presentación en botella bordelesa de color verde aceituna muy oscuro, corcho natural y cápsula de calidad adecuada. Etiqueta de tamaño grande y bonito diseño clásico (caligrafía, ribetes dorados) pero con toques de modernidad, como el logotipo de la bodega en la esquina superior derecha o el nombre del viñedo simulando su escritura "a mano alzada". Contraetiqueta con información relativa a la crianza en roble francés durante 10 meses, el contenido en alcochol, la variedad de uva y algún maridaje recomendado.

Una vez en la copa, el Viñas del vero Syrah 2011 visualmente es de un rojo cereza de capa media-alta con ribete granate y reflejos azulados. Lágrima media moderadamente pigmentada. En fase nasal resulta quizás poco expresivo a copa parada, con un ataque ligeramente alcohólico y recuerdos de violetas de inicio. Frutas negras, vainillas, mentolados y toques licorosos. En boca presenta una tanicidad media demasiado evidente, propia de esta variedad de uva, por este motivo preferimos la syrah en vinos multivarietales, ensamblada con una dulce garnacha, por ejemplo, resulta deliciosa. Postgusto corto especiado tal vez algo insuficiente para un vino de este nivel.


Odin y Mina, muy agradecidos


Desde el punto de vista de las características organolépticas, que nada tienen que ver con la calidad ni con las preferencias de cada uno, podríamos decir que este Viñas del Vero Syrah se sitúa a medio camino entre otros dos vinos de la Colección de esta bodega: el Merlot "El Ariño" y el Cabernet "Los Sasos". Con el primero comparte su maleabilidad, flexibilidad, abanico de aromas y posibilidades de coupage, mientras que con el segundo tiene en común sus sensaciones en boca y postgusto, su cuerpo y su elevada carga tánica. Algunos expertos hablan, y entiéndase en su justa medida, del "sexo de los vinos". Se dice que hay vinos, o más correctamente, variedades de uva que por su delicadeza, amplitud de aromas, volumen y cuerpo intermedios, son "más femeninas" (merlot, pinot noir, malbec), en contraposición a aquellas otras variedades con las que se elaboran vinos más robustos, intensos y potentes, de las que se dice que resultan "más masculinas" (cabernet sauvignon, mencía). 

Al igual que sucede en el reino animal, en el mundo de la enología también se puede hablar metafóricamente de cierto "dimorfismo sexual", con una salvedad, y es que la pertenencia a uno de los dos géneros en este caso no es excluyente, es decir, es posible ensamblar uvas de ambos "sexos" para equilibrar las características de uno con las del otro y minimizar así posibles defectos. En cualquier caso, lo más importante es el respeto a los caracteres propios de cada uno. 

Y para finalizar, un ejercicio de agudeza visual con las fotos de nuestros queridos pacientes. Por sus rasgos físicos, distribución de manchas y expresión facial... ¿Quién es Odin y quién es Mina?

Efectivamente...





jueves, 21 de agosto de 2014

> Como en casa...


Circo de Soaso (Parque Nacional de Ordesa)

En nuestras repetidas visitas a la comarca del Sobrarbe, tenemos por costumbre y casi tradición, dejarnos deleitar por la cocina más autóctona y casera posible, poco o nada aficionados como somos a excentricidades culinarias a la hora de sentarnos a la mesa. Tal vez sea un defecto, pero no nos gustan las sorpresas, y preferimos elegir aquellos establecimientos en los que el pan es pan, y el vino... vino.

Fieles como siempre, acudimos noche tras noche al que posiblemente sea nuestro restaurante preferido en el Valle de Broto, con su decoración rústica, sus paredes de piedra, su madera omnipresente, sus cartas con tapas de piel y su magnífica cocina tradicional. El Restaurante Pradas ocupa los bajos del hotel del mismo nombre, de hecho comparten el acceso, y su veintena larga de mesas siempre impecablemente vestidas se distribuyen con criterio y espacio suficiente como para conservar cierta intimidad, manteniendo las distancias entre mesas vecinas, algo muy de agradecer por parte de aquellos que buscamos tranquilidad. La luz tenue e indirecta, así como el hilo musical suave y elegante, acompañan sin molestar, otro detalle de calidad del que parecen olvidarse en otros establecimientos. En estos tiempos en que proliferan los restaurantes ruidosos, bulliciosos y con parque infantil, el Restaurante Pradas es un oasis, una isla de tranquilidad y buen gusto.

Restaurante Pradas (Broto)

Como decíamos, la cocina del Restaurante Pradas es cocina "de toda la vida", tanto en el menú como en la carta. Quien busque creaciones culinarias fruto de meses de experimentación laboratorial del tipo "espuma deconstruida de chuletón al aroma de algas de ibón pirenaico con virutas de malvavisco..." y no sé cuántas cosas más, que se ahorre la visita. Aquí la base de la cocina es la excelente calidad de las materias primas: verduras y hortalizas frescas, postres artesanos y carnes autóctonas, destacando entre estas últimas la de ternera del Valle de Broto, una auténtica delicia del campo a la mesa, como debe ser. 


Maridaje de ternera del Valle de Broto con vino del Somontano

En materia enológica, la carta de vinos no es demasiado amplia, sin embargo permite satisfacer holgadamente a un comensal medianamente interesado. Centrándonos en los tintos, hay referencias clásicas de DO. Rioja (El Coto, Rioja Bordón, Viña Ardanza, Marqués de Cáceres, etc) y de DO. Ribera del Duero (Protos) pero los más abundantes son los vinos de la DO. Somontano, en especial de las tres bodegas más importantes (Viñas del Vero, Enate y Pirineos). 

Precisamente de Bodegas Pirineos es el Montesierra, vino asociado al menú, el cual en su modalidad tinta ya habíamos probado con anterioridad, resultándonos un vino correcto sin demasiada ambición pero de maridaje sencillo con gran cantidad de platos. Optamos por probar el Montesierra Rosado, ensamblaje de merlot, cabernet y tempranillo, una suerte de "cajón de sastre" de variedades de uva con el que se elabora un vino de color rosa pálido un poco apagado, aromas de frutillos rojos un poco escasos, muy estrecho en nariz, casi inerte. En boca resulta algo ácido, agradable de inicio pero casi incómodo al final. Postgusto herbáceo con amargor muy presente. No fue una buena elección para acompañar unas judías blancas con oreja, ampliamente sobrepasado por el plato. Clamoroso error el nuestro al intentar maridar un plato de cuchara tan contundente con un vino concebido para acompañar pastas, arroces, pescados o a lo sumo carnes blancas. Como curiosidad, la contraetiqueta incorpora un esquema de notas de cata muy interesante y gráfico, que no hemos visto en ninguna otra bodega.

Montesierra Rosado


Contraetiqueta con el esquema de cata

Fresas silvestres


Dejando atrás nuestro ligero desliz con el rosado, el resto de las noches decidimos ir sobre seguro. Optamos por emplear el "comodín pirenaico", es decir, apostamos por un valor seguro de sobra conocido en catas anteriores. El Enate Cabernet-Merlot es un vino muy constante: una añada tras otra mantiene sus características y notas de cata casi idénticas. Se presenta en botella bordelesa de color verde con corcho natural y cápsula de buena calidad. La etiqueta de tamaño medio es "típicamente Enate" con las reproducciones de pintura abstracta que identifican a esta bodega de Barbastro.

Enate Cabernet-Merlot


Ensamblaje de cabernet sauvignon y merlot, mitad y mitad, con posterior paso por barrica de roble durante medio año antes de ser embotellado. Visualmente es de un rojo picota de capa media y lágrima media moderadamente pigmentada. En nariz es una maravilla, frutos rojos en compota y pimienta blanca. También regaliz negro. Pimientos rojos asados. Fondo de cuero y tostados. Taninos bien integrados. Algo astringente en boca (madera nueva o debido a la cabernet o ambas cosas). Postgusto de duración media especiado y muy agradable. Redondo y equilibrado.

Tuvimos oportunidad de probarlo acompañando ensaladas templadas, entrecottes, chuletas de cordero, confit de pato, carrilleras de cerdo, etc. Los resultados obtenidos fueron magníficos, pero con el plato que mejor funcionó, con el que extrajo todo su potencial, fue con un pastel de berenjenas y carne aromatizada con comino. Un despliegue de sabores y aromas inabarcable, todo un escándalo para el paladar. 


Detalle de la etiqueta del Enate Cabernet-Merlot

Poco más queda por añadir. Destacar por último el exquisito trato que el personal del Restaurante Pradas dispensa a sus comensales, en perfecto equilibrio entre la cordialidad y la profesionalidad, aunque bien pensado tal vez no seamos las personas adecuadas para opinar, ya que después de tantos años, más que clientes podemos considerarnos amigos.

Gracias por vuestras atenciones.



sábado, 9 de agosto de 2014

> Torla y el petirrojo


Postal de Torla


La oscense villa de Torla es la puerta de entrada más habitual al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, sin duda una de las "joyas de la corona" del Pirineo Aragonés. 

Desde la construcción hace unos años del aparcamiento público y la posterior liberalización del uso del mismo durante la temporada turística, el centro de la población ha recuperado la tranquilidad y el encanto que antaño tuvo. Las construcciones conservan el aire tradicional y el tipismo pirenaicos, tanto las obras nuevas como las restauradas, de modo que la piedra, la pizarra y la madera son los materiales más utilizados. 

Ya desde el pasado Torla ha venido siendo un núcleo comercial importante, vital en el intercambio de bienes y servicios a un lado y otro de la frontera. Allí acudían los contrabandistas a vender lo que pasaban de estraperlo desde Gavarnie a través del Puerto de Bujaruelo, también los pastores a vender sus productos y animales o a comprar utensilios, herramientas y enseres para abastecer sus hogares y establos. En la actualidad, el comercio en Torla tiene una vocación más turística: tiendas de alimentación y tiendas de regalos satisfacen las necesidades de los visitantes.

Sin embargo, una vez al año se recrea el mercado tradicional, este año en concreto fue el penúltimo fin de semana del mes de Julio, y por unas horas los puestos callejeros invaden la plaza. Los responsables de los mismos, ataviados con ropas que recuerdan a tiempos pasados, se esmeran en atender a los visitantes y compradores. Alimentación y artesanía son los dos sectores más representados, y como no puede ser de otra forma, compramos de ambas cosas. Algo de bisutería artesanal, un poco de queso de Saravillo, unas cervezas artesanas del Valle de Hecho... y vino del Somontano.

Compras

Vayamos al vino...


Nos decidimos por el Petret 2010 de Bodegas Ballabriga (Barbastro), elaborado en base a un ensamblaje cada vez más extendido en la D. O. Somontano: mitad Merlot y mitad Cabernet Sauvignon, con un breve paso por barrica, posiblemente nueva, de 6 meses de duración antes de ser embotellado, en una línea similar a la seguida por otras bodegas de la zona (Enate, Viñas del Vero, etc). Externamente se presenta en botella bordelesa de color caramelo, con una llamativa cápsula de color naranja zanahoria, ambas de calidad adecuada. El tapón (que no corcho) es de silicona también naranja, técnica de cierre que no termina de gustarnos pero que según los entendidos es altamente eficaz a la vez que respetuosa con los alcornoques y el medio ambiente.

Petret 2010

La etiqueta es de gran tamaño y llama la atención su colocación apaisada, de manera tal que hace las veces de etiqueta y contraetiqueta al mismo tiempo. Destaca al lado del nombre del vino en vertical, el dibujo de un pájaro, en concreto un petirrojo, denominado en las comarcas más orientales de la provincia de Huesca con el nombre de petret, de ahí el nombre del vino.


Detalle de la etiqueta

Una vez en la copa, en fase visual es de un rojo cereza de capa media-baja con ribete rosado. Lágrima escasa sin pigmentación. En nariz destaca la fruta roja (fresas y frambuesas) y también negra (moras). Pimiento rojo asado y pimienta blanca, aromas habituales en la variedad Cabernet. Madera muy sutil, quizás algo ahumada. Cerrado de inicio, el ataque en boca no resulta del todo grato. Mejora al rato de descorcharlo (destaponarlo sería más correcto), tanto en nariz como en boca, y en la segunda copa la mejoría es evidente. Taninos presentes muy vivos (de nuevo la Cabernet), agradables en general merced al equilibrio que aporta la Merlot, variedad amable de beber en solitario o en coupage. Breve postgusto especiado, con un ligero amargor que empaña algo la valoración final.

Algunos vinos impresionan en fase visual u olfativa. Otros destacan en fase retronasal. Sin duda en el Petret 2010 la fase de la cata en la que mejor se desenvuelve es la fase gustativa. Visual y olfativamente es correcto sin estridencias, el postgusto es demasiado breve y poco evocador, pero la fase gustativa es francamente agradable. Es un vino para beber y para disfrutar bebiéndolo.

Así pues, bebamos...


Frambuesas silvestres
  






martes, 5 de agosto de 2014

> Era Costana Reserva 2009




El pasado mes de Diciembre realizamos una visita a Bodegas Olarra (Logroño), tal y como quedó detallada en una entrada anterior. Charlando durante la cata con Álvaro García, responsable de enoturismo de la bodega, comentamos la significativa presencia de Olarra en los catálogos de diversos clubes de vinos y nos explicó el procedimiento de selección que se realiza habitualmente.

Se trata en realidad de una elaboración casi por encargo. El club solicita a la bodega la elaboración de un vino con unas determinadas características, las más demandadas por sus socios, y la bodega elabora varias muestras distintas. Varios coupages, monovarietales o multivarietales, distintos periodos de paso por barrica, diferentes grados de tostado de las barricas, etc. Más adelante el club en cuestión hace sus pruebas de cata y elige el vino "ganador", el cual pasa a ser embotellado en exclusividad para sus socios. Los miembros de los clubes de vinos suelen (solemos) ser consumidores avezados, de manera que las etiquetas suelen ser sobrias y poco dadas a la ostentación. Tampoco suelen incorporar notas de cata, ni periodos de crianza, ni maridajes recomendados, datos todos ellos que el consumidor medio acostumbra a demandar en una etiqueta.

Cúpulas de la nave de barricas de Bodegas Olarra. Vista desde la sala de catas.

En esta ocasión hablaremos de uno de estos "vinos de club". Se trata del Era Costana Reserva 2009 de Bodegas Olarra, al cual accedimos al darnos de alta en otro club de vinos. La presentación del Era Costana 2009 es bastante austera, en botella bordelesa color verde oscuro, con cápsula dorada y corcho natural de buena calidad. Etiqueta tipo pergamino de tamaño medio con escasa información, apenas el nombre del vino, la denominación de origen y la añada. Contraetiqueta igualmente escueta. No importa. Lo verdaderamente importante está en el interior.


Era Costana Reserva 2009

Detalle de la etiqueta

En fase visual presenta un precioso color rojo picota de capa media-alta con menisco teja que atestigua su paso por barrica de roble, característica constante de los tintos de Olarra. Nariz de fruta roja y negra en compota, torrefactos, café y especias. Algo ácido de inicio, se disipa rápidamente en la copa. Fase gustativa con taninos muy integrados. Redondo y amalgamado,  muy equilibrado en boca. Postgusto sabroso, con final medio-largo muy agradable.

Nos quiere recordar, algo lógico por otra parte, a otros reservas de esta bodega catados con anterioridad, por ejemplo al Vía Láctea Reserva 2008, pero nos recuerda en particular al Sagasta Reserva 2008 incluso en su presentación exterior. Sabemos de la existencia de otro "vino de club" elaborado por Bodegas Olarra, se trata del Bene Placitum Reserva el cual no hemos tenido oportunidad de probar todavía, ni en la prácticamente agotada añada del 2008 ni en la más reciente del 2009, pero que a todas luces será de nuestro agrado, teniendo en cuenta el buen hacer de esta bodega riojana.

Olarra nunca nos decepciona.


Visita a Bodegas Olarra. Diciembre 2013