sábado, 28 de enero de 2017

> Regreso a Bodegas Sommos: enoturismo de precisión...




En nuestra anterior visita a Bodegas Sommos nos quedó pendiente probar el sugerente menú-degustación que se sirve en su afamado restaurante, de manera que, aprovechando la inmejorable compañía de unos buenos amigos, decidimos repetir la experiencia enoturística de hace unos meses completándola en modo gourmet, no sin antes admirar la maravillosa arquitectura exterior de la bodega, en un radiante sábado de invierno, con los Pirineos recién nevados al fondo. De postal...


Arquitectura de vanguardia

Viñedo en invierno


La visita en sí misma poco difirió de la que ya tuvimos ocasión de realizar en 2015, tan sólo complementada por una breve explicación en los viñedos más cercanos a la bodega que, sin embargo, nos permitió obtener abundante información en cuanto a técnicas de trabajo en campo, procedimientos de poda y regadío, altamente tecnificados como lo es casi todo en Bodegas Sommos: sondas subterráneas para medir la humedad, estaciones meteorológicas, dendrómetros para evaluar el grado de hidratación de las vides, sensores que envían información al ordenador central de la bodega, etc. La ciencia al servicio de la viticultura. Nada se deja al azar en Sommos. De regreso al edificio principal de la bodega, volvimos a disfrutar como niños con la proyección del impresionante audiovisual que explica el proceso de elaboración, precedido por una breve introducción de la nueva bodega adquirida por la empresa en Murero (Zaragoza), perteneciente a la DO. Calatayud y recientemente rebautizada como Sommos Garnacha.


Sala de elaboración

Sala de barricas

Sala de catas

Las explicaciones desde el mirador que permite tener una amplia panorámica de la sala de elaboración y la observación de la sala superior de barricas y del botellero, se continuaron con la degustación de tres vinos en la que sin duda es la mejor sala de catas que conocemos. De nuevo su blancura, iluminación y orden nos llamaron la atención, y eso que ya la conocíamos con anterioridad.


Vinos Sommos, servidos para la cata

En esta ocasión comenzamos la cata con el Nietro Rosado 2015, monovarietal de Garnacha elaborado en la bodega de Murero. Color rosa de intensidad media, ni fresón ni piel de cebolla, con ribete plateado. En nariz se mostró atractivo, con predominio de las frutas rojas y un fondo de crema de leche, algo así como un caramelo de nata y fresa. Ricamente ácido en boca, resultó muy refrescante, con un final ligeramente mentolado y un recuerdo a plantas aromáticas, típicas de los montes de esa zona geográfica a caballo entre Calatayud y Daroca.



El Sommos Crianza 2014 supuso un salto cualitativo importante. Elaborado con tres variedades internacionales (Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah) en un coupage muy habitual en la DO. Somontano, realiza una crianza de 9 meses en barrica. Edición limitada a 15000 botellas. Rojo picota de capa media con ribete granate. Predominio de frutas negras y tierra húmeda en nariz, con el adorno de todos esos terciarios provenientes del roble (torrefactos y chocolate) incluso con algún recuerdo de vegetales asados. En boca resultó redondo, fino y elegante, con los taninos muy bien integrados, aunque tal vez demasiado ligero y corto en su postgusto. Interesante.



Concluimos la cata con uno de los vinos top de la bodega. El Sommos Colección Merlot 2014, monovarietal de dicha variedad, es uno de los privilegiados que realiza íntegramente su elaboración en roble, desde los tinos para su primera fermentación hasta las barricas para su crianza durante 14 meses. Picota de capa media-alta con menisco teja, mostró en nariz frutas negras desecadas (higos y ciruelas), también azúcar quemado, notas lácteas, toffe y pimientas. Elegantísimo en boca. Una delicia. Mucho mejor que el de la añada 2010 que catamos en la visita anterior.


Restaurante Bodega Sommos

Ensalada de ventresca con pimientos


       



Como epílogo de esta magnífica jornada, nos dirigimos al restaurante de la bodega, seducidos por el atractivo menú-degustación maridado con dos vinos Sommos. Comenzamos con el Glárima Varietales Blanco 2015, ensamblaje de Chardonnay, Gewürztraminer y Pinot Noir con 4 meses en barrica, perfecto para el entrante de queso de cabra en galleta tipo Oreo y para la ensalada de ventresca con pimientos. De color amarillo dorado y nariz plena de frutas tropicales (piña, mango) también albaricoque y algún cítrico aunque más oculto. Muy agradable en fase gustativa, con una pincelada mineral novedosa para nosotros en este vino. Tal vez demasiado rápido en su paso por boca, lo recordábamos más untuoso y estructurado, aunque resultó una vez más muy interesante dejarlo evolucionar en la copa para detectar esos aromas terciarios a pan tostado y mantequilla.


            
                         

No resultó tan satisfactoria la armonización con la cazuelita de pochas con verduras y borraja, quizás debimos cambiar en ese momento al tinto, pero preferimos continuar con el blanco sabiendo que acompañaría bien al bacalao confitado a la riojana, como así sucedió, aunque el maridaje del pescado con el tinto no hubiera sido en absoluto descabellado.


Jarrete de cordero al chilindrón

El Glarima Varietales Tinto 2014, elaborado en un multitudinario ensamblaje de 4 castas tintas (Tempranillo, Syrah, Merlot y Cabernet Sauvignon) con crianza durante 8 meses en barrica, se mostró con una capa media-alta con ribete violáceo. Divertida fase nasal, con frutas rojas y negras, caramelo, carbón, incienso, cacao, vainilla. Un parque temático de aromas. Luego en boca resultó agradable como siempre, sabroso y con esa astringencia media muy bien integrada,  sutilmente amargo en el postgusto, pero en general muy correcto, ideal como acompañamiento del jarrete de cordero al chilindrón. Un vino muy bien construido, nunca falla, aunque puede llegar a saturar si se toma con demasiada frecuencia.





Tal y como nos gusta hacer, prolongamos todo lo humanamente posible la última copa de vino antes de pasar al postre, una cuajada de leche de oveja con nueces y miel, que junto con el excelente café, puso punto final a la comida. Impecable el servicio en sala y la calidad de los platos, con los tiempos precisos para permitir disfrutar de la comida y la conversación a partes iguales, sin prisa pero sin esperas injustificadas. Nuestra más sincera enhorabuena al personal.

Bodegas Sommos, enoturismo de precisión.

Próxima escala, Ribera del Duero...






lunes, 23 de enero de 2017

> Wine Up Tour 2016: Cena maridada en Restaurante Aragonia




Tal y como viene siendo habitual en los últimos años, a mediados del mes de Noviembre hizo escala en Zaragoza el Wine Up Tour!. Para la edición de este año hubo una modificación sustancial en el diseño del evento, abandonando el estricto formato de cata empleado con anterioridad para dar paso a una cena maridada (armonizada, como se dice ahora...) que tuvo un resultado final mucho más entretenido.


Charlando con Michael Cooper (Tomevinos) en un descanso entre platos
Organizada por Tomevinos, la cena tuvo lugar en uno de los restaurantes más atractivos de Zaragoza, no sólo por la calidad de su gastronomía y por su impecable servicio, sino también por la elegancia decorativa de sus salas. El Restaurante Aragonia, ubicado en los bajos del Hotel Palafox es, desde hace años, una de nuestras referencias de más alto nivel en la capital aragonesa, y en torno a sus mesas hemos disfrutado de inolvidables veladas en las que no ha faltado algún momento verdaderamente divertido, como el acaecido hace ya varios años y que se puede recordar en este enlace


Agustí Torelló Gran Resrva con tostada de salmón

Iniciamos la noche con un cava, como a nosotros nos gusta, para acompañar la tostada de salmón. El Agustín Torelló Gran Reserva 2011 estuvo magnífico, como siempre. Ensamblaje clásico de Macabeo, Xarel-lo y Parellada, se presentó en la copa de un color dorado verdoso y desveló en nariz recuerdos de mantequilla y panadería, resultado de su larga crianza de 48 meses en botella. Cremoso y untuoso en boca, con el carbónico perfectamente integrado, idónea elección con su suave burbuja para limpiar los paladares de la grasa natural del pescado ahumado.


Verum Malvasía con foie

Continuamos con un blanco monovarietal de una casta poco conocida y que Bodegas Verum (Tomelloso) está intentando relanzar. El Verum Malvasía 2015 se sirvió como socio de una exquisita tostada de foie. Visualmente de un amarillo dorado con ribete verdoso, desplegó en nariz todo su potencial aromático: albaricoque, plátano, piña madura, un espectáculo... Lástima que la golosidad y el dulzor prometido en fase olfativa no tuvieran continuidad en boca, tal vez demasiado fluido, corto y poco expresivo. Un vino "tramposo", quizás en futuras añadas (ésta del 2015 es sólo un primer paso) se equilibren las diferencias entre la sensualidad en nariz y la inconsistencia en boca. A reconsiderar.


Lleiroso Crianza con carpaccio de atún y conejo escabechado

El primer tinto de la noche fue el Lleiroso Crianza 2012 de Bodegas Lleiroso (Valbuena de Duero). En uno de los maridajes más arriesgados de la noche, se sirvió con un carpaccio de atún y conejo escabechado. Color rojo picota de capa media y ribete granate, con lágrima densa ligeramente tintada, identidad propia de la Tinta Fina de DO. Ribera del Duero. En nariz mostró predominio de frutas negras (moras y grosellas), regaliz y tostados, confirmando su permanencia durante 12 meses en roble francés y americano. Su final largo y especiado armonizó perfectamente con el escabeche de conejo, sin embargo devoró sin piedad el atún y sobrepasó con creces el sabor del pescado. Maridaje exitoso sólo a medias...
Legado Petit Verdot con ravioli de longaniza

Un nuevo tinto acompañó al siguiente plato. El ravioli de longaniza de Graus se puede considerar un clásico de la cocina del Restaurante Aragonia, su sabor y su presencia nunca defraudan. La armonización propuesta fue con el Legado Petit Verdot 2011, monovarietal de dicha uva que tan cuesta arriba se nos ha hecho en otras catas y que en esta ocasión tampoco terminó de enamorarnos. Criado en roble francés durante 15 meses se mostró de un cereza de capa media-baja con ribete granate. Ataque en fase nasal con aromas muy extraños (goma arábiga, neumático, barniz) imposibles de disipar ni siquiera tras la oxigenación en copa. Nuestro desconocimiento nos impide discernir si se trata de un defecto o si bien son propios del cepaje. En cualquier caso, en boca resultó demasiado astringente, bastante ácido y ligeramente amargo en el postgusto. Definitivamente esta variedad de uva no es lo nuestro, aunque debemos añadir que semanas más tarde tuvimos ocasión de catar un Petit Verdot uruguayo gracias a la cortesía de un amigo, y nuestras impresiones al respecto cambiaron radicalmente. Desconcertante esta uva...

Conde de Valdemar Alto Cantabria con corvina al horno

Una vez bien metidos en harina con los entrantes, pasamos a uno de los platos principales de la cena. La corvina al horno sobre leche de coco fue servida de la mano del Conde de Valdemar Alto Cantabria 2015, blanco riojano monovarietal de Viura fermentado en barrica de roble francés. De un precioso color dorado, limpio y brillante, desplegó en nariz aromas de frutas de pepita (manzana y pera) así como notas de mantecado y almendras merced a su permanencia en roble durante 4 meses. Con un postgusto eterno, resultó espectacular y elegante, aún incluso mejor que el de la añada 2014, perfecto para acompañar el pescado, aunque tampoco desmerecería con aves o con carnes blancas. Gran acierto.

Inspiración Valdemar con ternasco asado

Un timbal de ternasco asado y deshuesado fue la propuesta para acompañar al Inspiración Valdemar 2012, vino de autor elaborado en base a un ensamblaje dominado por la Tempranillo con un aporte de Graciano y de Maturana Tinta, con posterior crianza de 12 meses en roble francés y americano. Visualmente de capa media-alta y lágrima pigmentada, predominan en la copa los aromas a frutas negras. Ligeramente ácido en fase gustativa, característica bastante habitual en Rioja, quizás no llegue a alcanzar la perfección de la añada 2011 previa, pero el resultado sólo puede calificarse como satisfactorio, hablando tanto del vino como de su maridaje con el ternasco.

Beronia Reserva con queso y helado

A estas alturas de la cena, todos sabíamos que el último vino se trataba del Beronia Reserva 2011, sin embargo, nos atenazaba la duda de la armonización con el postre. Ni frutas ni dulces parecían ser buenos compañeros de viaje para este coupage clásico riojano (Tempranillo, Mazuelo, Graciano) con nada menos que 20 meses de crianza en barrica de roble francés y americano. Nuestras inquietudes se disiparon por la vía francesa, es decir, con un poco de queso curado y helado que nos permitió disfrutar sin prisas de este último vino, con su capa media y ribete teja, sus balsámicos, vainillas y toffes, su suavidad y su perfecto paso por boca. No parece casualidad que haya obtenido numerosos galardones a lo largo del pasado año 2016, por ese mismo motivo no dudamos ni un instante cuando se nos dio a elegir una botella en el sorteo posterior a la cena y en el que tuvimos la fortuna de ser premiados.

Inmejorable broche final para este evento gastroenológico, muy probablemente el de más alto nivel de entre todos a los que pudimos asistir en el 2016.

Enhorabuena a los organizadores y al personal del Restaurante Aragonia por su magnífico servicio.

Recogiendo los premios del sorteo

NOTA:
Queremos hacer constar expresamente nuestro más sincero agradecimiento a Joaquín Parra, máximo responsable del Wine Up Tour, por la cesión de las imágenes que ilustran la presente entrada. Sin ellas el aspecto visual de la información no hubiera sido posible.





lunes, 9 de enero de 2017

> Vinos Terraesteban (DO. Ribera del Duero) en Cafetería Millenium




Bodegas y Viñedos Aceña, empresa familiar ubicada en la localidad de San Esteban de Gormaz (Soria), elabora vinos tintos de calidad pertenecientes a la DO. Ribera del Duero. Los vinos Terraesteban, fieles a la costumbre atávica de la DO. Ribera del Duero, se elaboran íntegramente con Tinta Fina, cultivada en espaldera sobre suelos pobres de cascajo y guijarros. Vendimia manual en cajas, doble selección de uvas, fermentación en inoxidable con temperatura controlada, remontados y bazuqueos que desembocan en una permanencia en barrica de roble americano, francés y húngaro.


     
   

Escasamente introducida en Aragón, la marca Terraesteban se comercializa en Zaragoza a través de un pequeño oasis gastronómico llamado Cafetería Millenium, tan sólo conocido por unos pocos, paraíso de los platos de cuchara caseros,  mariscos a la plancha, maravillosas carnes y demás delicias culinarias. Mención especial merece su vistosa barra de pinchos a la hora del aperitivo y el cocido de los jueves. Teniendo en cuenta sus pequeñas dimensiones, resulta imprescindible reservar mesa con antelación. El local no es especialmente holgado, pero el mero deleite de los sentidos bien merece alguna apretura.



     


El Terraesteban Crianza 2011 se presenta en botella bordelesa color caramelo con corcho y cápsula de calidad correcta. Moderna etiqueta en la que cobra todo el protagonismo una gigantesca letra T minúscula sobre la que aparece detallado el nombre de la bodega en vertical, así como los premios obtenidos en los últimos años. Visualmente de un color rojo picota de capa media y ribete granate que deja insinuar algún tono ladrillo. En fase nasal hay un predominio de las frutas negras (moras, grosellas) de camino hacia la desecación (higos, ciruelas pasas), adornado por recuerdos a tabaco rubio, toffe, regaliz negro y cueros. Muy agradable en boca, pleno y redondo, con taninos muy domados que estructuran un vino elegante, todavía sutilmente ácido que permite equilibrar su contenido alcohólico. Postgusto largo, balsámico y especiado, con regreso de nuevo a recuerdos frutales.


      


Tuvimos también la oportunidad de catar otros dos vinos elaborados por la misma bodega. El Terraesteban Joven no terminó de enamorarnos, aún siendo bellísimo en fase visual con su capa alta y su menisco violáceo, e interesante en nariz por sus notas florales y frutales, se nos antojó tal vez demasiado tánico en fase gustativa, característica inherente a los tintos de Ribera sin crianza. Más acorde a nuestros gustos resultó el Terraesteban Roble, igual de atractivo en copa que su hermano pequeño, menos floral, pero indudablemente más sabroso y expresivo, con el tanino más domado, merced a su breve paso de 6 meses por barrica de roble, y con esos recuerdos a carbón e incluso a chocolate que tanto nos agradan.

Terraesteban y Millenium, todo un descubrimiento...




miércoles, 21 de diciembre de 2016

> Cata vertical 2012-2015 de SED en El Lagar del Enófilo




Las catas verticales son sin duda el máximo exponente sensorial para cualquier aficionado al vino. En este tipo de eventos se catan distintas añadas de un mismo vino, persiguiendo los matices diferenciadores de cada temporada e interpretando la evolución en botella de cada uno de ellos. 

Pocas son las ocasiones que se nos presentan de poder asistir a una cata vertical. Para ello es absolutamente imprescindible que algún caprichoso tenga el aplomo de reservar al menos una botella al año del vino protagonista, lo cual no es fácil que suceda, bien por motivos comerciales, bien por mero hedonismo. Habitualmente son las propias bodegas las que lo hacen, incluso durante décadas, y esas catas verticales, sólo disponibles para unos pocos, se convierten como es natural, en catas míticas. En ese mismo sentido pero más de andar por casa, las catas verticales organizadas por pequeñas vinotecas y tiendas especializadas, resultan muy interesantes y son infinitamente más accesibles, aunque siempre con un número limitado de plazas, algo lógico si se tiene en cuenta que posiblemente sólo se disponga de una botella de cada añada.


Javier (El Lagar del Enófilo) y Fernando (El Vino del Desierto)

La información es siempre valiosa, y tuvimos la fortuna de tener conocimiento de que se iba a celebrar la primera cata vertical en la historia del cada vez mejor valorado Vino del Desierto, organizada por El Lagar del Enófilo, pequeña y a la vez coqueta vinoteca zaragozana, cuyo propietario había tenido la paciencia de atesorar todas las añadas comercializadas hasta la fecha del tinto conocido con el nombre Sed. Nos adelantaron también la información de que en un futuro cercano tal vez sea posible realizar algo similar con el Duna, blanco de la misma bodega, evento que supondrá la cuadratura del círculo. Habrá que estar atentos...


            


Al margen de las modificaciones estéticas en la presentación exterior, sobre todo en el etiquetado, lo verdaderamente interesante estaba en el contenido de cada botella. Las cuatro añadas disponibles (2012-2015) fueron servidas en las copas simultáneamente y  se acordó variar el orden de cata de forma deliberada. En lugar de realizar la cata completa de cada vino, se cumplimentó cada una de las fases (visual, olfativa y gustativa) de los cuatro vinos a la vez, todo un acierto, pues de esa manera pudimos establecer comparaciones cruzadas múltiples. En fase visual las variaciones fueron escasas, mínimas diferencias en cuanto a densidad de capa y sutiles matices en el color del ribete. En nariz y en boca las sensaciones fueron muy diferentes, tanto más cambiantes cuanto más tiempo pasó cada vino oxigenándose en la copa.


Escasas diferencias cromáticas

Comenzamos probando el Sed 2015, recién sacado al mercado. Potente carga frutal en nariz, gracias a un pequeño incremento en el porcentaje (25) de Cariñena (Mazuela) en el coupage final en esta añada, dominado aún por la Garnacha (65) y completado con Syrah (10). Balsámicos, mentolados y chocolate (After Eight). Generosa acidez en boca, muy equilibrado en todo, nada fuera de su sitio. Siendo exquisito en este momento, no podemos evitar preguntarnos hasta dónde llegará en botella.


Cuatro añadas, cuatro vinos...

El Sed 2014, añada que representa el grueso disponible tanto en tienda como en hostelería a día de hoy, se elaboró con las mismas variedades de uva (Garnacha, Cariñena, Syrah) en proporción 65-20-15 y del mismo modo que su sucesor, tuvo una crianza en roble americano de unos 9 meses. En ambas añadas, la quinta parte del vino elaborado no pasa por barrica sino que se guarda en depósito hasta el momento del ensamblaje previo al embotellado, de esta forma el resultado final conserva una mayor carga frutal. De nuevo el equilibrio domina en fase gustativa. Tiene de todo en su justa medida. Hay alcohol pero no se nota, hay taninos pero no molestan, hay acidez pero no sobresale y hay fruta pero no satura. Un vino en su plenitud, aunque con recorrido.



En el Sed 2013 se evidenciaron algunas diferencias. Algo menos expresivo en nariz, menos frutal y con algo de predominio de los aromas terciarios de la crianza, tal y como cabría esperar no sólo por la evolución en botella, sino también por haberse realizado la crianza en barricas casi nuevas y sin reservarse vino en depósito, diferencia sustancial con las añadas 2014 y 2015. En fase gustativa fue quizás el más elegante de todos, bien integrado, redondo y de largo postgusto. En cata comparada quedó cruelmente penalizado, sobrepasado en carga frutal por las añadas 2014-2015 aunque sin alcanzar las cotas evolutivas hacia los terciarios de su antecesor el Sed 2012 del que hablaremos a continuación. Quien tenga una botella del Sed 2013 que la conserve, porque estará aún mejor en uno o dos años.




La primera añada comercializada fue la del Sed 2012. Algo cerrado de inicio, hizo que nos temiéramos algo de reducción, pero un concienzudo trabajo de aireación en copa le llevó a expresarse finalmente como un vino interesantísimo. Requirió algo más de tiempo que sus hermanos para poder disfrutarlo (porque lo disfrutamos...) y demostró haber protagonizado una gran evolución en botella. La fruta más compotada, a ratos deshidratada, mentolados, regaliz y monte bajo. Predominio de los terciarios sobre la fruta, muy elegante y delicado. Una auténtica joya. Impresionante.






Fue todo un placer conocer El Lagar del Enófilo, un lugar donde es posible encontrar vinos poco habituales a precios interesantes y siempre perfectamente asesorados. Y desde luego, nada puede compararse a compartir una cata vertical con el propio elaborador, más todavía si se trata de un proyecto tan personal como el de Fernando Mir. No creemos estar equivocados al afirmar que, por lo que representa para él en cuanto a confirmación del trabajo bien hecho, habrá un antes y un después a la celebración de esta cata. 

En resumen, un auténtico privilegio haber sido partícipes en un evento tan exclusivo y original como este, al alcance tan sólo de unos cuantos afortunados.







domingo, 11 de diciembre de 2016

> Cata en primicia: Finca del Marquesado Crianza 2013




La propuesta de colaboración de Los Vinos Pausados con la Guía de Vinos Wine Up! fue para nosotros la confirmación de estar en el camino correcto, de manera que cuando recibimos aquella primera muestra de vino aún sin comercializar, nos sentimos verdaderamente ilusionados. Su imponente e inmejorable presentación exterior contribuyó y mucho a hacer que nos sintiéramos importantes. Caja de madera, paño envolviendo a la botella, memoria usb, folleto y etiqueta informativa. Todo un lujo...


Una cuidada imagen, excelente presentación



Los aficionados al mundo del vino, seguimos desde hace meses los movimientos que se están produciendo en el seno de la DOc. Rioja acerca de los cuales ya publicamos una entrada el pasado mes de Febrero. Al parecer, el Consejo Regulador baraja aprobar a principios de 2017 una nueva categoría denominada "Viñedo Singular de Rioja" que permita calmar las aguas, últimamente algo revueltas, con ciertas bodegas descontentas de su gestión. La nueva categoría que contará con precintas propias, dará respaldo a aquellos viñedos y parcelas con condiciones agrogeológicas y climáticas peculiares, a los cuales se les exigirá un menor rendimiento por hectárea, vendimia manual y un mínimo de 25-35 años de edad, todo ello con la finalidad de dotar a estos vinos con un reconocimiento especial (y probablemente también con un valor especial en el mercado) por parte de la DOc. Rioja.


Viñedo Finca del Marquesado. Fuente: archivo de la bodega

Viñedo Finca del Marquesado. Fuente: archivo de la bodega



Anticipándose a las decisiones del Consejo Regulador, algunas bodegas han ido desarrollando proyectos con la finalidad de elaborar sus "vinos de viñedo singular". Nos da la sensación de que tal finalidad persigue Bodegas Valdemar al lanzar su Finca del Marquesado  Crianza, ensamblaje de tres variedades tintas bien arraigadas a La Rioja (Tempranillo, Garnacha y Graciano), elaborado con uvas procedentes de parcelas a diferentes altitudes dentro un mismo viñedo, entre 640 y 528 metros, lo cual obliga a realizar una vendimia escalonada. En realidad la finca cuenta con 187 hectáreas en total, de las cuales 135 corresponden al viñedo, y son el resultado de sucesivas compras de terreno como ampliación de una primera viña de suelos pedregosos y de cantos rodados adquirida hace más de treinta años por la familia Martínez Bujanda, propietaria de la bodega.


Viñedo Finca del Marquesado. Fuente: archivo de la bodega

El Finca del Marquesado Crianza 2013 se presenta en botella borgoñona de color ámbar con cápsula de buena calidad y moderno tapón sintético tipo Nomacorc, biodegradable, eficaz en el intercambio de oxígeno, respetuoso con el medio ambiente y de precio elevado. En este tipo de detalles se puede comprobar que no estamos ante un vino cualquiera. Etiqueta clásica y contraetiqueta con suficiente información en cuanto a variedades de uva, periodos de crianza, tipo de roble empleado y algunos datos relativos al viñedo. Imagen muy cuidada, simultáneamente moderna y tradicional. Un buen comienzo...

Finca del Marquesado Crianza 2013

Tapón Nomacorc


Visualmente de color rojo picota de capa media y menisco entre rubí y granate. Limpio y brillante, con abundante cantidad de lágrima no pigmentada de rápida caída. En nariz la intensidad de aromas es media, predominan las frutas rojas, con fondo de tostados y mentolados, con un recuerdo como a "caja de puros", señal inequívoca de sus 14 meses de crianza en roble americano. En boca la entrada resulta levemente astringente, paso por boca agradable que termina en una marcada acidez que hace salivar, equilibra el conjunto e invita a beber otro sorbo.  Nos llama la atención un ligero "escalón" entre la breve tanicidad del inicio de la fase gustativa y su continuación en el paso por boca con esa magnífica acidez. Alcohol muy integrado, vino muy redondo y sin aristas, en especial si se disfruta con algo de comida. Postgusto medio-largo especiado y sabroso. 

Catado de nuevo 24 horas más tarde, el resultado es aún mejor. La fruta pierde algo de protagonismo, no así las notas de crianza que se conservan e incluso se acentúan. En fase gustativa mejora, el "escalón" descrito entre entrada y paso por boca desaparece por completo, mostrándose todavía más redondo. El postgusto pierde algo de longitud, aunque se mantiene igual de interesante.

Etiqueta

Contraetiqueta

Nos encontramos ante un Rioja moderno, como no puede ser de otra forma tratándose de un vino de Bodegas Valdemar, pero con un fondo de tradición bien pegada al terreno. El coupage de variedades nos traslada a tiempos pasados, cuando las uvas de todo el viñedo se vinificaban juntas, con ese predominio de la Tempranillo aunque sin desdeñar el aporte de otras castas tintas minoritarias, Garnacha y Graciano en esta ocasión. Sin embargo, se trata de todo lo contrario, el Finca del Marquesado es un Rioja del futuro, representante de los "vinos singulares" que aún están por venir y que suponen el destino de la DOc. Rioja.



Bodega Finca del Marquesado. Fuente: archivo de la bodega