miércoles, 24 de noviembre de 2021

> Batán de Salas Moristel 2020 by La Corona de L´Ainsa




Hace algo más  de  dos meses, nuestra habitual tranquilidad dominical se vio interrumpida por el aviso de llegada de un mensaje por whatsapp. El remitente del mismo era Javier Buil, responsable de la tienda especializada La Corona de L´Ainsa y promotor del proyecto Vignerons de Huesca del que en tantas ocasiones hemos hablado. Hombre de pocas palabras -y por lo visto también de pocas imágenes- su mensaje se limitaba a una fotografía de su mano izquierda sosteniendo una botella de vino en cuya etiqueta no podía leerse ningún tipo de información, tan solo un trazo continuo enlazando varias veces el signo matemático del infinito. Esperamos unos minutos, con la esperanza de que dicha imagen se acompañara con alguna otra información adicional, pero no se dio tal circunstancia. Incluso nos temimos que no deberíamos haber sido nosotros los receptores de dicha imagen y que todo podía haber sido fruto de una confusión. Pasado un tiempo prudencial, con cautela nos decidimos a responder, pero nos surgió la duda de cómo hacerlo. Finalmente optamos por mantener el misterio y respondimos con otro mensaje también críptico: "Inquietante etiqueta..." Afortunadamente una posterior conversación nos permitió finalmente desvelar el secreto. 


El vino que hoy nos ocupa es el primero de una serie de vinos exclusivos, elaborados por encargo personal de Javier Buil a diferentes productores, fruto de una estrecha colaboración y una estricta selección en bodega. Estos vinos sólo serán distribuidos a través de La Corona de L´Ainsa y no será posible encontrarlos por otros cauces. Dado que no están dirigidos al público en general, es probable que ni siquiera aparezcan en la web y que sea Javier en persona quien los ofrezca a clientes seleccionados, tanto mejor cuanto más exigentes sean. Todos estos vinos serán producciones muy limitadas -en ocasiones tan sólo unas cuantas botellas- y tendrán en común la puesta en valor del producto de proximidad, una elaboración prácticamente artesanal y el indudable protagonismo de las variedades de uva autóctonas, minoritarias y en ocasiones casi desaparecidas. Serán vinos singulares, únicos e irrepetibles, que tendrán defensores y detractores, pero que serán capaces de transportar a quienes los prueben hasta viñedos desconocidos cuando no perdidos. Conociendo el nivel de exigencia con el que acostumbra a trabajar Javier Buil, la calidad de todos ellos está fuera de toda duda. Con toda certeza serán constantes sus visitas a las bodegas encargadas de la elaboración para conversar con cada elaborador y evaluar periódicamente el rumbo que va tomando cada vino hasta obtener el resultado óptimo.


Comenzaremos por tanto con el análisis de este Batán de Salas Moristel 2020 by La Corona de L´Ainsa. Atractiva presentación exterior, con una botella borgoñona de calidad y una etiqueta que hipnotiza. La contraetiqueta aporta algo más de información, pero tampoco demasiada. 100% Moristel, variedad tinta autóctona en vías de recuperación. Crianza totalmente desconocida, tanto en su duración como en cuanto al material utilizado, aunque francamente respetuosa con la carga frutal. Visualmente se muestra de un intenso color rojo cereza de capa media con ribete rubí. En nariz da la bienvenida una pizca de sobremaduración, para dejar paso a frutas rojas en mermelada -fresas, moras, ciruelas- caramelo de café con leche, lácticos y suaves tostados. Flores azules y pimienta blanca recién molida. Carácter férrico y sanguíneo sobre un fondo herbáceo. Marcada acidez, curiosamente detectable incluso en fase olfativa, que recuerda a vinos más septentrionales. Escasamente tánico, cremoso, de astringencia media, cumple con nota en fase gustativa, resultando muy fresco en boca. Longitud media pero suficiente, sostenida por ese leve amargor herbáceo que se intuye en nariz. Algo extraño y peculiar -sobre todo en fase olfativa- características ligadas a una variedad ya de por sí poco conocida. Un vino diferente con un perfil novedoso y moderno, de corte actual, fresco y frutal, muy alejado de las crianzas dominantes e intensas que todo lo invadieron hace unos años. Una rareza escasa, una pequeña joya.

Esperaremos pacientemente el lanzamiento del resto de vinos exclusivos de La Corona de L´Ainsa, con la seguridad de que todos ellos serán merecedores de nuestro interés. Y lo haremos sin prisa, como aquel viejo reloj de sol con el que hace años alguien decoró la fachada de su casa en uno de los numerosos pueblos abandonados que se encuentran desperdigados por la comarca del Sobrarbe.

Tempus fugit, como diría el clásico.



jueves, 14 de octubre de 2021

Visita a Bodegas Torrealbilla



La ruta natural para viajar hasta el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en Cáceres desde el centro de la península obliga a cruzar en algún momento el cauce del rio Tajo. En la actualidad, con las modernas infraestructuras, tal impedimento no supone ninguna dificultad, pero al principio del siglo XIV el asunto era diferente. En aquel tiempo don Pedro Tenorio, Arzobispo de Toledo, tenía propiedades en la localidad toledana de Alcolea de Tajo y decidió que la construcción del puente para cruzar el rio se realizara -casualmente- cerca de sus tierras. En el año 1380 se iniciaron las obras de un puente fortificado con dos torres de sillería de granito sobre el río Tajo, límite natural entre las provincias de Toledo y Cáceres. Como era de esperar, en torno a ese lugar comenzó a crecer una aldea de trabajadores, artesanos y canteros, todos ellos vinculados a la construcción del puente. Tras éstos llegaron los comercios, las cantinas y demás negocios, surgiendo de manera espontánea y natural una nueva localidad a la que con el  paso del tiempo se le dio -como es lógico- el nombre de El Puente del Arzobispo.



Dejando atrás las construcciones de El Puente del Arzobispo -algunas de cuyas fachadas y monumentos lucen decorados por la cerámica típica de la localidad, rica en verdes y ocres, a diferencia de los amarillos y azules de la cerámica de su vecina Talavera de la Reina- cruzamos el Tajo por el imponente puente. Si el tráfico lo permite, es recomendable hacerlo muy despacio para contemplar el cauce del río que es la columna vertebral de la Península Ibérica y mirar el horizonte que se extiende sin fin hacia tierras extremeñas y andaluzas. Nada más terminar de cruzar el puente, estaremos en la vecina provincia de Cáceres, concretamente en el término municipal de Villar del Pedroso, aunque todavía bastante alejados del núcleo urbano del mismo nombre, pues nuestro destino queda más cerca, a escasos 300 metros de la margen izquierda del Tajo.





La nave de elaboración y crianza de Bodegas Torrealbilla es visible y fácilmente localizable, incluso desde el mismo puente es posible divisar parte del joven viñedo de Tempranillo que rodea a la bodega. A decir verdad, Bodegas Torrealbilla es el resultado de la obstinación y la determinación de Javier Sánchez, empresario sin vínculo alguno con el mundo del vino. Un hombre hecho a sí mismo, artesano del metal en Madrid de lunes a viernes, acompañado por su familia más cercana, cada fin de semana se transforma en bodeguero. Aunque nunca llegan a olvidarse del todo, atrás quedaron los esfuerzos de levantar la bodega de la nada, porque nadie dijo que fuera fácil hacer realidad un sueño. La labor técnica corre por cuenta de Paula Trigueros, ingeniero agrónomo y máster en enología, de manera que puede decirse que ella es la mano que sujeta el pincel con el que se dibujan los vinos de Torrealbilla.






Las instalaciones de Bodegas Torrealbilla son acogedoras a la par que funcionales. Se trata de una bodega para elaborar vino más que para enseñar a las visitas. No obstante, la tienda-recepción resulta agradable de recorrer, bien iluminada y de distribución racional. Da acceso por uno de sus laterales a la sala de catas -espaciosa, acristalada y con vistas al viñedo- sin duda sorprendente por sus dimensiones. La gran sala de elaboración está diseñada para albergar muchos más depósitos de acero de los actuales. Las vinificaciones se realizan en depósitos de acero inoxidable con control de temperatura y se dispone de una capacidad máxima de producción de 45000 botellas anuales. La sala subterránea de crianza con temperatura constante, alberga 40 barricas de roble francés y el diseño de sus paredes forradas de piedra compactada y sujeta por redes metálicas, permite un ambiente tranquilo, sin ecos ni vibraciones, perfecto para la correcta evolución de los vinos.


En cuanto al viñedo, cabe recordar que se trata de un proyecto nuevo, podría decirse que todavía en vías de desarrollo. La viña de Tempranillo que rodea las instalaciones de la bodega dará probablemente este año su primera cosecha, papel que hasta el momento han desempeñado con éxito las 8 hectáreas de viñedo en la falda de la Sierra de Altamira que la bodega gestiona desde sus inicios, una viña mestiza de Tempranillo, Syrah y Cabernet Sauvignon. Hasta el momento no se dispone de viñedo de variedades blancas, así que en lugar de adquirir uva a otros viticultores locales, la bodega ha optado por un original sistema consistente en la adquisición de mosto refrigerado preparado para su vinificación, mayoritariamente Airén -variedad blanca manchega por méritos propios- pero también Gewürztraminer y Eva -uva autóctona extremeña- con las que se elaboran los vinos blancos de Torrealbilla. Por último, también se adquiere Pedro Ximénez, creemos que probablemente de Montilla-Moriles, vino sobre el que se cimenta la elaboración del excelente vermut La Torralvilla, con una receta tan secreta como exitosa.


Detallaremos a continuación nuestras notas y opiniones de todos los vinos que tuvimos la oportunidad de catar durante nuestra visita a Bodegas Torrealbilla. 



VERMUT LA TORRALVILLA
Caoba profundo con ribete ocre. Canela en rama, clavo de olor, nuez moscada, cáscara de naranja, zumo de lima, chocolate, café en grano y miel de palma. Un festival en nariz. Denso, meloso y cremoso, indudable identidad  Pedro Ximénez. Ataque dulce, ágil paso por boca con esa acidez cítrica y un final eterno apoyado en un  moderado amargor. Para degustar más como un Montilla-Moriles que como un vermut, sin hielo ni aderezos, pero para gustos los colores. Sin duda uno de los mejores vermuts que hemos catado. Y además en botella de litro y con una relación calidad-precio inigualable. Excelente.



EL GATO DE MARIETA
Eva, Gewürztraminer y Macabeo (80-10-10). Peculiar nombre para un vino, inspirado en un dibujo realizado en su infancia por la hija del propietario de la bodega. Amarillo pajizo muy claro. Poco exuberante en nariz. Fresco, ácido y menos dulce de lo esperado. Ligero, corto, poco voluminoso en boca. Un vino apto para todos los públicos-tal vez la etiqueta tenga su influjo, después de todo- ideal para acompañar bien frio durante las charlas en las tórridas tardes de verano.




INICIO BLANCO 2020
100% Airén. Amarillo pálido. Frutas de pepita, manzana reineta y pera sanjuanera, cítricos y algún aroma tropical. Anisados e hinojo. Sorprendente recuerdo a frambuesas a copa parada. Generosa acidez. Fresco, ligero y perfumado. Postgusto medio. No hemos catado muchos, pero este monovarietal de la uva blanca manchega por excelencia nos ha parecido más que correcto. Todo un descubrimiento.


INICIO BLANCO COUPAGE
Airén, Macabeo y Moscatel. Amarillo dorado, bastante evolucionado. Presencia de ciertos sedimentos que no benefician en nada a su evaluación. Manzanas asadas, dulce de membrillo, ceras, miel y naranja escarchada. Algo agotado, aunque conserva una acidez correcta. Licoroso a pesar de su escaso contenido alcohólico. Tiene un perfil oxidativo que lo hace divertido de catar, a pesar de tratarse de un vino retirado desde el punto de vista comercial. Curioso.


VIÑA ALTAMIRA 2019
Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon (60-20-20). Elaborado con uvas procedentes de varios viñedos situados en la falda de la Sierra de Altamira con una superficie total de 8 hectáreas. 6 meses de crianza en barricas de roble francés. Rojo picota de capa alta con ribete granate. Lágrima abundante, densa y pigmentada. Fruta roja y negra muy maduras. Caramelo, regaliz y pastillas juanolas. Alcohol presente. Ligeramente sobremadurado. Poderoso y opulento en boca. Tacto granular y levemente terroso, recuerda a algunos vinos con crianza en barro, aunque no es el caso. Postgusto medio plus. Perfecto para acompañar embutidos, quesos y carne a la brasa.


INICIO QUERCUS CRIANZA 2019
Tempranillo y Syrah (90-10). Las uvas proceden de las mismas viñas que en el caso del vino anterior, a la espera de que las 9 hectáreas de viñedo que rodean a la bodega se pongan en producción, posiblemente en la próxima vendimia. Crianza mínima de 9 meses en barrica de roble  francés y americano. Rojo picota de capa alta con ribete granate. Lágrima abundante, densa y pigmentada. Esmalte de uñas, fruta negra muy madura, casi en compota. Recuerdos tostados y especiados. Algo cálido en boca, aunque con taninos más domados. Final medio-largo. Elegante, intenso y sabroso.


La inminente puesta en producción del viñedo de Tempranillo en espaldera que rodea las instalaciones con total seguridad va a suponer un salto cualitativo en sus vinos, particularmente en sus tintos jóvenes, sobre todo si se tiene en cuenta la rapidez con que se va a iniciar la vinificación de esas uvas. También la futura optimización del actual laboratorio permitirá anticipar decisiones técnicas con mayor rapidez. El tiempo y el mercado dirán si es necesario adquirir o plantar nuevas viñas, tal vez de alguna variedad blanca, quién sabe...

Una bodega que apenas acaba de iniciar su andadura, con una dirección apasionada y con un equipo técnico joven deseoso de seguir haciendo las cosas bien. Un proyecto francamente interesante al que desde luego no le perderemos la pista, porque anticipa grandes satisfacciones.



domingo, 29 de agosto de 2021

> Edra Emociones, perfecto equilibrio

 

El pasado mes de Febrero, en el curso del panel de cata 2021 de Vignerons de Huesca, tuvimos ocasión de catar el último vino elaborado por Alex Ascaso en Bodegas Edra. Ya entonces nos pareció una interesante novedad aquel coupage de Ribote y Parraleta -castas autóctonas ambas que incluso hay quien opina que son la misma- con sutil crianza en roble, un vino ligero, fresco, frutal y moderno, que rompía en cierto modo con la tradición propia de Edra de elaborar vinos corpulentos, potentes y de gran expresión. Meses después conseguimos -no sin dificultad- una de las escasísimas 469 botellas que se elaboraron del Edra Emociones y ahora por fin, pasado este prudencial tiempo de redondeo en botella, estamos en disposición de publicar nuestras notas de cata y opiniones acerca del sueño más reciente de Alex Ascaso.

Comenzaremos con la presentación exterior, porque si la cara es el espejo del alma, la imagen de un vino tiene que hablarnos de su carácter. En ese sentido, Edra Emociones deja claro desde el principio su origen artesanal, con una etiqueta sobria que proporciona información del elaborador, el nombre del vino en caligrafía manuscrita y la numeración también a mano de todas y cada una de las botellas, un delicioso detalle de calidad. Gracias a Dios, la tecnología ha acudido en ayuda de las bodegas y por fin han desaparecido aquellos viejos lacres que se hacían añicos irremediablemente y se quedaban adheridos eternamente al cuello de la botella. Las actuales ceras son estupendas, simplemente se perforan al descorchar la botella y se pueden retirar fácilmente de una sola pieza. Así es también en este caso, una cera de excelente calidad recubre el corcho natural clásico de Bodegas Edra.

Edra Emociones con el sello Vignerons de Huesca

Pero vayamos al interior de la botella borgoñona del Edra Emociones. Estamos ante lo que se denomina un blending, una mezcla de añadas, algo bastante inusual en la actualidad pero que durante mucho tiempo fue la solución de los pequeños elaboradores para poder sortear vendimias de escasa producción, calidad mediocre o cosechas perjudicadas por las plagas. La reserva de vino de un año para otro les permitía hacer correcciones antes de embotellar e incluso obtener un perfil constante en sus vinos. En Jerez lo llevan haciendo durante siglos y no parece que les vaya nada mal. En el caso que nos ocupa, se trata más bien de una decisión voluntaria del elaborador, ensamblando Parraleta de 2020 y Ribote de 2019, ambos vinos con permanencia en barrica, buscando una mayor presencia de la fruta y una madera menos presente. Y lo mejor de todo es que lo consigue.

Visualmente el Edra Emociones es de un bonito color rojo cereza de capa media-baja con ribete rubí que insinúa el granate y lágrima pigmentada. En nariz es fragante y directo, con predominio de frutas rojas en licor, guindas, chocolate con leche, mentolados, especias dulces, café molido y un curioso recuerdo vegetal a hoja de tomate. En boca es sabroso y amplio, llena la boca con unos taninos bien domados -casi cariñosos- con una acidez ideal que lo hace fresco, crujiente y lo convierte en un vino de trago largo y numerosas posibilidades de maridaje. Un vino sutil, moderno, actual y versátil. Por su forma de elaboración y por las variedades de uva utilizadas, Edra Emociones es quizás el vino con el perfil "más vigneron" de Alex Ascaso y representa el equilibrio perfecto entre la tradición de siempre y los gustos comerciales de ahora, con una fruta más presente y una barrica que acompaña sin molestar. 

Porque para elaborar vinos de calidad, el equilibrio es imprescindible.

Alex Ascaso en equilibrio sobre sus barricas

jueves, 19 de agosto de 2021

> Casa Rural La Palmera: descanso del viajero...

 


La mitad occidental de la provincia de Toledo, en particular la zona próxima a Talavera de la Reina, a menudo pasa desapercibida para quien se dirige hacia Extremadura. Desde el punto de vista paisajístico, la inabarcable sucesión de campos de cereal parecen no encerrar ningún otro secreto, aunque en realidad no sea así. Invisible desde la autovía, el cauce del río Tajo -con sus sotos y barrancos- vertebra la provincia de este a oeste y sus aguas discurren desde su nacimiento en la provincia de Teruel buscando tierras portuguesas antes de mezclarse con el Atlántico en un espectacular estuario en Lisboa. Por el contrario, el norte de la provincia toledana tiene una orografía algo más elevada y se encarama hacia las faldas de la Sierra de San Vicente, antesala de la Sierra de Gredos antes de acceder a la vecina provincia de Ávila y a las estribaciones más altas de  la Sierra de Madrid.

Atardecer en un campo de maíz junto al río Tajo

Próxima a la margen izquierda del Tajo se asienta La Pueblanueva, una localidad cuya principal actividad económica ha sido desde siempre la agricultura y la ganadería. Surgió al igual que muchas otras localidades como núcleo de repoblación a mediados de los años 50 del siglo pasado. A día de hoy, el cereal, el olivo y las explotaciones de ganado porcino son los motores de la localidad, sin olvidar que su cercanía a Talavera de la Reina le ha regalado en los últimos años un importante papel residencial. Al calor de todo ello, el sector servicios se ha visto particularmente implementado de un tiempo a esta parte, con nuevas aperturas como la que nos ocupa en el presente artículo.

Dormitorio

Salón con chimenea


Porche junto a la barbacoa

Dormitorio con cuna


Desde siempre la familia Lobato fue la propietaria de la vivienda que ellos cariñosamente llamaban "la casa vieja". Dividida en dos plantas y con un enorme espacio al aire libre, a mediados de 2020, aprovechando el parón de la actividad económica provocado por la pandemia, Begoña y su hermano Dámaso decidieron volver a llenar de vida aquella casa construida por su bisabuelo y prestada inicialmente para que sirviera de alojamiento al maestro del pueblo. Una vez que el docente cesó en su actividad profesional, la casa fue el hogar de la familia Lobato durante décadas hasta que se dejó de utilizar cuando en 2007 se construyó una vivienda nueva en una calle próxima. Con una sorprendente velocidad, Begoña y Dámaso -con la inestimable, silenciosa y experimentada ayuda de su madre, sin la cual todo esto no hubiera sido posible- fueron capaces de sincronizar los trabajos de remodelación para convertir aquella casa familiar en desuso donde tanto disfrutaron de niños en una casa rural con todas las comodidades. La generosa y amplia planta baja acoge las áreas comunes -distribuidor, cocina completamente equipada, salón, zona de estudio- así como un dormitorio adaptado para huéspedes con movilidad reducida, mientras que en la planta superior se han ubicado los cinco dormitorios, la mayoría de ellos con cuarto de baño propio. La decoración resulta exquisita sin llegar a recargar, en un perfecto equilibrio entre mobiliario funcional y muebles antiguos restaurados, con detalles textiles y piezas de artesanía -cortinas, cuadros, espejos- de manufactura propia. Sin embargo son las zonas exteriores donde verdaderamente se ha pensado en el disfrute de los huéspedes. Piscina, área ajardinada, porche-comedor, barbacoa, zona de estar, sala de juegos infantiles, pista deportiva y garaje. Un auténtico oasis privado de tranquilidad con capacidad para más de una docena de personas a menos de una hora de Madrid y a escasos veinte minutos de Talavera de la Reina, ideal para la estancia de grupos de amigos y familias completas. Puede funcionar francamente bien para organizar celebraciones, bautizos, comuniones e incluso reuniones profesionales o de trabajo.

Viñedo. Bodegas Torrealbilla 


Sala de barricas. Bodegas Torrealbilla


Algo más que una cata en Bodegas Torrealbilla

Las posibilidades enoturísticas en la zona son variadas, aunque ello implique algún que otro desplazamiento. Dos denominaciones de origen abulenses -Sierra de Gredos y Cebreros- se extienden hacia el noroeste y la localidad de San Martín de Valdeiglesias -capital de los vinos de Madrid- tampoco queda lejos en dirección noreste. En la localidad de Otero, se puede visitar Finca Constancia, una enorme y moderna bodega perteneciente al grupo González-Byass que elabora vinos adscritos a la IGP. Tierra de Castilla y cuya visita hace unos años inspiró la redacción de este otro artículo. En dirección sureste, cerca de Puente del Arzobispo -aunque geográfica y administrativamente dependiente de la localidad cacereña de Villar del Pedroso- las jóvenes Bodegas Torrealbilla nos recibieron con los brazos abiertos y nos regalaron una visita privada a sus instalaciones con cata de alguno de sus vinos. Por el momento y a la espera del artículo que estamos redactando, sirvan como adelanto algunas imágenes tomadas en aquella jornada tan agradable.

Vermut La Torralvilla

Inicio Blanco

Por último, hemos dejado para el final la mención de los municipios toledanos que integran la DO. Méntrida, así como las notas de cata de dos vinos de dicha procedencia con los que la familia Lobato tuvo a bien agasajarnos. No hay distancias insalvables para aquellos detalles que se hacen con cariño.


CONDES DE FUENSALIDA ROSÉ 2020
100% Garnacha. DO. Méntrida. Rojo fresón con ribete rosado. Piruletas, rosas y claveles. Laca de uñas, frambuesas, sidral y regaliz rojo. Recuerdos de la niñez. Alegre paso por boca, fresco, divertido, corto. Resto de azúcar residual y de carbónico, este segundo más probablemente añadido que natural. Vino muy tecnológico, casi un refresco. Para todos los públicos.


CONDES DE FUENSALIDA 100 AÑOS 2019
100% Garnacha. DO. Méntrida. La uva procede de las mejores parcelas de viña centenaria que gestiona la bodega. Rojo cereza con ribete rubí. Cerezas en sazón, caramelo, laurel. Chocolate con leche, guindas en licor. Especias dulces, canela en rama y pimienta blanca. Suaves tostados con recuerdos  mentolados y un punto mineral. Acidez media. Astringencia nula, aunque algo cálido en boca. Final medio plus. Sabroso y agradable. Domado y redondo.

Zona de estar exterior

Comedor

Decoración vintage

Una nueva y exitosa etapa para aquella vieja casa. Savia nueva y rejuvenecedora para la venerable palmera que preside desde hace décadas el patio, feliz de volver a escuchar las risas de los niños en la piscina a media tarde, cuando las sombras se alargan y la charla de los adultos en torno a la mesa parece no tener fin mientras se apura una última copa de vino.

Casa Rural La Palmera, algo más que un lugar de descanso para el viajero.





martes, 27 de abril de 2021

> Daroca Bodega: raíces del Jiloca




En las últimas dos décadas la despoblación y el abandono del viñedo han ido de la mano en la Comarca del Jiloca. Verdaderamente se trata de una misma realidad aunque observada desde dos perspectivas diferentes. De manera paralela, el gradual envejecimiento de la población y la falta de relevo generacional, han conducido al cese de actividad en muchos sectores y lamentablemente la viticultura no ha sido una excepción. Se calcula que sólo en las últimas dos décadas se han perdido más de 20 hectáreas de viñedo cada año, tanto por abandono como por arrancamiento. En el año 1980 había aproximadamente 3400 hectáreas de viñedo, superficie que se ha ido reduciendo gradualmente hasta las 150 hectáreas de viña en producción a día de hoy, según las estimaciones más optimistas. Y lo más grave de todo -dejando al margen la edad de dichas viñas, muchas de ellas centenarias- es que la velocidad de destrucción parece acelerarse, sin que las administraciones hagan nada al respecto. Este patrimonio agrícola y cultural del Aragón ancestral más desconocido, parece a día de hoy condenado a la desaparición. 


Rafael fue viticultor durante toda la vida, al menos hasta que la edad y los achaques se lo permitieron. Bueno, en realidad el viticultor nunca deja de serlo, si no en cuerpo -los años no perdonan- al menos sí en alma. Aquel viñedo lo plantó su abuelo -en una vaguada cerca de la carretera que sube hacia Orcajo- para celebrar el nacimiento de Rafael, de manera que sus vides tienen tantos años como él, más de ochenta y menos de  noventa -al menos eso nos dijeron- concretar más es imposible. La viña de Rafael tiene una orografía curiosa, pues desde su parte más elevada tiene forma de plato hondo. Es un viñedo mestizo, mayoritariamente Garnacha, aunque con plantas de Juan Ibáñez, Provechón y Macabeo. Sin embargo cada variedad ocupa una ubicación en concreto -nada dejó al azar el abuelo de Rafael- según la orientación, la exposición al viento y el drenaje del terreno. Por ejemplo, la Macabeo está ubicada en una pequeña meseta algo apartada, mientras que la Provechón se localiza en el fondo, en la parte más profunda y húmeda de la parcela. Tradicionalmente todas esas uvas se vendimiaban conjuntamente y se llevaban a la Sociedad Cooperativa Santo Tomás de Aquino -ahora rebautizada como Daroca Bodega- donde se introducían en alguno de los 200 depósitos de cemento construidos a final de la década de los años 50 para elaborar vino a granel. Así fue durante años, un negocio muy poco rentable para la cooperativa, pero menos aún para Rafael. Sin embargo, él estaba satisfecho, porque esa actividad tan escasamente lucrativa le permitía disfrutar de los magníficos atardeceres en la viña. Pero pasaron los años, por motivos de salud Rafael tuvo que dejar de trabajar el viñedo y nadie de su familia le cogió el relevo. Sin poda, saneamiento ni limpieza, algunas vides comenzaron a sufrir, casi a agonizar. Y sin fuerzas, ilusión ni ánimo, Rafael pensó que era el fin de aquella viña que plantó su abuelo.


Un interesante proyecto de recuperación de viñas semiabandonadas y a punto de desaparecer diseñado por la Asociación Paisajes del Jiloca nació a mediados de 2020 con la meta de volver a poner en producción viñedos en vías de desaparición. El primer paso fue la creación de un catálogo de viñas en situación de emergencia, la mayoría propiedad de viticultores de avanzada edad o de sus herederos. A través de diferentes mecanismos de cesión, apadrinamiento, crowfunding, micromecenazgo y realización de trabajos no remunerados, se persigue devolver la alegría a algunos de esos viticultores mayores. No será labor de un año ni tarea fácil de ejecutar, pero es más que probable que con la uva de esas parcelas ahora a medio recuperar, se elaboren vinos de calidad que además incorporarán la generosidad y la colaboración de personas anónimas. Serán vinos conseguidos gracias al esfuerzo de muchos, pero serán sin duda vinos de la Ribera del Jiloca.


A la espera de los vinos procedentes de viñedos recuperados -como el de Rafael- Daroca Bodega comenzó en 2019 una nueva andadura para elaborar vino embotellado, incrementando los estándares de calidad y el valor añadido. Su objetivo es la búsqueda del prestigio y los ingresos económicos necesarios para pagar más por cada kilogramo de uva a los viticultores que en la actualidad aportan su cosecha en cada vendimia, así como atraer nuevos socios y aumentar el grado de satisfacción de los actuales. Bajo su supervisión técnica hay viñas de cuatro variedades -Garnacha, Juan Ibáñez, Provechón y Macabeo- y disponen de cuatro vinos en el mercado agrupados en dos marcas comerciales, Daruqa y Marqués de Daroca. Elaboran también vinos por encargo, para distribuidores y tiendas especializadas, con etiquetados personalizados.


MARQUÉS DE DAROCA BLANCO 2019
IGP. Ribera del Jiloca. 100% Macabeo. Viñedo en altura entre 650 y 950 metros sobre el nivel del mar. Suelos pizarrosos. Vendimia manual. Sin prensado. En la vinificación se ha incorporado algún racimo de uvas tintas proveniente de las mismas parcelas. 4 días de maceración prefermentativa y algo de contacto con pieles, parcial skin-contact que se traduce en un interesante color oro rosa. Flores blancas y frutas de pepita en fase olfativa, particularmente pera, también piña y plátano. Poco voluptuoso en nariz, más bien serio y sobrio. Vino del interior, con carácter aragonés, austero pero honesto. Marcada acidez y generoso contenido alcohólico. Queda por descubrir sus posibilidades de guarda. Algo vacío en su paso por boca y ligeramente corto en postgusto. Más gastronómico que por copas, maridaje perfecto con carnes blancas y verduras a la parrilla. Primera añada en el mercado, con buenas sensaciones para reevaluar en años venideros.


MARQUÉS DE DAROCA TINTO 2019
IGP. Ribera del Jiloca. 100% Garnacha. Vendimia seleccionada a mano y fermentación con virutas de roble sin tostar. Elaboración muy cuidadosa, con un solo remontado diario y descubado antes de terminar la fermentación. Precioso color rojo rubí de capa media con ribete violáceo. Azúcar quemado, guindas y moras. Mon Cheri, fruta roja en licor y chocolate con leche. Astringencia nula, taninos dulces bien domados. Notable acidez natural y moderado contenido alcohólico muy bien integrado. Equilibrado, redondo y versátil. Garnacha moderna, especiada y frutal. Muy comercial por copas o en una comida completa. Impecable elaboración, muy acertada esa pincelada de roble "alternativo" que ayuda a fijar el color y a modular la astringencia. Postgusto medio, con recuerdos a los caramelos de café con leche de nuestra infancia.


DARUQA GARNACHA 2019
IGP Ribera del Jiloca. 100% Garnacha. Picota de capa media con ribete rubí. Sincera fruta roja madura, chocolate con leche, especias dulces y laurel. Generosa acidez. Recuerdos metálicos algo incómodos. Fluido, ligero, directo, de "trago largo". Corto y sencillo en boca. Ligero amargor, quizás alguna uva no del todo madura, que interfiere en cata técnica pero que sostiene al vino en su armonización gastronómica. Un vino sincero que habla de tiempos pasados que deben ser recordados en el presente y con un esperanzador futuro.


DARUQA MACABEO 2019
IGP Ribera del Jiloca. 100% Macabeo. Viñedo en altura entre 650 y 950 metros sobre el nivel del mar sobre suelos de pizarra. Vendimia manual. Sin prensado. Bonito color oro rosa. Flores blancas algo marchitas, frutas de pepita y monte bajo en fase olfativa. Serio y no demasiado expresivo en nariz. Marcada acidez y generoso contenido alcohólico. Interesante evolución en botella. Algo más estructurado de lo esperado en boca. Le vendría bien un poco más de longitud en el postgusto. 


Muchas más sorpresas nos va a deparar esta bodega con sesenta años de experiencia a sus espaldas. Vinos de variedades tradicionales poco conocidas -como la Provechón o la Juan Ibáñez- vinos de parcelas recuperadas, con nombre, apellidos y una historia que contar, vinos actuales pero con la esencia de los vinos de antes, todos ellos frutales y frescos, gracias a la altitud de más de 900 metros y a los suelos de pizarra. La nueva dirección técnica, el ambicioso programa de recuperación de viñedos olvidados y las excelentes condiciones de la zona para el cultivo de la vid son garantías para un seguro éxito.

Y sentado a la sombra en uno de los laterales de la viña, recordando a su abuelo, más que satisfecho con ver brotar de nuevo sus vides, Rafael vuelve a sonreír...