sábado, 29 de abril de 2023

> Cata en primicia: Vinomada wines

 


Vinomada es el resultado del curioso ensamblaje entre un enólogo y un experto en marketing y comercio digital para alumbrar el nuevo proyecto diseñado por dos mentes -algo más que inquietas- del mundo del vino. 

Juanma Gonzalvo -de quien ya hemos hablado en algún otro artículo- representa el componente técnico del equipo. Enólogo por cuenta propia, elabora vino y asesora a numerosas bodegas en zonas tan diferentes como Penedés, Daroca, Castellón y Tarragona. Lo suyo son las viñas, los depósitos y las barricas, siempre buscando en todos sus vinos un indudable carácter mediterráneo que refleje el entorno y la climatología de los viñedos de los que proceden. La otra mitad de Vinomada es Albert López y su ciberespacio, aunque ello no quiere decir que sea un recién llegado al mundo del vino. En realidad Albert fue cofundador de la prestigiosa web Uvinum, referente desde al año 2010 a nivel nacional de la comercialización online de vinos y destilados, portal que fue adquirido por la multinacional francesa Pernord Ricard y rebautizado en 2020 como Drinks&Co. La estrecha colaboración entre ambos durante varios años en Uvinum -donde Juanma protagonizaba unas videocatas de escasos segundos en las que describía cada vino con tan solo cuatro palabras- fraguó una sólida amistad que ha conducido, como no podía ser de otro modo, a la creación de este nuevo proyecto que hoy nos ocupa y que lleva por nombre Vinomada. 


Hasta el momento han salido al mercado tan sólo dos vinos, pero con certeza vendrán muchos más, sin prisa pero sin pausa. Serán igualmente producciones limitadas, vinos de paraje, elaboraciones singulares, siempre con el objetivo de ser vinos sinceros, honestos y respetuosos. La tarea no es sencilla, pues se trata de ser capaces de embotellar el paisaje, de modo que el consumidor final pueda -aunque sea sólo por unos instantes- trasladarse al viñedo del que proceden las uvas, pisar el suelo, sentir el viento y percibir los aromas.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata, descripción y opiniones acerca de estos dos primeros tintos comercializados por Vinomada, ambos monovarietales de Garnacha procedentes del interior de la provincia de Tarragona, pero muy diferentes entre sí. El tipo de suelo, la orografía, la altitud, la edad del viñedo y el tipo de crianza elegida son todos ellos factores que tienen su influencia en el resultado final, como bien puede comprobarse en las siguientes líneas. 


ESPARTAL 2021
Celler Serra de Cavalls (El Pinell de Brai, Tarragona)
DO Terra Alta.  923 botellas. Embotellado en Diciembre de 2022. Vendimia manual. Crianza durante 9 meses en ánfora de terracota. 100% Garnacha tinta, procedente de un viñedo de 40 años situado a 200 metros de altitud. Bonito color rojo cereza con ribete malva de capa media-baja y una excelente intensidad aromática. Frutas rojas -grosellas, guindas- pimienta blanca y un buen ramillete de hierbas aromáticas de monte Mediterráneo. Notable acidez, adecuada sin descompensar y gran frescura en boca. Algo más de peso y estructura le vendría bien, especialmente tratándose de un viñedo de 40 años de edad. Se echa en falta algún recuerdo láctico y un punto más de cremosidad. Resulta un poco corto en postgusto y se detecta un ligero atisbo de tallo verde. Lineal, directo, delgado y fácil. Perfecto para tomar por copas. Escasas notas organolépticas que den idea de su permanencia en ánfora, tal vez solamente su acidez. Era previsible encontrar más sensaciones minerales o terrosas, pero no es así. Su presentación exterior -botella, corcho natural, cera y etiqueta- hace pensar en un vino más voluminoso y sin embargo sorprende por su franqueza y juventud.


MASMOLETS COLL DE L´ILLA 2018
Celler Mas Bella (Masmolets, Tarragona).
DO Tarragona. 567 botellas. Embotellado en Noviembre de 2021. Vendimia manual. Crianza durante 24 meses en barricas de roble francés. 100% Garnacha tinta procedente de un viñedo joven de 15 años de edad ubicado a 300 metros de altitud, en la cara sur del Coll de L´Illa del que toma el nombre para su etiqueta. Color rojo picota con ribete granate de capa media plus. Excelente intensidad aromática, aunque con una ligera reducción que no tarda en disiparse. Frutas negras -moras, arándanos, cassis- notas especiadas y unos deliciosos balsámicos abrazados a un recuerdo de hebras de tabaco. Notable acidez, moderada astringencia y ligeramente cálido en boca. Tiene de todo y en grandes cantidades, algo inesperado en un viñedo joven como es el caso. A día de hoy el vino resulta un poco robusto y ligeramente descompensado en cata técnica. Largo, sabroso, opulento y poderoso. Con certeza le vendrán bien unos meses de redondeo en botella, pero convenientemente maridado, está para disfrutarse ahora mismo. En este caso, su imponente presentación -botella, corcho natural, cera y etiqueta- resulta acorde con las sensaciones que transmite en la copa. Excelente garnacha DO. Tarragona.

Seguiremos muy de cerca este nuevo proyecto que acaba de ver la luz hace apenas unos meses, plenamente convencidos de que los próximos vinos con etiqueta Vinomada serán tan interesantes y sinceros como estos dos tintos comentados. Y tenemos la certeza de que será así porque las cosas que se hacen con el corazón nunca defraudan.

Vinomada: paisaje embotellado y vinos de territorio.



miércoles, 29 de marzo de 2023

> Notas de cata: Derechero 2021



En los últimos meses estamos asistiendo a la presentación de numerosos proyectos que persiguen la recuperación de variedades de uva al borde de la desaparición. El objetivo es minimizar los efectos del fenómeno que los expertos han denominado erosión genética y que conduce a una reducción de la biodiversidad vitícola. Inmersos en dichos proyectos se hayan numerosas bodegas y en algunos casos cuentan con el apoyo de organismos públicos, con la finalidad de mantener viva esa herencia cultural arraigada al territorio y que sin embargo corre serio peligro de extinguirse.



Muniesa es una localidad turolense perteneciente a la comarca de las Cuencas Mineras que tradicionalmente ha basado su economía en la agricultura de secano y la ganadería. Como en tantos otros pueblos de reducido tamaño, fue indispensable la creación de una sociedad cooperativa entre los viticultores más pequeños, de manera que durante décadas la Cooperativa San Isidro Labrador comercializó -obteniendo unos rendimientos contables interesantes- vinos embotellados y a granel, elaborados mayoritariamente con Garnacha aunque no era extraño que incorporaran un pequeño porcentaje de Derechero, variedad autóctona de Muniesa. Sin embargo, el gradual envejecimiento de sus socios, el inevitable abandono de las viñas y la reducción de kilogramos de uva en las últimas vendimias, condujo en el año 2022 a la liquidación y al cierre definitivo de sus instalaciones. Los viticultores en activo se vieron obligados a buscar compradores para sus uvas y -como es lógico- la mayoría dirigieron sus miradas hacia las localidades próximas.


De manera prácticamente simultánea, Bodegas Tempore (Lécera) ya había emprendido años atrás el camino para elaborar un vino exclusivo monovarietal de Derechero. Tuvimos la oportunidad de catar algunos de aquellos primeros intentos -en realidad vinos en rama a mitad de su elaboración- pero diremos con sinceridad que los resultados no nos parecieron del todo satisfactorios. Sin embargo, en ocasiones la obstinación típicamente aragonesa tiene su recompensa. A fuerza de perseverar, parece que definitivamente en Bodegas Tempore han dado con la clave -posiblemente más de una- para conseguir hacer realidad aquel sueño de elaborar un monovarietal de Derechero acorde al mercado actual. La primera de las claves tal vez sea la procedencia de las uvas, originarias de un solo viñedo de 1,5 hectáreas ubicado como es lógico en el municipio turolense de Muniesa a una altitud de 780 metros sobre el nivel del mar. La vendimia se realiza de forma manual en cajas, habitualmente en el mes de Octubre, dado que la variedad tiene una maduración muy tardía. El periodo de 24 horas de maceración prefermentativa en frío nos parece fundamental para conseguir fijar aromas que de otra forma no encontraríamos en la copa. Breve fermentación con levaduras autóctonas en depósito de acero inoxidable durante 8-10 días. El suave prensado -otra de la claves- y la posterior crianza durante 6 meses en barricas de roble francés de 500 litros donde realiza la transformación maloláctica respetando al máximo la carga frutal, conducen al resultado final de 3500 escasas botellas borgoñonas, con cierre de corcho natural de excelente calidad, lacre color rojo y una etiqueta tan elegante como discreta. Sale al mercado con el reconocimiento de la IGP. Bajo Aragón.


Una vez en la copa, visualmente se muestra de un color rojo cereza de capa media-baja con ribete azulado. En nariz muestra frutas rojas, flores azules y un recuerdo láctico a caramelo de nata-fresa y petit-suisse. También guindas en licor, chocolate con leche y bombones Mon Cheri sobre un fondo anisado. En boca es crujiente, agradable y divertido, con una acidez media plus, aunque algo más cálido de lo esperado. Delgado, mineral y férrico, con un punto goloso. Puede recordar a un Pinot Noir de zona cálida o a una Garnacha de zona fresca. Muy curioso, original y con una indiscutible personalidad.

Hace algo más de un mes que este novedoso vino fue presentado en sociedad en Zaragoza y su acogida por parte de aficionados y crítica no pudo ser mejor. Desde este medio queremos desear a Bodegas Tempore el mayor de los éxitos, así como animarles a ampliar ese catálogo de vinos singulares que con certeza contribuirá a la recuperación y puesta en valor de variedades olvidadas.

Prometemos estar cerca para contarlo.

Más información en este vídeo



                                       

lunes, 20 de febrero de 2023

> Monastrell, la dama de Levante

 


La mañana de aquel 4 de Agosto de 1897 había sido como cualquier otra. Las labores agrícolas en la finca del doctor Campello en La Alcudia, a las afueras de la localidad de Elche, se iban desarrollando bajo el inclemente sol del verano levantino tan sólo interrumpidas por las obligadas pausas de los jornaleros para acercarse a beber agua de los botijos situados a la sombra de los árboles. Durante uno de esos momentos de descanso, un chaval de catorce años llamado Manuel Campello cogió una herramienta de su padre -al que había acompañado ese día- y comenzó a cavar imitando a su progenitor. El polvo y el sudor no tardaron en cubrir su rostro, pero nada de eso le importó en el momento en que el pico que empuñaba dio con una piedra de gran tamaño y curiosas formas. Acaba de encontrar la escultura íbera más famosa de todos los tiempos. Setecientos años más tarde, la Dama de Elche volvía a ver la luz del sol. En un primer momento el propietario de las tierras no supo muy bien qué hacer con la escultura y decidió exponerla en el balcón de su casa para que todo el pueblo tuviera ocasión de contemplarla, aunque la noticia se difundió rápidamente y no tardaron en llegar las primeras visitas de intermediarios y marchantes de arte. A partir de aquí el relato se vuelve confuso y no está claro el papel de muchos personajes. De lo que no hay duda es de la venta al Museo del Louvre de Paris, pues a finales de ese mismo mes de Agosto ya estaba a bordo de un carguero rumbo hacia Francia. Y allí permaneció hasta el año 1941, momento de su histórico regreso fruto de un intercambio de obras de arte entre los gobiernos español y francés.



Aproximadamente en la misma época durante la que fue tallada la célebre escultura íbera, otra dama -la variedad Monastrell- se cree que pudo ser introducida en la Península Ibérica por los fenicios, tal vez en la Comarca de Morvedre o Murviedro, antiguo nombre de Sagunto, que guarda una interesante similitud fonética con el nombre francés -Mourvedre- por el que se conoce a esta variedad más allá de nuestras fronteras. En la actualidad su cultivo se extiende por la cuenca mediterránea occidental, particularmente en el Levante español y en las regiones francesas de Ródano y Provenza. En Côtes-du-Rhône se ensambla frecuentemente con Garnacha y Syrah para elaborar los comerciales vinos GSM -acrónimo de las tres variedades de uva- estilo imitado con más o menos éxito en el Nuevo Mundo, principalmente Australia y Estados Unidos. Por el contrario, en España se tiende más bien a elaborar vinos monovarietales aunque no siempre -en Alicante, Bullas, Yecla, Jumilla e Islas Baleares- con esta variedad de carácter rústico de maduración tardía, bastante tánica, resistente a la sequía y que requiere de altas temperaturas para completar su correcta maduración. 

La climatología es determinante para el cultivo de la Monastrell. El tipo continental con veranos calurosos e inviernos fríos es perfecto para ello y pocas zonas geográficas hay mejores que el interior de las provincias de Alicante y Murcia, incluyendo en esta última a la provincia castellano-manchega de Albacete, en tiempos no muy lejanos emparejada con tierras murcianas. Los suelos de este altiplano situado entre la meseta manchega y la costa mediterránea son franco-arenosos, pobres en materia orgánica y más bien alcalinos, características que permiten un excelente drenaje durante los episodios de lluvias torrenciales que al final del verano suelen castigar la zona.

Las vinificaciones tradicionales en depósitos de hormigón que durante décadas realizaron las cooperativas de viticultores, van poco a poco dejando paso a elaboraciones  más modernas y cuidadosas, logrando sacar al mercado vinos más acordes al gusto actual. Afortunadamente atrás quedaron aquellos vinos rudos, ásperos y casi violentos de mitad del siglo XX. Aún con su carácter varietal un tanto rústico, los vinos actuales sin embargo poseen taninos más domados, astringencias contenidas y más elegancia, en parte gracias al empleo del roble francés para realizar las crianzas, algo casi imprescindible en el caso de esta variedad.



Por último, no debemos olvidar que con las uvas de vendimia tardía -casi pasificadas- precisamente de Monastrell, se elaboran algunos de los vinos más misteriosos e inaccesibles del levante español. Nos referimos al mítico Fondillón, un tipo de vino añejo -dulce o seco- con un mínimo de diez años de crianza en recipientes de madera -nunca nueva- de diversas capacidades, mediante el sistema de criaderas y solera. Los orígenes del Fondillón proceden de aquellas elaboraciones familiares que buscaban el aprovechamiento de las uvas sobremaduradas en la propia planta con las que se solía obtener un vino de postre de características prácticamente constantes debido a la mezcla de añadas durante décadas. Casi nunca se destinaba a la venta y el autoconsumo de puertas adentro, en celebraciones y reuniones, era su destino más habitual . El paso de los años, la calidad y la exclusividad de algunos de esos vinos, unido al trabajo normativo de la DO. Vinos de Alicante, han conseguido elevar al humilde Fondillón hasta las más altas cotas de reconocimiento.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos catados en los últimos meses en los que la Monastrell ha sido protagonista, sola o acompañada de otras.


EL SALZE 2017
100% Monastrell. Bodegas Vins del Comtat. DO. Vinos de Alicante. Vino de Paraje El Salze (Beneixama). Viñedo en secano absoluto a más de 600 metros de altitud. Crianza durante 12 meses en barricas de roble francés de 500 litros de capacidad. Rojo cereza de capa media con ribete que insinúa teja. Generosa acidez que equilibra su contenido alcohólico. Frutas negras, granos de café y monte Mediterráneo. Algo inconsistente en boca. Licoroso, con un postgusto amargo algo molesto. Tal vez las barricas estén solicitando una actualización.


SERICIS 2018
100% Monastrell. Bodegas Murviedro. DO. Vinos de Alicante. Crianza durante 14 meses en barricas de roble francés nuevo. Picota de capa media con ribete granate. Fruta negra y chocolate con leche. Tostados y torrefactos. Ataque dulzón muy atractivo. Buen equilibrio entre acidez y alcohol. Redondo y francamente bien elaborado. Al parecer "sericis" significa "sedoso" en latín. Apropiado nombre...


CASA CASTILLO 2020
100% Monastrell. Bodegas Casa Castillo. DO. Jumilla. Crianza durante 10 meses en fudres usados y en barricas de 500 litros. Rojo picota de capa media-alta con ribete granate. Frutas rojas y negras, eucalipto y monte Mediterráneo. Tostados medios, torrefactos y un recuerdo leñoso. Ligeramente cálido a pesar de su acidez. Crujiente y vinoso. Menos voluminoso de lo previsto y tal vez con menos longitud en boca de lo deseado. Postgusto medio ligeramente amargo. Correcto y agradable, aunque no llega a enamorar.


EL SEQUÉ 2020
100% Monastrell. Bodegas El Sequé. DO. Vinos de Alicante. Crianza durante 12 meses en barricas de roble francés de 500 litros. Rojo picota de capa alta con ribete cardenalicio. Marcada reducción a copa parada que recuerda a pólvora y que cuesta disipar. Ciruelas, moras, pimienta negra y café en grano. Amargor, astringencia y acidez descompensadas. Tras un periodo de aclimatación, se torna más amable -que  no fácil- y ganan presencia las notas de crianza. Tiene mimbres de buen vino, pero cuesta llegar a él. Catado a las 48 horas, por fin aparece la fruta dulce y sabrosa sobre un fondo de hierbas de monte y un recuerdo de coníferas. Difícil.


AL-MUVEDRE 2021
100% Monastrell. Compañía Telmo Rodríguez. DO. Vinos de Alicante. Viñedos en vaso en las localidades de Monóvar y Villena. Crianza sobre lías en depósitos de cemento durante 6 meses. Rojo cereza de capa media con ribete malva. Fruta roja, lácticos, flores azules y alguna nota especiada. Moderada acidez. Ligero, casi acuoso y carente de centro de boca. Un vino sencillo que pretende rememorar las elaboraciones tradicionales de cooperativa y autoconsumo. Sin defectos, pero tampoco con muchas virtudes.


TARIMA HILL 2020
100% Monastrell. Bodegas Volver. DO. Alicante. Crianza desconocida. Rojo picota de capa media-alta con ribete violáceo. Frutas rojas muy maduras y yogur de moras. Lácticos, mentolados y caramelos de café con leche. Taninos presentes pero amables. Algo cálido en boca, con un recuerdo terroso y mineral. Menos opulento de lo esperado. Fácil y directo. Tecnológico y comercial. Hecho para gustar.


SANTA ROSA 2018
Monastrell, Cabernet Sauvignon, merlot y Syrah. Bodegas Enrique Mendoza. DO. Vinos de Alicante. Crianza durante 16 meses en roble francés Allier nuevo. Picota de capa alta con ribete granate. Ligera reducción que apremia a oxigenar el vino y desaparece con rapidez. Frutas negras, balsámicos, eucalipto, lácticos, especias, cedro, chocolate y piracinas. Intenso y poderoso en nariz, con mucho carácter. Acidez y alcohol se acompañan de la mano. Postgusto largo, gastronómico y maridable. Redondo, elegante, complejo, muy interesante. Recuerda al Ródano, aunque más cálido. Un gran vino.


LA TREMENDA 2018
100% Monastrell. Bodegas Enrique Mendoza. DO. Vinos de Alicante. Crianza durante 6 meses en barrica de roble francés. Viñedo joven -menos de 30 años- sobre suelo arenolimoso con piedras sueltas. Rojo cereza de capa media con ribete malva. Poco folclórico en nariz. Fruta roja, lácticos, flores azules y alguna nota especiada. Moderada acidez. Ligero en boca y ligeramente cálido y descompensado. Difícil vino, aunque con una buena relación calidad/precio. 


ALCANTA CRIANZA
Tempranillo y Monastrell, en proporciones desconocidas. Bodegas Bocopa. DO. Vinos de Alicante. Crianza en barrica de roble americano y francés durante 12 meses. Rojo picota de capa media con ribete granate. Frutas rojas y negras, suaves tostados y un recuerdo de monte mediterráneo. Ensamblaje muy español que en definitiva resulta en un vino poco varietal. Correcto sin llegar a enamorar.

Es la historia de dos damas, una historia que les hizo viajar hacia el norte hasta Francia y de allí al resto del mundo, ambas surgidas de la profundidad de la tierra seca y pedregosa del Levante español que se asoma al mar Mediterráneo y a la eternidad. 



domingo, 18 de diciembre de 2022

> Visita a Vins del Tros: actualidad y tradición en Terra Alta

La comarca tarraconense de Terra Alta es geográficamente una pequeña meseta situada en el margen derecho del río Ebro, que limita al oeste con Aragón y al sur con la sierra prelitoral de Els Ports. Zona históricamente alejada de las rutas comerciales y sin apenas actividad industrial, tradicionalmente ha basado su economía en la explotación de cultivos clásicos de secano como el olivo, el almendro y la vid, obligada por su climatología continental con marcada vocación mediterránea. Todas las localidades de la comarca tienen numerosas bodegas y almazaras, algunas familiares, otras agrupadas en cooperativas, como señal inequívoca de la importancia que estos productos han tenido en el devenir histórico de la zona. La DO. Terra Alta es una denominación de origen joven que agrupa a numerosas bodegas situadas en doce municipios. Predomina el cultivo de variedades tradicionales, destacando por encima de todas la Garnacha Blanca -no en vano se calcula que en Terra Alta se encuentra el 75% del viñedo nacional y el 30% del viñedo mundial de dicha variedad- que si bien resulta algo neutra en nariz, es capaz de transformarse en vinos cremosos y untuosos, magníficos acompañantes de no pocas elaboraciones gastronómicas. Otras variedades blancas cultivadas son la Macabeo y la Parellada. Entre las castas tintas cabe destacar la Garnacha Tinta, la Garnacha Peluda, la Cariñena y una variedad autóctona de la zona conocida como Morenillo de la que apenas se conservan 20 hectáreas en la actualidad -se calcula que había más de 200 a mediados del siglo pasado- con la que se elaboran vinos frutales, especiados y ligeros con crianza corta en barrica, no demasiado poderosos, muy adecuados para acompañar la gastronomía local. 



A partir de 1950 el desarrollo de nuevas infraestructuras de transporte, en especial la construcción de vías de ferrocarril, permitió una mejora en la distribución de vinos y aceites. De manera paralela, la adquisición de los primeros utilitarios en el seno de las familias de clase media de las ciudades, fue un nuevo impulso para el atractivo turístico de esta región. Finalmente con el inicio del siglo XXI se acometieron numerosas reformas en la  mayoría de las bodegas de Terra Alta. Aquellas instalaciones hasta entonces casi artesanales, dieron paso a las modernas tecnologías y aparejaron inversiones económicas grandes así como numerosos créditos por pagar. Se abandonó la elaboración en volumen destinada a la venta a granel y se orientó el nuevo modelo productivo hacia los vinos de calidad, en sintonía con las modas, gustos y corrientes del momento. Aquella renuncia a sus orígenes como elaboradores de vinos de pueblo -dicho esto con todo el respeto y el máximo reconocimiento- supuso un nuevo revés para las bodegas de Terra Alta, incapaces de poder competir en precio y distribución con los grandes elaboradores de vinos comerciales a escala casi industrial. Lamentablemente fue la puntilla para algunas pequeñas bodegas. Sin embargo, algunos arriesgados visionarios decidieron volver a mirar al pasado y mantenerse fieles a sus raíces. Sin llegar a abandonarlas del todo, arrinconaron las elaboraciones más comerciales y regresaron a las vinificaciones tradicionales con levaduras indígenas, las fermentaciones espontáneas, el contacto con pieles en los blancos, los vinos sin filtrar y las crianzas en barro o en recipientes de maderas distintas del costoso roble francés. Una clara voluntad de marcar diferencias para no ser un elaborador más en un mercado hipertrófico y gigante. Y lo mejor de todo es que lo consiguieron.



El año 2009, en realidad algo más tarde que otras bodegas, fue el momento en que el viticultor Josep Arrufat tomó la decisión de asociarse con su amigo de la infancia Joan Bada y el resurgir de esta relación después de tantos años supuso el nacimiento de Vins del Tros. Naturalmente ninguno de los dos era un novato -Josep tenía ya muchas vendimias a sus espaldas vendiendo sus uvas a las cooperativas de la zona y Joan por su parte llevaba varios años trabajando como enólogo independiente para numerosas bodegas- pero la idea de crear de la nada una bodega en su localidad les inyectó toda la ilusión necesaria para sacar adelante el proyecto. Como es lógico, apostaron desde el inicio por las variedades locales -Garnacha Blanca, Garnacha Tinta, Cariñena y Morenillo- y por las técnicas de viticultura y vinificación más tradicionales, buscando sustituir siempre que fuera posible, el empleo de tratamientos por el trabajo manual. Muestra de la dificultad que todo ello supuso es el hecho de que hasta el año 2014 no se inició la comercialización de las primeras botellas de Vins del Tros, un enorme esfuerzo personal y económico que a cualquiera hubiera hecho desistir.


Afortunadamente la perseverancia dio sus frutos y Vins del Tros obtuvo su máximo reconocimiento en 2021 cuando la guía de vinos de Cataluña le otorgó el galardón del mejor vino tinto de Cataluña al Señora Carmen 2018, monovarietal de Garnacha con algo más de un año de crianza en roble francés, vino top de la bodega que seduce desde el primer momento, aunque nosotros tuvimos la fortuna de poder catar su original antecesor de 2017 con crianza especial en damajuanas, una producción limitada y exclusiva en formato magnum.


No obstante, el primer acercamiento del consumidor medio a los vinos de Terra Alta suele ser a través de sus garnachas blancas y en el caso de Vins del Tros también se cumple esta premisa. El Cent x Cent Blanco 2021 es el resultado de la vinificación por separado de dos vendimias realizadas en la misma parcela con unos días de separación, la más temprana persiguiendo acidez y frescura, la más tardía en búsqueda de aromas más complejos y maduros. El ensamblaje de ambas elaboraciones consigue ese equilibrio de ciruela amarilla, pera madura y plátano sobre un fondo de hierbas de monte mediterráneo, con generosa acidez, persistencia media en boca y un final ligeramente leñoso.



Al margen del premio, el año 2021 marcó un punto de inflexión para Vins del Tros al tener que hacer frente a un cambio en la dirección técnica con la marcha de Joan Bada y su sustitución por un nuevo equipo de enólogos. Desde entonces la responsabilidad técnica recae en la joven enóloga Ivette Alonso, quien cuenta con la asesoría del enólogo alicantino Pepe Mendoza. Savia nueva que se traduce en una enología que acompaña en lugar de intervenir y en interpretaciones de corte más actual -vinos más frescos, delgados y frutales, más accesibles incluso para el público joven- aire fresco para la bodega que sin embargo no renuncia a su pasado, encarnado en sus tintos con crianza en roble y en sus blancos fermentados con pieles -elaboración tradicional para los vinos brisados- estos últimos cada vez más valorados por el consumidor y que curiosamente no han tenido una regulación adecuada por parte del Consejo Regulador de la DO. Terra Alta hasta el año 2020.


En la actualidad el catálogo de la bodega está sufriendo una completa transformación. Desaparecerán algunas referencias, otras se fusionarán, muchas se mantendrán e incluso nacerá alguna nueva. Con la finalidad de agrupar aquellos vinos menos convencionales, se ha creado la marca Terra 0.0 -vinos orgánicos y humanos, cero intervención, cero exógenos- bajo cuyo nombre se comercializan los diferentes vinos brisados, un clarete y algún otro vino elaborado con variedades de uva no reconocidas por la DO. Terra Alta, tal es el caso de un viñedo de una despistada Chenin Blanc.


A todas estas novedades comerciales -consecuencia directa a su vez de la nueva dirección técnica- se añade una decidida apuesta por el enoturismo. Aquellas bodegas de hace años, encerradas sobre sí mismas, herméticas e impermeables al público y a los profesionales del mundo del vino, sencillamente no tienen cabida en los tiempos que corren. Nada mejor que abrir las puertas de par en par y que quien lo desee entre, pregunte, se interese y compre una botella o una caja. Por ese motivo queremos hacer llegar nuestro más sincero agradecimiento a los propietarios y al personal de Vins del Tros, por su disposición, amabilidad y cercanía durante nuestra visita.



martes, 7 de junio de 2022

> Jorge Ordóñez, profeta en su tierra




Hijo de un distribuidor en su Málaga natal, Jorge Ordóñez llegó a este mundo rodeado de vinos. 

De la mano de su novia norteamericana -a la que conoció durante sus estudios universitarios en Córdoba- decidió antes de alcanzar la treintena, cambiar de continente y dar el salto hasta Boston a finales de los años 80, ciudad donde impulsó la creación de una empresa importadora de vinos españoles de calidad para Estados Unidos, con el objetivo de competir con los vinos franceses e italianos, injustamente siempre mejor valorados que los españoles en aquel lado del Atlántico. Veía así la luz Fine States from Spain, exitoso proyecto empresarial que aún a día de hoy sigue ocupando la mayor parte del tiempo de su fundador. Verdaderamente obsesionado con que el vino llegara en óptimas condiciones al consumidor final, su decidida apuesta por el empleo de contenedores y transportes refrigerados supuso una pequeña revolución en la distribución del vino, y a la vista del éxito obtenido, nadie está en condiciones de quitarle la razón.


Con el paso de los años, el catálogo de Jorge Ordóñez se fue modificando con la introducción gradual de vinos procedentes de bodegas menos conocidas pero con mayor identidad y carácter. Convencido del enorme potencial de las castas autóctonas españolas -fue el primer importador en llevar la variedad Albariño a tierras americanas, sólo por poner un ejemplo- a la uva de las Rías Baixas le siguieron otras como la Mencía, la Godello o la Garnacha, casi siempre en vinos monovarietales y con crianzas respetuosas, para que cada casta no perdiera ni un ápice de sus características varietales. La acogida del mercado estadounidense fue fantástica y el éxito no tardó en llegar. Los originales vinos de Jorge Ordóñez Selections sedujeron al instante a la exigente clientela de los más afamados restaurantes norteamericanos, tanto por su calidad como por su personalidad, sin dejar a un lado el competitivo precio medio de los vinos españoles.


Sin embargo, por la inquieta mente de Jorge Ordóñez circulaba desde hacía tiempo una nueva aventura -un nuevo reto- y soñaba con ponerse al frente de la elaboración sin abandonar la distribución. Para ello realizó un pormenorizado estudio de las diferentes zonas geográficas españolas para finalmente elegir los mejores viñedos viejos de secano con los que alimentar sus nuevas bodegas. De manera paralela inició la selección de un amplio equipo de enólogos, a cada uno de los cuales lo situó al frente de una sola bodega con el fin de evitar distracciones. Toro, Valdeorras, Calatayud y su adorada comarca de la Axarquía malagueña -entre muchas otras- fueron las regiones donde inicialmente se pusieron las bases de este gran proyecto que todavía no ha terminado de crecer. En la actualidad el Grupo Jorge Ordóñez engloba 6 pequeñas bodegas capaces de elaborar 23 vinos diferentes para un total de 120.000 cajas de vino al año, el 70% de las cuales se destinan a exportación, como no podría ser de otra forma si se tiene en cuenta la vocación con la que originalmente nació la empresa.


 

Por cercanía y accesibilidad, la bodega elegida para realizar nuestra visita fue Bodegas Breca (Munébrega, Zaragoza) en la DO. Calatayud, una bodega para elaborar vino más que para enseñarla a las visitas, porque si de algo puede presumir es precisamente de su capacidad de producción. Trabajan exclusivamente con Garnacha -probablemente con uno de los clones más antiguos y puros de esta variedad- característica que unida a la orografía, los suelos de pizarra y la climatología extrema, posibilitan la elaboración de vinos monovarietales de corte muy internacional, modernos, frutales y con discretas notas de crianza.


Detallaremos a continuación nuestras notas y opiniones acerca de los vinos que tuvimos oportunidad de probar en una exigente jornada de cata técnica. Un rally de 14 vinos en hora y cuarto, apenas 5 minutos para catar cada vino en fases visual-olfativa-gustativa y retrogusto, hacer la foto, tomar notas, vaciar, limpiar la copa y dejarla preparada para el vino siguiente. Esto no es vida...



AVANCIA MENCIA 2018
DO. Valdeorras. 100% Mencía. Crianza 11 meses en roble francés. Resinoso y frutal. Café y regaliz negro. Acidez media plus. Largo, terroso y mineral.


AVANCIA CUVEÉ MENCIA 2018
DO. Valdeorras. Mencía y Garnacha Tintorera (98-2). Crianza 14 meses en roble francés. Frambuesas, regaliz rojo, lácticos y crema de leche. Cálido, corpulento, con una leve astringencia. Muy elegante.


BOTANI 2021
DO. Sierras de Málaga. 100% Moscatel de Alejandría. Aromático y floral, con una sensacional acidez. Elaborado como vino seco, sin rastro de azúcar residual, aunque con una entrada dulce en boca provocada por el glicerol que seduce y atrapa. Muy sorprendente.


LA CAÑA 2021
DO. Rías Baixas. 100% Albariño. Crianza sobre lías en inoxidable durante 8 meses. Flores y cítricos. Moderada acidez. Ligero, acuoso y levemente salino. Correcto, aunque alejado de nuestros gustos.


LA CAÑA NAVIA 2019
DO. Rías Baixas. 100% Albariño. Crianza durante 12 meses en roble francés. Cítricos y crema de limón. Graso y complejo. Interesante y diferente.


AVANCIA GODELLO 2020
DO. Valdeorras. 100% Godello. Vendimia manual. Crianza durante 12 meses en roble francés. Excelente, redondo, complejo y untuoso.


NISIA 2021
DO. Rueda. 100% Verdejo. Crianza sobre lías en inoxidable durante 8 meses. Tropical y mentolado. Acidez media. Agradable y sincero este verdejo, sin trampantojos ni levaduras seleccionadas.


NISIA LAS SUERTES 2020
DO. Rueda. 100% Verdejo. Crianza durante 12 meses en roble francés. Aromas tropicales y de café con leche. Graso y largo. Muy interesante y complejo, con aromas en boca a los que la Verdejo nos tiene poco habituados. Un gran descubrimiento para nosotros.


AVANCIA CUVEE GODELLO 2020
DO. Valdeorras. 100% Godello. Vendimia manual. Una cuarta parte del vino realiza crianza durante 8 meses en roble francés. Fruta de pepita y membrillo. Discretas notas de crianza, con más acidez y predominio de la fruta. Fresco y correcto.


BRECA ROSÉ 2021
DO. Calatayud. 100% Garnacha. Vendimia manual. Mosto obtenido mediante un suave sangrado. Sin crianza. Rosa tenue, afrancesado y actual. Hoja de tomate y frambuesas. Cálido y ácido, algo inconsistente en boca. Preciosa presentación en botella, aunque la etiqueta puede resultar un tanto trasnochada. Muy comercial, particularmente fuera de nuestras fronteras.


BREGA 2018
DO. Calatayud. 100% Garnacha. Vendimia manual. Crianza durante 22 meses en barricas de roble francés. Frutas rojas, lácticos y tostados muy suaves. Acidez media plus y una moderada astringencia en boca. Algo cálido, muy gastronómico. Requiere todavía unos meses de redondeo en botella.


TRITÓN 2019
DO. Toro. 100% Tinta de Toro. Vendimia manual. Crianza durante 12 meses en barrica de roble francés. Frutas negras, balsámicos y especias. Opulento y poderoso, aunque redondo y bien domado en su paso por boca. Soberbio y magnífico, un vino nada cansado, de final largo y muy amable.


BOTANI ESPUMOSO
DO. Sierras de Málaga. 100% Moscatel de Alejandría. Elaborado por el Método Charmat, con la segunda fermentación en inoxidable. Ramos de flores y jardineras andaluzas en nariz. Clavelinas, azahar y frutas tropicales. Fácil y diferente, imposible resistirse a él, inmejorable resultado como copa de bienvenida, aunque puede resultar algo anodino como vino único, incluso en un cóctel al atardecer junto al mar.


VICTORIA Nº2
DO. Málaga. 100% Moscatel de Alejandría. Vendimia tardía y pasificación de las bayas a la sombra. Se requieren 7 kg de uva para la elaboración de cada botella. Crianza durante 8 meses en inoxidable sobre lías. 250gr de azúcar residual. Sin fortificar. Un espectáculo en nariz y en boca, poco más que añadir.

Finalizamos aquí nuestra primera aproximación a los vinos del Grupo Jorge Ordóñez, el emigrante español que regresó a su país para descubrir viñedos casi olvidados y conseguir la difícil meta de convertirse en profeta en su tierra.