martes, 31 de octubre de 2023

> Bodegas Protos: pioneros del Duero

 


Al observar desde la distancia el Castillo de Peñafiel, un viajero despistado podría pensar que se trata de un barco varado en lo alto de un cerro. Sin duda es lo primero que viene a la mente al contemplar esta fortaleza medieval cristiana construida durante la Reconquista en el siglo X y remodelada en el siglo XV por la Orden de Calatrava hasta dotarla de su aspecto actual.

Jardines de acceso a Bodegas Protos

Transitar por las faldas de dicho monumento y no entrar a visitar Bodegas Protos podría calificarse como un comportamiento inapropiado, de manera que nos presentamos a la hora convenida dispuestos a conocer de primera mano los orígenes más genuinos de la Ribera del Duero. Para el visitante, resulta un tanto confuso el acceso y tampoco ayuda a orientarse la ausencia de un aparcamiento señalizado como en muchas otras bodegas. Además, el hecho de encontrar una bodega tradicional semienterrada en la montaña ubicada en frente de la moderna construcción diseñada por Richard Rogers -ambas separadas por una carretera- abunda todavía más en el desconcierto. Tan sólo cuando se consigue encontrar el letrero que indica el punto de acceso para la visita, se despejan las dudas. 

Vinos top de la bodega


Dedicatoria de Gonzalo Giner en su obra "El sanador de caballos"

Aire de Protos (DO. Cigales)

La visita comienza en la bodega tradicional, cuyos impecables jardines dan la bienvenida al enoturista. Según se accede, es inevitable alzar la vista para contemplar el castillo, que con su imponente presencia parece dominar toda la comarca. La sala de recepción es de una austera sobriedad castellana y desde ella se accede a una zona de espera donde al visitante puede entretenerse leyendo dedicatorias de escritores famosos que han pasado por la bodega, mientras se disfruta de una copa de Aire de Protos, delicioso rosado de la DO. Cigales, tan atractivo en nariz -melocotón, grosellas- como delicioso en boca, fresco, divertido y seductor. A decir verdad, es la primera vez que en una bodega se nos recibe con una copa de vino -sin duda un detalle de calidad- con el valor añadido de que dicha copa sea un obsequio para cada uno de los asistentes.

Galerías de crianza 


La Sacristía de Bodegas Protos


Luceras, desde el exterior

La visita continúa -copa en mano- con la esperada visualización de un audiovisual, aunque de una excelente calidad y sorprendente puesta en escena. La proyección de las imágenes en diferentes paredes de la sala, la iluminación de distintos objetos y el magnífico sonido guían al visitante por los orígenes de la Ribera del Duero, región vitivinícola en la que Bodegas Protos desempeñó un papel imprescindible desde sus inicios. Su célebre eslogan corporativo -Ser Primero- no puede contener más significado en menos palabras. A la finalización del audiovisual y tras franquear una puerta de madera, se produce un viaje en el tiempo. Casi sin darnos cuenta -absortos en apurar nuestra copa de rosado- nos encontraremos rodeados de barricas, en el interior de un laberinto de túneles de más de dos kilómetros de longitud, la mayoría de ellos excavados a pico y pala bajo la montaña sobre la que se asienta el Castillo de Peñafiel. Atención especial merece La Sacristía, pequeña capilla cerrada con una reja donde reposan botellas de prácticamente todas las añadas desde que se empezaron a elaborar los vinos de la bodega, hace casi un siglo, allá por el lejano 1927. Cada cierta distancia, unos pozos verticales denominados luceras -aunque bien escasa es la luz que permiten pasar- sirven como respiraderos para la indispensable aireación de estos subterráneos donde los vinos de Bodegas Protos realizan su crianza en roble. Varias decenas de metros hacia arriba, las luceras terminan en unas peculiares construcciones visibles por todas partes en la ladera de la montaña.  


Nueva sala de crianza


Bodega moderna, obra de Richard Rogers

Dejando atrás las galerías, el paso de una nueva puerta devuelve al visitante a la actualidad. Reaparecen el acero inoxidable, la mecanización, los aparatos de bombeo y los sistemas de control. La nueva sala de barricas sorprende por sus dimensiones, pero también por su pulcritud. No es de extrañar que casi todas las semanas sea utilizada como escenario para grabar una entrevista o rodar un anuncio. En una esquina, unas mesas de cata para eventos profesionales, cientos de barricas bordelesas, varias tinas de roble francés y algunos huevos de hormigón como representantes de los procedimientos de crianza más modernos. En otro salto en el tiempo, un largo y moderno túnel iluminado comunica la bodega tradicional con la moderna, transitando por debajo de la carretera donde se encuentran aparcados los vehículos. La colosal construcción de casi 20.000 metros cuadrados de superficie, obra del arquitecto británico Richard Rogers, es una estructura aparentemente liviana que en realidad se encuentra soterrada en su mayor medida. Tan sólo la parte visible permite identificar los materiales utilizados -hormigón, vidrio, madera y acero- para conseguir la elevación de las cinco bóvedas que recuerdan a las tejas de terracota tan habituales en los tejados de las casas castellanas. Una construcción imponente que convierte en diminuto a quien entra en ella por primera vez. A un lado se sitúa la gigantesca sala de elaboración, al otro las dependencias de administración y entre ambas un descomunal hall desde el que es posible visualizar el Castillo de Peñafiel desde el interior de la bodega, quizás la imagen más icónica de toda la jornada.

Vinos protagonistas de la cata

La visita concluye con la anhelada cata de dos vinos de la bodega en una enorme sala acristalada que bien podría emplearse para celebrar banquetes. En realidad, más que una cata podría decirse que se trata de una degustación de quesos y embutidos acompañados por algo de vino, a pesar de los repetidos intentos del personal de la bodega para transmitir con rigor las sensaciones que proporcionan sus vinos una vez servidos. A esas alturas de la visita y amenazando el mediodía a algún estómago hambriento entre los presentes, somos minoría los que insistimos en descubrir aromas y evocaciones en el interior de nuestras copas. No obstante, insistimos hasta encontrar las notas de heno recién cortado, el hinojo y las frutas de pepita en el fresco y fácil Protos Verdejo de la vecina DO. Rueda donde la bodega también tiene unas modernas instalaciones desde el año 2006. El cierre de la cata lo protagoniza el Protos Crianza, un tinto serio, monovarietal de tinta del país, frutas rojas y negras bien acompañadas por notas de crianza tras permanecer 12 meses en roble -cacao, tostados, especias- redondo, elegante, impecable en su ejecución y todavía con capacidad de guarda.


Ponemos así punto y final a la visita de la bodega -posiblemente-  más conocida de la DO. Ribera del Duero, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. A decir verdad, una visita más turística de lo esperado -nos hubiera gustado ver algo de viña o de los procesos de elaboración- pero tal y como está diseñado el recorrido durante la hora y media de visita, comprendemos que así resulta más atractiva para todos los públicos. Al fin y al cabo, este tipo de visitas no dejan de ser actos promocionales a pequeña escala, para nosotros menos apasionantes que recorrer viñedos con el viticultor, pero que sin embargo despiertan el interés del consumidor medio, todo ello sin olvidar la dificultad que conlleva gestionar miles de kilogramos de uva y transformarlos en vinos de elevada calidad y prestigio. Y en eso, Bodegas Protos tiene casi cien años de experiencia.

Protos, ser primero tiene su premio...




lunes, 23 de octubre de 2023

> El confesionario: Miguel Gregorio

 


Si lo deseas, empieza por presentarte. ¿Cuál es tu nombre? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? 
Me llamo José Miguel Gregorio Blasco, soy de Zaragoza y me dedico al sector de la mecánica y electricidad de camiones.

¿Qué querías ser de mayor?
Mi ilusión siempre había sido ser mecánico de aviones, pero en su día no pude cursar esos estudios en Zaragoza, así que me dediqué a estudiar mecánica de vehículos industriales. 

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con el vino? 
Desde pequeño siempre me divertía con mi padre tomando un poco de vino del porrón y también me gustaba comer tostadas de vino y azúcar para merendar. Son recuerdos de la infancia que nunca se olvidan.

¿Y el primer contacto “profesional”? 
Mi primer contacto profesional, aunque sin dejar de ser un aficionado, fue con Michael Cooper en una vinoteca en Zaragoza. Las catas de los jueves en aquella tienda fueron el punto de partida en el mundo del vino para mucha gente, entre los que me incluyo.

¿Hay en tu familia antecedentes relacionados con el vino? 
 No, nadie. Alguno tenía que ser el primero...

¿Has recibido formación enológica o eres autodidacta? 
Soy completamente autodidacta. En varias ocasiones me han ofrecido realizar cursos, pero no he podido hacerlos, casi siempre por motivos de agenda. De todas formas, igual me animo algún día, sería una buena manera de medir los conocimientos adquiridos de manera individual.

¿A quién invitarías a un vino? (personaje histórico, público o de tu entorno) 
Me gustaría invitar a mi hija para que así se introdujera en el mundo del vino, aunque por el momento, sus intereses van por otro camino.

¿Con quién crees que tienes un vino pendiente?
Las prisas del día a día hacen que tengamos un vino pendiente con mucha gente, pero prefiero tomarlo con cualquiera de mis compañeros Winefrikis.

¿Cuál crees que es la cualidad esencial que se debe tener para catar un vino?
Bajo mi punto de vista es esencial tener buenas capacidades gustativas y olfativas, pero pienso que el sentido del olfato es absolutamente primordial.

Catar, evaluar o beber vino ¿es lo mismo?
No, por supuesto que no. Catar es más complicado de lo que parece, ya que mucha gente puede beber vino, pero pocos saben apreciarlo. Hay que saber distinguir matices, aromas, recuerdos y todo eso integrarlo con la variedad de uva, la elaboración, la crianza...

¿Recuerdas el mejor vino que hayas probado? 
Hay múltiples vinos que me han apasionado, pero si tuviera que destacar uno sería Baigorri B70. 

¿Y el peor?
El peor vino que he probado es... muchos. Mi aprendizaje ha sido a fuerza de probar, a veces con acierto, otras no tanto.

¿Cuál es tu sueño (futuro) relacionado con el vino? 
Mi sueño sería montar una enoteca en Zaragoza donde se pudieran realizar catas y donde tuviéramos un sitio de reunión para los Winefrikis. 

¿Qué significa para ti pertenecer a Winefrikis? 
Para mí es un orgullo pertenecer a este grupo que comparte una de mis mayores pasiones y la disfruta tanto como yo. Lástima que por causas diversas no pueda asistir a más catas y visitas.




lunes, 16 de octubre de 2023

> El confesionario: Ángel Real

 


Si lo deseas, empieza por presentarte. ¿Cuál es tu nombre? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? 
Soy Ángel Real y nací en el año 1981 en Santander. Aunque estudié Derecho en la Universidad de Cantabria, llevo ya unos cuantos años dedicado al sector bancario, aquí en Zaragoza, a donde vine precisamente por motivos laborales en el lejano 2012.

¿Qué querías ser de mayor?
De muy joven futbolista, pero las limitaciones y poca habilidad -nunca se me dio bien lo del fútbol- me hicieron pronto desistir, a pesar de mi gran afición al balón. Posteriormente siempre me llamó la atención ser escritor o estudiar historia, pero por aquello de estudiar algo con salidas, dicho recurrente en la época, no me decidí por ello y acabé estudiando otra cosa.

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con el vino? 
Las barbacoas familiares de verano con mi familia, en Oruña de Piélagos, el pueblo de mis abuelos, en Cantabria. Ya de pequeño me dejaban probar un poco de sangría, al año siguiente un poco de vino y así fui iniciándome en este maravilloso mundo. Como bien decía mi abuelo: "el vino mejor que lo prueben los chiquillos en casa poco a poco, que no un día por ahí, todo de golpe..."

¿Y el primer contacto “profesional”? 
Al llegar a Zaragoza empecé a interesarme por el vino de la zona, y poco a poco empecé a asistir a catas. A diferencia de Cantabria, donde casi no se produce vino, Aragón sí es una comunidad que produce mucho y muy buen vino. Posteriormente conocí a Luis Días, un encantador portugués profesional del sector, y a partir de ahí empezamos con el grupo de Winefrikis a acudir a eventos y actos más profesionales.

¿Hay en tu familia antecedentes relacionados con el vino? 
Cómo aficionados, sí. Mi abuelo, mi tío y mi padre siempre abrían vino los fines de semana. Se tomaban los vendidos en aquellos años 80 y 90, marcas y vinos que todos conocemos y hemos bebido. Luego en fiestas, navidades y fechas señaladas, se optaba por algún vino más escogido. Pero sí, siempre se bebía vino, y aún sin conocimientos o estudios vinícolas, había criterio para escoger una determinada botella, añada o zona.

¿Has recibido formación enológica o eres autodidacta? 
He hecho algún curso online y asistido a algún taller formativo, pero en la mayor parte de mi aprendizaje ha sido autodidacta. Tengo costumbre de ver catas online, escuchar podcast, leer libros y revistas de esta temática. En mente tengo hacer más formación, si saco algo de tiempo, en breve, me pondré con ello.

¿A quién invitarías a un vino? (personaje histórico, público o de tu entorno) 
Me gustaría tomarme un buen vino de Falerno con Julio César, Mario y Sila. Soy un gran aficionado a la historia de Roma y hablar pausadamente con ellos sería una experiencia más que satisfactoria. Me gustaría que me contasen un poco de aquella época suya, de transición de la famosa República Romana, al no menos famoso Imperio Romano.

¿Con quién crees que tienes un vino pendiente?
Seguramente con mi tío, falleció siendo yo joven y tenía gran afición por el vino. Me gustaría intercambiar opiniones sobre un determinado vino que compartiésemos o un champagne o cava, ya que era un gran aficionado a los espumosos.

¿Cuál crees que es la cualidad esencial que se debe tener para catar un vino?
Memoria, paladar y olfato. Memoria por un lado olfativa y por otro, memoria para recordar los vinos o uvas catados con anterioridad y poder cruzar las sensaciones, con el actual que estés catando.

Catar, evaluar o beber vino ¿es lo mismo?
Rotundamente no. En mi opinión beber es el acto de ingerir sin más, disfrutando más o menos en función de lo que se está probando. Catar es opinar y sacar conclusiones del vino que se está degustando. Por último, evaluar sería valorar y puntuar el vino en cuestión, con alguno de los procedimientos establecidos.

¿Recuerdas el mejor vino que hayas probado? 
Seguramente alguno del Barrio de la Estación de Haro, es una de mis zonas favoritas. Alguna añada de los 80, tengo grandes recuerdos de ellos.

¿Y el peor?
Esos los suelo utilizar para cocinar. Sí que recuerdo alguno, pero por respeto hacia el elaborador -soy de la idea que nadie quiere hacer un mal vino- lo mantendremos como nuestro pequeño  secreto.

 

¿Cuál es tu sueño (futuro) relacionado con el vino? 
Conocer más acerca de los Barolos y hacer un viaje a Napa Valley. Habrá que ahorrar o esperar a ver alguna notificación de primitiva premiada en el teléfono móvil.

¿Qué significa para ti pertenecer a Winefrikis? 
Un verdadero honor y privilegio. Es una verdadera gozada el grupo que tenemos, buena gente y muchos conocimientos.




jueves, 5 de octubre de 2023

> El confesionario: Julio Viela


Si lo deseas, empieza por presentarte. ¿Cuál es tu nombre? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? 
Me llamo Julio, Julio Viela Hernández y vine al mundo el 7 de Enero de 1963 en Zaragoza. Me dedico al asesoramiento jurídico, fiscal y mercantil de pymes y particulares. Nada apasionante, pero me permite vivir bien. A decir verdad, hubiese preferido ser John Wayne en “Centauros del desierto”, pero qué se le va a hacer.

¿Qué querías ser de mayor? 
De joven quería ser mayor para poder descubrir todo lo antes posible. Ahora en cambio me sucede al revés: quisiera ser más joven porque ya soy bastante mayor. Paradojas de la vida. Hubo una época en la que me interesé por algo parecido a “Agente de la Naturaleza”, pero se me pasó enseguida en cuanto mi madre me trajo la cena y me di cuenta que la calefacción de casa estaba encendida en una noche fría de invierno.

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con el vino? 
El primer recuerdo relacionado con el vino -al margen de la típica intoxicación etílica de adolescente- es ver la torre que corona las Bodegas López de Heredia en Haro. Esa madera roja que la envuelve siempre la he considerado un toque de clase y distinción, sinónimo de que allí había cosas serias que jamás pensé que pudieran atraerme tanto años después. Y todas las construcciones de bodegas con piedra de sillería con ese color arenisco de las localidades de La Rioja.

¿Y el primer contacto “profesional”? 
No he tenido contactos profesionales con el vino salvo el de la mera curiosidad y la imagen que daban los distintos Riojas que había a mi alcance por razones familiares. López de Heredia, Muga, Carlos Serres y otras pequeñas bodegas.

¿Hay en tu familia antecedentes relacionados con el vino? 
La familia de mi padre se dedicaba a realizar en su imprenta familiar todas las contra etiquetas de las distintas bodegas riojanas, hasta que la D.O. Rioja estableció las contra etiquetas con marcas de agua entregadas por dicho consejo. No hacíamos vino, pero vivíamos gracias al vino y por supuesto también nos lo bebíamos. Además, mi tío Luis Viela -un bon vivant de la comida y del vino, que fue alcalde de Haro- me permitió acceder a cosas que eran un privilegio para un tipo como yo venido de la ciudad. A través de él y sus amigos, tuve una época “gloriosa” con su generación, probé vinos y viví momentos que ahora me serían totalmente inalcanzables. Eso que me llevo y a lo que estaré eternamente agradecido.

¿Has recibido formación enológica o eres autodidacta? 
La escasa formación enológica que poseo, si es que poseo algo, me la proporcionó un tal Francisco Orós en casa de un común amigo. A partir de ahí probar, memorizar sabores, olores y catar siempre que sea posible. No tengo una buena nariz, pero sí una buena boca Entre ambas me defiendo y voy diferenciando lo que me gusta y lo que no. Aunque hay que aprender a conocer y valorar todos los vinos y no quedarte sólo con lo que te gusta. Hay que abandonar la zona de confort enológico y estar dispuesto a probarlo todo. En consecuencia de todo ello, puede decirse que soy autodidacta.


¿A quién invitarías a un vino? (personaje histórico, público o de tu entorno) 
A Cicerón, Sócrates, Aristóteles, Séneca y a tantos más a los que escucharía “con un vino en la mano”. También a esos pequeños bodegueros a los cuales escucho embelesado cuando hablan de sus vinos y sus ideas acerca de cómo se deben hacer los vinos. Estaría horas escuchándolos.

¿Con quién crees que tienes un vino pendiente? 
Vino pendiente sería con todos aquellos que forman y han formado mi imaginario afectivo y que ya no están. Y también un Viognier con Scarlett Johansson contemplando juntos el skyline de Tokio desde la planta 90 del Sheraton.

¿Cuál crees que es la cualidad esencial que se debe tener para catar un vino? 
Estar abierto de mente para apreciar olores, sabores, saber identificar lo que puedas, ejercer tu memoria olfativa y visual y emitir un pequeño juicio de lo que has catado. Sobre todo, actitud abierta. Y sobre todo practicar, catar y rodearte de personas que saben más que tú para aprender de ellas.

Catar, evaluar o beber vino ¿es lo mismo? 
Catar es analizar según tus aptitudes. Evaluar conlleva más complejidad porque debes tener “visión global” de lo que has catado para poder evaluarlo. Como se puede ver, no es lo mismo.


¿Recuerdas el mejor vino que hayas probado? 
Sí, un Tondonia del 82. También un 904 y un 890 de Rioja Alta igualmente del 82. Tiempos inolvidables. Y un último Enate Uno Blanco probado recientemente. Cosas bien hechas…

¿Y el peor? 
El peor un Cabernet Franc o similar que fue arrojado inmediatamente por el desagüe. Habrá tantos…

¿Cuál es tu sueño (futuro) relacionado con el vino? 
No es un sueño. La realidad es seguir conociendo vinos con los WINEFRIKIS, los cuales están absolutamente “chalados por el vino” y te proporcionan experiencias magníficas y amistad personal.

¿Qué significa para ti pertenecer a Winefrikis? 
Una oportunidad de juntarme con apasionados del vino -todos ellos con un gran criterio y conocimientos- y que se convierten en amistades personales.




jueves, 28 de septiembre de 2023

> El confesionario: Carlos López


Si lo deseas, empieza por presentarte. ¿Cuál es tu nombre? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? 
Mi nombre es Carlos López y nací en Zaragoza hace ya 54 años. Actualmente soy autónomo y trabajo en áreas de Administración y Gestión, así como Docente y Tutor On Line.

¿Qué querías ser de mayor? 
Muchas cosas, soñar es gratis y me imaginaba en diferentes lugares y realizando distintas tareas. 

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con el vino? 
El pan con vino y azúcar que nos daban de niños para merendar o el pasear por cubas de vino rancio de la familia. También ese poquito de vino Monteviejo que ponía mi padre en un vaso duralex para tomar después del segundo plato. 

¿Y el primer contacto “profesional”? 
Acudiendo a eventos con los Winefrikis. 

¿Hay en tu familia antecedentes relacionados con el vino? 
No. Soy el primero...

¿Has recibido formación enológica o eres autodidacta? 
Hice en su día un curso de cata con varias sesiones y posteriormente he realizado algunos cursos online. Tengo pensado realizar próximamente el Level 2 de WSET (Wine & Spirit Education Trust). Por lo demás soy bastante autodidacta. 

¿A quién invitarías a un vino? (personaje histórico, público o de tu entorno) 
Me gustaría tomarme un vino asturiano con Fernando Alonso. Otra de mis pasiones es la Formula 1. 

¿Con quién crees que tienes un vino pendiente? 
Con un amigo, pero quizás nos pediremos la botella. Un vino siempre lleva aparejada una buena conversación.

¿Cuál crees que es la cualidad esencial que se debe tener para catar un vino? 
Tener la mente abierta, no casarte con nadie y probar muchos vinos.

Catar, evaluar o beber vino ¿es lo mismo? 
No, son aspectos distintos. Quizás los más parejos sean catar y evaluar, ya que si catas un vino lo estas evaluando sin llegar a dar una calificación. En cambio, si evalúas, después de catarlo y ver sus cualidades y defectos, le das una puntuación. Por último, cuando bebes ya no evalúas, sino que te dejas llevar y disfrutas del vino. 

¿Recuerdas el mejor vino que hayas probado? 
Es difícil elegir uno, pero te diría que en blancos nacionales El Canto del Grillo Cri Cri de Bodegas El Grillo y La Luna. También Cap de Revolution de Bodegas Ronadelles De blancos internacionales, apuesto por un buen Riesling Alsaciano. En tintos Juan Gil Blue 2017 o Pitacum Val de La Loba 2016. Me pirran las cariñenas del Priorat. Internacionales, me iría a un Pinot Noir de Borgoña o a un Cabernet Sauvignon californiano de Napa Valley. 

¿Y el peor? 
Vinos con defectos en elaboración o en crianza, me he encontrado con algunos. Vinos malos de verdad, alguno ha habido y ha ido por el desagüe. Y también están los vinos mal conservados. 

¿Cuál es tu sueño (futuro) relacionado con el vino? 
Seguir disfrutando y aprendiendo del mundo del vino. Formarme y al ser formador, poder difundir mi pasión en distintos foros. Como sueño utópico, tener mi propia bodega y elaborar mis vinos. Incluso tengo el nombre de la bodega pensado, así como algún que otro nombre de vino. 

¿Qué significa para ti pertenecer a Winefrikis? 
Es una suerte y un lujo tener la posibilidad de compartir, aprender y disfrutar de este maravilloso mundo, con gente cuya pasión coincide con la mía.



viernes, 22 de septiembre de 2023

> El confesionario: Eduardo Cabello

 


Si lo deseas, empieza por presentarte. ¿Cuál es tu nombre? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas?
Mi nombre es Eduardo Cabello Rodrigo, nacido en Zaragoza, tengo 50 años y los últimos 31 (cómo pasa el tiempo), Guardia Civil en diversas unidades y especialidades.

¿Qué querías ser de mayor?
De mayor me hubiera encantado ser futbolista profesional, portero al estilo “Arkonada” pero como la inmensa mayoría me quede en el camino por diversas circunstancias. La fotografía también me ocupo algo de tiempo, realicé algunos cursos, aunque finalmente quedó en un hobby.

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con el vino?
Mi primer recuerdo viene de mi padre, sin duda, esas botellas del supermercado que actualmente se siguen vendiendo y no faltaban en las comidas.

¿Y el primer contacto “profesional”?
Seguramente el pertenecer al grupo de catas Winefrikis, gracias a la buena vista y amistad con Luis Dias en Zaragoza, donde se abrió un abanico de opciones donde poder catar y aprender, de otras personas amantes del vino, y que con el paso del tiempo ha ido evolucionando en un grupo referente, de buena gente, que ya somos amigos.

¿Hay en tu familia antecedentes relacionados con el vino?
Si, recuerdo de joven el olor inconfundible a bodega que tenía parte de mi familia en Orduña (Vizcaya), contaban con grandes depósitos donde embotellaban y distribuían, “Vinos Merino”, me trae muy buenos recuerdos. También la bodega en Tudelilla (La Rioja), la sensación de frescura y humedad del interior de la bodega son experiencias que no se olvidan, y recuerdo cada vez que visito una bodega de nuevo.

¿Has recibido formación enológica o eres autodidacta?
He cursado estudios de la WSET (Wine & Spirit Education Trust), con Jorge Orte en Zaragoza, terminé el Level 2 el año pasado y me animé a estudiar el Level 3 que finalicé este mismo año.

¿A quién invitarías a un vino? (personaje histórico, público o de tu entorno)
Un par de imposibles, me encantaría tomar un vino con Jesús de Nazaret y otro en mi pueblo Purroy, con mi padre.

¿Con quién crees que tienes un vino pendiente?
Intento no tener casi nada pendiente, si es posible. Creo que lo tomaría conmigo mismo, no es cuestión de ser narcisista, pero me parece una buena manera de compartir lo que te gusta con tu mejor amigo y tu peor enemigo.

¿Cuál crees que es la cualidad esencial que se debe tener para catar un vino?
Imagino que un cerebro receptivo y buen olfato para recordar y distinguir sensaciones que te den las pautas de valoración correctas en un vino.

Catar, evaluar o beber vino ¿es lo mismo?
Yo pienso que no, bebedores hay muchos, algunos de ellos sin ningún criterio. Para catar se necesita ciertos conocimientos y una base habiendo probado muchos vinos para tener información previa a la hora de valorar, así como intentar desconectar de los gustos personales para hacer un estudio del vino, juzgando sus cualidades organolépticas buenas o malas y sacar conclusiones. Evaluar un vino, es para mí utilizar la terminología normalizada para describir correctamente el color, olor, sabor y la impresión general de manera correcta.

¿Recuerdas el mejor vino que hayas probado?
Pues depende la época. Recuerdo perfectamente de joven mi primer “Gran vos” de 1995 en Alquezar como algo especial, los Viña Ardanza del 95 y 98 fantásticos. El primer Vega Sicilia que me regalaron en un cumpleaños, aunque reconozco que el 904 de La Rioja Alta tiene una vinculación emocional por distintos motivos. A nivel internacional he probado excelentes vinos, pero pienso que sólo estoy empezando a disfrutar de este mundo y que el mejor vino está por llegar.

¿Y el peor?
Era tan malo que no recuerdo su nombre, terminó en la base de un árbol que creció menos ese verano.

¿Cuál es tu sueño (futuro) relacionado con el vino?
Puestos a soñar, no estaría nada mal una asociación vinícola exclusiva donde degustar grandes referencias mundiales sin preocuparme del tema económico.

¿Qué significa para ti pertenecer a Winefrikis?
En primer lugar, un honor y un privilegio por el aporte humano que hay en él, y por otro lado una gran oportunidad de catar cientos de vinos de distintas denominaciones y países, añadas antiguas y algunos vinos de variedades recuperadas y desconocidas siempre con el afán de aprender y compartir en un grupo inimitable. Poder visitar bodegas y catar vinos en elaboración y en exclusividad, así como visitar ferias del sector donde seguir aprendiendo y disfrutando de este mágico mundo.



jueves, 6 de julio de 2023

> Sudáfrica desconocida

 


Es muy probable que sólo con el paso del tiempo, tomemos consciencia del privilegio que significa tener al alcance de nuestra mano los seminarios impartidos por Grape Bebop. Después de aquella experiencia única que supuso la jornada sobre vinos de Georgia, la asistencia a la reedición de la charla formativa sobre vinos sudafricanos nos pareció casi una obligación. Aunque en los últimos años el acceso a los vinos de Sudáfrica resulta algo más sencillo -particularmente a través de webs especializadas- en general el conocimiento que se tiene al respecto es bastante limitado, incluso para un consumidor medianamente interesado. 


Si el presente de cualquier país no puede comprenderse sin su historia, en el caso de Sudáfrica esta premisa se cumple aún con más firmeza. Al margen de los suelos, la orografía, el clima y la influencia del mar, no se puede entender el origen del vino sudafricano sin echar la vista atrás al menos cuatrocientos años. Fue a mediados del siglo XVII cuando la Compañía Holandesa de las Indias Orientales decidió establecer un puesto de aprovisionamiento para sus naves cerca del Cabo de Buena Esperanza. Con el paso del tiempo, el posterior desarrollo de ese pequeño núcleo -casi exclusivamente formado por almacenes y tabernas- dio lugar a lo que más tarde sería la actual Ciudad del Cabo. La necesidad de asegurar el suministro a los barcos, animó a algunos colonos a establecerse y a construir sus propias granjas, en las que además de criar animales incorporaron diversos cultivos entre los que se incluyó la vid. Este es el motivo por el que la mayoría de bodegas en Sudáfrica se denominan farms. Como casi todos los vinos de aquella época, su calidad dejaba mucho que desear, pero el elevado consumo interno en una región sin apenas infraestructuras e indudablemente volcada al comercio marítimo hizo que crecieran las hectáreas de viñedo. 


Algo cambió a principios del siglo XIX cuando el Imperio Británico se hizo con Ciudad del Cabo. Las constantes guerras con Francia bloquearon el comercio europeo de los vinos de Burdeos y ese segmento del mercado lo intentaron ocupar -aunque con escaso éxito- los vinos procedentes de Sudáfrica, a pesar de los costes del transporte, las dificultades de conservación y la escasa calidad de los mismos. En realidad, sólo los vinos dulces elaborados en Constantia -residencia del antiguo gobernador holandés de la colonia- gozaban por entonces de cierto reconocimiento internacional. Aparentemente ciegos ante las demandas de su mercado exterior, los productores sudafricanos persistieron en los errores que arrastraban desde hace años y en una enloquecida huida hacia adelante, aumentaron las hectáreas de viñedo y el volumen de vino producido, con una calidad tan ínfima que no tardó en derivar en rechazo comercial, viéndose obligados a desviar todos esos excedentes hacia la destilación.


Sin embargo, la independencia de Sudáfrica del Imperio Británico todavía se retrasó varias décadas. 25 años de conflicto armado intermitente entre los colonos de origen holandés -conocidos como bóeres o afrikaners- y la metrópoli británica desembocaron en la creación de la Unión Sudafricana, estado-colonia que a la postre se convertiría con el paso de los años en la actual República de Sudáfrica. Durante ese periodo tan convulso en lo político, se fundó en 1923 la cooperativa KWV que agrupó a la mayoría de viticultores y sentó las bases para una producción adecuada y una comercialización favorable. Al inicio sus decisiones fueron aceptadas con agrado por los productores, pero con el paso de los años y su excesivo intervencionismo, la KWV se convirtió en un monopolio del que era prácticamente imposible escapar. Finalmente en 1994 la KWV colapsó, no sólo debido a sus dificultades económicas, sino también arrinconada por algunos elaboradores independientes que introdujeron novedades tecnológicas procedentes de otros países y que obtuvieron un notable éxito comercial.



No es posible hablar de la historia del vino en Sudáfrica sin mencionar a los esclavos. Fueron los colonos holandeses los que introdujeron esta mano de obra de bajo coste, práctica abolida parcialmente en 1834 por los británicos, aunque durante mucho tiempo pervivió en forma de escasos salarios en ocasiones pagados con botellas de alcohol, una cruel y autorizada costumbre que tenía la doble finalidad de ahorrar costes y convertir a los trabajadores de raza negra en alcohólicos absolutamente dependientes. Las consecuencias de este endemoniado mecanismo denominado "sistema tot" pueden verse incluso hoy en día al comprobar los elevados índices de alcoholismo entre la población de color, situación que apenas ha variado desde el fin del Apartheid a mediados de los 90. El abandono de las políticas de segregación racial por parte de los sucesivos gobiernos sudafricanos supuso un punto de inflexión también para la industria del vino. Asimismo los esfuerzos implementados por las bodegas en materias tales como la certificación de viticultura sostenible con la biodiversidad y el medio ambiente o la certificación de prácticas éticas respecto a las condiciones laborales, persiguen dignificar la imagen del país ante los mercados exteriores más sensibles. La apertura de nuevos destinos comerciales y el definitivo levantamiento de las estrictas normas de la KWV han permitido la entrada de nuevas ideas en las bodegas y han conseguido posicionar al vino sudafricano en el mercado internacional, aunque no resulta sencillo dejar atrás la etiqueta de vinos baratos y de gran volumen.


El sistema de clasificación Wine of Origin (WO) por el que se rigen la totalidad de los vinos sudafricanos fue diseñado en 1973. A diferencia de lo que sucede en las denominaciones de origen españolas, no existe regulación alguna en cuanto a variedades de uva, técnicas de vinificación, tiempos de crianza ni nada similar. Todo el esfuerzo se concentra en la identificación de las zonas geográficas en función de los suelos, la orientación y los mesoclimas. La clasificación comienza con las áreas más grandes denominadas "unidades geográficas", en número total de seis, aunque sin duda la más conocida es Western Cape. Le siguen las "regiones", que a su vez se dividen en "distritos", en cuyo interior se diferencian un número indeterminado de "wards" o zonas geográficas con condiciones geológicas y climáticas especiales que les proporcionan una identidad propia. Por último nos encontramos los "estates", viñedos no fragmentados propiedad de una sola bodega. Todo este complejo entramado obliga a los productores a cumplir con un estricto programa de documentación que garantice la trazabilidad, algo que tiene sentido para vinos de gran calidad pero que supone un severo inconveniente en el caso de los vinos más económicos. Por si fuera poco, el tránsito documental hacia las áreas más pequeñas no lleva aparejado una mayor calidad -es tan sólo un signo de identidad- de modo que no quiere decir que un vino etiquetado con el nombre de un ward vaya a tener más calidad que otro etiquetado como procedente de Western Cape, tan sólo para poner un ejemplo.
 

La inmensa mayoría de países productores de vino intentan abanderar el cultivo de al menos una variedad de uva y no tardan en calificarla como autóctona. Es una simple consecuencia de la mentalidad humana con el fin de diferenciarse del vecino. Son de sobras conocidos los casos de la Malbec en Argentina y de la Tannat en Uruguay. Sudáfrica eligió para desempeñar ese papel a la Pinotage, una variedad tinta resultante de la hibridación entre Pinot Noir y Cinsault -también denominada Hermitage- realizada en tierras sudafricanas en 1924 por Abraham Izak Perold, profesor de viticultura de la Universidad de Stellenbosch. Jugar a ser Dios tiene sus riesgos, de manera que de dos uvas de piel fina y escaso color, se obtuvo sorprendentemente una variedad de hollejo grueso de la que se obtienen vinos de capa profunda y marcada astringencia, aún a pesar de retirar los hollejos antes de que termine la fermentación y de microoxigenar la mezcla. Tan sólo los monovarietales elaborados con uvas procedentes de viñedos viejos en vaso alcanzan los niveles de elegancia que se les debería exigir y todo ello siempre que el trabajo en bodega sea impecable. En la práctica, es complicado encontrar pinotages de calidad, más aún fuera de Sudáfrica. Tal vez por eso se han popularizado en los últimos años los conocidos como Coffee Pinotage, un estilo de vino muy comercial con aromas a toffee y capuccino, mucho más agradable para el consumidor medio aunque con un sospechoso maquillaje conseguido con la adición de duelas de roble tostadas durante la fermentación del mosto. La segunda vía por la que Sudáfrica ha decidido presentar su querida Pinotage al mundo son los vinos denominados Cape blend, ensamblajes con variedades francesas -Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Petit Verdot- en los que la casta sudafricana debe ser mayoritaria en el coupage y representar entre un 30% y un 70% del total.


Sin duda resultan mucho más atractivas las tradicionales French-style blends -mezclas bordelesas- o incluso los vinos GSM style -Garnacha, Syrah, Monastrell- tan populares y exitosos en el Ródano. Las variedades blancas más representativas, tanto en vinos monovarietales como en ensamblajes, son la Sauvignon Blanc, la Chenin Blanc, la Chardonnay y la Semillon. Como curiosidad añadiremos que existe en tierras sudafricanas una mutación autóctona de esta última -Semillon Gris- tan escasa como peculiar. Por último, hablaremos brevemente de los desconocidos vinos espumosos sudafricanos. Cap Classique es la asociación que agrupa a 82 productores de vinos espumosos de calidad, sin restricción alguna en cuanto a variedad de uva utilizada. Sí se exige vendimia manual, prensado de racimos enteros, mosto procedente sólo del primer prensado, segunda fermentación en botella y un periodo mínimo de crianza en botella de 12 meses.

Pues bien, si la lectura ha conseguido mantener el interés hasta este punto del artículo, el premio consiste en tener acceso a nuestras notas y opiniones acerca de los vinos que tuvimos el privilegio de catar en aquella interesantísima jornada. Como siempre nos gusta decir: pasen y disfruten, queridos lectores...




GRAHAM BECK VINTAGE COLLECTION BLANC DE BLANCS BRUT 2017
Cap Classique. 100% Chardonnay. Espumoso elaborado siguiendo el método tradicional de segunda fermentación en botella. Vendimia manual temprana en búsqueda de frescura. Uva procedente de viñedos sobre suelos calizos, una rareza dentro del distrito de Robertson, un ancho valle con orientación hacia el Océano Índico. Parte del vino no realiza maloláctica y al menos la mitad realiza 5 meses de crianza en barrica. 48 meses de crianza en total. Brioche, cítricos, mantequilla. Muy cremoso en boca, con algo más de cuerpo que champagnes y cavas con los que comparte método de elaboración. Cifras de producción y exportación en claro incremento. Los espumosos Cap Classique son quizás los vinos sudafricanos comercialmente con más potencial en la actualidad.


KLEIN CONSTANTIA VIN DE CONSTANCE 2018
WO. Constantia. 100% Muscat de Frontignan. Actual recreación del histórico vino dulce que -según se cree- Napoleón hizo que le llevaran durante su destierro en la isla de Santa Elena. Uva vendimiada entre principios de febrero y mediados de abril, a lo largo de 21 fechas diferentes de recogida, buscando el equilibrio entre la acidez, la maduración y el contenido en azúcares. Realización de múltiples elaboraciones -inoxidable, barricas de diferentes tamaños, tipos de roble y grados de tostado- hasta llegar al secreto coupage final. Por si fuera poco, se le somete a tres años de crianza posterior. El resultado es un vino naturalmente dulce, visualmente de un precioso color dorado, opulento y apabullante en nariz, denso y meloso en boca, aunque con una excelente acidez y una complejidad sin igual. Una auténtica delicia. De su precio nada comentaremos -no resulta elegante hablar de dinero- porque como alguien dijo alguna vez, si se necesita preguntar cuánto cuesta, tal vez no nos lo podamos permitir...


DIEMERSDAL SAUVIGNON BLANC 2020
WO. Cape Town. 100% Sauvignon Blanc. Sin crianza en roble. Viñedos situados en las colinas de Durbanville sobre suelos de arenisca al norte de Ciudad del Cabo, zona más fresca por la influencia de los vientos y brisas procedentes del Atlántico, a no más de 10 kilómetros de distancia. Herbáceos, cítricos y una marcada acidez, un estilo de Sauvignon Blanc muy particular de Cape Town, más refrescante y menos tropical que los elaborados en Nueva Zelanda. Correcto y asequible.


THORNE & DAUGHTERS SNAKES & LADDERS 2020
WO. Citrusdal Mountain. 100% Sauvignon Blanc. Fermentación de racimos enteros y crianza sobre lías en barrica de roble durante 9-10 meses. Amarillo dorado medio. Tarta de manzana y tostados, sobre un ligero fondo de reducción. Notable presencia de la crianza. Un irreconocible Sauvignon Blanc con una excelente evolución al oxigenarse en la copa. Muy agradable y elegante.


RALL WINES WHITE 2019
WO. Coastal. Ensamblaje de tres variedades de uva: Chenin Blanc, Verdelho y Viognier (68-28-4) procedentes de Swartland y Stellenbosch. Discreta crianza en barrica de roble francés de varios usos. Cítricos y manzanas. Marcada acidez y posibilidad de guarda. Alejado de nuestros gustos.


CAP MARITIME CHARDONNAY 2018
WO. Hermel-en-Aarde Ridge. Área de producción emergente, escindida de Walker Bay y subdividida a su vez en tres surregiones o wards, con diferencias en altitud y en composición de los suelos. 100% Chardonnay. 14 meses de crianza en barricas de roble nuevo y huevos de cemento. Yogur de limón y frutas de pepita. Imposible diferenciarlo de otros Chardonnays de Nuevo Mundo. Fresco en nariz y elegante en boca, un estilo más borgoñón, aunque con menos acidez que los citados vinos franceses. Elegir entre el original o la copia depende de lo que estemos dispuestos a pagar.


KEERMONT VINEYARDS RIVERSIDE CHENIN BLANC 2018
WO. Stellenbosch. 100% Chenin Blanc. 11 meses de crianza en barricas usadas de roble francés. Elaborado siguiendo principios de enología de mínima intervención. Acidez media. Mieles y frutas de pepita. Ligerísimo resto de azúcar. Cremoso y amable en boca. Un magnífico representante de los exitosos monovarietales de Chenin Blanc elaborados en Sudáfrica. 


RICHARD KERSHAW CLONAL SELECTION PINOT NOIR 2018
WO. Elgin. 100% Pinot Noir. Vendimia manual y fermentación espontánea en depósitos abiertos. Vinificación por separado de diferentes clones de Pinot Noir. 11 meses de crianza en barricas de diferentes capacidades y en huevos. Rojo cereza de capa baja, limpio aunque con un aspecto algo más evolucionado de lo deseable. Recuerdos a carne ahumada, pétalos de rosa marchitos y tierra húmeda. Algo licoroso. De nuevo un estilo borgoñón bastante acertado -la fresca climatología de Elgin así lo determina- pero que sin embargo no alcanza al original. Buen intento.


AA. BADENHORST RED 2019
WO. Swartland. Syrah, Cinsault, Tinta Barroca, Garnacha Tinta y Touriga Nacional (35-31-17-13-4). Vendimia efectuada el mismo día para todas las variedades por igual, lo cual ya indica que el elaborador sabe bien lo que hace aunque asume sus riesgos. Semimaceración carbónica de parte de la uva, dejando entre 3 y 6 meses el mosto en contacto con pieles. Posterior crianza durante 16 meses en barricas usadas. El resultado es algo similar a un "field blend", aunque en realidad las uvas proceden de parcelas diferentes. Capa media con ribete granate. Cerezas, lácticos, chocolate con leche. Ligeramente astringente en boca que hace sospechar algo de verdor, exceso de raspón o más posiblemente ambas cosas. Corte moderno e internacional. Muy curioso.


CHAMONIX WREYWACKE PINOTAGE 2017
WO. Franschhoek. 100% Pinotage. 18 meses de crianza en una combinación de barricas nuevas y usadas. Monovarietal de esta casta tinta resultado de la hibridación entre Pinot Noir y Cinsault -también denominada Hermitage- realizada en tierras sudafricanas a principios del siglo XX, de manera que de dos uvas de piel fina y escaso color, se obtuvo sorprendentemente una variedad de hollejo grueso de la que se obtienen vinos de capa profunda y marcada astringencia, aún a pesar de retirar los hollejos antes de que termine la fermentación y de microoxigenar la mezcla. Por si todo ello no fuera suficiente, en el vino que nos ocupa se efectúa una semimaceración carbónica y además parte de las uvas se deshidratan antes de ser añadidas al vino sin terminar. El resultado no puede ser más incómodo: frutas rojas, negras y frutos secos tostados en nariz, pero en boca presenta un desagradable y prolongado amargor final. Imposible para nosotros.


KANONKOP KADETTE CAPE BLEND 2019
WO. Stellenbosch. Pinotage, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc (44-29-25-2). Vinificación en depósitos de cemento. Crianza durante 12 meses en barricas usadas. Un vino correcto pero sin atractivo alguno, con ese amargor identitario de la Pinotage todavía muy presente, aunque algo más domesticado. En nuestra opinión el estilo cape blend parece más un intento de aprovechamiento de la difícil Pinotage que una búsqueda de la excelencia. En estos coupages la casta sudafricana debe ser mayoritaria y habitualmente se acompaña de variedades francesas, en una nada exitosa reinterpretación de los tintos del Ródano.


DE TRAFFORD ELEVATION 393 2012
WO. Stellenbosch. Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc (32-31-19-18). Crianza durante 23 meses en barrica nueva. Nariz rica en balsámicos y mentolados, con una marcada presencia de piracinas. Como es lógico con ese ensamblaje tan multitudinario, carece por completo de tipicidad varietal. Tampoco goza de identidad geográfica, un estilo muy bordelés que no permite reconocerlo como un vino de Nuevo Mundo, lo cual casi nos parece más un halago que una crítica. Bien elaborado.


Damos por terminado este viaje tan interesante como intenso por tierras sudafricanas. Agradecemos una vez más a Grape Bebop la posibilidad de darnos a conocer vinos procedentes del otro lado del mundo con la comodidad añadida de poder realizarlo sin tener que desplazarnos fuera de nuestra ciudad.

Próximo destino: Hungría


NOTA: Para la redacción del presente artículo nos hemos ayudado de la información proporcionada por Grape Bebop durante nuestra asistencia al seminario, así como de algunas imágenes compartidas en redes sociales, en particular imágenes de ciertas etiquetas, imprescindibles en nuestra opinión para documentar adecuadamente los vinos catados. Nuestro más sincero agradecimiento.