martes, 24 de septiembre de 2013

> La arquitectura del vino


Escultura homenaje al vendimiador. Al fondo, Marqués de Riscal (Elciego)

El mundo del vino tiene cada vez más ramificaciones y variantes. Es lo que ya hemos comentado en otras ocasiones el "valor añadido", esas características diferenciadoras entre unas bodegas y otras. Las actividades de enoturismo, los etiquetados, la presencia comercial, la organización de desfiles de moda... forman parte de este complejo mundo. Algunas bodegas, generalmente de renombre, optan por dar un paso más y deciden realizar inversiones millonarias en proyectos arquitectónicos que den a su marca un carácter exclusivo y único. Se trata evidentemente de algo al alcance de muy pocos. Ese es su fin último. No consiste en construir un edificio para elaborar convenientemente vino, lo que se persigue es configurar una seña de identidad, y que en el selecto universo del vino se asocie de manera indisoluble a esa bodega con ese edificio, y por añadidura, con ese arquitecto famoso a nivel mundial.

En los últimos años hemos asistido a una verdadera eclosión de proyectos arquitectónicos vinculados a bodegas, sin salirnos de la DOC Rioja, y más adelante hablaremos de algunos de ellos, pero no podemos dejar pasar la ocasión de remontarnos unas décadas en la historia.


Pasado y presente en Haro 

En la localidad riojana de Haro, más concretamente en el llamado Barrio de La Estación, tuvimos ocasión hace unos meses de visitar Bodegas CVNE (Compañía Vinícola del Norte de España). Los diversos edificios de esta bodega se ubican en torno a una plaza adoquinada y ajardinada muy acogedora, que le da al conjunto un aspecto como de patio de vecinos, por algo recibe el nombre de  "La aldea del vino". Uno de esos edificios es una nave destinada a la crianza en barricas, pero no es una nave cualquiera. Se trata de una nave de 800 m2 sin una sola columna, algo relativamente frecuente en las construcciones actuales, pero su virtud radica en la fecha de construcción. Esa nave fue construida hace más de 100 años, concretamente en 1909, y el responsable de esa maravilla arquitectónica de principios del siglo XX es nada menos que Gustave Eiffel, arquitecto francés que ha pasado a la historia por la construcción de la torre parisina que lleva su nombre, pero cuyos trabajos en bodegas son absolutamente desconocidos, y que no se limitan a esta nave de CVNE en Haro, pues con anterioridad ya había participado en el diseño de la Real Bodega de la Concha de Jerez (Cádiz).

Interior de la Nave Eiffel de Bodegas CVNE (Haro)


Sin movernos de Haro, tan solo a unos cientos de metros de  Bodegas CVNE, realizamos ese mismo fin de semana una de las visitas que más interés despertó en nosotros, por la calidad de sus vinos, por su renombre y por su apego a la tradición vitivinícola de esa zona geográfica. Nos referimos a Bodegas López de Heredia. El acceso a la zona visitable se inicia en una sala-tienda enormemente peculiar. Se trata de una modernísima construcción diseñada por Zaha Hadid, famosa arquitecta de orígen iraquí afincada en Londres autora, entre muchas otras obras, del pabellón Puente de la Exposición Internacional de Zaragoza de 2008. 

Pabellón Puente Expo Zaragoza 2008

La obra de Hadid para López de Heredia tiene desde el frente la forma de un decantador de vino construido en acero y cristal. El interior es de un blanco inmaculado y el diseño de los asientos que nos reciben a ambos lados una vez hemos franqueado la entrada nos recuerda vagamente a la película de Stanley Kubrick "2001: odisea en el espacio". Las sorpresas aún no han acabado. Al fondo de la sala-decantador nos sorprende la silueta de un stand de maderas nobles, con tallas y espejos, a cuya presencia no somos capaces de encontrar explicación hasta que, amablemente, alguien de la bodega, nos informa. 

Acceso al área de visitas Bodegas López de Heredia (Haro)

Con motivo del 125 aniversario de la creación de la bodega, se decidió restaurar el stand que allá por 1910 sirvió como presentación de Bodegas López de Heredia en la Exposición Universal e Internacional de Bruselas y en la de Buenos Aires del mismo año. Dicho stand, joya artesanal en madera de principios del siglo XX, una vez restaurado se decidió que sería presentado en la Feria Alimentaria de Barcelona en 2002, pero como debía ser ubicado en el exterior se solicitaron los servicios de Hadid para que construyera, tal y como ella misma dice en su página web, "una nueva botella para un viejo vino". El resultado habla por sí mismo y no deja indiferente a nadie.

Interior de la obra de Zaha Hadid para Bodegas López de Heredia 

Mimetismo paisajístico en Laguardia 

En una entrada anterior ya comentamos largo y tendido la relación entre Bodegas Ysios y Santiago Calatrava, arquitecto español de renombre autor de obras como la Ciudad de las Artes y las Ciencias de su Valencia natal. 


Bodegas Ysios. Al fondo, la Sierra de Cantabria

Fachada frontal de Bodegas Ysios

Calatrava ha logrado algo verdaderamente difícil: amalgamar, fusionar, integrar su preciosa obra arquitectónica en el paisaje, pero sin violentarlo, sin perturbar la armonía de la magnífica Sierra de Cantabria que se observa al fondo y que le sirvió de inspiración en el diseño. Se mire por donde se  mire, en Ysios no hay una sola línea recta, es más, ni siquiera hay columnas en el interior. El tejado, el mismo que ha generado tantos quebraderos de cabeza, se sostiene exclusivamente repartiendo el peso en los muros laterales, los cuales por supuesto tampoco son rectos. Equilibrio físico al máximo. Prestidigitación arquitectónica. El arte moderno en simbiosis con la tradición más apegada a la tierra. Absolutamente sublime.


El futuro invade Elciego 

La villa de Elciego tiene una honda tradición vitivinícola. Cerca de una veintena de bodegas están asentadas, algunas desde hace siglos, en Elciego. Existe sin embargo un punto de inflexión, un antes y un después, en el instante en que en Bodegas Marqués de Riscal se decide la construcción de su afamada "Ciudad del Vino", proyecto que fue encargado al arquitecto canadiense Frank Gehry, autor igualmente del Museo Guggenheim de Bilbao.


Museo Guggenheim (Bilbao)
Se dice que Gehry no estaba inicialmente dispuesto a aceptar el encargo, pero en el curso de un encuentro con los representantes de la bodega, fue agasajado con el descorche, más bien "degüelle" (ya comentaremos este detalle en otra ocasión) de una botella de vino del año de su nacimiento (1929) y tras su degustación no pudo más que aceptar el proyecto. La vinculación de Gehry con Marqués de Riscal continúa a día de hoy, pues la bodega tiene en el mercado un vino Reserva Selección 2001 con el nombre del arquitecto. De bien nacidos es ser agradecidos.



Marqués de Riscal (Elciego)

La obra de Gehry para Marqués de Riscal se parece... Bueno, en realidad no se parece a nada. Todo lo más se parece a otras obras de Gehry, pero intentar encontrar semejanzas con objetos cotidianos del planeta Tierra es complicado. Simbologías sí, muchas. Por ejemplo, los colores elegidos para decorar la cubierta de titanio (rosa, oro y plata) simbolizan, respectivamente, el vino (rosa), la malla que recubre las botellas de Marqués de Riscal (oro) y la cápsula de las mismas (plata). Hablar de las formas ya es otro cantar... Sus defensores, enamorados de la fusión de estilismos, argumentan que el moderno edificio que acoge el hotel contrasta elegantemente con la bodega original diseñada en 1858, con los viñedos y con las construcciones tradicionales de Elciego. Sus detractores no opinan igual. De nuevo en este tema, como es habitual en el complejo mundo del vino, todo es cuestión de gustos.

Cuando realizamos la visita a Bodegas Marqués de Riscal en 2010, no tuvimos ocasión de ver el hotel por dentro. Y a decir verdad, por cuestiones de agenda y por otros motivos que  no vienen al caso, no nos hemos decidido a intentarlo de nuevo. Con sinceridad creemos que para valorar convenientemente la obra de Gehry deberíamos pasar un fin de semana completo allí, haciendo uso por supuesto del restaurante y del spa de vinoterapia. Prometemos compartir nuestras vivencias en este blog, de manera que quien desee realizar alguna aportación económica que contribuya a sufragar tal dispendio, puede con toda confianza, ponerse en contacto con nosotros.


Más bodegas singulares

En la Denominación de Origen Rioja la lista podría ser interminable. En Logroño podemos destacar Bodegas Olarra, Bodegas Darien y Bodegas Juan Alcorta. En Laguardia Viña Real-CVNE, obra del francés Philippe Maziéres. En Samaniego Bodegas Baigorri de Iñaki Aspiazu.


Bodegas Darien (Logroño)

Bodegas Juan Alcorta (Logroño)


Bodegas Baigorri (Samaniego)

En Ribera del Duero también hay casos notables. Bodegas Portia de Norman Foster, Bodegas Protos de Richard Rogers, Chivite de Rafael Moneo...


Bodegas Portia

Bodegas Protos

En resumen, una maravilla. El inagotable abanico de posibilidades visitables para el enoturista nos lleva a una sola conclusión: ¡cuánto trabajo nos queda...!


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viernes, 20 de septiembre de 2013

> Recuerdos de alta mar: Paternina Banda Azul


Paternina Banda Azul 2008 (Izda) y 2009 (Dcha)

Después de haberlo tomado por última vez en el marco de una celebración familiar, tumultuosa como casi siempre, maridado con unos entrantes y un asado, nos decidimos a repetir la degustación del más que conocido Paternina Banda Azul, en esta ocasión en la intimidad del hogar, lugar donde habitualmente nos desenvolvemos mucho mejor en materia de vinos, algo alejados de conversaciones múltiples y sin la exigencia de evaluar en público un vino que además había sido elegido por nosotros.

En este sentido nos animamos a realizar una "cata vertical" aunque poco ambiciosa, limitándonos a dos añadas 2008 y 2009 del citado vino de Bodegas Paternina, y comenzamos por orden cronológico descorchando el Paternina Banda Azul 2008. Quizás no fuera el momento adecuado, pues lo hicimos después de haber cenado y sin maridaje alguno. Abrimos la botella y servimos casi inmediatamente una copa. 

Las prisas... malas consejeras

Visualmente encontramos lo esperado: color picota con ribete más malva que anaranjado, lágrima media... buen aspecto de Rioja clásico. En fase olfativa no apreciamos gran cosa, un vino muy cerrado. En boca, sin embargo, la experiencia no pudo ser más nefasta: una súbita explosión de sabores casi ninguno agradable se adueñó de nuestras papilas: ácido, picante, amargo (¿?). Interpretamos que el error fue nuestro. Un vino que ha pasado 18 meses en barrica y más de 2 años encerrado en una botella se merece el beneficio de un respiro, de un soplo de oxígeno, y nosotros no se lo dimos. Una gran equivocación por nuestra parte. Sinceramente, a punto estuvimos de desechar la botella.

Pero somos personas pacientes y templadas. Decidimos reservar la botella y lo intentamos al día siguiente, pero en esta ocasión, planteamos mejor el asunto. Un tiempo de oxigenación prudencial y un maridaje sencillo (tortilla de patata, embutidos y quesos) arrojaron un resultado bien distinto. En nariz mejoró algo, tal vez no lo suficiente, sacando sutiles aromas de fruta madura y algo de madera. Las grandes mutaciones se dieron en boca: lácticos, sabores de crianza, tostados, un final muy especiado (como a pimienta blanca en la punta de la lengua) y un postgusto largo empañado por una astringencia quizás excesiva a nuestro entender.
Al menos habíamos reconducido la situación...

Banda Azul 2008 (izda) y 2009 (dcha)

Banda Azul 2009: cambio de imagen

Las diferencias con su hermano del 2008 comienzan (y casi terminan) en el etiquetado, con una imagen más actual sigue sin perder el clasicismo imperante en Bodegas Paternina y que constituye una de sus señas de identidad. La cápsula ha perdido su ribete azul inferior y la etiqueta ha ganado en dimensiones, pasando a ocupar la totalidad del frontal de la botella. La contraetiqueta incorpora notas de cata más detalladas, breves y casi ausentes en el de 2008, y desde luego persiste aunque modernizada la banda azul cruzada que da nombre al vino, en memoria de los canteros gallegos que excavaron a pico y pala los calados de Bodegas Paternina en Ollauri.

La cata no varía en exceso. Visualmente el color tiende más al granate y de capa más baja. En nariz aparece más fruta madura y las notas de crianza en madera son menos evidentes. En boca es más redondo aunque los taninos siguen sin limarse del todo y traen a la mente la garnacha, omnipresente en muchos vinos de Rioja por el influjo de los gustos del guru del vino Robert Parker y sus críticas tan favorables hacia la mencionada variedad de uva.

Y para terminar, la anécdota...

En Septiembre de 2010 disfrutamos de un crucero por el Canal de La Mancha en compañía de unos amigos de Cantabria igualmente aficionados al mundo del vino. El viaje en cuestión incluía cada noche un vino diferente, de distintas denominaciones de origen todas españolas, para acompañar la cena. El primero de ellos no resultó demasiado satisfactorio, de hecho su nombre lo olvidamos en el mismo instante en que nos levantamos de la mesa, con la esperanza de que el siguiente fuera mejor.

Uno de los camareros asignados a nuestra mesa era un brasileño simpatiquísimo de nombre Ederson, a quien por su característica pigmentación capilar de origen natural todos sus compañeros llamaban Fosforito.

El Mistral, un viejo conocido

La segunda noche el vino que se sirvió fue el Paternina Banda Azul, e inmediatamente vimos la luz. Al terminar la cena, hablamos discretamente con Fosforito y le deslizamos la posibilidad de que "distrajera" unas cuantas botellas del Banda Azul para las noches sucesivas. Con el fin de no levantar suspicacias en sus superiores, cada noche nos ofrecía probar el vino digamos "oficial", y ante nuestra esperada respuesta desfavorable, nos servía el Paternina que tenía "fuera de servicio" en el rincón de un armario reservado para nosotros. Ni una sola noche faltó a su compromiso y nosotros, desde luego, se lo agradecimos con una buena propina al finalizar el crucero.

Hemos realizado ya unos cuantos cruceros, y sin embargo no conseguimos recordar más que a unos cuantos de los camareros que nos atendieron. El servicio siempre es excepcional, correcto y profesional, pero al corazón de la gente se llega por detalles de ese tipo, por formas de ser, por empatía. Son lo que nosotros acostumbramos a llamar "detalles de calidad" de un viaje. Y es que en el fondo, por muchos lujos que se pongan a nuestro alcance, lo importante siguen siendo las personas. Y es lo que se recuerda durante muchos años.

Un fuerte abrazo, Fosforito...

No hay duda alguna. Fosforito, el segundo por la izquierda
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> Falsedades y falacias



El mundo del vino está trufado de mitos, leyendas y costumbres, algunas casi atávicas que se remontan incluso a generaciones pasadas. Se ha evolucionado mucho, pero en el inconsciente colectivo perduran algunas ideas, muchas de ellas erróneas, que han encontrado un fuerte arraigo y cuesta desterrar, hasta tal punto que tener una opinión contraria a ellas puede ser catalogado de excéntrico o caprichoso.

Veamos algunas de estas falsedades y falacias.


Termómetro para vinos


1.- EL VINO TINTO SE SIRVE A TEMPERATURA AMBIENTE
Evidentemente depende de cuál sea esta temperatura que denominamos “ambiente”. No es lo mismo estar sentados en una terraza en un día caluroso que estar en interior con temperatura controlada. Hoy en día lo habitual es que los restaurantes dispongan de cavas refrigeradas que permiten servir el vino a una temperatura óptima para su consumo. Dos detalles a tener en cuenta: el primero es la temperatura de las copas, si ésta es elevada hará subir rápidamente la del vino que sirvamos en ellas. El segundo detalle es, obviamente, la temperatura ambiente, la cual hará sin duda subir la temperatura del vino dentro de la botella a lo largo del tiempo que dure la comida.

2.- SÓLO SE REFRIGERAN LOS VINOS BLANCOS Y ROSADOS
Estos dos tipos de vinos junto con los espumosos tienen una temperatura de consumo inferior a los tintos. Por tanto el uso de alguna técnica que los mantenga refrigerados es imprescindible para poder disfrutarlos adecuadamente. En general existen dos métodos para lograrlo: el más extendido es la cubitera con hielo y agua, en nuestra opinión el más efectivo y el más elegante, siempre y cuando se nos proporcione un paño o servilleta para evitar goteos indeseados. El nivel del agua debe ser lo suficientemente elevado como para cubrir todo el vino que quede en la botella, o de lo contrario su efectividad es significativamente menor. El segundo método es, sin duda, estéticamente menos atractivo y significativamente menos romántico. Consiste en la colocación en torno a la botella de una funda refrigerante de tela o plástico, que si bien suele ser efectiva, tiene el inconveniente de ocultar la botella, lo cual además de ser un detalle de escaso gusto, tiene un efecto democratizador en todas las mesas, de manera tal que da la sensación de que todos los comensales del restaurante estamos tomando el mismo vino, y en este tema nos parece justo que sigan existiendo diferencias, pues de ellas se aprende y se sacan conclusiones.

Relacionando este párrafo con el anterior, no debemos dudar en solicitar una cubitera si consideramos que la temperatura de nuestro vino se está elevando más de la cuenta, incluso si nuestro vino es un tinto.



Skyline de Zaragoza desde la margen izquierda del río Ebro a su paso por la ciudad


3.- CUANTA MÁS GRADUACIÓN, MEJOR ES EL VINO
Atavismo telúrico típicamente aragonés, como refleja bien a las claras la frase: “Este vino tiene dos grados menos que el agua del Ebro”. Creemos y deseamos que si no es esta generación, con seguridad la siguiente conseguirá superar de manera definitiva este tipo de formas de pensar. Sin comentarios.

4.- PROBAR EL VINO EN UN RESTAURANTE ES UNA EXCENTRICIDAD
En absoluto se trata de un esnobismo. Tan erróneo es indicar al camarero que sirva el vino sin probarlo como intentar realizar una cata completa en los escasos segundos de que se dispone en esa situación. Debe probarse por dos motivos: el primero es para comprobar la temperatura y decidir si solicitaremos refrigerarlo o no. El segundo motivo es comprobar la ausencia de defectos en el vino, principalmente aromas o sabores anómalos (corcho, humedades, picantes, acético, metálico) que nos obliguen a rechazarlo. En esta sencilla cata que según nuestro criterio debe ser más olfativa que gustativa, apenas nos mojaremos los labios para intentar, si los hubiera, detectar esos defectos. En nuestra opinión la primera copa de una botella no suele ser la que más nos agrada. Como el título de este blog indica, preferimos dejar pasar un tiempo, esperar que el vino se abra y despliegue su potencial aromático, e incluso comparar su sabor con los diferentes platos, porque en ocasiones suele ayudar a cambiar opiniones que en el inicio eran diferentes.


Copas tipo Borgoña (izda) y Burdeos (centro y dcha)
    

5.- LA COPA NO ES IMPORTANTE
Efectivamente la copa no es importante… es vital. Sirvamos un vino soberbio en una copa inadecuada y habremos condenado al vino a la mediocridad. Por el contrario, hagamos lo mismo con un vino no demasiado bueno y lo elevaremos varios peldaños en su categoría. La copa debe ser, en primer lugar, una copa. Otro atavismo superado, gracias a Dios, es el del “vaso de vino”. El vino siempre en copa, de cristal y sin color alguno. En tiempos existían copas de colores (amarillo, verde, azul…¡morado!), moda que ha pasado a la historia y confiamos en que no regrese jamás. Decíamos pues copa de cristal sin color, de gran tamaño, de manera que nos permita hacer girar el vino en su interior e inclinarlo para evaluar su color, su ribete, su lágrima… y con boca amplia para poder percibir y extraer los aromas. Nuestras preferidas son las de tipo Burdeos y Borgoña.
La copa que aparece en la fotografía de la cabecera del blog no es precisamente la que más nos gusta, pero hay una explicación. En nuestra visita a Bodegas López de Heredia-Viña Tondonia (Haro) se utilizó ese tipo de copa durante la cata porque el autor del diseño de la misma es uno de los descendientes directos de D. Rafael López de Heredia, fundador de la bodega a finales del siglo XIX. Cosas de familia...

6.- NUNCA SE DEBE MARIDAR UN TINTO CON PESCADO
De entrada, no estamos de acuerdo. No obstante habrá que valorar de qué vino tinto se trata y con qué tipo de pescado pretendemos maridarlo. En general debería ser un tinto joven o un crianza con predominio de la fruta, aunque excepcionalmente podremos disfrutar de reservas bien estructurados como acompañamiento a guisos de pescado algo más contundentes. Se me ocurre el Esencia de Ysios, una delicia en nariz y en boca.
Hace unas semanas disfrutamos de un FOS Crianza en una cena en la que se sirvieron gambones a la plancha, lomo de merluza a la parrilla y codillo de cerdo al horno, con un resultado excelente. Un Cune Crianza hubiera sido igualmente satisfactorio. Quizás vinos de corte más clásico no hubieran sido tan adecuados. Pero todo es cuestión de gustos. Siempre habrá quien prefiera un blanco o un rosado.

7.- LA PRESENCIA DE SEDIMENTO ES UN DEFECTO DEL VINO
No siempre es así. Según la cantidad del mismo puede considerarse defecto o no. Algunas bodegas lo hacen constar en su etiquetado como un hallazgo probable derivado de su sistema de elaboración. En ningún caso es indicativo de que el vino no esté apto para el consumo. Llegado el caso, tampoco es que sea un signo en sí mismo de buena calidad del vino. En previsión de la aparición de sedimento, no es aconsejable apurar la parte final de la botella y si se espera encontrar sedimento lo más correcto sería emplear un decantador. No tiene mayor importancia, pero en nuestra opinión, por estética y presencia, debemos evitar que el sedimento llegue a las copas: su destino es quedarse en la botella o todo lo más en el decantador.


Botella decantadora


8.- LOS GRANDES VINOS DEBEN DECANTARSE
En relación con el párrafo anterior, puede considerarse adecuado si se espera encontrar sedimento, pero como regla general no debe decantarse el vino por costumbre, ni siquiera los grandes reservas, a menos que por algún motivo consideremos que es necesario hacerlo, por ejemplo si se desea que el vino "respire" un tiempo antes de servirlo, pues de poco sirve limitarnos a descorchar la botella ya que la superficie que dejamos libre en contacto con el aire es mínima (aproximadamente el diámetro del corcho).
Evidentemente de ningún modo es aceptable hurtar al comensal la posibilidad de ver la botella con la excusa de decantar el vino.

9.- ENVINAR LAS COPAS NO SIRVE DE NADA
Cuando se habla de “envinar” las copas, nos referimos a la acción consistente en verter una pequeña cantidad de vino en cada copa. Ese vino se mueve en su interior durante un tiempo y después se desecha, lográndose así que los aromas se vayan adhiriendo al cristal y al mismo tiempo se adapta la temperatura de las copas a la del vino, permitiendo que cuando se sirva la primera copa el vino esté listo para ser degustado. Es una acción que realiza el sumiller a la vista del cliente pero generalmente en una mesa aparte, y le permite detectar algún defecto en el vino antes de ofrecerlo al comensal. Por supuesto que tiene utilidad y sirve, pero forma parte de la liturgia más elevada y sofisticada del vino, reservada casi exclusivamente para los vinos de más alto valor.

Etiquetas de los consejos reguladores de Ribera del Duero y Rioja

10.- LA ELECCIÓN DE UN VINO ES UNA CUESTIÓN DE FE
Las dos principales denominaciones de origen en España, por producción y calidad, son La Rioja y Ribera del Duero. Existe lógicamente una gran rivalidad entre ellas, tanto en el mercado nacional como en el de exportación. La que tradicionalmente ha sido más puntera es La Rioja, pero desde hace unos cuantos años, Ribera del Duero le ha alcanzado e incluso superado en aceptación por parte del consumidor. De esta sana rivalidad se ha derivado una especie de divergencia social, de manera que podemos encontrarnos con “riojistas” y “riberistas”, defensores acérrimos de su denominación de orígen. Todos tenemos nuestras preferencias, pero hacer de la elección de un vino una cuestión de fe, es llegar demasiado lejos. Tanto en Rioja como en Ribera del Duero hay vinos buenos, malos y regulares. Debemos tener cierta altura de miras y estar dispuestos a dejarnos aconsejar. 

Todos los días podemos aprender algo.

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lunes, 16 de septiembre de 2013

> Chollos DOC La Rioja




La cotidianidad tiene el riesgo de impedir la correcta apreciación de la belleza.

Del mismo modo que si residiéramos en el Parque Nacional de Ordesa podríamos llegar a no apreciar convenientemente su maravilloso paisaje, el consumo habitual y diario de vinos excelentes podría llevarnos a infravalorarlos o a no disfrutarlos en su totalidad. Por regla general, no solemos degustar con frecuencia vinos del nivel de Marqués de Riscal o Viña Tondonia, en parte porque su precio no permite un consumo diario.

Quizás lo más adecuado sea adaptar la elección del vino al momento, a la comida, a la compañía y a la disponibilidad de cada uno. Los crianzas son los vinos estadísticamente más consumidos, ligeramente por encima de los jóvenes y desde luego a una gran distancia de los reservas y grandes reservas, vinos estos últimos con un mercado mucho más limitado, tanto por preferencias del consumidor como por precio.

No es imposible disfrutar de buenos vinos de Rioja sin realizar una gran inversión. Hoy nos vamos a ir de compras a una gran superficie, donde con un poco de tiempo y paciencia, seremos capaces de encontrar varios vinos jóvenes de Rioja a un precio muy asequible. No proporcionaremos notas de cata, ni maridajes, ni variedades de uva… Son vinos sin pretensiones, agradables, fáciles y amables de tomar, incluso a diario, con platos sencillos y que pueden ser los acompañantes ideales, por ejemplo, de un almuerzo a base de huevos fritos con jamón.

A continuación nuestras propuestas, ordenadas de menor a mayor precio, sin superar el límite de los 3Eur.


  • CHICOA
Bodegas Ntra. Sra. de la Antigua. Desde 1999.
PVP 1,48Eur
Nájera (Rioja Alta)


  • ORDATE
Bodegas Gloria Santamaría López
PVP 1,68Eur
Lapuebla de Labarca (Rioja Alavesa)


  • ANTAÑO
Bodegas García Carrión
PVP 2,29Eur
Labastida (Rioja Alavesa)


  • ROMERAL
Bodegas AGE. Desde 1881. Grupo Domecq.
PVP 2,52Eur
Fuenmayor (Rioja Alta)


  • VIÑA AMATE
Viñedos de Aldeanueva Sdad. Cooperativa-VASC
PVP 2,54Eur
Aldeanueva de Ebro (Rioja Baja)


  • CAMPO VIEJO
Bodegas Campo Viejo. Grupo Domecq.
PVP 2,98Eur
Logroño (Rioja Baja)




Los tres primeros vinos son los que hemos probado en más ocasiones. Chicoa tuvo unos años muy buenos aproximadamente hasta 2010, los últimos en cambio hemos apreciado una disminución de su aroma y sabor, simultáneamente a la reducción de calidad de su botella. Aún resulta competitivo por su bajo precio. Ordate es sin embargo todo continuidad, a pesar de su etiqueta y su corcho de baja calidad, apenas modifica su sabor año tras año, es un vino-refugio, un valor seguro para tener en casa, y su precio invita a hacerlo. Nuestro preferido es Antaño, su relación calidad-precio es excelente, su sabor siempre fresco y agradable, su continuidad en cada año correcta: desde luego no parece un vino de ese precio, tranquilamente podría venderse por el doble. Espero que en García-Carrión no lean este blog.



Romeral y Campo Viejo los hemos probado un par de veces, son correctos para su precio sobre todo el primero, pero no podemos sacar más conclusiones. Solamente hemos podido tomar Viña Amate en una ocasión, hace bastante tiempo. La procedencia geográfica sí que es un detalle importante: cuando nos queremos mover en esta franja de precios bajos, la ubicación de los viñedos  gana relevancia, y en esta materia la Rioja Alavesa aventaja a la Rioja Alta y no digamos a la Rioja Baja.

Por último queremos recordar que se trata de vinos jóvenes, con un consumo limitado en el tiempo. Este detalle es importante, pues no debemos dejarnos llevar por la tentación de adquirir algún vino a precio aún menor, sin antes comprobar la añada de que se trata y que nos encontramos todavía dentro del periodo de consumo aconsejado, el cual para los vinos jóvenes es de 12 meses.

Siempre es posible encontrar buenas oportunidades, pero hay que tener en cuenta que nadie da “duros a cuatro pesetas”.

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jueves, 12 de septiembre de 2013

> Vergüenza ajena



Imagen panorámica del lugar de los hechos


Para no hacer el ridículo, lo mejor es no saber... que se está haciendo el ridículo.

Sería hacia mediados de Diciembre del año 2005. Como en muchas otras ocasiones, para celebrar nuestro aniversario decidimos salir a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad de Zaragoza. No es que fuéramos clientes habituales, pero ya habíamos ido en alguna ocasión y con posterioridad hemos seguido disfrutando de su magnífica cocina y su exquisito servicio. Recogieron nuestros abrigos y nos acompañaron a nuestra mesa, con toda atención y esmero. Ordenamos nuestra cena (y nuestro vino) y nos dispusimos a disfrutar. Todo era perfecto. Iba a ser una gran velada romántica. El marco era incomparable: la luz tenue, la música suave, las conversaciones en voz baja, las confidencias... Una magnífica celebración de aniversario.

Al poco tiempo, cuando nosotros ya íbamos por el entrante, llegó otra pareja aproximadamente de nuestra edad. En este restaurante (y me da la sensación de que también en muchos otros) para evitar una imagen de dispersión, se tiene por costumbre ir ubicando a los comensales en mesas más o menos cercanas unas de otras. Los recién llegados fueron acomodados en la mesa contigua a la nuestra. Intercambiamos saludos corteses y tomaron asiento. El maitre les dejó la carta y, pasado un tiempo prudencial volvió a tomar nota de la comanda. Les preguntó si iban a tomar vino, y tras su afirmativa respuesta, les dejó la Carta de Vinos.

Para quien no lo conozca, diré que la Carta de Vinos (con mayúscula) de este establecimiento se encuentra a mitad de camino entre la guía de teléfonos de la ciudad de Tokio y la Enciclopedia Británica en su versión más extensa. Acostumbrados a las cartas de vinos habituales, que suelen ser la última hoja de la carta general del restaurante, normalmente con poco más de una docena de vinos, la Carta de Vinos de este restaurante en cuestión cuando menos sorprende y mucho. En realidad es un libro de aproximadamente 200 hojas en el que se recogen vinos de todo el mundo, ordenados por tipos de vino, variedades de uva, añadas, denominaciones de origen, países y no sé cuántas cosas más. Aproximadamente se recogen 1700 referencias. No conozco nada igual ni por aproximación.

El sumiller, responsable de esa maravilla, puede que sea una de las personas más versadas en materia de vinos de todo Aragón y tal vez de España. Educadísimo en el trato e impecable en el servicio, con una estética muy peculiar que le da un aire ligeramente decimonónico,  como de 1850 decenio más decenio menos, y suele estar encantado de proporcionar información completa a todo aquel comensal que se la solicite, acerca de características del suelo, métodos de elaboración, pluviometría, horas de insolación, notas de cata, maridaje... en relación al vino que se esté tomando.

Pero volvamos a nuestros vecinos de mesa, que demoraban bastante la elección de su vino. Pasaban hojas hacia adelante y volvían hacia atrás, hablaban el uno con el otro y me pareció escuchar algo así como: "pues no lo encuentro...". Irremediablemente el sumiller acabó por ir a preguntarles qué vino deseaban para acompañar su cena. Y la respuesta sonó como una explosión: "buscábamos uno pero no está en la carta...". El sumiller dio un respingo y en ese mismo momento es cuando desplegué toda mi capacidad auditiva para no perderme detalle del asunto. Aquello era una afrenta, un reto profesional de enormes dimensiones. Es posible que algún vino esté agotado, o descatalogado, o sea una rareza, pero que no aparezca en esa Carta de Vinos es imposible. Si un vino no aparece en esa carta es que no existe, ni ha existido jamás.

El sumiller, medio aturdido, preguntó casi con un hilo de voz, cuál era el nombre de ese vino que los señores no encontraban en la carta, a lo cual le respondieron: "Barón de Urzande...". En esta ocasión el respingo lo dimos al unísono el sumiller y yo. Incluso debí de emitir algún tipo de sonido extraño, porque mi mujer me preguntó si me encontraba bien. Yo empecé a hacerle a ella todo tipo de señas, como si estuviéramos jugando al mus, invitándole a ser mi  cómplice de la situación en la mesa de al lado. 

Para quien desconozca las características de ese vino y sobre todo la titularidad de la marca, puede leerlo aquí.

Etiqueta del vino protagonista. Léase con detalle.

El sumiller, un caballero de la cabeza a los pies y un profesional como la copa de un pino, les indicó que efectivamente ese vino no figuraba en la carta. Bueno, en realidad les dijo que no lo conocía, una mentira piadosa a todas luces. Incluso les sugirió la posibilidad de que estuvieran en un error y se hubieran confundido de nombre. Introdujo en la conversación otros vinos como el Solar de Urbezo, el Marqués de Arienzo y otros con nombres fonéticamente similares, con el fin de darles a sus clientes una salida honrosa. Al menos seis títulos nobiliarios entre marqueses, condes y barones se sumaron a la lista de candidatos. Pero ellos se mantuvieron firmes: querían el Barón de Urzande porque lo habían probado en casa de unos conocidos y les había gustado mucho. Nuestro amigo el sumiller (a estas alturas ya existía cierta conexión entre su mente y la mía)  decidió cambiar de táctica. Se mesó los cabellos, se atusó el bigote y simuló recordar algo. Sentenció, como dejándolo caer, "debe de ser un vino para exportación que no se comercializa en el mercado nacional...". Fue algo místico, mágico, milagroso. En ese momento todos dieron por buena esa explicación, falsa de cabo a rabo (como bien sabíamos el sumiller, mi mujer y yo), pero que permitía llegar a un acuerdo final sin daños.

Hombre de recursos, el sumiller se permitió aconsejar a nuestros vecinos, un vino chileno procedente de viñedos cultivados en las márgenes orográficas del desierto de Atacama, a no sé cuántos metros de altitud y con unas características magníficas para... 

A partir de ese instante desconecté el modo de escucha y, entre el sonrojo y la sonrisa, continuamos disfrutando de nuestra cena.

Recordamos en numerosas ocasiones esta situación, que además permite sacar conclusiones, porque después de todo, nadie salió perjudicado. El sumiller conservó íntegro su prestigio y nuestros vecinos de mesa se marcharon satisfechos de haber pedido un vino exclusivo y de haber probado otro, que por sus gestos no debía de estar mal.

Lo que nunca supimos es lo que pagaron por la botella de vino chileno...


miércoles, 11 de septiembre de 2013

> El arte de hacer vino


La alquimia de la uva

Si lo analizamos serenamente, la elaboración del vino tiene un halo misterioso. Parece magia que dejando en el interior de un recipiente unas frutas aplastadas se consiga obtener, pasado un tiempo y con alguna que otra acción posterior, algo tan delicioso como el vino.   Los alquimistas medievales podrían ser los enólogos de hoy en día.

Tecnológicamente se ha avanzado mucho en este sentido. Sin embargo aún sobreviven algunas pocas bodegas que perseveran en sus principios de elaborar el vino como lo hacían sus antepasados. Unas son de tipo familiar, cuyo vino dedican casi totalmente al autoconsumo, pero otras se han posicionado en el mercado con un valor añadido: la elaboración artesanal.



Bodegas Viñadores Artesanos (Elciego)

En 1984 dos socios D. Simeón Martínez Monje y D. Javier Diez-Caballero adquirieron una bodega del siglo XVII donde comenzaron a elaborar sus propios vinos, procedentes en su mayoría de uvas de viñedos propios ubicados en Elciego. Tras la ampliación realizada en 1985, en el año 1987 iniciaron los procedimientos de crianza y surgieron sus marcas comerciales Viñadores Artesanos y Heredad de UstaránEn 2008 es la familia Martínez-Santos la que adquiere la totalidad de la propiedad de la bodega.

La elaboración de sus vinos es totalmente artesanal, empleando para la fermentación la técnica de “lagos abiertos”, depósitos de hormigón habitualmente con abertura superior, pero siempre en el interior de calados subterráneos capaces de mantener constantes la temperatura y la humedad. Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de visitar una bodega familiar en el casco antiguo de Laguardia (Bodegas Carlos San Pedro) donde pudimos aprender la forma de trabajo absolutamente tradicional con que se elabora este tipo de vinos.






Viñadores Artesanos emplean para el envejecimiento de sus vinos barricas de roble francés, americano y húngaro. El uso de éste último, el roble húngaro, parece estar al alza en Rioja Alavesa, tal vez porque aporte al vino aromas y sabores novedosos, tal vez por precio, tal vez por ambas cosas.

Además del crianza que aquí nos ocupa, otros vinos elaborados por Viñadores Artesanos son un tinto joven, un reserva y un vino de autor (Barón de Laas). No elaboran vinos blancos, rosados ni dulces. Como amantes reconocidos de los tintos, particularmente no echamos de menos a ninguno de los otros tres.



Heredad de Ustarán Crianza 2010

Intentamos adquirir este vino en la bodega, pero no fue posible al tratarse de un sábado por la tarde. En una plaza de la misma villa de Elciego localizamos un comercio bastante curioso. Se trataba de uno de esos antiguos colmados que lo mismo venden sartenes que lana para tricotar. En la puerta tenían como reclamo un estuche de 3 botellas de nuestro ansiado vino, a un precio fantástico. Inicialmente nos pareció una ocasión única, pero una ligera observación de la etiqueta y de la añada (2007) nos reprimió de comprarlo. No fuimos capaces de encontrar ningún otro comercio. ¿Acaso no iba a ser posible comprar vino en Elciego? 

Por fortuna y como último recurso, dimos con el Hotel Villa de Elciego, en cuyo bar-recepción-comedor existe una nutrida variedad de botellas de vino a la venta, no sólo de Rioja Alavesa, y allí por fin adquirimos el Heredad de Ustarán Crianza 2010 y un Diez-Caballero Crianza 2009.

El Heredad de Ustarán Crianza 2010 se presenta con una cápsula plateada y corcho natural de buena calidad. Etiqueta en color plateado, con información acerca de la localización de los viñedos, notas de cata y mención expresa a la elaboración artesanal. Este vino se elabora en un 95% con uva tempranillo e incorpora un 5% de otras variedades autóctonas.



Visualmente es de un color rojo rubí brillante con ribete teja. Traslúcido con lágrima abundante no pigmentada. Moderadamente glicérico. El ataque en nariz presenta un algo no del todo agradable, pero rápidamente se difumina dejando paso a aromas intensos de frutos rojos maduros, notas avainilladas y lácticas. Los aromas propios de la crianza (tostados, cueros, etc) resultan suaves y cómodos. En boca despliega una acidez correcta y taninos medios muy amables. Ligeramente goloso, invita irremediablemente a tomar un poco más.  Postgusto largo y persistente. Resulta ideal como acompañamiento de arroces, tapas, pasta y quesos poco curados.
           

Conclusiones

Remontándonos a nuestros recuerdos de los vinos artesanos que probamos en Laguardia en Marzo de 2010, el reto de catar de nuevo un vino "artesano" se nos antojaba un poco cuesta arriba. Lo probamos con pudor, casi con miedo, dispuestos a encontrarnos casi con cualquier cosa... Sin embargo, una vez superado ese pequeño bache olfativo, rápidamente disipado no obstante, y que momentáneamente nos trasladó al calado subterráneo de la bodega, el vino fue adquiriendo otra categoría en nuestro paladar. Se desplegó la fruta en todo su esplendor, dignamente matizada por los sabores de la crianza y se prolongaron nuestras sensaciones en un largo retrogusto.

Al contrario que lo sucedido con otros vinos recientemente catados, como el Duquesa de la Victoria Crianza 2010 de Bodegas Valdelana, en este caso la mejor parte de la botella, desde el punto de vista gustativo, fue la parte intermedia. Con la primera copa ya hemos comentado nuestra inquietud olfativa, y a partir de la mitad de la botella la fruta fue perdiendo potencia de manera gradual.

Tiene sin embargo este vino nuestro más sincero aprobado, en primer lugar porque tomarlo resulta muy placentero, y en segundo lugar porque somos conocedores de lo dificultoso del método de elaboración artesanal del mismo.

En resumen, una grata sorpresa...

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lunes, 9 de septiembre de 2013

> Inexpresiva perfección


            No pudimos dejar de observarla.

            La Sierra de Cantabria es el magnífico telón de fondo de los viñedos que alfombran esta vaguada de la provincia de Álava y conforma el límite septentrional del Valle del Ebro en La Rioja Alavesa. Este paraje místico recorrido por el lobo ibérico en el pasado y por los vientos y las nubes desde siempre, configura una orografía única y exclusiva para el cultivo de la vid.
            Salimos de la población de Laguardia en dirección norte, buscando el desvío para visitar otra bodega y detuvimos nuestro vehículo para obtener desde la distancia una fotografía desde la distancia de la preciosa Sierra de Cantabria.
            Revisando días después la documentación, reparamos en el hecho de que casualmente el lugar en el que nos detuvimos era el acceso a otra bodega, cuyo crianza protagoniza el presente artículo.




Bodegas Vallobera: veinte años no es nada

            Bodegas Vallobera (Laguardia) es una bodega joven.  En realidad el proyecto vio la luz en el año 1987, cuando Javier San Pedro, descendiente de viticultores, empezó a comercializar, por primera vez en su familia embotellados, vinos jóvenes procedentes de viñedos propios repartidos en numerosas parcelas en Laguardia y Elciego. El salto cualitativo se produjo en el año 1992, momento en que se iniciaron los procesos de envejecimiento del vino, de modo que el primer crianza, del cual se elaboraron sólo 100 barricas, salió al mercado como perteneciente a la añada de 1992.
            Bodegas Vallobera posee en la actualidad 90 hectáreas de viñedo de uva tinta (tempranillo, garnacha y mazuelo) y blanca (viura, malvasía, Sauvignon blanc). Comercializa incluso fuera de España una amplísima gama de vinos: blancos, tintos jóvenes, crianzas, varios reservas, dulces, monovarietales de tempranillo y algunos vinos de autor. Entre lo últimos merece comentario aparte el denominado como Terrán de Vallobera, creación reciente de Javier San Pedro (hijo) con una imagen original y juvenil y un proceso de elaboración más que mimado.
            Estamos ante una bodega con un gran potencial, todavía con mucho recorrido en el futuro. Ojala que la amplitud de la gama de sus vinos no diluya la calidad de los mismos. Y es que, como decía el tango de Gardel, “veinte años no es nada…” 


Vallobera Crianza 2009

            Lo adquirimos en un comercio en Laguardia, puesto que no habíamos concertado visita en la bodega. Cápsula dorada y corcho de calidad media. Etiqueta corta en papel tipo seda, con dibujo de la puerta de acceso a al bodega y la firma de Javier San Pedro. No incorpora información de ningún tipo acerca de cata, maridaje, elaboración, etc.


            Este vino se elabora íntegramente con uva despalillada perteneciente a la variedad tempranillo y se somete a un periodo largo de maceración, en torno a 21 días, para cumplir después un envejecimiento de 14 meses en barrica de roble francés y americano, antes de su paso a botella.
            Visualmente es de un color rojo picota con ribete violáceo. Aromas no demasiado intensos de frutos rojos maduros, algunas especias y canela. Los aromas propios de la crianza (tostados, cueros, etc) pasan muy desapercibidos. En boca despliega una acidez media, taninos bien amalgamados y toques minerales. Postgusto largo y persistente aunque poco evocador.
            Intentamos diversos maridajes con este Vallobera Crianza 2009, de los cuales tan sólo podemos calificar como satisfactorio el realizado con queso tipo Camembert. Con carne asada el resultado nos pareció suficiente y con pescado francamente flojo.


Conclusiones

            En este vino nada sobra y nada falta: todo está en su sitio. En general se trata de un vino redondo, sin aristas, pero nos resulta poco expresivo. Bien ensamblado y armónico pero sin una personalidad bien definida. Buen vino que no deja huella y que no se recuerda fácilmente. Sería cruel y peyorativo decir que es “un crianza más de Rioja Alavesa”, pero insistimos, lo más probable es que pase al olvido irremediablemente, a menos que en futuras catas haya evolucionado, favorable o desfavorablemente, situación ésta última que de ningún modo deseamos.




> El vino de la rosa


Un idilio prolongado
                        
            Como dos amantes destinados a encontrarse una y otra vez a lo largo de la vida, del mismo modo, rosas y viñedos entrelazan sus destinos. El rosal y la vid constituyen una sociedad ideal. Comparten características, necesidades y expresiones.
            Ya en la antigua Persia existía la costumbre de beber los duros y agrestes vinos de la época mezclados con esencia de rosas para mejorar su sabor. En la mayoría de los viñedos de todo el mundo, se plantan rosales en las cabeceras de cada filar de vides. Evidentemente tiene un componente estético, pero también obedece a una atávica tradición, mitad religiosa y mitad científica.
            Hacia la mitad del siglo XIX se produjo en Borgoña (Francia) el primer brote de una temible enfermedad de origen fúngico llamada oidio. Este hongo procedente de Bélgica, amenazó muy seriamente el cultivo y la elaboración de vino a lo largo y ancho de toda Europa. En aquella época la mayor parte de los viñedos se encontraban en torno a los monasterios, para asegurar así la producción del vino de misa. Algunos monjes cistercienses, estudiosos de los suelos y los cultivos, decidieron por alguna razón desconocida plantar rosales cerca de los viñedos y descubrieron algo muy curioso. Observaron que algunas enfermedades que afectaban a los rosales, como el oidio, el mildiu o la araña roja, más adelante terminaban afectando a las vides. Las rosas se comportaban como biosensores de las uvas. Permitían anticipar las infecciones y lograr una detección precoz de las mismas, para poder realizar la aplicación de tratamientos preventivos. Puede decirse que las rosas eran y son los guardianes de los viñedos.
            En la actualidad existen múltiples métodos de control en los viñedos, pero aún así se sigue, tal vez obedeciendo aquel rito ancestral, plantando rosales en los viñedos. Son numerosísimas las variedades de rosas empleadas y sus nombres no dejan de teñir de romanticismo el eterno noviazgo entre el rosal y la vid: Pharaon, Mister Lincoln, Víctor Hugo, Heidelberg, Don Juan, Perle Noir…Pura belleza.


Una elección poco habitual

            Todo comenzó mirando la etiqueta. La imagen de Duquesa de la Victoria Crianza 2010 de Bodegas Valdelana (Elciego) unifica todos los elementos que habitualmente no nos gusta ver en la etiqueta de una botella de vino. Detestamos encontrar objetos, personas y colores llamativos. Suelen atraernos etiquetas más clásicas, con escudos, rejas, litografías de viñedos o bodegas, colores dorados, plateados, negros… Justamente lo contrario a la etiqueta de este vino.
            Si la finalidad de una etiqueta es llamar la atención, definitivamente ésta lo logró por completo. Lo nuestro fue un flechazo. Y al tacto siguieron las sorpresas: las letras que conforman el nombre del vino están en relieve y, todavía más en relieve, la rosa roja que es la seña de identidad de la etiqueta, dando la sensación de haber sido pintada a mano con un pincel. Un efecto precioso, lleno de plasticidad.
            La contraetiqueta no aporta notas de cata, lo preferimos así, aunque sí nos proporciona otros datos de interés como variedades de uva utilizadas en la elaboración, tiempos de crianza, temperatura recomendada de servicio y sugerencias de maridaje. La cápsula imita cromáticamente el rojo de la rosa y, al igual que el corcho, es de una calidad media acorde al precio de la botella.
            Finalmente, un motivo más para la elección del color rojo, es el hecho de que parte de la producción de Duquesa de la Victoria Crianza 2010 está destinada a la exportación, según nos informó Juan Jesús Valdelana, enólogo y propietario de Bodegas Valdelana, siendo China uno de sus principales destinos, y se da la circunstancia de que en aquella cultura milenaria el color rojo representa la felicidad y la alegría.
            El nombre del vino hace referencia a un personaje histórico, Doña María Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz, Duquesa de la Victoria, esposa del General Espartero (1793-1879), militar, político y héroe de la Primera Guerra Carlista, y posteriormente regente durante la minoría de edad de la reina Isabel II. El General Espartero se retiró a Logroño donde falleció, y en esa ciudad todavía existe una calle dedicada a su esposa, la Duquesa de la Victoria.





Cata y maridaje

            El color del Duquesa de la Victoria Crianza 2010 es un rojo cardenalicio con ribete teja. Lágrima escasa levemente pigmentada. En nariz se detectan cueros y algún tostado. Especias y aromas lácticos. En boca pueden apreciarse taninos amables, nada incómodos. Alcohol y acidez medias. Postgusto corto, tal ves escaso para un crianza. Gran predominio de aromas y sabores de la crianza sobre la fruta. Ideal con quesos, legumbres y embutidos. No tanto con carne y menos aún con pescado. Un Rioja muy clásico de los de toda la vida y agradable de tomar. Disgustará no obstante a los amantes de los vinos modernos. Un dato curioso: nos gustó más la segunda mitad de la botella y particularmente las últimas copas.

            Habrá que esperar a ver cómo evoluciona en botella, aunque la casi total ausencia de aromas frutales permite aventurar una vida larga. Puede ser que con el paso del tiempo no gane en atributos, pero es seguro que conservará íntegros los que tiene.


Conclusiones

            Resulta chocante que una botella con una imagen tan actual dé cobijo a un crianza de corte tan clásico en todas las fases de la cata. Cabría esperar mayor notoriedad de la fruta y quizás algo menos de aromas propios de la crianza.

            Estamos ante un vino de plena confianza. Es un vino, podríamos decir, como de la familia. Con una buena relación calidad/precio, no debe faltar nunca en nuestra casa. Sin grandes ambiciones es un vino de sobra correcto.

            Y todo por una rosa…