jueves, 3 de febrero de 2022

> IX Salón Peñín de las Estrellas

 

El céntrico Palacio de Neptuno en Madrid se erigió ocupando parte del solar que quedó tras la demolición del ruinoso Palacio del Duque de Medinaceli a principios del siglo XX. Escandalosamente bien ubicado -al lado del Museo del Prado, del Thyssen-Bornemisza y de la Casa Museo de Lope de Vega- el Palacio de Neptuno se ha convertido en los últimos años en uno de los lugares más demandados para eventos y congresos en la capital de España. Dispone de un aforo máximo de 600 personas, repartido en dos plantas, amplios salones, terraza y una llamativa vidriera obra del artista madrileño Manuel Ortega, autor asimismo de las de la Catedral de La Almudena. El famoso Hotel Palace -el más grande de Europa en el momento de su construcción en 1912- y la popular Basílica de Jesús de Medinaceli son los dos edificios con los que comparte el espacio. 


Los últimos diez días del pasado mes de Noviembre resultaron de una actividad febril en cuanto a eventos relacionados con el mundo del vino, todos ellos organizados por la célebre Guía Peñín, probablemente una de las fuentes principales de conocimiento enológico a nivel nacional. Los días 22 y 23 de Noviembre se celebró en IFEMA el XXI Salón de los Mejores Vinos de España, un evento abierto al público en general en el que 350 bodegas nacionales presentaron más de 2000 referencias de vinos con calificación igual o superior a 90 puntos en la Guía Peñin. A la semana siguiente, se celebró en el Palacio de Neptuno la edición 2021 de los International Wine Challenge Merchant Awards Spain, jornada que se inició con unas interesantes conferencias durante la mañana, continuó con un salón de cata durante la tarde y terminó con una cena de gala y la esperada entrega de premios, agrupados en 19 categorías diferentes, que distinguió a lo más destacado del comercio y la distribución de vinos.



El broche de oro a estos diez días de actividades relacionadas con el vino en Madrid, lo puso el IX Salón de las Estrellas que reunió a profesionales del sector en torno a más de 200 vinos todos ellos valorados con 3, 4 ò 5 estrellas en la Guía Peñín de los Vinos de España por su excelente relación calidad-precio. 40 bodegas de  numerosas zonas geográficas desplegaron todos sus encantos para seducir durante las 8 horas que duró el certamen a quienes nos acercamos hasta allí para conocer su trabajo y buen hacer. Brillante e impecable la organización del evento, no sólo en cuanto a inscripción, acceso y aforo, sino sobre todo en lo relativo a la facilidad para poder disfrutar del mismo. Francamente útil el cuaderno de cata que se nos proporcionó, con toda la información necesaria -número de mesa, zona geográfica, nombre de la bodega, vinos expuestos, puntuaciones en añadas previas- absolutamente imprescindible para poder realizar con rigor una evaluación adecuada de cada vino.


Enumerar una tras otra nuestras opiniones acerca de todos los vinos que catamos sería tedioso a la vez que imposible, de manera que detallaremos aquellos vinos que captaron más intensamente nuestra atención. Y no lo haremos por áreas vitivinícolas ni por tipo de vino, sino todo un poco revuelto, una tormenta de ideas vínicas, una galerna de sensaciones, un vendaval organoléptico. Pasen y lean, si es que se atreven...


El teórico diseño de nuestra jornada fue mañana de rosados y blancos, mediodía de cava y tarde de tintos, aunque inevitablemente en algunos momentos el orden de los factores sí que alteró el producto. Comenzamos fieles al programa catando el Montecierzo Rosé 2019 de Bodega Marqués de Montecierzo (DO. Navarra), monovarietal de Merlot, color piel de cebolla afrancesado y moderno, pétalos de rosa y frutas de hueso, cariñoso, femenino y con una botella preciosa. De la misma bodega, más reconocible nos resultó el Emergente Rosado 2020, Garnacha y Cabernet Sauvignon, color rojo fresa, chucherías, grosellas, un rosado clásico "made in Spain", correcto y sin sorpresas. 


Algo parecido nos ocurrió con el Buleza 2020 de Bodega Heredad Morán & López (DO. Bierzo) un rosado de Mencía con fruta roja más bien poco expresiva, algo de verdor, acidez marcada y corto postgusto. Mucho mejor su Heredad 26 2020, blanco de Godello sobre lías, pleno, sabroso y elegante, con su carga frutal y un delicioso recuerdo a crema pastelera. 



Y por no cambiar de zona, continuamos visitando el stand de Bodegas Gordonzello (DO. León) para catar el Kyra 2017, blanco 100% Albarín fermentado en barrica nueva de 500 litros, variedad autóctona poco aromática, algo neutro en nariz, aunque interesante y gastronómico, de presentación en una imponente botella, del mismo modo que otro de sus vinos icónicos, el excelente Gurdos 2020, posiblemente el mejor rosado de toda la muestra, elaborado exclusivamente con Prieto Picudo y que supone año tras año un éxito de ventas, espectacular en nariz pero sobre todo en boca.


El blanco Defensor 2019 de Bodega Cap Andritxol (VT. Mallorca) fue una de las rarezas que pudimos probar. Elaborado con Prensal Blanc -variedad desconocida para nosotros- resultó más bien neutro en nariz, con recuerdos de uva, mosto y frutas de pepita, más divertido en boca, corto pero alegre y refrescante con su acidez media. Curioso. Y continuando con variedades poco habituales, la cata del Salvueros Garnacha Gris 2019 de Bodegas Salvueros (DO. Cigales) resultó bastante sorprendente, rosado piel de cebolla, con recuerdos a frutillos rojos y naranjas sanguinas, marcada acidez y ligero amargor final, elaboración acertada la de este vino único en la muestra. Muy a nuestro pesar -aunque sea adelantar acontecimientos- no nos sucedió lo mismo con sus tintos, algo delgado aunque dócil el Salvueros Crianza 2019, agreste y falto de redondeo el Finca La Guerrera 2019.


La Comunidad Valenciana es para nosotros el gran territorio desconocido en materia enológica. Tendemos a creer que en aquellas tierras sólo de Bobal vive el hombre y no podemos estar más equivocados. Así lo dedujimos tras visitar el stand de Clos Cor Ví (DO. Valencia) y catar tres de sus blancos: un Riesling, un Viognier y un tercer vino fusión de los dos anteriores. Enormemente interesante y muy varietal el Riesling, elegante e impecable el Viognier, dos vinos estupendos por separado y un resultado todavía mejor tras una breve crianza en roble y su ensamblaje final en el Cimera 2019. Sin duda los mejores blancos que tuvimos oportunidad de catar en todo el día, sinceros y bien elaborados, todo un hallazgo después de haber probado bastantes blancos correctos -pero no seductores- y algún que otro blanco ligeramente mentiroso elaborado sin rubor alguno con levaduras seleccionadas.


Nuestra breve visita al stand de Bodegas Dominio de la Vega (DO. Utiel-Requena) nos dio la satisfacción de poder catar los dos únicos cavas expuestos en la muestra. El Brut Reserva Especial 2016 elaborado con vinos base de Macabeo y Chardonnay fue un espectáculo en nariz -galleta, pastelería, fruta en mermelada- y también en boca, cremoso, maduro, elegante, con el carbónico bien integrado, un cava sensacional. Su hermano el Brut Rosé Reserva Especial no llegó a tanto, a pesar de la variedad empleada, esa Pinot Noir que habitualmente nos enamora, pero que en este vino en concreto no alcanza toda su expresividad. Lástima.


La primera hora de la tarde en este tipo de eventos suele ser el momento más difícil para el visitante. Aún con la digestión de la comida a medio hacer, no resulta sencillo reanudar las catas y si hablamos de vinos tintos, el asunto se complica considerablemente. Mas por encima de todo está nuestra profesionalidad, así que reanudamos la actividad dirigiendo nuestra atención hacia tintos más bien ligeros y poco opulentos. Varias bodegas pertenecientes a la DO. Cebreros fueron seleccionadas para participar en este Salón de las Estrellas y en la mesa de Bodega Soto Manrique pudimos catar algunas de sus Garnachas y Albillos. Destacaremos tan sólo La Viña de Ayer 2017, más floral que frutal, con notable acidez, escaso volumen y algo descompensado en alcohol. Un vino afilado, procedente de viñas altas, suelos graníticos y clima frío. Complicadas estas garnachas de Gredos. Atractivo por diferente nos pareció el Panis Angelorum 2019 de Bodega Tierra de Cebreros, 100% Albillo Real con 4 meses en barrica, ligeramente oxidativo, con recuerdos a manzanas asadas, mejor en nariz que en boca por su marcada acidez y breve final. Más peculiar que complejo. Efectivamente, un blanco entre los tintos de la tarde. Nadie es perfecto...



Aún en el Sistema Central, Península Viticultores elabora vinos muy personales, muchos de los cuales se comercializan deliberadamente como vinos de mesa por no adaptarse a las exigencias de las denominaciones de origen y el resultado no puede ser más satisfactorio. Cebreros 2019 y Cadalso 2019 son dos caras de la misma moneda, garnachas modernas, crujientes, delgadas y de capa baja que recuerdan a guindas en licor y flores azules, con ese fondo de Mon Cheri que proporciona la crianza en depósitos de hormigón. Las diferencias entre ambos vienen determinadas por la orientación de los viñedos y la ubicación de los mismos. Resultó instructivo e interesante realizar la cata comparada entre ambos. Algo similar puede decirse del Vino de Montaña 2018 coupage de varias parcelas de Garnacha con las desconocidas para nosotros Rufete y Piñera, equilibrio perfecto entre fruta, acidez y grado alcohólico, posiblemente uno de los descubrimientos del año. Otra cosa muy distinta fue la degustación de Apóstata 2019, un majestuoso vino ya conocido, monovarietal de Tinta del País con 12 meses de crianza en roble, un perfil muy Ribera del Duero que integra uvas procedentes de Cigales (Valladolid), Toro (Zamora) y Villamiel (Toledo). Sencillamente delicioso.



La búsqueda de tintos no demasiado opulentos nos llevó al stand de Vinícola Requenense (DO. Utiel-Requena). Conste que no es la Bobal una de nuestras variedades preferidas, sin embargo nos sorprendieron con vinos agradables, bien elaborados, frutales, frescos y fáciles. Por fin empiezan a despegar los elaboradores capaces de encontrar este perfil a la Bobal, desterrando definitivamente la tanicidad y los verdores de años atrás. Destacaremos su vino de autor Casagrande 2017, fruta roja madura, chocolate con leche, férrico y balsámico, equilibrado, redondo y suave. Los bobales modernos ya están aquí.



Para terminar esta exigente jornada, regresamos a territorio amigo. Vinos de Arganza (IGP. Castilla y León) tienen un extenso catálogo de tintos con protagonismo indiscutible de las variedades más cultivadas de su región. Mencía y Tinta del País -solas o ensambladas- son los pilares que sustentan su trabajo. Elaboran numerosas referencias, en nuestra opinión con más acierto en tintos jóvenes o semicrianzas que en vinos de larga permanencia en barrica. Encanto, Flavium y Lagar de Robla son familias de vinos ampliamente conocidos por nosotros y que nunca defraudan. Fruta roja y negra, lácticos, toffee y suaves tostados son su tarjeta de visita. Equilibrio y amabilidad en boca, siempre con una relación calidad-precio insuperable.

Ponemos aquí el punto final a la crónica de este evento en el que hemos tenido el privilegio de catar vinos exclusivos o de difícil acceso para nosotros. Cierto es que echamos de menos representantes de algunas zonas geográficas y asimismo nos resultó sorprendente el protagonismo de dos denominaciones de origen que prácticamente ocuparon la cuarta parte del salón, pero son decisiones de la organización, con total seguridad fundamentadas. 

En cualquier caso, la experiencia resultó francamente satisfactoria y anima a regresar en próximas convocatorias.

Que así sea...




martes, 18 de enero de 2022

> Caprichitos madrileños



A pesar de la brevedad del trayecto, es inevitable que al viajero que desciende del AVE en la Estación de Atocha, le acompañe cierto aturdimiento. Para los que somos de provincias -como se decía antes- poner los pies en la capital de España requiere de al menos unos minutos de adaptación. De repente todo es demasiado rápido a nuestro alrededor. Si se dispone de tiempo suficiente y el día acompaña, es recomendable salir caminando de Atocha y disfrutar de la grandeza de construcciones como la propia estación, el Ministerio de Agricultura o el Museo Reina Sofía. Y probablemente la mejor manera de adaptarse sea seguir aquella máxima "donde fueres, haz lo que vieres..."


El letrero del Hotel Mediodía es claramente visible para el visitante desde la misma puerta de Atocha y sirve de referencia como un faro en medio del temporal, porque nuestro primer destino del día está situado en los bajos de dicho hotel. No es un museo pero también alberga obras de arte ciertamente efímero. Tampoco es una iglesia aunque se le considera un templo. El Brillante disfruta de una localización privilegiada en plena Plaza del Emperador Carlos V y debe su merecida fama a su mítico bocadillo de calamares. La terraza es grande y a primera hora de la mañana es más habitual ver en las mesas los típicos vasos de café con leche y los churros que el bocadillo en cuestión. Es curioso lo de los vasos, porque en pocos lugares salvo en Madrid el café con leche se sirve en el mismo vaso de vidrio que se emplea para las cañas, en ocasiones incluso llevan la publicidad de la marca de cerveza, si no se ha borrado tras miles de entradas y salidas en el lavavajillas, con ese aspecto opalescente con tendencia al blanco que le da rango y tronío a ese recipiente tan humilde. Pero volvamos a El Brillante. El interior del local es grande, más bien frio, con el mostrador de acero inoxidable y paredes de mármol con espejos. Numerosas mesas funcionales, repisas adosadas con taburetes y una luz blanca nívea cruel como una cuñada. Al contrario que en la terraza, en el interior sí son más habituales los bocadillos a cualquier hora del día. Al parecer es cuestión de decoro. Y no solo de calamares, la carta es amplia y generosa. Decidimos dejar para otra ocasión el de tortilla de patata con callos -quizás una apuesta arriesgada- y optamos por el bocadillo de calamares clásico. Bien asesorados por nuestro camarero, compartimos uno grande en lugar de dos pequeños -más barato y menos pan, nos dijo con acierto- por supuesto en la terraza, porque un día es un día y la vergüenza no va con nosotros. Pan crujiente, enharinado perfecto y con el equilibrio exacto de tostado en los calamares, impecables de sabor y textura. Porque ahí radica la clave del éxito de El Brillante, en el tiempo y la temperatura de la fritura, imprescindibles para no convertir un manjar -sencillo y honrado- en una masa aceitosa incomestible. Evidentemente para poder valorarlo mejor, lo tomamos sin salsa alguna y acompañado tan solo por una caña de cerveza bien suave, en efecto, en vaso de vidrio. Inmejorable.


Un breve paseo mientras disfrutábamos de la soleada mañana de finales del mes de Noviembre nos llevó hasta el corazón del Barrio de Las Letras, un reducto de tradición a escasos metros de las prisas y el tráfico del Paseo del Prado. Sus calles son estrechas,  ligeramente en cuesta, llenas de comercios -algunos con décadas a sus espaldas- restaurantes, terrazas y vecinos que se saludan con una barra de pan bajo el brazo. Hasta el momento, el barrio más literario de Madrid sigue resistiéndose a la entrada de las franquicias y aún es posible encontrar librerías, floristerías, confiterías y negocios de toda la vida. Algo similar sucede con las tabernas tradicionales con sus altos mostradores de madera, sus camareros impecablemente vestidos y sus azulejos de cerámica en fachadas y paredes. Bien es verdad que a lo mejor quien ha cambiado es el público, más dado a lucirse y a dejarse ver, de manera que da la sensación que el envoltorio prima sobre el contenido. Aquella hostelería tradicional, de puertas hacia adentro, que ofrecía platos de casquería para que los parroquianos disfrutaran y compartieran, tristemente ha desaparecido. Se ha ganado en la oferta general de vinos -los tintos indignos de orígenes innombrables ya son historia- aunque por copas se sigue sometido a la dictadura de las tres erres -Rueda, Rioja y Ribera- con alguna honrosa excepción de algún vino de Madrid, aunque por desconocimiento pedirlo sea poco menos que una cuestión de fe.


No obstante, donde la tradición sigue más firme es en la defensa de uno de sus platos más venerables, porque si con algo se pone serio un madrileño es ante un buen cocido. Lo que en tiempos fue comida familiar y de vecindario, guiso de clase media sin muchas aspiraciones, se ha convertido en la actualidad en una de las últimas trincheras frente a la cocina-fusión. Los tres vuelcos históricos del cocido madrileño -sopa, verduras y carnes- suponen la sublimación de lo simple, el arte de lo sencillo, la maestría de dar de comer. Platos llenos, mesas abarrotadas y comensales bien satisfechos. Y para su completo disfrute, no es necesaria la presencia del chef en cada mesa dando prolija explicación de sus elaboraciones ni tampoco sesudas indicaciones acerca de cómo debe tomarse la gallina o los garbanzos. Algunos restaurantes continúan fieles a la costumbre de servir cocido un solo día por semana, ofreciendo otro tipo de menú el resto de los días. Otros en cambio, han optado por ofrecer cocido todos los días del año, y a la vista de la afluencia de público, parecen haber acertado en su decisión. Tal es el caso de La Taberna de la Daniela con cuatro locales distribuidos por la ciudad. Reservamos el día anterior -menos mal que lo hicimos- y tras una breve espera ocupamos una pequeña mesa en un abarrotado restaurante donde todos y cada uno de los presentes pertenecíamos a la real orden de adoradores del cocido. Un plato de guindillas en vinagre y una cesta de pan casero nos dieron la bienvenida casi al mismo tiempo que el jefe de sala -uniformado, con barba, gafas metálicas, cordial, educado, con experiencia y muy profesional- nos preguntaba qué vino nos apetecía probar. Ordenamos un Viña Cubillo de Bodegas López de Heredia (Haro, DOc. Rioja), uno de esos vinos que bien conservados son sencillamente eternos. Esa botella en concreto, aún siendo una añada 2009, estaba en prefecto estado de revista. Sabroso, complejo y maduro, todavía con frescura y sin haber perdido una brizna de elegancia, más bien al contrario. Una gran elección. En cuestión de minutos llegó la sopa, por supuesto en sopera de loza, abundante y bien desgrasada, con fideo fino y el sabor de las horas de cocción de todos los ingredientes. Y un poco más tarde y casi al unísono, la fuente de verduras -garbanzos, patata, zanahoria, repollo- y la de carnes -morcilla, tocino, chorizo, gallina y hueso de ternera. No diremos que sobrara, ni tampoco que hubo que discutir por los últimos garbanzos, más bien diríamos que la cantidad fue perfecta y la calidad superior. Algún valiente incluso tomó postre. Los más cobardes, sólo café.

Con la plena satisfacción de haber rendido sincero y merecido homenaje a dos instituciones gastronómicas de Madrid, nos dirigimos a lo que nos había traído hasta la capital, el IX Salón Peñín de las Estrellas.

Todos los detalles, en el próximo artículo.



sábado, 25 de diciembre de 2021

> Wine Frikis, over the top!




Tan intenso como exigente ha sido este final de año en cuanto a actividades del grupo Wine Frikis. Por motivos de agenda nos vimos obligados a dejar pasar algunas de ellas, aunque pudimos sumarnos en el último minuto a la visita  Bodegas Meler de la cual ya dimos cumplido detalle en una entrada anterior. Sin embargo, a la vista de lo atractivo de la propuesta, nuestra presencia en la cata de final de temporada fue absolutamente ineludible. Importe mínimo por botella, cata a ciegas y cena por todo lo alto. Perdérselo hubiera sido poco menos que un sacrilegio...

Siete vinos estratosféricos de impecable factura y con largos -algunos eternos- tiempos de crianza, magníficos representantes de zonas vitivinícolas tan diferentes como Rioja, Priorat, Valdeorras, Barolo y Cava.


CUENTAVIÑAS GARNACHA 2019
100% Garnacha. Bodega Cuentaviñas (Peciña, San Vicente de la Sonsierra). DOc. Rioja. Crianza 12 meses en roble francés de 500 litros y 8 meses más en depósito de cemento. Viñedo casi centenarios plantado en vaso y ubicado en la zona alta de la cuenca del río Najerilla, en lo que nosotros solemos denominar "La Rioja Olvidada". Vino de parcela, elaborado exclusivamente con la uva del Viñedo Tejares. Fruta roja, lácticos. Acidez presente. Directo, fresco y frutal. Garnacha riojana diferente.


EL PUNTIDO 2017
100% Tempranillo. Viñedos de Páganos (Álava). DOc. Rioja. 16 meses en barrica de roble francés y 6 meses de redondeo posterior en depósito de cemento. Viñedo de 45 años de edad plantado en espaldera. Vino de parcela. Algo cerrado de inicio, agradece oxigenación e incluso decantación. Carnoso, férrico y mineral. Poco expresivo en nariz, pero excelente y poderoso en boca. Todavía con capacidad de guarda. Un rioja actual de gran calidad.


ALICE 2016
Garnacha, Cariñena, Monastrell, Cabernet Sauvignon y Syrah (30-30-20-10-10). Bodegas Celler de l´Abadía (Gratallops, Tarragona). DOc. Priorat. Crianza 18 meses en barrica de roble francés. Elegantísimo, eterno, largo y bien hecho. Equilibrio perfecto. Sabroso e impresionante. Un priorat moderno, bien alejado de aquella opulencia astringente de hace unos años. 


AVANCIA 2013
100% Mencía. Bodegas Jorge Ordóñez. DO. Valdeorras. Crianza 13 meses en barrica de roble francés. Vino de una sola parcela, viñedo de más de 100 años de edad sobre suelos pizarrosos. Muy evolucionado en color. Encurtidos, hoja de té, tabaco de liar y ciruela pasa. Muy desconcertante en cata a ciegas. Diferente y curioso.


904 GRAN RESERVA 2011
Tempranillo y Graciano (89-11). Bodegas La Rioja Alta (Haro). DOc. La Rioja. 48 meses de larga crianza en barrica de roble americano. Tierra mojada, humus y trufa. Licoroso sin molestar. Uno de los mejores representantes de los vinos de guarda de Rioja. Nos recordó a Borgoña.


LO ZOCCOLAIO 2009
100% Nebbiolo. DOCG. Barolo. Piamonte (Italia). Crianza durante 36 meses en barrica de roble francés. Marcadamente evolucionado, aunque conservando frescura y acidez. Fruta devorada por la crianza con predominio de aromas terciarios. Largo y complejo. Para deleitarse casi como si fuera un licor, con una copa  ante la chimenea más que para acompañar comida alguna. Una oportunidad única, difícilmente repetible, de tener la ocasión de poder catar esta rareza.


AGUSTÍ TORELLÓ MATA BARRICA GRAN RESERVA 2016
100% Macabeo. Bodegas Agustí Torelló (Sant Sadurní d´Anoia, Barcelona) DO. Cava. Brut nature. Vino base elaborado mediante fermentación en barrica de roble francés con permanencia sobre sus lías durante 6 meses. Crianza en botella durante nada menos que 48 meses. Amarillo dorado suave. Tarta de manzana, bollería y mantecados. Cremoso, denso, elegante. Acidez contenida, casi ausente. Carbónico completamente integrado. Recuerda a un vino tranquilo más que a un espumoso. Un cava intenso, muy gastronómico. Delicioso.


Una velada de gran nivel con la que pusimos punto y seguido a las actividades Wine Frikis en este 2021. Volveremos el año que viene con la misma ilusión por seguir aprendiendo, disfrutando y compartiendo.

¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo!



martes, 7 de diciembre de 2021

> ¿Quo vadis, Rioja... una vez más?



Las intrigas políticas amenazan el futuro de la DOc. Rioja desde hace años.

A finales del pasado mes de Noviembre se conoció la noticia de que un determinado partido político había decidido otorgar el apoyo al Gobierno de España para aprobar los Presupuestos generales del Estado a cambio de la segregación de parte del territorio que en la actualidad integra la DOc. Rioja. La inmediata reacción de las asociaciones de viticultores, cooperativas, productores y del propio gobierno riojano -curiosamente presidido por el mismo partido político que ostenta el poder en el gobierno central- frenaron dicha iniciativa que hubiera supuesto la ruptura definitiva de la región vitivinícola española más conocida, tanto a nivel nacional como internacional.


En realidad la herida lleva abierta mucho tiempo, aunque se ha cerrado en falso en numerosas ocasiones. No hace mucho tiempo -en los primeros días del año 2016- fuimos testigos de la confirmación del abandono de Bodegas Artadi de la DOc. Rioja. Dicha decisión por parte de la célebre bodega alavesa supuso que se tambalearan los cimientos de una de las denominaciones de origen más antiguas de España. Aunque de cara a la galería los motivos aducidos fueron de índole vitivinícola, muchos vislumbraron en el fondo la sospecha de que hubiera causas económicas e incluso políticas detrás de la autoexclusión de la bodega de Juan Carlos López de Lacalle. Bodegas Artadi (Laguardia) justificó entonces su decisión -absolutamente lícita y puede que acertada- alegando la postura intransigente del Consejo Regulador de la DOc. Rioja, organismo que depende directamente del gobierno riojano, un inmovilismo que según la bodega, supuso trabas para el desarrollo de las categorías de "vinos de municipio" y "vinos de parcela", corriente defendida por la bodega, más o menos en el mismo sentido de lo que se viene realizando en Burdeos desde hace décadas. En realidad esos argumentos parecieron sólo una verdad a medias. Nada ha impedido a Artadi elaborar vinos como El Carretil o Viña El  Pisón, otro asunto diferente es que lo deseable hubiera sido poder calificarlos no sólo como crianza o reserva, sino como "algo más", de manera que sirviera como justificación a sus elevados precios también en el  etiquetado y no sólo en la copa. Si a todo lo anterior se le añaden ciertas diferencias de tipo político y fiscal entre las tres comunidades autónomas con territorios pertenecientes a la DOc. Rioja -hasta el punto de que hubo quien sugirió que estábamos ante el embrión del desarrollo de una hipotética DO. Viñedos de Álava que pudiera ser en el futuro un rival directo de Rioja- el caldo de cultivo ideal para la ruptura ya estaba servido.


Ciertamente en los últimos años se han comercializado vinos al amparo de la DOc. Rioja auténticamente indignos de llevar su nombre, vinos de supermercado donde el reducido precio ha primado sobre la calidad y en ello debería tener mucho que decir el Consejo Regulador, responsable del control de las producciones máximas por hectárea, los procesos de vinificación, los tiempos de crianza y demás verificaciones. ¿Exceso de celo en algunas cosas? ¿Dejación de funciones en otras? Imposible de saber desde fuera, sin embargo el consumidor sí que tiene la sensación de que en la DOc. Rioja se ha tomado partido por la cantidad más que por la calidad, siendo como son ambas igual de importantes. El equilibrio parecería ser lo más adecuado, pero hasta ahora no se ha conseguido.

Por el momento no ha habido más bodegas que hayan secundado aquella iniciativa rupturista de Artadi, sustanciada en la firma del denominado Manifiesto del Club Matador, nombre quizás no muy acertado por lo que ello implica. La decisión de la bodega de Laguardia tuvo como consecuencia directa e inmediata la prohibición, por parte del Consejo Regulador, de incorporar en sus etiquetas la palabra Rioja, algo que muy probablemente no le supusiera ningún perjuicio de cara al reconocimiento de sus vinos, pero que sin embargo sí pudo conllevar problemas de comercialización en el extranjero, mercados donde la sola presencia del nombre de la DO. es capaz de abrir numerosas puertas, en especial a bodegas medianas y pequeñas. Meses más tarde se hizo pública una iniciativa del Grupo Rioja, nombre que aglutina a una cincuentena larga de bodegas pertenecientes a las tres subzonas -Rioja Oriental, Alta y Alavesa- con un claro tinte conciliador, intentando acercar posturas. El Grupo Rioja dio la impresión de perseguir los mismos fines que las bodegas díscolas pero por otros medios, más amables y deseables. Su propuesta se fundamentaba en el reconocimiento de una categoría superior para algunos vinos dentro de la DO. sin abandonar la misma -vinos de paraje o vinos de parcela- no sólo manteniendo las exigencias actuales -variedades de uva autorizadas, permanencias en barrica, etc- sino incluso incrementándolas en cuanto a la reducción de los rendimientos por hectárea. Como contraprestación dichos vinos podrían incorporar en su etiqueta el nombre del municipio o de la finca.


La citada iniciativa se hizo llegar al Consejo Regulador quien se comprometió a estudiarla a fondo y animó a otras bodegas que aún no habían tomado partido por uno u otro bando a remitir también sus ideas y aportaciones. Ya entrado el año 2017 todas esas iniciativas dieron sus frutos y finalmente se aprobaron las categorías especiales de vinos de viñedo singular, vinos de municipio y vinos de zona. Es pronto para evaluar cuál ha sido la reacción del consumidor medio ante esta sobredosis de información en el etiquetado y si de verdad estamos preparados para valorarla en su justa medida. O dicho de otro modo, si estaremos dispuestos a pagar algo más por esos vinos de categorías superiores. Esos cambios efectuados en el pliego de condiciones del Consejo Regulador consiguieron que las aguas volvieran a su cauce y regresó la calma por un tiempo, concretamente hasta ahora.



El penúltimo capítulo de este espinoso asunto se produjo en el año 2019, cuando la Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa (ABRA) en una asamblea en la que participaron tan sólo 20 del largo centenar de bodegas que agrupa, con el escaso apoyo de 12 votos a favor, tomó la decisión de modificar su nombre para pasar a denominarse Asociación de Bodegas de Euskadi (ABE) con la excusa de dar cabida a los elaboradores de txakoli. En cuestión de días, el rechazo de la mayoría de los asociados -algunos de los cuales incluso llegaron a pedir formalmente la revocación de la junta directiva y la celebración de unas nuevas elecciones- forzó la celebración de una asamblea extraordinaria que -en esta ocasión por una amplia mayoría- dio marcha atrás a tan polémica medida. Un año más tarde -Enero de 2020- y con el respaldo del gobierno vasco, de nuevo ABRA consiguió lograr parcialmente sus objetivos con la publicación en el BOE de la solicitud de protección e inscripción en el registro comunitario de la DO. Viñedos de Álava, aunque finalmente fue rechazada por el Ministerio de Agricultura aduciendo dificultades técnicas, incumplimiento de normativas europeas e incompatibilidades entre marcas y patentes.

Las últimas noticias indican que el tema ha vuelto a quedar aparcado -una vez más- aunque seguramente sin zanjar definitivamente. Es cuestión de tiempo que con la excusa de la ubicación geográfica de los viñedos, se reabra un debate intencionadamente político que a nadie beneficia. Mal asunto si se mezclan el vino y la política. Todo lo que suponga concordia y negociación debería ser obligatoriamente bueno para el porvenir de la DOc. Rioja. Parece que por fin el Consejo Regulador ha comprendido que es el momento de renovarse, que las transformaciones no son siempre negativas y que en algunas ocasiones sirven para señalar el camino a seguir. Con total seguridad más de uno en este instante se estará haciendo la misma pregunta que nosotros.

¿Adónde vas, Rioja?




jueves, 2 de diciembre de 2021

> Visita a Bodegas Meler, el Somontano en femenino




Desde hace décadas, el abuelo Pablo venía cultivando aquellas viñas, almendreras y olivares, de modo que más por costumbre que por imposición, su actividad agrícola fue asumida de manera natural por su hijo Andrés, quien decidió complementarla con la cría de ganado vacuno. A largo plazo sin embargo, la actividad ganadera debió abandonarse y aquella nave situada en lo alto de una colina al sur de Barbastro poco a poco fue dejándose de usar excepto como almacén de aperos y maquinaria. Y así siguió hasta el año 2004 en que Isabel, María y Ana -hijas y nietas de viticultores- decidieron poner en marcha el proyecto que nos ocupa en el presente artículo. Su indudable respeto por la tierra, la transmisión familiar de valores y sentimientos, así como ese aprendizaje empírico de la viticultura, por capilaridad -casi por ósmosis- desde la infancia les llevó a emprender esta aventura empresarial con un indudable vínculo con el territorio.





En la actualidad la finca  de  Bodegas Meler se extiende por 110 hectáreas, de las cuales 82 hectáreas son viñedo, aunque no todas en propiedad. El resto siguen siendo olivos y almendros, ocupando en gran medida las laderas de un cerro a cuatro vertientes en cuya cumbre se encuentran las instalaciones de elaboración y crianza, en la antigua nave ganadera reconvertida en bodega que fue la protagonista del proyecto de fin de carrera de Ana Meler, directora técnica de la bodega. La mayor parte de los suelos son calcáreos y con un elevado contenido en yeso, característica que unida a las diferentes orientaciones del viñedo, determina significativas diferencias entre parcelas, cada una de las cuales se vinifica cuidadosamente por separado.




Tratándose de una de las bodegas digamos pequeñas del Somontano y todavía con pocos años a sus espaldas, la comercialización de los vinos de Bodegas Meler se orienta mayoritariamente hacia las tiendas especializadas y la restauración de la provincia de Huesca, no tanto por el resto de Aragón y algo más a nivel nacional. No obstante, se exporta casi el 38%  de la producción y los vinos Meler llegan a día de hoy a 17 países. En la actualidad su catálogo está integrado por 10 vinos, elaborados con 7 variedades de uva, la mayoría internacionales, aunque con una creciente presencia de variedades autóctonas. La inquietud personal y el constante interés por aprender de Ana Meler, le animan a cultivar otras castas en fase experimental para observar su adaptación y aclimatación al Somontano, las cuales poco a poco van incorporándose a sus vinos.


Durante nuestra visita fuimos amablemente atendidos por Ana Meler, como ya hemos mencionado, directora técnica de la bodega y copropietaria junto con sus dos hermanas. Por cierto, qué diferentes son las visitas cuando quien proporciona las explicaciones forma parte del proyecto. Es lógico que las grandes bodegas cuenten con departamentos de enoturismo integrados por personal joven y uniformado, pero la experiencia para el visitante nada tiene que ver. Familia y tierra fueron probablemente las dos palabras que más escuchamos durante nuestra visita, señal inequívoca de cuáles son las prioridades de una bodega pequeña como Meler. Si a todo ello le añadimos la satisfacción de tener la oportunidad de catar vinos en rama, vinos de añadas atrasadas, vinos aún sin comercializar e incluso vinos que jamás saldrán a la venta, la sensación tras la visita no puede ser más enriquecedora.


Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos que tuvimos ocasión de probar.

 

MWA BLANCO 2019
6000 botellas. Garnacha y Merlot (90-10). En realidad se trata de un blanc de noirs, un tipo de vino poco habitual por su elaboración tan especial, diseñado para un mejor aprovechamiento de las viñas de corta edad. De un atractivo amarillo dorado de capa media, se mostró poco expresivo en nariz. Por el contrario, resultó muy interesante en boca. Largo, cremoso y complejo, con un discreto amargor final, incluso algo tánico, que lo hacen gastronómico y maridable. Curioso y diferente.

MELER CHARDONNAY 2020
100% Chardonnay. Maceración prefermentativa en frío. Prensado y crianza sobre lías muy presente en fase olfativa. Visualmente de un sorprendente amarillo dorado medio-alto. Tarta de manzana y piña muy madura en nariz. Acidez notable y de nuevo con ese amargor final marca de la casa. Un blanco serio, muy distinto a otros monovarietales de Chardonnay del Somontano.

MELER CHARDONNAY 2021 "EN RAMA"
100% Chardonnay. Más reconocible y varietal, más parecido a lo que el consumidor medio entiende por un Chardonnay del Somontano, lo cual no terminamos de saber si es bueno o malo. Intensamente aromático (frutas tropicales, plátano y piña). A reevaluar tras filtrado y embotellado. Muy buenos mimbres. Prometedor.

MELER CHARDONNAY 2019
100% Chardonnay. Crianza 11 meses en barrica. Una rareza, catada por cortesía de Ana Meler. Elaborado por encargo para un cliente de fuera de España. Vino no comercializado, una verdadera lástima. Imponente color dorado medio-alto. Cera de velas y caramelo de café con leche. Torrefactos y frutos secos. Dulce de membrillo y crème brûlée. Predominio absoluto de notas de crianza, resultado de una elegante evolución bien controlada. Recuerda a Borgoña meridional. Excelente.


MWA TINTO 2017
Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah y Garnacha en proporciones desconocidas. 6 meses de crianza. Nada varietal, con la fruta casi desaparecida. Muy evolucionado, tal vez incluso francamente en declive. Barrica usada. Un vino cuyas notas de cata chocan frontalmente con su planteamiento original como vino de perfil juvenil y moderno. Desorientado y confundido.

MELER 9 MESES 2016
Cabernet Sauvignon y Garnacha. Extraño ensamblaje que no termina de funcionar, al menos en estas latitudes. Idénticas sensaciones que con el vino anterior. Posiblemente tuvo tiempos mejores.

MELER 15 MESES 2014
Merlot y Cabernet Sauvignon. Perfil clásico de los tintos del Somontano. Construido a imagen y semejanza de los tintos bordeleses, con largas crianzas en roble. Algo evolucionado, incluso para quien valora este tipo de vinos, de estilo algo trasnochado y poco actual, pero exitoso entre cierto público. Muy correcto, sin llegar a enamorar.

DIEZ BALLOS GARNACHA 2018
100% Garnacha. Frutas rojas, yogur de moras, lácticos y mentolados. Fresco y ágil. Postgusto medio. En la línea de otros monovarietales de Garnacha del Somontano. Ligero y actual. Delgado y moderno. Cumplidor.


Desde este medio queremos expresar nuestro agradecimiento a Ana Meler por habernos permitido conocer en primera persona este interesante proyecto familiar en el Somontano. Queda pendiente realizar una nueva cata -quizás con algo más de tiempo- que nos permita reevaluar alguno de sus vinos, especialmente aquellos que requieren de un análisis más sosegado.