lunes, 9 de marzo de 2020

> Cata sin prisa: Las Luces 2008 de Las Moradas de San Martín




LIBRO OCHO. LAS LUCES 2008
Bodega Las Moradas de San Martín (San Martín de Valdeiglesias, Madrid). 100% Garnacha tinta de una sola parcela. Vendimia manual en cajas. Crianza en barrica nueva de roble francés de 500 litros durante 20 meses. Viñedo a 870 metros en un altiplano en plena Sierra de Gredos sobre suelos graníticos ligeramente ácidos, muy pobres en materia orgánica y con tratamientos biodinámicos. Rodeado de bosque mediterráneo (robles, encinas, enebros, sabinas) y plantas aromáticas.

Descorche con 90 minutos de antelación al momento de la cata, con el vino servido en las copas mediante el empleo de un aireador con efecto Venturi. A pesar de todas esas precauciones, muestra un ataque reductivo que se disipa con algo de insistencia en la oxigenación, aunque le penaliza inicialmente en fase olfativa, resultando más bien poco expresivo en aromas. Gana mucho con el paso del tiempo, asomando frutas rojas, monte bajo, hierbas aromáticas y un fondo de cenizas. Francamente vivo a pesar de su edad, longevidad sostenida por una interesante acidez. Ligeramente cálido en boca, es poderoso, con estructura y unos taninos presentes que le dotan de corpulencia. Obligatoriamente gastronómico, esperábamos encontrarlo todavía más largo en postgusto. 

Catado de nuevo a las 3 horas desde su apertura, la fruta roja se torna en negra, ligeramente pasificada y adornada por un sabroso recuerdo a pimienta blanca. A las 24 horas regresa la fruta roja en forma de mermelada de fresas, acompañada de chocolate con leche y un fondo licoroso, un bombón Mon Cheri convertido en vino. Se domestica en el paso por boca, incluso en exceso, porque también se acorta en el postgusto. El fiero león de ayer se vuelve dócil y se convierte en un gatito mimoso. El tiempo lo pule, tamiza, afina y desdramatiza. Sigue vive y fresco. Parece otro vino. Insistimos 48 horas más tarde y la mermelada se torna de ciruelas, acompañada del toffee de los caramelos de la Viuda de Solano. Recuerdos vegetales y de cáscara de naranja, también sílex y pedernal. Aunque parezca increíble, regresa la madera y la astringencia, con sensaciones secantes en boca que creíamos haber dejado atrás.  

Un vino cambiante que nos transmite desconcertantes sensaciones. Desconocido para nosotros hasta la fecha, parece reflejar el paisaje del que procede, con sus bosques y sus suelos graníticos. Quizás en un futuro una escapada a la zona nos permita comprender mejor ese entorno privilegiado de la Sierra de Gredos y sus sosegadas garnachas.


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