jueves, 26 de junio de 2014

> Picos de Cabariezo 2012






Hace algo más de un mes que publicamos una entrada dedicada a los casi desconocidos tintos del Valle de Liébana (Cantabria). Hoy hablaremos muy brevemente, apenas unos comentarios, del primero de estos vinos atlánticos que hemos tenido ocasión de probar.

El Picos de Cabariezo 2012 es un tinto joven, sin paso por barrica, monovarietal de Mencía, que se presenta en botella bordelesa de color verde, cápsula roja y corcho colmatado, todo ello de una calidad media. La etiqueta blanca de gran tamaño y diseño muy sencillo incorpora además del nombre, la calificación como "Vino de la Tierra de Liébana".


La contraetiqueta también de gran tamaño, proporciona información acerca del productor, de nuevo la certificación de origen, y también unas líneas relativas a los inicios de la elaboración, hace ya unos cuantos años. Un detalle interesante es la advertencia de que puede presentar precipitados, como consecuencia de las técnicas de elaboración utilizadas.



Notas de cata del Picos de Cabariezo 2012 

Intensísimo color cereza de capa alta con ribete violeta-azulado. Nariz muy frutal, con predominio de frutos rojos, algo protéico y cárnico, este último detalle altamente indicativo de la variedad de uva. En boca el ataque es muy vivo y fresco, casi efervescente. Menos mineral de lo esperado, el paso por boca resulta agradable, con taninos presentes quizás en exceso. Postgusto con un ligero amargor herbáceo que ensombrece algo el resultado final en su conjunto. Sedimento en la parte final de la botella. Las últimas dos copas deben servirse con cuidado, lentamente y aprovechando el hombro de la botella para retener los precipitados. El maridaje aconsejado son embutidos, quesos, platos de cuchara, guisos sabrosos e incluso arroces. Se trata de un vino que "limpia el paladar", así que es perfecto para acompañar alimentos grasos.

Un vino muy original, no para tomar a diario, pero sí cuando busquemos algo diferente, alejado de la tempranillo omnipresente en la mayoría de las principales denominaciones de origen de España.

No tardaremos mucho en probar el Picos Roble, hermano mayor de este Picos de Cabariezo 2012.








lunes, 2 de junio de 2014

> Ebeia Roble 2012




Las oportunidades están para aprovecharlas.

En nuestras visitas semanales a algún hipermercado, siempre acostumbramos a dar una vuelta por la sección de vinos. Normalmente las sorpresas son escasas, ya que cada jefe de sección sabe lo que habitualmente se vende y lo que no, así que es infrecuente dar con vinos originales. Tampoco el apartado de precios suele resultar innovador, céntimo arriba o céntimo abajo, las oscilaciones son mínimas. De vez en cuando, surge la ocasión de adquirir un buen vino a un buen precio, o también la posibilidad de conseguir vinos desconocidos, que si no fuera por situaciones así, nunca llegaríamos a probar.

Entretenidos en tal actividad estábamos el pasado viernes cuando localizamos en un rincón de las estanterías unas botellas del vino que nos ocupa, casi escondidas, tímidamente asomadas, diríamos que eclipsadas por otras más conocidas, y lo mejor de todo, a un precio imposible de rechazar. Hablamos del Ebeia Roble 2012 de Bodegas Portia, perteneciente a la DO. Ribera del Duero. Acerca de Bodegas Portia ya tuvimos ocasión de hablar brevemente en una entrada anterior, concretamente al vincular vino y arquitectura. Daremos en este momento un paso más, dejaremos atrás a Norman Foster y sus innovadores diseños arquitectónicos, y nos sumergiremos brevemente en los vinos de Bodegas Portia, apuesta del riojano Grupo Faustino en la provincia de Burgos.

Bodegas Portia

En sus vanguardistas instalaciones de Gumiel de Izán (Burgos), en el corazón de la DO. Ribera del Duero, Bodegas Portia elabora exclusivamente vinos tintos monovarietales 100% Tinta Fina del País. El más icónico y afamado es el llamado Triennia con una producción limitada de 5000 botellas. El Portia Prima y el Portia Crianza representan a la perfección el equilibrio entre fruta y madera, con algo más de permanencia en barrica y en botella el primero de ellos, pueden parecer vinos casi emparentados entre sí. El "hermano pequeño" de todos ellos es el Ebeia Roble, protagonista de esta entrada en el blog.

Gama de vinos de Bodegas Portia

El Ebeia Roble 2012 se presenta en botella bordelesa estilizada de color verde oscuro y de gran calidad, al igual que el corcho natural y la cápsula, ésta última de un llamativo color cobre. La etiqueta es de gran tamaño, de color chocolate y con un moderno diseño de tenues círculos concéntricos que convergen en un anillo dorado de posición central. Ignoramos la interpretación de tal diseño si es que la tiene. La contraetiqueta no aporta más información.

Ebeia Roble 2012

Detalle de la etiqueta

En fase visual es de un color rojo picota con reflejos púrpura y capa media-alta. Limpio y brillante. Lágrima media algo pigmentada. Nariz frutal intensa, incluso algo floral (violetas), con fondo de torrefactos y vainilla. En boca es fresco, sabroso, con taninos muy agradables y perfecta acidez. Postgusto medio rico en balsámicos y fruta roja. Facilísimo de beber y de maridar, acompaña con éxito casi cualquier plato: carnes blancas, pescados, ensaladas, pastas, arroces, quesos, etc. A este tipo de vinos nosotros los llamamos "vinos-comodín" o "vinos-refugio", porque siempre resultan un acierto con cualquier menú y con cualquier comensal.

Como hemos dicho en el inicio: las oportunidades son para aprovecharlas...


Aprovechando una oportunidad

jueves, 15 de mayo de 2014

> Vinos de autor





Los denominados "vinos de autor" obedecen a la búsqueda de la propia libertad. 

Este concepto, a día de hoy quizás demasiado empleado, surgió hace ya unos años como vía de escape para aquellos productores que, por iniciativa propia, decidieron empezar a elaborar algunos de sus vinos al margen de las directrices de las denominaciones de origen. Las divergencias con las estrictas normas de los consejos reguladores, en relación con las variedades de uva autorizadas, las técnicas de vinificación y sobre todo los periodos obligatorios de maduración en barrica y botella, fueron la principal causa que impulsó la proliferación de los "vinos de autor".

En la mayoría de las ocasiones, las bodegas que se lanzaron a crear estos vinos diferentes, fueron productores con viñedos pequeños de gran calidad, cuyos productos en el marco de la denominación de origen suponían una cuota de mercado ínfima, abrumados por los miles de botellas que las grandes bodegas ponían en circulación cada año. Optaron por la calidad antes que por la cantidad. Apostaron por la excelencia, pero se toparon con la rigidez de las normas de los consejos reguladores (tales variedades de uva, tantos meses en barrica, tantos meses en botella, etc). 

Hablaremos a continuación de tres vinos de autor, pertenecientes a la DO. Rioja. Dos de ellos podrían calificarse como "crianzas" pero no lo son, y el último como "reserva", pero tampoco lo es. De hecho llama la atención que las etiquetas o precintas del consejo regulador que figuran en dichas botellas sólo informan de la añada. En sentido estricto son vinos distintos, con personalidad definida, alejados de lo que esperamos encontrar en un crianza o un reserva al uso. A quien se esté preguntando si son mejores o peores, sólo podemos decir que son diferentes. No hace mucho que escuchamos una frase para definir los tipos de vino: "el que nos gusta, el que no nos gusta y el que todavía no hemos probado". Está todo dicho.


Egomei 2008


Elaborado por Finca Egomei (Alfaro) en la subzona de Rioja Baja, en base a un 90% de uva Tempranillo y un 10% de uva Graciano, madura un total de 14 meses en barrica y 6 meses en botella. Incumple, por tanto, las normas de la DO. Rioja en cuanto a permanencia en botella para ser calificado como "crianza". 

Visualmente presenta una altísima capa muy picota con menisco granate. Lágrima bien pigmentada, abundante y densa. En nariz predomina la fruta negra muy madura. Aromas mentolados, como de caja de puros. Ciruelas e higos. Clavo y nuez moscada. Taninos perfectamente integrados. Muy redondo. Riquísimo.



Cincuenta 2010

Bodegas Eguren Ugarte (Páganos-Laguardia) en Rioja Alavesa son las responsables de este monovarietal de Tempranillo, elaborado con uvas procedentes de viñedos de más de cincuenta años. Envejece en barrica de roble francés durante 14 meses para luego pasar en botella 6 meses más.

Picota de capa media y ribete azulado-violáceo, muy bien cubierto. Lágrima media muy pigmentada. Nariz seria, incluso a copa movida, con explosión de frutas negras (moras) y regaliz. Mineral y láctico en boca. Taninos presentes "muy Eguren" redondos y modulados. En boca resulta sedoso, grande, cremoso y lácteo. Postgusto largo, larguísimo, muy rico y especiado. Un gran vino y un regalo para los sentidos.




Señorío de Cuzcurrita 2004

Monovarietal de Tempranillo elaborado por Bodegas Castillo de Cuzcurrita (Cuzcurrita del río Tirón) en la subzona de Rioja Alta. 12 meses de barrica y 24 de botella antes de salir al mercado. Sigue las indicaciones del consejo regulador en cuanto a envejecimiento y variedad de uva. Ignoramos el motivo por el que no es calificado como "reserva", quizás alguna técnica de elaboración.

Rojo picota de capa alta y menisco teja, bastante evolucionado. Fase olfativa con predominio de frutos rojos y negros, orejones y tabaco rubio. Fase gustativa redonda y elegante. Eterno postgusto sabroso y especiado. Fantásticamente conservado. Magnífico vino de hace una década. En plena forma. 




La degustación de cualquier "vino de autor" es una delicia. Antes de probarlos cada persona en su fuero interno espera encontrarse unas sensaciones, que luego pueden ser acertadas o no. Esa incertidumbre previa resulta muy estimulante. Durante la cata, en especial si ésta resulta satisfactoria, el disfrute es absoluto: cada vino de autor es único, las apreciaciones son muy personales y permiten gozar sin límite. La peor parte viene una vez que lo hemos terminado, porque muy habitualmente no se tiene acceso a nuevas botellas, casi siempre proceden de obsequios o son rarezas en sí mismas y es prácticamente imposible adquirir nuevas unidades, de manera tal que al apurar una botella con la que hemos disfrutado, es inevitable que nos asalte cierta tristeza, pues entra dentro de lo probable que jamás volvamos a catar ese vino.

Sólo la búsqueda de nuevos vinos puede devolvernos la ilusión.

Y en ello estamos...



lunes, 5 de mayo de 2014

> Tintos de Liébana (Cantabria)


Picos de Europa



En la última década se ha producido el resurgimiento de los vinos tintos atlánticos españoles. Ribeira Sacra (Galicia), Cangas del Narcea (Asturias) y Valle de Liébana (Cantabria) llevan algo más de diez años esforzándose en recuperar la elaboración de este tipo de vinos, tan complicada en latitudes septentrionales, de pluviometría elevada y con escasa insolación media anual.

Como en muchos otros lugares, históricamente el cultivo de la vid en esta zona geográfica vino de la mano de los monjes, quienes plantaron hacia el siglo XIII las primeras cepas en el entorno de los monasterios y abadías. La variedad predominante es la Mencía, que se cree emparentada con la Cabernet francesa "importada" desde el país vecino merced al comercio desarrollado al calor del Camino de Santiago, aunque en Ribeira Sacra también existen viñedos de Trousseau, otra variedad francesa típica de la región del Jura, que en España se ha denominado como Merenzao o Maturana Tinta.

Vendimia manual


En la parte más occidental de Cantabria, el valle de Liébana goza de un microclima excepcional y único en la región. Su orientación sur-norte, protegido por los Picos de Europa de los azotes de los violentos frentes atlánticos, le confiere un clima casi mediterráneo, y permite el cultivo de olivos, alcornoques, limoneros y (evidentemente)... vides. A pesar de ello, el cuidado del viñedo no resulta sencillo. Muchas plantaciones se encuentran no ya en terrazas como en la zona de Oporto, sino directamente en laderas, algunas de notable inclinación, lo que impide la mecanización más elemental. El cultivo por tanto, se realiza de manera totalmente manual, y lo mismo puede decirse de la poda, vendimia y demás labores. Otro inconveniente es la irregular insolación, bien por la orientación bien por la climatología, de modo que cada añada es todo un reto desde el punto de vista madurativo. 

Picos y Picos Roble


Durante los últimos siglos, en Liébana el cultivo de la vid se ha orientado a la producción de aguardiente de gran calidad, capaz de rivalizar con el más afamado orujo gallego, para lo cual se ha venido utilizando las cepas viejas de Mencía e incluso algunas de Palomino. Sin embargo hacia el año 2000, unos cuantos productores de la zona, románticos y valientes, decidieron iniciar la producción de vinos tintos de calidad. La primera añada que salió al mercado fue la de 2006, muy prometedora para ser un vino novel, a cargo de la Compañía Lebaniega de Vinos y Licores, cuyas minúsculas aunque bien equipadas instalaciones ocupan una "casuca" en Cabezón de Liébana, cerca de Potes, centro neurálgico del Valle de Liébana. En la actualidad elaboran un roble, Picos de Cabariezo, casi monovarietal de mencía y un tinto joven fruto de un coupage de mencía, tempranillo y garnacha. En algunas añadas se ha incorporado minoritariamente uva de otras castas foráneas como Syrah o Merlot.

Algo más tarde se sumó una nueva iniciativa empresarial, Bodega Río Santo (Cillorigo de Liébana), que elabora un único vino con gran personalidad, el Lusía, a base también de mencía con un aporte de tempranillo y breve crianza posterior en barrica mixta de roble, curiosamente de 500 litros de capacidad, en lugar de la habitual barrica bordelesa de 225 litros, con la finalidad emulsionar los aromas y sabores del vino minimizando el aporte de madera para obtener una mayor carga frutal en el mismo. La última incorporación a la escasa oferta vinícola de Liébana ha sido el Ángel Moreno Roble, otro monovarietal de mencía elaborado por la otra gran empresa licorera de la zona, Orujo de Potes-Sierra del Oso, de características organolépticas similares aunque menos introducido en el mercado.


Ángel Moreno Roble

Los expertos se aventuran a pronosticar un exitoso futuro a estos "Vinos de la Tierra de Liébana", siempre y cuando se mantengan fieles a la expresión del terruño, huyendo de los incrementos de producción de uva que a la larga terminan por desvirtuar la calidad de los vinos. Los suelos en Liébana son pobres, pizarrosos, con poca capa orgánica y exactamente esa es la clave del éxito, el control en sus índices productivos. Viñas viejas, bien orientadas para asegurar la exposición al sol y una correcta maduración del fruto, vendimia manual y selección de racimos en el viñedo, cosechas controladas, elaboración cuidadosa y crianza en barrica de madera adecuada y durante el tiempo correcto. Por el momento, los tiempos de permanencia en barrica empleados son breves, como máximo 12 meses, ningún productor de Liébana se ha aventurado a intentar elaborar un vino con más crianza, a diferencia por ejemplo de algunos vinos a base de mencía de El Bierzo o Ribeira Sacra, zonas estas últimas donde cada vez es más habitual encontrar vinos con más de un año de envejecimiento en roble.

El resultado final son unos vinos visualmente preciosos, bien cubiertos, con ribete azulado o violáceo, identificativo de su juventud. En nariz son complejos e intensos, frutales, con predominio de los frutos negros, con recuerdos animales y de bosque húmedo. En boca son potentes, golosos, grasos, minerales, largos, algo herbáceos y con acidez equilibrada.

Estamos ante una zona emergente. Una docena de años no es nada en cuanto al desarrollo vitivinícola se refiere, especialmente si lo comparamos con los cientos de años que llevan desarrollándose vinos en otras áreas. Pero quizás este sea su principal atractivo, la aventura, el descubrimiento y, por qué no decirlo, el riesgo que supone desarrollar un cultivo y elaborar un vino, venciendo la resistencia que la tradición y la naturaleza se empeñan en oponer. Tal vez en unos años, algún crítico internacional de gran influencia ponga sus ojos en los tintos de este escondido rincón del norte de España, y los vinos de Liébana pasen a ser alabados por el público y logren multitud de premios en concursos especializados. 

En ese momento, alcanzaremos una doble satisfacción. En primer lugar, por el reconocimiento a aquellos soñadores que hace más de una década decidieron comenzar a elaborar vinos de calidad en las laderas de los Picos de Europa. Pero también por nosotros mismos, porque podremos decir satisfechos, que fuimos pioneros en ensalzar los tintos del Valle de Liébana. 




Tintos lebaniegos





lunes, 28 de abril de 2014

> VIII Feria de los Vinos de Aragón (Montañana)




El pasado fin de semana se celebró, de nuevo con gran éxito, la Feria de los Vinos de Aragón en el zaragozano barrio de Montañana. Invitados por un amigo de la infancia con el que recientemente hemos vuelto a contactar (gracias, Toni) quien además nos hizo de anfitrión durante el primer día de feria, acudimos a dicho evento con la ilusión de disfrutarlo personalmente por primera vez.

La organización y la infraestructura fueron excelentes. La página web fue proporcionando información sumamente útil desde semanas antes, con un diseño ágil e intuitivo, sobre accesos, funcionamiento, expositores, catas, etc. El corazón de la feria es la pista del pabellón deportivo, en cuyos laterales se instalan los stands de la veintena larga de bodegas participantes. El mecanismo de adquisición de bonos y copas para la degustación de los vinos es rápido, sencillo y cómodo. La denominada "carpa de maridajes" adyacente es todo un acierto, pues permite al visitante acompañar su vino con algo sólido y nutritivo, sin verse distraído con olores exógenos a la apreciación de los aromas del interior de las copas. La instalación de fuentes de agua para el aclarado y limpieza de copas es muy de agradecer y revela el creciente interés y apreciación por parte del público hacia los vinos de calidad.

Sala de catas

Ya desde el jueves, se realizaron jornadas de cata, comenzando ese mismo día con una cata "sólo para mujeres". No terminamos de comprender el significado de la misma, más aún si tenemos en cuenta que no existe su equivalente exclusiva para el género masculino. El viernes fue el turno de las catas de DO. Somontano y DO. Cariñena. El sábado se dedicó a DO. Campo de Borja y a los Vinos de la Tierra de Aragón, para concluir el domingo con la DO. Calatayud y vinos de otras procedencias geográficas. Todas las catas fueron gratuitas, previa inscripción, admirablemente conducidas por los sumilleres José Antonio Laborda, Andrea Alonso e Ismael Ardid, en un ambiente distendido y relajado.

Tras la asistencia a esta feria, hemos podido constatar dos hechos relevantes. En primer lugar, se evidencia bien a las claras la buena salud de que gozan los vinos aragoneses en general, más particularmente los elaborados a base de Garnacha, ampliamente representados en la feria y en las catas de todas y cada una de las denominaciones de origen. En este sentido, nos da la sensación de que las bodegas de la DO. Calatayud parecen ir ligeramente en ventaja, seguidas muy de cerca por las de Borja, quedando algo más retrasadas las de Cariñena y por supuesto aún más las de Somontano, zona geográfica ésta última en la que el cultivo de esta variedad de uva es minoritario ya desde su nacimiento. 

Vinos premiados en el concurso Garnachas del Mundo.
Bodegas San Alejandro (DO. Calatayud)

El segundo hecho a destacar tiene que ver con la recuperación de variedades de uva que se creían casi abandonadas. Hemos visto  en los stands de algunas bodegas vinos monovarietales elaborados con Moristel, Parraleta, Alcañón, Vidadillo y Mazuela. Bien es cierto que suelen ser bodegas pequeñas, algunas de índole local, las bodegas digamos "grandes" (San Alejandro, Borsao, Coto de Hayas, Aylés), con amplias cuotas de mercado nacional e incluso internacional, de momento no desarrollan vinos de ese estilo, siguen apostando por lo que les funciona, es decir, ensamblajes comerciales conocidos (Merlot-Cabernet, Shyrah-Tempranillo, etc) o monovarietales de Garnacha que arrasan en los concursos y copan los premios de crítica y público.

Monovarietales "recuperados" de Bodegas Alodia (DO. Somontano)

Nos han sorprendido muy gratamente los vinos de dos pequeñas bodegas ajenas a las Denominaciones de Origen, una de Lanaja (Huesca) y otra de Cretas (Teruel). La primera de ellas se llama DCueva-DMonegros y produce el autodenominado "Vino del Desierto", aplicando técnicas ancestrales en el cultivo de la vid,  un poco en el sentido de lo que los franceses definen con el concepto de terroir, logran unos bajos índices productivos que se traducen en vinos interesantísimos, todo ello en el marco de un territorio casi desértico como son Los Monegros. Casi un milagro enológico. Tuvimos ocasión de catar un blanco, denominado muy acertadamente Duna, elaborado íntegramente con Garnacha Blanca, aromático e intenso, con largo postgusto y recuerdo de frutos secos. Curioso.


La otra bodega que nos llamó la atención, está ubicada en la comarca del Matarraña, concretamente en Cretas (Teruel) muy cerca de Valderrobres. Su nombre es Mas de Torubio y de entre sus vinos probamos el Cloteta, un tinto elaborado con una subvariedad de la Garnacha llamada "garnacha peluda", autóctona de ese rincón del sureste de Aragón, limítrofe con la provincia de Tarragona. Un vino diferente, con 4 meses de crianza en barrica, fácil de beber, muy agradable, quizás algo sobrado de madera pero gustoso y maridable.



Aunque comparar vinos siempre es un error, resulta imposible no hacerlo en un marco con tanta oferta como la Feria de Montañana. Intentamos resistirnos, pero inevitablemente caímos en la tentación. No obstante, al menos los paralelismos los establecimos entre vinos similares entre sí, misma variedad de uva y mismo periodo de permanencia en barrica. Y en el devenir de este proceso comparativo, los grandes triunfadores fueron los vinos tintos de Bodegas San Alejandro (Calatayud): el Baltasar Gracián Garnacha Viñas Viejas resultó, en nuestra opinión superior a la media. Las garnachas de Cariñena no terminan de funcionar como debieran, aunque mejoran año a año, mientras que las de Campo de Borja se nos antojan ligeramente sobrevaloradas (en este sentido, el Tres Picos de Borsao nos resultó algo decepcionante en su conjunto).

De entre los tintos no monovarietales que pudimos probar, podemos destacar en primer lugar el Borsao Selección. Avalado por la opinión de Robert Parker, quien lo calificó como "el mejor tinto del mundo por su relación calidad/precio", mantiene bien alto el pabellón con su ensamblaje de garnacha, tempranillo y shyrah, sin paso por barrica. Tanto éxito cosechó este vino que se agotaron las existencias antes de finalizar el último día de feria. El otro tinto con coupage (merlot-cabernet-garnacha) digno de mención es el Tres de 3000 de Aylés, un vino espectacular que nos permitimos degustar como colofón a nuestra estancia en la feria. Lástima que la política de la bodega no facilite en absoluto la visita a sus instalaciones, tal vez con la finalidad de conservar un elitismo y una exclusividad que en nada favorecen a su imagen pública entre el consumidor medio.

Un fin de semana francamente provechoso en lo enológico, a un paso de casa y con unos precios inmejorables.

¿Alguien da más...?




lunes, 7 de abril de 2014

> Decíamos ayer...


 Bachilleres 1988 Colegio Sagrado Corazón

El pasado sábado 29 de Marzo, se conmemoró el XXV aniversario de la promoción de bachilleres del año 1988 del Colegio Sagrado Corazón de Zaragoza. A las doce en punto del mediodía fuimos convocados después de semanas de preparativos, llamadas de teléfono, emails y abundante tráfico en el grupo de whatsapp creado a tal efecto.


Nos recibieron el actual director del centro, el Hno. Eduardo De Eulate, así como el presidente de la Asociación de Exalumnos, D. Luis Bayod, quienes nos acompañaron durante toda la visita a las instalaciones. Antes de pasar a uno de los oratorios para celebrar la Eucaristía, nos reunimos también con varios de nuestros antiguos profesores, algunos de los cuales se sumaron a la comida posterior. Resultó especialmente curioso reencontrarnos con las profesoras que nos dieron clase en los primeros cursos de EGB, y aún más curioso constatar que alguna de ellas es profesora actualmente de los hijos de varios de nosotros. Relevo generacional.

Un  momento de recogimiento durante la Eucaristía

Profesores invitados al acto con el representante de los alumnos

Durante la celebración de la Eucaristía se produjeron un par de hechos que sólo pueden ser catalogados como milagrosos. El primero de ellos fue la "resurrección" de un antiguo profesor, a quien se le recordó durante las ofrendas entre los fallecidos, a pesar de que goza de una extraordinaria salud. El segundo de los hechos resulta aún más inquietante, y se sustanció al verificar la facilidad con que alguno de los presentes, quienes hacía varios años que no asistían a una misa, eran capaces de recordar todas y cada una de las palabras empleadas en la liturgia. La mente humana posee conexiones y recursos absolutamente inesperados. Con total seguridad el aprendizaje realizado durante la infancia más tierna deja una huella indeleble.

Visita a las instalaciones 

Discursos

A continuación realizamos una visita por las instalaciones del centro, absolutamente irreconocible para la mayoría de nosotros. Las modificaciones efectuadas para la adaptación a las nuevas normativas en materia de educación han transformado el colegio hasta límites insospechados. Si no hubiéramos ido acompañados en todo momento, con seguridad nos habríamos extraviado. De aquellos años 80 que conocimos perduran los pasamanos de la escaleras y algunas mesas de profesor que despertaron en algunos recuerdos de diversa naturaleza.

Fuimos finalmente guiados hasta la sala de proyecciones, lugar donde tuvieron lugar los discursos, comenzando con el director del centro el Hno. Eduardo De Eulate, a continuación el presidente de la Asociación de Exalumnos D. Luis Bayod, y finalmente el representante de la promoción homenajeada D. Gonzalo Aguado. Se proyectó un audiovisual con fotografías obtenidas de los anuarios de aquellos años intercaladas con simpáticas imágenes propias de la época (publicidad, juguetes, series, películas, etc) sobre un fondo musical algo más que vintage, todo ello con la asistencia técnica de uno de los compañeros, D. Oscar Vázquez.

Como detalle inolvidable, a cada uno de los asistentes se nos hizo entrega de una insignia del colegio, recogida individualmente de la mano de un antiguo profesor, por riguroso orden alfabético, como no podía ser de otra forma. El Hno. Pedro Jimenez (Física y Electricidad), y los señores Nuez (Historia) y Marco (Literatura) asistieron en representación del cuadro docente de aquellos años. En reciprocidad, cada profesor asistente al evento, recibió una copia de la orla de la promoción, como agradecimiento a su presencia y a su labor formativa y humana.

Insignia

Entrega de orlas a los profesores


Entre risas, recuerdos y agradecimientos se hizo la hora de disfrutar del aperitivo, del que todos los presentes dimos buena cuenta. Ese fue el momento de charlar, saludar e intercambiar una animada conversación con aquellos que fueron nuestros compañeros hace años, antes de pasar a ocupar las mesas dispuestas para la comida. El menú cerrado consistió en un centro de ensalada de queso de cabra, arroz con boletus y foie como primer plato, ternasco al horno con patatas como segundo plato y milhojas como postre. La supervisión del menú elegido la llevó a cabo D. Luis Vaquer, profesional del sector y compañero de promoción.

Aperitivo



Comida



El vino elegido para acompañar la comida fue el Comportillo Crianza 2010, elaborado por Bodegas Ontañón (Aldeanueva de Ebro) y perteneciente a la DO. Rioja. Se presenta en botella bordelesa de color verde con etiqueta clásica con una litografía de viñedos. Corcho colmatado y cápsula fina de calidad media. Ensamblaje moderno en los últimos años habitual en Rioja (90% tempranillo y 10% garnacha). Crianza de 12 meses en barrica de roble antes de su paso definitivo a botella.

Visualmente es de color rojo cereza-guinda con menisco granate y gran cantidad de lágrima no pigmentada. En nariz despliega un predominio mayoritario de fruta roja y atisbos de canela en rama. Recuerdos minerales y proteicos, cueros y madera de escasa entidad. En boca aparecen sabores balsámicos y torrefactos. Taninos medios sin terminar de domar muy presentes, quizá demasiados (sobreextracción?). Final muy corto, con nuevo predominio de la fruta roja, ahora más madura, y postgusto mentolado.


Comportillo Crianza 2010


Al término de la comida, cada uno de los profesores nos dirigió unas palabras. Resultaron especialmente emotivas las pronunciadas por D. Carlos Marco, haciendo referencia a lo que se ha venido a denominar por algún compañero como El Piropo Intergeneracional, y que se resume en la última frase de su discurso: "Ojalá tuviéramos ahora lo que teníamos entonces..." Poco más se puede añadir. A la mayoría no nos resultó fácil reprimir alguna lágrima.

D. Carlos Marco dirigiéndose a los asistentes

Una larga sobremesa nos permitió ponernos al día de la vida de unos y otros en estos últimos 25 años. Resultó inevitable comprobar los efectos que el paso del tiempo ha ido dejando en todos nosotros, algunos con más evolución estética que otros, y quizás ayudados por el vino y los licores de después, se propusieron diversas teorías que justificaran a aquellos con los que los años habían sido más benevolentes. El empleo de cámaras hiperbáricas, la nigromancia e incluso la clonación fueron algunos ejemplos no sabemos si ajustados o no la verdad.

Tal vez en las formas el tiempo haya tenido su influencia, pero en el fondo nada ha cambiado en esencia. Tras este reencuentro, las amistades, las confianzas, las afinidades... siguen siendo las de siempre. Volvimos a reírnos con las mismas bromas de hace años, a recordar las anécdotas que ya entonces nos parecieron divertidas, a compartir con los que siempre habíamos compartido. Alguno dijo que daba la sensación de que no había pasado el tiempo. En realidad, sí que había pasado, sólo que de un modo casi mágico, fuimos capaces de detenerlo, tal vez unas horas, para poder disfrutarlo en compañía de los que nunca dejaron de ser nuestros amigos.

Como ya hemos dicho, lo más difícil ya está hecho. Una vez que hemos vuelto a tener contacto, debemos esforzarnos en mantenerlo. Se propuso repetir actos institucionales similares cada cinco años, lo cual es una gran idea, pero quizás para conservar lo logrado se podría realizar una comida anual, digamos menos formalmente. 

Hasta pronto, compañeros.


 






Foto oficial 



Nota 1:
Me he tomado la libertad de utilizar para la redacción de la presente entrada, imágenes y fotografías compartidas en redes sociales y por whatsapp, incluso frases y comentarios pronunciados por alguno de los asistentes, con la absoluta certeza de que representan la opinión de la mayoría. Gracias a todos.

Nota 2:
Deseo reiterar mi más sincero agradecimiento a Gonzalo Aguado quien sin duda ha sido el verdadero impulsor de este exitoso reencuentro, maravillosamente apoyado por Luis Vaquer en materia de restauración-hostelería y por Oscar Vázquez en la confección del audiovisual. Gracias de nuevo.


jueves, 27 de marzo de 2014

> Esencia de Fontana 2011 (DO. Uclés)




Nuestra insaciable curiosidad nos empujó irremediablemente a hacernos con unas botellas de una denominación de origen absolutamente desconocida para nosotros. Se trata de la DO. Uclés, situada al oeste de la provincia de Cuenca, quizás junto con Teruel las dos provincias españolas menos conocidas.

Se dice que desde hace más de 2000 años se elaboran vinos en esta zona geográfica de Castilla-La Mancha. La DO. Uclés es una de las más jóvenes de España, su constitución data del año 2002, y engloba a cinco pequeñas bodegas (Fontana, Vid y Espiga, Soledad, La Estacada y La Estación), la mayoría familiares y de escasa producción, que bien merecen el calificativo de bodegas-boutique, elaboradoras de vinos con uvas procedentes de 1700 hectáreas de viñedo situado a lomos de la divisoria entre las provincias de Cuenca y Toledo, más concretamente en las comarcas de Baja Alcarria y Mancha Alta. 

Climatológicamente esta zona disfruta de un clima continental y su escaso índice pluviométrico en los meses finales del verano permite obtener bajos índices de producción así como una maduración muy acompasada. El suelo rico en potasio y las labores vitivinícolas tradicionales (vides libres "en vaso", vendimia manual, selección en campo) consiguen obtener vinos de pH bajo, con una acidez justa que equilibra su contenido en alcohol y les otorga longevidad una vez enbotellados, así como unas notas minerales propias y peculiares. La variedad tinta predominante es la Tempranillo (que aquí se denomina Cencibel) aunque también se cultiva Merlot, Cabernet, Syrah y Garnacha Tinta. Entre las castas blancas predomina la Verdejo, omnipresente en ambas Castillas.



El desarrollo de la DO. Uclés podría decirse que ha sido el inverso al realizado en otras denominaciones. Mientras en otros lugares se apostó por incrementar la producción de uva para aumentar el número de botellas producidas cada año, en este rincón de La Mancha se decidió hacer lo contrario: controlar estrictamente la producción mediante el empleo de técnicas tradicionales de laboreo y vendimia, para lograr así bajos índices productivos por hectárea y conseguir vinos de una gran calidad y muy homogéneos añada tras añada. Por otra parte, la decidida apuesta por las castas autóctonas (salvo alguna licencia tolerada en ensamblajes minoritarios) no ha hecho más que reafirmar el concepto de terroir, tan vigente en la actualidad, como contraposición al cultivo de variedades internacionales, camino seguido por aquellas denominaciones de origen ansiosas de exportar sus vinos y de abrirse a los mercados internacionales. En ese tránsito algunas están muriendo de éxito, si se nos permite la expresión. Calidad o cantidad, esa es la cuestión.

Fieles a sus antepasados, los bodegueros que integran la DO. Uclés, apostaron firmemente por la elaboración del vino "a la antigua usanza", como hicieron sus abuelos: suelos desnudos, en secano, con escaso abonado y prácticamente nulo empleo de productos fitosanitarios. Lógicamente la tecnología ha terminado llegando, pero intentan conservar y mantener las formas de laboreo, producción y vendimia más ancestrales. Y el resultado no puede ser mejor.



El vino que nos ha servido como tarjeta de presentación de esta denominación de origen ha sido el Esencia de Fontana 2011 de Bodegas Fontana (Fuente de Pedro Naharro), elaborado mayoritariamente con Tempranillo pero con un 10% de Merlot, variedad foránea ésta última francamente amable y dócil en sus ensamblajes. Podríamos decir que estamos ante un semicrianza, pues pasa 6 meses en barrica de roble antes de embotellarse, de manera que sus características organolépticas podrían recordar a algunos robles de Ribera del Duero, lógicamente salvando las distancias.

El embalaje ya resulta interesante y le otorga al vino un extra de categoría. La caja de cartón de 6 botellas viene lacada en negro con las letras en blanco y la disposición de las botellas es horizontal, en dos pisos, con las botellas situadas alternativamente enfrentadas. Botella bordelesa casi opaca, cápsula plateada y corcho natural de calidad correcta. Media etiqueta color magenta en papel seda con caligrafía negra. Contraetiqueta del mismo tamaño con escasa información: variedades empleadas, tiempo de permanencia en barrica y temperatura de consumo.




Brillante color rojo rubí con ribete granate de capa media-alta. Inicialmente algo tímido, en nariz es frutal y potente, con toques especiados y de monte bajo. En boca es joven y pujante, presenta notas lácticas y minerales. Balsámicos en su justa medida, casi sin aporte de madera. La breve permanencia en barrica ha servido para emulsionar los distintos sabores del vino más que para aportar notas de crianza. Es jugoso, carnoso, con acertada y significativa acidez que equilibra su nada escaso contenido alcohólico. Taninos muy finos y de grata presencia.

Tal vez esperábamos más de este vino tan poco conocido, probablemente una mayor carga frutal, pero esta variedad autóctona, la Cencibel, aún apoyada por ese pequeño porcentaje de Merlot, tiene sus límites y si se sobrepasan, algo en ocasiones frecuente, se obtienen vinos con sobreextracción y eso sí que resulta de todo punto intolerable al paladar. 

Cierto es que veníamos de catar días atrás unos vinos jóvenes de Garnacha aragonesa, rebosantes de fruta madura muy dulce, así que este tinto de Uclés nos ha dejado un poco dubitativos. Esperaremos un tiempo y repetiremos la cata, con la seguridad casi absoluta de que no nos decepcionará.

Promete...