martes, 28 de enero de 2025

> Palencia, el discreto encanto de provincias

 

El turismo de interior tiene un ritmo más sosegado. Y no digamos si el destino es la provincia menos visitada de la España peninsular. En la vieja Castilla en general y en Palencia en particular, da la sensación de haberse detenido el tiempo. Nadie parece tener prisa en esta provincia amistosamente abrazada por las de Burgos, Valladolid y León, animando a los palentinos -quizás sin pretenderlo- a mirar hacia el norte más allá de las montañas, en dirección a Cantabria, territorio hermano que en otro tiempo fue la única salida al mar que tuvo Castilla. 





La mitad sur de la provincia de Palencia es una llanura colosal por la que se extienden las comarcas de Tierra de Campos y el Cerrato. Al visitante suele sorprenderle la gran altura de las iglesias de todos estos pueblos -algunos diminutos- pero hay que comprender que durante siglos fueron las espadañas de los templos los indicadores que seguían los viajeros para no perderse por los caminos. La otra gran vía de comunicación construida durante el siglo XVIII es el Canal de Castilla. Palencia es la provincia con más kilómetros de esta gigantesca obra hidráulica de la ilustración española diseñada con la finalidad de comunicar las zonas cerealistas de la meseta norte inicialmente hasta Reinosa, con la pretensión de prolongar más adelante su recorrido incluso hasta el puerto de Santander. Durante algo menos de un siglo, las barcazas cargadas de cereal recorrieron sus aguas en dirección norte, arrastradas por caballerías que tiraban de ellas desde los denominados "caminos de sirga". Animados por el éxito de la empresa, en sus orillas proliferaron los molinos y batanes, así como otras actividades comerciales. Aquellos fueron los años dorados del Canal de CastillaEl desarrollo del ferrocarril y la mejora de las comunicaciones por caminos y carreteras, hicieron que la explotación del canal como vía de transporte dejara de ser rentable. Poco a poco se fue abandonando su uso y en la actualidad sirve para el regadío, como fuente de producción de energía aprovechando los saltos de agua de sus esclusas y más recientemente como atractivo turístico. Hoy en día es posible disfrutar de su recorrido a pie o en bicicleta, en un entorno natural que permite contemplar flora y fauna ribereñas, solapándose alguno de sus tramos con etapas del Camino de Santiago, de manera que no es difícil coincidir con peregrinos procedentes de cualquier punto del mundo. Tal vez las obras más imponentes del canal sean las 49 esclusas -todas ellas numeradas- gracias a las cuales es posible salvar 150 metros de desnivel a lo largo de los más de 200 kilómetros que tiene en total su recorrido. Algunos tramos del canal pueden navegarse a bordo de barcos turísticos que realizan agradables recorridos guiados de algo más de una hora de duración.





Cualquier guía de arte románico que sea consultada, pasará irremediablemente por Frómista, porque tal y como decía el escritor leonés Raúl Guerra Garrido -Premio Nacional de las Letras en 2006- todo español debería visitar Frómista al menos una vez en la vida. La Iglesia de San Martín de Tours está considerada como el templo románico más completo de toda Europa. Construida en el siglo XI como capilla de un monasterio -hoy en día desaparecido- su ubicación en el centro de la localidad, en una gran explanada adoquinada y alejada de cualquier otra construcción, permite la contemplación de sus cuatro fachadas y vale la pena hacerlo con detenimiento. Cada detalle decorativo indica cómo los artesanos y maestros canteros viajaban a lo largo del Camino de Santiago, incorporando a sus nuevas obras las técnicas y estilos de otros artistas. Así es posible encontrar en el exterior de San Martín de Tours decoraciones como el "ajedrezado jaqués", presente en templos y castillos de Aragón, Navarra, León, Zamora e incluso Santiago de Compostela. En el interior de la Iglesia de San Martín de Tours se representa el románico más puro, mantenido tal y como fue diseñado, sin los habituales aderezos góticos y barrocos visibles en muchas otras iglesias, permitiendo al visitante o al peregrino la contemplación de sus ricos capiteles, pasear entre las columnas que separan sus tres naves, elevar unas plegarias y sentirse por unos minutos en la Edad Media.


Frómista es lugar de paso obligado en el llamado Camino Jacobeo Francés. Estas largas etapas por la llanura palentina no resultan especialmente duras, salvo quizás en los meses más calurosos, cuando guarecerse del sol de mediodía es casi una obligación. Existen numerosos albergues en Frómista donde los peregrinos pueden detenerse a pernoctar. A primera hora de la tarde, las terrazas se llenan de gente y se convierten en una Torre de Babel donde se escucha hablar en cien idiomas al mismo tiempo. Sin embargo, aunque cada peregrino la pronuncie con su propio acento, una frase se repite sin cesar... ¡Buen Camino!



Por el contrario, el extremo norte de la provincia de Palencia es en realidad la cara sur de la Cordillera Cantábrica, con mayores altitudes, climatología más extrema y naturaleza en estado puro. Allí nacen los ríos Carrión y Pisuerga que vertebran a lo largo de sus cursos casi la totalidad de la provincia, dejando tras de sí numerosos embalses -Compuerto, Camporredondo, Requejada, Ruesga- cuyas orillas pueden recorrerse por la denominada Ruta de los Pantanos, con  final en Velilla del Río Carrión e inicio en Aguilar de Campoo, localidad esta última que puede considerarse la capital de la Montaña Palentina, tradicional núcleo urbano nacido al calor de los intercambios comerciales y que en la actualidad se ha convertido en vértice industrial de la zona. Pocos restos se conservan del castillo de Aguilar de Campoo -ubicado como es lógico en la zona más elevada de la población- aunque vale la pena acercarse hasta sus faldas donde se alza la ermita románica de Santa Cecilia -cuidada y coqueta- desde cuyo mirador se tiene una espectacular vista panorámica de la localidad. El corazón de Aguilar de Campoo late con intensidad en los característicos soportales castellanos de su Plaza de España -en el pasado denominada Plaza Mayor o Plaza del Mercado- en uno de cuyos extremos destaca la Colegiata de San Miguel, templo gótico principal de la localidad donde se conserva el venerado Cristo Yacente de Aguilar. 


En el extremo occidental de la Ruta de los Pantanos se ubica Velilla del Río Carrión, último rincón de montaña palentina antes del límite con la provincia de León. Dedicada hasta el siglo pasado a la extracción de carbón, el paulatino abandono de las explotaciones mineras y el cierre de la central térmica sumió a esta localidad en una despoblación alarmante. Por fortuna, la belleza de su entorno natural ha conseguido reconducir su futuro hacia el turismo de calidad. El monumento más célebre de la localidad son las Fuentes Tamáricas, surgencias de agua ya descritas en época romana por Plinio El Viejo, situadas en el centro de un gran parque y a escasos metros de la ermita de San Juan de las Fuentes Divinas. El comportamiento de estas fuentes es cuando menos curioso, ya que de ellas puede manar agua en abundancia o permanecer absolutamente secas y estas variaciones pueden darse incluso a lo largo de un mismo día. Por supuesto, existe una explicación científica para ello, pero no seremos nosotros quienes la desvelemos. Este carácter misterioso sirvió para alimentar la leyenda del poder mágico de dichas aguas y aún hoy en día se cree que todo aquel viajero que encuentre secas las fuentes en su primera visita a Velilla del Río Carrión, fallecerá antes de siete días. Por nuestro propio bien, esperemos que sólo se trate de una leyenda...  



El legado dejado por los romanos en Palencia ha sido descubierto hace relativamente poco tiempo. Tratándose de una provincia mayoritariamente agrícola y ganadera, los hallazgos se han circunscrito al descubrimiento de varias villas romanas relacionadas con lo que fueron inicialmente explotaciones agropecuarias y que con el paso del tiempo se convirtieron en preciosos palacios en el medio rural con todos los lujos y comodidades de la época. Existen varias villas descubiertas, sin embargo sólo son visitables la Villa La Tejada en Quintanilla de la Cueza y la Villa La Olmeda en Pedrosa de la Vega. Ambas tienen la particularidad de que los yacimientos permanecen en el lugar exacto donde se descubrieron, no ha habido traslado de vestigios a museos y las labores de investigación se realizan in situ. Como es lógico, ha sido necesario destinar importantes sumas de dinero para acondicionarlas y preservarlas, pero el resultado es sencillamente imponente. En concreto, la Villa Romana La Olmeda es posiblemente el yacimiento arqueológico que conserva el mejor conjunto de mosaicos romanos en toda España. La visita a los 4400 metros cuadrados de la vivienda -pars urbana- se completa con los almacenes, talleres y cuadras -pars rustica- todavía por descubrir, sin olvidar el museo ubicado en la cercana localidad de Saldaña donde pueden contemplarse la mayoría de los objetos recuperados en el yacimiento.



La capital de la provincia se extiende junto a la margen izquierda del río Carrión, cuyo cauce se abre caprichosamente en dos brazos en ese punto, formando dos islas conocidas como El Sotillo de los Canónigos y la Isla Dos Aguas. Al este del río queda el casco antiguo de la ciudad, cuyo eje principal es la Calle Mayor Antigua, arteria peatonal de más de 900 metros de longitud en torno a la cual se sitúan la mayoría de lugares de interés. Muy cerca de allí, la Plaza Mayor -algo menos mayor que otras plazas mayores, si se nos permite el juego de palabras- alberga el ayuntamiento y unos cuantos restaurantes, aunque nos resultó más interesante la cercana Iglesia de San Francisco, con su doble espadaña y su claustro que esconde en unos de sus extremos una capilla-osario verdaderamente excepcional y que tiene el honor de haber sido la sede de las Cortes de Castilla en el siglo XIV.


Recorriendo la Calle Mayor hacia el norte, se llega a la Plaza de la Inmaculada y a la Catedral de San Antolín -La Bella Desconocida, como la llaman los palentinos- tercera catedral gótica más grande de España tras las de Toledo y Sevilla. El templo y las plazas que lo rodean sorprenden por sus dimensiones. La llana orografía de la ciudad favoreció las obras así como las numerosas propiedades que la Iglesia tenía en el entorno de dicha ubicación, previamente empleada para erigir un templo románico y anteriormente un templo visigodo, cuyos vestigios todavía son visitables en la cripta de la propia catedral. Muy cerca se halla la Iglesia de San Miguel, templo de estilo tardorománico o protogótico, de aspecto menos grácil y más robusto, pero que cuenta en su favor con la leyenda de haber sido el lugar donde se ofició la boda entre Rodrigo Díaz de Vivar -el Cid Campeador- y su esposa Doña Jimena. Y decimos leyenda porque no existe documento histórico alguno que permita corroborar dicho enlace. En cualquier caso y quizás precisamente por este motivo, la Iglesia de San Miguel es una de las preferidas por los novios palentinos para jurarse amor eterno.



Sin ningún género de dudas, la Calle Mayor Antigua es la pasarela de moda de la ciudad. Pasear por ella durante la tarde, saludar a los conocidos y dejarse ver parece ser imprescindible para muchos palentinos. Ciertamente es una actividad muy agradable, sin olvidar la belleza arquitectónica de muchos de sus edificios -tristemente cada vez menos habitados- es la cara urbana del vaciamiento de la España interior, un fenómeno imparable que afecta por igual a casi todas las capitales de provincia y del que hemos sido testigos en numerosas ciudades. Y no sólo hablamos de las viviendas -algunas de ellas encuentran una nueva vocación como apartamentos turísticos- sino sobre todo de los locales. El cierre de un comercio tradicional es inmediatamente aprovechado por las franquicias, independientemente del sector al que se dediquen -mayoritariamente a la hostelería, aunque las hay de todo tipo- y su voracidad urbanística es infinita. De manera que a los negocios de toda la vida tan sólo les queda resistir. Y precisamente en Castilla es donde hemos encontrado la resistencia más feroz ante esta invasión deshumanizadora de las grandes empresas. En ese sentido, nos resulta imposible olvidar una confitería en la Plaza Mayor de Salamanca, desde cuya entrada era posible divisar al fondo del local a una señora sentada junto a una mesa camilla. Pues de igual modo, en Palencia es posible encontrarse con comercios que todavía protegen su escaparate durante las horas de cierre con tablas de madera y farmacias heredadas de padres a hijos en las que sus propietarios residían en una vivienda justo encima de la botica. Son imágenes enternecedoras, cargadas de sentimiento, que hablan de cómo discurría el día a día hace medio siglo en cualquier ciudad española "de provincias", como se acostumbraba a decir -un tanto despectivamente- en los círculos más elitistas y relamidos de Madrid y Barcelona. Castilla todavía resiste -fiel a su historia, su pasado y sus tradiciones- convirtiéndose en una cápsula del tiempo que al visitante sorprende más por olvidado que por desconocido.



No obstante, hasta principios del siglo XX Palencia adolecía de una imagen icónica como ciudad. Quizás por ese motivo en el año 1930 el escultor palentino Victorio Macho recibió el encargo de construir una gran estatua de un Sagrado Corazón de Jesús. Se decidió erigirla en el Cerro del Otero, uno de los pocos promontorios cercanos a la ciudad. Con sus más de 20 metros de altura, el Cristo del Otero sorprende tanto por sus dimensiones como por la rapidez con que fue construido -apenas 9 meses- realizándose su inauguración en la primavera de 1931. A sus pies existe una preciosa ermita -visitable y muy reformada- dedicada a Santa María, en cuyo interior yacen los restos de Victorio Macho, cumpliendo así una de las últimas voluntades del artista, descansar en tierras palentinas después de haber diseñado esculturas y monumentos en España y América. En los meses con menos afluencia de visitantes, vale la pena acudir al atardecer a visitar el centro de interpretación del Cristo del Otero y esperar a quedarse a solas para disfrutar de las últimas luces del ocaso. Las sombras comienzan a ganarle terreno al sol, que apenas alcanza a iluminar el rostro y los hombros de la estatua. El silencio te envuelve, tan sólo se escucha a los pájaros o algún crujido de la piedra al enfriarse y en ese preciso momento hay quien asegura que se puede percibir un susurro, un murmullo, una suave voz procedente de lo alto que agradece al viajero la visita y que le acompaña hasta que el sol se pone por completo.



En efecto, ni una sola palabra hemos escrito relativa al vino en el presente artículo. Que no cunda el pánico, queridos lectores, enseguida resolveremos este asunto. A continuación una breve introducción a las denominaciones de origen Arlanza y Cigales, así como notas de cata y opiniones acerca de un par de vinos adquiridos, catados y disfrutados en tierras palentinas.


La provincia de Palencia no cuenta con una Denominación de Origen propia, sin embargo comparte con Burgos la DO. Arlanza y con Valladolid la DO. Cigales. La DO. Arlanza es una demarcación geográfica más bien joven -fue creada en el año 2007- aunque la tradición vitivinícola data de hace casi mil años. Sus viñedos ocupan aproximadamente 450 hectáreas repartidas en las inmediaciones del río Arlanza, en parcelas pequeñas, mestizas y desiguales, a menudo de difícil acceso, con marcos de plantación que imposibilitan la mecanización del trabajo en campo. Se extiende por la mitad sur de las provincias de Burgos y Palencia. La variedad Tinta del País es la más abundante, aunque también están autorizadas Garnacha, Mencía, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot. Se elaboran vinos tintos y rosados, ambos deben incorporar al menos un 50% de Tinta del País y en el caso de los rosados pueden elaborarse mezclando uvas tintas y blancas. Los cepajes reconocidos para elaborar vinos blancos son Albillo y Viura. 


En los últimos años ha crecido el número de bodegas de la DO. Arlanza hasta superar holgadamente la veintena. La mayoría siguen siendo de tamaño pequeño y algunas de ellas apuestan por la recuperación de viñas centenarias casi perdidas. Tal es el caso de Vinos Sinceros Viticultores elaboradores del PALENZUELA QUINTERO 2021, un vino de parcela como los de antes, pero de factura actual y muy moderno. Botella numerada -851 de 1300- ensamblaje de Tempranillo, Garnacha y otras variedades blancas, todas ellas procedentes de un mismo viñedo mestizo a una altitud de 1000 metros sobre suelos de cascajo y clima extremo en la comarca del Cerrato palentino. Crianza durante 18 meses en barrica de roble de 500 litros. Color rojo cereza de capa media con ribete malva. Cerezas, ciruelas y pimienta blanca en nariz. Ligeramente licoroso y con un punto herbáceo muy interesante. Marcadamente mineral, acidez media y francamente bien equilibrado. Fino, agradable y redondo en boca, con tensión, frescura y nervio. Todo un descubrimiento.


Históricamente Cigales se ha significado en la elaboración tradicional de rosados -antes denominados como claretes- los cuales representaban el producto sincero de la mayoría de los viticultores de la zona, vinos que se elaboraban tras la vendimia de toda la uva disponible en el viñedo, mayoritariamente tinta, pero con un porcentaje significativo de uvas blancas. Eran vinos destinados al autoconsumo y cuyos excedentes se comercializaban habitualmente a granel. La creación de la DO. Cigales data del año 1991 y sus viñedos se extienden por ambas márgenes del río Pisuerga tanto en su trazado vallisoletano como en el palentino, aunque en realidad no existe solución de continuidad entre unas tierras y las otras. El Consejo Regulador ha realizado una importante labor para posicionar Cigales en el mercado y actualizar su imagen. Tempranillo, Garnacha -tinta, blanca, tintorera y gris- Viura, Verdejo y Albillo son las variedades principales. Desde 2011 se reconocen como complementarias Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Sauvignon Blanc. Finalmente en 2022 se decidió eliminar la distinción entre variedades principales y complementarias. Se autoriza la elaboración de vinos tintos, rosados, blancos, espumosos y dulces. De un tiempo a esta parte, Cigales ha experimentado un salto cualitativo, que si bien le ha permitido alcanzar cierto éxito comercial, hay quien opina que ha sido a costa de perder algo de su identidad. 


Un buen representante de los nuevos tiempos que corren en la DO. Cigales es Bodega Hiriart, reinterpretación de la tradicional bodega de la familia Muñoz a cargo de su tercera generación. La bodega actual abrió sus puertas en el año 2007, aunque en realidad llevan más de un siglo elaborando vino. El nombre es un homenaje al apellido de su bisabuela de origen francés, con cuya familia -natural de Burdeos- establecieron relaciones comerciales a finales del siglo XIX. Este vínculo franco-español entre bodegas es de sobra conocido en Castilla, en La Rioja y en muchos otros lugares. No olvidemos que gracias a aquel intercambio de información y de vino, llegaron hasta nosotros las técnicas bordelesas de crianza en roble. HIRIART CRIANZA  2020 es un monovarietal de Tempranillo que reposa durante 14 meses en barrica de roble francés y americano. Color rojo picota de capa media con ribete granate. Ciruelas y cerezas, especias dulces, caja de puros y guirlache. Algo rústico y cálido en boca. Acidez media, astringencia media y ligero amargor en el postgusto. Menos voluminoso de lo esperado. Fresco, agradable, sabroso y versátil. Entre Rioja y Ribera... Cigales!


Damos por concluido este amplio y agradable recorrido por la provincia de Palencia, tierras tan cercanas como desconocidas para muchos españoles. Es curioso cómo con demasiada frecuencia emprendemos un largo viaje hasta el otro extremo del mundo y sin embargo seguimos sin conocer preciosos rincones de nuestro país que probablemente sean más valorados en el extranjero que por nosotros mismos. 

En la próxima entrada, todos los detalles de la visita a una espectacular bodega subterránea tradicional palentina.


lunes, 14 de octubre de 2024

> Una mañana en Alsacia

 

Es imposible escribir acerca de una zona vitivinícola sin hacer referencia a su historia y Alsacia tampoco es una excepción al respecto. Esta estrecha franja del valle del Rin se extiende en sentido norte-sur a lo largo de algo más de 100 kilómetros y se delimita por la cordillera de los Vosgos al oeste y por el macizo de la Selva Negra al este. En la actualidad, la frontera franco-alemana está situada en el mismo eje del río, pero no fue así siempre. En absoluto fue así siempre...


Este pequeño trocito de territorio -de un tamaño similar a La Rioja, poco más o menos- ha sido motivo de disputa entre Francia y Alemania desde hace más de cuatro siglos, aunque en realidad ha estado más tiempo bajo influencia germánica. La historia de Alsacia ha discurrido prácticamente en paralelo a la de Lorena, otro territorio vecino por el que ambas potencias han pugnado en repetidas ocasiones. Tras la muerte del emperador Carlomagno en el año 814, ambas regiones quedaron incluidas en el Sacro Imperio Romano Germánico y no fue hasta el siglo XVII cuando pasaron a estar bajo dominio francés tras la firma del Tratado de Westfalia que dio por finalizada la Guerra de los Treinta Años. La victoria alemana en la Guerra Franco Prusiana en 1871 devolvió ambos territorios a manos germanas y así permanecieron hasta el final de la Primera Guerra Mundial. La firma del Tratado de Versalles en 1919 oficializó la devolución de Alsacia y Lorena a Francia, sin embargo dicho estatus apenas duró dos décadas. 


Nada más comenzar la Segunda Guerra Mundial, las tropas alemanas no tardaron en volver a invadir ambos territorios, incluso con menos dificultad de lo esperado, ya que fueron recibidos en algunas poblaciones casi como libertadores después de tantos vaivenes históricos. Sin embargo, las autoridades alemanas no fueron nada clementes con la población alsaciana, más de 100.000 hombres fueron forzados a alistarse en el ejército alemán para luchar con el uniforme de un país que no era el suyo, la mayoría de los cuales fueron enviados al frente del este. Casi la cuarta parte fallecieron en la fría estepa rusa y la historia los recuerda como los "Malgré-Nous", nombre que podría traducirse como los "a nuestro pesar". La derrota definitiva de Alemania en la primavera de 1945 finalmente devolvió Alsacia y Lorena a Francia, situación que se prolonga hasta nuestros días. No sabemos por cuánto tiempo...


Cada vez que Alsacia ha cambiado de manos -y han sido unas cuantas- la potencia vencedora ha intentado someter a la población alsaciana imponiendo su idioma y sus símbolos culturales. En líneas generales Francia siempre ha sido más sutil, mientras que Alemania lo ha intentado por la vía de la imposición y las prohibiciones. Los esfuerzos desplegados desde París -no olvidemos que Francia es el país más centralista del mundo- para imponer la cultura francesa no pueden compararse a la germanización forzosa que las autoridades alemanas implantaron entre 1940 y 1945. La consecuencia en la actualidad es que la mayoría de la población de Alsacia simpatiza con ambas culturas y admite su pertenencia a Francia -nunca ha habido un movimiento independentista alsaciano, quizás porque nunca lo han sido, en su permanente papel de bisagra entre imperios- sin renunciar a su evidente pasado germánico e incluso a su propia lengua -el alsaciano- que fonéticamente guarda una gran similitud con el alemán. Lo mismo sucede con los nombres de las localidades, los apellidos, la gastronomía y -por supuesto- también con el vino. La capital de Alsacia es Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo, cuya designación nada casual fue un evidente intento de otorgar a este territorio un protagonismo europeísta que pusiera fin al histórico conflicto franco-alemán, una herida antigua, una cicatriz inadmisible en el seno de la Unión Europea. La llanura alsaciana se ha dividido históricamente en dos subzonas geográficas, Alto Rin y Bajo Rin -Haut Rhin y Bas Rhin- sin embargo, las autoridades francesas idearon en 2021 la creación de la Colectividad Europea de Alsacia, integrada en la nueva región bautizada como Gran Este. Como contraprestación a su docilidad con París, Alsacia obtuvo ciertos derechos en materia lingüística y autogestión del territorio, demostrando que los alsacianos siempre han sabido nadar entre dos aguas -en ocasiones turbulentas- y salir con la ropa aceptablemente seca.

Desde el punto de vista geológico, este tramo del valle del Rin es en realidad el resultado del colapso de una gran cordillera que, tras su hundimiento, dejó un gran cauce fluvial de casi 50 kilómetros de ancho, flanqueado por dos cordones montañosos, la cordillera de los Vosgos al oeste y el macizo de la Selva Negra al este. Como consecuencia de dicho colapso, las características de los suelos del fondo del valle guardan interesantes similitudes con los de las cimas que lo rodean, incluso a pesar de estar situadas a bastantes kilómetros de distancia. Existe por tanto un mosaico de tipos de suelo -granito, gneiss, esquisto, arenisca- que llega a su máxima complejidad a mitad de las laderas, entre 200 y 350 metros de altitud. Climatológicamente, Alsacia se puede catalogar como un área de clima semicontinental soleado relativamente cálido y de pluviometría baja -menos de 500 mm anuales- bien protegida por los Vosgos del azote de los temporales del norte. 


Estrasburgo y Sélestat en el Bajo Rin, Colmar y Mulhouse en el Alto Rin son las cuatro ciudades más importantes de Alsacia. Sin embargo, desde el punto de vista turístico, la belleza y el encanto reside en las poblaciones más pequeñas como Eguisheim, Turckheim, Riquewihr, Kaysersberg, Obernai, Bergheim o Ribeauville. Muchas de ellas están incluidas en la Ruta de los Vinos de Alsacia, una magnífica experiencia para disfrutar del paisaje, la gastronomía, las fiestas y las tradiciones que rodean a la cultura de los vinos alsacianos. En esas dos décadas que duró el periodo entre guerras, en algunas de estas pequeñas localidades se produjo el inicio del desarrollo cooperativista, agrupaciones de viticultores que unieron sus esfuerzos para mejorar la calidad de sus vinos y optimizar sus resultados comerciales, convirtiéndose así en pioneros no sólo en Francia, sino en toda Europa. De esa manera, fueron poco a poco dejando atrás la etiqueta de vinos mediocres y de escasa calidad con la que se les identificó durante el siglo XIX. A lo largo de la década de los 50, el estilo de elaboración a ambos lados de la frontera fue igualándose gradualmente en cuanto a contenido en azúcar -tradicionalmente secos los franceses, ligeramente dulces los alemanes- encontrando ambos definitivamente el equilibrio y el éxito comercial.


En el año 1962 se creó la AOC Alsace -clasificación comunal genérica de origen de los vinos alsacianos- y en 1975 se inició el lento desarrollo de la AOC Alsace Grand Cru con la identificación  en 1983 de 51 viñedos o lugares determinados -lieux dits- merecedores de dicha calificación por su calidad reconocida. Estos viñedos de renombre apenas suponen el 8% de la superficie de viña de Alsacia, se ubican mayoritariamente en el Alto Rin -tan sólo 11 lieux dits pertenecen al Bajo Rin-  los vinos que se elaboran con las bayas procedentes de ellos deben ser monovarietales y exclusivamente debe tratarse de uvas pertenecientes a las denominadas "variedades nobles" (Riesling, Pinot Gris, Gewürztraminer y Muscat), en contraposición a las llamadas "variedades populares" (Pinot Blanc, Auxerrois, Sylvaner, Chasselas y Pinot Noir). Para complicar todavía un poco más las cosas, desde el año 2011, cada uno de estos lieux-dits tiene reconocida una AOC propia.


La mayor parte de la superficie de viñedo -aproximadamente el 78%- se destina a la elaboración de vinos blancos monovarietales sin crianza utilizando cualquiera de las variedades de uva autorizadas -nobles y populares- vinos que se comercializan como AOC Alsace en la tradicional botella conocida como "flauta alsaciana". El contenido en azúcar residual depende del estilo de cada elaborador, aunque en general es más probable encontrar cierto dulzor en los Gewürztraminer y en los Pinot Gris que en los Riesling, pero no es una regla fija. Está también autorizada la variedad Pinot Noir, vinificada como tinto,  como rosado e incluso como blanc de noirs, aunque su utilización para elaborar vinos tranquilos es casi anecdótica. 

 

Dejando momentáneamente a un lado los monovarietales, existen dos elaboraciones tradicionales muy populares resultantes del ensamblaje de varias castas blancas. Los Edelzwicker -cuya traducción literal sería "mezcla de nobles"- pueden elaborarse con cualquier variedad blanca autorizada, sin obligación de indicar porcentajes, con uvas fermentadas por separado o cofermentadas e incluso mezclando añadas diferentes. Suelen ser vinos económicos, sutilmente dulces, muy agradables y que representan a los antiguos vinos de parcela que cualquier viticultor elaboraba para autoconsumo. Por otra parte, los Gentil tienen otras exigencias en su elaboración, a pesar de que su comercialización no está regulada a nivel nacional, tan sólo localmente en Alsacia. Son el resultado de otro ensamblaje en el que al menos el 50% debe ser una variedad noble -el resto puede ser Sylvaner, Pinot Blanc o Chasselas- debe vinificarse cada variedad por separado, pertenecer a una sola añada y antes de comercializarse deben ser aprobados por un comité de cata.


Alsacia es probablemente la región con la mayor concentración de variedades blancas florales y voluptuosas de toda Europa. Por tanto no debería sorprender que casi la quinta parte de la superficie del viñedo alsaciano se destine a la elaboración de espumosos. Fue en el año 1976 cuando se sentaron las bases de la AOC Crémant d´Alsace, vinos espumosos elaborados mediante método tradicional con segunda fermentación en botella y una crianza mínima de 12 meses sobre sus lías. Existen blanc de blancs, blanc de noirs y rosados, teniendo en cuenta que en su elaboración pueden emplearse Pinot Blanc, Auxerrois, Pinot Gris, Riesling, Chardonnay e incluso Pinot Noir. Aproximadamente hay unos 500 elaboradores de este tipo de vinos espumosos, agrupados en  torno al Sindicato de Productores de Crémant d´Alsace (SPCA), los cuales elaboran la friolera de 40 millones de botellas al año, convirtiéndose de un tiempo a esta parte en un serio rival para las bodegas de Champagne.


Para terminar este extenso repaso a los diferentes tipos de vinos de Alsacia, nos resta comentar las dos categorías de vinos dulces que curiosamente fueron las últimas en dotarse de una regulación normativa. Ahora hace 25 años que se aprobó el pliego de exigencias para la elaboración de los vinos alsacianos de vendimia tardía (VT) y los elaborados mediante selección de granos nobles (SGN). En el caso de los vinos VT -Vendanges Tardives- exclusivamente pueden elaborarse con variedades nobles, con uvas pasificadas -en la propia cepa o en bastidores de paja- vendimiadas manualmente durante los meses de Noviembre y Diciembre. Los vinos SGN -Sélection Grains Nobles- deben igualmente elaborarse con variedades nobles, seleccionando tan sólo uvas botrytizadas, vendimiadas grano a grano mediante sucesivas pasadas. Esta última categoría representa la máxima excelencia de cada productor y aspira a competir con los Tokaji y los Sauternes con más renombre. Debido a la aplicación de determinadas disposiciones de la Unión Europea, desde el año 2021 existe la obligación de indicar el nivel de dulzor -sec, demi sec, moelleux, doux- en el etiquetado de los vinos alsacianos VT y SGN, de manera que para el consumidor final sea más sencillo de comprender e interpretar.


En cualquier caso, la distribución comercial de los vinos de Alsacia en el mercado español no es abrumadora. Lo más habitual es encontrar a precio competitivo monovarietales de Gewürztraminer con algo de azúcar residual, Riesling totalmente secos -a veces de añadas atrasadas, muy interesantes para apreciar su evolución en botella- y sólo en contadas ocasiones cosas verdaderamente originales como monovarietales de Pinot Gris o -todavía menos frecuente- alguna botella perdida de Pinot Noir. Como es lógico, en tiendas especializadas sí es posible conseguir vinos Grand Cru, VT y SGN, pero los precios medios en estos casos suelen disuadir a muchos compradores.


Hasta aquí la introducción  a la región de Alsacia -algo más extensa de lo deseado, pero en nuestra opinión, imprescindible- su historia, su geografía y sus vinos. No nos cansaremos de reiterar nuestro agradecimiento a Grape Bebop por facilitarnos conocimientos sobre vinos internacionales y proporcionarnos toda esa información sin movernos de nuestra ciudad. Y ahora sí, detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos de Alsacia que tuvimos oportunidad de disfrutar aquella mañana del mes de Junio. Para no faltar a la verdad, en el listado hay un intruso que catamos unas semanas más tarde.

KREYDENWEISS LUNE À BOIRE BULLE L.B20 BRUT NATURE
AOC Cremant d´Alsace. Pinot Blanc, Auxerrois y Chardonnay. Viñedos ubicados próximos al río Rhin, en zonas más bajas, buscando un menor grado de maduración y más acidez. Espumoso de método tradicional con segunda fermentación en botella. 80% del vino base pertenece a la añada 2019 y el 20% restante se trata de vino de reserva. Crianza en fudres durante un año antes de la segunda fermentación. 24 meses de posterior crianza en botella. Amarillo dorado suave. Manzanas asadas y brioche. Marcada acidez y un carbónico ligeramente excesivo. Incómodo recuerdo a sidra en boca. Complejo, gastronómico y peculiar. Menos afilado que Champagne y muy diferente incluso a otros cremants franceses (Loira, Borgoña).

LEON BEYER SYLVANER 2021
AOC Alsace. 100% Sylvaner. Variedad de uva de origen posiblemente austriaco, producto del cruce entre Savagnin (Traminer) y Osterreichisch Weiss. Cepaje autorizado en AOC Alsacia pero no admitido entre las variedades denominadas "nobles". En el año 2005 fue reconocido -como excepción- un viñedo de esta casta como Grand Cru, concretamente en Zotzenberg. Amarillo verdoso. Neutro y poco aromático. Flores blancas y cítricos sobre un fondo de lías. Acidez media. Final corto, sutilmente amargo, con un recuerdo vegetal. Poco interesante.

TRIMBACH PINOT BLANC 2021
AOC Alsace. Auxerrois y Pinot Blanc (70-30). Históricamente ambas variedades se han cultivado conjuntamente en las mismas parcelas, hasta el punto que la propia AOC Alsace lo permite sin hacer distinción entre una casta y la otra. Aromáticamente muy parecidas, la Auxerrois suele tener menos acidez y más cuerpo que la Pinot Blanc, tratándose ambas de variedades denominadas como "populares". Amarillo verdoso. Melocotón, albaricoque, flores amarillas y gominolas de plátano. Acidez media y ligeramente cálido en boca. No parece casualidad el porcentaje empleado de cada variedad, probablemente buscando el equilibrio entre acidez y alcohol. Preciso y rectilíneo. Muy interesante.

ZIND-HUMBRECHT PINOT GRIS TURCKHEIM 2020
AOC Alsace. 100% Pinot Gris. Variedad noble conocida como Tokay de Alsacia hasta 1984 y como Tokay Pinot Gris hasta 2007, denominaciones que lógicamente debieron abandonarse tras las pertinentes protestas de Hungría ante los tribunales de la Unión Europea. Amarillo dorado bajo. Muy floral, pétalos de jazmín, azahar y mieles en nariz. Curiosamente en boca aparecen las frutas de hueso y las especias (pimienta, jengibre). Acidez media y algo cálido en boca. Recuerda a Gewürztraminer, aunque algo menos aromático. Primera vez que catamos un vino de esta variedad. Un gran descubrimiento.

HENRI WEBER PINOT GRIS 2022
AOC. Alsace. 100% Pinot Gris. Amarillo oro rosa. Flores secas y especias blancas -pimienta y jengibre- que dejan paso a frutas de hueso. Entrada adulzonada que se confunde con glicerol. Moderadamente ácido y ligeramente cálido. Leve astringencia en boca que recuerda a la piel del melocotón. Serio, poco exuberante, aunque más complejo de lo esperado. Muy interesante.


ZIND-HUMBRECHT MUSCAT TURCKHEIM 2021
AOC Alsace. 100% Muscat Blanc à Petit Grains. No confundir esta variedad con sus hermanas minoritarias -Muscat Ottonel y Muscat Rosé- menos extendidas aunque en ocasiones convivientes en las mismas parcelas. Amarillo dorado bajo. Flores, granos de uva y frutas de hueso, menos aromático de lo esperado. Marcada acidez. Afilado, seco, lineal y directo. Tal vez vendimiado un poco antes de tiempo, buscando un perfil más refrescante aunque menos expresivo en nariz. Muestra el camino a seguir en la elaboración de monovarietales secos de Moscatel, menos opulentos y más frescos.


MARCEL DEISS GEWÚRZTRAMINER 2022
AOC Alsace. 100% Gewürztraminer. Una rareza en el catálogo de esta bodega que habitualmente apuesta -de un modo un tanto rupturista- más por los ensamblajes que por los tradicionales monovarietales. Dorado medio-alto. Frutas de hueso, pétalos de rosas y lichis. Semiseco en boca (demi-sec 4-12gr/litro de azúcar) aunque parece más propio categorizarlo como moelleux (contenido en azúcar 12-45 gr/litro), francamente bien compensado en acidez. Ligeramente cálido en boca. Intenso y potente, algo opulento pero no desmedido. Muy aromático y agradable, estupendo en su conjunto.

KREYDENWEISS RIESLING WIEBELSBERG GRAND CRU 2020
AOC Alsace Grand Cru Wiebelsberg. 100% Riesling. Crianza durante 25 meses en fudres. Sin notas de cata. A reevaluar.




ZIND-HUMBRECHT PINOT GRIS CLOS JEBSAL VT 2012
AOC Alsace. 100% Pinot Gris. Curiosa elaboración esta añada, uvas mayoritarias de vendimia tardía (VT) -pasificadas en la viña, recogidas entre los meses de Noviembre y Diciembre- mezcladas con uvas botritizadas que en principio estaban destinadas a elaborar vinos SGN (selección de granos nobles). Dorado de capa alta, casi color ámbar. Impresionante en nariz: barniz, laca, naranja escarchada, orejones, flores marchitas y chocolate blanco. Graso, amable y meloso es boca. Nada cansado a pesar de su contenido en azúcar, perfectamente equilibrado en acidez y alcohol. Una maravilla.


Ponemos aquí el punto y final a esta nuestra primera aproximación a los vinos alsacianos. Ojalá que en el futuro tengamos a nuestro alcance una visita a esta encantadora región tantas veces oprimida y que, sin embargo, no parece guardar rencor alguno hacia quienes han pretendido reiteradamente cercenar su libertad. Hay quien dice que los alsacianos son belgas que se extraviaron camino de Suiza, para los franceses son medio alemanes y para los alemanes son los primos perdidos, pero en realidad el pueblo alsaciano representa mejor que nadie lo que significa adaptarse a cada momento que le ha tocado vivir y sintetiza los vaivenes históricos de los últimos cuatro siglos en Europa. A veces unidos y otras divididos. En resumen, europeos...