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martes, 28 de enero de 2025

> Palencia, el discreto encanto de provincias

 

El turismo de interior tiene un ritmo más sosegado. Y no digamos si el destino es la provincia menos visitada de la España peninsular. En la vieja Castilla en general y en Palencia en particular, da la sensación de haberse detenido el tiempo. Nadie parece tener prisa en esta provincia amistosamente abrazada por las de Burgos, Valladolid y León, animando a los palentinos -quizás sin pretenderlo- a mirar hacia el norte más allá de las montañas, en dirección a Cantabria, territorio hermano que en otro tiempo fue la única salida al mar que tuvo Castilla. 





La mitad sur de la provincia de Palencia es una llanura colosal por la que se extienden las comarcas de Tierra de Campos y el Cerrato. Al visitante suele sorprenderle la gran altura de las iglesias de todos estos pueblos -algunos diminutos- pero hay que comprender que durante siglos fueron las espadañas de los templos los indicadores que seguían los viajeros para no perderse por los caminos. La otra gran vía de comunicación construida durante el siglo XVIII es el Canal de Castilla. Palencia es la provincia con más kilómetros de esta gigantesca obra hidráulica de la ilustración española diseñada con la finalidad de comunicar las zonas cerealistas de la meseta norte inicialmente hasta Reinosa, con la pretensión de prolongar más adelante su recorrido incluso hasta el puerto de Santander. Durante algo menos de un siglo, las barcazas cargadas de cereal recorrieron sus aguas en dirección norte, arrastradas por caballerías que tiraban de ellas desde los denominados "caminos de sirga". Animados por el éxito de la empresa, en sus orillas proliferaron los molinos y batanes, así como otras actividades comerciales. Aquellos fueron los años dorados del Canal de CastillaEl desarrollo del ferrocarril y la mejora de las comunicaciones por caminos y carreteras, hicieron que la explotación del canal como vía de transporte dejara de ser rentable. Poco a poco se fue abandonando su uso y en la actualidad sirve para el regadío, como fuente de producción de energía aprovechando los saltos de agua de sus esclusas y más recientemente como atractivo turístico. Hoy en día es posible disfrutar de su recorrido a pie o en bicicleta, en un entorno natural que permite contemplar flora y fauna ribereñas, solapándose alguno de sus tramos con etapas del Camino de Santiago, de manera que no es difícil coincidir con peregrinos procedentes de cualquier punto del mundo. Tal vez las obras más imponentes del canal sean las 49 esclusas -todas ellas numeradas- gracias a las cuales es posible salvar 150 metros de desnivel a lo largo de los más de 200 kilómetros que tiene en total su recorrido. Algunos tramos del canal pueden navegarse a bordo de barcos turísticos que realizan agradables recorridos guiados de algo más de una hora de duración.





Cualquier guía de arte románico que sea consultada, pasará irremediablemente por Frómista, porque tal y como decía el escritor leonés Raúl Guerra Garrido -Premio Nacional de las Letras en 2006- todo español debería visitar Frómista al menos una vez en la vida. La Iglesia de San Martín de Tours está considerada como el templo románico más completo de toda Europa. Construida en el siglo XI como capilla de un monasterio -hoy en día desaparecido- su ubicación en el centro de la localidad, en una gran explanada adoquinada y alejada de cualquier otra construcción, permite la contemplación de sus cuatro fachadas y vale la pena hacerlo con detenimiento. Cada detalle decorativo indica cómo los artesanos y maestros canteros viajaban a lo largo del Camino de Santiago, incorporando a sus nuevas obras las técnicas y estilos de otros artistas. Así es posible encontrar en el exterior de San Martín de Tours decoraciones como el "ajedrezado jaqués", presente en templos y castillos de Aragón, Navarra, León, Zamora e incluso Santiago de Compostela. En el interior de la Iglesia de San Martín de Tours se representa el románico más puro, mantenido tal y como fue diseñado, sin los habituales aderezos góticos y barrocos visibles en muchas otras iglesias, permitiendo al visitante o al peregrino la contemplación de sus ricos capiteles, pasear entre las columnas que separan sus tres naves, elevar unas plegarias y sentirse por unos minutos en la Edad Media.


Frómista es lugar de paso obligado en el llamado Camino Jacobeo Francés. Estas largas etapas por la llanura palentina no resultan especialmente duras, salvo quizás en los meses más calurosos, cuando guarecerse del sol de mediodía es casi una obligación. Existen numerosos albergues en Frómista donde los peregrinos pueden detenerse a pernoctar. A primera hora de la tarde, las terrazas se llenan de gente y se convierten en una Torre de Babel donde se escucha hablar en cien idiomas al mismo tiempo. Sin embargo, aunque cada peregrino la pronuncie con su propio acento, una frase se repite sin cesar... ¡Buen Camino!



Por el contrario, el extremo norte de la provincia de Palencia es en realidad la cara sur de la Cordillera Cantábrica, con mayores altitudes, climatología más extrema y naturaleza en estado puro. Allí nacen los ríos Carrión y Pisuerga que vertebran a lo largo de sus cursos casi la totalidad de la provincia, dejando tras de sí numerosos embalses -Compuerto, Camporredondo, Requejada, Ruesga- cuyas orillas pueden recorrerse por la denominada Ruta de los Pantanos, con  final en Velilla del Río Carrión e inicio en Aguilar de Campoo, localidad esta última que puede considerarse la capital de la Montaña Palentina, tradicional núcleo urbano nacido al calor de los intercambios comerciales y que en la actualidad se ha convertido en vértice industrial de la zona. Pocos restos se conservan del castillo de Aguilar de Campoo -ubicado como es lógico en la zona más elevada de la población- aunque vale la pena acercarse hasta sus faldas donde se alza la ermita románica de Santa Cecilia -cuidada y coqueta- desde cuyo mirador se tiene una espectacular vista panorámica de la localidad. El corazón de Aguilar de Campoo late con intensidad en los característicos soportales castellanos de su Plaza de España -en el pasado denominada Plaza Mayor o Plaza del Mercado- en uno de cuyos extremos destaca la Colegiata de San Miguel, templo gótico principal de la localidad donde se conserva el venerado Cristo Yacente de Aguilar. 


En el extremo occidental de la Ruta de los Pantanos se ubica Velilla del Río Carrión, último rincón de montaña palentina antes del límite con la provincia de León. Dedicada hasta el siglo pasado a la extracción de carbón, el paulatino abandono de las explotaciones mineras y el cierre de la central térmica sumió a esta localidad en una despoblación alarmante. Por fortuna, la belleza de su entorno natural ha conseguido reconducir su futuro hacia el turismo de calidad. El monumento más célebre de la localidad son las Fuentes Tamáricas, surgencias de agua ya descritas en época romana por Plinio El Viejo, situadas en el centro de un gran parque y a escasos metros de la ermita de San Juan de las Fuentes Divinas. El comportamiento de estas fuentes es cuando menos curioso, ya que de ellas puede manar agua en abundancia o permanecer absolutamente secas y estas variaciones pueden darse incluso a lo largo de un mismo día. Por supuesto, existe una explicación científica para ello, pero no seremos nosotros quienes la desvelemos. Este carácter misterioso sirvió para alimentar la leyenda del poder mágico de dichas aguas y aún hoy en día se cree que todo aquel viajero que encuentre secas las fuentes en su primera visita a Velilla del Río Carrión, fallecerá antes de siete días. Por nuestro propio bien, esperemos que sólo se trate de una leyenda...  



El legado dejado por los romanos en Palencia ha sido descubierto hace relativamente poco tiempo. Tratándose de una provincia mayoritariamente agrícola y ganadera, los hallazgos se han circunscrito al descubrimiento de varias villas romanas relacionadas con lo que fueron inicialmente explotaciones agropecuarias y que con el paso del tiempo se convirtieron en preciosos palacios en el medio rural con todos los lujos y comodidades de la época. Existen varias villas descubiertas, sin embargo sólo son visitables la Villa La Tejada en Quintanilla de la Cueza y la Villa La Olmeda en Pedrosa de la Vega. Ambas tienen la particularidad de que los yacimientos permanecen en el lugar exacto donde se descubrieron, no ha habido traslado de vestigios a museos y las labores de investigación se realizan in situ. Como es lógico, ha sido necesario destinar importantes sumas de dinero para acondicionarlas y preservarlas, pero el resultado es sencillamente imponente. En concreto, la Villa Romana La Olmeda es posiblemente el yacimiento arqueológico que conserva el mejor conjunto de mosaicos romanos en toda España. La visita a los 4400 metros cuadrados de la vivienda -pars urbana- se completa con los almacenes, talleres y cuadras -pars rustica- todavía por descubrir, sin olvidar el museo ubicado en la cercana localidad de Saldaña donde pueden contemplarse la mayoría de los objetos recuperados en el yacimiento.



La capital de la provincia se extiende junto a la margen izquierda del río Carrión, cuyo cauce se abre caprichosamente en dos brazos en ese punto, formando dos islas conocidas como El Sotillo de los Canónigos y la Isla Dos Aguas. Al este del río queda el casco antiguo de la ciudad, cuyo eje principal es la Calle Mayor Antigua, arteria peatonal de más de 900 metros de longitud en torno a la cual se sitúan la mayoría de lugares de interés. Muy cerca de allí, la Plaza Mayor -algo menos mayor que otras plazas mayores, si se nos permite el juego de palabras- alberga el ayuntamiento y unos cuantos restaurantes, aunque nos resultó más interesante la cercana Iglesia de San Francisco, con su doble espadaña y su claustro que esconde en unos de sus extremos una capilla-osario verdaderamente excepcional y que tiene el honor de haber sido la sede de las Cortes de Castilla en el siglo XIV.


Recorriendo la Calle Mayor hacia el norte, se llega a la Plaza de la Inmaculada y a la Catedral de San Antolín -La Bella Desconocida, como la llaman los palentinos- tercera catedral gótica más grande de España tras las de Toledo y Sevilla. El templo y las plazas que lo rodean sorprenden por sus dimensiones. La llana orografía de la ciudad favoreció las obras así como las numerosas propiedades que la Iglesia tenía en el entorno de dicha ubicación, previamente empleada para erigir un templo románico y anteriormente un templo visigodo, cuyos vestigios todavía son visitables en la cripta de la propia catedral. Muy cerca se halla la Iglesia de San Miguel, templo de estilo tardorománico o protogótico, de aspecto menos grácil y más robusto, pero que cuenta en su favor con la leyenda de haber sido el lugar donde se ofició la boda entre Rodrigo Díaz de Vivar -el Cid Campeador- y su esposa Doña Jimena. Y decimos leyenda porque no existe documento histórico alguno que permita corroborar dicho enlace. En cualquier caso y quizás precisamente por este motivo, la Iglesia de San Miguel es una de las preferidas por los novios palentinos para jurarse amor eterno.



Sin ningún género de dudas, la Calle Mayor Antigua es la pasarela de moda de la ciudad. Pasear por ella durante la tarde, saludar a los conocidos y dejarse ver parece ser imprescindible para muchos palentinos. Ciertamente es una actividad muy agradable, sin olvidar la belleza arquitectónica de muchos de sus edificios -tristemente cada vez menos habitados- es la cara urbana del vaciamiento de la España interior, un fenómeno imparable que afecta por igual a casi todas las capitales de provincia y del que hemos sido testigos en numerosas ciudades. Y no sólo hablamos de las viviendas -algunas de ellas encuentran una nueva vocación como apartamentos turísticos- sino sobre todo de los locales. El cierre de un comercio tradicional es inmediatamente aprovechado por las franquicias, independientemente del sector al que se dediquen -mayoritariamente a la hostelería, aunque las hay de todo tipo- y su voracidad urbanística es infinita. De manera que a los negocios de toda la vida tan sólo les queda resistir. Y precisamente en Castilla es donde hemos encontrado la resistencia más feroz ante esta invasión deshumanizadora de las grandes empresas. En ese sentido, nos resulta imposible olvidar una confitería en la Plaza Mayor de Salamanca, desde cuya entrada era posible divisar al fondo del local a una señora sentada junto a una mesa camilla. Pues de igual modo, en Palencia es posible encontrarse con comercios que todavía protegen su escaparate durante las horas de cierre con tablas de madera y farmacias heredadas de padres a hijos en las que sus propietarios residían en una vivienda justo encima de la botica. Son imágenes enternecedoras, cargadas de sentimiento, que hablan de cómo discurría el día a día hace medio siglo en cualquier ciudad española "de provincias", como se acostumbraba a decir -un tanto despectivamente- en los círculos más elitistas y relamidos de Madrid y Barcelona. Castilla todavía resiste -fiel a su historia, su pasado y sus tradiciones- convirtiéndose en una cápsula del tiempo que al visitante sorprende más por olvidado que por desconocido.



No obstante, hasta principios del siglo XX Palencia adolecía de una imagen icónica como ciudad. Quizás por ese motivo en el año 1930 el escultor palentino Victorio Macho recibió el encargo de construir una gran estatua de un Sagrado Corazón de Jesús. Se decidió erigirla en el Cerro del Otero, uno de los pocos promontorios cercanos a la ciudad. Con sus más de 20 metros de altura, el Cristo del Otero sorprende tanto por sus dimensiones como por la rapidez con que fue construido -apenas 9 meses- realizándose su inauguración en la primavera de 1931. A sus pies existe una preciosa ermita -visitable y muy reformada- dedicada a Santa María, en cuyo interior yacen los restos de Victorio Macho, cumpliendo así una de las últimas voluntades del artista, descansar en tierras palentinas después de haber diseñado esculturas y monumentos en España y América. En los meses con menos afluencia de visitantes, vale la pena acudir al atardecer a visitar el centro de interpretación del Cristo del Otero y esperar a quedarse a solas para disfrutar de las últimas luces del ocaso. Las sombras comienzan a ganarle terreno al sol, que apenas alcanza a iluminar el rostro y los hombros de la estatua. El silencio te envuelve, tan sólo se escucha a los pájaros o algún crujido de la piedra al enfriarse y en ese preciso momento hay quien asegura que se puede percibir un susurro, un murmullo, una suave voz procedente de lo alto que agradece al viajero la visita y que le acompaña hasta que el sol se pone por completo.



En efecto, ni una sola palabra hemos escrito relativa al vino en el presente artículo. Que no cunda el pánico, queridos lectores, enseguida resolveremos este asunto. A continuación una breve introducción a las denominaciones de origen Arlanza y Cigales, así como notas de cata y opiniones acerca de unos vinos adquiridos, catados y disfrutados en tierras palentinas.


La provincia de Palencia no cuenta con una Denominación de Origen propia, sin embargo comparte con Burgos la DO. Arlanza y con Valladolid la DO. Cigales. La DO. Arlanza es una demarcación geográfica más bien joven -fue creada en el año 2007- aunque la tradición vitivinícola data de hace casi mil años. Sus viñedos ocupan aproximadamente 450 hectáreas repartidas en las inmediaciones del río Arlanza, en parcelas pequeñas, mestizas y desiguales, a menudo de difícil acceso, con marcos de plantación que imposibilitan la mecanización del trabajo en campo. Se extiende por la mitad sur de las provincias de Burgos y Palencia. La variedad Tinta del País es la más abundante, aunque también están autorizadas Garnacha, Mencía, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot. Se elaboran vinos tintos y rosados, ambos deben incorporar al menos un 50% de Tinta del País y en el caso de los rosados pueden elaborarse mezclando uvas tintas y blancas. Los cepajes reconocidos para elaborar vinos blancos son Albillo y Viura. 


En los últimos años ha crecido el número de bodegas de la DO. Arlanza hasta superar holgadamente la veintena. La mayoría siguen siendo de tamaño pequeño y algunas de ellas apuestan por la recuperación de viñas centenarias casi perdidas. Tal es el caso de Vinos Sinceros Viticultores elaboradores del PALENZUELA QUINTERO 2021, un vino de parcela como los de antes, pero de factura actual y muy moderno. Botella numerada -851 de 1300- ensamblaje de Tempranillo, Garnacha y otras variedades blancas, todas ellas procedentes de un mismo viñedo mestizo a una altitud de 1000 metros sobre suelos de cascajo y clima extremo en la comarca del Cerrato palentino. Crianza durante 18 meses en barrica de roble de 500 litros. Color rojo cereza de capa media con ribete malva. Cerezas, ciruelas y pimienta blanca en nariz. Ligeramente licoroso y con un punto herbáceo muy interesante. Marcadamente mineral, acidez media y francamente bien equilibrado. Fino, agradable y redondo en boca, con tensión, frescura y nervio. Todo un descubrimiento.


Históricamente Cigales se ha significado en la elaboración tradicional de rosados -antes denominados como claretes- los cuales representaban el producto sincero de la mayoría de los viticultores de la zona, vinos que se elaboraban tras la vendimia de toda la uva disponible en el viñedo, mayoritariamente tinta, pero con un porcentaje significativo de uvas blancas. Eran vinos destinados al autoconsumo y cuyos excedentes se comercializaban habitualmente a granel. La creación de la DO. Cigales data del año 1991 y sus viñedos se extienden por ambas márgenes del río Pisuerga tanto en su trazado vallisoletano como en el palentino, aunque en realidad no existe solución de continuidad entre unas tierras y las otras. El Consejo Regulador ha realizado una importante labor para posicionar Cigales en el mercado y actualizar su imagen. Tempranillo, Garnacha -tinta, blanca, tintorera y gris- Viura, Verdejo y Albillo son las variedades principales. Desde 2011 se reconocen como complementarias Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Sauvignon Blanc. Finalmente en 2022 se decidió eliminar la distinción entre variedades principales y complementarias. Se autoriza la elaboración de vinos tintos, rosados, blancos, espumosos y dulces. De un tiempo a esta parte, Cigales ha experimentado un salto cualitativo, que si bien le ha permitido alcanzar cierto éxito comercial, hay quien opina que ha sido a costa de perder algo de su identidad. 


Un buen representante de los nuevos tiempos que corren en la DO. Cigales es Bodega Hiriart, reinterpretación de la tradicional bodega de la familia Muñoz a cargo de su tercera generación. La bodega actual abrió sus puertas en el año 2007, aunque en realidad llevan más de un siglo elaborando vino. El nombre es un homenaje al apellido de su bisabuela de origen francés, con cuya familia -natural de Burdeos- establecieron relaciones comerciales a finales del siglo XIX. Este vínculo franco-español entre bodegas es de sobra conocido en Castilla, en La Rioja y en muchos otros lugares. No olvidemos que gracias a aquel intercambio de información y de vino, llegaron hasta nosotros las técnicas bordelesas de crianza en roble. HIRIART CRIANZA  2020 es un monovarietal de Tempranillo que reposa durante 14 meses en barrica de roble francés y americano. Color rojo picota de capa media con ribete granate. Ciruelas y cerezas, especias dulces, caja de puros y guirlache. Algo rústico y cálido en boca. Acidez media, astringencia media y ligero amargor en el postgusto. Menos voluminoso de lo esperado. Fresco, agradable, sabroso y versátil. 


Algo más complejo resulta el MUSEUM RESERVA 2019 de Finca Museum, con más presencia de la crianza, ligeramente cálido y licoroso, pero impecable en su elaboración, con fruta negra, guindas, especias, cacao y café con leche. Monovarietal de Tempranillo con crianza durante 12 meses en barricas nuevas de roble francés, fino y redondo en boca, con un tanino domado, bien acompañado por esa acidez que da la altitud y un final de boca que te devuelve a la sabrosa fase olfativa. Recuerda a riojas modernos con mucha fruta, aunque a ratos lleva a riberas delgados y especiados. Muy bien elaborado. 
Entre Rioja y Ribera... Cigales!



Damos por concluido este amplio y agradable recorrido por la provincia de Palencia, tierras tan cercanas como desconocidas para muchos españoles. Es curioso cómo con demasiada frecuencia emprendemos un largo viaje hasta el otro extremo del mundo y sin embargo seguimos sin conocer preciosos rincones de nuestro país que probablemente sean más valorados en el extranjero que por nosotros mismos. 

En una próxima entrada, todos los detalles de la visita a una espectacular bodega subterránea tradicional palentina.


jueves, 31 de octubre de 2019

> Georgia: la cuna del vino




En el momento de recibir el email, nos pareció una idea excelente asistir al Seminario de Vinos de Georgia que nos propuso Grape Bebop. Sin embargo, conforme se acercaba el día, empezaron a asaltarnos las dudas. Toda una mañana de domingo encerrados, catando vinos a los que no estábamos acostumbrados, que a lo mejor no llegaban a satisfacer nuestras expectativas, por no hablar de las opiniones de amigos y familiares acerca del tema. No obstante, a pesar de nuestras luchas internas, acudimos puntualmente ese domingo a las nueve de la madrugada a Sympósion, preciosa e imprescindible sala de catas y de formación para quien esté interesado en profundizar en el mundo del vino en la capital aragonesa.


Fachada de Sympósion

Llevamos desde el año 2013 escribiendo acerca del vino y sin embargo no le habíamos dedicado ni una sola línea a sus orígenes y nos sentíamos en deuda con nuestros antepasados. A pesar de haber narrado leyendas medievales y de haber recordado el trabajo de generaciones anteriores, teníamos la necesidad de viajar mucho más atrás en el tiempo -miles de años hacia atrás- y una aproximación a las técnicas más tradicionales de elaboración de los vinos de Georgia se convirtió de repente en una obligación moral para nosotros, Y todavía con más motivo cuando supimos que la UNESCO había catalogado hace años como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad dichas técnicas tradicionales georgianas tal y como se puede comprobar en este interesante vídeo.


Bibliografía

En la actualidad no hay ninguna duda entre la comunidad científica acerca del lugar donde se elaboró vino por primera vez. Numerosos hallazgos arqueológicos y análisis químicos sitúan este hecho en las tierras que en la actualidad corresponden a Georgia, a lo que hay que añadir las ancestrales técnicas de vinificación que durante siglos llevan practicando los bodegueros georgianos y a las cuales no parecen estar dispuestos a renunciar. El uso de las famosas vasijas de arcilla enterradas -conocidas como kvevris- tanto para fermentar como para conservar el vino, supone la seña de identidad por antonomasia de la elaboración del vino en Georgia. Ni las múltiples invasiones sufridas, ni los años de hierro en que Georgia formó parte de la Unión Soviética, ni los repetidos arrancamientos de viñedo a los que los georgianos se han visto obligados en numerosas ocasiones a lo largo de su historia por motivos diversos -religiosos, políticos, económicos- han conseguido hacerles abandonar sus costumbres. 


Mapa de Georgia

Georgia es un rectángulo verde de un tamaño similar al Valle del Ebro, delimitado por dos cordilleras -el Cáucaso Mayor al norte y el Cáucaso Menor al sur- que le protegen de los fríos vientos continentales septentrionales así como de las masas de aire cálido de Oriente Medio. La indudable influencia de dos grandes masas de agua -el Mar Negro al oeste y el Mar Caspio al este- dividen climatológicamente el país en dos zonas, más húmeda y con temperaturas más suaves la occidental, más seca y con mayor amplitud térmica la oriental. En esta última, particularmente en las regiones de Kakheti y Kartli, es donde está más extendido el cultivo de la vid. 



Georgia cuenta nada menos que con 468 variedades autóctonas de uva documentadas mediante análisis genéticos. Muchas de ellas se encuentran al borde de la extinción, a pesar de los esfuerzos implementados por la administración georgiana aprovechando el creciente interés internacional que en los últimos años se está desarrollando por sus vinos. Rkatsiteli -variedad blanca de raspón rojizo con alto poder de lignificación ideal para vinificación en kvevri- y Kakhuri Mtsvane son las variedades blancas más utilizadas. Kisi y Chinuri son dos variedades blancas menos habituales pero igualmente interesantes para ser vinificadas por métodos tradicionales. La tinta más extendida es la Saperavi -una variedad poderosa de pulpa coloreada que permite vinificación tradicional y al estilo europeo- seguida muy de lejos por su antítesis -la Tavkveri- femenina, sutil y de hollejo fino.


Kvevri

En general todas ellas son variedades un tanto neutras y poco expresivas, de modo que comprendiendo esta premisa, adquiere pleno sentido la técnica tradicional georgiana de fermentación en kvevri, en búsqueda del predominio de esos aromas de crianza tan interesantes, aunque por el camino se pierdan los aromas varietales de cada cepaje. Porque si hay un protagonista indiscutible en la extensa historia del vino de Georgia, este es sin duda el kvevri. El proceso de la fabricación de los kvevris es lento, artesanal, meticuloso y único, comenzando por la elección de la arcilla más adecuada, pasando por la habilidad del artesano y terminando por los imprescindibles procesos de cocción, encalado exterior y recubrimiento interior con cera de abeja. Un kvevri bien hecho es simplemente eterno y a ese reto se enfrenta cada uno de los escasos fabricantes de kvevris que hay en Georgia. Se construyen por encargo y su capacidad varía desde los 300 hasta los 3000 litros en los kvevris destinados a vinificación. No hay consenso entre los científicos acerca de si el material del que está hecho el kvevri realiza algún tipo de intercambio con el vino que contiene, no obstante sí parece haber un criterio extendido y bien documentado en cuanto a los procesos hidrodinámicos que ocurren en su interior. La forma puntiaguda de la base del kvevri permite que en ella se depositen las pepitas,  las cuales se ven recubiertas por las lías gruesas que hacen de separación entre aquellas y las lías finas. La forma del kvevri favorece ciertas corrientes convectivas que en última instancia son los mecanismos que remueven el vino. La ubicación de los kvevris es la más importante decisión a la que debe hacer frente cualquier elaborador a la hora de construir su bodega o marani, en georgiano, ya que los kvevris deben ser enterrados a suficiente distancia entre uno y otro para evitar que las elevadas temperaturas que se alcanzan durante la fermentación interfieran en los recipientes más próximos. 


Interior de un marani tradicional georgiano

La elaboración tradicional georgiana comienza con la introducción en el kvevri de las uvas pisadas en lagares de madera acompañadas de la totalidad de su raspón. En la actualidad, los productores utilizan despalilladoras que les permiten elegir la cantidad de raspón a incorporar, en función de la variedad de uva y del tipo de vino que se decida elaborar. No es habitual el empleo de levaduras seleccionadas, las autóctonas suelen ser suficientes para desencadenar la fermentación, durante la cual el elaborador se enfrenta a la exigencia de controlar la temperatura, lo cual en un recipiente enterrado y sin camisas de frío solamente puede realizarse mediante bazuqueos durante día y noche. Una vez finalizadas la fermentación alcohólica y la transformación maloláctica, el kvevri se sella con una tapa de piedra o madera cubierta de tierra o arcilla, sustituidas por cristal o plástico en la actualidad. La maceración se prolonga durante un tiempo variable a criterio del elaborador, aunque en raras ocasiones excede los 6 meses. No siempre se realiza con la totalidad de los hollejos, cada vez está más extendida la práctica de transferir el vino limpio con una parte de las pieles a otro kvevri, a depósitos de inoxidable o incluso a barricas de roble para realizar la crianza. La mayoría de las bodegas carecen de una infraestructura de almacenaje para conservar adecuadamente las botellas terminadas y posibilitar un mínimo redondeo. Tan sólo la famosa bodega reconstruida del Monasterio de Alaverdi dispone de botellero para realizar crianza en botella, algo que indudablemente tiene repercusión en el precio.


Los vinos protagonistas, en orden de cata

En los últimos años, muchos productores occidentales han intentado emular la técnica de fermentación y crianza en recipientes de arcilla, no siempre con éxito. En la actualidad el mercado de los vinos naturales, mínimamente intervenidos, elaborados en materiales alternativos y siguiendo técnicas ancestrales de vinificación se encuentra claramente al alza. Sin embargo, los vinos georgianos elaborados mediante el proceso tradicional de fermentación en kvevri son únicos en el mundo. Y hablamos particularmente de los blancos con prolongado contacto con pieles, verdadero referente a nivel internacional, erróneamente denominados como "vinos naranjas", cuando en realidad son vinos dorados o ambarinos.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata de los 12 vinos de Georgia que tuvimos oportunidad de catar durante el seminario impartido por Grape Bebop.

Pasen y disfruten, queridos lectores...


PHESANT´S TEARS POLIFONIA 2018
Probablemente el vino más extraño y transgresor que hayamos catado nunca. Su autor es John Wurdeman, un pintor bohemio norteamericano que decidió crear su propia bodega tras contraer matrimonio con una georgiana. Elaborado con las uvas procedentes de un solo viñedo de 0,5 hectáreas en el que hay plantadas 417 variedades autóctonas tintas y blancas, realiza cofermentación de todas ellas en kvevri con 6 meses de maceración. Rojo cereza con ribete violáceo. Marcada acidez volátil, recuerdos fermentativos de sidra y cenizas. Vino natural, rústico, astringente y casi violento. Un primitivo vino georgiano. Absténganse paladares sensibles y catadores no iniciados.



GIUAANI MANAVI KAKHURI MTSVANE 2016
100% Kakhuri Mtsvane. Variedad blanca bastante productiva de vigor medio. Origen: Manavi (Kakheti)
Elaborado siguiendo el estilo europeo, bastante tecnificado (nieve carbónica, depósito de acero inoxidable, equipo de frío). Amarillo pálido de capa media. Predominio de frutas de pepita en nariz, sobre todo manzana roja. Poco sorprendente.



MARANI MILORAULI KAKHURI MTSVANE 2017
100% Kakhuri Mtsvane. Origen: Manavi (Kakheti). 6000 botellas anuales. Elaboración tradicional en kvevri con posterior trasiego a inoxidable. Dorado de capa alta, algo inexpresivo en nariz. Fruta muy madura, casi en compota, orejones. Ligera astringencia y amargor. Boca plena. Alma de tinto. Muy gastronómico.


Andro Barnovi en su marani

WINE ARTISANS CHATEAU CHINURI 2017
100% Chinuri. Bodega propiedad de Andro Barnovi, figura política que ocupó los cargos de viceministro de defensa y jefe de gabinete de presidencia de Georgia antes de dedicarse a elaborar vino. 
Origen: Kartli. Elaboración tradicional durante 8 meses en kvevri incorporando un 11% de pieles, con posterior permanencia en inoxidable durante 12 meses. Dorado de capa alta, ligeramente opalescente. Algo delgado en boca. Gana expresividad con la oxigenación. Interesante.




MARANULI KISI 2017
100% Kisi. Origen: Kakheti
Elaboración tradicional en kvevri durante 6 meses incorporando la totalidad de las pieles. Amarillo dorado, limpio y brillante. Parece un vino dulce en nariz. Cáscara de mandarina, pomelo, mieles y cera de abeja. Muy amable en boca, aunque ligeramente cálido.

CHUBINI WINE CELLAR RKATSITELI 2017
100% Rkatsiteli. Origen: Kakheti
Elaboración tradicional en kvevri. Amarillo dorado de capa alta. Frutas en mermelada, dulce de membrillo. Sensacionales aromas de evolución. Impresionante en boca. Muy completo y equilibrado. Nuestro preferido.

SATRAPEZO 10 KVEVRI RKATSITELI 2015
100% Rkatsiteli. Origen: Shilda (Kakheti)
Elaboración tradicional en kvevri durante 25 días con posterior crianza en barrica de roble durante 10 meses. Amarillo dorado pálido. Ataque reductivo. Recuerdos de caramelo de café con leche y ebanistería muy marcada. Bien elaborado, poco varietal y nada identitario de Georgia. Europeo e internacional. Correcto.




ALAVERDI SINCE 1011 RKATSITELI 2013
100% Rkatsiteli. Origen: Kakheti. 
Elaborado en la bodega anexa al Monasterio de Alaverdi. Sigue siendo empleado por los monjes durante sus ceremonias. No admiten visitas turísticas ni realizan distribución alguna, sólo puede ser adquirido en el propio monasterio. Elaboración tradicional en kvevri con posterior envejecimiento en botella, en realidad es una de las pocas bodegas que lo realizan en Georgia. Precioso color bronce. Espectacular en nariz y en boca. Recuerdos a fruta desecada, a trufa blanca (Tuber magnatum) y miles de cosas más. Astringencia media. Si fuera dulce, podría recordar a algún vino con podredumbre noble (Tokaji, por ejemplo).


GOTSA TAVKVERI 2016
100% Tavkveri. Origen: Kartli. Variedad de uva tinta de sexo femenino (sus flores no son hermafroditas), de modo que necesitan ser polinizadas por otras variedades. Sus bayas son de piel fina y suelen utilizarse para la elaboración de rosados. Incluso vinificada en kvevri para elaborar tintos -particularmente si se sigue el estilo de Imereti con breve contacto con los hollejos- produce unos vinos de capa media-baja, sanguíneos, con aromas fermentativos y terrosos, muy ligeros y de elevada acidez. Muy alejado de nuestros gustos.


Tres monovarietales de Saperavi

BADAGONI MUKUZANI SAPERAVI 2016
100% Saperavi. Origen: Mukuzani (Kakheti). Variedad de uva tintorera con pulpa coloreada. Elaborado al estilo europeo en inoxidable con posterior crianza en barrica durante 8-12 meses. Picota de capa media con ribete granate. Fruta roja y negra con recuerdos de caramelo y toffee. Muy interesante y bien elaborado. Carece del carácter georgiano de los otros tintos elaborados en kvevri. 

MARANI MILORAULI SAPERAVI 2017
100% Saperavi. Origen: Napareuli (Kakheti)
Elaboración tradicional en kvevri con posterior permanencia en inoxidable. Cereza de capa media con ribete rubí. Frutas rojas y especias. Marcada acidez y algún recuerdo vegetativo de verdor. Astringencia contenida. Indudable carácter georgiano. Complicado.

ORGO SAPERAVI OLD VINEYARDS 2017
100% Saperavi. Origen: Kurdgelauri y Tsinandali (Kakheti)
Elaboración tradicional en kvevri con posterior permanencia en inoxidable. Cereza de capa media-alta con ribete rubí. Frutas rojas y especias. Astringencia notable. Curioso.


Ponemos punto y final a esta nuestra primera, compleja y atormentada aproximación a los vinos de Georgia. Tal vez no tengamos nunca más la ocasión de volver catar ninguno de ellos, pero concluimos esta entrada con la satisfacción de haber saldado una deuda con el pasado, con la historia y con los orígenes del vino.

NOTA: Para la redacción del presente artículo nos hemos ayudado de la información proporcionada por Grape Bebop durante nuestra asistencia al seminario, así como de algunas imágenes compartidas en redes sociales por alguno de los asistentes, en particular imágenes de ciertas etiquetas, imprescindibles en nuestra opinión para documentar adecuadamente los vinos catados. Nuestro más sincero agradecimiento para todos ellos.


martes, 20 de agosto de 2019

> La leyenda de Pyrene




La cultura popular del Pirineo está repleta de leyendas y tradiciones, muchas de ellas casi olvidadas con el discurrir del tiempo, en parte por la desaparición de las personas mayores que en realidad eran los verdaderos depositarios de este tipo de relatos y los responsables de trasmitirlos a los niños en forma de cuentos. En la narración de estas fábulas se acostumbraba a entremezclar verdades y mentiras, hechos históricos y figurados, personas y deidades mitológicas. Prácticamente cualquier cosa tenía cabida con la única finalidad de que la narración resultara atractiva para todo aquel que estuviera dispuesto a escucharla.


Ibón de Plan o Basa de La Mora

Muchas de estas leyendas han llegado hasta nuestros días e incluso han derivado en nombres de barrancos, montañas o valles. Es el caso del Ibón de Plan -más conocido como Basa de La Mora- lago de montaña situado a casi 2000 metros de altitud en el Valle de Gistaín a los pies del Macizo de Cotiella y que encierra una leyenda protagonizada por una princesa árabe cuya figura puede ser observada -exclusivamente por los limpios de corazón- saliendo de las aguas cada noche de San Juan, rodeada de joyas y serpientes de colores, mientras ejecuta una hipnótica danza que es capaz de hechizar a quien la contempla.



Miles de años atrás, en esa época perdida en la noche de los tiempos, durante aquellos siglos en que la Tierra no era más que el patio de recreo de los dioses, el norte de la actual península ibérica pertenecía a Túbal, uno de los nietos de Noé. A la hija de Túbal -la hermosa princesa Pyrene- no le faltaban pretendientes, aunque ella reservaba su amor para Hércules, el héroe con quien Pyrene se encontraba en los bosques a espaldas de su padre. Sin embargo, como tantas veces sucede, esta relación no tenía el beneplácito de Túbal, de manera que cuando éste se enteró de la historia amorosa de los jóvenes, desterró a Hércules para mantenerlo alejado de su hija. Sumida en la tristeza por verse alejada de su amado, Pyrene huyó a las montañas donde enfermó gravemente. Avisado Hércules de los males de la princesa por uno de los animales del bosque, apenas llegó a tiempo para verle exhalar su último suspiro mientras una lágrima resbalaba por su rostro hasta caer sobre unas flores que inmediatamente se marchitaron. Abatido y roto de dolor por la pérdida de su amada, decidió darle sepultura allí mismo y cubrió el cuerpo de Pyrene con rocas de grandes dimensiones que con el paso del tiempo conformaron la actual cordillera de los Pirineos. 


  


Irremediablemente seducidos por su nombre, adquirimos una botella de Pyrene, elaborado con Chardonnay y Macabeo en proporciones desconocidas. Blanco sin crianza, perteneciente a la DO. Somontano. Botella borgoñona de color caramelo y tapón sintético de calidad media. Visualmente de un amarillo verdoso con ribete plateado, recuerda a flores amarillas y blancas en nariz, también manzana Golden y pera Conferencia. Piña, yogur de limón y un recuerdo mineral. Refrescante acidez media-alta en fase gustativa, aunque algo cálido en su paso por boca. Notable persistencia y con un ligero amargor final en el postgusto. En general resulta agradable -cumple con holgura lo que se espera de él- aunque le vendría bien algo más de complejidad.


Peña Montañesa

Aún hay quien piensa que -observando con atención las montañas- es posible deducir el lugar exacto en el que yace el cuerpo de la princesa. Muchas son las ubicaciones con las que se ha especulado, y algunos han querido creer que Pyrene duerme su sueño eterno cerca de la localidad de Aínsa y que la Peña Montañesa, con su inconfundible silueta de mujer dormida, oculta la belleza eterna de la más hermosa princesa del Pirineo. Sin embargo, nosotros creemos que un personaje tan emblemático, capaz de regalar su nombre a la más preciosa cordillera de España, merece para su descanso un lugar verdaderamente imponente y éste sin duda deberían ser las cumbres del Parque Nacional de Ordesa, el macizo calcáreo más alto de Europa, una formación rocosa coronada por tres cimas conocidas como las Tres Sorores -Monte Perdido, Cilindro y Pico Añisclo- montañas que indudablemente sólo pudieron ser erigidas por la fuerza sobrehumana de Hércules en el empeño de dar sepultura a su amada. 



Valle de Ordesa. Al fondo, las Tres Sorores

En agradecimiento por tan maravilloso mausoleo, el alma de la princesa hace brotar cada primavera miles de lirios en aquellas laderas -una auténtica alfombra azulada sobre la hierba verde- y ocasionalmente, para que todos los visitantes recordemos su historia, una vez entre un millón, nace un lirio de color blanco como la nieve, en memoria de aquella última lágrima que derramó la princesa Pyrene.