sábado, 6 de junio de 2026

> Visita a Bodegas Alto Moncayo



La DO Campo de Borja se creó en el año 1980 como un organismo destinado a dar apoyo técnico y proyección comercial a los productores y viticultores de la comarca homónima. De manera similar a muchas otras zonas vitivinícolas, la denominación de origen fue algo así como el relevo natural al movimiento cooperativista de los años cuarenta. Las cooperativas más grandes -aquellas que agrupaban a más viticultores y que gestionaban más hectáreas de viñedo- no tardaron en completar su reconversión en modernas bodegas, gracias a su musculatura económica y a una sólida implantación comercial. Los productores privados, más pequeños y humildes, se vieron obligados a realizar inversiones muy elevadas si querían continuar con su actividad y competir con las bodegas grandes. Muchos lo consiguieron, lamentablemente algunos no lo lograron. Para ellos fueron años duros y exigentes en los que debieron asumir riesgos financieros elevados, exponiendo incluso su patrimonio familiar, así que desde aquí queremos hacerles llegar nuestra admiración. En la actualidad, el panorama ha cambiado considerablemente. El consejo regulador de la DO Campo de Borja lleva realizando desde hace años un gran trabajo de divulgación, tanto a nivel nacional como internacional. Fruto de dicha labor de difusión, grupos bodegueros importantes y algunos inversores han puesto sus ojos en las viñas de la falda del Moncayo. 


En realidad este interés por las Garnachas del Campo de Borja no es nuevo, como bien lo demuestra la participación de Jorge Ordóñez -célebre importador español de vino en Estados Unidos- junto a varios inversores nacionales y extranjeros en la creación de Bodegas Alto Moncayo en el año 2002. Tras sucesivas ventas y adquisiciones durante las últimas dos décadas, a día de hoy la bodega es propiedad de cuatro socios. Desde sus inicios, el objetivo prioritario de Alto Moncayo siempre fue la preservación de los viñedos de más de 50 años, posiblemente los más antiguos de toda la DO Campo de Borja. Hablamos de Garnacha cultivada en vaso, sobre suelos de arcilla roja y pizarra, hasta un total de 160 hectáreas de viña en propiedad, repartidas en 80 parcelas ubicadas en diferentes términos municipales y con un rendimiento medio de 2400 kilos por hectárea. La bodega posee también algunas hectáreas de Tempranillo y Syrah plantadas en espaldera y en breve se realizarán nuevas plantaciones de Viognier y Sauvignon Blanc -interesante apuesta en una zona que tradicionalmente adolece de variedades blancas- aunque hasta dentro de 4-5 años no estarán en producción.



En realidad podríamos decir que las instalaciones de Alto Moncayo obedecen al concepto bodega boutique, tanto por sus contenidas dimensiones como por el trato cercano y personalizado con el que miman a sus visitantes. La ubicación de la bodega en un pequeño promontorio al norte del casco urbano de Borja -al pie de la carretera que conduce a la localidad de El Buste- resulta sencillamente encantadora. Desde allí se tiene una visión 360º completa del paisaje salpicado de viñedos, con sus sierras y barrancos en todas las direcciones. Es el reino del cierzo, el omnipresente viento del noroeste que azota cruelmente en invierno y se cuela por las costuras, pero que durante el verano alivia del calor sofocante y evita la humedad en las viñas, ejerciendo así un papel fundamental como fungicida natural.


Cuando el visitante franquea la puerta de Bodegas Alto Moncayo, accede a un gran espacio diáfano, sin paredes ni tabiques, dividido virtualmente por una gran escalera. A la izquierda, una serie de mesas altas, un par de sofás tipo Chester, una barra y una gran televisión de plasma, le confieren al espacio un aspecto elitista, como de salón social de club de golf o de tenis, a lo cual sin duda ayuda el artesonado de madera que decora el techo. En el lado opuesto, detrás de la lujosa escalera de madera y cristal, frente a un sillón clásico de cuero rojo que parece vigilar su contenido, se extiende de pared a pared, el botellero de la bodega custodiando sus joyas enológicas. La escalera conduce al piso superior donde se localiza la sala de catas, auténtico escaparate de paisaje, con sus grandes cristaleras enmarcando unas vistas de ensueño. 


Pero regresemos al proceso de elaboración de los vinos de Bodegas Alto Moncayo. Por supuesto la vendimia se realiza de forma manual en cajas de reducido tamaño y cada parcela se vinifica de manera individualizada. Una vez obtenido el vino primigenio de cada parcela, se introduce en alguna de la
700 barricas de roble francés y americano que integran el parque de la bodega, la mayoría nuevas o casi nuevas con tan sólo 1 ó 2 años. Las barricas proceden de diferentes tonelerías y el grado de tostado puede variar de unas a otras. Por tanto, las posibilidades de combinar parcela, tipo de roble, tonelería y grado de tostado son prácticamente infinitas. El resultado es un gigantesco rompecabezas que la mano experta de José Luis Chueca -enólogo principal de la bodega- debe resolver cada añada, para lo cual el equipo técnico de Alto Moncayo realiza semanalmente catas durante el proceso de elaboración y crianza de todos los vinos. 


Los análisis laboratoriales sin duda ayudan a ello, pero la última palabra, la decisión definitiva, recae en el panel de cata que periódicamente prueba todas y cada una de las barricas. Las características organolépticas del vino que contiene cada barrica determinan los porcentajes en los coupages y el futuro destino final, buscando los perfiles diferenciadores de cada vino que se desea comercializar. Ni que decir tiene que hemos visitado numerosas bodegas, pero a decir verdad, es la primera vez que nos encontramos con este sistema de elaboración tan intuitivo como laborioso. La mayoría de bodegas toman de antemano la decisión de destinar la uva de las -a priori- mejores parcelas para la elaboración de sus vinos top y no es infrecuente que para los vinos más económicos se vinifiquen parcelas mezcladas, con la esperanza de que la posterior crianza en barrica homogenice el conjunto. Y en muchas ocasiones se consigue, aunque el resultado final adolezca de cierta identidad. En Alto Moncayo el proceso es justo al contrario: de cada parcela se obtiene un vino que -convenientemente ensamblado- se convertirá en Veratón, Alto Moncayo o Aquilón.


En el año 2004, apenas dos años después de la inauguración de la bodega, dos de sus vinos fueron bendecidos con 100 puntos Parker. Ese hecho marcó un punto de inflexión en el devenir de Bodegas Alto Moncayo, abriendo de par en par las puertas del mercado internacional. A día de hoy se elaboran aproximadamente 240000 botellas cada año, de las cuales el 80% se destinan a exportación.


En 2013 iniciaron plantaciones de nuevas viñas con clones propios injertados para replicar las viñas más viejas que -por agotamiento natural- habían alcanzado el límite de su vida productiva. Esos nuevos viñedos jóvenes por el momento se han destinado a la elaboración de una nueva gama de vinos agrupados bajo la marca "Locos por el Vino", destinados a un segmento más joven del mercado aunque sin olvidar sus orígenes. Como más adelante comprobaremos, no se trata de vinos simples sino más bien de una interpretación diferente -con menos presencia de barrica- de la Garnacha, incorporando la Tempranillo y la Shiraz en alguno de sus coupages.   


El detalle técnico de calidad durante la visita fue la verificación de lotes de corchos mediante muestreo. Para ello se sumergen 50 corchos de cada lote en una disolución de agua y alcohol al 12% exactamente durante 24 horas. Pasado ese tiempo, una muestra de dicho líquido se envía a Estados Unidos para ser analizado en búsqueda del temido TCA-tricloroanisol, de manera que un resultado negativo en dicho análisis habilita el lote completo de corchos. Minimiza el riesgo, aunque el riesgo cero no existe. Sin duda los corchos son una de las principales preocupaciones para cualquier elaborador, pero en el caso de bodegas de prestigio como Alto Moncayo este factor adquiere una dimensión mayor. Un corcho contaminado con TCA desde luego estropea una botella, pero puede tener unas consecuencias desastrosas y potencialmente puede llegar a arruinar las ventas en un país entero. 


El mercado del vino es claramente piramidal, en la cúspide caben muy pocas marcas que compiten a diario para mantenerse en ese exiguo espacio que es la cumbre de la comercialización de los vinos top. En esa batalla comercial no se hacen prisioneros y el corcho es el flanco más débil, de modo que Bodegas Alto Moncayo minimizan el riesgo trabajando exclusivamente con dos proveedores de corchos y les exigen unas duras condiciones económicas y de garantía. La bodega selecciona cada plancha de corcho natural e inicialmente obliga al fabricante a costear los análisis necesarios para descartar la presencia de TCA-tricloroanisol. Una vez recibidos los corchos en la bodega se realizarán los muestreos de lotes y nuevos análisis, como ya hemos descrito más arriba. Máxima exigencia para lograr la excelencia.




Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de todos los vinos que tuvimos oportunidad de probar. Siete referencias, es decir, la totalidad del catálogo que Bodegas Alto Moncayo tiene comercializado en la actualidad.

BARAMBLANC 2024
100% Garnacha, vinificada como blanc de noirs. Una pequeña parte del vino pasa un tiempo en barrica. Color oro rosa. Fruta de hueso, lácticos, pera de agua y cáscara de cítricos. Acidez media. Graso y cremoso. Hasta el momento, único casi-blanco de la bodega para cubrir el histórico déficit de la zona en cuanto a uvas blancas, al menos hasta que entren en producción las nuevas plantaciones de Viognier y Sauvignon Blanc.

ZISMERO 2014
100% Garnacha. 2 meses en barrica. Frutas rojas, cerezas, guindas y granada. Sencillo y elegante. Redondo, fácil y fresco. Ligero amargor final que para nada estorba y aporta longitud. Perfil muy disfrutón. Procede de las nuevas plantaciones de Garnacha efectuadas en 2013.

BARAMBAN 2022
Garnacha y Tempranillo (50-50). 6 meses de crianza. Al contrario de lo tradicional, la Garnacha se introduce en roble americano y el Tempranillo en roble francés. Fruta roja y  negra. Especias, cacao en polvo y regaliz negro. Intenso, sabroso, cálido y largo. Muy preciso.

GRUÑON 2020
Garnacha y Shiraz (50-50). Sin crianza en barrica. Creación del famoso enólogo neozelandés Chris Ringland, considerado el mejor elaborador de Shiraz de todo el mundo. La Garnacha se vinifica de la manera habitual en inoxidable. Por el contrario, la Shiraz realiza maceración carbónica en inoxidable durante 4 semanas. Tras el coupage, el vino permanece de nuevo durante 12 meses en inoxidable. Caramelo de violetas, mermelada de fresas y paté de olivas negras. Goloso, sabroso y explosivo. Opulento y tan intenso que puede llegar a saturar. Perfil muy Nuevo Mundo.

VERATON 2022
100% Garnacha. 16 meses en barrica de roble francés y americano. Frutas rojas, lavanda y hierbas aromáticas. Recuerdos minerales a cenizas y mina de lápiz. Tan complejo como fresco y elegante. Muy agradable. El nacimiento de este vino se produjo como consecuencia de una añada muy complicada en lo climático que obligó a la bodega a rediseñar el destino de sus vinos durante la elaboración y crianza. Hacer de la necesidad virtud, se suele decir. Ni más ni menos. Su mayor logro es haberse convertido en el vino más vendido de todo el catálogo y representa el perfecto equilibrio entre fruta y crianza.

ALTO MONCAYO 2022
100% Garnacha. 20 meses en barrica. Fruta negra, violetas y hojarasca. Hebras de tabaco y fósforo, incluso goma de neumático. Necesita tiempo de oxigenación en copa. Extraño y con personalidad en nariz. Complejo, fino y delgado. Excelente en boca, donde todo encaja a la perfección y crece en cada sorbo. No es un vino para todos los gustos.

AQUILON 2018
Toma su nombre del dios romano de los vientos del norte, quizás en recuerdo del omnipresente cierzo tan habitual en la zona. El vino procede de una selección de barricas inicialmente destinadas a embotellarse como Alto Moncayo. 100% Garnacha. Su crianza se prolonga durante algún tiempo más hasta completar 24 meses en barrica de roble francés nuevo. Frutas rojas, negras muy maduras y mentolados. Licor de guindas y chocolate. Redondo, impecable y sedoso en boca. Posiblemente se encuentre entre los cinco o seis mejores tintos de Aragón.

Desde hace muchos años, Bodegas Alto Moncayo siempre había sido un destino anhelado y pendiente de alcanzar. Con esta visita agradable, provechosa y muy profesional saldamos una deuda histórica con nosotros mismos. Nuestro más sincero agradecimiento por su hospitalidad, por el tiempo que nos dedicaron y por su buen hacer con los viñedos más viejos de la DO Campo de Borja.


viernes, 23 de enero de 2026

> El recuperador



Cuando se escucha a Juan Carlos Sancha (Baños de Río Tobía, La Rioja) indudablemente se siente hablar a su tierra. El relato de su vida fluye como lo hace el agua del Najerilla desde su nacimiento en tierras burgalesas hasta su desembocadura en el río Ebro. Sus vastos conocimientos enológicos envuelven cada palabra de su discurso, pero enriquecen más que invaden la narración de sus recuerdos de infancia, en una sucesión de lecciones por impregnación adquiridas mediante el simple hecho de acompañar a sus mayores en las labores del campo.


Doctor en viticultura y enología, ingeniero técnico en industrias agrarias y licenciado en enología, la vida de Juan Carlos Sancha ha estado siempre vinculada al vino. Como tantas otras en La Rioja, su familia se dedicó a la viticultura desde hace varias generaciones y ese aprendizaje enológico -más tradicional que científico- casi sin pretenderlo, terminó por calar bien hondo en él. Sus estudios en Madrid y la labor docente en la Universidad de La Rioja le llevó a establecer hacia 1988 una estrecha colaboración con el catedrático de viticultura Fernando Martínez en un proyecto de investigación para la recuperación de variedades minoritarias autóctonas de La Rioja, estudio que -además de pionero en dicha materia- fue el punto de partida para el desarrollo de la iniciativa empresarial más personal de Juan Carlos Sancha. 


En el año 2008 nacían Bodegas Sancha con las primeras plantaciones de variedades recuperadas -Maturana blanca y tinta, Monastel, Tempranillo Blanco- en localizaciones elegidas en Baños de Río Tobía en el valle del Najerilla, a las faldas de la Sierra de la Demanda. Prácticamente de manera simultánea se inició la recuperación de viñedos viejos de Garnacha casi abandonados, la mayoría de ellos ubicados en pequeñas parcelas, sobre suelos pobres, calizos y poco profundos. A una altitud aproximada de 550-750 metros, con un clima atlántico de gran amplitud térmica y cultivo en secano estricto certificado como ecológico, estas viejas viñas de Garnacha alcanzan la máxima expresividad en este pequeño rincón de La Rioja donde las laderas comienzan a empinarse buscando la meseta castellana.


En la actualidad, la bodega gestiona 24 hectáreas de viñedo propio, elabora aproximadamente 70000 botellas al año y destina más de la mitad de su producción a la exportación. Desde el punto de vista de la elaboración, la fermentación se realiza en bocoyes de roble francés de 500 litros, donde se introducen los granos de uva, para posteriormente hacer girar la barrica 16 veces al día -procedimiento conocido como fermentación integral- realizando el vaciado por gravedad y efectuando un prensado suave de los hollejos, en un trabajo totalmente manual y artesanal.


Su catálogo se divide en tres familias de vinos, Peña el Gato -exclusivamente monovarietales de Garnacha con crianza y vinificaciones diversas- Ad Libitum -monovarietales de cepajes minoritarios recuperados- y Cerro La Isa -tinto y blanco- vinos top de la bodega que además se precian de ser unos de los primeros vinos de la DOc Rioja en haber conseguido la contraetiqueta de Viñedo Singular. Como curiosidad, añadiremos que se trata de la única bodega de La Rioja que no elabora vinos tintos con la variedad Tempranillo -la más empleada en la denominación, ocupando casi el 80% de la superficie de viñedo- afianzando con esta decisión un perfil claramente opuesto a la inmensa mayoría de elaboradores riojanos. 


Diferenciarse del resto parece ser una autoexigencia para Juan Carlos Sancha y sigue su camino con firmeza. En su opinión, la selección de clones de Tempranillo -cada vez más productivos y resistentes a las plagas y la sequía- no representan los orígenes de La Rioja, sino que son al mismo tiempo el pretexto y el objetivo para la producción de grandes volúmenes de vino, lo cual no significa forzosamente la excelencia en cuanto a calidad. A esta dicotomía,  a este endemoniado cruce de caminos entre cantidad y calidad, se enfrentan actualmente no pocas zonas vitivinícolas, no sólo en España sino en todo el mundo. El caso de Burdeos es el más mediático y adaptarse al futuro en el comercio del vino parece ser la única forma de sobrevivir. Aranceles, cierre de mercados, exportaciones cada vez más complicadas, reducción en los hábitos de consumo y almacenes llenos de botellas esperando ser vendidas son los factores de esta complicada ecuación. Pero este asunto ya lo trataremos -quizás- en otro artículo. Regresemos a los vinos de Juan Carlos Sancha...

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos que probamos a lo largo y ancho de las dos horas largas que tuvimos oportunidad de compartir con Juan Carlos Sancha.


AD LIBITUM MATURANA BLANCA 2024
Variedad más antigua de La Rioja. Actualmente existen no más de 70 hectáreas en total. Viñedo plantado en 1997, casi con certeza el más viejo del mundo de esta variedad. Altitud 575 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 5 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 4000 botellas. Amarillo pajizo. Flores blancas, frutas de pepita y piña madura. Suave presencia del roble. Voluminoso y graso. Excelente acidez, salinidad y mineralidad. Muy elegante en nariz y aún más en boca.


AD LIBITUM MONASTEL DE RIOJA 2023
Viñedo plantado en 1997. Altitud 565 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 1200 botellas. Único vino en el mundo monovarietal de este cepaje autóctono reconocido por la DOc Rioja en el año 2009. Rojo cereza de capa alta con ribete malva. Frutas rojas, flores azules y caramelos de violetas. Mentolados y pimienta blanca, sobre un fondo de recuerdos vegetales, anisados y pimentón. Excelente acidez. Tanino presente pero amable.


PEÑA EL GATO 2022
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. 3150 botellas. Rojo cereza de capa media con ribete rubí. Ataque ligeramente reductivo que se disipa con rapidez. Frutas rojas y hoja de menta. Excelente acidez, tanino medio, entrada glicérica, algo cálido y final con recuerdos a granos de café. No realiza fermentación maloláctica.


PEÑA EL GATO NATURAL 2022
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. Sin sulfitos añadidos. 2000 botellas. Rojo cereza de capa alta con ribete violáceo. Frutas rojas, cassis, miel y hojarasca. Tampoco realiza maloláctica. Más salvaje y poderoso que el anterior, con taninos más presentes. Fresco y sabroso.


PEÑA EL GATO GRANITO 2023
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en dos depósitos de granito gallego con diferente grado de porosidad. 772 botellas. No realiza maloláctica. Rojo cereza de capa media con ribete violáceo. Guindas, chocolate, petricor, eucalipto y regaliz. Fresco, carnoso y agradable. Largo, elegante, pleno y redondo. Muy curioso en boca.


CERRO LA ISA TINTO VIÑEDO SINGULAR 2020
Viñedo plantado en 1906. Altitud 750 metros. 1,7 hectáreas. Rendimiento medio 1500 kg por hectárea. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Despalillado manual. Fermentación en roble francés nuevo y 18 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. 4000 botellas. Rojo cereza de capa media con ribete granate. Mon Cheri, tabaco rubio y flores rojas. Un auténtico perfume en nariz. Complejo y muy elegante en boca. Recuerda a un Pinot Noir de Borgoña, más y mejor no se puede decir.


AD LIBITUM MATURANA TINTA 2023
Viñedo plantado en 1997. Altitud 565 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 8500 botellas. Cepaje autóctono reconocido por la DOc Rioja en el año 2009. Rojo picota de capa muy alta con ribete violáceo. Moras, cerezas, grosellas negras y caramelos de violetas. Mineral y especiado, sobre un fondo vegetal levemente amargoso que recuerda a las piracinas presentes en algunos Cabernet. Excelente acidez, aunque algo cálido en boca. Tanino presente pero amable. Estructurado y voluminoso, con mucha guarda por delante.


Concluimos aquí esta clase magistral de viticultura y enología impartida por Juan Carlos Sancha. Una lección que nos deja la mente llena de certezas pero también de incertidumbres. Nos asaltan mil dudas acerca de si las variedades actualmente cultivadas conducen a vinos cada vez más estandarizados, con menos identidad y con menos alma. Los cepajes autóctonos son la reserva de ese espíritu que abraza la tradición y huye de la homogeneidad. Suele decirse que si se busca obtener algo diferente, no debe hacerse lo mismo de siempre. ¿Y si estuviera el mercado del vino a punto de implosionar? En ese caso, deberíamos volver la vista al pasado y regresar a los orígenes y a la tierra, aprender de lo que hicieron generaciones anteriores. Ciertamente hoy en día disponemos de tecnologías que nuestros abuelos ni siquiera imaginaron, pero tal vez estamos olvidando aquello que nos enseñaron con más ahínco. 

Y para que no lo olvidemos, conviene escuchar a gente tan apasionada como Juan Carlos Sancha.