viernes, 23 de enero de 2026

> El recuperador



Cuando se escucha a Juan Carlos Sancha (Baños de Río Tobía, La Rioja) indudablemente se siente hablar a su tierra. El relato de su vida fluye como lo hace el agua del Najerilla desde su nacimiento en tierras burgalesas hasta su desembocadura en el río Ebro. Sus vastos conocimientos enológicos envuelven cada palabra de su discurso, pero enriquecen más que invaden la narración de sus recuerdos de infancia, en una sucesión de lecciones por impregnación adquiridas mediante el simple hecho de acompañar a sus mayores en las labores del campo.


Doctor en viticultura y enología, ingeniero técnico en industrias agrarias y licenciado en enología, la vida de Juan Carlos Sancha ha estado siempre vinculada al vino. Como tantas otras en La Rioja, su familia se dedicó a la viticultura desde hace varias generaciones y ese aprendizaje enológico -más tradicional que científico- casi sin pretenderlo, terminó por calar bien hondo en él. Sus estudios en Madrid y la labor docente en la Universidad de La Rioja le llevó a establecer hacia 1988 una estrecha colaboración con el catedrático de viticultura Fernando Martínez en un proyecto de investigación para la recuperación de variedades minoritarias autóctonas de La Rioja, estudio que -además de pionero en dicha materia- fue el punto de partida para el desarrollo de la iniciativa empresarial más personal de Juan Carlos Sancha. 


En el año 2008 nacían Bodegas Sancha con las primeras plantaciones de variedades recuperadas -Maturana blanca y tinta, Monastel, Tempranillo Blanco- en localizaciones elegidas en Baños de Río Tobía en el valle del Najerilla, a las faldas de la Sierra de la Demanda. Prácticamente de manera simultánea se inició la recuperación de viñedos viejos de Garnacha casi abandonados, la mayoría de ellos ubicados en pequeñas parcelas, sobre suelos pobres, calizos y poco profundos. A una altitud aproximada de 550-750 metros, con un clima atlántico de gran amplitud térmica y cultivo en secano estricto certificado como ecológico, estas viejas viñas de Garnacha alcanzan la máxima expresividad en este pequeño rincón de La Rioja donde las laderas comienzan a empinarse buscando la meseta castellana.


En la actualidad, la bodega gestiona 24 hectáreas de viñedo propio, elabora aproximadamente 70000 botellas al año y destina más de la mitad de su producción a la exportación. Desde el punto de vista de la elaboración, la fermentación se realiza en bocoyes de roble francés de 500 litros, donde se introducen los granos de uva, para posteriormente hacer girar la barrica 16 veces al día -procedimiento conocido como fermentación integral- realizando el vaciado por gravedad y efectuando un prensado suave de los hollejos, en un trabajo totalmente manual y artesanal.


Su catálogo se divide en tres familias de vinos, Peña el Gato -exclusivamente monovarietales de Garnacha con crianza y vinificaciones diversas- Ad Libitum -monovarietales de cepajes minoritarios recuperados- y Cerro La Isa -tinto y blanco- vinos top de la bodega que además se precian de ser unos de los primeros vinos de la DOc Rioja en haber conseguido la contraetiqueta de Viñedo Singular. Como curiosidad, añadiremos que se trata de la única bodega de La Rioja que no elabora vinos tintos con la variedad Tempranillo -la más empleada en la denominación, ocupando casi el 80% de la superficie de viñedo- afianzando con esta decisión un perfil claramente opuesto a la inmensa mayoría de elaboradores riojanos. 


Diferenciarse del resto parece ser una autoexigencia para Juan Carlos Sancha y sigue su camino con firmeza. En su opinión, la selección de clones de Tempranillo -cada vez más productivos y resistentes a las plagas y la sequía- no representan los orígenes de La Rioja, sino que son al mismo tiempo el pretexto y el objetivo para la producción de grandes volúmenes de vino, lo cual no significa forzosamente la excelencia en cuanto a calidad. A esta dicotomía,  a este endemoniado cruce de caminos entre cantidad y calidad, se enfrentan actualmente no pocas zonas vitivinícolas, no sólo en España sino en todo el mundo. El caso de Burdeos es el más mediático y adaptarse al futuro en el comercio del vino parece ser la única forma de sobrevivir. Aranceles, cierre de mercados, exportaciones cada vez más complicadas, reducción en los hábitos de consumo y almacenes llenos de botellas esperando ser vendidas son los factores de esta complicada ecuación. Pero este asunto ya lo trataremos -quizás- en otro artículo. Regresemos a los vinos de Juan Carlos Sancha...

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones acerca de los vinos que probamos a lo largo y ancho de las dos horas largas que tuvimos oportunidad de compartir con Juan Carlos Sancha.


AD LIBITUM MATURANA BLANCA 2024
Variedad más antigua de La Rioja. Actualmente existen no más de 70 hectáreas en total. Viñedo plantado en 1997, casi con certeza el más viejo del mundo de esta variedad. Altitud 575 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 5 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 4000 botellas. Amarillo pajizo. Flores blancas, frutas de pepita y piña madura. Suave presencia del roble. Voluminoso y graso. Excelente acidez, salinidad y mineralidad. Muy elegante en nariz y aún más en boca.


AD LIBITUM MONASTEL DE RIOJA 2023
Viñedo plantado en 1997. Altitud 565 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 1200 botellas. Único vino en el mundo monovarietal de este cepaje autóctono reconocido por la DOc Rioja en el año 2009. Rojo cereza de capa alta con ribete malva. Frutas rojas, flores azules y caramelos de violetas. Mentolados y pimienta blanca, sobre un fondo de recuerdos vegetales, anisados y pimentón. Excelente acidez. Tanino presente pero amable.


PEÑA EL GATO 2022
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. 3150 botellas. Rojo cereza de capa media con ribete rubí. Ataque ligeramente reductivo que se disipa con rapidez. Frutas rojas y hoja de menta. Excelente acidez, tanino medio, entrada glicérica, algo cálido y final con recuerdos a granos de café. No realiza fermentación maloláctica.


PEÑA EL GATO NATURAL 2022
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. Sin sulfitos añadidos. 2000 botellas. Rojo cereza de capa alta con ribete violáceo. Frutas rojas, cassis, miel y hojarasca. Tampoco realiza maloláctica. Más salvaje y poderoso que el anterior, con taninos más presentes. Fresco y sabroso.


PEÑA EL GATO GRANITO 2023
Viñedo plantado en 1917. Altitud 650 metros. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Rendimiento medio 2000 kg por hectárea. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en dos depósitos de granito gallego con diferente grado de porosidad. 772 botellas. No realiza maloláctica. Rojo cereza de capa media con ribete violáceo. Guindas, chocolate, petricor, eucalipto y regaliz. Fresco, carnoso y agradable. Largo, elegante, pleno y redondo. Muy curioso en boca.


CERRO LA ISA TINTO VIÑEDO SINGULAR 2020
Viñedo plantado en 1906. Altitud 750 metros. 1,7 hectáreas. Rendimiento medio 1500 kg por hectárea. 100% Garnacha. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Despalillado manual. Fermentación en roble francés nuevo y 18 meses de crianza en roble francés usado de 500 litros. 4000 botellas. Rojo cereza de capa media con ribete granate. Mon Cheri, tabaco rubio y flores rojas. Un auténtico perfume en nariz. Complejo y muy elegante en boca. Recuerda a un Pinot Noir de Borgoña, más y mejor no se puede decir.


AD LIBITUM MATURANA TINTA 2023
Viñedo plantado en 1997. Altitud 565 metros. Vendimia manual en cajas de 15 kg. Fermentación en roble francés nuevo y 11 meses de crianza en roble francés nuevo de 500 litros. 8500 botellas. Cepaje autóctono reconocido por la DOc Rioja en el año 2009. Rojo picota de capa muy alta con ribete violáceo. Moras, cerezas, grosellas negras y caramelos de violetas. Mineral y especiado, sobre un fondo vegetal levemente amargoso que recuerda a las piracinas presentes en algunos Cabernet. Excelente acidez, aunque algo cálido en boca. Tanino presente pero amable. Estructurado y voluminoso, con mucha guarda por delante.


Concluimos aquí esta clase magistral de viticultura y enología impartida por Juan Carlos Sancha. Una lección que nos deja la mente llena de certezas pero también de incertidumbres. Nos asaltan mil dudas acerca de si las variedades actualmente cultivadas conducen a vinos cada vez más estandarizados, con menos identidad y con menos alma. Los cepajes autóctonos son la reserva de ese espíritu que abraza la tradición y huye de la homogeneidad. Suele decirse que si se busca obtener algo diferente, no debe hacerse lo mismo de siempre. ¿Y si estuviera el mercado del vino a punto de implosionar? En ese caso, deberíamos volver la vista al pasado y regresar a los orígenes y a la tierra, aprender de lo que hicieron generaciones anteriores. Ciertamente hoy en día disponemos de tecnologías que nuestros abuelos ni siquiera imaginaron, pero tal vez estamos olvidando aquello que nos enseñaron con más ahínco. 

Y para que no lo olvidemos, conviene escuchar a gente tan apasionada como Juan Carlos Sancha.



jueves, 6 de noviembre de 2025

> Sudoeste de Francia: tan cerca y tan lejos




El universo vitivinícola de Francia es simplemente inconmensurable. Burdeos, Borgoña, Champange, Ródano, Loira y Provenza puede que sean las zonas más famosas y célebres. Algo menos conocidas son Alsacia, Jura, Beaujolais, Languedoc y Córcega. Sin embargo, existe un rincón meridional a los pies de la cordillera pirenaica con muy poco predicamento, ni tan siquiera de puertas hacia dentro. 


En general, al francés medio le importa más bien poco lo que pueda suceder al sur de Toulouse, si acaso durante una semana al año coincidiendo con las etapas pirenaicas del Tour. En esos cinco días a mediados del mes de Julio sí, todas las miradas estarán en los puertos de Tourmalet, Aubisque, Marie Blanc y en los finales de etapa en estaciones de esquí tales como Luz Ardiden, Superbagnères, Hautacam o Cauterets. Sin embargo, durante el resto del año esa estrecha franja deja de interesar a los franceses, en general más atraídos por los Alpes para la práctica de los deportes de invierno. Quizás durante la primavera, algún despistado pueda dejarse caer por estas tierras, aunque suelen ser la gastronomía, los quesos y los productos del pato, las principales motivaciones para acercarse a conocer estos bellos valles pirenaicos. 


En realidad, la producción de vinos con renombre es más bien escasa en esta zona central del Pirineo Francés -Hautes Pyrénées- siendo el extremo más occidental -Pyrénées Atlantiques- el que concentra más zonas productoras de vinos de calidad, aún a pesar de tratarse del área vitivinícola más desconocida de Francia. En cualquier caso, son denominaciones -AOCs o IGPs- de tamaño pequeño que trabajan variedades de uva mayoritariamente autóctonas y que elaboran producciones escasas de distribución casi exclusivamente a nivel local. Precisamente por esos motivos, nuestra asistencia a la masterclass diseñada por Grape Bebop la consideramos como absolutamente imprescindible. Se dio la circunstancia que meses después de asistir a dicha formación, tuvimos la ocasión de acercarnos fugazmente a la zona, por ello en las notas de cata que detallaremos a continuación, aparecen vinos adquiridos personalmente por nosotros en Lourdes y Saint-Lary. 


Pasen y lean, queridos amigos, el sudoeste francés nos espera...


DOMAINE PLAGEOLES MAUZAC NATURE 2021
AOC Gaillac. 100% Mauzac. Elaboración siguiendo el denominado método ancestral -Méthode Gaillacoise- se cree que desde 1680, por tanto anterior a la invención del champagne, en una sola fermentación con levaduras autóctonas, sin adición de licor de tiraje ni de expedición, embotellado con sus lías y con su azúcar  residual. Se elaboran secos y dulces, blancos y rosados. Amarillo trigueño turbio. Recuerdos de piel de manzana y lagar de sidrería. Jengibre y pimienta blanca. Rústico y artesanal, algo picante en boca e incluso con cierta tanicidad. Carbónico completamente integrado. Alejado de nuestros gustos.

UBY Nº 3 2023
IGP Côtes de Gascogne. Colombard y Sauvignon Blanc en porcentajes desconocidos. Sin crianza. Amarillo verdoso claro. Muy Sauvignon Blanc en nariz. Cítricos y algún recuerdo tropical. Algo escaso en boca y de postgusto corto. Alta acidez y bajo contenido alcohólico. Equivaldría a un ensamblaje Airén-Verdejo de La Mancha, una variedad muy productiva acompañada por otra muy aromática. Muy comercial, sencillo, amable y refrescante. Otras variedades cultivadas son la Petit Manseng, la Sémillon y la Ugni Blanc (Trebbiano Toscano), habitualmente utilizadas para la elaboración de vinos blancos económicos y comerciales. La IGP Côtes de Gascogne complementa a las AOCs del departamento de Gers -Armagnac, Madiran y Saint-Mont- sin duda más prestigiosas y de las que proceden vinos de más calidad y precio más elevado, sin olvidar la denominación Pacherenc-du-Vic-Bilh elaboradora exclusivamente de vinos blancos.

DOMAINE CAHUAPÉ GEYSER 2022
AOC Jurançon Sec. Gros Manseng, Petit Manseng, Camaralet, Lauzet y Courbu Blanc (30-30-30-5-5). Sin crianza. Amarillo dorado bajo. Poco expresivo en nariz, cáscara de cítricos, pimienta blanca y jengibre. Moderadamente ácido, aunque poderoso en boca, con alcohol muy presente. Corpulento, de nuevo picante y con un leve amargor final. Existe la duda de si la Courbu Blanc es la misma variedad que la Hondarribi Zuri o incluso la Hondarribi Zerratia. En los vinos Jurançon Sec -denominación creada en 1975- se exige un mínimo de 11,5% de contenido alcohólico. Se elaboran exclusivamente vinos blancos. Camaralet y Lauzet son variedades de uva prácticamente extinguidas que suelen incorporarse en pequeños porcentajes en los coupages y aportan cierto carácter especiado a los vinos.

SECRET DE FRONTON CONFIDENCE 2020
AOC Fronton, antes denominada Côtes du Frontonnais hasta la añada 2005. 100% Négrette. Crianza en barricas usadas durante 12-15 meses. Rojo picota de capa media con ribete granate. Chucherías, flores azules, toffee y caramelo de nata-fresa. Marcada acidez y alcohol algo descompensado. Algo rústico en boca. Correcto y curioso, sin llegar a enamorar. En general se exige un contenido de 50-70% de la variedad Négrette y están además autorizadas Syrah, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Braucol (Fer Servadou), Cinsault, Gamay y Mauzac Noir. No se elaboran blancos, sí rosados, pero predominan los tintos, conocidos popularmente como los "Beaujolais de Toulouse". Los viñedos se extienden en terrazas a lo largo de la orilla izquierda del río Tarn.

DOMAINE ROTIER RENAISSANCE ROUGE 2020
AOC Gaillac. Duras, Syrah, Braucol y  Prunelard (35-35-15-15). Crianza en barricas usadas durante 12-15 meses. Rojo picota de capa alta con ribete rubí. Ligeramente evolucionado. con una punta de acidez volátil. Fruta roja muy madura, casi en compota. Especiado y moderadamente astringente, aunque bastante bien integrado. Muy gastronómico. Se exige al menos 2 variedades principales, mínimo en un 70% del total y con más del 40% de las variedades Duras, Braucol (Fer Servadou) o Prunelard. Como curiosidad, añadiremos que la Braucol se cruzó con Hondarribi Beltza para dar lugar a la Gros Cabernet, que a su vez se cruzó con Cabernet Franc para dar lugar a la Carmenere. En Gaillac se elaboran blancos, espumosos, dulces, rosados, tintos e incluso  "Vin de Voile" bajo velo de flor. También están autorizados monovarietales de Gamay que se conocen como "Gaillac Premieurs".

DOMAINE PLAGEOLES PRUNELART 2015
IGP Côtes du Tarn. 100% Prunelard. Variedad de uva progenitora de la Malbec. Vinificación en depósito de cemento, sin crianza en roble. Rojo picota  de capa media con ribete ocre. Ciruelas y pimienta negra. Cuero, tierra húmeda, carne y trufa negra. Moderadamente astringente. Postgusto medio. Rústico y austero. Alejado de nuestros gustos. En realidad la IGP Côtes du Tarn se trata de una escisión autorizada de la AOC Gaillac para conseguir sortear la prohibición de elaborar monovarietales de este cepaje. Esta denominación autoriza una lista eterna de variedades y en ella se elaboran vinos blancos, tintos y rosados. Los viñedos ocupan suelos calcáreos entre las cuencas de los ríos Tarn y Agout.

CHÂTEAU DU CÉDRE LE CÉDRE 2020
AOC Cahors. 100% Malbec. Crianza durante 24 meses en barricas de 500 litros. Antes de cruzar el Atlántico rumbo a Argentina, con esta variedad de uva -denominada en ocasiones también como Cot, resultado del cruce entre Prunelard y Magdeleine Noir- se han venido elaborando interesantes monovarietales en  tierras francesas. Rojo cereza de capa media con ribete violáceo. Flores azules, frutas rojas y especias dulces sobre un recuerdo leñoso y de raspón. Agradable en nariz, tal vez algo falto de volumen y estructura en centro de boca. Muy correcto y -con seguridad- más sincero que sus primos americanos. La denominación exige un mínimo del 70% de Malbec (Cot) y permite un máximo del 30% de Merlot o Tannat. El despalillado es obligatorio. La variedad Jurançon Noir anteriormente empleada, no está permitida desde el año 1996. Suelos de caliza, terrazas de arena y gravas bajando hacia el río Lot. En la actualidad parece haber una tendencia, todavía incipiente, a elaborar vinos sin crianza en roble.

CHÂTEAU BOUSCASSÉ VIEILLES VIGNES 2016
AOC Madiran. 100% Tannat. Viñedos de más de 50 años. Suelos de caliza y arcilla, con algunos guijarros en las laderas. Maceración durante 3-6 semanas con los hollejos. Crianza durante 16 meses en barricas de roble. Picota de capa muy alta con ribete granate. Frutas rojas y negras, regaliz y pimienta negra. Exageradamente astringente. Muy gastronómico. Complicado en cata técnica. Origen histórico de esta variedad adoptada por Uruguay como propia tras la emigración al otro lado del Atlántico. El despalillado es obligatorio, la microoxigenación recomendable -procedimiento descubierto por Patrick Ducournau en 1990- y se exige un mínimo del 50% de Tannat, aunque están autorizadas Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Braucol (Fer Servadou). Existen otras denominaciones próximas -Irouléguy, Béarn, Saint-Mont, Tursan y Brulhois- en las que también se cultiva ampliamente esta variedad, al parecer traída a la zona por los monjes, la cual debe ser mayoritaria en las mezclas con Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Merlot, Fer y las prácticamente anecdóticas variedades autóctonas Manseng Noir, Courbu Noir, Aboriou y Néant.



DOMAINE PECH DE BIRAN 2021
AOC Pécharmant. Merlot, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. Crianza de duración no detallada en barricas usadas. Rojo picota de capa media con ribete granate. Frutas rojas y negras, piracinas y especiados. Muy correcto en boca. Agradable. Primo lejano de los tintos de Burdeos, pero con una excelente relación calidad-precio. Una de las numerosas denominaciones de la región del Périgord -Bergerac, Côtes de Bergerac, Rosette, Mombazillac, Pécharmant, Côtes de Duras, Montravel, Côtes de Marmandais y Saussignac. A grandes rasgos, predominan las variedades bordelesas, con algunas excepciones en cuanto a la aceptación de variedades autóctonas locales.

CLOS UROULAT 2019
AOC Jurançon. 100% Petit Manseng, sin duda la más exquisita variedad autorizada para la elaboración de vinos dulces en esta denominación. Se exige un mínimo de 14% alcohol y al menos 40 gr/litro de azúcar residual, así como una crianza mínima de 12-18 meses. La categoría Jurançon VT obliga a un mínimo de 17% alcohol, 50 gr/litro de azúcar residual y fecha de vendimia posterior al 2 de Noviembre. Dorado de capa media-alta. Almendras crudas, dulce de membrillo, azúcar quemado, maracuyá y otras frutas tropicales muy maduras. Excelente equilibrio entre acidez y dulzor. Una verdadera maravilla. En zonas limítrofes, también se elaboran vinos blancos dulces que intentan emular a Jurançon. Hablamos de los "otros Jurançon" de Béarn, Irouléguy, Saint-Mont y Pacherenc du Vic-Bilh, ésta última geográficamente dentro de la AOC Madiran.

CHÂTEAU MA PASSION 2021
AOC Mombazillac. Sémillon y Sauvignon Blanc. Elaborado con uvas botrytizadas. Sin crianza. Dorado de capa alta. Cáscara de cítricos escarchados y mieles. Incómodo recuerdo de fósforo y goma. Agradablemente dulce. Excelente equilibrio entre acidez y dulzor. Curiosamente menos complejo que el anterior. Mombazillac es una pequeña denominación ubicada dentro de la gran zona de Bergerac, especializada en la elaboración de vinos blancos dulces que podrían recordar a los Sauternes, pero ni el precio ni el resultado final son comparables. Las variedades autorizadas son Sémillon, Sauvignon Blanc y Muscadelle. Otras zonas productoras de blancos dulces de botrytis -también passerillage- son Saussignac, Côtes de Montravel y Haut Montravel.



Hasta aquí las reseñas de los vinos catados en el transcurso de la masterclass impartida por Grape Bebop. En adelante detallaremos las notas de cata de los vinos adquiridos por nuestra cuenta -arriesgando nuestra integridad física y con más sombras que luces, todo hay que decirlo- durante las breves incursiones estivales en territorio galo.



ALTITUDE 300 ROSÉ 2024
AOC Béarn. Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y Tannat.  Sin crianza. Rosa piel de cebolla con reflejos cobrizos. Frutillas rojas, heno seco y mentolados. Acidez media plus. Intenso y poderoso en boca, más serio de lo esperado. Algo cálido, con bastante cuerpo e incluso cierta tanicidad. Muy gastronómico. Rosado rabiosamente seco con alma de tinto que pide embutido, queso y plato de cuchara.

DOMAINE DE PELLEHAUT L´ETE GASCON BLANC 2024
IGP Côtes de Gascogne. Gros Manseng, Chardonnay y otras variedades blancas locales. Sin crianza. Dorado de capa media-baja. Fruta de hueso, albaricoque y piel de melocotón rojo. Divertidos aromas tropicales a maracuyá, mango y piña muy madura, con recuerdo a las gominolas de melocotón de nuestra infancia. Entrada dulce muy atractiva, con agradable acidez que lo hace ligero y fresco a pesar de su contenido en azúcar. Nada pesado, todo alegría, aunque puede llegar a cansar si la temperatura en la copa de eleva más de la cuenta. Uno de los "otros Jurançon", blancos semidulces tan típicos de la zona, elaborados con variedades más vulgares que la Petit Manseng, menos complejos que los Jurançon auténticos, pero plenamente disfrutables y con una excelente relación calidad-precio.

ALTITUDE 300 JURANÇON 2023
AOP Jurançon. 100% Gros Manseng. Crianza desconocida. Amarillo dorado medio. Cáscara de naranja amarga, miel y azahar. Melocotón amarillo, piña madura y mermelada de albaricoque. Acidez media plus y sugerentemente dulce en boca. Sutil amargor final con recuerdo a almendras crudas. Fluido, ligero, delgado y corto. Esperábamos algo más de este Jurançon de volumen elaborado con la hermana pobre de la Petit Manseng.

UBY Nº6 ROSÉ 2024
IGP Côtes de Gascogne. Syrah, Merlot, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc en porcentajes desconocidos. Sin crianza. Rosa asalmonado limpio y brillante. Seductora nariz de piel de melocotón y yogur de macedonia, con más fruta de hueso que frutillos rojos, si acaso fresas ácidas. Ligero azúcar residual que lo vuelve aún más atractivo, acidez media y bajo alcohol. Para todos los públicos. Si a alguien no le gusta es porque no tiene suficiente sed. Muy comercial, sencillo, amable y refrescante.

DOMAINE DE PELLEHAUT L´ETE GASCON ROSÉ 2024
IGP Côtes de Gascogne. Tannat y Merlot (70-30). Sin crianza. 
Rosa piel de cebolla. Ligeramente cerrado de inicio, grosellas rojas y yogur de fresa, también algo de fruta de hueso y mermelada de naranja. Ataque muy agradable en boca aunque tal  vez algo pesado -más que moelleux parece doux- alegrado por una vibrante acidez y un reducido contenido en alcohol. En cata técnica resulta algo corto y quizás un tanto cansado por su marcado dulzor. Con los patés y foies de la  zona, la cosa cambia y una botella para dos puede no ser suficiente. 

UBY Nº7 2024
IGP Côtes de Gascogne. Merlot y Tannat. Sin crianza. Rojo cereza de capa media-baja con ribete malva. Moras rojas, yogur de fresa, flores azules y un recuerdo lejano de pimienta blanca. Fluido y ligero. Marcada acidez que domina el conjunto. Ni tánico ni cálido, lo cual se agradece. Frutal, sencillo, corto, un tanto simple y carente de complejidad. Nada agresivo en boca, sin defectos ni complicaciones. No llega a enamorar. Cosas así e incluso menos acertadas, también se hacen -y se venden- en el Somontano.

CUVÉE CHEVAL D´HENRI IV
AOC Jurançon Sec. 100% Gros Manseng. Sin crianza. Etiquetado sin añada ni posibilidad de deducirla por el número de lote, por lo que sospechamos que se trate de un ensamblaje o blend de varias añadas, algo similar a los CVC -conjunto de varias cosechas- que en ocasiones se encuentran en los blancos semidulces de La Rioja. Amarillo dorado medio. Piña madura, mandarina, gominola de melocotón y corteza de cítricos escarchados. Acidez media-plus. Menos "sec" de lo esperado, con un resto de azúcar residual muy presente. Corto aunque muy agradable, con ese regusto a almendras crudas tan Jurançon. Fresco, alegre y divertido. Otro vino veraniego para todos los públicos. 

UBY Nº4 2023
IGP Côtes de Gascogne. Gros Manseng Y Petit Manseng. Sin crianza. Dorado de capa media-baja. Fruta de hueso, albaricoque y piel de melocotón. Divertidos aromas tropicales a maracuyá, mango y piña muy madura. Entrada claramente dulce, agilizada por una acidez media-alta que lo alegra e invita a tomar otra copa. Tal  vez algo pesado -muy doux- aunque fresco por su reducido contenido en alcohol. En cata técnica resulta algo corto y quizás un tanto cansado por su marcado dulzor. Tan agradable como peligroso, especialmente en verano.



Todavía nos quedan vinos por descorchar, de modo que en sucesivas actualizaciones iremos incorporando nuevas notas de cata y opiniones sobre ellos. Entre tanto, dejamos por aquí algunas imágenes del departamento de Hautes-Pyrénées, tan cercano en lo geográfico para los españoles como lejano en lo sentimental para los propios franceses.




lunes, 11 de agosto de 2025

> Rubvinos 2025


La comarca de Gúdar-Javalambre se sitúa en el extremo más meridional de la provincia de Teruel y por tanto representa el último recodo de tierras aragonesas antes de traspasar la linde imaginaria que comunica con el norte de Castellón y de Valencia. Sus sierras y valles han sido históricamente territorio fronterizo -como bien lo atestigua el rico patrimonio medieval de sus pueblos, especialmente Mora de Rubielos, capital de la comarca- pero también zona de un intenso intercambio comercial entre el interior y la costa mediterránea, distante apenas unas decenas de kilómetros en línea recta.


Desde el punto de vista paisajístico, la zona podría recordar a la vecina comarca de Matarraña, aunque una detallada observación por parte del viajero rápidamente llevará a la conclusión de que en Gúdar-Javalambre hay menos cauces fluviales y más altitud. Aquí los inviernos son largos y fríos, los veranos cortos y calurosos, determinando todo ello que las condiciones climatológicas sean de una notable dureza. Por tanto, los cultivos típicos del arco mediterráneo -almendra, olivo y vid- no son tan habituales en esta comarca, siendo sustituidos por el cereal y por cultivos micológicos de gran valor añadido como es el caso de la trufa negra o Tuber melanosporum, producto del que Gúdar-Javalambre es el primer comercializador a nivel europeo. La localidad de Sarrión se considera la capital mundial de las trufas negras y teniendo en cuenta el precio que alcanzan cada año, no sorprende que se les conozca como "diamantes negros".


Por supuesto, en la comarca existen viñas -cada vez menos, muchas de ellas abandonadas y amenazadas con desaparecer por la despoblación y por la falta de relevo generacional en el sector agrario- aunque la mayoría de ellas están destinadas a elaborar vinos para autoconsumo, como se ha hecho toda la vida. En el año 2010 se cruzaron los caminos de Jesús Romero -viticultor natural de Rubielos de Mora, jubilado después de haber trabajado en el sector hostelero en Valencia- y Juan Vicente Alcañiz (Valencia, 1980) ingeniero agrónomo y licenciado en Enología. El primero se puede decir que fue el iniciador del sueño, el segundo quien logró que se hiciera realidad. Juanvi Alcañiz desempeña en la actualidad la dirección técnica de Bodegas San Alejandro en Miedes (DO Calatayud) después de haber trabajado en bodegas de España, Chile, Australia y Nueva Zelanda. De la unión entre ambos surgieron Bodegas Rubus en Rubielos de Mora, inicialmente con tan sólo 5 hectáreas de viñedo en espaldera plantado en 2007 a casi 1000 metros de altitud. Garnacha, Syrah y Tempranillo son las tres variedades de uva mayoritarias con las cuales se elaboran alrededor de 20000 botellas anuales. 


Con la finalidad de dar a conocer la comarca de Gúdar-Javalambre, el sur de la provincia de Teruel, sus atractivos turísticos y su gastronomía, desde Bodegas Rubus surgió en 2022 la idea de organizar una jornada enológica en Rubielos de Mora. Aquella primera edición de Rubvinos desbordó todas las previsiones en cuanto a asistencia, sin duda supuso un enorme éxito y animó a la organización a repetir el evento en años sucesivos. Tras varios intentos infructuosos, al fin pudimos sacarnos la espina de años anteriores y asistir el pasado mes de Julio a Rubvinos 2025. Para poner en contexto el evento, es necesario precisar que en realidad se trata de una jornada en torno al vino que se desdobla en dos actos. El primero de ellos, abierto al público en general, tuvo lugar en la lonja del Ayuntamiento de Rubielos. El segundo, exclusivamente orientado hacia el sector profesional, se celebró en la Ermita de los Mártires, situada en un precioso enclave elevado a escasos dos kilómetros de la localidad. Casi una veintena de bodegas presentaron y dieron a conocer sus vinos a profesionales del sector, con una amplia representación de sumilleres procedentes de Zaragoza y Valencia. Con acierto, se dispuso por parte de la organización de transporte colectivo desde ambas ciudades. Por motivos de agenda, realizamos el desplazamiento en nuestro propio vehículo y aparcamos a la sombra de unos pinos a los pies de la Ermita de los Mártires. 



Gúdar-Javalambre n
os recibió aquella mañana a mediados del  mes de Julio con un cielo azul, una suave brisa, el canto de las cigarras y el estimulante aroma de las hierbas del monte mediterráneo. Recorrimos la suave pendiente del camino empedrado que asciende hasta el porche de entrada y franqueamos la puerta de la ermita. Todavía era temprano y los autobuses rebosantes de sedientos sumilleres procedentes de Zaragoza y Valencia aún no habían hecho su aparición, de manera que nos apresuramos a catar los primeros vinos del día. Como es nuestra costumbre, dedicamos la primera mitad de la mañana a conocer vinos blancos y rosados, dejando los tintos para la parte final de la jornada.


La oferta expositiva en cuanto a bodegas y referencias no puede calificarse de escasa. Docena y media de productores dieron a conocer sus vinos en un ambiente cercano y distendido. Los asistentes tuvimos la oportunidad de catar casi un centenar de muestras y -lo que es más interesante- charlar con los bodegueros para comprender la identidad de sus proyectos, la mayoría de ellos familiares, de pequeño tamaño y con una firme voluntad en la defensa de sus orígenes y de las variedades autóctonas de su tierra. Entre los presentes, una amplia representación de bodegas levantinas (Tren de Vida, Can Leandro, Curii, Cooperativa de Viver) y aragonesas (Cuevas de Arom, Sers, A Maru de Gasconne, Rubus), así como algunas pinceladas de La Rioja (Ukan, Baigorri), La Mancha (Gratias), Navarra (La Calandria), Galicia (Granbazán), Gerona (La Vía Líquida) y tres productores de fuera de España.


Resultaría tedioso detallar las notas de cata de todos y cada uno de los vinos que tuvimos ocasión de degustar, de manera que nos limitaremos a reseñar aquellos productores cuyas elaboraciones nos resultaron más originales. Debido a nuestro desconocimiento acerca de su trabajo de recuperación de variedades casi desaparecidas -Tardana, Pintaíllo, Coloraíllo, Rojal- nos resultaron muy interesantes los vinos artesanales de Bodegas Gratias (Casas Ibáñez, Albacete) y por su apuesta por las variedades autóctonas mediterráneas -Merseguera, Tortosí, Bonicaire- los vinos finos y luminosos de Can´Leandro (Onteniente, Valencia).



Casa Marín (Aconcagua, Chile) presentó los magníficos resultados obtenidos con la Sauvignon Blanc y la Pinot Noir -impecable el trabajo de esta bodega chilena ubicada en el Valle de San Antonio muy cerca de la costa del Pacífico- vinos precisos, frescos, minerales y muy varietales. Lo mismo puede decirse de Domaine La Soufrandiere (Borgoña, Francia) y sus diferentes interpretaciones de los viñedos y la crianza de la Chardonnay en una zona moderadamente cálida como Mâcon -fruta madura, madera discreta y mucha elegancia- así como un agradable vecino de Beaujolais monovarietal de Gamay que se coló sin estar invitado, pero que a nadie defraudó. 



Mención aparte merece Azienda Agrícola Barbacán (Valtellina, Italia) quizás el productor que más nos cautivó. Trabajan exclusivamente con la variedad Chiavennasca, sinonimia de la Nebbiolo en Valtellina -valle alpino de Lombardía- elaborando numerosos vinos que clasifican en función del viñedo, la altitud y los suelos. Disponen de 6 hectáreas de viña cultivadas en terrazas, con un esforzado trabajo manual en el campo y artesanal en la bodega. En realidad todos los viñedos incorporan un pequeño porcentaje de otras variedades autóctonas minoritarias, un verdadero tesoro de la biodiversidad que la bodega se esfuerza en preservar. Las etiquetas de sus botellas pueden parecer algo infantiles, pero adquieren todo su significado cuando se comprende que están inspiradas en las pinturas rupestres descubiertas en la zona. Tuvimos la oportunidad de catar dos rosados -rosati- cinco tintos -rossi- de diferentes procedencias y con distintas crianzas, así como un maravilloso sforzato di Valtellina, tinto elaborado tras la fermentación de uvas pasificadas -passito- menos dulce de lo esperado, sensacional en nariz y sencillamente eterno en boca.



El regreso a territorio nacional lo hicimos entrando por dos localidades de Rioja Alavesa -Laguardia y Samaniego- realizando la cata de los vinos de Ukan Winery y Bodegas Baigorri respectivamente. Tempranillo sola o en compañía de otras, en general con larga permanencia en roble, tintos riojanos modernos, pero nada simples, con más fruta y menos presencia de la madera. Incluso pudimos apurar las últimas gotas de un blanco de Viura y Malvasía fermentado en barrica de Baigorri, poesía en nariz y seda en boca. Granbazán es la aventura de la bodega de Samaniego en Rías Baixas -una joya arquitectónica a tenor de lo visto en fotografías, ubicada en un palacio que deja sin palabras- donde la Albariño adquiere todo el protagonismo. Catamos dos de sus vinos -Etiqueta Verde y Etiqueta Ambar- tenso, algo nervioso y cítrico el primero, más tropical y cariñoso el segundo.




Para ir concluyendo, haremos un breve repaso a las bodegas aragonesas presentes en esta edición de Rubvinos 2025. Bodegas Sers (Cofita, Huesca) son la apuesta por el territorio de la familia Canales, con sus 12 hectáreas de viña en propiedad para elaborar unas 25000 botellas -siempre bordelesas- cada año. Como la mayoría de las bodegas del Somontano, iniciaron su andadura con variedades internacionales y las siguen trabajando con acierto, aunque en los últimos años su voluntad de recuperación de cepajes autóctonos, como la Moristel o la Parraleta, es cada vez más decidida. Cuevas de Arom, es el nombre del proyecto más personal de Fernando Mora en Bodegas San Alejandro (Miedes). Una estricta selección de viñedos de Garnacha -cuanto más viejos mejor, sobre suelos de pizarra entre Calatayud y Jiloca, con viticultura artesanal y vinificaciones tradicionales- nos conduce a unos vinos finos, elegantes y muy aromáticos. A Maru de Gasconne (Cretas, Teruel) es con total seguridad la bodega más joven de todo Aragón. Inaugurada hace apenas unas semanas fruto del impulso empresarial de Gonzalo Iranzo -ingeniero agrónomo enamorado del Matarraña- han apostado por variedades como Syrah, Viognier y Garnacha Blanca para la elaboración de sus vinos, recién salidos al mercado, con una bonita imagen de marca y la intención de posicionarse en el segmento premium.


 

Hemos dejado para el final las notas de cata de los vinos que Juanvi Alcañiz elabora en Rubielos de Mora. Su vino de inicio de gama es Rubus, ensamblaje de Garnacha y Tempranillo, de un precioso rojo cereza de capa media con ribete violáceo. Frutas rojas, caramelo, yogur de fresas y moras. Especias blancas sobre un fondo herbáceo, recuerdos mentolados y una viva acidez, gracias a la altitud del viñedo. Postgusto medio, con taninos dulces y aterciopelados. Rubus Quercus es su hermano mayor, coupage de Garnacha y Syrah en el que la crianza durante 5 meses en barricas usadas de 400 litros acompaña discretamente a la fruta, con un punto más especiado y de notas tostadas, todo muy suave, sin perder nada de frescura, más largo y elegante. En 2017 se incorporaron 4 hectáreas de viñedo de Garnacha y Miguel de Arco plantadas en 1955 en el municipio de Báguena y de ahí se obtiene el Viña de Báguena, vino top de la bodega que se elabora con uvas parcialmente despalilladas y con crianza durante 10 meses en barricas de 400 litros de segundo y tercer año. 


Recientemente se ha iniciado la comercialización de su primer vino blanco, el Rubus Leuko, monovarietal de Macabeo elaborado con uvas procedentes de dos viñedos cultivados en vaso que ya fueron vinificadas en los años 2022 y 2023 pero que en esta añada 2024 han dado todo lo que se esperaba de ellas: frutas de pepita, hinojo, hierbas de monte y tiza, poderoso en boca, generosa acidez y ligeramente cálido, quizás algo falto de redondeo en botella y con mucha guarda por delante.


En resumen, una jornada deliciosa, en un lugar precioso en mitad del campo turolense, catando vinos diferentes -algunos casi en exclusiva- intercambiando opiniones con los elaboradores y rodeados de buena gente. Poco más se puede pedir. Tan sólo nos queda agradecer la invitación a Juanvi Alcañiz y anhelar que en la próxima edición de Rubvinos se nos vuelva a abrir la puerta de la Ermita de los Mártires -ese enclave místico donde una vez al año y tan sólo durante unas horas- algunos cuantos elegidos se reúnen bajo su techo para compartir opiniones en torno a una copa de vino.