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martes, 13 de junio de 2023

> Lakuba Wines & Winefrikis: el comienzo de una hermosa amistad

 


De bien nacidos es ser agradecidos, así que vaya por delante nuestro más sincero agradecimiento a Lakuba Wines por haber contado con nosotros por primera vez para realizar la presentación de algunos de los vinos de su catálogo. Todos ellos verdaderamente originales y únicos, procedentes de diversos puntos de España pero con el común denominador de haber sido elaborados por pequeños productores enamorados de su tierra y muchos de ellos procedentes de viñedos recuperados o casi desaparecidos. Cádiz, La Rioja, Valladolid, Albacete y Valencia fueron los destinos elegidos, con algún entretenido e imprevisto desvío final hacia Navarra, Penedés, Jerez y Sanlúcar de Barrameda.

Abróchense los cinturones, porque comenzamos la ruta propuesta por Lakuba Wines. Pasen y disfruten, queridos lectores...



VIÑA MATALIAN 2021
Bodegas Primitivo Collantes (Chiclana de la Frontera, Cádiz)
IGP. Tierra de Cádiz. 100% Palomino Fino. Uva procedente de un solo viñedo con muy bajo rendimiento. Elaboración exclusivamente en inoxidable, sin crianza en roble ni encabezado. Sólo se emplea el mosto yema y se fermenta con levaduras autóctonas. Amarillo dorado medio. Fruta de hueso, panadería y níspero. Ataque dulzón, en realidad debido el glicerol. Salino y mineral. Magnífica acidez y final medio-largo. Muy original este monovarietal de Palomino elaborado como vino tranquilo.


NAHIKUN 2021
Bodegas Sierra de Toloño (Villabuena de Álava)
DOc. Rioja. Viura, Malvasía y otras variedades blancas. 1300 botellas. Vino de parcela elaborado con uvas procedentes de un viñedo recuperado de aproximadamente 80 años de edad con muy bajo rendimiento por cepa en el que conviven plantas de Viura y Malvasía con otras variedades blancas ancestrales, algunas de ellas absolutamente desconocidas para nosotros. Fermentación en barrica y crianza durante 8 meses en roble americano. Amarillo verdoso medio. Poco expresivo de inicio en nariz. Tímida fruta de pepita, hinojo y anís estrellado, con la madera muy bien integrada. Excelente en boca. Fresco, complejo, largo y elegante. Un blanco de Rioja algo diferente, sin madera que estorbe y con la peculiaridad de trasladar a la copa un coupage que viene diseñado por la naturaleza.


SEÑORA VALE 2018
Bodegas Esteban Celemín (Castronuño, Valladolid)
IGP. Castilla y León. 100% Albillo Real. 800 botellas. Viñedo recuperado en un meandro del Duero casi equidistante de Toro y Rueda, en el cual se ha experimentado con cuatro tipos diferentes de conducción para evaluar cuál de ellas resulta más favorable para esta variedad de uva castellana. Vendimia manual. Fermentación en barrica y crianza durante 12 meses en roble francés. Amarillo dorado de capa media plus. Imponente en nariz, con aromas a membrillo, compota de ciruela amarilla, ebanistería y crema pastelera. Magnífico y serio en boca. Elegante y muy gastronómico. Opulento, amplio, largo y sabroso. Demostración práctica de cómo obtener un gran vino con la hasta hace poco olvidada Albillo Real.


SIMBIOSIS 2021
Bodegas Bernardo Ortega (Villarobledo, Albacete)
VT. Castila. 100% Bobal. Uva procedente de un viñedo ubicado en Quintanar del Rey (Cuenca). 1200 botellas. Fermentación en tinajas tradicionales de barro y crianza durante 5 meses en tinajas y en barricas. Rojo cereza de capa media con ribete malva. Frutas rojas, cenizas y un recuerdo vegetal. Recuerda a vinos volcánicos, con esa pizca de mineral de azufre y polvo. Curioso aroma a caramelo de café con leche a copa parada. Astringencia y acidez medias. Arriesgada resolución para una variedad que tampoco nos enamora. Alejado de nuestros gustos, aunque se agradece encontrar elaboraciones únicas.


LLUVIA 2020
Bodegas Sentencia (Los Pedrones-Requena, Valencia)
100% Garnacha con un porcentaje minoritario de Bobal (90-10) variable según añadas. 3000 botellas. Encubado y pisado suave en lagares de piedra. Breve trabajo manual con el sombrero y discreta crianza durante 6 meses en fudre de gran tamaño de roble francés, muy respetuoso con la fruta. Rojo cereza de capa baja con ribete rosáceo. Frutillos rojos, guindas, chucherías y flores azules. Fresco y crujiente. Delgado, fragante, moderno y actual. Toda una sorpresa procedente del interior de la provincia de Valencia. Por fin alguien comprende que no sólo de Bobal vive el hombre.


CAMINO DE LA SANTA CRUZ 2019
Bodegas Sierra de Toloño (Villabuena de Álava)
DOc. Rioja. 100% Tempranillo procedente de un único viñedo situado en Rivas de Tereso con viticultura mínimamente intervencionista. Fermentación en ánfora y posterior crianza durante 12 meses en barrica de roble americano. 1200 botellas. Rojo picota de capa alta con ribete malva. Frutas rojas y negras, hierbas aromáticas y flores azules. Acidez media y notable astringencia. Moderno tinto de Rioja, con una notable carga frutal y escasa notas de crianza. Una larga temporada en botella hará de él un vino delicioso y complejo. Pendiente de redondearse, tiene mimbres de notable calidad. Seremos pacientes...


GRAN CAUS ROSAT 2021
Bodega Can Rafols del Caus (Avinyonet del Penedés)
DO. Penedés. 100% Merlot. Diferente elaboración de esta variedad en búsqueda de un rosado que más bien parece un tinto. Rojo cereza de capa media con ribete rosado. Frutillos rojos, caramelos de fresa, petit suisse y tarta de queso. Serio y con cuerpo. Un rosado original, más gastronómico que para disfrutar por copas.


BIKOTE 2020
LMT Wines-Luis Moya (Navarra)
Garnacha y Graciano (50-50). Cultivo en ecológico, vendimia manual en cajas, prensado con los pies, parte de racimos con raspón. Crianza en roble usado y embotellado sin filtrar. Ahora empezamos a entender el etiquetado de "vino bizarro". Rojo picota  de capa alta con ribete violáceo. Frutas rojas maduras y negras todavía algo ácidas. Peculiar ensamblaje de castas tintas, organolépticamente dominado por la Graciano que -más que acompañar- devora a la Garnacha. Tal vez un ajuste en los porcentajes vendría bien. Y sin embargo, incluso con ese carácter un tanto rústico, resulta agradable, fresco y jugoso.


PALO CORTADO DE LA CRUZ DE 1767
Bodegas Arfe (Jerez de la Frontera)
DO. Jerez. 100% Palomino Fino. Luis Arroyo Felices es un peculiar bodeguero exclusivamente dedicado a la crianza. No cultiva, no vinifica ni tampoco encabeza vinos. Adquiere vinos finos de sobretablas y con ellos comienza el rompecabezas de rellenar, mezclar y rociar sus 216 botas de roble americano, para obtener un único vino con una media de 20 años de crianza oxidativa. Es la única bodega de Jerez dedicada a la elaboración de un solo vino. Precioso color ambarino, denso y amable a simple vista. Explosiva nariz de barniz, nueces, orejones y caramelo. Complejo, laberíntico, con mil matices a cada instante. Maravilloso paso por boca, con esa acidez sostenida que seduce de principio a fin. Eterno e infinito en el postgusto. Para soñar despierto.


CONDE DE ALDAMA PALO CORTADO
Bodegas Yuste (Sanlúcar de Barrameda)
DO. Jerez. 100% Palomino Fino. Elaborado tomando como base el amontillado viejo de alguna de las 8 únicas botas de la solera de la bodega, posiblemente con más de un siglo de crianza media. Color oro viejo ligeramente oscurecido. Esmalte, cáscara de naranja desecada, clavo de olor, botica y tienda de anticuario. Un vino entre dos mundos, por momentos oloroso, a ratos amontillado. Flirtea incluso con los licores y juega a ser un brandy, su destino irrevocable. Concentrado, contundente y largo, menos fresco que el anterior, evidentemente influenciado por su edad. Imponente en cualquier caso.


Ponemos aquí el punto y seguido -porque ya hemos detallado  que se trata del primer encuentro- a este delicioso periplo por el panorama enológico español más desconocido. Reiteramos nuestro agradecimiento a Lakuba Wines por su invitación y nos emplazamos a la siguiente cata que tendrá el difícil reto de superar a esta primera.

Porque no creemos equivocarnos al afirmar -como en la inolvidable escena final de la película Casablancaque este es el comienzo de una hermosa amistad.


miércoles, 25 de marzo de 2020

> ¡En el blanco...!





La elección de un buen vino blanco no es cuestión de puntería ni de acierto. Conviene en primer lugar tener claro qué se está buscando, en qué horquilla de precios queremos movernos y si va a destinarse a maridar con comida o no. 

A grandes rasgos y dejando al margen el complicado asunto de las variedades de uva utilizadas, podríamos dividir el inconmensurable mundo de los vinos blancos tranquilos -ni espumosos, ni fortificados, ni dulces- en dos grandes grupos: con y sin crianza, bien en roble, bien en otros materiales. En general los primeros son vinos más complejos en nariz y gastronómicos en boca, adecuados para armonizar durante una comida, no forzosamente con pescados, pues algunos de ellos poseen una estructura más que suficiente para maridar con carnes blancas o similares. Evolucionan satisfactoriamente en la copa, cambian con el paso del tiempo y conforme ganan temperatura, mostrando aromas complejos e interesantes relacionados con la crianza. Por el contrario, los blancos sin crianza suelen ser más ligeros y aromáticos, más voluptuosos y folclóricos, con abundancia de aromas primarios florales y frutales. Estos segundos suelen destinarse al consumo por copas, con raciones ligeras o aperitivos suaves, aunque serán sin duda los preferidos de aquellos consumidores que rechazan vinos más poderosos y estructurados.

Evidentemente las variedades utilizadas tienen mucho que decir al respecto, sin embargo nuestra opinión actual tiende a otorgarle más importancia a la elaboración. Tomemos como ejemplo la variedad Verdejo -probablemente la uva blanca más popular en las barras de toda España- y pensemos en ese "verdejito fresquito" que suelen ofrecer los camareros. Automáticamente nuestra mente nos llevará a frutas tropicales, heno recién cortado, fresca acidez y un ligero amargor final, descriptores de lo que se entiende como "un verdejo de libro". Pues bien, hay numerosos ejemplos de monovarietales de Verdejo con crianza en roble -potentes, grasos, complejos absolutamente sensacionales- que están en las antípodas de lo anteriormente descrito. Incluso en una ocasión probamos un verdejo con crianza oxidativa, pueden consultarse nuestras notas de cata en los últimos párrafos de este otro artículo.

Cometeríamos un grave error si dijéramos que la variedad es algo secundario, pero es real que algunos cepajes neutros y poco expresivos en nariz -Macabeo, Garnacha Blanca- se ven claramente beneficiados por cierta crianza que les permita expresar todo su potencial en boca. Por el contrario, las castas más aromáticas -Gewürztraminer, Verdejo, Chardonnay- si bien resultan altamente atractivas como vino joven, en elaboraciones con crianza responden sobradamente, a costa de perder algunas pinceladas representativas de la variedad.

Recopilamos a continuación nuestras notas de cata de varios vinos blancos nacionales analizados a lo largo de los últimos meses. Hay de todo, como en botica: con y sin crianza, monovarietales y ensamblajes, varios del norte de España, algunos aragoneses y muchas cosas más. Pasen y lean, queridos lectores...


 VIÑA MAYOR 2018
100% Verdejo. Sin crianza. Finca Caserío de Dueñas (Villaverde de Medina, Valladolid) perteneciente al grupo bodeguero Palacios, presente en numerosas zonas vitivinícolas. DO. Rueda. Amarillo dorado tenue. Recuerdos tropicales, aunque menos expresivo de lo esperado. Manzanas amarillas, cáscara de lima y notas herbáceas (hinojo). Serio y sobrio, muy castellano. Refrescante acidez media. Cremoso y untuoso, excelente trabajo con lías. Sutil amargor final, muy varietal, con recuerdos anisados. Postgusto medio-largo. Un verdejo auténtico, nada folclórico, de excelente factura y con cierto recorrido en botella. Puntuación 6/10

DUNA 2017
Garnacha Blanca, Alcañón y otras variedades blancas. Sin crianza en roble. Bodega El Vino del Desierto (Lanaja, Huesca). Amarillo verdoso. Frutas de pepita (manzana, pera) y hierbas aromáticas. Repostería, miel, jengibre y pimienta blanca. Acidez media-alta que equilibra esa bienvenida algo alcohólica. Vivo y vibrante. Largo y graso. Muy gastronómico. Un vino grande de una bodega pequeña y de un territorio tan inhóspito como la comarca de Monegros. Todo un milagro. Puntuación 8/10


VIÑA LEIRIÑA 2017
Palomino, Torrontés y Treixadura, un coupage poco habitual. Sin crianza. Bodegas O Ventosela (San Clodio-Leiro, Orense). DO. Ribeiro. Imponente presentación en botella borgoñona de excelente calidad. Amarillo verdoso. Ciruela amarilla y pomelo. Recuerdos minerales. Acidez marcada. Pedernal. Salino, tal vez con un punto de azúcar residual. Corto pero alegre, ágil y fluido. Divertido, sin llegar a ser cautivador. Puntuación 6/10



GEWÜRZTRAMINER COLECCIÓN 2018
100% Gewürztraminer con 4 meses de crianza en barrica de roble francés. Bodega Sommos (Barbastro, Huesca). DO. Somontano. Amarillo dorado de capa baja. Floral y perfumado. Rosas, jazmines y flores secas. Peras en almíbar y mantequilla. Acidez media, con recuerdo a cáscara de cítricos. Graso, meloso y untuoso. Persistente, largo y complejo. Tal vez el menos varietal de los excelentes Gewürztraminer que proporciona la DO. Somontano pero quizás el más gastronómico y elegante de todos ellos. Puntuación 9/10


MENGUANTE GARNACHA BLANCA 2018
100% Garnacha Blanca. Sin crianza. Bodegas y Viñedos Pablo (Almonacid de la Sierra, Zaragoza). DO. Cariñena. Amarillo verdoso. Aromático aunque no voluptuoso. Frutas de pepita y piña no del todo madura. Mineral y afilado. Alguna nota de autolisis y un leve fondo de arándanos ácidos que recuerda a algún espumoso blanc de noirs. Jugosa acidez. Serio y sobrio. Longitud media. Bastante gastronómico, no sólo para pescados sino también para carnes blancas. Probablemente el mejor monovarietal aragonés de Garnacha Blanca del mercado, elaborado con uvas procedentes de uno de los viñedos más bonitos que conocemos. Puntuación 8/10


NAVA URDIL 2018
Verdejo, solo o en compañía de otras (tal vez Sauvignon Blanc?) sin crianza. Bodegas Urdil (Nava del Rey, Valladolid). DO. Rueda. Amarillo de capa media. Bienvenida de fruta tropical y flores amarillas. Anís estrellado e hinojo. Acidez media. Fresco y divertido, con ese final levemente amargo tan característico de la verdejo. Longitud media. Un blanco de Rueda muy reconocible. Si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Puntuación 7/10


CIERNA 2019
Chardonnay y Gewürztraminer en proporciones desconocidas. Sin crianza. Bodegas Sommos (Barbastro, Huesca) aunque en la etiqueta no lo indica expresamente. DO. Somontano. Amarillo intenso, tal vez demasiado para ser un vino tan joven, en realidad el más joven de todos los catados para este artículo. Floral y perfumado. Jazmín y rosas. Insinúa en nariz cierto azúcar residual que no es tal. Acidez media. Postgusto medio. Muy Gewürztraminer en nariz, más Chardonnay en boca, aunque fluido y ligero. Un vino juguetón y algo mentiroso, con una relación calidad-precio insuperable. Puntuación 7/10


BRANDÁN 2018
100% Godello. Sin crianza. Bodegas Algueira (Doade, Lugo). DO. Ribeira Sacra. Amarillo pajizo verdoso y de escasa intensidad aromática. Frutas de pepita algo inmaduras, flores blancas y cáscara de limón. Mineral, fluido y ligero, aunque sensiblemente cálido en boca. Ligeramente inexpresivo, mejora al subir de temperatura. Acidez y alcohol presentes, con cierto desequilibrio, no del todo integrados, van cada uno por su lado. Esperábamos más de él. Puntuación 3/10


TERRAS MEIGAS TREIXADURA 2018
Ensamblaje de variedades autóctonas gallegas. Treixadura, Albariño y Lado (90-5-5). Sin crianza. DO. Ribeiro. Amarillo verdoso. Muy tropical en nariz. Piña madura, ciruela amarilla y plátano. Entrada dulce en boca, casi golosa. Fresca acidez. Salino, atlántico, con recuerdos de sílex y piedra mojada. Sabroso, pleno, redondo y equilibrado. Postgusto medio. Interesante. El protagonismo del paquidermo en la etiqueta es para nosotros todo un misterio. Puntuación 7/10


CREGO E MONAGUILLO 2017
Bodegas Crego y Monaguillo (A Salgueira Monterrei, Orense). DO. Monterrei. Godello y Treixadura (90-10). Sin crianza. Amarillo verdoso que insinúa tonos dorados. Ataque alcohólico. Flores amarillas marchitas. Manzana Golden y piña madura. Membrillo. Jengibre y pimienta blanca. Acidez media. Ligeramente cálido en boca. Graso y untuoso, más voluminoso de lo esperado. Final medio-largo, con un ligero amargor que lo sostiene en paso por boca. Puntuación 7/10

Y de propina, notas de cata y evaluación de un último vino blanco, por cortesía de Jules Wine. Con insistencia y mucho tiempo, al final haremos de él un buen catador...



ESENCIA DE GEWÜRZ 2018
Bodegas Batán de Salas (Barbastro, Huesca). DO. Somontano. 100% Gewürztraminer. Sin crianza. Más frutal  (membrillo, melón amarillo) que floral, aunque los pétalos marchitos de rosa y jazmín son evidentes. Graso, untuoso, equilibrado, con una viva acidez que lo hace muy agradable. En breve cataremos la añada 2019 con idéntica elaboración y un cambio de color en la botella muy favorable desde el punto de vista de la presentación comercial. Puntuación 8/10


VIÑA ALBINA 2017
Bodegas Riojanas (Cenicero, La Rioja). DOc Rioja. Viura y Malvasía (90-10). Fermentado en barrica de roble americano. Amarillo dorado de capa media. Cera de abejas, crema catalana, manzana asada y recuerdos del taller de ebanistería de mi tío Félix. Acidez media aunque se agradecería una pizca más para darle más frecura. Untuoso, graso, envolvente, denso y robusto. Largo e interesante, quizás algo pesado para algunos. Gastronómico. Si algo es bueno y tiene su público, ¿para qué cambiarlo?. Puntuación 9/10

ALDEYA 2017
Macabeo y Chardonnay en proporciones desconocidas. Etiquetado como Vino Varietal de España, sin DO ni IGP. Sin crianza. De entrada poco expresivo en nariz, lo que nos hace sospechar que el predominio de la Macabeo en el ensamblaje es considerable. Amarillo dorado de capa media, algo evolucionado. Frutas de pepita y flores amarillas. Algún recuerdo de miel y mermelada de naranja. Notablemente cálido en boca, aún a pesar de su marcada acidez, quizás algo corregida. Poco voluminoso. Final corto y poco evocador. Sin demasiadas pretensiones. Aprobado por su buena relación calidad-precio. Puntuación 5/10


miércoles, 2 de octubre de 2019

> Jules Wine, detective privado




La visita sin cita previa no cogió por sorpresa a Jules, apenas nada le podía sorprender después de tantos años trabajando como investigador privado.

Por su despacho habían pasado clientes de todo tipo, desde esposas que sospechaban de la infidelidad de su marido hasta empresarios que no terminaban de creerse las bajas médicas de algún empleado. De manera que cuando aquel elegante desconocido de ojos azules y pelo blanco tomó asiento frente a su mesa, Jules se acomodó en su silla y se preparó para escucharle. El desconocido comenzó pidiéndole mantener en secreto su identidad y continuó explicando que era un coleccionista de vinos, pero no de vinos comerciales, sino de vinos raros, de esos que sólo se encuentran en bodegas antiguas y que nunca salieron a la venta. En realidad no podía decirse que fuera un especulador porque los vinos de su colección nunca salían de su casa, se cataban y disfrutaban en la intimidad, sin ostentación alguna, casi de un modo pecaminoso y egoísta.

- Soy un adorador de vinos y tengo un trabajo para usted, señor Wine -le dijo el desconocido mientras se cruzaba de piernas. Jules entornó los ojos intentando evaluar al extraño personaje a la vez que calculaba cuánto tiempo le iba a robar semejante encargo. Necesito que consiga un vino para mi colección y tenga la seguridad de que sabré recompensarle -añadió el desconocido con cierto engreimiento a la vez que retiraba una invisible mota de polvo de la solapa de su traje. La mandíbula de Jules se relajó imperceptiblemente, al parecer el trabajo iba a ser pan comido. Un par de llamadas, dos o tres páginas web especializadas en vinos, en unos días la botella entregada y la minuta abonada. Coser y cantar, vamos...

- No hay problema. ¿De qué vino se trata? -preguntó Jules, seguro de sí mismo como pocas veces.  
- Ahí radica la dificultad de su trabajo y por eso seré inmensamente generoso. El vino que deseo que consiga, probablemente no existe -respondió con sarcasmo el misterioso visitante. 



El nítido recuerdo de la conversación con aquel extraño daba vueltas por la mente de Jules mientras caminaba resoplando por las estrechas calles del centro de Sanlúcar de Barrameda bajo un sol abrasador. Llevaba días recorriendo tierras gaditanas, visitando las principales bodegas elaboradoras del Marco de Jerez, catando vinos deliciosos, pero ninguno terminaba de ajustarse a las características de lo buscado por su cliente. Las exigencias impuestas por el adorador de vinos habían quedado muy claras y Jules no podía dejar de pensar en la mirada seria, casi dictatorial, de aquellos ojos azules. Debía ser un vino único, nunca comercializado, probablemente todavía en el interior de una bota olvidada en un rincón de una bodega pequeña, desconocida y familiar. Tenía que ser una rareza, una joya al alcance de nadie, fruto de un trabajo impecable y capaz de resistir el paso del tiempo. Naturalmente que las bodegas de renombre lanzaban al mercado cada año ediciones limitadas y exclusivas, pero aquel hombre tan inquietante no iba a conformarse con algo que se podía adquirir fácilmente y lo había dejado bien claro.

- No intente engañarme -había advertido días antes el desconocido desde la puerta del despacho de Jules con un dedo acusador apuntando al cielo. Si mi deseo fuera conseguir un vino caro, lo pagaría gustoso y no estaría aquí perdiendo el tiempo hablando con usted -añadió con soberbia. Soy un enfermo, tengo una adicción sin cura ni tratamiento y no estoy dispuesto a conformarme con cualquier cosa -zanjó el desconocido y abandonó la sala sin darle tiempo al detective para poder replicarle.



De manera que allí estaba un desesperado Jules, buscando el fresco interior de las tabernas que rodean el Castillo de Santiago un sofocante mediodía de principios del mes de Septiembre, ansioso por conseguir algún avance mientras deglutía manzanilla, raciones de mojama y alguna "papa aliñá". En realidad estaba a punto de arrojar la toalla, efectuar una simple llamada de teléfono a su cliente y olvidar el asunto. Dejaría de ganar algún dinero, pero tampoco lo necesitaba. Lo verdaderamente doloroso era asumir el fracaso, porque lo malo de perder es la cara que se le queda a uno. Ya le parecía estar escuchando las carcajadas de su cliente al confesarle que no había sido capaz de hacer el trabajo y esa estocada traicionera en el orgullo herido le hizo daño de verdad. 



Llamó al camarero para ordenar una última copa de manzanilla -porque pedir otra bebida en Sanlúcar es poco menos que un insulto- pero en esa fase autodestructiva por la que todos hemos pasado alguna vez en momentos de zozobra, Jules cambió en el último instante de decisión y le dijo al camarero que le sirviera un amontillado. Sorprendido el muchacho por una petición tan inusual, le hizo un gesto con la cabeza a la vez que se llevaba el índice a los labios en un claro signo de discreción.

- El señor sabe de sobra lo que es bueno -dijo el camarero en un susurro y le sirvió una copa de una botella sin etiqueta que sacó del último rincón de la cámara frigorífica. Jules observó aquel vino color oro viejo con tonos caoba y lo acercó a su nariz. De inmediato le envolvieron los aromas a nueces y orejones, los recuerdos a mueble antiguo y a cáscara de naranja escarchada. Tomó un pequeño sorbo y lo mantuvo unos segundos antes de tragarlo para descubrir un equilibrio perfecto entre el velo de flor y la bota de roble. Poesía hecha vino tras décadas de crianza oxidativa en alguna oscura bodega. 

- ¿Dónde puedo conseguir esta maravilla? -preguntó Jules titubeante al camarero, apenas con un hilo de voz, consciente de haber encontrado el Grial que perseguía.
- Nos lo regala un señor mayor con el que mi jefe tiene amistad. Su local está aquí a la vuelta de la esquina, pero no suele venderlo a nadie -afirmó el camarero mientras se alejaba para atender a otro parroquiano.



Un ligero mareo asaltó a Jules al levantarse de la mesa, en parte por las generosas dosis de manzanilla previamente ingeridas, pero sin duda agudizado por la posibilidad real y palpable de llevar a buen puerto el encargo recibido. No tardó en encontrar el despacho de vinos Las Palomas en la cercana Plaza de Abastos. Bastante más le costó convencer al propietario para que le vendiera un par de botellas de aquel elixir. El aspecto agotado y jadeante de Jules al traspasar el umbral ayudó un poco a ablandar al propietario.

- Mire usted, amable señor -comenzó el detective tragando a duras penas saliva. Mi prestigio y profesionalidad dependen de su vino y de su buena voluntad. No me haga preguntas pero... ¡necesito que me venda al menos una botella de su amontillado!

Sin darse cuenta Jules había levantado innecesariamente la voz y apoyado con ambas manos en el mostrador, hablaba casi con violencia escupiendo las palabras. Tras unos segundos de silencio, en los que sólo se escuchaba la voz rasgada de Camarón proveniente de un viejo transistor a pilas, el asustado encargado del despacho de vinos giró sobre sus talones, cogió una botella vacía de un estante y se dirigió a la trastienda. Un emocionado Jules le siguió hasta la penumbra y observó extasiado la nube de polvo que se levantó al retirar un saco de arpillera que ocultaba una bota oscura como la noche, medio escondida en un rincón entre trastos y mangueras. El hombre abrió el grifo y de nuevo Jules percibió esos aromas de ensueño mientras se llenaba la botella. Sin mediar palabra aquel hombre tapó la botella, se la entregó al detective y extendió la mano para recibir su dinero.




La sonrisa de Jules no se borraba de su cara durante el viaje de regreso. En el interior de su maleta, convenientemente envuelta y protegida por varias prendas de ropa, llevaba la garantía del éxito cosechado. Contaba las horas que faltaban para su cita con el adorador de vinos, aquel tipo estirado que se había atrevido a poner en duda el buen hacer de un bregado investigador privado como Jules. Al día siguiente, se encontraron ambos de nuevo cara a cara en el despacho del detective. Entre los dos, sobre la mesa, esperaban la ansiada botella de vino y dos copas vacías. El extraño personaje del pelo blanco se sirvió una copa y dejó de nuevo la botella sobre la mesa, ignorando deliberadamente la copa de Jules, en un claro gesto de desprecio. Envalentonado por su éxito, el detective se sirvió una generosa cantidad de vino en su copa, la acercó a su nariz y cerró los ojos. Tras varios minutos de silencio, el adorador de vinos se levantó de su silla, se ajustó el nudo de la corbata, cogió la botella y dio dos pasos hacia la puerta. Como la vez anterior, repitió el gesto teatral de girarse hacia Jules antes de marcharse y desde la distancia habló con su elegante voz.

- Enhorabuena por su trabajo, señor Wine -murmuró a duras penas. Como le dije, sabré recompensarle. Soy un escritor de prestigio y le garantizo que usted será el protagonista de mi próxima novela. Espero que con ello quede sellada definitivamente nuestra relación profesional.
- No esperaba menos de alguien como usted. Ambos somos unos caballeros -zanjó Jules incorporándose de su asiento mientras apuraba la copa de vino.
- Un pacto entre caballeros, me recuerda a una canción -meditó el misterioso visitante.
- Yo he cumplido mi parte, ahora le toca a usted corresponder -dijo el detective, acercándose a su cliente.
- No lo dude, señor Wine. Quedará plenamente satisfecho -respondió el extraño adorador de vinos despidiéndose de Jules con un  firme apretón de manos.



Varios meses más tarde, Jules se encontraba de nuevo en su despacho, rodeado por el habitual desorden de papeles sobre su mesa cuando sonó el estridente timbre de la puerta y el sobresalto le hizo derramar la copa de vino que tenía a su lado sobre unos informes. Se levantó mascullando improperios, abrió la puerta con desagrado y se encontró con la cara aburrida de un mensajero.

- ¿Es usted el señor Jules Wine? -preguntó el mensajero con hastío.
- Depende de para qué -fue la agria contestación del detective.
- Traigo un paquete para usted. Firme abajo y es suyo -y se marchó a toda velocidad sin dar tiempo a que Jules le respondiera.

El envoltorio del paquete no proporcionaba información alguna. Un papel recio envolvía un objeto rectangular, sin remitente ni nada por el estilo. Jules sacó un cortaplumas del primer cajón de su mesa y con cautela, por si detrás del envío se hallaba un marido despechado deseoso de jugarle una mala pasada, rasgó delicadamente uno tras otro los laterales del paquete. Extrajo suavemente el objeto y de inmediato supo que aquel elegante extraño adorador de vinos había cumplido su palabra. No pudo reprimir una sonrisa al comenzar a leer el primer capítulo:

"La visita sin cita previa no cogió por sorpresa a Jules, apenas nada le podía sorprender después de tantos años trabajando como investigador privado..."




jueves, 27 de diciembre de 2018

> Sabores de siempre en La Venencia



No es Zaragoza una buena plaza para los vinos del sur. Resulta muy extraño ver al parroquiano medio pedir un fino o un oloroso en las nutridas barras de los numerosísimos bares del casco antiguo de la capital del Ebro. En la práctica, la demanda de ese tipo de vinos no existe. De hecho las probabilidades de que al pedir una manzanilla nos sirvan una infusión son aproximadamente del 99%. En alguna taberna es posible encontrar una botella sucia, llena de polvo, invariablemente mal conservada, expuesta a la luz y con escasas posibilidades de estar en condiciones para ser dignamente degustada. No hay una oferta adecuada a nivel profesional, porque como hemos dicho tampoco existe la demanda por parte del consumidor. Es la pescadilla que se muerde la cola, las dos caras de una misma y triste moneda.


Antiguamente, existían los "despachos de vinos", unos negocios peculiares a los que éramos enviados los chiquillos por nuestros padres -en parte para deshacerse un rato de nosotros y de nuestras impertinencias infantiles- con la finalidad de que trajéramos a casa una frasca de vino. El descaro natural de los críos siempre llevaba a granjearse la amistad del bodeguero, y la repetición en las visitas a su establecimiento -húmedo, lúgubre, añejo y lleno de aromas- conseguía tarde o temprano que nos dejara probar a hurtadillas alguno de sus tesoros. Así nos dejamos seducir varias generaciones de españoles, sin maldad pero con picardía, y se nos abrió la ventana al maravilloso mundo de los vinos, en primer lugar dulces -el moscatel, la mistela, el málaga dulce- para dar el salto más adelante a los secos -el fino, la pajarilla, la manzanilla y el amontillado. Las regulaciones legales y el paso de los años dieron la puntilla a este tipo de establecimientos. A día de hoy resulta impensable que un menor de edad pudiera tan solo traspasar el umbral de un despacho de vinos, ni mucho menos adquirir ningún producto alcohólico comercializado a granel. Es obvio que al progreso y a la tradición les cuesta mucho entenderse, y no seremos nosotros los que tomemos partido por uno o por la otra. Aunque en estos tiempos de lo políticamente correcto, a lo mejor sí lo hacemos...

Antiguo despacho de vinos

Aquellos entrañables despachos de vinos se vieron abocados a transformarse como única alternativa a su desaparición, de manera que la mayoría redirigieron su actividad hacia la hostelería, intentando en muchas ocasiones conservar la clientela con la mínima reforma e inversión económica. Completaron su oferta con otros tipos de bebidas e introdujeron productos para el tapeo o el aperitivo, y muchos de ellos aún siguen abiertos con éxito, a pesar de los traspasos y de los cambios de propietario, particularmente en el casco antiguo, donde la estrechez de las calles y el ambiente distendido invitan a buscar en cada barra el pincho más adecuado para cada copa de vino. En los últimos años la oferta de vino se ha multiplicado exponencialmente, animados los hosteleros por una creciente demanda del consumidor, cada vez más formado e inconformista en cuanto a variedades de uva, técnicas de elaboración y zonas geográficas. Los vinos tranquilos de procedencia aragonesa siguen siendo mayoritarios, así como los clásicos crianzas de Rioja y los omnipresentes verdejos de Rueda, aunque sin dejar apenas espacio para alguna cosa diferente y novedosa.


Barra y pizarra de la Venencia

En medio de ese entorno tan hostil, un pequeño establecimiento se empecina desde hace tiempo en hacerse un hueco en la hostelería del Tubo zaragozano. Su nombre supone toda una declaración de intenciones y no parece sencillo el camino elegido por el propietario de La Venencia, obstinado en ofertar exclusivamente vinos de Jerez y Montilla-Moriles, acompañados por una carta también de raciones típicamente andaluzas. El local tiene la decoración de los bares de antes: madera, techos altos y un museo de viejas glorias embotelladas recubriendo las paredes. Algunos taburetes y ni rastro de mesas, porque el lugar es de paso y peregrinación, no tanto de estancia, ideal para tomar un fino y compartir una ración de gambas o de mojama, todo traído directamente desde su lugar de procedencia. Los vinos son adquiridos directamente a sus elaboradores, en formatos grandes y sin intermediario alguno, de modo que en la barra se sirven en botellas sin etiquetar, por supuesto en catavinos y a una temperatura inmejorable. 


Oloroso en catavinos

No es aconsejable adentrarse en La Venencia con ideas preconcebidas ni adelantarse con juicios de valor. Lo mejor es dejarse aconsejar en cuanto al vino y a su acompañamiento. Unas mínimas indicaciones previas si preferimos un vino seco o dulce son más que suficientes para obtener lo que buscamos. En nuestro caso, espoleados por el afán de conocer cosas novedosas, empezamos probando la manzanilla de Sanlúcar, fresca y deliciosa, con esos aromas a almendras, levadura y camomila, menos alcohólica que el fino de Jerez aunque igualmente atractiva en nariz. El elegante amontillado (nueces, mueble antiguo, cáscara de naranja) dio paso a un agradable y denso oloroso (higos, ciruelas pasas, miel de palma) que resultó más dulce de lo esperado, tal vez con demasiada presencia de la Pedro Ximénez. Nos defraudó un poco el palo cortado -porque no era tal- sino una especie de cream autodidacta, de nuevo demasiado dulce en un guiño hacia el público neófito, tal vez poco dispuesto a enfrentarse a un vino seco y serio como debe ser un palo cortado al uso. En cuanto al maridaje, un plato de lomo ibérico untuoso como ninguno, huevas en salazón y un escabeche de boquerones rebozados fueron los acompañantes ideales para disfrutar aún más de estos vinos traídos desde el sur.

Volveremos...