lunes, 24 de octubre de 2016

> Hacia las estrellas...






Desde tiempos inmemoriales, la localidad de Almonacid de la Sierra, ubicada a los pies de la Sierra de Algairén, ha tenido fama de elaborar vinos de calidad. Cierto es que las cosas han cambiado, y mucho... Hace treinta o cuarenta años, los vinos de Almonacid eran apreciados incluso fuera de Aragón por su gran carga cromática y su elevado contenido alcohólico. Los mayores del lugar aún recuerdan las cisternas que partían con destino a otras zonas vinícolas españolas, necesitadas de los potentes vinos de Almonacid con la finalidad de mejorar sus vinos pálidos, flojos y sin capacidad de guarda. Todas y cada una de las familias del pueblo elaboraban vino, algunas lo vendían a las cooperativas, pero la mayoría lo destinaban para su autoconsumo. 


Viñedos a los pies de la Sierra de Algairén

En la parte alta de la localidad, donde las calles se tornan cuestas y las estribaciones más bajas de la sierra casi contactan con las casas, pueden observarse multitud de "chimeneas" que no son sino los respiraderos de las bodegas familiares donde antaño cada uno elaboraba su vino. En la actualidad, esos recuerdos del pasado se conservan para uso privado, al menos aquellas cuevas que no han sido vendidas a propietarios incapaces de realizar un adecuado mantenimiento de las mismas. No es infrecuente que una bodega mal cuidada, sin la ventilación imprescindible, se haya hundido irremediablemente, dañando y arrastrando a otras bodegas-cuevas colindantes, ya que esas laderas son un gigantesco queso Gruyere de galerías y escaleras, imposible de cartografiar con un mínimo rigor.


Interior de las Bodegas Centenarias Manuel Moneva

Muchas de esas bodegas familiares no son visitables, en realidad ninguna de ellas lo es, a menos que se cuente con la confianza de algún propietario dispuesto a mostrarlas. En su interior duermen unas cubas gigantescas que apenas dejan espacio para pasar, algunas de ellas de hasta 11000 litros de capacidad, cubas que evidentemente fueron montadas duela a duela directamente en el interior de la bodega, y allí reposan unos vinos arcaicos, casi pleistocénicos, con varios decenios a sus espaldas, pero que en la oscuridad y el silencio de esas cuevas a temperatura constante en invierno y en verano, evolucionan con lentitud y sin defecto alguno. Son unos vinos que se heredan de padres a hijos, que nadie se atreve a poner en venta, sería una verdadera ofensa a la memoria de sus antepasados. Se reservan para agasajar a los invitados o para disfrutarlos con amigos y gente de confianza, al calor de la conversación y de un trozo de queso.


Imagen publicitaria del Almonac


Tuvimos la fortuna de contactar con Jesús Moneva, copropietario junto con su hermano de Bodegas Manuel Moneva, empresa familiar de honda tradición vitivinícola que data del siglo XIX, época en la que su bisabuelo ya vendía sus vinos por carros a la capital de la provincia. Hoy en día, los hermanos Moneva cuentan con una bodega moderna en la parte baja de Almonacid con todos los adelantos técnicos donde elaboran los vinos que comercializan, como ese Almonac, blanco semidulce de Macabeo con un ligero resto de carbónico que nos tomamos con gran satisfacción para aliviar nuestra sed en aquella calurosa tarde del mes de mayo. No obstante, conservan con todo el cariño aquella bodega-cueva centenaria que excavó su bisabuelo, amplió su abuelo y conservó su padre, y descender por aquellos estrechos escalones de piedra fue como viajar en el tiempo. 



Cubas y más cubas, cada una con su nombre


A nuestros pies la escalera terminaba en una suerte de cruce de caminos en el que confluían tres galerías subterráneas a distintas alturas. Cubas de roble enormes se situaban alineadas una tras otra a un lado, dejando un exiguo espacio para apenas caminar casi rozando la piedra de la pared del lado opuesto. Todas las cubas contaban con un letrero de madera en el que figuraba su nombre, porque a cada cuba de los Moneva se le bautiza igual que a un crío. "La Rinconera", "El Novillo", "La Olvido", "La Preñada", "Los Doce Apóstoles" y "La Enterrada" nos saludaron al pasar junto a ellas. En un recodo de la galería adyacente, captaron nuestra atención unos atractivos recuerdos a fruta desecada, clavo y frutos secos. La cuba de la que emanaban esos deliciosos aromas ostentaba en su letrero un curioso nombre, "La del Conde", y nuestros rostros debieron de hablar por nosotros, porque inmediatamente Jesús se subió a una desvencijada escalera de madera y nos llenó las copas con un vino de más de 100 años de edad. Esa garnacha envejecida, de color caoba y deliciosa fase olfativa bien podría pasar por un Oporto o por un oloroso de Jerez. Más que aromas terciarios, si se nos permite la licencia, tenía aromas cuaternarios... Un vino verdaderamente alucinante, casi medicinal, una joya, una rareza exclusiva, algo único...


Selfie catando "La del Conde"


Este tipo de vinos no se trasiegan ni reciben tratamiento alguno, permanecen en sus cubas "dando de beber a la madera", cubas que desde luego no son capaces de recordar la última vez que aportaron algo de microoxigenación, sellados como están sus poros por décadas de contacto con el vino. Las mermas ocasionadas por la absorción del roble y por todos aquellos que, como nosotros, bajamos a "tomar muestras", se reponen periódicamente con vino procedente de otras cubas, siguiendo el criterio catador y el buen albedrío de cada bodeguero, sin normas fijas ni previsión alguna. Se trata de un método subjetivo y personal, porque como hemos indicado, estos vinos no están destinados a ser comercializados y, otro detalle imprescindible, deben tomarse en su propio hábitat,  en aquellas cuevas donde han sido criados para el deleite de quien sea invitado a visitarlas.



Bebiendo en la teja con la ayuda de Jesús


Todo aquel que tiene la suerte de ser invitado a visitar la bodega-cueva centenaria de los hermanos Moneva, tiene la obligación de cumplir con un ritual antes de abandonarla: debe "beber en la teja". En la parte más baja en cuanto a profundidad de la bodega, se ubica una cuba que contiene un vino muy particular. Se trata de un blanco elaborado con Macabeo y que recibe el nombre de Pajarilla, pero nada tiene que ver con lo que habitualmente se comercializa. Es un macabeo seco, muy seco, punzantemente ácido y con un final moderadamente amargo. Guarda más similitudes con un fino de Jerez o una manzanilla de Sanlúcar que con cualquier otra cosa conocida. Lo verdaderamente peculiar es la manera en que debe beberse y, ante nuestra indecisión, Jesús no dudó en hacernos una demostración. Trepó de nuevo por la escalera de madera, y desde lo alto nos hizo agarrar el borde inferior de una teja que él mismo sujetaba con la mano. A una indicación suya. nos ordenó acercar los labios a la teja, mientras él delicadamente derramaba desde su atalaya una copa de pajarilla que previamente había extraído de la cuba. El vino se deslizó en nuestra boca con finura, porque para disfrutar de un  trago de pajarilla en la teja, la clave reside en la sutileza de quien derrama el vino desde la escalera, y en esa materia Jesús tiene toda una vida de experiencia. Esta pajarilla de la teja no se cata, sencillamente se bebe y se disfruta, pero sobre todo se comparte, porque es indispensable la colaboración de al menos dos personas para usar la teja.


Inscripción en una de las paredes de la bodega: 


Más de dos horas permanecimos a varios metros bajo tierra, probando vinos de distintas cubas, charlando con Jesús de las tradiciones y los trabajos de épocas pasadas. Nos habló de las cuadrillas de "vendimiadores", que cobraban parte de su salario en vino y que durante las largas jornadas de vendimia dejaban a la sombra de una vid en cada extremo del viñedo una botella de vino para ir dando cuenta de ella, y que eran capaces de dejar la vendimia a medias si les faltaba bebida. Nos habló también de los "mejedores", profesionales de alto riesgo que tenían como labor realizar los remontados en los lagares de manera artesanal "meciendo el sombrero", caminando sobre él con la ayuda de unos tablones, de ahí su nombre (mejedores o mecedores) y cuántos de ellos perdieron la vida al caer al interior del lagar en el que estaban trabajando.



Fotografías dedicadas de las tripulaciones de la NASA


Subimos el último tramo de escalones, pero antes de regresar al exterior, nos llamó la atención una serie de fotografías enmarcadas y colgadas en un lugar bien visible. En ellas aparecían varios astronautas norteamericanos vestidos con sus uniformes y trajes espaciales. Hubiéramos esperado cualquier cosa antes que eso. ¿Retratos de astronautas de la NASA en la pared de una bodega en Almonacid de la Sierra? ¿Nos encontrábamos ante uno de esos OOParts, objetos fuera de su tiempo, tan increíbles como inesperados? De nuevo Jesús estuvo presto a darnos una explicación. Simultáneamente a cada lanzamiento desde Cabo Cañaveral, una tripulación de reserva se desplazaba hasta Zaragoza, por si fuera necesario realizar un aterrizaje de emergencia en la Base Aérea de la capital aragonesa, elegida para tal fin no sólo por su situación geográfica sino también por disponer de una de las pocas pistas en Europa lo suficientemente larga como para permitir el aterrizaje del transbordador espacial. Durante una de aquellas estancias, un comandante de la USAF entabló amistad con los hermanos Moneva (y con sus vinos, claro...) y tras su regreso a los Estados Unidos, tuvo la ocurrencia de compartir con sus compañeros de misión una botella de dicho vino. Todo salió a pedir de boca en aquel lanzamiento, así que desde entonces pasó a ser conocido entre las tripulaciones de la NASA como "El Vino de la Suerte". Desde la penumbra de una bodega de Almonacid de la Sierra hacia las estrellas y el universo...




Las sombras del atardecer eran más que evidentes cuando salimos de la bodega centenaria de la familia Moneva. Nos despedimos de Jesús agradeciéndole su hospitalidad y prometiéndole una nueva visita, porque durante aquella tarde que compartimos con él, nos percatamos de que hablábamos el mismo lenguaje, incluso nos dio la sensación de que quizás no era la primera vez que charlábamos y que tomábamos un vino juntos. 

¿Se volverán a cruzar nuestros caminos? 

Por nuestra parte haremos todo lo posible para que así sea.






lunes, 10 de octubre de 2016

> Visita a Bodegas Heras Cordón (Fuenmayor) DOc. Rioja





Como decía la letra de aquel bolero, hay que ver cómo han pasado los años, concretamente casi tres, desde que escribimos aquella entrada que titulamos "Un vino divino" y que durante muchos meses fue record de visitas en el blog.


The Blue Boys...

... and The White Girls


Denota cierta melancolía el inicio de este artículo, pero si algo hay real es el hecho de que la vida da muchas vueltas, y en uno de esos cambios de dirección nos llevó a establecer relaciones con la actual Junta del Colegio Oficial de Médicos de Zaragoza. A decir verdad el circulo se ha ido ampliando tras la constitución de la Unión de Colegios Sanitarios de Zaragoza (UCOSAZ), novedoso foro de debate interprofesional surgido de los deseos de las profesiones sanitarias para defender el concepto One Health, de manera que médicos, farmacéuticos, odontólogos, enfermeros y veterinarios trabajemos en una misma línea de actuación. En el marco de esta asociación de colegios profesionales se organizó una jornada lúdica, más gastronómica que enológica, visitando las instalaciones de Bodegas Heras Cordón en Fuenmayor (La Rioja). 


Vinos Heras Cordón. Fuente: Facebook de la bodega

La familia Heras Cordón elabora vino desde el siglo XIX, inicialmente en la localidad alavesa de Lapuebla de Labarca, hasta que en los años 90 adquirió su viñedo en el municipio de Fuenmayor, en el centro del cual se inició la construcción de la actual bodega hacia 1995, dándose las obras por concluidas, al menos hasta el momento, en el año 2001. Desde siempre han apostado por la elaboración de vinos tintos con crianza al estilo riojano más tradicional, ensamblajes dominados por la Tempranillo con ese justo aporte de Graciano y Mazuelo, y posterior crianza en barricas bordelesas de roble americano y francés. Riojas clásicos de toda la vida. Elaboran un crianza que denominan Vendimia Seleccionada, un Reserva y recientemente han lanzado una serie limitada de un reserva especial denominado Expresión. Con una producción media anual de unas 750.000 botellas, Heras Cordón puede ser considerada como una bodega "pequeña" dentro de la DOc. Rioja.


Sala de elaboración

Barricas


Vista de la zona noble desde la sala de barricas


Iniciamos la visita en el exterior de las instalaciones, justo delante de la elegante puerta recuperada de un convento segoviano en ruinas y que, una vez restaurada, sirve como bienvenida a todo aquel visitante que se acerque a la bodega. Tras unas breves pinceladas relativas a la elaboración de sus vinos, fuimos conducidos hasta la "zona noble" de la bodega. Contiguos a la sala de barricas y con vistas a la misma, se ubican un salón social y un amplio comedor decorado en estilo castellano, ambos de uso exclusivo para clientes y amigos de la bodega, particularmente destinado a aquellos que pertenecen al "Club Privado del Botellero". A este selecto grupo de elegidos  (integrado por empresas, sociedades gastronómicas, clubes de fútbol e incluso cargos políticos) se accede a través de la adquisición de un determinado número de botellas, suficiente para llenar uno de los 154 nichos que conforman el pasillo que sirve de hall a la zona noble. Los socios poseen además algunos otros privilegios, como pueden ser el envío sin coste del vino a la dirección que elijan o el etiquetado personalizado del mismo.


Nichos del Club del Botellero

Aperitivo preparado 

Selfie en el botellero


Toda la zona del botellero privado está impecablemente decorada: pavimento empedrado, techos de madera, mesas de cristal, luces indirectas y barricas, completando el cuadro las rejas de hierro que cierran cada uno de los nichos. Y en ese marco tan elegante como bonito se nos ofreció un aperitivo, soberbio y abundante, en el que no faltaron embutidos autóctonos ni botellas del crianza de la bodega, ese Vendimia Seleccionada que nunca defrauda, con su capa media-alta y su lágrima ligeramente pigmentada, su notable carga frutal roja y negra muy madura, su fondo de vainilla y tostados, pero sobre todo ese detalle absolutamente diferenciador de este vino, en nuestra opinión toda una seña de su identidad, un recuerdo a corteza de naranja y caramelo que ensambla perfectamente el conjunto. Un vino redondo e impecable.


Secretarios de los Colegios de Farmacéuticos, Médicos y Veterinarios

Aperitivo

Comida


Al nada breve aperitivo le siguió la comida, exponente identitario de la gastronomía típica riojana y que tuvo durante los entrantes y el primer plato el hilo conductor del Vendimia Seleccionada. Productos propios de la rica huerta de la región, con especial protagonismo de las piparras entre alguno de los presentes, dieron paso a unas patatas a la riojana "de las de toda la vida", para continuar con un pecaminosamente tierno cochinillo asado, armonizado con el Heras Cordón Reserva, idéntico coupage que en su hermano pequeño pero con un año más de crianza repartido entre barrica y botella. El resultado en la copa es igualmente satisfactorio, aunque con más matices, más terciarios procedentes de la permanencia en barrica: tabaco, toffe, especias, carbón, etc. La fruta sigue presente pero más madura, casi desecada y concentrada. En boca es sedoso y agradable, con los taninos más domados, ligeramente licoroso, con postgusto aún más largo que su predecesor. Un espectáculo...


Heras Cordón Vendimia Seleccionada

En resumen, una maravillosa jornada entre compañeros de distintas profesiones sanitarias, todos hablando el mismo lenguaje y compartiendo puntos de vista comunes, porque para preservar la Salud (con mayúscula) cada profesión tiene sus parcelas, pero el objetivo debe ser siempre compartido. El esfuerzo es grande, pero el fin lo es aún más...




NOTA:
Queremos agradecer a UCOSAZ su invitación a participar en esta visita. Probablemente no será esta la última vez que nuestros caminos se crucen...

miércoles, 21 de septiembre de 2016

> Enoturismo de calidad en La Rioja (y III): gastronomía y hostelería




Siempre nos causa cierta envidia sana comprobar la preparación con la que cuenta cualquier establecimiento hostelero en La Rioja, independientemente de su tamaño y sector. No importa si se trata de la tasca más pequeña o del restaurante más puntero, con absoluta certeza, quien nos atienda tendrá una formación y un amplio conocimiento acerca del mundo del vino, probablemente porque lo haya adquirido desde pequeño en el seno de su familia. Es también cierto que el cliente medio así lo exige y valora, algo que lamentablemente no es habitual en otras zonas geográficas españolas, incluso tradicionalmente productoras de vino. Es una práctica común disponer de una extensa carta de vinos, como no puede ser de otra manera, con predominio de los de la DOc. Rioja, mas siempre nos llama la atención el modo en que se suelen presentar ordenados por municipios, en una reivindicación velada de los terroirs de cada localidad. Y están en lo cierto, pues poco o nada tienen que ver un tempranillo de la zona norte de San Vicente de la Sonsierra con otro del valle del Najerilla. 


Tradición...
... y modernidad














Otro detalle importante es el tema de las añadas. La constante rotación de botellas hace que sea prácticamente imposible encontrar un vino de una añada atrasada, en primer lugar porque habrá sido vendida en su día y en segundo lugar porque si la detecta cualquier profesional de hostelería, la retirará inmediatamente de la carta. Esa perniciosa costumbre tan habitual en otras zonas turísticas de intentar colarle al comensal un vino en evidente declive, es anecdótica por no decir impensable en La Rioja. El servicio del vino suele ser también más que correcto. Incluso el bar más pequeño lo hace en copas adecuadas, a una temperatura correcta, en cantidad conveniente y no es extraño que el camarero compruebe las características del vino antes de servirlo, sin dudar en descorchar una nueva botella si no las considera correctas. 


Original presentación del corcho

En los restaurantes, independientemente de su rango de precios, el trato que recibe el vino suele ser impecable. Parecen cosas muy evidentes, pero dejar el corcho junto a la botella o dar a probar el vino antes de servirlo son detalles que algunos sí tenemos en cuenta, realizado además con total naturalidad, sin liturgias extrañas ni reverencias innecesarias. Los restaurantes con cartas basadas en la cocina tradicional siguen siendo mayoría, aunque poco a poco van introduciéndose nuevos conceptos culinarios que, basados en los mismos ingredientes, buscan sorprender al comensal con innovaciones en la presentación. Son ideas nuevas y refrescantes que cuentan con sus aficionados pero también con sus detractores. Respetamos a todos aquellos que persiguen emular a Ferrán Adriá, pero particularmente preferimos las formas tradicionales, al menos para un fin de semana. Nada puede sustituir al sabor de una carne asada de forma natural sobre unas brasas de sarmientos, poco sofisticado pero honesto y sin trampantojos. Y en el capítulo decorativo de los locales, nos sucede algo parecido. Nuestro estado de ánimo es mucho mejor en una bodega de piedra o en una casona en el monte que en un restaurante con mesas de cristal, paredes de colores y luces indirectas. No somos capaces de apreciarlo, qué le vamos a hacer...


Carretera San Vicente-Rivas desde el mirador

Inspeccionando viñedos

Como consecuencia de todo lo anterior, dedicaremos unas líneas a hablar del Restaurante José Mari en Rivas de Tereso. Para llegar hasta allí hay que dirigirse hacia el norte desde San Vicente, en dirección hacia la Sonsierra. El trayecto por esa estrecha carretera flanqueada por viñedos es sumamente agradable y la orografía permite, casi invita, a detener el vehículo y descender de él para pisar la tierra, tocar las uvas e interpretar los marcos de plantación de las viñas. Dirigir la vista hacia arriba para ver las cimas de la Sierra de Cantabria y al poco hacerlo hacia abajo para divisar la depresión del valle del Ebro, permite comprender lo que es La Rioja en su sentido más estricto. Conforme se va ganando altura, el viñedo desaparece del paisaje y se ve sustituido por matorrales, arbustos y más adelante por diversas especies arbóreas caducas y perennes. 


Bienvenida

Terraza del Restaurante José Mari
Postres caseros. Deliciosos...

Precisamente rodeado de árboles se encuentra el Restaurante José Mari, justo a la entrada del pueblo. Dispone de aparcamiento, aunque suele saturarse y es habitual tener que aparcar en la misma carretera. Es imprescindible reservar, especialmente en fines de semana y festivos, porque a pesar de la gran capacidad de su salón principal y de la terraza, suele llenarse con frecuencia. La carta es amplísima, pero con las ideas claras se elige rápidamente. No defrauda en calidad ni en cantidad y el precio es correcto. Tal vez el servicio podría mejorar en rapidez, pero se disculpa teniendo en cuenta el número de comensales que deben ser atendidos prácticamente al mismo tiempo. En cualquier caso, no debemos olvidarnos que hemos ido a disfrutar sin prisa. Hagámoslo, entonces...


Fachada del Hotel Villa Sonsierra
Detalle de la habitación

Hemos dejado para el final nuestros comentarios acerca del alojamiento. La oferta en hoteles y casas rurales es generosa, de manera que hay donde elegir, para todos los gustos y para todos los bolsillos. En nuestro caso, siempre moviéndonos en un rango de precios razonables, tres son los factores que determinan la elección del alojamiento: limpieza, servicio y desayuno. La decoración tiene también su influencia en la decisión final, pues habitualmente da idea del mantenimiento de las instalaciones. Cocinando a fuego lento todos esos ingredientes, Natalia (quien si no...) decidió reservar en el Hotel Villa Sonsierra, y fue todo un acierto.

Desayuno de la tierra

El hotel se ubica en una de las múltiples casas solariegas que salpican el centro de San Vicente, con escudo heráldico en la fachada incluido, completamente rehabilitada para dar cobijo a una docena de habitaciones dobles y una individual, decoradas con gusto, sin ostentación y con un diseño más bien moderno. El matrimonio formado por Pedro e Irene están al frente de la gestión del hotel y lo hacen con diligencia y cercanía. Merece especial comentario la calidad del desayuno. Zumo natural, tartas caseras, café recién hecho, embutidos, tostadas de verdad, fruta cortada, etc. Siguiendo nuestra habitual costumbre cuando recalamos por esas tierras, aceptamos el ofrecimiento de tomar un par de huevos fritos (en sartén!!), por supuesto acompañados de un tempranillo de la bodega-cooperativa de la localidad. Al principio siempre se hace un poco cuesta arriba empezar el día con esa dieta tan estricta, pero con un poco de dedicación y perseverancia siempre se consigue. Debemos tener en cuenta que visitar bodegas consume considerables dosis de energía...


Curiosa correlación calórica del vino. Mueso Vivanco


Hasta la próxima!!






viernes, 16 de septiembre de 2016

> Enoturismo de calidad en La Rioja (II): San Vicente de la Sonsierra





El día siguiente lo dedicamos íntegramente a visitar bodegas en San Vicente de la Sonsierra. Ya hemos indicado que las celebraciones y eventos con gran aforo no son nuestros preferidos, así que con la deliberada intención de escapar de los grupos de enoturistas que, copa en mano, iniciaron su recorrido por las bodegas del interior del casco urbano, nos trasladamos a las afueras de San Vicente para visitar Bodegas Carlos Moro. 


Entrada Bodegas Carlos Moro

Vinos Matarromera


Con nuestra reserva efectuada con antelación, tal y como indicaba la web de la organización, formamos parte del pequeño grupo de privilegiados (o previsores, según se mire...) que tuvimos ocasión de visitar las instalaciones, acompañados por Leticia, responsable de enoturismo de la bodega, un encanto de persona que en algún instante se vio ligeramente desbordada por la afluencia de público, al ser el único miembro presente del personal de la bodega y verse obligada a compatibilizar el servicio del vino por copas con la visita previamente organizada. Tal vez para futuras ediciones la empresa deba reconsiderar que una sola persona no puede hacerse cargo de ambas cosas a la vez. En cualquier caso, vaya por delante nuestra felicitación por salir sobradamente airosa de una situación nada cómoda, especialmente si se tiene en cuenta la escasa educación de la que algunos hacen gala. Pero volvamos a lo nuestro...


Sala de elaboración

Barrica nueva de roble francés

Bodegas Carlos Moro son la primera aventura en La Rioja del grupo bodeguero Matarromera, originario de Ribera del Duero y extendido en la actualidad a Toro, Cigales y Rueda. El vallisoletano Carlos Moro es el propietario de la empresa y quiso otorgar a su bodega en San Vicente un sello más personal, después de adquirir las instalaciones y el viñedo de las extintas Bodegas Antigua Usanza inmersas en dificultades económicas a finales de 2014. Se trata por tanto de un proyecto todavía en  fase de desarrollo, de hecho sus vinos todavía no han salido al mercado nacional. Cuentan con 20 hectáreas de viñedo propio y 40 hectáreas más de viñedo controlado, en los términos municipales de San Vicente y Labastida, a una altitud entre 350 y 500 metros situados a los pies de la Sierra de Cantabria, área privilegiada para el cultivo de la vid por su clima atlántico. El proyecto tiene como objetivo la elaboración de tintos con crianza de alta calidad, para lo cual se han sustituido los antiguos depósitos de acero inoxidable de gran capacidad por otros más pequeños e incluso por algunos tinos de roble con la intención de vinificar parcelas por separado. La fermentación maloláctica se desarrollará en depósitos de hormigón con la única excepción de algunas parcelas privilegiadas que lo harán directamente en barrica.


Sala de embotellado con vistas al Castillo de San Vicente

Calado

Temperatura y humedad constantes en el interior del calado


Las instalaciones de Bodegas Carlos Moro se encuentran en realidad en el interior de una montaña. Responde al concepto de "bodega vertical" donde se aprovecha la gravedad para minimizar los bombeos y así reducir los riesgos de perjudicar a la uva y al vino. El antiguo montacargas ha sido sustituido por un ascensor panorámico que ofrece unas vistas únicas. En uno de los pisos superiores se sitúa la sala de embotellado, totalmente exterior, con amplios ventanales que permiten la entrada de la luz natural y con una panorámica excepcional del Castillo de San Vicente. Sin embargo, la verdadera joya de la bodega está en el subsuelo, concretamente a 20 metros bajo tierra, profundidad a la que se encuentra su calado de 150 metros de longitud, con temperatura y humedad constantes y capacidad para albergar 2000 barricas. Otro de los preceptos de la bodega es utilizar siempre barrica nueva y hacerlo para un solo uso, buscando aportar todavía más personalidad a sus vinos, aunque ello suponga un considerable incremento en los costes de producción. Un proyecto ambicioso que sólo un potente grupo empresarial como Matarromera puede llevar a buen puerto.


Bodega Classica en su ubicación privilegiada
Mar de viñedos sobre el meandro del Ebro
Con Raquel Viejo, RRPP de Vintae

Selfie en el mirador de Bodega Classica

Para llegar a San Vicente de la Sonsierra desde Briones es necesario cruzar el Ebro por un moderno puente situado justo en un meandro del río. En ese punto, si se eleva la vista se puede observar una bonita construcción rodeada de viñedos, levantada hace no muchos años pero respetuosa con el estilo arquitectónico tradicional del entorno. Se trata de Bodega Classica, enclave idílico con un enorme potencial enoturístico aún por desarrollar. Perteneciente al riojano Grupo Vintae, elabora los que tal vez sean los vinos de Rioja con mejor relación calidad-precio bajo el nombre comercial Hacienda López de Haro. Todavía no es visitable en sus interioridades, pero sí tuvimos la oportunidad de disfrutar de las inmejorables vistas desde su mirador al tiempo que compartimos una copa de vino con Raquel Viejo, una simpática zaragozana enraizada en La Rioja que se encarga de las relaciones públicas y la comunicación del Grupo Vintae, quien nos adelantó alguno de los interesantes proyectos previstos a medio plazo para Bodega Classica. A última hora de la tarde, con el sol ocultándose, en ese mismo mirador pudimos disfrutar un concierto tributo a los Beatles, mágica fusión de música, vino y paisaje. Hay instantes placenteros en la vida que no se buscan, simplemente se encuentran...



Sala de elaboración

La última visita que realizamos en este intenso fin de semana fue a Bodegas Ramírez de la Piscina, peculiar apellido que desciende desde el siglo XI emparentado con el rey Sancho El Fuerte de Navarra y que la familia propietaria de la bodega lleva con gran orgullo. Las instalaciones de Ramírez de la Piscina son en realidad la tercera bodega de la familia, tras sucesivas ampliaciones y traslados que concluyeron en 2001 con la construcción de la actual. La sala de elaboración es espectacular, dotada de la más avanzada tecnología, aunque sin renunciar a la tradición y al factor humano: el cuidado del viñedo, la vendimia manual, la exigente selección de uvas y la formación del personal, todo ello unido a la tradición vitivinícola de la familia, se traduce en unos vinos de impecable factura. En parte por la cercanía geográfica pero sobre todo por el buen hacer de la red de ventas, casi el 70% de la producción se destina al mercado vasco, un 25% se exporta y tan sólo un 5% del total se comercializa en el resto de España. 


Sala de barricas
Vinos jóvenes Ramírez de la Piscina

La sala de barricas subterránea llama la atención por sus dimensiones. Diseñada en los años del ciclo económico más expansivo, resulta en la actualidad un tanto desmedida, dando cobijo a un millar de barricas cuando tiene capacidad para cinco veces esa cifra. Elaboran un blanco, un rosado y un tinto joven con maceración carbónica, el resto se trata de tintos con crianza de mayor o menor duración. Las primeras fermentaciones se realizan siempre en inoxidable, mientras que las malolácticas se efectúan en depósito de hormigón, excepto en el caso de un vino de autor que la hace en barrica nueva. Ramírez de la Piscina, una bodega familiar que ha ido creciendo con el paso de los años, siempre con la garantía que proporciona la seguridad de un trabajo bien hecho.


Logo de El Vino Pródigo


Una última experiencia nos aguardaba antes de retirarnos a descansar. Siendo ya noche cerrada, nos acercamos dando un paseo hasta los pies del Castillo de San Vicente de la Sonsierra, guiados por la escasa luminosidad de una velas que jalonaban el camino.  La base de la montaña sobre la que se asienta el castillo está horadada por numerosos calados privados en los que antiguamente las familias elaboraban su vino. Uno de esos calados se encontraba abierto y su interior iluminado, así que hacia allí nos dirigimos un nutrido grupo de enoaficionados y bastantes curiosos. En la puerta nos saludó Pedro Peciña, cuerpo y espíritu de un pequeño proyecto llamado El Vino Pródigo. Pedro es uno de esos románticos que, después de haber elaborado con éxito vino para otros, decidió embarcarse en elaborar su propio vino. Comercialmente sus vinos vieron la luz en 2014 con la presentación de La Viña de la Merce, crianza con 14 meses en barrica, denominado así en recuerdo de su madre. Más adelante salió al mercado Placeres Sensoriales, tinto sin crianza elaborado mediante maceración carbónica en lago de hormigón, al más puro estilo tradicional. El último vino presentado es Prodigus Venit, un vino de autor monovarietal de Tempranillo como los dos anteriores, de edición muy limitada que integra modernidad y tradición.




Tuvimos ocasión de probar los tres y, tal vez por representar la esencia del vino de Rioja en estado más puro, nos quedamos con el Placeres Sensoriales. Frutal, intenso, pujante, vivo y excitante. Un vino "de año", como acostumbran a decir en La Rioja, pero con el valor añadido de ser elaborado como lo hacían nuestros antepasados, sin tecnología ni conocimiento enológico alguno, sin aditamentos ni artificios comerciales. El Vino Pródigo es uno de esos proyectos que nos enamoran y nos cautivan desde el primer momento. Sus vinos no sólo se beben y se disfrutan, sino que cuentan historias y para transmitirlas siempre tendrán nuestro apoyo estos pequeños productores, cuya dedicación es tan grande como los riesgos empresariales que asumen. Nuestra más sincera enhorabuena...


Cata de El Vino Pródigo, con la luna de testigo