viernes, 22 de noviembre de 2019

> Destino Soria (I): historia y paisajes




Tan cercana como lejana, la provincia de Soria tiene todo el encanto de las tierras del interior. A diferencia de las comarcas montañosas y boscosas del norte soriano donde la industria de la madera supone el motor económico, la mitad sur tiene una orografía más llana y una vocación significativamente más agroganadera. Podría decirse que la frontera entre ambos territorios es el propio río Duero, que vertebra la provincia de este a oeste desde su mismo nacimiento en los Picos de Urbión hasta que se adentra en tierras burgalesas.


Vistas desde el Castillo de Gormaz

Girasoles en la falda del Castillo de Gormaz

El paisaje del sur soriano es Castilla en estado puro. Eternas extensiones de cereal y girasol -las mismas que inspiraron en su obra a Antonio Machado, sevillano de nacimiento y soriano de adopción- decoradas por las pinceladas verdosas de los cauces fluviales y los pinares que hacen equilibrio en algunas laderas, vigilados desde lo alto de algún promontorio por las ruinas de castillos cristianos y alcazabas musulmanas, como la impresionante Fortaleza Califal de Gormaz, visible desde varios kilómetros de distancia. Construida aprovechando toda la superficie horizontal de un altozano cerca del Duero, sorprende por sus grandes dimensiones y por las magníficas vistas que desde allí se tienen de toda la comarca. No debemos olvidar que durante mucho tiempo el río Duero marcó el límite que separaba el territorio musulmán del cristiano y fue por tanto objeto de disputa entre ambos bandos.


Calle Real de Calatañazor

Torreznos y Ribera del Duero

En ese mismo contexto histórico de la Reconquista, resulta imprescindible la visita a la localidad de Calatañazor, pequeña villa medieval de casas de adobe y soportales de madera, en cuyas proximidades tuvo lugar la batalla que puso fin a la hegemonía militar del caudillo musulmán Almanzor, como bien lo rememora un busto en una replaceta de su empedrada calle Real. No queda claro si dicha batalla se produjo realmente o si más bien fue invención de algún cronista cristiano -propaganda política de la época- y que con el paso de los siglos tomó forma de leyenda para después convertirse en realidad. En cualquier caso, las piedras de las murallas de Calatañazor no parecen tener prisa, de manera que el conjunto monumental erigido sobre los cortados del cauce del río Milanos, bien merece un paseo sosegado. Si la climatología no acompaña -incluso aunque acompañe- el visitante puede buscar refugio y reponer fuerzas en varios restaurantes de cocina tradicional soriana donde se puede considerar ofensivo no tomar unos torreznos y una copa de vino, por supuesto Ribera del Duero, porque no sólo de uva vallisoletana y burgalesa se nutre dicha denominación de origen. 


La Fuentona, un lugar mágico

Esquema del sistema de galerías de La Fuentona

Dejando a un lado la historia, los atractivos del medio natural son por sí mismos, motivo suficiente para justificar una escapada a este rincón de la provincia de Soria. Muy cerca de Calatañazor, en la localidad de Muriel de la Fuente, se puede visitar el paraje conocido como La Fuentona, una laguna natural con forma de embudo kárstico que es en realidad el nacimiento del río Abión. El entorno tiene algo de místico y en sus orillas se puede percibir cómo fluye la naturaleza en forma de agua cristalina. Las profundidades de La Fuentona han sido en parte exploradas por los especialistas de espeleobuceo del programa televisivo Al filo de lo imposible, aunque a día de hoy sigue sin saberse con certeza la longitud de las galerías subterráneas inundadas que conforman este fascinante fenómeno geológico. Este mágico paraje también sirvió de inspiración al poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer -otro sevillano- para escribir la leyenda Los Ojos Verdes en la que un espíritu malévolo con forma de bella mujer y ojos color esmeralda enamoraba perdidamente a un caballero y lo arrastraba hacia las oscuras aguas de una laguna.


Cañón del Río Lobos

Ermita de San Bartolomé


Por méritos propios, el principal reclamo turístico es el Parque Natural del Cañón del Río Lobos, un bello y encajonado valle calizo que a lo largo de 25 kilómetros se extiende entre las provincias de Soria y Burgos. Visualmente precioso como consecuencia del doble efecto erosivo del agua y del viento, sus paredes, riachuelos, cuevas y simas son ricos en flora y fauna autóctona. Sin mucho esfuerzo por nuestra parte, tuvimos la oportunidad de avistar buitres leonados, corzos, petirrojos, ardillas y ranas. Dispone de varios accesos con aparcamientos bien señalizados. Es posible realizar numerosas rutas a pie, siendo la más habitualmente transitada la que por el fondo del cañón lleva hasta la ermita de San Bartolomé y desde allí hasta el Puente de los Siete Ojos. Dar un paseo por este parque natural es un completo deleite para los sentidos. Erróneamente hay quien afronta una jornada así como si fuera una carrera, cuando en realidad debe disfrutarse cada rincón. Escuchando y observando a la naturaleza sin prisa alguna es la mejor manera de conseguir conectar con ella, y si se tiene sensibilidad y paciencia, es sólo cuestión de tiempo que el medio natural termine por comunicarse con el visitante.



Al sur del Cañón del Río Lobos está la villa de Ucero -donde por cierto adquirimos varias botellas de vino en una coqueta tienda situada en la misma carretera- y muy cerca de allí, nuestro destino final en la localidad de Valdemaluque: el hotel rural La Casa de Adobe.

En la próxima entrada todos los detalles de nuestra estancia. 




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