sábado, 9 de agosto de 2014

> Torla y el petirrojo


Postal de Torla


La oscense villa de Torla es la puerta de entrada más habitual al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, sin duda una de las "joyas de la corona" del Pirineo Aragonés. 

Desde la construcción hace unos años del aparcamiento público y la posterior liberalización del uso del mismo durante la temporada turística, el centro de la población ha recuperado la tranquilidad y el encanto que antaño tuvo. Las construcciones conservan el aire tradicional y el tipismo pirenaicos, tanto las obras nuevas como las restauradas, de modo que la piedra, la pizarra y la madera son los materiales más utilizados. 

Ya desde el pasado Torla ha venido siendo un núcleo comercial importante, vital en el intercambio de bienes y servicios a un lado y otro de la frontera. Allí acudían los contrabandistas a vender lo que pasaban de estraperlo desde Gavarnie a través del Puerto de Bujaruelo, también los pastores a vender sus productos y animales o a comprar utensilios, herramientas y enseres para abastecer sus hogares y establos. En la actualidad, el comercio en Torla tiene una vocación más turística: tiendas de alimentación y tiendas de regalos satisfacen las necesidades de los visitantes.

Sin embargo, una vez al año se recrea el mercado tradicional, este año en concreto fue el penúltimo fin de semana del mes de Julio, y por unas horas los puestos callejeros invaden la plaza. Los responsables de los mismos, ataviados con ropas que recuerdan a tiempos pasados, se esmeran en atender a los visitantes y compradores. Alimentación y artesanía son los dos sectores más representados, y como no puede ser de otra forma, compramos de ambas cosas. Algo de bisutería artesanal, un poco de queso de Saravillo, unas cervezas artesanas del Valle de Hecho... y vino del Somontano.

Compras

Vayamos al vino...


Nos decidimos por el Petret 2010 de Bodegas Ballabriga (Barbastro), elaborado en base a un ensamblaje cada vez más extendido en la D. O. Somontano: mitad Merlot y mitad Cabernet Sauvignon, con un breve paso por barrica, posiblemente nueva, de 6 meses de duración antes de ser embotellado, en una línea similar a la seguida por otras bodegas de la zona (Enate, Viñas del Vero, etc). Externamente se presenta en botella bordelesa de color caramelo, con una llamativa cápsula de color naranja zanahoria, ambas de calidad adecuada. El tapón (que no corcho) es de silicona también naranja, técnica de cierre que no termina de gustarnos pero que según los entendidos es altamente eficaz a la vez que respetuosa con los alcornoques y el medio ambiente.

Petret 2010

La etiqueta es de gran tamaño y llama la atención su colocación apaisada, de manera tal que hace las veces de etiqueta y contraetiqueta al mismo tiempo. Destaca al lado del nombre del vino en vertical, el dibujo de un pájaro, en concreto un petirrojo, denominado en las comarcas más orientales de la provincia de Huesca con el nombre de petret, de ahí el nombre del vino.


Detalle de la etiqueta

Una vez en la copa, en fase visual es de un rojo cereza de capa media-baja con ribete rosado. Lágrima escasa sin pigmentación. En nariz destaca la fruta roja (fresas y frambuesas) y también negra (moras). Pimiento rojo asado y pimienta blanca, aromas habituales en la variedad Cabernet. Madera muy sutil, quizás algo ahumada. Cerrado de inicio, el ataque en boca no resulta del todo grato. Mejora al rato de descorcharlo (destaponarlo sería más correcto), tanto en nariz como en boca, y en la segunda copa la mejoría es evidente. Taninos presentes muy vivos (de nuevo la Cabernet), agradables en general merced al equilibrio que aporta la Merlot, variedad amable de beber en solitario o en coupage. Breve postgusto especiado, con un ligero amargor que empaña algo la valoración final.

Algunos vinos impresionan en fase visual u olfativa. Otros destacan en fase retronasal. Sin duda en el Petret 2010 la fase de la cata en la que mejor se desenvuelve es la fase gustativa. Visual y olfativamente es correcto sin estridencias, el postgusto es demasiado breve y poco evocador, pero la fase gustativa es francamente agradable. Es un vino para beber y para disfrutar bebiéndolo.

Así pues, bebamos...


Frambuesas silvestres
  






martes, 5 de agosto de 2014

> Era Costana Reserva 2009




El pasado mes de Diciembre realizamos una visita a Bodegas Olarra (Logroño), tal y como quedó detallada en una entrada anterior. Charlando durante la cata con Álvaro García, responsable de enoturismo de la bodega, comentamos la significativa presencia de Olarra en los catálogos de diversos clubes de vinos y nos explicó el procedimiento de selección que se realiza habitualmente.

Se trata en realidad de una elaboración casi por encargo. El club solicita a la bodega la elaboración de un vino con unas determinadas características, las más demandadas por sus socios, y la bodega elabora varias muestras distintas. Varios coupages, monovarietales o multivarietales, distintos periodos de paso por barrica, diferentes grados de tostado de las barricas, etc. Más adelante el club en cuestión hace sus pruebas de cata y elige el vino "ganador", el cual pasa a ser embotellado en exclusividad para sus socios. Los miembros de los clubes de vinos suelen (solemos) ser consumidores avezados, de manera que las etiquetas suelen ser sobrias y poco dadas a la ostentación. Tampoco suelen incorporar notas de cata, ni periodos de crianza, ni maridajes recomendados, datos todos ellos que el consumidor medio acostumbra a demandar en una etiqueta.

Cúpulas de la nave de barricas de Bodegas Olarra. Vista desde la sala de catas.

En esta ocasión hablaremos de uno de estos "vinos de club". Se trata del Era Costana Reserva 2009 de Bodegas Olarra, al cual accedimos al darnos de alta en otro club de vinos. La presentación del Era Costana 2009 es bastante austera, en botella bordelesa color verde oscuro, con cápsula dorada y corcho natural de buena calidad. Etiqueta tipo pergamino de tamaño medio con escasa información, apenas el nombre del vino, la denominación de origen y la añada. Contraetiqueta igualmente escueta. No importa. Lo verdaderamente importante está en el interior.


Era Costana Reserva 2009

Detalle de la etiqueta

En fase visual presenta un precioso color rojo picota de capa media-alta con menisco teja que atestigua su paso por barrica de roble, característica constante de los tintos de Olarra. Nariz de fruta roja y negra en compota, torrefactos, café y especias. Algo ácido de inicio, se disipa rápidamente en la copa. Fase gustativa con taninos muy integrados. Redondo y amalgamado,  muy equilibrado en boca. Postgusto sabroso, con final medio-largo muy agradable.

Nos quiere recordar, algo lógico por otra parte, a otros reservas de esta bodega catados con anterioridad, por ejemplo al Vía Láctea Reserva 2008pero nos recuerda en particular al Sagasta Reserva 2008 incluso en su presentación exterior. Sabemos de la existencia de otro "vino de club" elaborado por Bodegas Olarra, se trata del Bene Placitum Reserva el cual no hemos tenido oportunidad de probar todavía, ni en la prácticamente agotada añada del 2008 ni en la más reciente del 2009, pero que a todas luces será de nuestro agrado, teniendo en cuenta el buen hacer de esta bodega riojana.

Olarra nunca nos decepciona.


Visita a Bodegas Olarra. Diciembre 2013

lunes, 7 de julio de 2014

> Señorío de Amézola Reserva 2009




El sueño, la pasión y la firme voluntad de los hermanos Amézola fueron determinantes a la hora de volver a empezar en el intrincado mundo del vino. Hacia la mitad de los años 80, Íñigo y Javier Amézola decidieron apostar por el futuro y retomaron la actividad enológica iniciada por su bisabuelo a principios del siglo XIX en su bodega de Torremontalbo (Rioja Alta). No fue una empresa sencilla, sobre todo teniendo en cuenta que los últimos cien años la actividad había sido abandonada, como consecuencia de la plaga de filoxera, con lo que eso conlleva a nivel de cuidado del viñedo y mantenimiento de las instalaciones. Hubo que replantar las vides arrancadas en 1900 y reconstruir los edificios deteriorados por el abandono de más de un siglo, en especial los calados, para lo cual fue necesario el trabajo de 30 canteros gallegos durante más de dos años. En la actualidad al frente de este proyecto a todas luces ya consolidado, están María y Cristina Amézola, las bodegueras más jóvenes de la D. O. Rioja, quienes con el asesoramiento del enólogo francés George Pauli han logrado situar sus vinos entre los mejor valorados por el mercado.



El trabajo bien hecho y sobre todo la ilusión y el esfuerzo invertidos han dado sus frutos, de manera que a día de hoy las Bodegas Amézola de la Mora son unas de las más coquetas de la región. Sus 70 hectáreas de viñedo propio rodean la bodega tipo chateau bordelés, y bajo la tierra se extienden calados y cuevas donde los vinos se someten a envejecimiento en botella. La vendimia re realiza de forma manual por parcelas. En 2001 salió al mercado la primera añada y en 2012 se celebró el 25 aniversario de esta nueva etapa de la familia Amézola. Se producen aproximadamente 300.000 botellas al año, el 70% de las cuales se destinan al mercado nacional, mientras que el 30% restante se exporta.

Elaboran una completísima gama de vinos, siempre bajo los criterios de tradición y elaboración artesanal. Como se suele decir son vinos de corte clásico que siempre gustan, son vinos con "sabor a familia", según reza en su página web. Un crianza (15 meses en barrica), un reserva (22 meses en barrica) y un gran reserva (30 meses en barrica) son la gama, por decir así,  más tradicional, a los cuales se añaden dos vinos de pago: un blanco 100% viura con 5 meses de barrica y un tinto 100% tempranillo con 8 meses de barrica. El coupage utilizado para la elaboración del crianza, reserva y gran reserva es el más habitual en La Rioja: 85% tempranillo, 10% mazuelo, 5% graciano. Se realizan trasiegas semestrales, dirigidas personalmente por el equipo de enólogos, un auténtico rompecabezas en su parque de 2000 barricas de roble.

En los últimos años se ha ampliado la oferta de enoturimo, añadiendo a la visita de la bodega y el viñedo, diferentes actividades como los paseos a caballo o en bicicleta.



Nos sumergiremos a continuación en las características del Señorío de Amézola Reserva 2009, nuestro protagonista de esta entrada. Botella bordelesa de color verde, cápsula y corcho de calidad media. Gran etiqueta de color blanco de diseño atractivo y moderno. Escueta contraetiqueta con datos acerca de las variedades de uva, duración de la crianza en barrica y contenido alcohólico.



Elaborado en base a un coupage típico riojano (tempranillo, graciano y mazuelo), presenta un color cereza con menisco atejado. Capa media casi baja, muy limpio y brillante. Lágrima escasa de rápida caída y sin pigmentación. Nariz de frutas rojas, negras y tabaco, notas propias del tempranillo mayoritario. Algo alcohólico en el ataque inicial en nariz, aunque tal sensación se disipa en la copa con una mínima oxigenación, desplegándose matices balsámicos y regalices, aportes realizados por su larga crianza durante 24 meses en barrica de roble. Complejo y rico en aromas secundarios. Muy buena acidez. Taninos suaves, finos y delicados, con un postgusto especiado de pimienta blanca. Ligerísimo amargor final nada molesto. Un poco "delgado" en boca, no le vendría mal algo más de cuerpo, no obstante parece casi más crianza que reserva, pero la apreciación final es estupenda. Muy correcto, muy clásico y muy fácil de beber. 

El resultado de un buen trabajo...







jueves, 26 de junio de 2014

> Picos de Cabariezo 2012






Hace algo más de un mes que publicamos una entrada dedicada a los casi desconocidos tintos del Valle de Liébana (Cantabria). Hoy hablaremos muy brevemente, apenas unos comentarios, del primero de estos vinos atlánticos que hemos tenido ocasión de probar.

El Picos de Cabariezo 2012 es un tinto joven, sin paso por barrica, monovarietal de Mencía, que se presenta en botella bordelesa de color verde, cápsula roja y corcho colmatado, todo ello de una calidad media. La etiqueta blanca de gran tamaño y diseño muy sencillo incorpora además del nombre, la calificación como "Vino de la Tierra de Liébana".


La contraetiqueta también de gran tamaño, proporciona información acerca del productor, de nuevo la certificación de origen, y también unas líneas relativas a los inicios de la elaboración, hace ya unos cuantos años. Un detalle interesante es la advertencia de que puede presentar precipitados, como consecuencia de las técnicas de elaboración utilizadas.



Notas de cata del Picos de Cabariezo 2012 

Intensísimo color cereza de capa alta con ribete violeta-azulado. Nariz muy frutal, con predominio de frutos rojos, algo protéico y cárnico, este último detalle altamente indicativo de la variedad de uva. En boca el ataque es muy vivo y fresco, casi efervescente. Menos mineral de lo esperado, el paso por boca resulta agradable, con taninos presentes quizás en exceso. Postgusto con un ligero amargor herbáceo que ensombrece algo el resultado final en su conjunto. Sedimento en la parte final de la botella. Las últimas dos copas deben servirse con cuidado, lentamente y aprovechando el hombro de la botella para retener los precipitados. El maridaje aconsejado son embutidos, quesos, platos de cuchara, guisos sabrosos e incluso arroces. Se trata de un vino que "limpia el paladar", así que es perfecto para acompañar alimentos grasos.

Un vino muy original, no para tomar a diario, pero sí cuando busquemos algo diferente, alejado de la tempranillo omnipresente en la mayoría de las principales denominaciones de origen de España.

No tardaremos mucho en probar el Picos Roble, hermano mayor de este Picos de Cabariezo 2012.








lunes, 2 de junio de 2014

> Ebeia Roble 2012




Las oportunidades están para aprovecharlas.

En nuestras visitas semanales a algún hipermercado, siempre acostumbramos a dar una vuelta por la sección de vinos. Normalmente las sorpresas son escasas, ya que cada jefe de sección sabe lo que habitualmente se vende y lo que no, así que es infrecuente dar con vinos originales. Tampoco el apartado de precios suele resultar innovador, céntimo arriba o céntimo abajo, las oscilaciones son mínimas. De vez en cuando, surge la ocasión de adquirir un buen vino a un buen precio, o también la posibilidad de conseguir vinos desconocidos, que si no fuera por situaciones así, nunca llegaríamos a probar.

Entretenidos en tal actividad estábamos el pasado viernes cuando localizamos en un rincón de las estanterías unas botellas del vino que nos ocupa, casi escondidas, tímidamente asomadas, diríamos que eclipsadas por otras más conocidas, y lo mejor de todo, a un precio imposible de rechazar. Hablamos del Ebeia Roble 2012 de Bodegas Portia, perteneciente a la DO. Ribera del Duero. Acerca de Bodegas Portia ya tuvimos ocasión de hablar brevemente en una entrada anterior, concretamente al vincular vino y arquitectura. Daremos en este momento un paso más, dejaremos atrás a Norman Foster y sus innovadores diseños arquitectónicos, y nos sumergiremos brevemente en los vinos de Bodegas Portia, apuesta del riojano Grupo Faustino en la provincia de Burgos.

Bodegas Portia

En sus vanguardistas instalaciones de Gumiel de Izán (Burgos), en el corazón de la DO. Ribera del Duero, Bodegas Portia elabora exclusivamente vinos tintos monovarietales 100% Tinta Fina del País. El más icónico y afamado es el llamado Triennia con una producción limitada de 5000 botellas. El Portia Prima y el Portia Crianza representan a la perfección el equilibrio entre fruta y madera, con algo más de permanencia en barrica y en botella el primero de ellos, pueden parecer vinos casi emparentados entre sí. El "hermano pequeño" de todos ellos es el Ebeia Roble, protagonista de esta entrada en el blog.

Gama de vinos de Bodegas Portia

El Ebeia Roble 2012 se presenta en botella bordelesa estilizada de color verde oscuro y de gran calidad, al igual que el corcho natural y la cápsula, ésta última de un llamativo color cobre. La etiqueta es de gran tamaño, de color chocolate y con un moderno diseño de tenues círculos concéntricos que convergen en un anillo dorado de posición central. Ignoramos la interpretación de tal diseño si es que la tiene. La contraetiqueta no aporta más información.

Ebeia Roble 2012

Detalle de la etiqueta

En fase visual es de un color rojo picota con reflejos púrpura y capa media-alta. Limpio y brillante. Lágrima media algo pigmentada. Nariz frutal intensa, incluso algo floral (violetas), con fondo de torrefactos y vainilla. En boca es fresco, sabroso, con taninos muy agradables y perfecta acidez. Postgusto medio rico en balsámicos y fruta roja. Facilísimo de beber y de maridar, acompaña con éxito casi cualquier plato: carnes blancas, pescados, ensaladas, pastas, arroces, quesos, etc. A este tipo de vinos nosotros los llamamos "vinos-comodín" o "vinos-refugio", porque siempre resultan un acierto con cualquier menú y con cualquier comensal.

Como hemos dicho en el inicio: las oportunidades son para aprovecharlas...


Aprovechando una oportunidad

jueves, 15 de mayo de 2014

> Vinos de autor





Los denominados "vinos de autor" obedecen a la búsqueda de la propia libertad. 

Este concepto, a día de hoy quizás demasiado empleado, surgió hace ya unos años como vía de escape para aquellos productores que, por iniciativa propia, decidieron empezar a elaborar algunos de sus vinos al margen de las directrices de las denominaciones de origen. Las divergencias con las estrictas normas de los consejos reguladores, en relación con las variedades de uva autorizadas, las técnicas de vinificación y sobre todo los periodos obligatorios de maduración en barrica y botella, fueron la principal causa que impulsó la proliferación de los "vinos de autor".

En la mayoría de las ocasiones, las bodegas que se lanzaron a crear estos vinos diferentes, fueron productores con viñedos pequeños de gran calidad, cuyos productos en el marco de la denominación de origen suponían una cuota de mercado ínfima, abrumados por los miles de botellas que las grandes bodegas ponían en circulación cada año. Optaron por la calidad antes que por la cantidad. Apostaron por la excelencia, pero se toparon con la rigidez de las normas de los consejos reguladores (tales variedades de uva, tantos meses en barrica, tantos meses en botella, etc). 

Hablaremos a continuación de tres vinos de autor, pertenecientes a la DO. Rioja. Dos de ellos podrían calificarse como "crianzas" pero no lo son, y el último como "reserva", pero tampoco lo es. De hecho llama la atención que las etiquetas o precintas del consejo regulador que figuran en dichas botellas sólo informan de la añada. En sentido estricto son vinos distintos, con personalidad definida, alejados de lo que esperamos encontrar en un crianza o un reserva al uso. A quien se esté preguntando si son mejores o peores, sólo podemos decir que son diferentes. No hace mucho que escuchamos una frase para definir los tipos de vino: "el que nos gusta, el que no nos gusta y el que todavía no hemos probado". Está todo dicho.


Egomei 2008


Elaborado por Finca Egomei (Alfaro) en la subzona de Rioja Baja, en base a un 90% de uva Tempranillo y un 10% de uva Graciano, madura un total de 14 meses en barrica y 6 meses en botella. Incumple, por tanto, las normas de la DO. Rioja en cuanto a permanencia en botella para ser calificado como "crianza". 

Visualmente presenta una altísima capa muy picota con menisco granate. Lágrima bien pigmentada, abundante y densa. En nariz predomina la fruta negra muy madura. Aromas mentolados, como de caja de puros. Ciruelas e higos. Clavo y nuez moscada. Taninos perfectamente integrados. Muy redondo. Riquísimo.



Cincuenta 2010

Bodegas Eguren Ugarte (Páganos-Laguardia) en Rioja Alavesa son las responsables de este monovarietal de Tempranillo, elaborado con uvas procedentes de viñedos de más de cincuenta años. Envejece en barrica de roble francés durante 14 meses para luego pasar en botella 6 meses más.

Picota de capa media y ribete azulado-violáceo, muy bien cubierto. Lágrima media muy pigmentada. Nariz seria, incluso a copa movida, con explosión de frutas negras (moras) y regaliz. Mineral y láctico en boca. Taninos presentes "muy Eguren" redondos y modulados. En boca resulta sedoso, grande, cremoso y lácteo. Postgusto largo, larguísimo, muy rico y especiado. Un gran vino y un regalo para los sentidos.




Señorío de Cuzcurrita 2004

Monovarietal de Tempranillo elaborado por Bodegas Castillo de Cuzcurrita (Cuzcurrita del río Tirón) en la subzona de Rioja Alta. 12 meses de barrica y 24 de botella antes de salir al mercado. Sigue las indicaciones del consejo regulador en cuanto a envejecimiento y variedad de uva. Ignoramos el motivo por el que no es calificado como "reserva", quizás alguna técnica de elaboración.

Rojo picota de capa alta y menisco teja, bastante evolucionado. Fase olfativa con predominio de frutos rojos y negros, orejones y tabaco rubio. Fase gustativa redonda y elegante. Eterno postgusto sabroso y especiado. Fantásticamente conservado. Magnífico vino de hace una década. En plena forma. 




La degustación de cualquier "vino de autor" es una delicia. Antes de probarlos cada persona en su fuero interno espera encontrarse unas sensaciones, que luego pueden ser acertadas o no. Esa incertidumbre previa resulta muy estimulante. Durante la cata, en especial si ésta resulta satisfactoria, el disfrute es absoluto: cada vino de autor es único, las apreciaciones son muy personales y permiten gozar sin límite. La peor parte viene una vez que lo hemos terminado, porque muy habitualmente no se tiene acceso a nuevas botellas, casi siempre proceden de obsequios o son rarezas en sí mismas y es prácticamente imposible adquirir nuevas unidades, de manera tal que al apurar una botella con la que hemos disfrutado, es inevitable que nos asalte cierta tristeza, pues entra dentro de lo probable que jamás volvamos a catar ese vino.

Sólo la búsqueda de nuevos vinos puede devolvernos la ilusión.

Y en ello estamos...



lunes, 5 de mayo de 2014

> Tintos de Liébana (Cantabria)


Picos de Europa



En la última década se ha producido el resurgimiento de los vinos tintos atlánticos españoles. Ribeira Sacra (Galicia), Cangas del Narcea (Asturias) y Valle de Liébana (Cantabria) llevan algo más de diez años esforzándose en recuperar la elaboración de este tipo de vinos, tan complicada en latitudes septentrionales, de pluviometría elevada y con escasa insolación media anual.

Como en muchos otros lugares, históricamente el cultivo de la vid en esta zona geográfica vino de la mano de los monjes, quienes plantaron hacia el siglo XIII las primeras cepas en el entorno de los monasterios y abadías. La variedad predominante es la Mencía, que se cree emparentada con la Cabernet francesa "importada" desde el país vecino merced al comercio desarrollado al calor del Camino de Santiago, aunque en Ribeira Sacra también existen viñedos de Trousseau, otra variedad francesa típica de la región del Jura, que en España se ha denominado como Merenzao o Maturana Tinta.

Vendimia manual


En la parte más occidental de Cantabria, el valle de Liébana goza de un microclima excepcional y único en la región. Su orientación sur-norte, protegido por los Picos de Europa de los azotes de los violentos frentes atlánticos, le confiere un clima casi mediterráneo, y permite el cultivo de olivos, alcornoques, limoneros y (evidentemente)... vides. A pesar de ello, el cuidado del viñedo no resulta sencillo. Muchas plantaciones se encuentran no ya en terrazas como en la zona de Oporto, sino directamente en laderas, algunas de notable inclinación, lo que impide la mecanización más elemental. El cultivo por tanto, se realiza de manera totalmente manual, y lo mismo puede decirse de la poda, vendimia y demás labores. Otro inconveniente es la irregular insolación, bien por la orientación bien por la climatología, de modo que cada añada es todo un reto desde el punto de vista madurativo. 

Picos y Picos Roble


Durante los últimos siglos, en Liébana el cultivo de la vid se ha orientado a la producción de aguardiente de gran calidad, capaz de rivalizar con el más afamado orujo gallego, para lo cual se ha venido utilizando las cepas viejas de Mencía e incluso algunas de Palomino. Sin embargo hacia el año 2000, unos cuantos productores de la zona, románticos y valientes, decidieron iniciar la producción de vinos tintos de calidad. La primera añada que salió al mercado fue la de 2006, muy prometedora para ser un vino novel, a cargo de la Compañía Lebaniega de Vinos y Licores, cuyas minúsculas aunque bien equipadas instalaciones ocupan una "casuca" en Cabezón de Liébana, cerca de Potes, centro neurálgico del Valle de Liébana. En la actualidad elaboran un roble, Picos de Cabariezo, casi monovarietal de mencía y un tinto joven fruto de un coupage de mencía, tempranillo y garnacha. En algunas añadas se ha incorporado minoritariamente uva de otras castas foráneas como Syrah o Merlot.

Algo más tarde se sumó una nueva iniciativa empresarial, Bodega Río Santo (Cillorigo de Liébana), que elabora un único vino con gran personalidad, el Lusía, a base también de mencía con un aporte de tempranillo y breve crianza posterior en barrica mixta de roble, curiosamente de 500 litros de capacidad, en lugar de la habitual barrica bordelesa de 225 litros, con la finalidad emulsionar los aromas y sabores del vino minimizando el aporte de madera para obtener una mayor carga frutal en el mismo. La última incorporación a la escasa oferta vinícola de Liébana ha sido el Ángel Moreno Roble, otro monovarietal de mencía elaborado por la otra gran empresa licorera de la zona, Orujo de Potes-Sierra del Oso, de características organolépticas similares aunque menos introducido en el mercado.


Ángel Moreno Roble

Los expertos se aventuran a pronosticar un exitoso futuro a estos "Vinos de la Tierra de Liébana", siempre y cuando se mantengan fieles a la expresión del terruño, huyendo de los incrementos de producción de uva que a la larga terminan por desvirtuar la calidad de los vinos. Los suelos en Liébana son pobres, pizarrosos, con poca capa orgánica y exactamente esa es la clave del éxito, el control en sus índices productivos. Viñas viejas, bien orientadas para asegurar la exposición al sol y una correcta maduración del fruto, vendimia manual y selección de racimos en el viñedo, cosechas controladas, elaboración cuidadosa y crianza en barrica de madera adecuada y durante el tiempo correcto. Por el momento, los tiempos de permanencia en barrica empleados son breves, como máximo 12 meses, ningún productor de Liébana se ha aventurado a intentar elaborar un vino con más crianza, a diferencia por ejemplo de algunos vinos a base de mencía de El Bierzo o Ribeira Sacra, zonas estas últimas donde cada vez es más habitual encontrar vinos con más de un año de envejecimiento en roble.

El resultado final son unos vinos visualmente preciosos, bien cubiertos, con ribete azulado o violáceo, identificativo de su juventud. En nariz son complejos e intensos, frutales, con predominio de los frutos negros, con recuerdos animales y de bosque húmedo. En boca son potentes, golosos, grasos, minerales, largos, algo herbáceos y con acidez equilibrada.

Estamos ante una zona emergente. Una docena de años no es nada en cuanto al desarrollo vitivinícola se refiere, especialmente si lo comparamos con los cientos de años que llevan desarrollándose vinos en otras áreas. Pero quizás este sea su principal atractivo, la aventura, el descubrimiento y, por qué no decirlo, el riesgo que supone desarrollar un cultivo y elaborar un vino, venciendo la resistencia que la tradición y la naturaleza se empeñan en oponer. Tal vez en unos años, algún crítico internacional de gran influencia ponga sus ojos en los tintos de este escondido rincón del norte de España, y los vinos de Liébana pasen a ser alabados por el público y logren multitud de premios en concursos especializados. 

En ese momento, alcanzaremos una doble satisfacción. En primer lugar, por el reconocimiento a aquellos soñadores que hace más de una década decidieron comenzar a elaborar vinos de calidad en las laderas de los Picos de Europa. Pero también por nosotros mismos, porque podremos decir satisfechos, que fuimos pioneros en ensalzar los tintos del Valle de Liébana. 




Tintos lebaniegos