sábado, 29 de agosto de 2020

> ¡Viajeros al tren!




A mediados del siglo XIX comenzó a fraguarse la idea de establecer una conexión ferroviaria entre Francia y España atravesando los Pirineos por su parte central. El lugar elegido fue la cabecera del río Aragón y para ello se emprendió la colosal labor de perforar la roca bajo las montañas hasta conseguir finalizar la construcción del túnel de Somport. Se planeó asimismo levantar una preciosa estación de estilo modernista en el valle de Arañones -endrinas, en aragonés- que serviría de lugar de intercambio de mercancías, correo y pasajeros. Las obras de la Estación Internacional de Canfranc se prolongaron durante una década -desde 1915 hasta 1925- periodo de tiempo sorprendentemente corto, teniendo en cuenta las técnicas constructivas de la época, los rigores climatológicos y las dificultades orográficas del terreno. La solemne inauguración del complejo ferroviario tuvo lugar el 18 de Julio de 1928 y contó con la presencia del rey de España D. Alfonso XIII y del presidente de la República Francesa M. Gaston Doumerge. El edificio de la estación funcionaba como una ciudad fronteriza y contaba con todos los servicios necesarios: un hotel, un pequeño hospital, cafés, tiendas, salones de belleza, oficina de correos, despachos, almacenes y dependencias del personal de las compañías ferroviarias francesa y española que convivían en la estación. El lujoso vestíbulo y los andenes eran un continuo trasiego de pasajeros y maletas, dado que los diferentes anchos de vía de cada país obligaban a realizar trasbordo en Canfranc. Y si se daba el caso de tener que esperar mucho tiempo, no era infrecuente que los viajeros decidieran pasarlo en algunos de los numerosos negocios y comercios que proliferaron en torno a la estación.  En tan solo unas décadas, donde antes pastaba el ganado, había surgido una nueva y próspera población al calor del desarrollo económico de la línea ferroviaria.


Algunos vagones históricos descansan todavía en sus vías

En una primera etapa la estación prestó servicio al transporte de pasajeros y mercancías durante algo menos de dos décadas, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y en cuyo contexto tuvo un inesperado protagonismo al convertirse en la puerta trasera de la Francia ocupada. Canfranc fue punto de reunión de espías así como la vía de escape de muchos judíos europeos -ayudados en su huida por los habitantes de las poblaciones pirenaicas de ambos lados de la frontera- pero también fue la ruta por la que España envió grandes cargamentos de wolframio con destino a las fábricas de blindados alemanas. En sentido opuesto, por Canfranc entraron toneladas de lingotes de oro, procedente de los saqueos de las propiedades de la población judía de toda Europa y de los campos de concentración. La mayor parte de ese oro nunca tocó suelo español, sino que partió rumbo a Sudamérica, lugar de refugio de muchos mandatarios nazis una vez terminada la guerra. Aunque todos estos hechos eran conocidos, la confirmación definitiva no se produjo hasta que en el año 2000 el ciudadano francés Jonathan Díaz encontró por casualidad unos documentos abandonados en un rincón de la estación que demostraban el tránsito del denominado "oro de Canfranc".


Interior del vestíbulo en rehabilitación

La segunda época brillante de la Estación Internacional de Canfranc se inició a principios de los cincuenta y se extendió hasta el 27 de Marzo de 1970, fatídica fecha en la que descarriló un tren de mercancías en el lado francés provocando el derrumbe del puente de L´Estanguet. Este trágico accidente fue la puntilla para la línea ferroviaria que conectaba España y Francia atravesando el túnel del Somport. Cincuenta años después y a pesar de la aparente sintonía entre ambos gobiernos, la comunicación ferroviaria entre los dos países sigue siendo el sueño no cumplido de muchas personas a ambos lados de la frontera. No obstante, el tren de pasajeros que conecta Zaragoza con Canfranc goza de un indudable atractivo y no precisamente por su rapidez -más bien todo lo contrario- sino por los paisajes que regala al viajero en su recorrido por valles y montañas desconocidos para la mayoría de nosotros, acostumbrados a trayectos en coche cada vez más breves, gracias a las mejoras implementadas en las carreteras de la zona. A estas alturas a nadie se le escapa que el canfranero -nombre cariñoso con el que se denomina al renqueante tren que realiza el trayecto- despierta en la mayoría de la gente sensaciones de cariño y de añoranza, pues representa el abrazo de dos regiones -Aragón y Aquitania- separadas por una frontera, pero unidas por un mismo deseo histórico cumplido en el pasado y esquivo en el presente.

Hasta aquí la introducción histórica. Con certeza, queridos lectores, os estaréis preguntando qué tiene que ver una estación ferroviaria abandonada con el mundo del vino. Comenzamos el viaje, acomódense en sus asientos y prepárense para disfrutar con la magia de los trenes antiguos, así que daremos un último aviso para los rezagados... ¡Viajeros al tren!


Canfraneros a punto de iniciar su viaje. Imagen cortesía de Marta Tornos

Las oscenses Bodegas Valdovinos son una empresa familiar  -con nada menos que cuatro generaciones de historia a sus espaldas- ubicada en Antillón y están adscritas a la DO. Somontano desde  el año 1998. El pasado mes de febrero decidieron ampliar su catálogo de vinos y vermuts sacando al mercado una nueva familia de tres vinos con el nombre de tan querido tren. Como no podía ser de otra forma, la presentación oficial se realizó en el vestíbulo de la Estación Internacional de Canfranc. Un blanco, un rosado y un tinto con crianza, todos ellos en botella borgoñona y con una imagen icónica y juvenil, anticipando en cierta medida las características de dichos vinos: versátiles, frescos y fáciles de beber. Por cortesía de la bodega -que tuvo la amabilidad no sólo de hacernos llegar unas botellas, sino que además lo hizo personalmente a pesar de las limitaciones derivadas de la crisis sanitaria que todos conocemos- catamos los tres vinos en detalle, como a nosotros nos gusta, sin prisa, dejándolos expresarse y evolucionar. 



CANFRANERO ROSADO 2019
100% Cabernet Sauvignon. Visualmente de un bonito color rojo fresa de capa media. Frutillos rojos, lácticos y grosellas en nariz. También apio, hoja de tomate y hierbabuena. Fresca acidez. Ligero y amable en boca. Sin rastro de azúcar residual. Queda ligeramente a medio camino entre los rosados golosos -visualmente promete- y la actual tendencia de los rosados afrancesados. Quizás algo más de cremosidad y de estructura le vendría bien. Esperaremos a la añada 2020 para ver qué linea ha decido seguir la bodega. 



CANFRANERO BLANCO 2019
100% Chardonnay. Excelente interpretación de esta variedad de uva francesa que tan buena expresión adquiere en el Somontano. Precioso color amarillo dorado, con nariz frutal (manzana y piña), sobre un fondo de panadería y especias. Algo cálido de inicio, bien compensado en acidez. Excelente en boca. Cremoso, amplio, graso y muy agradable. Final levemente amargo que le aporta longitud.  Muy presente el trabajo sobre lías. Más complejo y versátil de lo que cabría esperar. Buena opción para disfrutar por copas pero con grandes posibilidades de maridaje: pescados grasos, carnes blancas e incluso comida asiática.



CANFRANERO CRIANZA 2017
Cabernet Sauvignon y Tempranillo en proporciones desconocidas con permanencia durante 10 meses en roble francés. Ensamblaje de una variedad francesa con otra española, representando la unión transfronteriza entre ambos países. Visualmente más Tempranillo, con capa media y ribete granate. En nariz más vegetal que frutal -predomina la Cabernet- con recuerdos de ciruelas y otras frutas rojas muy maduras. No demasiado expresivo en fase nasal, algo dominada por las notas de crianza como los tostados y el café en grano, provenientes de la barrica probablemente usada. Un poco delgado en boca, con astringencia media y cierto amargor final que lo sostiene en el postgusto. Un producto muy comercial, por el atractivo de su nombre, por su precio y por ese vínculo francoespañol que tan bien representa el espíritu de la Estación Internacional de Canfranc. 

Tres vinos que comparten algo más que el nombre con el espíritu de esa línea ferroviaria ignorada por las administraciones durante décadas. Porque siempre hay más cosas que nos unen, porque las fronteras a menudo sólo sirven para separar y porque lo verdaderamente valioso son las personas. Mientras tanto, el tiempo parece haberse detenido en Canfranc y hay quien asegura que en los atardeceres brumosos puede verse todavía a algún viajero despistado -como el de la imagen de cierre- que consulta su reloj mientras espera la llegada del tren, un tren que se retrasa durante demasiados años.


Recreación histórica año 2015. Imagen cortesía de Gonzalo Aguado

jueves, 9 de julio de 2020

> Vignerons de Huesca 2020




Parece que hace una eternidad, pero fue a finales de Febrero cuando se celebró en Aínsa el panel anual de cata de Vignerons de Huesca, integrado en esta edición 2020 nada menos que por 26 expertos catadores. Los elegidos se distribuyeron en tres mesas de cata separadas y diferenciadas por sectores para reducir la influencia entre sí y de esta manera conservar todas las valiosas opiniones de cada uno de ellos. Una primera mesa integrada mayoritariamente por enólogos se centró en el análisis técnico de los vinos y en su elaboración. La segunda mesa se diseñó pensando en el análisis sensorial de los vinos y para ello se contó con sumilleres y con titulados WSET, dando a la cata estricta todo el protagonismo. La tercera y última mesa fue sin duda la más relajada, conformada con los denominados "disfrutones", aficionados al vino con conocimientos avanzados de cata pero orientando sus opiniones hacia los maridajes y sus vínculos ineludibles con la gastronomía.


Mesa de análisis sensorial

Vinos presentados por las bodegas invitadas

Se presentaron un total de 36 vinos de los cuales 32 de ellos superaron las deliberaciones del panel de cata. Ni que decir tiene que los vinos presentados por los dos Master of Wine -Norrel Robertson y Fernando Mora- presentes como catadores en la mesa de enología, también superaron holgadamente la nota mínima de corte. Ya el año pasado se instauró la figura de la bodega invitada, hasta ahora designada exclusivamente por la organización. Con el fin de hacer esta elección más abierta, este año se preseleccionaron cuatro bodegas candidatas a bodega invitada el año próximo. Tierramaestrazgo (Mas de las Matas, Teruel), Ignius (Almonacid de la Sierra, Zaragoza), Ficaria Vins-Irur (Arenys de Lledó, Teruel) y Augusta Bilbilis (Calatayud, Zaragoza) resultando esta última finalmente elegida en base a las puntuaciones obtenidas por su monovarietal Samitier Syrah 2016, un vino de impecable elaboración y excelente relación calidad-precio, más tecnológico y previsible que sus competidores, con algo menos de pasión aunque mucho más comercial, pues al fin y al cabo de lo que se trata es de llegar a cuantos más consumidores mejor.


Foto de grupo: panel de cata y bodegueros (pre-COVID style) 

En cuanto a las novedades para este año 2020 las hay en abundancia. Algún vino aún no está disponible, tal es el caso del nuevo blanco de Bodega El Vino del Desierto (Lanaja) -su nombre aún no se ha hecho público- del que catamos muestras extraídas directamente de la barrica, salto cualitativo del ya sobradamente conocido Duna, coupage de Garnacha Blanca y Alcañón criado sobre lías. Bodegas Edra (Ayerbe) fue la que incorporó más novedades a su catálogo y presentó tres vinos completamente nuevos. El Edra Ababol 2019 rosado clásico elaborado con Syrah para los amantes del rosado, concesión comercial casi a regañadientes por parte de su elaborador. Resulta frutal y versátil, rompiendo con la habitual política transgresora de la bodega en la elaboración de este tipo de vinos. El Edra Raposa 2008 es una deliciosa excentricidad ideada por la mente inquieta de Alex Ascaso. Advertencia para quien no termine de creerlo: no hay ningún error en la añada. Vino naturalmente dulce proveniente de uvas de la variedad Merlot vendimiadas con sobremadurez en el mes de Noviembre, vinificadas como vino tinto sin agotar su contenido en azúcares y criado durante más de una década en barrica. Una rareza magnífica, con enormes posibilidades de maridaje. Probablemente irrepetible. Por último y de nuevo con un nombre peculiar, el Edra Volada D´Aire 2019, ensamblaje infalible y exitoso -Garnacha y Syrah- muy extendido en otras zonas geográficas y sin embargo bastante original en tierras oscenses. Ponderado y equilibrado, magnífica complementación de una casta con la otra, tanto en cata técnica como en maridajes. Vino comodín, para no fallar.



Desde Adahuesca Bodegas Alodia presentó dos vinos nuevos. El Alodia Único Cabernet Sin Sulfitos 2019, técnicamente perfecto, supone en nuestra opinión una arriesgada elección de variedad para elaborar un vino sin crianza que sin embargo no deja indiferente a nadie. Muy gastronómico, su destino parece ser la armonización con carnes, embutidos y guisos. La segunda novedad es en realidad la reedición de un vino que Bodegas Alodia sólo elabora en las mejores añadas. En este sentido, el Cruz de Los 2016 -Syrah, Cabernet Sauvignon, Moristel y Parraleta- es el vino top de la bodega. Fermentaciones y crianza por separado de cada variedad y selección de barricas antes del coupage final hasta completar 12 meses de crianza en roble francés. Concentrado, potente, inmenso, con gran potencial de guarda y mucho recorrido en botella. Tal vez el vino con la botella más bonita de todos los presentados, aunque lamentablemente tenga su repercusión en el precio final. Para darse un homenaje.


La última novedad para 2020 la presentó Bodegas Sers (Cofita). En nuestra opinión, sabia decisión de la familia Canales al eliminar de su catálogo las referencias de Reserva y Gran Reserva -un tanto trasnochadas- para fusionarlas en un nuevo producto más comercial -Sers G.R.18 2016- con el nombre de la ruta senderista que une Fonz con la Ribagorza. Ensamblaje de variedades internacionales tintas -Cabernet Sauvignon y Merlot- destinadas a largas crianzas en barrica de roble americano, en este caso durante 18 meses. Elegante y entretenido en cata técnica, hará las delicias de aquellos comensales a quienes les gusten vinos maduros y complejos. Granate de capa media con menisco ladrillo. Ciruelas pasas, higos secos, chocolate negro y caja de puros. Balsámico y elegante. Redondo y equilibrado, con taninos bien domados. Tiene de todo y nada le sobra. Excelente vino clásico del Somontano con indudable influencia bordelesa.


Tintos jóvenes

Blancos

El año pasado se presentaron varios vinos bajo la etiqueta de Vinos Únicos Vignerons -tan sólo disponibles a través de los establecimientos autorizados- que se convirtieron casi de inmediato en absolutos éxitos de ventas. Es el caso del blanco más extremo de Vignerons, nos referimos al Zinca D´Oro, Garnacha Blanca y Alcañón con crianza oxidativa en damajuanas de cristal elaborado por Clavería Barrabés Viticultores (La Almunia de San Juan) en 2019 por primera vez, repitiendo en esta edición con igual éxito. Una producción limitada que durará poco en las estanterías, con infinitas posibilidades de maridaje y una diversión sin límites en cata técnica, un parque temático de aromas que regresa gracias a esta elaboración casi olvidada y recuperada de la memoria atávica de nuestros antepasados. Enhorabuena. Lo mismo puede decirse del Alodia Moristel MC,  divertida interpretación de esta variedad de uva autóctona en recuperación. Elaborado mediante maceración carbónica, transmite fruta y frescura con generosidad. Un vino alegre, más para disfrutar por copas que para acompañar una comida completa, aunque su versatilidad lo pondrá sobre muchas mesas. Nos atrevemos a afirmar que es el Beaujolais Nouveau de Vignerons. Algo más serio aunque sobradamente versátil es el Sers Unico 22417, Merlot y Syrah de la añada 2017 con crianza durante 8 meses en barrica de roble americano. Impecable semicrianza que fue uno de los vinos más exitosos el año pasado. Bodegas Sers repiten ensamblaje y tiempo de barrica para reeditar este vino con el nombre del código postal de Cofita. No forzosamente gastronómico, acompaña satisfactoriamente a cualquier plato. Y terminamos este repaso a los vinos únicos Vignerons con algo más delicado y femenino, el Vispius Rosado de Bodegas Estrada Palacio que tomando como base la Moristel,  obtienen este rosado moderno y afrancesado, de capa tenue y gusto actual, más con alma de blanco que de rosado. Técnicamente perfecto, competirá con los rosados de la Provenza en las terrazas del Pirineo durante la temporada primavera-verano.


Tintos crianzas

Tintos robles y semicrianzas

Paralelamente, otro grupo de vinos Vignerons podrían calificarse como "éxitos de siempre", por su trayectoria sostenida en el tiempo, por su histórico de puntuaciones y por las opiniones favorables de los consumidores año tras año. Es el caso de Sed y Duna de Bodega El Vino del Desierto, la gama completa de Vispius y el Sentif de Bodegas Estrada Palacios, la gama completa de Sers -impecable el trabajo de la bodega de la familia Canales en los vinos presentados en esta edición- los originales tintos con crianza en tinaja de barro Zinca D´AnforaBin de Ric de Víctor Clavería, sin olvidar los monovarietales de Alodia -Alcañón, Moristel y Parraleta- así como su espumoso, apuestas comercialmente arriesgadas que sin embargo se afianzan cada año y los vinos consolidados de Bodegas Edra -Blancoluz, Xtrasyrah, Sol y Grullas de Paso- con algunas sutiles variaciones entre añadas pero siempre en una línea constante no sólo en cuanto a calidad sino también en aceptación por parte del consumidor final.

En resumidas cuentas, los visitantes de tierras altoaragonesas tendrán este año mucho donde elegir en materia enológica. El sello Vignerons de Huesca está visible en los catálogos de cada vez un número más amplio de restaurantes y tiendas especializadas, dando significado al esfuerzo de todas aquellas personas comprometidas con la elaboración de un producto de gran calidad, que apuestan decididamente por el territorio y que dan continuidad a las labores tradicionales que ya desempeñaron sus antepasados.

Vignerons de Huesca, la grandeza de lo pequeño.




lunes, 29 de junio de 2020

> Días de vino y coronavirus




Durante las semanas que estuvo vigente el estado de alarma en España y se obligó a la población a sufrir el arresto domiciliario -que no cuarentena- conocido tan a fondo por todos y ante la imposibilidad de relacionarnos con otros aficionados al mundo del vino excepto por vía telemática, el único modo de ejercitar nuestros sentidos desde el punto de vista enológico fue catar vinos a título personal en la soledad del hogar. Hubo tiempo para probar todo tipo de vinos, algunos adquiridos hace tiempo, otros fruto de la generosidad de algún amigo y unos cuantos más proporcionados amablemente por los propios elaboradores.

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones de dichos vinos. No están todos los que son, pues algunos han protagonizado -o lo harán en un futuro- artículos en exclusiva. Pasen, lean y disfruten con lo que han sido nuestros refugios enológicos durante las largas semanas de confinamiento.

CAL 2016
Verónica Ortega. DO. Bierzo. 100% Godello. Crianza en barro y en barrica. Amarillo dorado casi oro rosa. Limón, pomelo y membrillo. Fresco, untuoso, graso, sabroso y largo. Un godello muy diferente, que logra detener el tiempo durmiendo en ánfora y en barrica. En tiempos excepcionales, vinos excepcionales. Muy acertada recomendación personal de Javier Buil de La Corona de L´Ainsa




LAS MARTAS 2018
Botella de gran calidad y preciosa etiqueta vintage muy borgoñona. Frutas rojas maduras, lácticos, especias dulces y café en grano. Interesante monovarietal de Garnacha aparentemente sin crianza (¿tal vez un poquito?), muy equilibrado a pesar de su generoso 15,5% alcohol. Gran trabajo de Bodegas San Gregorio en Cervera de la Cañada (DO. Calatayud). Obsequio de Julio Viela con entrega cuasi ilegal a la salida de un aparcamiento.


LA MUELA 2018
Primo hermano del anterior vino, comercializados y adquiridos al unísono. Monovarietal de Macabeo de tres viñas viejas -La Muela de San Gregorio, La Muela París y Tras la Muela- situadas a una altitud entre 650 y 1000 metros. Elaborado también por Bodegas San Gregorio en Cervera de la Cañada (DO. Calatayud). Dorado medio, denso incluso visualmente. Plátano y piña maduros, mermelada de melocotón y tarta de manzana sobre un fondo de panadería. Excelente acidez que compensa el conjunto. Graso y untuoso. Final medio-largo. Muy buen trabajo sobre lías, si no hay paso por barrica lo parece. Al igual que el anterior, cortesía de Julio Viela.


PRADOS FUSIÓN 2018
Bodega Pagos del Moncayo (DO. Campo de Borja). Coupage de Garnacha y Syrah en proporciones desconocidas. Rojo guinda con margen violáceo. Capa media-baja. Frutas del bosque y pimienta blanca. Crujiente, fresco y alegre. Parece una maceración carbónica parcial. Garnacha de Campo de Borja en versión moderna. En breve cataremos la nueva añada 2019 que promete diferencias interesantes. Detalle de Carlos Burgués de Axial.


TIERRAMAESTRAZGO QUERCUS 2018
Bodega Tierramaestrazgo, Mas de las Matas (Teruel) IGP Bajo Aragón. 100% Garnacha. 
6 meses de crianza en barrica de roble francés y americano. Picota de capa baja con ribete granate. Mermelada de fresas, caramelo y tabaco rubio. Chocolate con leche y licor de endrinas. Hierbas aromáticas, laurel, coníferas y café molido. Algo delgado en boca, tarda en expresar todo su potencial. Postgusto medio. Sabroso e interesante. Con personalidad, alejado de los cánones comerciales mas habituales. Recuerda a algunos Châteauneuf-du-Pape. Teruel existe, cada vez más...


TIERRAMAESTRAZGO BLANCO 2019
Bodega Tierramaestrazgo, Mas de las Matas (Teruel) IGP Bajo Aragón. 100% Garnacha Blanca. Flores blancas, frutas de pepita y hierbas de monte. Cáscara de cítricos e hinojo. Mineral, graso y untuoso. Persistencia media. Serio y sobrio. DO. Terra Alta? Pues no... IGP Bajo Aragón




TIERRAMAESTRAZGO ROSADO 2019
Bodega Tierramaestrazgo, Mas de las Matas (Teruel) IGP Bajo Aragón. 100% Garnacha. Frutas rojas, yogur de fresa y recuerdos herbáceos. Acidez correcta que equilibra su nada desdeñable contenido alcohólico. Persistencia media, con un ligero amargor final que la aporta longitud. Muy gastronómico. Un rosado con vocación de tinto. Muestras remitidas amablemente -además por partida doble- por Antonio Sisqués de Bodega Tierramaestrazgo


XADO TINTO 2017
A la espera de la nueva etiqueta, el Xado Tinto 2017 de Bodega Mas de Torubio, Cretas (Teruel) IGP. Bajo Aragón se elabora con Garnacha Peluda y Cabernet Sauvignon con 10 meses de crianza en barrica de roble. Guindas, chocolate, pimienta blanca, humo de brasas y granos de café. Acidez impecable. Redondo, sabroso y largo. Para conocer el origen de su nombre es imprescindible una visita a Cretas, no hay mejor excusa para acercarse al Matarraña. Este vino y los dos siguientes, recibidos por cortesía de Enrique Monreal de Mas de Torubio.


NUEVE ROSAS 2019
Lo ha vuelto a consegir... Enrique Monreal, el mago de Bodega Mas de Torubio, Cretas (Teruel) reedita el rosado del año. Coupage de Merlot y Garnacha Peluda. Frambuesas maduras, nata, menta, balsámicos y una sensacional acidez. Más ligero en boca que el de 2018, tal vez una añada más fresca, aunque igualmente delicioso y elegante. Primavera en el Matarraña. Imprescindible.



LA CLOTA 2018
Bodega Mas de Torubio, Cretas (Teruel) IGP. Bajo Aragón. Garnacha Peluda, Merlot y Cabernet Sauvignon con crianza en barrica de roble. Capa media con ribete rubí. Guindas, arándanos, flores azules y bombones Mon Cheri. Especias dulces. Con un punto vegetal, férrico y sanguíneo. Acidez moderada. Astringencia baja. Fácil, delgado y fresco. Notas de crianza poco evidentes, máximo respeto por la fruta. Catado a las 24 horas, la fruta se muestra más madura (mermelada de ciruelas) aunque persisten las especias (canela en rama) acompañadas de cáscara de naranja y chocolate con leche. Notas de cata muy diferentes a las de añadas previas. Tal vez nos aguarden cambios en este vino. Estaremos atentos...


EDRA BLANCOLUZ 2018
Bodegas Edra, Ayerbe (Huesca) IGP Ribera del Gállego-Cinco Villas, aunque se comercializa como "vino varietal" porque la IGP no admite la variedad. 100% Viognier con crianza parcial en barrica de roble. Imponente amarillo dorado de capa media. Ligero ataque reductivo que se disipa rápidamente. Mango, albaricoque y orejones. Flores marchitas, arcilla, mieles y cera. Perfecta acidez y longitud ideal. Muy gastronómico. Complejo, graso y cremoso. Único...

Lógicamente catamos más vinos durante todo ese tiempo -tres meses dan para mucho- pero estos de los que hoy publicamos sus notas de cata son la selección definitiva, los más destacados en nuestra opinión. Ahora sólo nos queda desear que la historia no se repita de nuevo, para poder seguir disfrutando en el futuro de muchos otros vinos con amigos y familiares.

Salud y fuerza!





viernes, 12 de junio de 2020

> El nómada del vino




Conocimos a Juanma Gonzalvo hace unos cuantos años -algo así como en 2017- en el transcurso de una feria enológica que se celebró en el Gran Hotel de Zaragoza y que tenía como finalidad la promoción de pequeñas bodegas. Juanma representaba a Bodega Alcovi (IGP. Castellón) para la que trabajaba como director técnico en la elaboración de sus vinos en la Sierra de Espadán. Nos ofreció catar varias de sus elaboraciones protagonizadas por variedades tintas como Cabernet Sauvignon, Monastrell y Syrah, vinos todos ellos robustos y con una importante capacidad de guarda. Aquella breve charla nos resultó muy interesante y sus explicaciones ayudaron a abrir nuestra mente a los vinos procedentes de zonas geográficas poco conocidas.


Panel de cata Vignerons de Huesca 2019

Nuestros caminos volvieron a cruzarse al año siguiente, más concretamente en el mes de febrero, cuando nos encontramos en Aínsa (Huesca) al haber sido ambos seleccionados como miembros del panel de cata de Vignerons de Huesca. Aquellos dos días encerrados -junto con unos cuantos enajenados más- en una bodega subterránea catando y evaluando más de cuarenta vinos, cimentaron una amistad firme entre nosotros, especialmente tras compartir el viaje de regreso hasta Zaragoza después de haber tenido que rascar el hielo de los cristales del coche. Subirse al vehículo de otro y transitar por heladas carreteras de montaña antes del amanecer demuestra siempre una sólida confianza mutua.


Vinos de Bodega Serra de Cavall (DO. Terra Alta)

Natural de Zaragoza, donde cursó sus estudios de Ciencias Químicas, tiene fijada su residencia en la provincia de Castellón. En realidad debería estar empadronado en su furgoneta, porque en ella vive gran parte del año. Juanma Gonzalvo es un enólogo nómada que desarrolla múltiples actividades casi en cualquier lugar de España, aunque desde el punto de vista de la elaboración, las bodegas a las que asesora se ubican en un abanico que se extiende desde el Penedés hasta Daroca, pasando por Calatayud, Castellón y Terra Alta. Todos sus vinos tienen un indudable carácter mediterráneo y reflejan el paisaje, el entorno y la climatología de los viñedos de los que proceden, porque si por algo se caracteriza el buen hacer de Juanma es por ser respetuoso y honesto con aquello que la tierra le proporciona. Quizás de todos los proyectos que en la actualidad tiene en marcha, la reactivación de la cooperativa de Daroca sea su mayor reto hasta la fecha. A caballo entre la IGP. Ribera del Jiloca y la DO. Calatayud, desde luego a la zona no le falta potencial. Viñedos a gran altitud y muchos de ellos casi centenarios son sus aliados para la elaboración de vinos de calidad, aunque para ello deberá desplegar todas sus artes, en un área geográfica tradicionalmente orientada a la producción de vino de gran volumen.


Viñedo en Daroca

Detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones personales de varios de sus vinos, muestras que nos fueron amablemente enviadas por el propio Juanma durante aquellas semanas de obligada reclusión en el curso de la emergencia sanitaria de sobra conocida por todos. Pasen, lean y si encuentran alguno de sus vinos, no duden en adquirirlo. Seguro que no les defraudará...


L´ESTANQUER 2018
Canet Lo Roig (Castellón). Finca rodeada de olivos centenarios. 5 hectáreas de viñedo situadas a 350 metros de altitud y a 25 kilómetros en línea recta del mar Mediterráneo. Climatología suave, más bien cálida aunque con bastante amplitud térmica entre el día y la noche. 100% Garnacha. Elaboración en inoxidable con un porcentaje del vino con crianza en barrica. 1400 botellas. Rojo cereza de capa media-baja con menisco rubí. Fruta roja dulce bien madura y bombones Mon Cheri. Hierbas aromáticas, aceitunas negras y un peculiar recuerdo a coníferas. Aromas mediterráneos embotellados. Crujiente y fresco en la entrada. Parece ligero pero crece en boca, resultando al final algo cálido y adulzonado. Un buen equilibrio entre viña joven y vieja, así como una sabia combinación de la elaboración en inoxidable enriquecida con parte del vino con crianza en barrica muy respetuosa con la fruta.


CARTOIXA 2018
Celler Mas Bella (Masmolets, Tarragona). DO. Tarragona. Finca con 15 hectáreas totales de viñedo. Suelo pedregoso y fértil que obliga a controlar la productividad del viñedo en espaldera. Vendimia manual. 2500 botellas. 100% Xarel-lo, variedad tradicionalmente empleada en los coupages clásicos para elaborar cava. Vinificación en inoxidable, aunque una parte del vino pasa por barrica. Amarillo dorado de capa media. Regaliz de palo, anís estrellado e hinojo. Pomelo maduro y dulce de membrillo. Picante y especiado. Graso, estructurado y con volumen. Largo, complejo y sabroso. Intenso y muy peculiar.


SERRA DE CAVALLS BLANCO 2019
Bodega Serra de Cavalls (Pinell de Brai, Tarragona). DO. Terra Alta. 8 hectáreas de viñedo. 100% Garnacha Blanca. 1800 botellas. Uva procedente de dos fincas ubicadas a diferente altitud -respectivamente 150 y 600 metros sobre el nivel del mar- realizándose fermentaciones por separado. Vinificación en inoxidable con permanencia 4 meses sobre lías. Flores blancas, frutas de pepita y heno. Afilado, punzante. Fresco y mineral. Persistencia media. Serio y sobrio.




SERRA DE CAVALLS BLANCO BARRICA 2019. 
Bodega Serra de Cavalls (Pinell de Brai, Tarragona). DO. Terra Alta. 100% Garnacha Blanca. 550 botellas. Manzana asada, pomelo maduro y flores secas. Recuerdos de ebanistería, mieles y cera de abeja. Dulce de membrillo y crema catalana. Vainilla y toffee. Nada pesado -al contrario- resulta fresco y goloso. Complejo, graso y untuoso. Largo y elegante. Magnífico vino.



SERRA DE CAVALLS ROSAT 2019
100% Garnacha. Bodega Serra de Cavalls (Pinell de Brai, Tarragona). DO. Terra Alta.  330 botellas. Elaborado por prensado directo. Entre rosa pálido y piel de cebolla. Afrancesado y moderno. Fresas ácidas, pimienta blanca y hierbas aromáticas. Ligeramente licoroso, resulta serio y sobrio, más gastronómico que de copeo. Poco voluminoso y algo corto en postgusto. Alejado de nuestras preferencias.



MISTICOS 2016
Garnacha y Tempranillo (77-23). Bodega San Gregorio (Cervera de la Cañada, Zaragoza). DO. Calatayud. 5000 botellas. Distribuido en Zaragoza por Bodegas SalasLa garnacha procede de viñas viejas situadas a 650 metros de altitud sobre suelos pedrego-pizarrosos y se vinifica en depósito de hormigón -al estilo tradicional de las cooperativas aragonesas- donde realiza una crianza suave durante 12 meses. La tempranillo por el contrario, se cultiva en el fondo del valle del río Ribota sobre suelos más fértiles y productivos, realizando una crianza media en barricas usadas de roble francés durante 4 meses. Pasado ese tiempo se efectúa el coupage final antes del embotellado. Puede considerarse un vino de autor, de manera que las proporciones de cada variedad y los procedimientos de elaboración pueden cambiar en cada añada. Rojo picota de capa alta con ribete granate. Frutas negras -ciruelas, moras, cassis- y pimienta negra. Mon Cheri, guindas en licor. Algo cálido. Astringencia media. Recuerdo especiado a pimentón. Postgusto medio. Excelente evolución en botella aunque apurando su momento de consumo óptimo. 

Todavía queda mucho que comentar acerca de otros proyectos enológicos de Juanma Gonzalvo. Su trabajo como asesor en una bodega del Penedés que elabora espumosos Corpinnat de alta gama -escindidos de la DO. Cava hace relativamente poco tiempo- así como la recuperación de algunos viñedos de variedades casi extinguidas en la localidad de Alloza (Teruel) de donde procede parte de su familia. Sin embargo, preferimos poner aquí el punto y seguido, a la espera de conocer de primera mano más detalles acerca de los nuevos proyectos de El Nómada del Vino...



domingo, 24 de mayo de 2020

> Notas de cata: Luis Oliván Clarete 2019




Toda la vida de Luis Oliván ha girado en torno al vino y tras mucho tiempo dedicado en exclusiva a la vertiente comercial, decidió hace unos años empezar a cumplir su sueño de elaborar sus propios vinos. Orgulloso de su pasado e ilusionado con su futuro, vive su exigente día a día pendiente de sus vinos. Desde el viñedo hasta la mesa del restaurante, todo ese largo camino es supervisado por Luis. Su completa web proporciona toda la información necesaria y un paseo minucioso por ella permite al consumidor comprender fácilmente que cada botella contiene una pizca de sus ilusiones.

Recién llegado a la elaboración -aunque buen conocedor del proceso por el que transita cada botella de vino- no cuenta con viñedos ni bodega en propiedad. Sin embargo, su talante negociador y sus contactos madurados a lo largo de tantos años le han permitido tener acceso a ambas cosas, y lo que es más complicado, en tres zonas geográficas bien alejadas -Somontano, Campo de Borja y Sierra de Madrid- con la firme convicción de elaborar vinos de parcela basándose en una viticultura mínimamente intervencionista. 



Convencido defensor de las castas autóctonas, Luis ha decidido elaborar un "clarete de los de antes", vinificando conjuntamente uvas blancas y tintas procedentes de un mismo viñedo mestizo de Alcañón -blanca- y Moristel -tinta- dos cepajes casi extinguidos de Huesca en vías de recuperación, de nuevo en una apuesta decidida por la tradición y las costumbres más arraigadas a las tierras que de niño le tocó picar en más de una ocasión. Hemos tenido que esperar unos meses desde la presentación pública del resto de sus vinos que recogimos en un artículo anterior, de manera que detallaremos a continuación nuestras notas de cata y opiniones sobre este vino tan peculiar por su elaboración.


De un precioso color rojo frambuesa de capa media, entrega en nariz aromas de frutillos rojos, yogur de fresa, regaliz rojo y unas tímidas chucherías, incluso asoma un albaricoque maduro al ganar temperatura. En boca resulta ligero, alegre y divertido. Muy fresco debido a su acidez, obtenida adelantando ligeramente la vendimia para evitar sobremaduraciones. Poco voluminoso en su paso de boca, nos hubiera gustado un poco más de longitud y persistencia en el postgusto. Un vino ideal para disfrutar durante los meses de calor, armonizado con comidas ligeras o directamente a modo de refresco en cubitera y con la mejor compañía mientras se contempla una puesta de sol.

El verano ya está aquí... 


domingo, 17 de mayo de 2020

> Sers G.R.18 2016, viento a favor



Una vez superadas las estrecheces rocosas del embalse de El Grado, el Cinca recupera su morfología más natural y abierta. En sus orillas reaparecen los bosques de ribera, los canales y las acequias que van a dar de beber a los cultivos. Es el denominado Cinca Medio, donde el río deja atrás Barbastro y discurre en dirección a Monzón, regando por su margen izquierda las huertas de Cofita, pequeña población dependiente desde el punto de vista administrativo de la vecina y algo más grande localidad de Fonz. Cofita posee un interesante pasado ligado a la Orden del Temple, como bien atestigua la iglesia-ermita dedicada a María Magdalena, ubicada en la misma Plaza Mayor y semioculta por las construcciones aledañas. Incluso antiguamente en sus inmediaciones se ubicó un trujal donde se pisaban las uvas para que el mosto discurriera por una conducción subterránea por debajo el templo, de manera que cada vendimia se obraba el milagro de la transformación del fruto en vino en ese tránsito bajo suelo sagrado.


Esta tradición ancestral de la transmutación de las uvas en vino, ha vuelto a ser realidad en las inmediaciones de la Iglesia de la Magdalena de Cofita de unos años a esta parte, no por influjo divino sino más bien por decisión humana. En el año 2006 comenzó la andadura de Bodegas Sers,  posiblemente la bodega más pequeña de la DO. Somontano y el sueño hecho realidad de la familia Canales. Tanto por sus dimensiones como por su forma de trabajar, podría decirse que Sers es una "bodega boutique", a lo cual sin duda también contribuye Casa Canales, antigua casa de labranza completamente remodelada y transformada en la actualidad en una coqueta casa de turismo rural. El nombre de la bodega proviene del vocablo utilizado en fabla aragonesa para referirse al viento del noroeste predominante y que algo más al sur, en el valle del Ebro, se conoce como "cierzo", uno de los mejores fungicidas naturales que existen, y al mismo tiempo sirve de inspiración para sus minimalistas etiquetas recreando parcial o totalmente la Rosa de los Vientos. Resulta difícil transmitir más con menos. 


Las 12 hectáreas de viñedo propio se condensan en unas 25000 botellas anuales, todas ellas bordelesas de color caramelo oscuro. La vendimia se realiza manualmente por parcelas y por variedades, garantizando que las uvas lleguen en condiciones óptimas de salud y maduración a cada uno de los 8 depósitos de acero inoxidable. Se trabaja con cepajes internacionales sólidamente implantados en el Somontano oscense -Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Chardonnay- a las que se suma una variedad autóctona recuperada -Parraleta- y otra más -Moristel- en vías de recuperación. El único guiño a la modernidad es el empleo de levaduras seleccionadas. En realidad es una medida de control, un certificado de seguridad de que la vinificación no tendrá sobresaltos y de que el resultado final será el esperado. Cuando hay que trabajar con microorganismos, mejor que éstos sean conocidos y -siempre que sea posible- aliados nuestros. El vino sin clarificar se mantiene en inoxidable hasta el mes de enero como mínimo para realizar una decantación natural por gravedad, no sólo los tintos, también el vino blanco, y se inicia su comercialización un poco más tarde que otras bodegas. 


La crianza se realiza exclusivamente en barricas de roble americano de tostado medio, en total unas 70-80 unidades con una vida media de 4-5 usos como máximo. El contenido de algunas barricas descartadas durante la crianza por el enólogo Ernesto Franco, se vende como vino a granel. Esta circunstancia puede antojarse como algo contradictorio para una bodega que apuesta por la elaboración de vinos de calidad, pero sin embargo tiene su lógica, si se interpreta como una "selección dentro de la selección" que permite garantizar la homogeneidad de las botellas que se ponen a la venta. El embotellado de cada vino se realiza en un solo día, de manera que no se guarda vino en depósito. Los cierres son de corcho siempre natural, de diferentes calidades en función del vino, originario de Extremadura, pero adquirido a través de comercializadoras internacionales.


Llama la atención en la contraetiqueta de cada botella de Bodegas Sers la palabra "fuerza" seguida de un número. Alguien podría pensar que se trata de algún tipo de calificación del vino según su potencia o intensidad. Nada más lejos de la realidad. Esa numeración corresponde a la velocidad media del viento en el mes de Septiembre del año de vendimia expresada en kilómetros por hora. Nada parece aportar este dato a las sensaciones organolépticas durante la cata de cada vino, pero si no fuera por dicha anotación, no estaríamos hablando de ello en este preciso momento. Meramente una curiosidad...


La sala de catas de Bodegas Sers invita a la meditación. Mobiliario y paredes de un inmaculado color blanco dan la bienvenida al visitante. Sus pequeñas dimensiones justifican la limitación en el aforo de los grupos, más de 10 personas no es aconsejable, pero sobre todo se comprende desde el punto de vista espiritual. Un suave hilo musical y una iluminación impecable son el aderezo perfecto para degustar los vinos de la bodega. Presidiendo la cabecera de la mesa de catas, un mural con un texto que sólo puede interpretarse como la declaración fundacional de intenciones de Bodegas Sers: viñedo, suelo, clima y respeto a la naturaleza. Poco que añadir...


Si hay algo que tienen en común todos los vinos de Bodegas Sers es su cuidada elaboración. La continuidad es también unos de sus principales valores, añada tras añada ninguno baja del notable alto, de manera que podría decirse que son garantía de éxito. Sin embargo, su catálogo no está exento de ciertos riesgos. Evidentemente no nos referimos al Blanqué -Chardonnay parcialmente fermentado en barrica- ni al Temple -ensamblaje clásico de Cabernet Sauvignon y Merlot con crianza- ambos son vinos muy comerciales que al consumidor medio no le cuesta identificar con la DO. Somontano. Hablamos del Primer y del Singular, tintos monovarietales -Syrah y Parraleta, respectivamente- modernos y diferentes, el primero sin crianza y el segundo con breve paso por barrica, muy alejados de lo habitual, lo cual quizás sea precisamente el motivo de su éxito. Por todo lo contrario, el Reserva y del Gran Reserva representan en cierto modo "nadar a contracorriente" de la actual tendencia a repudiar los vinos con largas crianzas, el reducido número de botellas disponibles y su indudable calidad respaldan la decisión de la bodega de continuar elaborándolos, al menos hasta el año pasado.


La principal novedad de Bodegas Sers para este año 2020 es el lanzamiento del G.R.18 2016, en nuestra opinión, una sabia decisión que fusiona las categorías Reserva y Gran Reserva en un nuevo producto más comercial con el nombre de la ruta senderista que une Fonz con la Ribagorza. Coupage de variedades internacionales tintas -Cabernet Sauvignon y Merlot- en este caso con crianza durante 18 meses en barrica. Elegante y entretenido en cata técnica, hará las delicias de aquellos comensales a quienes les gusten vinos maduros y complejos. Granate de capa media con menisco ladrillo. Ciruelas pasas, higos secos, chocolate negro y caja de puros. Balsámico y elegante. Redondo y equilibrado, con taninos bien domados. Tiene de todo y nada le sobra. Excelente vino clásico del Somontano con indudable influencia bordelesa.

Estaremos atentos a las futuras incorporaciones al catálogo. Posiblemente en un futuro no muy lejano se disponga de un tinto monovarietal elaborado con Moristel, otra variedad autóctona recuperada, y quién sabe si por fin verá la luz un blanco totalmente fermentado en barrica.

Sólo Sers lo sabe...